sábado, 5 de febrero de 2011

STEPHEN HAWKING VERSUS JEAN GUITTON: DIOSES DE LA CIENCIA I

 Stephen Hawking versus Jean Guitton; dioses de la ciencia 1,Francisco Acuyo




Con la imagen de Stephen Hawking disertando, entre otros temas de gran interés, sobre el origen del universo y de la constitución y destino del mismo todavía en mi memoria (concretamente en el Parque de las Ciencias de Granada), redacto estas líneas para este blog como entrada verdaderamente particular en tanto que, la actual y candente confrontación (aunque en realidad ya sea vieja) sobre la ilusión o realidad divina, siempre me causó una especial por inquietante impresión, y esto porque aquella beligerancia dialéctica puede que, desde la óptica intelectual planteada, no sea tan racional o sensatamente justificada como en principio se ha tratado de verter desde antiguo, esto es: Dios versus Ciencia, o, mejor ahora: Ciencia versus Dios. En esta primera entrada exponemos, a manera de exordio, una semblanza inicial sobre tan fascinante y siempre vívida dicotomía que en muchos momentos ha adquirido los rasgos (sobre todo en determinados ámbitos culturales y sociales, y ahora también científicos y de pensamiento) de muy seria problemática.



 Stephen Hawking versus Jean Guitton; dioses de la ciencia 1, Francisco Acuyo


STEPHEN HAWKING VERSUS JEAN GUITTON:
DIOSES DE LA CIENCIA 
I



 Stephen Hawking versus Jean Guitton; dioses de la ciencia 1, Francisco Acuyo
 Siguiendo las inquietudes de ávido lector y la ingenua ansiedad investigadora de quien, neófito, inevitablemente inoculado por los sugerentes y sugestivos dominios en los que se afana concienzudamente la disciplina de la epistemología, y no pudiendo sino seguir el impulso de su curiosidad para nutrir su poca ciencia pero su fuerte  instinto indagador que le arrebata de manera irremisible, y le lleva inevitablemente en pos de hallar respuestas a las interminables interrogantes que se le presentan de consuno en aquellas indagaciones, pues bien en virtud de este ímpetu singular y de las muy diversas aproximaciones que es capaz, en formas de humildes investigaciones y estudios, he podido constatar que sería en los ámbitos de dos teorías científicas (que habrían de incidir con extraordinario vigor en muy diversas disciplinas de la ciencia) donde muchas veces con bastante acritud se debate la controversia de si es necesaria o no una entidad trascendente(divina), por un lado, para explicar el origen y la evolución de la vida, y por otro de la génesis y la formación del universo; a saber, la Teoría de la Evolución (con Darwin a la cabeza), y la teoría de la Gran explosión (Big Bang) y su consecuencia inflacionaria mediante la que se deduce su expansión, y que nos remite al ámbito de la Cosmología (donde Stephen Hawking, -también su insigne amigo y colega Roger Penrouse, del que hablaremos en otra ocasión más adelante- es un relevante y célebre exponente).
                Resulta en cualquier caso, cuando menos, decíamos, curiosa la beligerancia y ardorosa controversia por parte de algún sector científico y cultural, máxime cuando buena parte del secreto del origen de la vida sigue sin ser definitivamente desvelado, cuando todavía andamos balbucientes a la hora de explicar el fenómeno y naturaleza de la conciencia, y cuando la formación y la conformación del universo se mantiene con grandes lagunas y en un inquietante e inseguro desconocimiento: sabemos que parte de la materia del universo estaría formada por galaxias, agujeros negros, polvo interestelar, estrellas… No obstante, no deja de llenarnos de asombro que en realidad esto no forma parte más que de un 4% de su contenido, encontrándonos con un 96% que representa, al menos por el momento, una incógnita mayúscula. Sabemos que un 25% del Universo está constituido por materia oscura (invisible, y que tiene gravedad como la conocemos en la visible). Por otro lado, desde luego, no podemos sino maravillarnos del extraordinario impulso de la energía que lo expande, pero tenemos que reconocer que un 71% de esta es de un tipo desconocido (oscura) que acelera el Universo en expansión con una fuerza contraria a la de la gravedad.
                No deja de ser sintomático que ante todo lo que conocemos: que no es poco, y lo bastante que no acabamos de comprender, se posicionen  tan diametralmente opuestos sectores que van desde el ámbito científico y filosófico y que, finalmente, acabarán impregnando a un amplio espectro cultural y social.
                La ciencia, ateniéndose a las características que le son genuinas: utilidad, certeza, previsión y por supuesto la no aceptación de ningún determinismo absoluto a priori,[1] se manifiesta claramente en su presupuestos, fundamentada con seguridad en el conocimiento positivo, una vez superado el estado teológico y metafísico,  y que, según esta perspectiva, se impone irremisiblemente (Augusto Compte) como la forma de conocimiento ideal.
 Stephen Hawking versus Jean Guitton; dioses de la ciencia 1, Francisco Acuyo
                En El Gran diseño  de Stephen Hawking (y Leonard Mlodinow), se deduce una visión cosmológica que inclina a una concepción del mundo que no me parece, en principio nada novedosa, y cuyo pensamiento es compartido con bastante éxito por cierta crítica y amplio público (véase a Richard Dawking, en El espejismo de Dios) manifiesto por un militante posicionamiento ateísta, me refiero al regreso del Empirismo (empereimía) como oposición tradicional al racionalismo y que, mantiene una nutrida y más que interesante tradición en la historia del pensamiento. El materialismo empirista, centrado en el dominio de lo sensorial y de la experiencia como fuente única de conocimiento, se vierte frente a la intuición y las ideas innatas del racionalismo. Las conclusiones de Hawking, marcadas por el mecanicismo materialista impone a la conciencia (sensorial) carácter y carta de naturaleza, pues se mantiene sujeto a las leyes naturales cuyo determinismo marca los designios de quien observa el mundo. En estos investigadores e intelectuales es inevitable constatar un cierto pesimismo psicológico y la consecuencia de la no necesidad de lo trascendente para explicar el mundo.
                Enfrentamos a Jean Guitton con estas iniciativas por ser, a mi juicio, uno de los más relevantes y excelsos racionalistas del siglo XX que, aun tratando de basar y fundamentar sus razonamientos en los conocimientos científicos actuales, se mantuvo en lo más alto de la intelectualidad por su capacidad de razonamiento, quedando como una de las mentes más brillantes y poderosas del pensamiento deductivo. Pero veremos si en verdad no nos encontramos en esta controversia de: Dios contra Ciencia o Ciencia contra Dios, con aquel otro no menos vetusto enfrentamiento: razón contra percepción, o viceversa.

                                                                                                       


                                                                                                                         Francisco Acuyo







[1] El argumento divino no es en absoluto necesario para explicar el mundo.




 Stephen Hawking versus Jean Guitton; dioses de la ciencia 1, Francisco Acuyo


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