jueves, 26 de abril de 2018

MEDIDAS EXTRAORDINARIAS


 Después de publicarles una muestra del libro de poemas, Existencialidades en anterior entrada, traemos ahora, para la sección, Narrativa del blog Ancile, el relato, Medidas extraordinarias, de Pastor Aguiar, extraído del libro, Escalada, que recomendamos desde este soporte para su lectura.




Medidas extraordinarias,, Pastor Aguiar






 MEDIDAS EXTRAORDINARIAS





Medidas extraordinarias,, Pastor Aguiar




El laboratorio estaba en baja. La crisis económica había dejado a muchos sin trabajo; otros no podían hacer el copago, en fin, que casi nunca se llenaban los cuartos para las pruebas de sueño.

El jefe andaba pensando en algunas opciones para no tener que rebajarnos el sueldo o despedir a Juanzo, el técnico más joven. Una de ellas fue suspendernos el seguro dental. Cuando me enteré por la nota en la pizarra de la oficina, decidí sacarme la muela lo más pronto posible.

Y todo vino como anillo al dedo, porque a Zenobio, el jefe, se le había ocurrido  transformar uno de los cuartos en consulta estomatológica.

En par de días colocaron el sillón, los gaveteros, las vitrinas con veinte mil herramientas, pomitos, jeringuillas y de cuanto Dios creó.

Nadie se preocupó por el nombre del dentista, nos bastó con lo de Doctor; pero sí supimos que era pariente de Zenobio y que sería una gran ayuda para las finanzas del laboratorio.

El mismo día que estuvo lista la consulta, llegó el inspector del condado, y estuvo revisando hasta el número de losas del piso, hasta que todos quedaron contentos.

_ Pastor, si al fin te sacas la muela, ya sabes, puedes ser el primero_ Me dijo Zenobio palmeándome la espalda.

Yo me quedé pensando si además, sería el primer paciente en la vida del Doctor, porque decían que era demasiado joven.

Esa noche, cuando llegué para hacer  dos pruebas de sueño, pude ver el letrero en la puerta:

ESTOMATOLOGÍA:
SE TRABAJAN LAS 24 HORAS.
TOQUE EL TIMBRE.

Y más abajo, en letras pequeñas:

Se aceptan todos los seguros dentales


Precios módicos al que no tenga seguro
Todos los viernes se hará una rifa para seleccionar tres casos, que serán atendidos gratuitamente (a cinco dólares el ticket).

Acabando de leer se abrió la puerta y me enfrenté al médico. Detrás pude ver a la asistente, quien se abotonaba la blusa desesperadamente y más roja que un tomate maduro.

_Hola; ya Zenobio me dijo que se va a sacar una muela. ¿Está listo?

_No, Doctor. Esta noche tengo dos pacientes. Mañana estaré libre. ¿A qué hora?

_A esta misma hora está bien. Si acaso no me ve, toque a la puerta y Adelita, mi asistente, le irá llenando los papeles.

_Doctor, déjeme aclararle que es una muela del juicio, y creo que tiene las raíces torcidas. Siempre ha sido una guerra sacarme cualquier diente.

_No se ocupe…mire_ y me enseñó los bíceps sonriendo engallado.

Como uno de mis casos avisó que no podría venir, y el otro se demoraba en la cafetería de la planta baja, me puse a recorrer los cuartos en busca de un control remoto para el televisor. Eran cuatro habitaciones, además de nuestra oficina, donde estaban las computadoras para el monitoreo. Ahora, con lo del dentista, nos quedaban tres.

Al entrar en el último cuarto, frente al de la consulta, noté un gran desorden. Sabía que dos días antes habían hecho una fiesta con los médicos que nos remiten casos, pues se acercaba la Navidad, pero era injustificable el reguero que habían dejado. De seguro los de limpieza se habían negado, porque aquello estaba fuera de su contenido de trabajo.

