domingo, 16 de septiembre de 2012

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ: AMOR Y POESÍA I


Para esta sección del blog Ancile, Amor y poesía,  tan estimada (como temida, tengo que confesarlo; seleccionar poemas de poetas tan queridos e influyentes, para quien les habla al menos, no es nada fácil, siempre quedarán fuera muchos de los versos amados que, luego, andando el tiempo, aborreceré no haber incluido), decía, se ha ido demorando con el autor que daría nombre e identificación singular y preciosa a este apartado de nuestro blog: me refiero nada menos que al gran Juan Ramón Jiménez.
Amor y poesía -cada día- es mucho más que un emblema para cualquiera que sienta la llamada arrebatadora de la poesía.  Hacemos pues, aquí, el emplazamiento de rigor para aquella inmensa minoría juanramoniana, esta vez con los versos del mismo Juan Ramón. Elitismo o individualismo universales, no obstante, imbuidos en la máxima belleza respiran estos poemas (y todos los demás lógicamente no incluidos) del genio de Moguer.
La vocación de poeta (que no es, por cierto, sino el suceder de la vida en la poesía) para creadores de este extraordinario jaez, es seguir la finalidad sin fin de la belleza en la poesía. En este sentido, la poesía amorosa de Juan Ramón Jiménez no puede abarcar sólo el tema proverbial del amor sensual, sentimental, sensitivo, pues en todos y cada uno de sus versos rezuma el amor creativo, que es el signo vital que encauza su quehacer poético que será al fin el mismo de su vida. Por eso si cabe aún es más difícil hacer una compilación (tan breve como exige este intento en departamento tan especial como el que propusimos hace ya algunos meses en este soporte digital) que satisfaga a propios y extraños de la poesía entorno a la figura enorme de nuestro poeta. Excepcionalmente, haremos dos entradas para seleccionar poemas de tan grande e inestimable autor.  Abriré este florilegio de su poesía amorosa (que no sigue un orden cronológico de aparición editorial) con el poema: Vino primero, pura, pues el amor a la poesía alcanza cotas en estos versos propias de motilidad y emotividad plenamente carnales. Con la limitación que supone escoger tan pocos  poemas de poeta tan excepcional, ofrecemos este conjunto que, sin embargo, en su inevitable brevedad, hará las delicias en su relectura para los avisados de la obra de Juan Ramón, y motivo de no menos gozo –y asombro-  para los que desconozcan alguno de estos célebres y miríficos poemas.



Juan Ramón Jiménez, Amor y poesía, Ancile




JUAN RAMÓN JIMÉNEZ: 
AMOR Y POESÍA I



Juan Ramón Jiménez, Amor y poesía, Ancile


VINO PRIMERO, PURA





Vino primero, pura, 
vestida de inocencia.
Y la amé como un niño. 

Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes.
Y la fui odiando, sin saberlo. 

Llegó a ser una reina,
fastuosa de tesoros...
¡Qué iracundia de yel y sin sentido! 

... Mas se fue desnudando.
Y yo le sonreía. 

Se quedó con la túnica 
de su inocencia antigua.
Creí de nuevo en ella. 

Y se quitó la túnica,
y apareció desnuda toda...
¡Oh pasión de mi vida, poesía 
desnuda, mía para siempre! 



ADOLESCENCIA




En el balcón, un instante
nos quedamos los dos solos.
Desde la dulce mañana
de aquel día, éramos novios.
—El paisaje soñoliento
dormía sus vagos tonos,
bajo el cielo gris y rosa
del crepúsculo de otoño.—
Le dije que iba a besarla;
bajó, serena, los ojos
y me ofreció sus mejillas,
como quien pierde un tesoro.
—Caían las hojas muertas,
en el jardín silencioso,
y en el aire erraba aún
un perfume de heliotropos.—
No se atrevía a mirarme;
le dije que éramos novios,
...y las lágrimas rodaron
de sus ojos melancólicos.



LA ROSA AZUL




¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía!
Se me torna celeste la mano, me contagio de otra poesía
Y las rosas de olor, que pongo como ella las ponía, exaltan su color;
y los bellos cojínes, que pongo como ella los ponía, florecen sus jardines;
Y si pongo mi mano -como ella la ponía- en el negro piano,
surge como en un piano muy lejano, mas honda la diaria melodía.

¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía!
me inclino a los cristales del balcón, con un gesto de ella
y parece que el pobre corazón no está solo.
Miro al jardín de la tarde, como ella,
y el suspiro y la estrella se funden en romántica armonía.

¡Que goce triste este de hacer todas las cosas como ella las hacía!
Dolorido y con flores, voy, como un héroe de poesía mía.
Por los desiertos corredores que despertaba ella con su blanco paso,
y mis pies son de raso -¡oh! Ausencia hueca y fría!-
y mis pisadas dejan resplandores.




¿REMORDIMIENTO?




La tarde será un sueño de colores...
Tu fantástica risa de oro y plata
derramará en la gracia de las flores
su leve y cristalina catarata.

Tu cuerpo, ya sin mis amantes huellas,
errará por los grises olivares,
cuando la brisa mueva las estrellas
allá sobre la calma de los mares...

¡Sí, tú, tú misma...! irás por los caminos
y el naciente rosado de la luna
te evocará, subiendo entre los pinos,
mis tardes de pasión y de fortuna.

Y mirarás, en pálido embeleso,
sombras en pena, ronda de martirios,
allí donde el amor, beso tras beso,
fue como un agua plácida entre lirios...

¡Agua, beso que no dejó una gota
para el retorno de la primavera;
música sin sentido, seca y rota;
pájaro muerto en lírica pradera!

¡Te sentirás, tal vez, dulce, transida,
y verás, al pasar, en un abismo
al que pobló las frondas de tu vida
de flores de ilusión y de lirismo!





NOSTALGIA



Al fin nos hallaremos. Las temblorosas manos
apretarán, suaves, la dicha conseguida,
por un sendero solo, muy lejos de los vanos
cuidados que ahora inquietan la fe de nuestra vida.

Las ramas de los sauces mojados y amarillos
nos rozarán las frentes. En la arena perlada,
verbenas llenas de agua, de cálices sencillos,
ornarán la indolente paz de nuestra pisada.

Mi brazo rodeará tu mimosa cintura,
tú dejarás caer en mi hombro tu cabeza,
¡y el ideal vendrá entre la tarde pura,
a envolver nuestro amor en su eterna belleza!





ROSAS MUSTIAS DE CADA DÍA





Todas la rosas blancas de la luna caían,
por la ventana abierta, en el cuerpo desnudo ...
Mirando aquellas carnes blandas que florecían,
hundido entre mis sueños, yo estaba absorto y mudo.

¡Oh su sexo con luna! ¡Esencia indefinible
de su sexo con luna! Hervían los blancores
de la carne, y el rostro, perdido en lo invisible
de la penumbra, lánguido, cerraba sus colores.

Era el enervamiento del dolor ... Y cual una
rosa de treinta años, opulenta y desierta,
el cuerpo blanco se elevaba hacia la luna
frío, espectral, azul, como una pompa muerta ... 




REPROCHES



Como el cansancio se abandona al sueño
así mi vida a ti se confiaba...
Cuando estaba en tus brazos, dulce sueño,
te quería dejar ....y no acababa...

Y no acababa.....¡Y tú te desasiste,
sorda y ciega a mi llanto y a mi anhelo,
y me dejaste desolado y triste,
cual un campo sin flores y sin cielo!

¿Por qué huiste de mi? ¡Ay quién supiera
componer una rosa deshojada;
ver de nuevo, en la aurora verdadera,
la realidad de la ilusión soñada!

¿Adonde te llevaste, negro viento,
entre las hojas secas de la vida,
aquel nido de paz y sentimiento
que gorjeaba al alba estremecida?

¿En qué jardín, de qué rincón, de dónde
rosalearán aquellas manos bellas?
¿Cuál es la mano pérfida que esconde
los senos de celindas y de estrellas?

¡Ay quién pudiera hacer que el sueño fuese
la vida!, ¡Que esta vida fría y vana
que me anega de sombra, fuera ese
sueño que desbarata mi mañana!




