miércoles, 1 de octubre de 2014

IDEOLOGÍA LÍRICA

Proseguimos con las entradas para la sección de Pensamiento del blog Ancile, centradas en los procesos semióticos en el fenómeno poético, esta vez con la titulada Ideología lírica, perteneciente al conjunto Arqueología de un instante.

Ideología lírica,Francisco Acuyo, Ancile




IDEOLOGÍA LÍRICA



Ideología lírica,Francisco Acuyo, Ancile


CUANDO EN SU Ideología lírica,11 Juan Ramón Jiménez decía aquello de: La civilización trae, sin duda, el convencionalismo (nombre, religión, leyes, hábitos), malo todo para uno solo. Pero ¿qué hacen dos sin civilización?; no viene sino a exponer en términos similares lo anteriormente adelantado respecto al yo poético y su interacción precisa y necesaria en el territorio de lo social.
Pero, he de insistir en la prodigiosa particularidad del fenómeno poético en este aspecto sociológico (como en tantos otros), el cual exige para su óptima comprensión romper acaso con los modelos y hábitos de investigación al uso,12   si realmente se quiere indagar con garantías de algún acierto en sus complejas redes dinámicas y en las problemáticas suscitadas por su fenómeno eminente. Habremos para ello de contextualizar de manera explícita en un concepto de capital importancia en poesía: el tiempo; y todo porque el tiempo poético13  prescinde del culto convencional al pasado, pues se mueve, diríase, en un instante (eterno) que, aunque súbito en su apreciación, permanece en su discurso en un presente que huye de cualquier principio, de cualquier axioma que actúe o, mejor, que reaccione contra su impulso vital instantáneo y, desde luego, porque en cualquier caso se ha de mantener fresco, vivo, novedoso, y que se manifiesta y es siempre presente en la verdadera poesía.
De las interacciones sociales deducibles de la poesía y su peculiaridad temporal podremos observar que, así mismo, la sociedad no se forma y vive sino en virtud de su intrínseca e ineludible relación con los individuos y, sobre todo con la individualidad poética; y todo ello porque hoy ya no resultan tan claras (en el ámbito de la ciencia, no digamos de la poesía) las diferencias marcadas por la dualidad del objeto y el sujeto;14 esto puede colegirse, si echamos, aunque sea sólo un instante, un vistazo a los presupuestos con los que se mueve la actual filosofía de la ciencia.15  
En el mundo unívoco y total de la poesía, el sujeto y el objeto vienen a determinarse precisamente en el proceso paradójico de confrontación, alteración y posterior reelaboración de reciprocidad entre ambos, que se establece como peculiar filosema dialéctico, y perfectamente aplicable a la particular 16 Pero este antagonista no pervive en la subjetividad, pues se encarna en el todo como privilegio de los hombres para desarrollarse como sujetos verdaderamente autónomos, señores, dueños de su propia y libre expresión.
Ideología lírica,Francisco Acuyo, Ancile
dinámica que alienta en la poesía. No debemos extrañarnos cuando Adorno expresaba que la formación lírica es siempre al mismo tiempo expresión subjetiva de un antagonismo social.
También nos parece muy acertada aquella imagen de la corriente subterránea como sustrato de toda la lírica individual que, en cierto modo, había de emparentar con aquella sugestiva corriente infinita de Juan Ramón Jiménez, por la que el lenguaje (poético) hace que el sujeto pueda ser mucho más que mero sujeto, para plantear así, desde la palabra poética, a mi juicio, algo más que la idea de una humanidad libre, si armónicamente integrada en el espíritu unánime de la poesía.
En resonancia minkowskiana 17 veremos el eco de la sonoridad de lo que es y de la que hablaba Bachelard, y que sitúa al poeta en el umbral mismo del ser. Tendríamos, además, que comenzar un serio cuestionamiento de la relación de causalidad en el ámbito del fenómeno poético, donde la imagen, muchas veces por su extraordinaria simplicidad, no necesitaría de una disciplina del saber que necesariamente la explique, pues será dueña de una conciencia inocente, ingenua, que se ofrece como origen en el poema, y en la singularidad de su lenguaje mismo. Es, por tanto, aquella potencia primera que inaugura en el alma humana una forma en la que complacerse más allá del deseo y del placer mismo, en tanto que su tiempo no es aquel que transcurre o dura en la satisfacción de su anhelo, sino un tiempo que es. Ser y devenir se hacen uno de forma prodigiosa ante los ojos del que contempla, a través de la poesía, el milagro del impulso creativo que pone en evidencia el lenguaje poético en su extraordinaria capacidad de influir e incluso cambiar lo real si es que, como creemos, está íntimamente conexo con el mundo de los hechos (de la realidad) y que tantas veces se sitúa (acaso como proceso de sublimación pura)18  más allá de los profundos e inconscientes pruritos y oscuros anhelos, y más allá incluso del mismo y excelso lenguaje (metalenguaje) que trasciende el logos para situarse de forma inequívoca en el origen mismo del ser hablante.19
Aquella imaginación que adelantábamos en un principio es, y me reitero en esto, un fundamento capital para la comprensión intrínseca de la poesía como producto presuntamente individual, así como para hablar de sus potenciales interacciones con el, aparentemente externo, mundo de lo social y de este en sus necesarias imbricaciones con lo real, pues así estimamos se distingue con mayor claridad si cabe del orbe propio de la fantasía: precisamente en virtud de su estrechísima relación con lo rigurosamente social; pero, además, será aquella fuerza sugestiva o mística en el sentido schlegeniano que habla Poe,20  la que hará ser perceptible aquella corriente infinita o de trasfondo
Ideología lírica,Francisco Acuyo, Ancile
que acompaña a toda verdadera poesía, y que conecta inevitablemente con la virtud prendida en la libertad, si esta se contempla como la naturaleza más profunda y auténticamente social.
Si el pueblo es la naturaleza de la humanidad, en poesía, lo será siempre en virtud del corazón aceptado en el ofrecimiento del poeta (anónimo, tradicional o culto), pues será aquél el que depure lo esencial, que es un retirarse a la naturaleza, a lo primigenio, a la intuición eterna, pues va a buscar, encontrar y a aprehender en el olvido; ejercicio, como decía, fundamental tanto en la creación como en el más solícito entendimiento de la poesía, si hija al fin de la actividad creativa más profunda del espíritu humano.
Que la poesía escrita sea expresión de lo inefable, 21 en distinción de lo fable que representa groseramente la literatura,22  no me parece en absoluto mala interpretación, de hecho el recurso a la autoridad nunca suficientemente ponderada de Juan Ramón Jiménez es muy recomendable, pues como él muy pocos han sabido transcribir (teóricamente) aspectos sustanciales de la poesía. Que el destino ineludible de la auténtica poesía sea ser espiritual, puede ser, y es de hecho, una circunstancia, o mejor, una característica añadida para la identificación con la idea tan personal de lo místico de Poe, pero no es esta coincidencia conceptual lo que más interesa, sino lo que se deduce de todo ello y que, veremos, va emparentado con todo lo dicho al principio de este apresurado e inseguro apunte: la elementalidad y la sencillez que anima o dinamiza la poesía y que la conecta con el lenguaje primordial y la necesidad vital de la comunicación y, por tanto, de la interacción social.





