lunes, 11 de diciembre de 2017

LA RETÓRICA DEL TIEMPO Y EL ESPACIO

Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos una nueva entrada que sigue las directrices de anteriores en relación a la retórica en poesía; esta lleva por título: La retórica del tiempo y el espacio.



La retórica del tiempo y el espacio. Francisco Acuyo



 LA RETÓRICA DEL TIEMPO Y EL ESPACIO



La retórica del tiempo y el espacio.Francisco Acuyo


Nos parece muy conveniente traer al caso una discusión tradicional que bien de antiguo y son, las diferencias y relaciones entre las artes plásticas y la poesía[1], unas como arte espacial y visual, y la otra como arte temporal,[2] anejo a los aspectos acústico-fonéticos de la lengua y a su relación abstracta de significado del lenguaje. Decía en otra ocasión:
 La cuestión es que esta separación y en estos términos tan rigurosos permanece consciente (en la teoría) o inconscientemente (como prejuicio no razonado) hasta nuestro días, y todo a pesar de que parece claro que el entendimiento retórico entre ambos mundos de expresión artística son ciertamente permeables, y  no sólo por el uso del lengua (propio en principio del pensamiento abstracto lingüísticamente articulado), también porque es atribuible a la utilización de la imagen cualesquiera que sea su ámbito de expresión (artística o publicitaria).
La retórica del tiempo y el espacio.Francisco Acuyo                Pero permitidme que quiera abundar en esto porque proviene de un prejuicio que no sólo es teórico, doctrinal, preceptual, retórico o poético, también por una interpretación psicológica si no errónea, cuando menos inexacta. Entraríamos ya en el domino de la neurología en relación con los procesos de la percepción y, sobre todo, de la conciencia. Pero vayamos por partes. Valoremos un hecho en principio que creo que es incuestionable, a saber, el carácter ontológico del lenguaje (que yo he estudiado en el ámbito poético) en tanto  que en virtud del mismo podremos tener acceso (más o menos parcial según la habilidad del que hace uso del mismo) al objeto. Cuando Quintiliano[5] hacía referencia a que todas las realidades son materia de la retórica, no debemos sino advertir, por un lado, con Roland Barthes, que los principios retóricos son aplicables a todos los sistemas de significación, por otro, que la idea del instrumento retórico como categoría a priori del mismo falsea la realidad del fenómeno expresivo del mismo, si es que su estudio forense de disección, extracción y taxonomía siempre será a posteriori de la acción y observación en su praxis siempre viva.[3]
            Antes de entrar en los entresijos de la metáfora como palabra, nombre, que establecía, decíamos, semánticamente Aristóteles, y la versión o visión de aquella como frase, como estrategia de discurso destinada o inclinada hacia el fin de desarrollar la poesía como un lenguaje genuinamente creativo, fijémonos un instante en aquellos tropos o figuras de sustitución del objeto, del sujeto o del mismo concepto, tales como la metáfora (entre la metonimia, la sinécdoque, la sinestesia…), las analogías en las que basan su referencia quieren expresar el ser de las cosas.
            Si el nóumeno –la cosa en sí- es inaccesible a los sentidos y a su carácter fenómenico, el recurso trópico es una vía dinámica de acercamiento al ser de las cosas, por lo que la inefabilidad de lo real inaccesible parece asequible en virtud de la metáfora (especialmente claro puede verse en la sinestesia, sea metafórica o no),[4] por lo que mantienen (estas figuras en el contexto poético) un vínculo especial con lo real material haciendo posible su inteligibilidad a la conciencia. Por lo que se verá que es posible una verdad metafórica, simbólica, sinestésica… que con toda seguridad no podría advertirse de otro modo que no fuese a través del lenguaje poético.


