miércoles, 2 de noviembre de 2016

MENTE Y MATERIA: REALIDADES ABSTRACTAS Y REALIDADES FÍSICAS. ¿ES POSIBLE UNA EPISTEMOLOGÍA POÉTICA?

Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos una nueva reflexión sobre las relaciones entre la mente y la materia, esta vez a través del lenguaje poético, y todo bajo el título de: Mente y materia: realidades abstractas y realidades físicas ¿es posible una epistemología poética?



Mente y materia: realidades abstractas y realidades físicas ¿es posible una epistemología poética?, Francisco Acuyo



MENTE Y MATERIA: REALIDADES ABSTRACTAS 
Y REALIDADES FÍSICAS.
 ¿ES POSIBLE UNA EPISTEMOLOGÍA POÉTICA?



Mente y materia: realidades abstractas y realidades físicas ¿es posible una epistemología poética?, Francisco Acuyo


EL tránsito del concepto a la realidad es una cuestión filosóficamente muy debatida, mas científicamente no menos controvertida. En cualquier caso, la percepción de lo bello (como vía de conexión con lo real) nos habla también de la prodigiosa concordancia entre la mente y la materia,  cuyo singular concierto nos hace considerar ideas como la disposición proporcionada o simétrica y la frugalidad o sencillez de los medios objeto para alcanzar tales proporciones (tildadas de divinas), las cuales al fin dan las claves para la apreciación de la belleza.
                La afirmación –pitagórica- de que todas las cosas son un número (deducida, por ejemplo de su célebre teorema), relata cómo de la relación abstractamente deducida de las cosas puede inferirse su constitución física. Si necesidad de volver al concepto kantiano de los juicios sintéticos, no podemos sino admirarnos de que esa relación entre lo abstracto numérico (mental) y la realidad física (por ejemplo, geométrica) sea posible y de la que podamos colegir formas y tamaños. Hoy sabemos que todas las cosas no pueden ser un número (entero), pero estas deducciones sorprendentes nos ha dejado lo que, a nuestro juicio, puede establecerse como un principio singular de lo verdadero: la belleza, aunque que s abemos también que la naturaleza exige a nuestra capacidad de inventiva e imaginación nuevos tipos de números (no sólo enteros) así como de geometrías no euclidianas.
                Nosotros ya sabíamos[1] de la increíble relación entre el número, la armonía, la eufonía y la expresividad del verso, y cómo esta nos conecta con la realidad sonora, musical (y expresiva) del poema que, al final, nos va conectar con el acervo de las cosas materiales. Si bien la ilación entre los procesos físicos implicados en la recepción, producción y emisión de sonidos deducidas por Pitágoras aún hoy resultan esquivas[2], en el ámbito poético no lo son menos, aunque intuimos sucede (como en la música) que para su entendimiento son necesarios expresarlo en términos de frecuencia y esta está, a su vez, fraccionada en números enteros pequeños.
                Platón no se cansó de buscar esta concordia y armonía entre la mente y la materia a través de la belleza expresa en la regularidad matemática y la simetría, de hecho la idea de simetría  es aceptada en las estructuras métricas como una realidad incuestionable,[3] ya sea deducida por el uso y manejo experimental del verso y sus conveniencias eufónicas, como por la conveniencia de su consideración numérico cuantitativa, así como por la posible violación de las normas para exponer maneras más expresivas y novedosas del verso. Esto proviene, por tanto, también de la idea de que el
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número sujeta a su imperio al lenguaje mismo del poema. Incluso  aquellos que niegan el elemento métrico no hacen sino expresar la verdad profunda del número métrico, en tanto que su misma negativa ofrece la verdad no menos honda a través de su contradicción del ritmo que encaja con los momentos cúlmenes de expresión y belleza del verso, todo lo cual pone en evidencia la realidad de la relación mente y materia, también en el ámbito estructural (no sólo gramatical, también eufónico métrico) poético.

