domingo, 10 de octubre de 2010

DE LA SOLEDAD Y SU HALLAZGO III

Concluimos el trabajo, De la soledad y su hallazgo, con la tercera y definitiva entrega para que lo sometan a su benevolente consideración, en los contenidos del blog Ancile.



 De la soledad y su hallazgo 3, Francisco Acuyo





DE LA SOLEDAD Y SU HALLAZGO III



 De la soledad y su hallazgo 3, Francisco Acuyo




                                                                         VI





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NO NOS DEJA DE CAUSAR ASOMBRO QUE LOS textos, cuando fueron casualmente encontrados, nos llevaron casi de inmediato a pensar como un mensaje puede persistir en medio de la nada, si esta se entiende como aquel desorden totalmente azaroso. Nos conforta grandemente comprobar todavía el vínculo, tantas veces inusitado, que puede sopesarse entre el vigor que tuvo que ser preciso para generar un escrito como el de nuestro hallazgo, y el conocimiento entendido como una forma peculiar de información que, unidos ambos por el azar, habrían de conformar a la postrer un fenómeno de veras digno de atención y estudio. No menos fascinante resulta tener en cuenta que el conocimiento de estos seres humanos irían a configurarse como el descodificador ideal de aquella información implícita en sus textos.(35)
            Pudimos deslizar y atender, por mera deducción, al conocimiento de nuestro desconocido autor de una disciplina (por nosotros conocida como la primitiva cibernética)(36) capaz de mantener el orden en un sistema, ya natural, ya artificial, y que tenía la finalidad de crear principios de control universales, aplicables, en general, a cualquier organización compleja y en particular a la temática especial que afecta e interesa a nuestros tratados, y cuyo carácter particular pretendía garantizar la estabilidad y el funcionamiento constante y correcto de su organización específica.
            Una de las insistentes concepciones de los escritos manifiesta una curiosa desconfianza hacia cualquier tipo de determinismo. Pone en duda la capacidad absoluta de crear lo nuevo a partir de lo viejo. Las afirmaciones categóricas son rechazables estimando que, en muchos puntos de su ciencia, quizá sólo pudiese caber una conjetura informada. De este modo el grado de predicción no podría considerarse en virtud de un solo futuro, sino de muchas y múltiples posibilidades. Sería, pues,
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necesario considerar las diferentes contingencias y asignar la probabilidad apropiada a cada una.
            Por fin empezaban a tratarse los mensajes «no ya como hechos aislados, pues la información que transmite quien escribe dirá algo que cambiará el conocimiento de quien se acerque a su escritura, encontrándose desde luego  -declara- no ya en una situación de ignorancia, aunque sí de incertidumbre».
            Del espacio de encuentro que supone esta disciplina, caben deducirse en muchos momentos como una encrucijada de múltiples disciplinas y actividades varias cognoscitivas,(37) cuya línea común radica en la heterogeneidad de sus paradigmas. Criterios que distinguirán una proto y prehistoria de una potencial ciencia de la literatura.
            Cabe plantearse que la percepción en literatura será un proceso constructivo, pero amparado en la representación de la realidad. No nos parecería de recibo estimar, después de una detenida observación de los fragmentos, el sustrato material que compone el estudio de dicha disciplina y que se sustente, insisto en este punto, en procesos reales que propenden hacia una forma de conocimiento intersubjetivo. Además, su carácter factual pretende, finalmente, su aplicabilidad con una conciencia, así mismo, clara de su interdisciplinariedad, la cual aboga así mismo por mantener una sustentación gnoseológica.