Francisco Acuyo




[1] Horacio: Ars poética, Real Academia Española, Madrid, 1954.
[2] Véase esta distinción en Leissing,  G. L.: Laocoonte o sobre los límites en la pintura y la poesía, Orbis, Barcelona, 1985.
[3] Acuyo, F.: Retórica: hacia una nueva epistemología. ¿Lógica versus retórica?, Ancile: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2011/02/retorica-hacia-una-nueva-epistemologia_08.html
[4] Discusión harto interesante será si las sinestesias son todas necesariamente metafóricas o no, pero que no es objeto en nuestro de dedicación tan prolija como merece.



La retórica del tiempo y el espacio.Francisco Acuyo

domingo, 10 de diciembre de 2017

LAS RAÍCES CULTURALES DE LA MISOGINIA Y DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER

Para la sección, Microensayos, del blog Ancile, ofrecemos otra nueva entrada que, siguiendo el tema de la misoginia propuesto por el profesor Tomás Moreno, lleva por título. Las raíces culturales de la misoginia y de la violencia contra la mujer.

Las raíces culturales de la misoginia y de la violencia contra la mujer. Tomás Moreno


LAS RAÍCES CULTURALES DE LA MISOGINIA

 Y DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER






Si nos preguntásemos por la razones de la pertinaz, perniciosa y ominosa violencia ejercida contra las mujeres en nuestras sociedades posmodernas, desarrolladas y presuntamente civilizadas, tendríamos que acudir a una serie de textos (míticos, religiosos, filosóficos, éticos, literarios, jurídicos y seudocientíficos) y de obras artísticas (pictóricas, escultóricas, cinematográficas, publicitarias) representativos de la tradición ideológica misógina de nuestra cultura occidental. Enseguida, caeríamos en la cuenta de que las causas de la misma son de carácter indudablemente socio-cultural, ideológicas, y también  educativas y que ha de ser combatida, en consecuencia, desde ámbitos y por medios  educativos y culturales.
Las raíces culturales de la misoginia y de la violencia contra la mujer. Tomás Moreno            Sus “víctimas” son –han sido a lo largo de nuestra milenaria historia cultural judeocristiana, romana y greco helenística-, obviamente, las mujeres, pero sus “victimarios” no han sido sólo los mitólogos, patriarcas, teólogos, filósofos, juristas y literatos/artistas misóginos de la Antigüedad o de la Edad Media, ni acaso una turba de monjes celibatarios, ignorantes y sectarios del Renacimiento y del Barroco, ni tampoco sádicos inquisidores de antaño, sino también –eso sí, en un nivel simbólico/cultural- una gran parte de los filósofos, científicos y literatos del máximo nivel y de reconocido prestigio[1] de la llamada modernidad. Entre todos ellos han infligido a la mujer, como género y a las  mujeres como seres individuales, generación tras generación y época tras época, toda una serie interminable de agravios, insultos y ofensas absolutamente injustificados, configurando, no ya nuestra vieja tradición teológico/cultural de raíz grecohelenística, romana y judeocristiana, sino incluso nuestra más moderna e ilustrada tradición occidental (de los últimos tres siglos) como esencial y profundamente misógina. Una tradición presidida toda ella por un macro-paradigma que, podríamos afirmar, ha dominado permanentemente la historia de la humanidad durante al menos los últimos cuatro o cinco mil años, el paradigma patriarcal, el Patriarcado.
            Armelle Le Bras-Chopard ha demostrado[2] –de ello algo ya tratamos en la Introducción-  cómo la mujer aparece secularmente en el discurso masculino occidental, y por lo tanto en el discurso dominante, como un ser esencialmente diferente al varón, como un animal, no-masculino, perteneciente fundamentalmente al orden de la naturaleza. Sobre ese cañamazo tripartito una milenaria mentalidad misógina ha bordado sus falaces argumentos y ha tratado de construir sobre la mujer un discurso animalesco[3].  
            Filósofos antiguos y modernos desde Aristóteles a Hobbes, desde Maquiavelo a Rousseau, pasando por Kant, Hegel, Fichte, Schopenhauer[4], Nietzsche, y otros epígonos suyos como Otto Weininger, cayeron en ese prejuicio, en esa descalificación de la mujer, llegando a  naturalizarlas y animalizarlas como simples “cebos de la naturaleza”, para asegurar la perpetuación de la especie, al servicio de las necesidades de la misma, sometidas y asimiladas al orden de la naturaleza...y situadas al nivel de las demás hembras animales -vacas, gatas-[5]. No se las conceptualizará ya, pues, como personas, ni se las percibirá como seres humanos con múltiples y variadas formas de realización personal y existencial, sino única y exclusivamente (desde un insoportable reduccionismo biologicista) como hembras destinadas a parir, dar a luz, y alimentar a los hijos: la reproducción sería si no la única sí la función principal de la mujer: “Como las mujeres han sido creadas únicamente para la propagación de la especie y toda su vocación se centra en ella, viven más para la especie que para los individuos, y se toman más a pecho los intereses de la especie que los intereses de los individuos”[6], viene a decirnos la pensadora francesa Le Bras-Chopard.


