martes, 12 de octubre de 2010

ANTONIO CARVAJAL: CASI UNA FANTASÍA I

Antonio Carvajal: Casi una fantasía 1, Francisco Acuyo
A propósito del poemario Casi una Fantasía, de Antonio Carvajal, reeditado en Jizo Ediciones (Quasi una Fantasía, 2007) en versión bilingüe, con traducción de Joëlle Guatelli-Tedeschi (francés español), ofrecemos unas reflexiones que atañen a dicha obra y que también afectan  a la personalidad del poeta y a su concepción de la poesía, manifiesto todo ello de manera singular a lo largo de los versos componen tan excepcional conjunto poemático. De este trabajo se extractó una parte que, posteriormente, pasó a integrar, como prólogo o introducción, la totalidad de la obra publicada para mejor gloria y reconocimiento de nuestra editorial.











CASI UNA FANTASÍA:
ELOGIO DE LA VIDA, 
LA AMISTAD Y LA POESÍA I[1]





 ALLÍ donde in extremis de la ciencia rige la disciplina singular de la poesía o, lo que viene a ser lo mismo, allí donde habita el espíritu entusiasta (la inteligencia grácil, sutil y diligente) que, en lo inmarcesible –o fugitivo- de la vida, el arte verdadero discierne (sentimental, sensible, sensitivo), se manifiesta vívido el vigor de un saber a la vez nuevo y primigenio (¿ciencia de la paradoja?)[2] que colige con muy estimable verdad, razón y método aquello que nosotros denominábamos con total convicción: ser en la belleza.[3] 
Desde luego no excusa la tenaz controversia (latente o manifiesta) de la poesía como fuente (única y diversa) de conocimiento y vida lo expresado con anterioridad; de hecho, somos del todo consecuentes de que su ciencia (y arte) –universal- es siempre  producto (poiético) propio, verdadero, energético y genuino del espíritu, cuya peculiar naturaleza hace, por cierto, y en no pocas ocasiones, que su aprehensión exija condiciones de observación en verdad sutiles y muy atentas, las cuales, además, en absoluto serán total garantía para un verdadero y, mucho menos, imperioso e inmutable entendimiento.
Pensamos en la incompletitud del análisis textual (inmanentista o no), que tantas veces nos arrastra falazmente hacia el bucle extraño donde cualquier suposición inicial (sobre todo para la lógica poética) puede conducir a la refutación de aquella, y por lo tanto, siempre insuficiente, a nuestro juicio (en su taxativa y pertinaz disección de lo que está vivo); mas buscaremos su socorrido auxilio para establecer si no un definitivo y correcto apercibimiento, al menos sí uno aproximado de la realidad artística que representa, y del prístino fluir de su vivo conocimiento.[4] Para todo lo cual, no obstante de su compleja involucración y viva integridad, parece necesario hacerse prudente en lo que respecta al sentido (y significación) de lo que sea la intuición creativa y, altamente receptivo por tanto, al juicio ecuánime y discreto de la ciencia literaria, sobre todo si pretendemos en la coordinación y ajuste de nuestros razonamientos una consideración proficua de su estudio.
De la quietud imperturbable (y, sin embargo, siempre en pleno y vivo movimiento) de la auténtica y verdadera poesía, dan fe los versos incomparables del poemario de Antonio Carvajal Casi una Fantasía. En ellos, el inaudito universo de lo hermoso conseguido [5] advierte que la luz de la poesía existe sobre el cosmos, mas con inusitado rango de (unánime) individualidad.
El lector atento de poesía (y muy estimado, sin duda, en tiempos de tan prosaica coyuntura) puede obviar, graciosa y justificadamente, el curso (y el discurso) de estas (e incluso de otras mucho más autorizadas) opiniones que se ofrecen (o puedan, con bastante más acritud crítica y rigor intelectual que las expuestas, ofrecerse) como líneas liminares a este monumento artístico al que aludimos ahora y que ocupa presta atención en estas inseguras y –necesariamente- breves páginas introductorias. Y todo porque sostienen los versos que las post-ceden sin ningún género de hesitación, ellos solos, ecuánimes, inmanentes, ejercen excelso liderazgo literario y, sobre todo, poético, de cuyo aliento humano, creativo y vital dieron puntual noticia, mucho antes que nosotros, voluntades preparadas harto mejor que quienes con tan apresuradas y sintéticas palabras suscriben este atribulado proemio con tanta celeridad como modestia.