            En este estadio de nuestras aportaciones al descubrimiento de los textos, aparece otro elemento importante, en forma de propósito de comunicación de mensajes que no sean del todo previsibles.
            Intentamos no dejarnos llevar por los silencios que suponen los fragmentos perdidos, no obstante, debemos reconocer que su ausencia hace aun más impredecibles y aventuradas las conjeturas que sobre lo ya apuntado pueden hacerse, y somos por eso conscientes que tanto nuestros comentarios, como los ya existentes en forma de guías explicativas son una forma de redundancia, evidenciando que buena parte de lo ya redactado estaría dictado por la propia estructura del lenguaje en el cual están escritos.
            Debe entenderse esta redundancia en el sentido que hace posible la complejidad. Las reglas gramaticales, como forma de redundancia, por ejemplo, son buenas responsables de la riqueza de expresión con las que alcanzar cotas artístico literarias elevadas.
            Si las palabras en los textos encontrados se manejan figurativas, juguetonas en muchos casos, diríase que con un notable grado de ironía, lo que en verdad hacen es manifestar su alto nivel de manipulación, aunque se diferencian lógicamente de los hechos por así llamarlos «reales», pues, además, se saben perfectamente distintas de estos y, sin embargo, pueden ser manejadas mucho más libremente que la propia sustancia real que representan.
            ¿Cómo de forma subrepticia, marchan principios abstractos (¿universales?), así como las leyes de la gramática que también hacen acto de presencia  en el lenguaje literario, y en cuyo carácter intrínseco definen lo que el autor sabe de su propio lenguaje, en lugar de lo que efectiva e
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inconscientemente hace con él,(38) y que nos acerca además a la pregunta de por qué el lenguaje es creador y su complejidad autorreguladora? Intuía el autor lo que para nosotros es ya una vieja historia: a saber, que el lenguaje en general, y el literario en particular, siguen el principio que le empuja a estados de mayor complejidad,(39) y el cual garantiza que la expresión lingüística se encuentre entre las estructuras más complicadas del universo.
            Es así como nuestro desconocido autor significa y dignifica la importancia literaria, en cuanto que aquello que original y nuevo desafiará las leyes causales, «aun cuando se conozca toda la información acerca de sus causas».(40)
            «Si la complejidad se muestra como una propiedad decisiva del discurso literario -añadía nuestro autor en otro fragmento- habría que atender a la posibilidad de principios totalmente nuevos en su funcionamiento y consideración. Dichas reglas -reflexiona- quizá no sean sino los vehículos que integran al autor (y al lector, posteriormente) con la estructura misma de la materia y de la vida»(41). Estamos en disposición de afirmar que esta civilización barruntaba ya (si bien balbucientemente) la inconclusión (42) axiomática del lenguaje y de la propia literatura, pues la obra literaria será siempre más compleja de lo que en cualquier momento se pretende exhaustivamente describir.
            Nos pareció que parafraseaba nuestro autor en cierto párrafo a otro autor, también desconocido, cuando decía: «una vez hecha la obra de arte, ha ocurrido algo nuevo, algo que no es posible explicar completamente por nada de lo que ocurriera antes».(43)
            Se estructura pues, de forma balbuciente pero real la literatura (si hija del lenguaje) como una disciplina cuya dinámica de funcionamiento no se somete a los estrictos mecanismos de causa y efecto, sino como un sistema abierto, siempre capaz de novedad.