El lavamanos estaba atascado con granos de maíz, muchos de los cuales nadaban en un agua sanguinolenta, probablemente donde habían preparado la carne de cerdo. Ya apestaba. El piso tenía marcas de suelas de toda forma y tamaño, y el inodoro rebozaba mierda y orine rancio. Encima de la cama, las cajas de cartón con restos de comida, y en una butaca botellas de cerveza bostezando. La peste salía hacia el pasillo, por lo que cerré la puerta.

Esa noche, mientras le colocaba los electrodos al anciano, hablamos de muelas y dentistas.

_ En mi época el que sacaba los dientes era el barbero. Había que tener cojones de verdad. Ahora con esa mariconada de la anestesia cualquiera es hombre.

_Pero me imagino que serían muy pocos los suicidas.

_ ¡Ja! Tiene razón; pero los había, sobre todo cuando el dolor era perro. No mi tío Ito Sánchez, que ese era un salvaje. Llevaba un mes que no dejaba dormir a nadie en el batey, y cuando ya se quedaba sin fuerzas y su mujer trajo ayuda para llevarlo al barbero, agarró el machete y le dejó bien claro a todo el mundo que de allí lo sacarían muerto, que él era un hombre de pelo en pecho y no necesitaba ayuda para tal pendejada. Se puso que echaba candela por los ojos y agarró una pita encerada, de las de pescar. Con una punta aseguró la muela y la otra la ató al pico de la montura del caballo. Imagine usted, una bestia que de mirarla salía como una bala. Y así fue, que le dio un grito y el animal enfiló hacia la guardarraya como alma que lleva el diablo.

_ ¿Y la muela? _Lo interrumpí desesperado, sintiendo el dolor.

_Mire, no me lo va a creer, pero se lo llevó a rastras casi tres cordeles, hasta que se trabó mi tío con una palma caída y la pita sonó como cuerda de guitarra. Allí mismo saltó la muela como un proyectil y fue a darle en el culo al caballo, que hasta el día de hoy no se ha vuelto a saber de él.

Creo que nunca había deseado con tanta fuerza que el tiempo no pasara, total, si hacía una semana que no me dolía el dichoso cordal. Sin embargo, si esperaba iba a quedarme sin seguro y la gracia me costaría una quincena de salario. Así que no había otra salida, además, no era la primera vez; éste era el tercero que me sacaba, todos soldados al hueso, cada uno una epopeya.

Eran historias pasadas como la del tío del paciente. El tiempo no se detenía, por suerte, y sería cosa de par de horas cuando más, porque lo que me daba miedo era el comienzo, la anestesia y los primeros tirones, hasta que comprobara que no dolía. Las hinchazones, los sangramientos posteriores, los antibióticos, eran juegos de niños.

El paciente se pasó la noche llamando para orinar, hasta que la última vez me dijo.

_Le cambio la próstata por su muela.

Apenas dormí tres horas aquella mañana, y ni comí, por si me daban náuseas no llenar el consultorio de vómitos. El único consuelo que me dio la imaginación fue ver a Adelita sin blusa, rozándome la cara con las tetas mientras preparaba los instrumentos.

El doctor me estaba esperando en la puerta.

_Va a ser el primero; pero ya tengo cuatro para mañana. La gente se está enterando. A Zenobio se le ocurrió hacerle una limpieza a los que vengan a la prueba del sueño, antes de salir al día siguiente.

Yo no tenía ánimos para hablar, ni para pensar en otra cosa.

En par de minutos ya estaba estirado sobre el sillón y Adelita con la blusa cerrada hasta el cuello.

Cuando el médico miró la radiografía hizo una mueca, mientras se acercaba para tomar la jeringuilla con el anestésico.

_ No va a ser fácil, mire esas raíces como pinzas de cangrejo, soldadas al hueso. Para colmo no hay por dónde agarrar en firme, porque la pieza está desbaratada. Va a tener que firmar unos papeles, por si algo pasa.

_No se ocupe. No es la primera para mí. Lo importante es que no me duela.