Pero, si bien sobran dictámenes y análisis prosaicos a tanta excelencia poética, acaso faltan precisos (e informados) lectores, más atentos (y entregados) al ímpetu de su grata vitalidad y sagacidad poética insuperable. Sin embargo, caben excepciones cabales para el alcance de una lectura solícita y de un informado estudio, así lo demuestra esta edición bilingüe (español-francés) que presentamos jubilosamente, sobre todo, habida cuenta de las excelencias vertidas en esta versión francesa por su (nuestra) entrañable y avisada traductora, Jöelle Guatelli-Tedeschi,[6] de la que es preciso resaltar su labor investigadora (rigurosa, prominente y sagaz ), acaso nunca suficientemente ponderada sobre el autor que nos ocupa, pues ya puede considerarse, manifiestamente por su avisada y pulcra atención, de ineludible referencia;[7] así se brindan sus elaboradas e inteligentes consideraciones, que facilitan una lectura mucho más cercana (y correcta) no sólo de este excelso título, sino de buena parte de la obra poética del autor de Casi una Fantasía.
Es así que nos mueve, abiertamente lo reconocemos, tentativa muy especial –asaz arriesgada tal vez- en estas páginas iniciales, aun con las prescindibles valoraciones que pueblan desordenadamente su contenido con recetas, recomendaciones y preceptos (humildes, en todo caso) pues, no se hallarán del todo inmersos en el ámbito del juicio crítico al uso (acaso, o mejor, sobre todo, por ser también poeta quien las acomete, dirige y lleva a término, y todo ello quizá con no demasiada delicadeza metodológica). En su lugar vendremos a situar una trayectoria de valoración capaz de concordancia entre el razonamiento siempre peculiar de la poesía y aquel otro, estrictu sensu, crítico-literario, mas, de manera irremisible juramentado con ese otro vínculo inevitable y aún menos objetivo que conmueve y estrecha los lazos de la adhesión fraternal verdadera, no en vano casi treinta años de sincera devoción y hermandad con el poeta de Casi una Fantasía nos contemplan; es decir: en el sitio inmarchitable donde nos decía aquel otro inmenso espíritu creador y humano[8] (tan estimado por ambos) que: viven y, aun conviven en poesía y amistad unos pocos corazones fraternos.
Contemplar los poemas que constituyen cuerpo y espíritu en Casi una Fantasía presupone (¿personalmente?) la perfecta prueba, verificación y testimonio de la importancia y fundamento de la (homophrosyne) comunidad de ideas, reconocida después en la consensio, o, para aquel idem sentire que se quiere manifestar (si de hecho se vive de su nutricio mantenimiento) en la necesidad indefectible de la amistad para el disfrute de una vida plena.
Es este poema el sitio solidario desde donde se puede hacer, de manera privilegiada, frente al dominio del azar (y el caos) que se vierte(n) en la incertidumbre –y tantas veces en las miserias- del devenir cotidiano. No entraré en consideraciones sobre si es no casual que este poema responda a la culminación de una sincera (y larga) amistad,[9] aun cuando sea esta su motivación (inspiración) primera; el hecho que nos conmueve emocional e intelectualmente es la observación del verso sometido a una suerte de relación amistosa que culmina, al ser transformada, en un hecho indiscutible de paideia[10] que, a nuestro parecer, es alborozadamente detectable en no pocos -y culminantes- momentos del poema, mas adjunto a ese amor de la benevolencia (eúnoia) que no desea otra cosa que el bien del otro y el abrigo de la desinteresada restitución. No en vano exaltaba la idea aristotélica de la inclinación amistosa, este estadio de la fraternidad humana,[11] como la fase última y más excelsa de la vida moral.
