martes, 10 de diciembre de 2013

LA POESÍA DE JOSÉ MIGUEL LÓPEZ HIDALGO EN LA NOCHE EN BLANCO DE GRANADA.

De la última entrada del blog de La noche en blanco de Granada, reproducimos los versos del poeta José Miguel López Hidalgo.
Enlace al blog de La noche en blanco de Granada


En nuestra habitual sección del blog de La noche en blanco de Granada traemos los versos del poeta José Miguel Hidalgo acompañada de una breve reseña biográfica.







LOS VERSOS DE JOSÉ MIGUEL LÓPEZ HIDALGO 
EN LA NOCHE EN BLANCO DE GRANADA





José Miguel López Hidalgo (Motril). Licenciado en Filología Semítica por la Universidad de Granada. Diplomado en Lengua Árabe por la Universidad Al-Mustansiriya de Bagdad. Actualmente es profesor de Lengua Castellana y Literatura en Cádiz. Es autor de los libros de poemas "El Aire de la Almena" (Granada, 1991) y "Laurel de Coplas y Aviso de Caminantes, Corona de tus días" ( Colecc. La Insignia de Orfeo. Granada, 1996 -ed. no venal-).


DESCRIBE DANTE EN EL RECINTO IMPÍO


Describe Dante en el recinto impío
de hiriente fuego una nevada eterna
que en ascuas trueca un arenal sombrío.
Allí Justicia el dolor gobierna
de quien pecó contra Su Obra amada,
Naturaleza, donde se encuaderna
la Voz y Voluntad que de la Nada
creó graciosamente la hermosura
y quiso que Su Acción fuera imitada.
Juzgó el alto poeta que la usura
violenta esta divina providencia,
que peca el pecador contra natura
si más que lo que da pide a conciencia;
así que Usura, cerca de Sodoma,
recoge de este mal la triste herencia,
y con el que desprecia lo que toma
y ofende al creador que lo agasaja,
en la candente arena se desploma,
haciendo del tormento su mortaja;
una bolsa del cuello a este mezquino
distingue entre la tropa cabizbaja.
Más que doctrina, en su cantar divino,
que el Ser del Hombre es pura alegoría
es la verdad que glosa el florentino.
A cada cual le toca su agonía:
si Dios se obliga a urdir esta locura
como Razón, Justicia y Armonía,
el Hombre se somete a la tortura
de ser virtud o vicio contrincante
en esta guerra que su Dios procura.
Es nuestro mundo el que describe Dante
cuando el tormento de su Infierno canta:
aquí nos atan con igual bramante.
La Usura al usurero aquí levanta,
y aquí, en un negro abismo de dolor,
a su alma él mismo niega la paz santa,
la luz de las estrellas y el Amor.
(De  Viento del Este)


                                                                                              
TIENDE GENEROSO EL NÍSPERO



Tiende generoso el níspero
el dulce fruto de su rama feraz,
el áureo despojo de su secreta lujuria,
el ácido perfume de su carne entregada
a la mordedura fiera de la vida.
Tiende el níspero en su rama lánguida
su fresca sazón, la íntima raíz de su latido,
convidando a la gracia de su colmada plenitud.
Ven, hermano, gusta la pulpa de este día efímero
y bebe la luz que sobre tus labios sedientos se derrama,
sagrada y dichosa
como la sangre ardiente de un joven dios.

Bendito tú, lozano primor de la tierra amante,
secreta alegría del aire invisible,
luminosa presencia de júbilo y gracia;
bendito tú, hijo del alba, que en tus manos tiendes,
ligero como el aliento de un dios amable,
ardiente como la sangre de un astro risueño,
el néctar divino de tu celeste locura.

Esta sangre agrupada que derrama su éxtasis,
esta pulpa feraz que a morder convida,
tiendes, joven níspero, en tus ramas grávidas de gozo,
a la mano codiciosa,
a la boca sedienta,
al corazón fatigado del hombre
como divina dádiva del generoso cielo,
astro dichoso que nos regala
con la opulencia de su delicia.

Terso don de la luz, dulce aliento de la pródiga tierra,
dorada delicia del cielo que un dios benévolo procura:
por ti la vida nos tienta de nuevo con el perfume de su gracia.
Por ti nos enamora, divino milagro de la primavera encarnada,
primicia del corazón que un genio bendito tiende
colmado de gloria y vida inmortal.

Y así, con la alegría de la gratitud mordemos
el salino fulgor de tu pulpa dorada,
con la feroz ternura del enamorado,
saboreamos el pálpito feliz de tu sangre,
risueño hijo de la hermosura,
joven níspero que generoso tiendes
tu fruto encantado a la sed del hombre.


José Miguel López Hidalgo.




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