sábado, 19 de febrero de 2011

POESÍA: APUNTE PARA UNA POÉTICA

Con motivo de mi presencia en la Cátedra Federico García Lorca de la Universidad de Granada, en el espacio En torno a los libros, en el que se habló de mis últimas publicaciones, planeé un esbozo de poética para la ocasión, con el motivo de ofrecer algunas claves interpretativas para una mejor aproximación a mi obra. Ofrezco en esta entrada el apunte general (y apresurado) de aquella semblanza sobre el concepto, vida y dinámica de la poesía (o, tal vez mejor, de lo que entiendo por poesía y sin la poesía, es decir sin el verso), con todas la inevitables limitaciones que conllevan un ejercicio de tal naturaleza.

Poesía: apunte para una poética, Francisco Acuyo



POESÍA: APUNTE PARA UNA POÉTICA





Poesía: apunte para una poética, Francisco Acuyo



"Tu sabes que la idea de poiesis (creación) es algo múltiple, pues en realidad toda causa que haga pasar cualquier cosa del no ser al ser es creación, de suerte que también los trabajos realizados en todas las artes son creaciones y los artífices de éstas son todos poiétai (creadores)...Pero también sabes -continuó ella- que no se llaman poietai, sino que tienen otros nombres y que del conjunto entero de la creación se ha separado una parte, la concerniente a la música y al verso, y se la denomina con el nombre del todo. Únicamente a esto se llama, en efecto, "poeisis" y "poietai" a los que poseen esta porción de creación." 


                                                                                     Platón: "El Banquete"