Veremos en este poema, no sólo inferida de los versos dedicados,[12] que la amistad es virtud excepcional que se ofrece solidaria, gratuita y abnegada, no obstante del tránsito del phatos (pasión) a la disposición (haxis) latina o habitus, cuyo estímulo sensitivo se circunscribe a un apetito racional, activo y electivo, el cual se abre a todas las relaciones posibles y que se muestra, abiertamente en estos versos (decíamos), como un hecho incontestable.[13] Nos parece, en fin, esta amistosa (devota) adhesión que brinda una óptica predilecta de estudio y humano acercamiento al poema Casi una Fantasía.  Se repara en esta perspectiva la clara manifestación del lóghion desde el cual es preciso apercibir que, por probado, es mejor (más eminente) y más gratificante dar que recibir. Es por todo esto, y otras razones que expondremos más adelante, que, para nosotros, este poema se promete manifestación exquisita de fraterna cordialidad desde la que examinar la comunión entre amistad, vida y poesía que, así brindadas, convierten al amigo, como diría Aristóteles[14], en otro yo mismo.
Son estos versos el espejo (de hermandad) sobre el cual el poeta advierte singularmente su semblante, mas en virtud de que ese conocimiento del sí mismo precisa mirarse en el amigo para tener plena constancia (conciencia) del propio existir, y es que en esa contemplación vital se garantiza la plenitud de la vida completa (cumplida y feliz) que, además, reconocerá el hecho de la amistad verdadera como una realidad selecta y rara.
Tampoco nos resulta extraña en estos versos la vinculación (¿agustiniana?)[15] entre la amistad y la búsqueda o la indagación (poética) como vía particular de aprehensión intelectual y, sobre todo, de vida. Deducimos, por tanto, que el deseo de creación manifiesto en estos versos traduce otro no menos capital y enjundioso, cual es el de crear una comunidad fraternal de amistad, poesía y vida. No puede, ni debe, sin embargo, colegirse de estos razonamientos sobre el poema, a este como valedor amistoso de una implícita y dócil tolerantia, pues precisa, y en sus versos es patente, de la alegría de la reciprocidad, de la afabilidad concorde del estar plácidamente juntos, mas también en la estabilidad refleja, tranquilizadora, pues toda realidad semejante se adhiere a otra semejante. [16]
La estructura (musical) poemática,[17] distribuida en la dedicatoria y sus tres partes constituyentes,[18] atiende y se extiende  –desde los inicios de su elaboración - como fundacional [19]),  no sólo al entramado reiterativo de las diferentes secciones que lo integran de manera homóloga (cuantitativamente hablando), sino al propio sentido –y cualidad intrínseca- del poema. Cabe extraerse la significativa dedicatoria acróstica[20] (escrita, sin embargo, después de la culminación del poema) cuyo modelo de estrofa (¿desusado?[21]), como saben sobradamente los que, con circunspección suficiente atentamente vieron su ascendencia particular, y cuyo influjo no debe, por tanto, buscarse en exceso tanto en la tradición,[22] como en el Cimetière Marin, de Paul Valery; todo lo cual, añadido al diligente y (¿excéntrico?) cuidado diseño editorial de su aparición primera,[23]  nos presenta un libro de poemas a todas luces -y la sazón- harto peculiar, y que, desde luego, no debe sustraernos con su precioso virtuosismo y embeleso, de la especial estructura semántica, sintáctica o métrica expuestas en sus versos, las cuales ya requerirían por sí solas un considerable espacio de atención, solicitud y complejo análisis, disertación y preciso método. [24]
Antonio Carvajal: Casi una fantasía 1, Francisco Acuyo
La naturaleza épica del poema (¿con apariencia? de intenso lirismo)[25] manifiesta, amén de la materia de vivencia (la íntima vivencia del amigo) transfigurada, elementos de la tradición literaria en ópimo y diverso desfile, alimentado, sin dubitación alguna, por las constantes, entregadas, intensas y exigentes lecturas del poeta. Es de muy digna relevancia el hecho, a nuestro entender evidente, de que hubo un proceso de integración y síntesis en la aquilatación de los versos que finalmente constituyeron el poema, y que habría de traducirse, posteriormente, en la supresión de buena parte de la carga anecdótica que, en un principio (¿numerosa y desordenada?), le conformara en prematura configuración pre-poemática, y todo, seguido y perseguido con muy excelente criterio instructor, el cual habría de ser extremadamente útil para macerar (educar) a un (entonces, potencial) público adepto y atento a sus consideraciones estéticas, vivenciales y poéticas.
Mas, de eminente interés será (como iremos viendo) la incorporación del acontecimiento mítico en Casi una Fantasía, traslucido en la singularidad del héroe poemático que se mueve a través del bucólico recuerdo y del entramado numérico pitagórico que formulan y acrisolan estos versos.
