miércoles, 3 de agosto de 2011

DE LA MÉTRICA CELESTE. EPÍTOME DE VERSIFICACIÓN ESPAÑOLA: EL ALEJANDRINO

De la métrica celeste: epítome de versificación española: el alejandrino, Francisco Acuyo


DE LA MÉTRICA CELESTE
EPÍTOME DE VERSIFICACIÓN ESPAÑOLA: 
EL ALEJANDRINO



De la métrica celeste: epítome de versificación española: el alejandrino, Francisco Acuyo


Ante la demanda de no pocos amigos, algunos muy valiosos e inestimables colaboradores (de este soporte singular) y bastantes interesados (más de los que nunca en principio pude imaginar)  por el mundo, dinámica y sutilezas de el Arte -y aún de la Ciencia- Métrica(s), he decidido, por entregas, llevar a término una suerte de epítome de versificación española para incorporar al ámbito de las redes y herramientas 2.0, el cual irá apareciendo y tomando cuerpo en el blog Ancile para ser difundido ampliamente por las diferentes redes sociales que se encuentren a disposición nuestra; mas esto se llevará a cabo de manera aparentemente inopinada, con cierto pero razonable desorden en la exposición de temas, materia, funcionamiento y dinamismo especial del verso en lengua española. Responde esta forma heterodoxa de exposición y taxonomía, en el fondo, a una lógica de circunstancias impuesta por las consultas que, en determinados momentos, se me presentaron - o se me irán con seguridad presentando- en referencia a aspectos generales o concretos sobre latas o específicas cuestiones métricas: ora en relación a este o aquel tipo de verso, ora sobre esta o aquella ley o precepto (siempre dinámicos) que rigen sobre este o aquel constructo versal, ora por esta o aquella razón que determinado autor opta para la realización particular o característica rítmica, acentual, gramatical... de un poema, etcétera. 
El parvo pero riguroso despliegue doctrinal, teórico, técnico y terminológico de estas entradas sobre Métrica española,  estarán basadas en el humilde caudal de mis conocimientos adquiridos en la teoría de su formación y reconocimiento, pero sobre todo en la viva  práctica del ejercicio genuino de escribir y de leer versos, no en vano los transcribo con fruición -y con pleno conocimiento de su modestia-, mas, también extasiado en la lectura de los más excelsos creadores: investigo, inquiero y analizo en el magisterio indiscutible de los clásicos, y me intereso e indago la prospectiva  de los contemporáneos, si originales poetas en su creativo ejercicio, cuando este, al fin, se consuma elevado, subido y verdadero, asignado por el buen juicio estético, métrico, literario y, sobre todo poético, como verdadero en la excelsitud de sus resultados. No debo sino rendir tributo en esta introducción y en este instante, a mis maestros, no ya en la práctica, sí en el estudio riguroso y pormenorizado del producto extraordinario de la poesía que tanta gloria ha aportado a nuestra lengua, así, desde Dámaso y Amado Alonso, Pedro Henríquez Ureña, Tomás Navarro Tomás, Jaimes Freyre, Antonio Quilis, Manuel Alvar, Rudolf Baher, Andrés Bello, Balbín de Lucas, Francisco López Estrada y, sobre todo, a José Domínguez Caparrós y Antonio Carvajal, con quienes se nutre la ciencia de mi teoría con la praxis siempre benevolente y fraternal de la amistad sincera.
Comienzo pues, a raíz de unos versos traídos del francés (La novena de amor, de Bruno Doucey, traducidos por la profesora Joëlle Guatelli Tedeschi, a la sazón, y para suerte mía, traductora de un florilegio de mis versos al francés)) para ser publicados en versión española, precisamente con versos alejandrinos.