Tomás Moreno

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[1] Salvo honrosas excepciones como Cervantes, Feijóo, Pérez Galdós, Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, Colombine, Federico García Lorca entre nuestros clásicos literarios españoles, y Aggripa de Nettesheim, Poullain de la Barre, Condorcet, Von Hippel, Saint-Simon, Fourier, Engels, Stuart Mill, Simone de Beauvoir, María Zambrano y Emmanuel Mounier entre los filósofos y pensadores europeos.
[2] Armelle Le Bras–Chopard, El zoo de los filósofos op. cit.
[3] Armelle Le Bras-Chopard, El zoo de los filósofos,  op. cit., p. 245.
[4] Para Schopenhauer las mujeres están incluidas en la naturaleza como mantenedoras de la trampa de la especie por medio de una sexualidad que aúna deseo y reproducción
[5] Escribe Proudhon al respecto: “La mujer es un bello animal, pero es un animal”. El pensador anarquista se refiere “al genio egoísta y personal, imperioso; el carácter áspero, el corazón brutal, en una palabra, la ferocidad de la mujer. Ya lo hemos dicho: es una gata” (La Pornocracía). Nietzsche, por su parte, se refiere en numerosas ocasiones a la mujer –“animal de presa” con términos animalescos: “Dice Zaratustra: la mujer no es todavía capaz de amistad: gatos continúan siendo siempre las mujeres y pájaros” (Así habló Zaratustra, Del amigo). “Con su garra de tigre bajo el guante […] ese peligroso y bello gato que es la mujer (Más allá del bien y del mal, & 239). Otto Weininger, en fin, afirmará: “Las mujeres se hallan más próximas a la naturaleza que los hombres. Las flores son sus hermanas y están más cera de los animales que el hombre” (Sexo y Carácter)
[6] Armelle Le Bras-Chopard, El zoo de los filósofos, op. cit., p. 234. 




Las raíces culturales de la misoginia y de la violencia contra la mujer. Tomás Moreno

sábado, 9 de diciembre de 2017

DE LA METÁFORA: ELOGIO DE LA ELOCUCIÓN Y EL DECORO PARA LA EMOCIÓN, REFLEXIÓN Y VIVENCIA POÉTICA. DEL GENUINIO ARTIFICIO EN LA POESÍA ¿ES POSIBLE UNA ARTETERAPIA POÉTICA?

A colación de un máster que se está impartiendo en la Facultad de Bellas Artes de Granada sobre Arte Terapia, y en el que estoy participando para hablar del discurso poético y los potenciales efectos terapéuticos del mismo, incluyo algunas aproximaciones sobre los elementos retóricos del mismo en algunas entradas para la sección, Pensamiento, del blog Ancile. y todo bajo el título general de, De la metáfora: elogio de la elocución y el decoro para la emoción, reflexión y vivencia poéticas. ¿Es posible una arteterapia poética?