La epopeya, en múltiples voces cantada, se vierte armónica y conciliadoramente acorde en el coro de las generaciones, dispuesta a manifestar la hazaña vital, personal ¿intransferible? (y poética) a favor de la superación positiva en la inevitable lucha contra la adversidad existencial, y todo ello propiciado por un argumento dramático elemental de vida y muerte que nos habla de la Historia Ejemplar (del) mito[26] sin cesar recomenzado que, además, exige la presta atención (sensorial) de lo acústico como fundamento de apreciación próvida del poema, si sonoro pie, sonora voz, sonoro / el corazón… que engarza la manifestación prístina de oralidad con la que relatar su crónica (¿fábula arquetípica?) primordial y que, después del épico trasiego del héroe poético, ha de culminar en lauro del elan vital, por otra parte, tan grato filosóficamente al epónimo protagonista del poema. [27]
A vueltas de nuevo con el metro (el número) y el mito, diremos que la sextina narrativa[28] escogida por Valery para su Cimetière Marin (como nos parece evidente) no traza los mismos propósitos (de cierre estructural en su conformación y forma métrica) de la tradicional en la que, supuestamente, inspira la de su célebre poemario; así pues, aquella (que decíamos proveniente de la tradición pastoril, de la poesía barroca, o, con mucho del Modernismo) mantenía una conformación cerrada, mas, la que Valery propone se verá que, en su desarrollo métrico-preceptual –así también se observa en Carvajal-, brinda una progresión plenaria. De todo ello cabe inferirse, sin embargo (y por otras razones que también veremos con más detenimiento), que la opción métrica del poeta de Casi una Fantasía, en su adopción de la forma del Cimetiére Marin, no responde de manera tan palmaria, así al menos lo entendemos nosotros, a una intención netamente intertextual (métrica), por cierto, mal traída -y peor llevada- por algún crítico de extraviados conceptos en referencia a la configuración formal de Casi una Fantasía: lo entendemos de esta manera porque atendemos a la apreciación detenida de ambas formas métricas y a su consecución dinámica a lo largo del devenir de los poemas: y es que han de verse más diferencias que presuntos calcos, emulaciones o analogías en su configuración formal. Acaso por la propia e indefectible necesidad –dinámica- del proceso lírico narrativo de sus versos (épico) en Antonio Carvajal, y la clara conciencia del poeta de la necesidad de un modelo bien distinto, si bien exigente de un esquema abierto en su estructura y acorde con sus propósitos expresivos, también dueño de una diligencia, presteza, vivacidad y ligereza más acordes a su proceso creativo. Así, el esquema: AABCCB es asimilado con total naturalidad por Carvajal, no obstante en lo demás, veremos significativas diferencias.[29] Además, gracias al ligero y grácil deslizamiento (encabalgamiento) de los versos consigue liberar del lastre coercitivo a la estrofa, apresurando de forma ágil y liviana el devenir (epopéyico) de lo narrado con una inusitada intensidad lírica en el, fluido unas veces, convulso en otras, discurrir de cada verso.
Por otra parte, la heterometría [30] (… imagen de la noche y sus cintiles / de húmeda plata mienten…) detectada en el poema es argumento añadido para rechazar nuevamente la tan cacareada intertextualidad formal de las estrofas que, con presta maestría, lo configuran. Por si no fuese suficiente, la estructura rítmica del endecasílabo de Antonio Carvajal en este discurrir de versos, en poco o en nada obtiene semejanza, de hecho, rompe con la rígida escansión del verso francés [31] y su monótona regularidad para el (flexible ¿abrupto?) idioma español y, desde luego, para el perspicaz y finísimo oído del poeta de Casi una Fantasía.


                                                                                                Francisco Acuyo (1)


[1] De los múltiples aspectos analizables del complejo estructural y temático del libro de Antonio Carvajal, “Casi una Fantasía,”(todos ellos -sin duda- siempre muy dignos de puntual reseña), escogimos nosotros para introducción y prólogo de esta edición bilingüe, los de la amistad y la vida (por supuesto inseparablemente unidos a la poesía); acaso por ser ambos (tres) constantes de inspiración y elaboración cuidadísima en la obra poética de nuestro autor; acaso también porque en ellos vemos identificada la historia sentimental y, desde luego, racional y espiritual de nuestras propias vidas, máxime de  quienes tuvimos la fortuna de vivir cerca del poeta en esa comunión sagrada de amistad y poesía, pues de todo ello obtuvimos un pre-claro sentido vital, artístico y fraterno en el transcurso de nuestra existencia compartida en la amistad y la poesía durante ese tiempo jubiloso de leal entendimiento.