ME consta de manera muy clara que una de las definiciones imposibles para el poeta es la del concepto (si es que este puede abarcar el vasto dominio que significa)  de la propia poesía. Hablar de poesía sin el verso es, al menos para este modesto poeta que suscribe estas líneas apresuradas, un cometido que no alcanza una precisión en modo alguno, no ya satisfactoria, siquiera aproximada de sus más sencillos rudimentos. Será la terminología literaria y la que es propia de un sector singular de la lingüística la que quiere describir al menos aquellos aspectos cuya materialidad describa dicho fenómeno con garantías de distinción de otras manifestaciones artísticas o no del discurso literario.
Antes de hablar del arte de la poesía (poietiké) tal y como la entiendo, me parece de rigor recurrir a la raíz etimológica del término (poiesis), cuya significación: crear, si bien a ella alude nuestra acepción moderna de poesía, en mi concepción de su significado, se acerca más al verbo del que toma cuerpo y es origen, en tanto que entiendo la poesía como acción capaz de transformar y otorgar continuidad al mundo. En realidad el impulso verdaderamente poético integra y reconcilia tiempo y eternidad, materia y espíritu, personalidad o identidad y universo. La idea de inmortalidad platónica en relación con la poiesis[1] nos abre el camino hacia el alumbramiento de lo nunca visto, de lo genuino y verdadero al que aludiría Heidegger en este ámbito. Sería interesante abundar sobre si el resultado que se obtiene en su diferentes manifestaciones (literarias, poéticas, artísticas, científicas….) no tiene, en el sentido aristotélico de la palabra, una necesaria identificación con su objeto (literario, poético, artístico…) en tanto que ergon (actividad en si misma), eso sí, aprehendida no tanto como mímesis, sino un paso más allá, como acción capaz de producción y entendimiento genuinos.
Poesía: apunte para una poética, Francisco Acuyo
Desde la analogía con el proceso de consecución rigurosa para la obtención ideas verdaderas y por tanto bellas, que es donde encuentran o se cruzan los caminos del racionalista (filósofo, matemático o científico), pasando por el arrebatado ímpetu irracional dionisíaco que conecta los procesos de creación con lo más enigmático y oscuro del ser humano (artista iconoclasta aspirante liberador del espíritu), o por el convencido virtuoso artífice excelso de la palabra que, en el juego del lenguaje ve una extraordinaria herramienta de interpretación del mundo, u otras tantas facetas identificables con este arte y ciencia que atiende a los fundamentos para la ejecución y ejercicio del poema, no dejan de ser sino semblanzas fragmentarias más o menos conseguidas de la totalidad inmarcesible que supone para el poeta el territorio insondable de la poesía.
Sobre la idea heideggeriana de que el arte (y la poesía como tal) es inaccesible a la razón, cabe en principio y a bote pronto, apresurar espontáneamente muchas cosas, incluso sobre el concepto mismo de razón, mas es interesante acogernos de inicio a este rudimento especulativo para, al menos, ofrecer una idea de la complejidad de lo que tratamos de definir y para hacer: taxonomía literaria (establecer géneros), o bien lingüística (para obtener distinciones iniciales sobre su naturaleza lingüística). Admitida esta inmensa dificultad me parece razonable reconocer la raridad de su fenómeno cuando ciertamente se manifiesta verdadero. Quiero decir que la poesía como tal es tan excepcional que su aparición genuina puede considerarse algo en verdad bastante extraño, pues se me antoja que la fuerza (el impulso) extraordinaria que de hecho hace cambiar, en un instante, lo acumulado por la evolución de siglos en forma de singular y poderosa mutación, mutación que se produce en el alma del poeta que consigue ese punto de ebullición óptimo y concreto para ofrecer algo nuevo, distinto, original, inaudito que no puede aprehenderse por otro cauce que por el que fue inicialmente concebido en el ejercicio de su arte. Son, por tanto, muchos los llamados, pero muy pocos los elegidos; acaso el poeta auténtico sueña con la consecución del verso maestro, innovador no sólo para el ámbito y dominio de su arte (literario), sino para la conciencia misma de los hombres que indagan sobre el mundo y sobre sí mismos.
Creo que la poesía, como expresión o manifestación puramente creativa puede darse (y de hecho así ocurre) en el ámbito de cualquier arte –no sólo en el estrictamente literario, y más precisamente en el que le identifica con el manejo del verso-, incluso en cualquier otra disciplina de pensamiento, ejecución o espíritu (puede encontrarse en momentos excepcionales en el mundo de la matemática, la física, la biología…) cuando se vierte clímax, culmen, apoteosis creativa.
En otra ocasión me refería a esto:[2] No sería esta la vez primera en la que, en términos similares, vendría a expresarme, y con cierta radicalidad incluso, sobre la singular naturaleza de aquella ciencia de la paradoja, como siempre gusté de designar o expresar el impulso (o la fuerza enigmática) que se hace(n) excelsamente expreso(s) en el vigor unánime que impulsa la poesía.