_Despreocúpese; de todas formas, si siente algo, me toca para aumentar la dosis, porque una vez que empiece ya no se puede parar.

Me aferré a los brazos del sillón mientras él me clavaba aquella aguja fina y larga como la lezna de un mosquito gigantesco. Comencé a respirar profundamente, a tratar de relajarme repitiendo mantras para la buena salud. Traté de imaginarle un rostro a Dios y se me aparecía el tío del paciente de la noche anterior, arrastrado por el caballo.

Pasaron veinte minutos como si fueran veinte siglos, y sentí que la mitad izquierda de la cara me crecía. Cuando me la toqué era como de goma, enorme y flácida.

Abrí la boca todo lo que pude mientras escuchaba a Adelita.

_Muy bien, menos mal que tiene una boca de tiburón.

_Déjate de joderlo, hija de puta, que lo vas a matar antes de tiempo_ Pude oír el secreteo del dentista.

Al fin y al cabo, a aquellas alturas no tenía opciones, y me sentía como quien espera en el cadalso. Para colmo el frío era insoportable, a pesar de mi esfuerzo para que no me vieran temblando. Continué repitiendo el OM y rogando para que Dios me diera fuerzas, y calor. Imaginé cañaverales ardiendo, Sahara al medio día y yo desnudo, muerto de sed; pero el frío no me daba tregua.

Fui sorprendido por el primer tirón. El médico apretaba la pinza y trataba de aflojar las raíces de la ceiba, porque para mí, me iban a sacar una gran ceiba enraizada hasta los mismos cojones.

_Creo que se movió_ Dijo el doctor comenzando a sudar.

_No, es la pinza que resbala…Ah, se partió la corona; ahora esto va a ser una carnicería. Pobrecito_ Era Adelita acariciándome el pelo, pero sin pegarme las tetas.

_Alcánzame el elevador. ¡Apúrate, vaga de mierda!

Sentí la punta del hierro entrando por debajo, a través de la encía para situarse entre la bifurcación de las raíces. Vino el tironazo hacia arriba, pero no cedió ni un ápice.

Mientras me levantaba en peso, la mandíbula crujía en la articulación temporal como si fuera a salir detrás del caballo desbocado.

_Dame la barrena, cacho de puta, déjate de vagancia.

Con la barrena de hacer obturaciones separó las dos raíces, mientras Adelita empapaba apósitos en mi boca, que era una piscina repleta de sangre.

_Usa la aspiradora, que no puedo ver por la hemorragia, coño. ¡Tendré que enseñarte! Si fuera una pinga no vacilarías.

A los pocos minutos sentí un crujido como si se me desprendiera un pedazo de quijada.

_ ¡Aquí está la primera raíz!_ Y me la restregó en la mejilla opuesta, entre carcajadas, secándose el sudor.

_Alcánzame el cincel y el martillo, que esta otra no quiere ceder, ¡la muy hija de puta!
Fueron cinco o seis martillazos; y lo que más me preocupaba a tales alturas era que me desfondara un ojo.

Al fin saltó la última raíz ensangrentada con un fragmento de mandíbula más grande que ella misma. Pero no me importó, era el final y el alivio fue infinito. Me sentí como un sobreviviente del Titanic.

_Déjeme darle par de puntos de sutura. En una semana regrese para darle un vistazo. Aquí tiene las recetas de antibióticos y analgésicos, pues el destrozo ha sido enorme, y si se infecta, le tendremos que poner su nombre al laboratorio.

Yo me cagué en el coño de su madre, en silencio, y salí como perseguido por un perro con rabia; pero contento después de todo.