                                                                                                VII



            NOS PARECE DEL TODO NECESARIO RESALTAR QUE, de los textos analizados, cabe deducirse el conocimiento por el cual se establece como totalmente superada la noción del lenguaje común como estado fuente, estableciéndose parámetros que garanticen una dimensión de «gramática transformacional» capaz de generar ingentes posibilidades de expresión gramatical. (44)
                  Conocimiento que nos hace pensar en la consciencia y reflexión de este y otros autores en el hecho de cómo inunda el mundo su material lingüístico; estableciendo el lenguaje como un algoritmo capaz de manipular los símbolos que lo constituyen y de las reglas de transformación que lo instruyen.
            Parecen dar fe de una técnica de madurez lentificada (que denominan neotenia) trasladada al lenguaje, la cual parece acompañar a la formación de los centros nerviosos de la especie humana durante su crecimiento.  De aquí podemos deducir el espacio considerable entre la percepción y la acción, espacio donde habría de definirse la capacidad de abstracción y los frutos de una mente contemplativa.
            Queremos advertir que no nos cegamos con la interpretación no ya de lo que dicen dichos escritos, sino de lo que pudieran decir y significar estos fragmentos y los otros no encontrados; pero no podemos dejar de asombrarnos, superada cualquier visión estructuralista, ante los planteamientos donde exponen la posibilidad de expresar nuevas ideas y pensamientos superando la visión de la sintaxis como una única estructura; cada frase contenida en estos textos porta más información de la que en un principio cabría imaginarse, imponiendo las reglas de su gramática como el principal recurso contra lo puramente aleatorio, estableciendo un código sistemático aplicado a la fuente del mensaje.
            Es en este punto donde el conocimiento literario  instrumentaliza el lenguaje,es donde podemos verlo emparentado con el mismo conocimiento matemático, pues en virtud de que no puede explicarse del todo por la intervención de la experiencia, ofrece un entendimiento «apriorístico»,(45) aportado por la mente del que piensa y manifiesta su pensamiento por el lenguaje, conllevando su ejercicio un cierto carácter universal y necesario.
            Parece así, colegirse de estos escritos, la voluntad del autor de ofrecer unos constructos mentales capaces de ser no ya contrastados con la realidad del mundo, sino de verterse con el vigor
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suficiente para generar hechos físicos acerca del mundo, incluso de aquellos que en principio no pueden observarse, manifestando un estado de sufrimiento entre la «Realidad de la Experiencia» y  la «Realidad del Ser».(46)
            Que el lenguaje es un espejo de la mente(47) parece también una deducción lógica del estudio de los fragmentos, de donde también caben inferirse unos «universales» necesarios (¿acaso programados en la mente por la información genética?); de cualquier modo parece claro que debiera tenerse muy presente a la hora de intentar comprender los textos, la existencia de unas leyes gramaticales, acaso no conscientes, cuyo soporte no es estrictamente lógico, sino psicológico.
            Establecer una «teoría de la literatura» en este punto, y a partir de los textos referenciados, implica, en las condiciones que nos encontramos, que muy bien puede ser «la teoría la que decide lo que podemos observar»,(48) pues no podemos describir experimentalmente los principios profundos y abstractos que son privativos de los seres humanos.
            En definitiva, consideramos la necesidad de no subestimar la complejidad que es propia del lenguaje, y su manifestación más singular, por intelectual y expresiva, cual es la literaria. Finalmente, debemos advertir, en virtud o desdoro de nuestras apresuradas noticias: que mantengan un concepto tan digno como conviene a este producto de nuestra investigación, aneja a una actitud cuyas atribuciones y limitadas aportaciones han sido contrastadas con tanto decoro en tantas ocasiones como ojalá puedan constatar nuestros insignes destinatarios.



EPÍLOGO


            Preocupa en este caso a la memoria imprimir estos pocos y sutilísimos preceptos, si en la soledad de mi oficio: ¿Enigmático arqueólogo, inusitado pensador? ¿Curioso nihilista, ocasional impertinente? no me debiera a las que considero con fastidio tan rancias como vanas y premiosas labores de registro.
            No deja de mostrase ante mis ojos la estragada visión de esta y aquellas ruinas, cual testimonio prodigioso donde acaso se inscribe avaro el sórdido estigma de la soledad. Mas lo que dentro de mí siento, sobrepuja todas las exterioridades que no vienen a ser sino atavíos y galas del dolor.
            En cuanto a los fragmentos encontrados y sus frívolos obsequios, y si alguna entidad inteligente dió cuenta de ellos, tómelos como una figuración, un capricho ilusorio, una violeta de la florida juventud, precoz, pero no permanente; suave, mas no duradera, aroma y complacencia de un instante pródigo y efímero.
            Es necesario proceder a toda prisa. El entendimiento no precisa excusas. En la soledad que muestro está mi hallazgo; así pues, dejaremos este relato a la segura y útil discrección de lector y, sigamos la incesante luz: queden purgadas y extinguidas las estériles cábalas de la criatura que en su instante último las consigna con palabras, siendo en realidad la señal de lo que fue el mundo.                         Ahora que se extingue por mis manos la progenie consciente de sus actos, hijo, al fin, de un linaje filantrópico que quiso conocer la estela del cometa que nutrió palpitante de vida nuestro mundo.


