miércoles, 28 de marzo de 2018

LA REALIDAD DE LO BELLO ES LA REALIDAD DE LA CONCIENCIA


Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos una nueva entrada que lleva por título: La realidad de lo bello es la realidad de la conciencia.


La realidad de lo bello es la realidad de la conciencia. Francisco Acuyo




LA REALIDAD DE LO BELLO 

ES LA REALIDAD DE LA CONCIENCIA



La realidad de lo bello es la realidad de la conciencia. Francisco Acuyo




La realidad de lo bello es la realidad de la conciencia (que valora y se estimula en dichos valores), mas,  ¿también la realidad de lo físico objetivo es posible en virtud de la realidad de la conciencia? Cuestión harto debatida y sin respuesta definitiva por parte de la ciencia de lo infinitamente pequeño (nos referíamos en notas anteriores a la física de la teoría cuántica), y que a mí me ha hecho reflexionar sobre la importancia de la conciencia como factor capital a la hora de dar forma y materia a los valores de la belleza expresos en la obra de arte, así como en el reconocimiento de dichos valores en la misma naturaleza. Mas, ¿puede tener la percepción de la belleza un efecto terapéutico?
La realidad de lo bello es la realidad de la conciencia. Francisco AcuyoA menudo he podido constatar una análoga manera a la contemplación cuántica del mundo: entenderlo a través del valor de la belleza (aun cuando muchas veces, en sus variadas representaciones, pueda tener un marcado carácter simbólico), y es que se caracteriza la apreciación estética por una conexión no siempre racional (si no intuitiva) a la hora de establecer sus vínculos con la realidad de los que son sus objetos de belleza. La vinculación es intemporal y muchas veces universal –arquetípica- y perfectamente reconocible por muy diferentes culturas. En cualquier caso, la realidad de lo bello no necesita la objetivación física para ser real y reconocible. La inducción científica (que deduce de lo particular lo general) produce problemas lógicos que acaso son superados –irracionalmente- por la valoración de la conciencia de lo bello (que, por cierto, no tiene por qué ser consciente). Más será a partir de la reflexión sobre la belleza más que por la indagación de los planteamientos extraños de la mecánica cuántica sobre cómo funciona la naturaleza, como llegue a plantearme la interrogante, hoy en la ciencia de la física ampliamente extendida, de si: ¿es la consciencia –en su más amplio sentido- el fundamento vinculador, incluso creador –instantáneo- de lo que acontece en el mundo?
La apreciación de lo bello contiene una visión inquietante -¿irracional-?- que atenta contra aquella razón incuestionable de la separabilidad de las cosas, y nuestra percepción y concepción de lo bello: parece que la belleza no admite separabilidad y realidad a la vez, pero no por eso lo bello deja de tener realidad perceptible, emocional e intelectualmente apreciable.
Lo que artistas, poetas, filósofos, místicos… intuían hace milenios en virtud de su apreciación y entendimiento de la belleza y la ineludible integración de la mente y la materia, sin la cual la realidad de lo bello no sería posible, hoy parece querer mostrarnos que la realidad del mundo tiene unas características similares (y que ofrece el universo como obra de arte), en tanto que es imposible describir lo que el mundo sea al margen de la inevitable imposibilidad de la separabilidad, donde los objetos físicos se dice que están separados del resto (y de la observación consciente –o inconsciente- de aquello que apreciamos como real) y la realidad de lo que pueda ser aquello que entendemos como real.


Francisco Acuyo




La realidad de lo bello es la realidad de la conciencia. Francisco Acuyo


LA FILOSOFÍA TOMA PARTIDO: INFERIORIDAD E IRRACIONALIDAD DE LA MUJER. ARTHUR SCHOPENHAUER Y OTTO WEININGER

Siguiendo con las reflexiones sobre la misoginia que, para la sección, Microensayos, del blog Ancile, se vienen publicando, y todo de la mano del profesor y filósofo Tomás Moreno, esta vez bajo el título: La filosofía toma partido: inferioridad e irracionalidad de la mujer. Arthur Schopenhauer y Otto Weninger.


 La filosofía toma partido: inferioridad e irracionalidad de la mujer. Arthur Schopenhauer y Otto Weninger. Tomás Moreno





LA FILOSOFÍA TOMA PARTIDO: INFERIORIDAD E 

IRRACIONALIDAD DE LA MUJER. 

