jueves, 6 de octubre de 2016

EL INCONSCIENTE COMO SUSTRATO DE LA IDEA DE LO TRASCENDENTE

Proseguimos reflexionando sobre la idea de lo trascendente en esta nueva entrada para la sección, Pensamiento, del blog Ancile; esta vez bajo el título: El inconsciente como sustrato de la idea de lo trascendente.



El inconsciente como sustrato de la idea de lo trascendente, Francisco Acuyo



EL INCONSCIENTE COMO SUSTRATO
DE LA IDEA DE LO TRASCENDENTE



El inconsciente como sustrato de la idea de lo trascendente, Francisco Acuyo



 La idea (o el impulso) que late en la profundidad de la psique humana sobre lo trascendente ofrece desde antaño una controversia que no parece del todo resuelta en nuestros días, queremos decir que, si aquella proviene tanto de lo consciente  -racional y conceptual- o acaso también del inconsciente –oculto o inhibido en las simas de nuestra mente-,  hasta qué punto esta necesidad de trascendencia proviene más que de la necesidad de explicación –primitiva, proto-científica- del mundo, o, de la búsqueda de Dios como entidad superior, que de la necesidad de hallar un significado (sentido) último de la existencia. De hecho ya anticipábamos -en referencias posteriores-[1] que, de la tradición simbólica y del rito, no podemos tan fácilmente desembarazarnos, cuando los mismos agnósticos y ateos[2] pueden liberarse sin un costo a veces muy importante (si en verdad, como todo parece indicar, queda como reducto reprimido inconsciente). En cualquier caso se impone, decimos, ante esta realidad innegable que motiva al ser humano en una búsqueda –trascendente- de sentido, la superación de la visión mecanicista de nuestra psique, empujada por la necesidad de objetivación –reificación- del ser humano y, desde luego,  de la propia mente como epifenómeno del cerebro[3], ambas concepciones influidas grandemente por el naturalismo, atomismo y positivismo decimonónico. El engranaje y tornillería neuronal como descripción estructural de nuestros cerebros, así como las pulsiones e instintos como la manifestación psíquica única de nuestro inconsciente, describen a un ser humano diseccionado, esclavo de sus reflejos instintivos y de sus fragmentos[4] es quizá lo que le hace genuinamente humano, si es la visión de lo trascendente lo que le hace en verdad tener conciencia de sí mismo en la integridad del mundo.
El inconsciente como sustrato de la idea de lo trascendente, Francisco Acuyo
                No somos en modo alguno nosotros los únicos[5] que abogamos por la realidad inconsciente no sólo instintiva (que no negamos), sino por una realidad a todas luces incuestionable  (y que subyace en la inconsciencia de lo trascendente): lo espiritual en nuestras vidas. Para esto reiteramos la necesidad de entendimiento de nuestras capacidades psicofísicas como una totalidad integradora que en modo alguno puede entenderse únicamente como una mecánica potencia material y energética, sino como una comunión dinámica y compleja que se completa en su unidad física y mental, la cual  se hace plena en lo más profundo del inconsciente, que es donde vive el espíritu como último reducto de su conciencia intuitiva –irracional-,  que nos ofrece lo único necesario (unum necesse)[6] para el hombre, más allá de la subvenir las necesidades perentorias de la vida, lo cual habrá de revelarse en virtud de una presta atención a nuestros pensamientos y actitudes, observación mediante la que, al fin, acabará por ofrecerse lo más genuino del ser humano, a saber, la conciencia creativa, que es sin duda la que mejor significa el sentido existencial de los hombres.
                Por todo lo antecedido estamos convencidos de que la inclinación –consciente o inconsciente- a lo trascendente, por ser acaso una de las necesidades más íntimas del hombre, se hace posible –hoy más que nunca antes debido a la materialización reduccionista del mundo- una inhibición que como la de libido- conlleva unas consecuencias derivadas. Es perfectamente entendible que la conciencia –y su referente inconsciente que también la integra- debe aprehenderse no sólo como un hecho psicológico, pues también contiene lo que de trascendente intuye que existe, por lo que lo inmanente mental de nuestra psique viene a ser (en virtud de su intuición de lo inconsciente espiritual) también trascendente.