APUNTES FINALES A LOS TEXTOS Y AL EPÍLOGO


            Rezaba, verbi gracia, el manuscrito con admirable vehemencia, pues, vertido como descarrío de la libertad, diríase que daba crédito de un espíritu vital, fogoso y relampagueante que su arrebato, de sangre agreste, indómito y veraz, impregnaría buena parte parte de los textos hallados.
            No daremos noticia (pues no nos encontrarnos en disposición de hacerlo:presumimos que probablemente son apócrifos) de los referentes que aluden a la memoria literaria de nuestro autor, tan sólo haremos alusión al hallazgo, tal y como lo encontramos, sin añadir ni quitar una sola coma.
            Sin permutar el orden de los documentos, ni repudiando los últimos de ellos, de los cuales elucidamos tratan, como decíamos, de comentarios de otros comentarios, probablemente de textos cuya naturaleza nos parece a todas luces fantástica. Muchas de las gratas ilustraciones textuales, verdaderamente herméticas, acaso reunidas en singular conciliábulo de doctores y discípulos, muestran un «modus operandi»  no exento en sus juicios de un cierto solipsismo tan acendrado en su discurso, como no menos impertinente en sus presupuestos. 
            Como si temiera que la luminosidad del día alumbrase algún oprobio y,  así, voluntariamente, diríanse que se destierran de la luz este y otros autores, condenándose a vivir entre sus textos en
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consorcio con las sombras enigmáticas de una noche que, alguna vez, deja traslucir la luz en el rutilar de sus estrellas.
            Con estilo desceñido, a veces con doliente expresión en su semblante comunicativo, se ofrece alguno de sus comentarios; en fin, diríase que es tan propio del espíritu de nuestro autor excederse en sus juicios, como común atenerse a los dictámenes de su ciencia. Tal parece la naturaleza de los fragmentos que comenta que son origen de la rara transformación operada ante nuestros ojos de estos y otros textos que acaso duermen pero vigilan con sigilo extremo.
            Como definitiva providencia, y recogiendo el fruto de mis limitadas pesquisaciones, pongo en evidencia el soberbio carácter de este arte literario que, con admirable fábrica, se presenta en aquellos fragmentos como en rico y raro promontorio: muestra la perspectiva de una (nueva) ciencia reputada en sus juicios, pues ofrece en su austero arbitraje un halagüeño porvenir; así nos parece de sazonado y en buen extremo su discurso, pues muestra enjundia aun en los parciales o fragmentados elementos que, nos consta, lo componen: «porque ellos son el compedio e ilusoria crónica de estos y otros tiempos no tan desconocidos como quisiéramos»,







                                                                                                                                Francisco Acuyo

           
  
(36) Norbert Wiener: «Cybernetics, or Control and Communication in the Animal and the Machine»                
Cambridge. 1948.
 (37) Antonio Chicharro (y otros): «Manual de Teoría de la Literatura» Algaida. Sevilla 1996.
   (38) Noam Chomsky. Syntactic Structures. La Haya, Mouton and Co 1957. Aspects of the Theory of Syntax.                  Cambridge. Mass. Mit Press. 1965.
 (39) Ilya Prigogine: «Scientists See in the Fatal law o physics» New York Times. 1979.
(40) Thomas Stearns Eliot: «The Frontiers of Criticism». Minneapolis, University of Minnesota Press. 1956.
(41) Francisco Acuyo: Ver nota 15 y 22.
 (42) Kurt Gödel: «Ensayos Inéditos» Mondadori. Barcelona 1994.
 (43) Thomas Stearns Eliot: «Función de la poesía y función de la crítica». Tusquets 1999.
  (44) Noam Comsky: Ver nota 38.
(45)Enmanuel Kant: «Crítica de la razón pura». Austral. Espasa Calpe. Madrid 1961. Prolegomena to Any                                Future Metaphysics. Bobbs-Merrill. Nueva York 1950.
 (44) Albert Einstein: «Thematic Origins of Scientific Thought» Gerald Holton. Harvard University Press. 1973.
  (45) Noam Chomsky: «Essays on Form and Interpretation». 1977.
  (46) Werner Heisenberg: «Phycis and Beyond. Harper and Row. Nueva York. 1971.


           
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