Pastor Aguiar

Extraído de Escalada. Editorial Poetario. USA. 2018





Medidas extraordinarias,, Pastor Aguiar


martes, 24 de abril de 2018

EXISTENCIALIDADES, DE PASTOR AGUIAR


Para una de las secciones más queridas del autor de este blog Ancile, Amistad y poesía, traemos al escritor y poeta Pastor Aguiar, en esta ocasión para ofrecerles una muestra de su último libro de poemas que lleva por título, Existencialidades, el cual recomendamos vivamente. En próxima entrada mostraremos otra primicia de otra nueva publicación, esta vez de narrativa, que lleva por título, Escalada.



Existencialidades,, Pastor Aguiar





EXISTENCIALIDADES




Existencialidades,, Pastor Aguiar



Pastor Aguiar presenta una selección de poemas en verso libre en los que desarrolla la temática del tiempo el ser y la existencia desde la visión de poeta desterrado, lanzado al mar y destinado a alimentarse de la memoria.
La cubanía brota en cada verso pero sobre todo y dueño de una lírica singular, su poética traza una línea sin censuras hacia la eterna búsqueda de libertad.


Selección poética





“Una gravitación y una presencia.”
 Jorge Luis Borges





Con quién la cita,
ocupar este pozo de misterios
como esperando el toque de ser uno,
uno mismo encontrándose.

Y verse en el espejo que nos urde
acaso encarnación de la metáfora
inescrutable para ser tan grave:
La grave infinitud del precipicio
de repente volumen.

Estar donde no estamos
sino un hambre de tiempos que redundan
en su tal vez de carne en ambas caras
del hueco del cristal.

Ser baleado por las voces
que nos copian al eco repitente
hasta encarnar lo absurdo.

A quién verificamos, quién subsiste
de vida en vida sin sabernos,
porque yo no me sé ni me repiten nunca
la sombra, el órgano que late,
el peso de mi nombre cuando vuela
condenándome a muerte.




Desde el hambre infinita




No puedo imaginar lo que hay en mí;
cómo lo sabes tú, ¿serás espejo?
Habrá algo hermoso que rescatas
del oscuro habitante, digo aquel
donde yazgo dormido.

Serás la campanada, el ave rerum,
la mágica escritura de las voces:
Haber estado siempre en cada día
que te pronuncia ambos:
Existo porque existes; si no fueras,
cómo podría responder a un nombre,
ser metáfora tuya.

Bendita sensación la de te quiero
desde la luz tremenda,
desde un hambre infinita.



Dónde



Dónde, dónde los besos dados, los abrazos
y lo niño que fuimos y la vez,
la vez aquella sin oler el tiempo,
su grito en cada cosa.

En ese nudo claro como iglesia
cuánto azul de memorias tuvo carne
y cien alas por ave para el ojo
soñador de la mente.

La mente todavía su ayer palpa,
dolor innato de parirse
hacia la inmensidad sin velero ni brújula
y ser lo que otros fueron, sus naufragios;
o quizás nadie estuvo.

Quizás ayer existe ahora,
inagotable,
ahora dando vueltas,
metamorfosis del silencio,
de un silencio adivino.

Sin embargo yo sueño con ciudades
mañana construidas sin gravedad alguna,
me voceo de aire al pentagrama
donde Dios es la música.

En qué lugar la gente, dónde tú,
la que Amor suspirabas en mis labios,
los tuyos golondrinas.

Escribo para vernos
como si no pasáramos del antes
y lloro si doy gracias
cuando te escribo.

Siempre tú



No te vayas jamás,
que el tiempo no adivine en tu figura
lo transitorio y te pronuncie eterna,
eternamente hermosa el Alma niña,
esa carne de pétalos oliendo
tan dulces levedades.

Siempre tú como el vino siendo copa a la vez,
ortografía para el labio a tientas,
para mi sed de uvas que se escriben
con la terca abundancia del Amor.

No transcurras al día de mañana,
yo cargaré por ambos los relojes.
Una vida tras otra seré el mismo
ermitaño en tu puerta.





PASTOR AGUIAR





Existencialidades,, Pastor Aguiar

domingo, 22 de abril de 2018

NULLIUS IN VERBA


Traemos para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, una nueva entrada que lleva por título, Nullius in verba, en relación con cuestiones estéticas sobre la poesía.