[2] Acuyo, F.: “Fisiología de un Espejismo”, Artecittá Ediciones, 2010). Con el concepto de “Ciencia de la Paradoja” nos hemos referido en otras ocasiones al venturoso impulso (y método) creador de la poesía como proceder (suerte, sistema o apostura) capaz de conocimiento y resolución ¿peculiar? de la realidad. Esta noción aparecerá también en otras reflexiones sobre el fenómeno poético, así también en estudios sobre el funcionamiento, estructura y dinámica métricos como reflejo sustancial de su organicidad estética y expresiva (véase “Los fundamentos de la proporción y lo diverso”, tesis doctoral, Universidad de Granada, 2007).
[3] Ibidem. El carácter ontológico del proceso creativo poético (expresivo), es “piedra de toque” en nuestras pesquisaciones para la intelección del vívido ser (y devenir) de la poesía, el cual se nos antoja en este poema de Carvajal como línea de investigación muy apropiada, a su vez, para la comprensión de algunos de los aspectos esenciales de su poesía, y aun de la “Poesía” que se precie de verdadero modelo (original y auténtico) de invención, pero no sólo poética y literaria, también genéricamente artística en cuanto que, capaz de creación. No en vano, y con toda modestia, intitulamos un poema (que daría posteriormente título a un conjunto más amplio que anhela ser libro): “Del ser y la belleza”.
[4] Nuestras consideraciones sobre poesía pasan, inevitablemente, (así se deduce de la lectura de los títulos enunciados anteriormente) por el entendimiento del ser, y aun del mismo fenómeno poético, como una suerte de proceso creativo y expresivo que no es comprensible sino como una prolífera acción, diligencia, solicitud de marcado carácter (contumazmente) orgánico y, por lo tanto, resueltamente vivo.  
[5] Jiménez, J. R.: “Dios deseado y deseante”. Aguilar, Madrid 1960. Lo “hermoso conseguido”, no obstante de lo dignamente apreciable en lo natural hermoso, es para nosotros el proceso de creación poética inseparable de lo bellamente fabricado por la naturaleza inspirada del espíritu humano, pues, inseparable del propio ser natural que le origina.
[6] Guateli Tedeschi, Jöelle: Rabat. 1952. Doctora en Filología Francesa (Universidad de Granada). Profesora de Civilización francesa y traducción de la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad de Granada. Traductora no sólo de Antonio Carvajal, (anteriormente vierte del mismo autor al francés algunos fragmentos de“Visperas de Granada”, allá por el año 1994, del libro “Miradas sobre el agua”, también de Rosaura Álvarez y de quien, con toda modestia, suscribe en estas notas: Francisco Acuyo. “Anthologie Bilingüe” Entrelenguas, Jizo Ediciones. Granada 2003. “Ángel contrario al imposible”, Cuadernos Jizo de Arte y Literatura, Paris, 2003. Estimamos su labor de traducción perfectamente acorde con el espíritu vitalista de “Casi una Fantasía”, de hecho su concepción del tratamiento de los textos no será el de un “texte-babil”, sino: “el de un “texte-objet fetiche,” que me escoge y me desea. El deseo del texto es previo al mío, el texto deseante me comunica su deseo mediante múltiples elementos que me llegan como llamaradas sensuales: su vocabulario, su sintaxis, su musicalidad, sus referencias, sus conceptos, su grado de legibilidad…”Así lo refería gratamente en su conferencia: “Placer textual: Gozar de la traducción poética”, Traducción Literaria, Algunas Experiencias, Ed. Comares, Interlingua, Granada 2001.
[7] Guatelli Tedeschi, J.: “Fruto Cierto”, Jizo Ediciones, Granada 2002. “La poesía de Antonio Carvajal: Consonante Respuesta”. Biblioteca Nueva, Madrid 2004. Estudio introductorio de la antología “El Corazón y el Lúgano (Antología Plural, Universidad de Granada, 2003.