                Al margen de que reconozcamos ese nivel trascendente de la conciencia o no (el que no lo hace se atiene sólo al estrato fáctico de su fenomenología psicológica)  en modo alguno podemos deshacernos de aquella o aprehenderla mediante meras consideraciones materialistas, sobre todo, si en realidad existe una inhibición de lo (inconsciente) espiritual, pues, aquel conocimiento (positivo materialista), en definitiva, no puede conocerse a sí mismo sin dar el salto hacia más allá de sus fronteras lógico racionales. Todo el  riquísimo acervo simbólico y de patrones religiosos dan fe de una potencia común a toda la humanidad (como arquetipos), mas también pone de manifiesto la potencia individual que nos conecta con el mundo a la búsqueda de un sentido –existencial- último de nuestras vidas.
                La búsqueda de sentido, de significado para el ser humano parece regirse, más que por la
El inconsciente como sustrato de la idea de lo trascendente, Francisco Acuyo
búsqueda del conocimiento –consciente- de uno mismo, por la indagación de ese lugar donde habita el olvido -de sí-, en tanto que no hay un objetivo, sí un significado para ser en el mundo, la autotrascendencia y el desapego son una clara fenomenología del espíritu mediante la que nos reconocemos como entidades conscientes y plenamente humanas que encuentran en este fenómeno el modo para encontrar el sentido y el significado últimos, o, si fuese necesario, para sacarlo fuera de las simas del inconsciente espiritual inhibido.
                Nos preguntamos cuántas veces no hemos suscitado de manera intuitiva (inconsciente) no pocos de nuestros pensamientos, intenciones, emociones… un sentido trascendente o trascendido de nuestras vidas, quizá en los momentos más oscuros, o, tal vez en instantes de lucidez extrema, ante la imposibilidad de explicar(nos en) el mundo y sus indescifrables avatares. Cuando Oskar Pfister[7], nada menos que allá por 1904 manifestaba la necesidad de reconocer la altura espiritual de nuestra naturaleza, tan poderosa como su instintiva, ponía de manera ostensible al entendimiento la fuerza y el sentido de los símbolos que hacen comunes los elementos significativos de la trascendencia, si arraigados en lo más antiguo e íntimo de los hombres a través de los tiempos para dar respuesta al sentido de la vida.
                Acaso todo ese acervo del espíritu manifiesto en los diversos y profundos sentidos de lo simbólico sea el software singular que alimente, siguiendo la (rudimentaria) analogía del ordenador, con la capital diferencia de que las rutinas y programas para realizar determinadas tareas informatizadas, en este caso, sirven para el fin último de dar sentido a nuestra existencia.
                Proseguiremos en posteriores entradas de nuestro (vuestro) limitado y humilde blog examinando con el mismo interés de siempre cuestiones que, quizá, a alguno de los habituales de este lugar puedan resultarles igualmente atrayentes.



Francisco Acuyo
                                                                                                                                                                                     




[1] Blog Ancile: De la conciencia (e inconsciencia) primitiva a la actual, y su afán de trascender y trascenderse, http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2016/10/de-la-conciencia-e-inconsciencia.html
[2] Frankl, E. Viktor: El hombre en busca del sentido último, Paidós, Barcelona, 2012, p. 26.
[3] Véanse entradas anteriores, dirección y título.
[4] Entiéndase este espíritu no circunscrito a ningún credo religioso.
[5] Véase a Jung, a Viktor E. Frankl, Mircea Leíade….
[6] Frankl, E. Viktor: El hombre en busca del sentido último, p. 51.
[7] Oskar Pfister  1873- 1956, psicólogo suizo que fue el primero en observar la dimensión teológica del psicoanálisis freudiano.



El inconsciente como sustrato de la idea de lo trascendente, Francisco Acuyo

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