miércoles, 27 de abril de 2011

MARIO BUNGE O DE LA EPISTEMOLOGÍA I

Mario Bunge o de la epistemología 1, Francisco Acuyo



DE LA EPISTEMOLOGÍA 
O MARIO BUNGE (I)


Mario Bunge o de la epistemología 1, Francisco Acuyo



CIERTAMENTE las lecturas científicas han copado una parte fundamental de mi vida como poeta. En mi caso nunca hubo paradoja y mucho menos contradicción ante ese artefacto harto contradictorio que llevó en muchos lugares (véase España, singularmente) y momentos (acaso los siglos XIX y XX de manera especial), a establecer una dicotomía (a mi modesto entender artificiosa e interesada) entre la ciencia y el mundo de las humanidades (como si acaso la matemática, por ejemplo) perteneciese al ámbito de no se sabe muy bien qué ingenio (mecánicamente) frío y extraterrestre.  No sabría explicar muy bien cómo mi inclinación al inevitable mundo del bello y creativo -enigma- de la poesía, encontró estímulo perfecto y franca respuesta y abierto y sugestivo impulso a la hora de concebir no pocos poemas. De hecho debo reconocer que, junto a mis obsesivas, entusiastas y muy atentas lecturas de toda índole (poetas en muy diferentes lenguas) de poesía, nunca encontraron si no mejor estímulo para hacer el verso aquella curiosidad mía por toda suerte de disciplina científica, aunque siempre tuve especial predilección por la física (y sobre todo la astrofísica), es sabida (para quienes me conocen) mi pasión por la Astronomía, la cual ocupa de hecho parte de mi tiempo en no pocas noches de observación estelar, y que tantas horas de gozo contemplativo, reflexivo y, desde luego poético, me han aportado.
                De todo lo referido tenía que ser inevitable la reflexión sobre el aporte sustancial de conocimiento (y de pensamiento y, por tanto, de llamada a las puertas también de la -en el sentido escolástico- gnoseología) que conllevaría esta curiosidad científica de la que os hablo y que, al fin, acabará por traducirse necesariamente en el estudio de la epistemología. La distinción del rigor y la reflexión propios de la atención a la episteme, llevaría también a la inevitable advocación de este territorio de estudio fascinante. Pues bien, en muchas ocasiones indagué estas procelosas pero sugestivas aguas de la mano nada menos que de la sabiduría filosófica y científica de Mario Bunge.
                Contrastará en algunos momentos su meticuloso y desbordante acervo científico y cultural con otros dos de los grandes filósofos de la ciencia, los que habrían de dejar también profunda huella en mi humilde concepción de esta disciplina del saber y su filosofía, a saber: Thomas Khun y Paul Feyerabend, sin olvidar a Russel y Popper.
                Aprendí de este maestro indiscutible del saber científico a ser crítico con determinadas concepciones de pensamiento que trataron (también a mi juicio, de entrar a saco en) el mundo de la ciencia como justificante de posturas ideológicas mucho más que científicas (véase el caso de Freud y, sobre todo, de Marx).
                Quiero aprovechar la ocasión que me brinda la lectura de su último libro (en español intitulado: Las pseudociencias, ¡vaya ritmo!, para llevar a término un par de entradas que llevarán sin duda alguna la huella de su pensamiento ilustre e imprescindible para el mejor entendimiento sobre qué es el conocimiento científico, o cómo debe funcionar este en pos de alcanzar sus más elevados logros materiales y de pensamiento.
                No alimentaré yo en esta breve exposición la ya segura polémica que conllevará su acerada y certera  denuncia de evidentes supercherías y de otras supuestas formas de saber que acaso no puedan (social y políticamente) ser entendidas tan claramente como tales, y que, no obstante, se situarían fuera de cualquier intento serio de explicación científica. En realidad no haré sino ofrecer en estas páginas una semblanza de su pensamiento (¿asumido tal vez con excesivo entusiasmo?) y de lo que supuso este para mi propia concepción de la ciencia, por cierto, no tan lejana como pueda suponerse de la misma poesía, alma mater que sin duda inspira y da sentido definitivo a quien, con toda modestia, apela a vuestra confianza y comprensión en estas líneas.


                                                                                                                           Francisco Acuyo






Mario Bunge o de la epistemología 1, Francisco Acuyo

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