EL VERSO ALEJANDRINO



El verso alejandrino (su acepción deriva de las adaptaciones francesas que tratan la historia de Alejandro Magno), compuesto de catorce sílabas -con dos hemistiquios de siete sílabas-, advierte la particularidad de que ambas partes estructurales de siete sílabas, están separas por una pausa que no admite sinalefa, pues la estructura computa en su funcionamiento de manera idéntica al de final de verso, teniendo como equivalentes los consiguientes finales agudos, llanos o esdrújulos (J. Domínguez Caparrós). Se consideran obligatorios los acentos en la sexta y décimo tercera sílabas. Es recomendable para su mejor eufonía (aunque cabe el manejo desviado en este extremo) que cada hemistiquio lleve su pertinente y preceptiva acentuación:



Su verso es dulce y grave; // monótonas hileras                 [2ª         3ª       6ª  //     2ª       6ª ]
         2ª        4ª                   6ª                        13ª
De chopos invernales // en donde nada brilla;                    [2ª                    6ª //     4ª       6ª ]
         2ª                 6ª                      11ª       13ª


Antonio Machado



Es un verso perfectamente adaptable a aquellos poemas que exigen por temática o  fundamento emocional, de un largo aliento, por lo que no es nada extraño encontrarlos en poemas que centran su argumento poético en la descripción interior, sentimental, emocional o paisajística, véase el ejemplo traído al caso de Machado. Domínguez Caparrós hablaba con muy buen criterio de la flexibilidad y soltura, como notas estilísticas de referencia y que caracterizan singularmente este tipo de verso.
                Existen variedades de alejandrino con diferentes, variadas y particulares características; destacan: el alejandrino anapéstico (o dactílico, según Navarro Tomás), de ritmo pausado y suave en virtud de sus acentos en 3ª y 6ª sílabas en cada heptasílabo que rigurosamente lo componen. Ideal para establecer un carácter musical -melódico- al verso.


La princesa está triste. ¿Qué tendrá la princesa?            [ 3ª       6ª  //     3ª       6ª ]
             3ª            6ª     //            10ª           13ª      
Los suspiros se escapan de su boca de fresa….                 [ 3ª       6ª  //     3ª       6ª ]
3ª            6ª                //            10ª       13ª

Rubén Darío


Son reconocibles en nuestra preceptiva métrica otros tipos de alejandrinos: alejandrino a la francesa (en realidad verso simple de trece sílabas, o alejandrino de trece, con acentos en sexta y duodécima sílabas);


Remacha el postrer clavo en el arnés. Remacha

2ª     (5ª 6ª) acento agudo y posterior en palabra llana,    10ª     12ª

el postrer clavo en la fina tabla sonora.

         3ª    4ª                8ª        12ª

Rubén Darío


El alejandrino mixto (con acento obligado en primera y sexta sílabas).


Ráfaga repentina....Pálida e ilusoria.


1ª                   6ª  // 8ª                13ª                                      [ 1ª       6ª  //     1ª       6ª ]

Pájaro esquivo y noble, ave que eres la mía.

1ª             4ª         6ª  //  8ª        10ª     13ª                          [ 1ª       6ª  //     1ª       6ª ]



Enrique González Martínez



Alejandrino polirrítmico (en la que los versos de catorce sílabas no acaban de adaptarse a un único modelo).



Daban olor sobeoio las flores bien olientes,

1ª         4ª         6ª //   9ª                 13ª                     [ 1ª       4ª       6ª //     2ª       6ª ]

refrescaban en omne las caras e las mientes,

         3ª             6ª     //     9ª             13ª                    [ 3ª          6ª   //     2ª       6ª ]


manaban cada canto fuentes claras  corrientes,...

      2ª               6ª  //    8ª       10ª           13ª                 [ 2ª          6ª   //     1ª     3ª     6ª ]


Gonzalo de Berceo


 El alejandrino ternario - o tridecasílabo ternario- (verso simple de trece sílabas con acentos en cuarta, octava y duodécima; no obstante obsérvese la formación de tres grupos con acentuación en cuarta sílaba); o el yámbico (o trocaico, según Navarro Tomás, si se observan la formación de cláusulas trocaicas y no yámbicas, en virtud de un análisis del ritmo que parte de la primera sílaba del hemistiquio si no de la primera sílaba acentuada) con acentos en segunda, cuarta y sexta silabas, con acentuación en las sílabas pares. Esta taxonomía se reparte fundamentalmente en las clasificaciones de Navarro Tomás y Henríquez Ureña. Respectivamente:


Hace sonar un ruiseñor en lo invisible


1ª       4ª       //      6ª     8ª        //          12ª         



Rubén Darío




Lanzóse el fiero bruto con ímpetu salvaje                [ 2ª    4ª      6ª   //       2ª     6ª ]


    2ª          4ª         6ª   //  (8ª)  9ª          13ª


ganando a saltos locos la tierra desigual,...