ARTHUR SCHOPENHAUER Y OTTO WEININGER





 La filosofía toma partido: inferioridad e irracionalidad de la mujer. Arthur Schopenhauer y Otto Weninger. Tomás Moreno


Como vemos, por lo anteriormente señalado, no hemos salido aún en el siglo XIX del esquema misógino de la Antigüedad: a la mujer le toca en exclusiva la reproducción de los cuerpos materiales, al hombre, la producción de las ideas, parto mucho más doloroso, largo y complejo, nos decía el misógino Sócrates –hijo de una comadrona-, que el trabajo de la parturienta. Como preguntaba Joseph de Maistre (1753-1821) señalando a las mujeres:¿Entre los sabios de primer orden hay alguna mujer?”. Para responder, seguidamente, que no hay más que fiarse de la experiencia: “Las mujeres no han hecho ninguna obra de arte de ningún género[1].         
            Otros pensadores más conspicuos como Arthur Schopenhauer (1788-1860) también consideraron a la mujer como un ser inferior, pero complementario del hombre. La diferencia de la mujer con respecto al hombre, tal como es percibida por el filósofo germano, es consecuencia de “su inferioridad”. Pero la más aguda percepción de la diferencia femenina y de su inferioridad está presente en los pasajes en que Shopenhauer critica a las mujeres aduciendo su falta de objetividad o acusándolas de padecer de miopía intelectual. Las mujeres, sostenía el filósofo -solterón empedernido
 La filosofía toma partido: inferioridad e irracionalidad de la mujer. Arthur Schopenhauer y Otto Weninger. Tomás Moreno
pero enamoradizo- eran mentalmente retrasadas en todos los aspectos, deficitarias de razón y de verdadera moralidad por su infantilismo. Miopes mentales e incapaces de ver con claridad más que lo que está muy cerca de ellas, todo lo ausente, lo pasado y lo futuro, quedaría fuera de su estrecho campo visual o mental. Su horizonte mental es muy pequeño por lo que se le escapan las cosas lejanas, con inteligencia sólo para lo inmediato: “No ven más que lo que tienen delante de los ojos, se fijan sólo en el presente, toman las apariencias por la realidad y prefieren las fruslerías a las cosas más importantes” (AMM, 91) [2].
            A causa de sus, probadas, incapacidad de objetividad y de abstracción y restringido horizonte intelectual, no es equivocado pedir consejo a las mujeres en circunstancias difíciles, porque su visión es más concreta y más atenta a lo que tienen delante, más absorbidas por el presente: su entendimiento intuitivo ve agudamente lo cercano y en cambio no comprende las cosas lejanas. En este caso, sus deficiencias intelectuales vienen a ser paradójicamente una cualidad. Al estar más abiertas al presente que los hombres pueden disfrutarlo más y ése es el origen de su típica alegría, “que la hace tan apta para reconfortar al hombre cuando está agobiado por las preocupaciones” (ATM, 41-42).
            También puede calificarse de panfletaria en muchos aspectos la obra del vienés Otto Weininger (1880-1903)[3] Sexo y carácter[4]. Al abordar las diferencias intelectuales entre hombres y mujeres afirma que en ambos se presentan los mismos contenidos psíquicos, pero mientras que en ellos los pensamientos se articulan en representaciones claras y distintas, que le permiten separar los sentimientos de los demás contenidos psíquicos, las mujeres “piensan en hénides”, a través de datos psíquicos apenas articulados que todavía no constituyen representaciones claras y distintas. De ahí que para la mujer, a diferencia del hombre, sean inseparables “pensar”  y “sentir”[5]. En resumidas cuentas, el hombre vive conscientemente, mientras que la mujer vive inconscientemente.  Para Weininger la mujer conoce confusamente, en forma de hénide, cuando en el hombre se ha llegado ya a una notable clarificación. “Por esto, la mujer es sentimental y sólo conoce la emoción, no la conmoción. De esta forma, las mujeres dependen de los hombres para la clarificación de sus propias representaciones oscuras” (Weininger, SYC, 108). La ineptitud intelectual de la esencia femenina les impide a las mujeres alcanzar el grado del genio/genialidad (que es una especie de masculinidad superior, de la cual ningún varón está totalmente desprovisto, pero que falta en todas las mujeres (SYC, 119), están excluidas de ella. A la mujer le ha sido concedido, en todo caso, el talento, en cambio le está vedado el genio, que es la suprema expresión de la masculinidad. “¿Cómo podría ser genial sin alma?” -esto es: sin yo libre e inteligible, voluntad o carácter/personalidad o individualidad- ¿qué “significa una y la misma cosa que pertenece al hombre y que falta en la mujer”?, se pregunta Weininger. Y se responde: “Un genio femenino es, según esto, una contradictio in adjecto, ya que la genialidad es tan sólo masculinidad aumentada, completamente desarrollada, elevada al grado máximo y plenamente consciente” (SYC, 185).
 La filosofía toma partido: inferioridad e irracionalidad de la mujer. Arthur Schopenhauer y Otto Weninger. Tomás Moreno            El pensamiento en hénide impide que las mujeres lleven a cabo actividades donde es necesaria una vigorosa capacidad formadora y determina que carezcan de memoria continua, de memoria universal; (donde sea necesaria una vigorosa capacidad formadora, las mujeres no presentan la menor aptitud: tal ocurre con la música, la arquitectura, la plástica, la filosofía). Su vida psíquica se caracteriza por la “discontinuidad” de la memoria, sin ligazón, limita la memoria femenina estrictamente a los problemas de la sexualidad y de la vida de la especie; al sentimiento y emoción. Por eso el pensamiento en hénide hace que las mujeres jamás lleguen a tener conciencia de su destino y que sean ajenas por completo a la necesidad de la inmortalidad.
            Por carecer de esa necesaria  memoria continua –que es expresión psicológica del principio lógico de identidad- está incapacitada para las cuestiones lógicas, ya que le falta un centro de apercepción que constituya el núcleo de todo su pasado. No existe para ella ni el principio de  contradicción, ni el de exclusi tertii, ni tampoco existe para ella el principio de razón suficiente o causalidad. Por eso es crédula porque jamás llega a comprender que es necesario fundamentar todos los conceptos, y como no posee continuidad no siente necesidad alguna de fundar lógicamente su pensamiento. No se siente obligada a la lógica, le falta conciencia intelectual, está afectada de logical insanity (SYC, 150). (Cont.).