                En el lenguaje poético no es extraño contemplar la visión estática ontológica parmenidea (y de la ideología platónica) de manera muy especial. En el ejercicio mental (del pensamiento) se tiende a poner nombre a lo que se piensa[4], de lo que se deduce que tanto el lenguaje como el pensamiento dependen de lo que hay fuera de sí, y al hacerlo reiteradamente, sucede que no puede haber cambio, entrando el objeto poético (objeto imperfecto que aspira a la idealidad de su visión estático ontológica) en una suerte de presente continuado que reviste de una naturaleza muy singular al tiempo con el que se implica en su ejercicio creativo poético.
                La siguiente interrogante, a fuer de parecer fuera de lugar, viene muy apropósito para nuestra voluntad expositiva, así pues: ¿la información a la que tiene acceso la percepción está real[5] y únicamente mente en la estructura de la luz?[6] De ser así ¿cómo accede la mente del ser humano (y del poeta en su interpretación -lingüístico poética- del mundo? Estas interrogantes pueden parecer rebuscadas si nos quedamos en superficie de lo que significan en la profundidad del ejercicio creativo poético. Y es que, si todo parece indicar que existen invariantes en la misma estructura –perceptible- de la luz para poder constatar los rasgos estables del mundo real material,[7] mas también existen a nivel mental y lingüístico para su representación, así, en poesía,  las pautas gramaticales, métricas, de estilo, retóricas…dan constancia de grupos de patrones que acaso se presentan como invariantes esenciales que acaban por conformar su dinámica y estructura. Esta abstracción, no obstante, es lo suficientemente potente como para abarcar elementos constitutivos específicos (acentuación silábica en determinado tipo de verso, clase de oración según qué tipo construcción sintáctica…) hasta alcanzar componentes inespecíficos como rasgos inconscientes que se traducen de manera simbólica, u objetos netamente mentales que atañen a vivencias o abstracciones personales (ficciones) de la más diversa índole… que diríanse prescinden de la necesidad habitual de conjeturar sobre lo que el mundo realmente es, por eso decimos que la visión poética completa mentalmente cualquier proceso de información que nos haya llegado de forma incompleta. La potencia poético-creativa porta uno de los rasgos mentales más sutiles de interpretación y conocimiento, en tanto que conducen a nuevas visiones tanto de la propia mente en su afán de percepción y entendimiento del mundo, como del mejor entendimiento de sí mismo, ofreciendo un modelo de interpretación singular (ecológico)[8] en el que la mente y la materia mantienen una comunión interactual con el entorno.
Aquellas invariantes señaladas en la poesía (metro, gramática, retórica….) son las que dan
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constancia nemotécnica de durabilidad a los versos y las ideas, emociones,… contenidas, así lo acreditan sus redundancias, paráfrasis y pautas tan características que la estructuran a fuer de depender de la intrínseca, personal e idiosincrática manera de guardar cada cual en su memoria todos aquellos rasgos dignos de recordatorio.
                El poema es, por tanto,  un singular organismo que desde el momento de su concepción interactúa mental y materialmente con el fin de afinar lo más precisa y económicamente (usando los medios mínimos) para interpretar y dominar activamente el mundo real desde las perspectivas más insólitas, por lo que no puede subestimarse la complejidad de las facultades –mentales, conscientes e inconscientes- del lenguaje poético.  De hecho puede entenderse como el instrumento psico-ecológico que muy bien puede hacernos superar la percepción natural tenebrosa (cavernosa)[9] de la realidad. He aquí que la poesía es un útil de la mente que, entre otros provechos sirve para abrir las puertas de nuestra percepción y entendimiento, basando buena parte de la veracidad de su presupuestos (poéticos) en la belleza de su equilibrio y simetría estructural,[10] pero no abandonando la precisión requerida para un decir exacto de las cosas, mas basado –paradójicamente- en la complementaridad,[11] que nos implica directa y activamente con el objeto (físico o psicológico) que interpretamos, representamos o describimos.
                Indagaremos más adelante en posteriores entradas sobre la incidencia de la actividad (poética) mental en el constructo interpretativo (artístico o no) de la realidad.



Francisco Acuyo

               





[1] Acuyo, F.: -Los fundamentos de la proporción en lo diverso: sobre la simetría y la asimetría endecasilábica, tesis doctoral, Departamento de Lingüística y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, Universidad de Granada, Granada 2007, pp. 374.
35 - Fundamentos de la proporción en lo diverso: nueva edición corregida y adaptada, Jizo ediciones,  Ensayo, nº 17, Granada, 2009, pp. 427.
[2] Wilczek, F.: El mundo como obra de arte, Crítica, Barcelona, 2015, p. 42.
[3] Acuyo, F.: ver nota 1.
[4] Bertrand Russell reflexiona en términos similares argumentado la visión del Ser de Parménides.
[5] Recordamos que la materia que conforma el universo conocido no es solo la ordinaria perceptible por la luz, de hecho la materia oscura (invisible) conforma mayoritariamente (con la energía oscura) la estructura material del universo. Hasta la  fecha parece que la influencia (gravitacional) sobre la materia ordinaria es muy pequeña, pero, ¿incide esta de algún modo en las entidades con conciencia? Interrogante irresoluble por el momento.
[6] Gibson, J.J.: The perception of the Visual Worls, Hougthon Mifflin, Boston, 1950.
[7] Campbel; J.: El hombre gramatical, Fondo de Cultura Económica, México, 1989, p. 294
[8] Shaw R. y McIntyre, M.: Cognition and the Symbolic Processes, Lawrence Erlbaum Assocaites/ Wiley, Nueva York 1974,  p. 360.
[9] SI seguimos la metáfora platónica de la caverna en la que constatamos muy precariamente la realidad del mundo.
[10] Visión platónica adoptada por buena parte de los matemáticos (y no menos cantidad de físicos) de todos los tiempos.
[11] Dícese la adopción explícita de una de las muchas opciones válidas para describir un objeto (físico o psicológico), como curiosidad, en física cuántica es uno de los fundamentos para la comprensión de su teoría, mediante la que el sujeto de la observación está influyendo en el resultado objetivo del experimento.




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