                                                                                                         Francisco Acuyo




Notas.-


 11 Jiménez, J.R.: La corriente infinita, Aguilar, Madrid, 1961.
 12 Bachelard, G.: La poética del espacio, Fondo de Cultura Económica, México, 1957.
 13 Acuyo, F.: ob. cit. nota 3.
 14 Heidegger, M.: El ser y el tiempo, Fondo de Cultura Económica, México, 1987.
 15 Acuyo, F.: ob. cit. nota 3.
 16 Adorno, T: ob. cit. notas 5, 7, 9 y 10.
 17 Minkowsky, E.: Vers une cosmologie.
 18 Jung, C. G.: La psicología analítica en relación con la obra poética, Ensayos de Psicología analítica, Sur, Buenos Aires, 1966.
 19 Gastón Bachelard: ob.cit. nota 11.
 20 Poe, E.A.: Escritos sobre poesía y poética: (Fantasía e imaginación), Hiperión, Madrid, 2001.
21 Jiménez, J.R.: Política Poética: Lo popular, Alianza, Madrid, 1982.
22 Jiménez, J.R.: El trabajo gustoso, Conferencias, Poesía y Literatura, Aguilar, Madrid, 1961.
23  Whitehead, A.N.: La función de la razón, Tecnos, Madrid, 1985.






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