Nullius in verba, Francisco Acuyo


NULLIUS IN VERBA


Nullius in verba, Francisco Acuyo


Si algo aprendí del ejercicio –creativo- poético es que, con todo el respeto hacia los grandes maestros, el principio Nullius in verba[1] debería regir en mis propósitos y mi vocación creativa. Construir sobre el sólido fundamento que los excelsos avisados han concebido no significa renunciar a la indagación propia y a la libertad de concebir nuevos senderos de creación y transformación originales. A esta altura de nuestra exposición nos parece que  los valores terapéuticos deducibles de los elementos retóricos (métricos, estilísticos, gramaticales…) del discurso poético son en verdad incuestionables.
Sin pretender convertirse esta nueva reflexión –humildísima-  en un alegato contra el reduccionismo material atomista, no puede evitar, sin embargo, verse imbuida por el espíritu que embarga cualquier intento creativo, entre el que se encuentra el de la misma poesía, acaso como exponente proverbial y singular de la misma creación. En verdad nos cuesta mucho restringir la estructura y dinamismo del universo, la complejidad de la vida y el raro fenómeno de la conciencia a un mero reducto de partículas elementales sujetas a unos principios o fuerzas reguladores; me congratula saber que dentro del ámbito de la ciencia también hay grandes sabios que tienen una opinión cercana a la que, con toda modestia, exponemos en este breve compendio de juicios y reflexiones.[2]
Nullius in verba, Francisco Acuyo
                Creemos que hay otras muchas disciplinas (y artes) junto a la ciencia, que tienen mucho que decir para un mejor entendimiento del mundo y de nosotros mismos. Han sido muchas las entradas[3] y reflexiones dedicadas a las matemáticas en este medio, como también a la poesía (o ambas singularmente interrelacionadas)[4] para la comprensión de este hecho incuestionable y, sin embargo, que no parece principio de complementariedad,[5] si es que está en el mismo meollo de lo más íntimo de la materia perfectamente reconocible y ampliamente aceptado. No en vano sería el mismo Bohr[6] quien ampliaría la idea de complementariedad al mundo de la misma biología: cualquier intento de análisis forense de la composición molecular de un ser vivo llevaría irremisiblemente a la muerte de dicho organismo, que es lo que propone la visión clásica positiva y reduccionista de la ciencia netamente materialista. La visión totalizadora es fundamental para el entendimiento de unos de los aspectos más fascinantes del enigmático fenómeno de la vida: la capacidad creativa.
                En poesía, siempre hemos defendido una visión holístico integradora de la misma en sus estudios, llevar al ámbito de la reducción atomista sus potenciales elementos constitutivos (palabras, oraciones, ritmos métricos…) es desvirtuarla en una óptica claramente mecanicista que nada tiene que ver con su dinámica compleja, viva, creadora que la constituye; un poema, en un organismo vivo sujeto a tantas y tan vivas interpretaciones como sujetos quieran acercarse a su vívida y dinámica presencia.
                La poesía, emparentada con cualquiera manifestación vital, es un modelo o sistema orgánico de funcionamiento que se mantiene en continua transformación, y cuyo dinamismo emergente se observa en la volubilidad e incluso en la ambigüedad de los patrones que la constituyen y deconstruyen (gramaticales, métricos, estilísticos…). Volviendo a la concepción de realidad de anteriores reflexiones, nos parece que aquella, si pretende ofrecer la verdad de cualquiera cosa que sea, necesita la complementariedad de lo que el concepto de dicha realidad implique y lo que la misma realidad supuestamente objetiva sea. La conciencia juega un papel crucial nuevamente. Incluso en la observación íntima de la materia y el establecimiento de su realidad, exige esta complementariedad, y es más, necesita para la constatación de su verdad genuina la aparición del factor imprescindible de la belleza.