[8] Vicente Aleixandre, quien tanta y profunda influencia habría de ejercer (si maestro de ciencia y vida) sobre Antonio Carvajal y tantos otros adeptos de su persona y poesía.
[9] Nos referimos, claro está, a la larga y entrañable amistad con Carlos Villarreal.
[10] Entendida como el hecho de cultura manifiesto y que se brinda como saber vivir urbanamente, atento a las virtudes éticas y sociales.
[11] Aristóteles: Ética a Nicómaco: Gredos, Madrid, 2002.
[12] A Carlos Villarreal. Veremos el acróstico que constituye la dedicatoria en la primera parte del poema: “Amanezca otra luz, si el fuego sabe”.
[13] A diferencia de Platón, para quien la amistad es sobre todo un deseo.
[14] Ver nota 11.
[15] Agustín de Hipona: “Confesiones”, Madrid, Espasa-Calpe, 1965.
[16] Agustín de Hipona: “Obras Completas”, “Sermones”, Teología Madrid, BAC, 1981”.
[17] Prat, I.: “Casi una Fantasía, de Antonio Carvajal”“Estudios sobre poesía contemporánea”, Taurus, Madrid, 1983. La nota previa (El ángel y el caballero de oro) “se funde con Beethoven y Lohengrin, estableciendo el siguiente orden poemático: Preludio, Tema, Adagio, Scherzo y Allegro”. Así lo refería sabiamente Ignacio Prat cuando decía que el componente básico del poema se establece en los términos de la fábula beethoveniana y de la ópera de Wagner.
[18] 8+18+18+18 sextetos cuya simetría AAB:CCB vendría a repartirse en la siguiente proporción: 48+108+108+108=372 versos
[19] Carvajal, A: en “La poesía de Antonio Carvajal. Consonante respuesta”, y que parece no encontrar “nada equiparable” en palabras de Antonio y recogidas por Jöelle Guatelli; (ver nota 7).
[20] Los 48 versos (acrósticos) de la dedicatoria completan su misión en la siguiente noticia: “Antoni / o Carva / jal hiz / o este p / oema pa / ra Carl/os Vill / arreal.”
[21]  El desuso: “hasta cierto punto”, nos advertía Ignacio Prat.
[22] La tradición pastoril, poesía barroca, o, como mucho en el Modernismo. (véase  Ignacio Prat, nota 17).
[23] Carvajal, A.: “Casi Una Fantasía”, Universidad de Granada, Col. Silene, 1975. Con Ilustraciones de una “Iconologia Deorum” de 1680. Colofón latinizado,  páginas sin numerar y capitales iniciales rojas que, como decía Prat “contribuyen a singularizar el texto en la dirección clásica y simbólica que propone la nota previa” El ángel y el caballero de oro”. 
[24] Ya iniciado de forma seria, aunque muy breve, por el propio Ignacio Prat.
[25] Carvajal, A.: Joëlle Guatelli -Tedeschi. “La poesía de Antonio Carvajal. Consonante respuesta” (ver notas 7 y 19).
[26] Guatelli Tedeschi, J: “El Corazón y el Lúgano (Antología Plural), Selección de “Casi una Fantasía”, pág.71. Universidad de Granada 2003.
[27]  Sabido es, para aquellos que conocimos a Carlos Villarreal, su inclinación por la filosofía, y de manera especial por el vitalismo bergsoniano.
[28] Reconocida por la métrica italiana anexa al canon de 4 versos rimados (consonantes) alternamente y cerrados por un pareado según el esquema: ABABCC.
[29] Al igual que no adopta el sexteto de dos rimas alternas y pareado final, muy bien pudo rechazar para sus propósitos poético-expositivos (y expresivos) la octava que ofrecía una propuesta idénticamente obliterada para el desarrollo poemático, necesariamente enérgico, activo y dinámico para su aventura creativa.
[30] Véase la clara (y perfecta) isometría del poema de Valery, en contraste con la sincopación del “Scherzo” carvajaliano, en el que se introduce un verso de siete, todo lo cual supone la quiebra subitánea del modelo estrófico, que parece un instante inclinarse hacia el sexteto “alirado”.
[31] Cuya rítmica se vierte con sistemática acentuación interna (en 4ª primordialmente) y con “acento dominante y obsesivo” en 6ª.







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