De la metáfora: elogio de la elocución y el decoro para la emoción, reflexión y vivencia poéticas. ¿Es posible una arteterapia poética?, Francisco Acuyo




DE LA METÁFORA: ELOGIO DE LA ELOCUCIÓN Y EL DECORO

 PARA LA EMOCIÓN, REFLEXIÓN Y VIVENCIA POÉTICA.

DEL GENUINIO ARTIFICIO EN LA POESÍA

¿ES POSIBLE UNA ARTETERAPIA POÉTICA?




De la metáfora: elogio de la elocución y el decoro para la emoción, reflexión y vivencia poéticas. ¿Es posible una arteterapia poética?, Francisco Acuyo






Cuando os digo que un tropo o una figura
es algo vivo, organizado dinámicamente,
y donde ha de tomar cuerpo y alma en este
 caso el poema, es para que toméis esta
apreciación como algo de capital importancia
por ser rigurosamente cierto.

F. A.




                                                                            INTRODUCCIÓN


SI el discurso poético se dice que se eleva, expresa, reconduce y delimita de manera tan singular que se tiene por genuino, distinto e incluso desviado, fuese porque, ora siendo exacto, ora dudoso, ora harto sugerente, nadie que se precie de comprenderlo puede, en su puntualidad, ambigüedad o sugerencia, entre los muchos y muy variados  atributos, componendas y genuinas señales y virtudes,  cuáles de todas ellas fueren más importantes y de más digna y más precisa admonición o referencia, o cuáles de las muchas de ellas tengan más excelencia y más se aventajasen a cualesquiera estirpe o ascendencia de recursos, arbitrios, mecanismos y dinámicas vivas del lenguaje(gramática, retórica, prosodia, métrica, versificación, fonética …), sin que por todo ello no pueda emparentar, por ejemplo, con la filosofía  y, sobre  todo de esta con la siempre controvertida tradición, no obstante, seductora y profunda cual es la metafísica.
Desde la semántica aristotélica de la metáfora (la palabra o el nombre será el eje vertebrador de la misma), donde la retórica y la poética –la persuasión en la oralidad y la
De la metáfora: elogio de la elocución y el decoro para la emoción, reflexión y vivencia poéticas. ¿Es posible una arteterapia poética?, Francisco Acuyo
mímesis de las acciones en la tragedia-  irían de la mano para su definición, descripción y taxonomía  hasta nuestros días en donde se establece la función heurística (a mi juicio, mejor, creativa) del discurso poético.
La imagen en el ámbito de la retórica será también crucial para la metáfora y su poder de relacionarse con una realidad exterior al lenguaje,[1] todo lo cual podrá servirnos para establecer unos parámetros aceptables de discusión sobre los factores terapéuticos (hablaremos de una singular logoterapia al respecto) de la metáfora y del discurso poético en general, relacionado con todo el aparato retórico, fonético, gramatical, métrico… del fundamento material de su alocución, a saber el verso.
En esta parte introductoria nos parece muy conveniente señalar las herramientas que son propias de la retórica en general, y muy particularmente en la metáfora, para entender que el lenguaje poético puede ser extraordinariamente plástico: cuyos elementos básicos acabarán ofreciéndose como materia primordial de su configuración visual, y mediante los que establecer su morfología (elementos gráficos que la constituyen), su sintaxis (la forma peculiar en que se interrelacionan) y, al fin, de la materia enfática en que se distribuyen, que será la que afecte precisamente la óptica retórica.
Si la persuasión es en principio una de las finalidades primordiales de la retórica, está se llevará a cabo en función de informar, convencer, emocionar y, desde luego, referenciar los rasgos más expresivos para su utilización en el dominio que se precise: así puede ser deliberativo, judicial, espectacular y, en lo que a nosotros concierne, poético creativo y, como se irá viendo, también como verdaderamente psicoterapéutico.


Francisco Acuyo

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[1] Ricoeur, P.: La metáfora viva, Trotta, Madrid 2001, p. 12.



De la metáfora: elogio de la elocución y el decoro para la emoción, reflexión y vivencia poéticas. ¿Es posible una arteterapia poética?, Francisco Acuyo

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