Francisco Acuyo



[1] Sentencia de Horacio (Epístola) que literalmente viene a decir: En la palabra de nadie, y que aquí se entiende por: Nadie nos enseñará a cómo debemos pensar, o, Mira por ti mismo, lema de la Royal Society de Londres.
[2] Un caso realmente sobresaliente es el de Freeman Dyson, véase por ejemplo; Sueños de tierra y cielo, Debate, Barcelona, 2015, pág. 23.
[3] Nos referimos al blog Ancile: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/
[4]Acuyo, F.:  Blog Ancile,  De lo innato y la experiencia en el signo (poético y matemático), http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/01/de-lo-innato-y-la-experiencia-en-el.html ; Del número y la realidad a la poesíahttp://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2016/12/del-numero-y-la-realidad-la-poesia-muy.html ; por ejemplo.
[5] Dícese del principio que advierte de que dos descripciones de la naturaleza son complementarias cuando ambas son verdaderas, aun cuando no puedan reconocerse en el mismo experimento, véase el caso proverbial de la dualidad onda partícula.
[6]  Los nuevos descubrimientos en el terreno de la genética, con el hallazgo del ARN y del ADN, no son en modo alguno definitivos en este aspecto y no parece que sean los que escondan el auténtico secreto de la vida: la replicación estudiada para la observación y entendimiento de ADN es clara, pero el comportamiento metabólico de un ser vivo en modo alguno los es, el caos es la característica singular del mismo.




Nullius in verba, Francisco Acuyo

miércoles, 18 de abril de 2018

DE LOS PADRES DE LA IGLESIA A SANTO TOMÁS. SOBRE LA DEFICIENTE MORALIDAD FEMENINA


Bajo el título, De los padres de la Iglesia a Santo Tomás. Sobre la deficiente moralidad femenina, traemos una nueva entrada del profesor Tomás Moreno para la sección, Microensayos, del blog Ancile.


De los padres de la Iglesia a Santo Tomás. Sobre la deficiente moralidad femenina, Tomás Moreno



DE LOS PADRES DE LA IGLESIA A SANTO TOMÁS. 

SOBRE LA DEFICIENTE MORALIDAD FEMENINA



De los padres de la Iglesia a Santo Tomás. Sobre la deficiente moralidad femenina, Tomás Moreno