Desde donde me alcanza la memoria, y en lo que pudiera afectar a los menesteres de creación y fruición poéticos, rogábame a mí mismo de forma siempre encarecida que de las preces obtenidas de la lectura, meditación o reconocimiento de su subido vuelo, nunca me llevaran a confundir el hecho y la palabra, la cosa y su pronombre y, en el grave caso que nos ocupa, la poesía y sus exégesis contemporizantes con lo que aquella fuese y no pareciese, y, en particular sobre el verso, nutriente primordial del poema, con el que, una vez yerto en su análisis, optamos tan asépticamente a diseccionar extinta y ya distinta la que fue lozana naturaleza omnímoda y siempre inabarcable, desde luego, por robusta y vivificante.
Si bien el poeta es en sí un hombre corriente, participa en esos raros momentos de creación de un poder visionario que le hace penetrar las cosas de manera harto distinta, pues es investido, o mejor, desvestido, para la contemplación inocente de las cosas, si en verdad es poeta, pues las mira límpidamente, sin prejuicio, como un tierno infante desposeído de las convenciones que después, ya viejo, le embargarán irremisiblemente.  Así, el poeta no hace sino fijar la verdad poética en el recipiente poemático en el que obtiene forma.
Poesía: apunte para una poética, Francisco Acuyo
El poema es, insisto, el resultado que, como agente mediador, actúa de manera peculiar y mediante el que el poeta (y el lector atento del poema) se hace acreedor del conocimiento íntimo, genuino, del mundo y de sí mismo, y todo esto es posible en virtud de su especial mundo imaginario (ficticio, que en realidad muy bien no puede serlo) mediante el cual accede a la verdad de lo que es, en cierto modo, de manera análoga a como lo hace la matemática, pues de su creación abstracta es perfectamente deducible la realidad del mundo que nos rodea, y esto hasta donde sabemos, porque ¿hasta qué extremo no puede el hombre, en su capacidad creativa, modificar y crear la realidad?
Cuando contaba que la poesía no es sólo posible en el territorio literario, quería decir que es interesante observar que su aparición en otros ámbitos de la creación humana nos dice que no necesariamente el poema tiene que ser la poesía, pero no tanto porque la poesía sea aquella conducta lingüística especial referida por Jakobson, sino porque se trata en realidad de un impulso creativo que hace de su ejercicio algo inaudito sobre el que habrán de sustentarse con posterioridad manifestaciones artísticas, literarias, filosóficas, incluso científicas de la más diversa índole. Así las cosas la poesía será conocimiento, revelación, comunicación,… y todo ello siempre en virtud de su capacidad de originalidad, de novedad, y no sólo de las palabras, sino del impulso mismo que anima a la conciencia a trascenderse mediante el ejercicio creativo.
En la poesía verdadera no hay finalidad concreta (retórica ni propagandística), la idea de la poesía en la actualidad resulta irritante en la mayorías de los casos porque se fundamenta en la supuesta utilidad material de la misma, por lo que, en fin, yo pongo en cuestionamiento no ya aquella realidad creativa (¿mística?) de la poesía, sino su supersticiosa –materialista- concepción. Así las cosas, por vía deductiva la idea de la trascendencia de la poesía, tiene que partir de la duda razonable sobre su capacidad de trascender lo dado para ofrecer lo nuevo: si la poesía fuese fácil y utilitaria, estaría al alcance de la mano de cualquiera (lector o poeta). No sería trascendente en el sentido de que no sería en verdad creativa y por lo tanto verdadera poesía […] En este razonamiento y en la duda de si es verdaderamente creativo el ejercicio de mi conciencia (como poeta y como lector observador de lo original, nuevo, creativo) es donde baso precisamente mi convicción de que la poesía es ante todo un ejercicio puro de creación:  Dubito, ergo poesia est. En este sentido me gusta remitirme a Adorno en tanto que cualquier ejercicio artístico (y por lo tanto poético es un regalo y no una mercancía), pero además la poesía exige un profundo ejercicio de transformación que implica una necesidad de actuar e inquirir en pos de superar, de ir más lejos, más allá de lo viejo, lo adquirido, lo convencional, para el más presto y cristalino entendimiento de lo que somos y de lo que en realidad nos rodea.
Cuestión no menos interesante en lo que compete al poeta respecto a la materialidad que utiliza para dar cauce a su creatividad, que es el lenguaje, y que debe estar a la altura de las circunstancias de sus singulares exigencias, por lo que requiere de su lenguaje particular unos requerimientos no menos singulares y extraordinarios, si es que se desvía y rompe la norma habitual en pos de dar cauce a sus demandas especiales de expresión, que quiebra la referencialidad precisamente para dar expresión a lo nuevo creativo, y que tomará carta genuina de naturaleza en los usos métricos, de estilo, gramaticales, sintácticos y retóricos que la ofrecen como forma de expresión en muchos casos insólitamente singular.


                                                     


                                                                                                              Francisco Acuyo



[1] Platón: Obras Completas, El banquete, Aguilar, Madrid, 1987.
[2] Acuyo, F.: Fisiología de un espejismo, Artecitta ediciones, Granada, 2010.






Poesía: apunte para una poética, Francisco Acuyo

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