ACABAS DE SALIR DE TU ALCOBA... YO HE ENTRADO...



Acabas de salir de tu alcoba... Yo he entrado...
Acabas de salir de tu alcoba... Yo he entrado.
está desarreglada, deshojada, marchita...
sobre una silla de oro, el corsé perfumado
que llevabas la tarde de la última cita...
En el sofá -¡oh recuerdos!- la magia de tu enagua,
tu huella en el desorden fragante de tu lecho,
¡ah, y en la palangana de plata, sobre el agua,
una rosa amarilla que perfumó tu pecho!
¡Y un olor de imposible, de placer no extinguido
y saciado, ese más que tiene la belleza,
laberinto sin clave, sin fin y sin sentido,
que nace con locura y muere con tristeza!




AMOR




No, no has muerto, no.
Renaces,
con las rosas en cada primavera.
Como la vida, tienes
tus hojas secas; tienes tu nieve, como 
la vida...
Mas tu tierra,
amor, está sembrada
de profundas promesas,
que han de cumplirse aún en el mismo
olvido.
¡En vano es que no quieras!
La brisa dulce torna, un día, al alma;
una noche de estrellas,
bajas, amor, a los sentidos,
casto como la vez primera.
¡Pues eres puro, eres
eterno! A tu presencia,
vuelven por el azul, en blanco bando,
blancas palomas que creíamos muertas...
Abres la sola flor con nuevas hojas...
Doras la inmortal luz con lenguas nuevas...
¡Eres eterno, amor,
como la primavera!




AQUELLA TARDE, AL DECIRLE




Aquella tarde, al decirle
que me alejaba del pueblo,
me miró triste, muy triste,
vagamente sonriendo.

Me dijo: ¿Por qué te vas?
Le dije: Porque el silencio
de estos valles me amortaja
como si estuviera muerto.

-¿Por qué te vas?- He sentido
que quiere gritar mi pecho,
y en estos valles callados
voy a gritar y no puedo.

Y me dijo: ¿Adónde vas?
Y le dije: A donde el cielo
esté más alto y no brillen
sobre mí tantos luceros.

La pobre hundió su mirada
allá en los valles desiertos
y se quedó muda y triste,
vagamente sonriendo.




BELLEZA COTIDIANA -AMOR TRANQUILO-




Belleza cotidiana -amor tranquilo-,
¡qué bella eres ahora!
¡Sí, en todo vives tú! ¡Mata que fue
esqueleto sin luz, hoy toda es rosas;
vereda que te ibas, como el enterrador
al cementerio, por la gavia roja y apestosa
de perros muertos y de almejas malas:
cómo vienes a mí,
clara, saltona,
igual que un niño! Agua muda y verde
de mis penas, hoy límpida y sonora
de mi alegría, ¿qué ruedas de oro y plata
le das a mi ventura misteriosa?
Cállate, por Dios, que tú...
¡Cállate, por Dios, que tú
no vas a saber decírmelo!
¡Deja: que abran todos mis
sueños y todos mis lirios!

Mi corazón oye bien
la letra de tu cariño...
El agua lo va temblando,
entre las flores del río;
lo va soñando la niebla,
lo están cantando los pinos
-y la luna rosa- y el
corazón de tu molino...

¡No apagues, por Dios, la llama
que arde dentro de mí mismo!
¡Cállate, por Dios, que tú
no vas a saber decírmelo!


Juan Ramón Jiménez





Juan Ramón Jiménez, Amor y poesía, Ancile


2 comentarios:

  1. Leer a Juan Ramón Jiménez es abrazar la viva Poesía. Gracías, Francisco, por esta selección de su primorosa palabra poética.
    Un abrazo.
    Jeniffer Moore

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  2. Gracias, amigo, por traer a este poeta nato e inmortal. Nunca olvido lo primero que leí de él: "Platero y yo", y fue como un amor a primera vista, a pesar de mis escasos once añitos. Incluso en su prosa no deja de ser poeta. Me encanta la selección que muestras, sobre todo esos serventecios en "¿Remordimiento?". Un abrazo y adelante con este mágico proyecto.

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