Evidentemente los Padres de la Iglesia hicieron una teología propia de varones solteros, celibatarios, desconocedores de la mujer, siempre identificadas con el pecado, como herederas de Eva, y hostiles a la sexualidad. Como sostiene Uta Ranke-Heinemann, no llegaron a comprender que la sexualidad, en su sentido pleno, es la dimensión del ser humano contemplado como ser único, total, personal y espiritual; algo más, por tanto, que la mera posibilidad puramente biológica de reproducción.
            Para la teóloga germana católica, la sexualidad no es una propiedad distintiva meramente regional o funcional, sino que es una especifidad originaria del ser del hombre (hembra o varón) y que, por tanto, acompaña al hombre desde su origen primero, desde el cual el hombre es, a la vez, espiritual y corporal. Se trata, pues, de una característica que impregna, de modo peculiar, todas las dimensiones delimitadas del hombre (varon o mujer) y  está esencialmente determinado por ella. No es algo que el ser humano “también tiene” entre otras muchas cosas, sino un modo de ser fundamental, en el cual él es en su totalidad. “Esta característica de la sexualidad, que desborda la dimensión puramente regional, dificulta la descripción definitoria de la masculinidad o feminidad de la persona humana[1].
De los padres de la Iglesia a Santo Tomás. Sobre la deficiente moralidad femenina, Tomás Moreno            Precisamente todo lo que no supieron o pudieron ver esos primeros representantes del mensaje cristiano, obsesionados con “su neurosis sexual siempre creciente” y “con su afán de transformar los laicos en monjes”[2]. En estos textos patrísticos, en efecto, se puede captar una de las raíces de la misoginia cristiana occidental que va unida tanto a esa aversión como a la autoconciencia culpable que tiene el hombre de la imposibilidad de alcanzar el ideal ascético que, imponiendo una inalcanzable renuncia a la sexualidad y a la búsqueda del placer en su relación con el otro sexo, le induce a proyectar sobre la mujer el odio que siente hacia la parte de sí mismo que no sabe, ni puede renunciar a ella.
            Santo Tomás sintetizará, como veremos, el legado misógino aristotélico y patrístico. El sabio dominico se sitúa a este respecto muy cercano estas posiciones, dado el peligro que para la integridad moral del varón representan las mujeres, al ser las mujeres más imperfectas que el hombre, no sólo en el cuerpo sino también en el alma, “por tener menos firmeza de juicio están más inclinadas o son más proclives que los hombres al pecado de incontinencia” (Sum. Theo. II-II q. 56 art. 1)[3]. Ante la atracción irresistible que sus encantos pudieran significar para los varones[4], el célibe dominico se plantea con toda seriedad la siguiente objeción: “Deben evitarse las ocasiones de pecado. Ahora bien, Dios preveía que la mujer había de ser ocasión de pecado para el varón, por tanto por qué debía haberla creado”. A la que responde: “Si Dios hubiera quitado del mundo todas las cosas que sirvieran al hombre de ocasión de pecado, quedaría imperfecto este mundo. No es justo destruir el bien común para evitar un mal particular, sobre todo dado que Él es poderoso para ordenar todos los males al bien” (Sum. Theol., I, 92 1, ob. 3).
De todo ello, Tomás de Aquino derivará una serie de corolarios de índole moral. Como ser deficiente y anclado en cierta manera aún en el estado del niño, la esposa, infantilizada, está
De los padres de la Iglesia a Santo Tomás. Sobre la deficiente moralidad femenina, Tomás Moreno
capacitada para parir, pero no para educar a los hijos. La educación espiritual de los hijos sólo puede ser llevada a cabo por el padre, pues él es el guía espiritual. Por eso es que “en modo alguno basta la mujer” para la educación de la prole, sino que el padre es más importante que la madre para la educación. Por su “inteligencia más perfecta” sólo él puede “adoctrinar” mejor la inteligencia del niño; y, como consecuencia de su “virtus” más robusta” –virtus significa tanto “fuerza” como “virtud” moral- está en mejores condiciones para “mantenerlos a raya” (Sum. contra Gen. III, 122). Por otra parte, a causa de su “mente defectuosa”, que, además de en las mujeres, “es patente también en los niños y en los enfermos mentales”, el derecho canónico medieval, por ejemplo, no admitiría por ello la validez del testimonio de la mujer, la mujer no era admitida como testigo en asuntos testamentarios no podía proporcionar un testimonio jurídico válido (Sum. Theo. II-II q. 70 art. 3)[5].
José Antonio Marina nos ofrece una especie de micro-monografía sobre el auténtico peligro moral que la cercanía y presencia física de las mujeres puede provocar en los varones, de la que seleccionamos estas prescripciones monásticas y consejos ascéticos (que constituyen una verdadera antología del disparate): Según Tomás de Aquino las mujeres “no tienen sensatez suficiente (rubor mentis) para resistir la concupiscencia”, Sum. Theo., II-2, q. 149, a.4). Tomás de Kempis: (La imitación de Cristo, I, I, c. 8. 1) aconsejaba “No tengas familiaridad con ninguna mujer, más en general encomienda a Dios a todas las buenas”. San Alfonso se preguntaba qué debía hacer una mujer (más bien “puella”) si prevé que saliendo a la calle puede ser causa de pecado por razón de su belleza. Casuísticamente distingue entre salir a la calle para cumplir obligaciones (por ejemplo, la misa) o salir a la calle sin necesidad de una obligación grave; la solución moral es distinta en un caso y en otro (Theologia Moralis, I. II, tract.III, n. 53). En 1330, el franciscano Álvaro Pelayo, de origen español, penitenciario mayor de la corte de Avignon, redacta, a petición de Juan XXII, el tratado De planctu Ecclesiae (El llanto de la Iglesia), en el que expone “los ciento dos vicios y fechorías de la mujer”. Al menos no eran infinitos, añade con irónico gracejo J. A. Marina[6]. (Cont.)