    2ª            4ª         6ª    //       9ª           13ª              [ 2ª    4ª      6ª   //       2ª       6ª ]






José Zorrilla





                Desde la óptica de la métrica histórica, cabría reseñar el uso del alejandrino (desde el período amétrico -Rudolf Baehr-) que está presente en composiciones de la importancia de el Poema del Cid, Misterio de los Reyes Magos Ladisputa del cuerpo y del alma,... y que viene a configurarse de manera regular en La Edad Media (s. XII y XIV) en la denominada Cuaderna vía, con Gonzalo de Berceo, Pero López de Ayala, a la cabeza en su uso y verdadero disfrute (Milagros de Nuestra Señora, Vida de Santo Domingo de Silos, El libro de Alexandre, …)
De la métrica celeste: epítome de versificación española: el alejandrino, Francisco Acuyo
                Posteriormente, incluido el Siglo de Oro español, fue escasamente utilizado, excepcionalmente, Pedro de Espinosa, Alonso de Carrillo, Gil Polo (Soneto a la Santísima Virgen, Libro de la erudicción poética, Diana enamorada...) y pocos más autores tuvieron a bien usarlo para sus composiciones poéticas. Ya en pleno Neoclasicismo vemos ejemplos de alejandrinos polirrítmicos, trocaicos y a la francesa en: El poeta filósofo, de Cándido María Trigueros, o en poemas de Tomás Antonio Sánchez, Alberto Lista o Tomás de Iriarte.
                Sería en el periodo del  (mediados del XIX) romanticismo cuando el alejandrino tuvo un cultivo realmente importante (no sólo en España, también en América). Así podemos destacar a José Zorrilla, Bermúdez de Castro, el argentino Mármol o al colombiano Julio Arboleda. Poemas como Las nubes, de José Zorrila, pueden servir de paradigma. En este momento se utilizan muchas variedades de Alejandrino. dactíclico, polirrítmico, a la francesa…)
                Mas sería en el modernismo donde vendrá a alcanzar este verso su máximo esplendor y donde alcanza sus más fructíferas y bellas modificaciones. Es claro que el genio de Rubén Darío ofrecería lo más sutil  y granado en este verso, siendo tal vez el máximo exponente por su maestría. Precisamente cuando  traduce a Victor Hugo (Los cuatro días de Elciis) comienza ya a romper con la rígida estructura gramatical hasta entonces en el uso de este verso, acudiendo al manejo habitual de encabalgamientos y a practicar la división entre artículo y nombre, o entre sustantivos y adjetivo (Navarro Tomás) –De los magnates, de los // felices de esta vida…- estableciendo audaces cesuras en sus modificaciones. Recomiendo vivamente algunos de los poemas  de Azul,  Cantos de vida y esperanza y Prosas profanas, como preclaros y eximios paradigmas. Si están a nuestro alcance deberíamos echar un vistazo a los alejandrinos de Salvador Rueda o Gutíerrez Nájera y, desde luego,  de José Asunción Silva.
Posteriormente debemos tener muy presentes a Juan Ramón Jiménez o Gabriella Mistral en el uso del alejandrino polirrítmico; o el caso de Unamuno en alguno de sus sonetos (Sueño final, Noches de insomnio… de, Rosario de sonetos líricos. Con posterioridad, el uso de ese verso desciende, aunque encontramos ejemplos ciertamente memorables en García Lorca (Elegía a Doña Juana la Loca y en pasajes de Mariana Pineda); Guillén, también lo utiliza como verso suelto en algunas estrofas de poemas importantes en su producción lírica.
Pasé de puntillas por Juan Ramón Jiménez, modelo de extraordinario vigor y originalidad  para ver la evolución de este verso hasta nuestros días, podemos encontrar claros y preclaros ejemplos en muchos de sus primeros libros y en antologías (recomiendo: Libros de amorSegunda antología poética, donde podemos encontrar ejemplos entera y verdaderamente dignos de perpetuo recuerdo.

Francisco Acuyo



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De la métrica celeste: epítome de versificación española: el alejandrino, Francisco Acuyo


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