TOMAS MORENO








[1] Uta Ranke-Heinemann, Eunucos por el reino de los cielos, op. cit. La reflexión cristiana feminista está desarrollando hoy una importante teología del cuerpo en esta misma línea, de la que fue pionero el teólogo mártir alemán Dietrich Bonhoeffer en su emblemática obra Ética. En un capítulo titulado El derecho a la vida corporal critica, por no cristiana, la concepción idealista que considera el cuerpo como un simple medio para la consecución de un fin y, por tanto, renuncia a él una vez que ha logrado su fin. Para el cristianismo el ser humano es un ser corporal, y el cuerpo posee una altísima dignidad. Distanciándose de la doctrina aristotélico-tomista, Bonhoeffer afirma que la corporeidad es la forma de existencia del ser humano querida por Dios y que a ella le corresponde una finalidad en sí misma. El cuerpo, por tanto, tiene su propia finalidad. El teólogo protestante alemán considera el goce derecho fundamental de la vida y lo argumenta de esta guisa: cuando se priva a una persona de las posibilidades de los goces corporales, se produce una injerencia inaceptable en el derecho original de la vida. El derecho al goce corporal no tiene por qué subordinarse a otro fin superior. El cuerpo es “mi” cuerpo y me pertenece. Por tanto, sigue razonando, atentar contra él constituye una intrusión en mi existencia personal. ¿Y la sexualidad? No es, para Bonhoeffer, sólo un medio para la procreación de la especie, sino que, independientemente de esta finalidad proporciona el goce por el amor de dos personas entre sí. Es un cauce privilegiado de comunicación interhumana. El cuerpo constituye la mediación necesaria entre los humanos para el encuentro con Dios. La felicidad, en fin, es un derecho irrenunciable de toda persona que ninguna religión puede reprimir.” Citado en J.J. Tamayo (op cit., p. 182).
[2] Ibíd, pp. 127-139.
[3] El Martillo de las Brujas ve más tarde (1487) en este estado de cosas la razón por la que se dan más brujas que brujos (I q. 6).
[4] El sabio y casto dominico llega incluso a decir que un padre no debe sonreír a su hijas por temor a que ellas lo tomen por una incitación a pecar contra la castidad (Sum. Theo. II-II, q. 114, art. 1).
[5] El derecho canónico prohibía a la mujer hacer de testigos en asuntos testamentarios y en procesos criminales; en los restantes casos se les admitía como testigos.
[6] José Antonio Marina, “El rompecabezas de la sexualidad”, p. 302; concretamente véase la nota 277 de este libro: “Micromonografía. La mujer, peligro moral. (Véanse también pp.181-186 del mismo). El más grave es su infantilismo  la mujer es crédula, se deja llevar por las apetencias, es tan voluble como un niño, por eso no puede tener autonomía y debe estar siempre bajo la tutela del hombre. Frente a la racionalidad del varón, ella es un hervidero emocional. San Bernardino de Siena aconseja a los maridos que obliguen a sus mujeres a fregar diez veces los mismos platos: “Mientras las mantengas activas no se quedaran asomadas a la ventana, y no se les pasará por la cabeza unas veces unas cosas y otras otra.” El consejo no está muy alejado de las creencias rurales de la Grecia actual. Las mujeres decentes deben preparar comidas muy trabajosas, que las tengan ocupadas, apartándolas así de la liviandad. Una comida preparada con rapidez se llama “comida de prostituta”: tis poutanas to fai.




De los padres de la Iglesia a Santo Tomás. Sobre la deficiente moralidad femenina, Tomás Moreno