TOMÁS MORENO





[1] Citado por G, Fraisse en La musa de la razón, Cátedra, Madrid, 1991, p. 57.
[2] Todas las citas referidas a la mujer que siguen se hacen siguiendo la recopilación de ensayos de Schopenhauer titulada El amor, las mujeres y la muerte (abreviado AMM), edición de Biblioteca Edaf (tr. de Miguel Urquiola, prólogo y cronología de Dolores Castrillo), Madrid, 1993 (citamos con la sigla AMM, seguida de la página), y la más reciente antología de sus textos sobre la mujer: Arthur Schopenhauer, El arte de tratar a las mujeres, (tr. de Fabio Morales; introducción y notas de Franco Volpi), Alianza Editorial, Madrid, 2008 (abreviatura ATM, seguida de página). Ambas obras recogen los textos sobre la mujer procedentes de El mundo como voluntad y representación (Metafísica del amor sexual”, capítulo 44 de los Suplementos, 1844) y de Parerga y Paralipomena  (ensayo Sobre las mujeres, 1851). En la sigla ATM se incluyen, además, textos sobre la mujer procedentes de otros escritos de su obra póstuma.  
[3] Otto Weininger nace en Viena el 3 de abril de 1880 de padres judíos e ilustrados; filósofo y psicólogo judío pero antisemita. Políglota precoz, aprendió de manera autodidacta ocho lenguas antes de dejar la universidad. A los 18 años dominaba el latín y el griego, se había iniciado en el español y el noruego y hablaba francés, inglés e italiano. Seguidamente pasó a interesarse por el estudio de las matemáticas y las ciencias naturales. En la Universidad de Viena cursó distintas disciplinas  todas relacionadas con la psicología y la filosofía: lógica, psicología experimental, pedagogía e historia de la filosofía. El conocimiento de la filosofía, campo en el que experimentó de manera determinante la influencia del pensamiento kantiano, fue determinante en su formación intelectual. Se quitó la vida de un pistoletazo en Viena, tras comprobar el escaso éxito que alcanzaba la que creía su obra maestra Sexo y carácter (1903), que fue el tema de su tesis doctoral. Tenía 23 años. Póstumamente aparecieron sus otros ensayos: De las cosas últimas (1907) y Diario (1917).
[4] Otto Weininger, Sexo y carácter, traducción del alemán de Felipe Jiménez de Asúa y prólogo de Carlos Castilla del Pino, Península, Barcelona, 1985. A partir de ahora se cita como SYC, seguido del número de página.
[5] Las hénides son entidades nebulosas, como las experiencias de la primera infancia, en la que todavía no es posible el lenguaje; sin consciencia general, sin claridad, sin transparencia ni complejidad. Pensar en “hénides” comporta: menor grado de conciencia, ausencia de contornos, falta de un punto de vista en el campo visual: “En los seres más inferiores y quizá también en muchas plantas y animales, la vida de las sensaciones está constituida por hénides: desde la hénide, el ser humano puede desarrollar sensaciones y pensamientos plásticos completamente diferenciados, aun cuando nunca representen el ideal completo alcanzable” (SYC, pp. 107-108).  




 La filosofía toma partido: inferioridad e irracionalidad de la mujer. Arthur Schopenhauer y Otto Weninger. Tomás Moreno

martes, 27 de marzo de 2018

NÚMERO CUATRO DE LA REVISTA ENTORNO LITERARIO

Ponemos en conocimiento de nuestros amigos lectores de Ancile que ya está impresa la Revista Entorno Literario en su número 4. Estará en las librerías en breve, así como su presentación, de la que daremos cuenta en cuanto que se fije fecha para la misma. Ofrecemos en nuestra sección, Editoriales amigas, algunos de los detalles de este interesante número último de una publicación heterogénea de alta calidad que hará las delicias de sus lectores. Os dejamos una breve muestra.







NÚMERO CUATRO 

DE LA REVISTA ENTORNO LITERARIO


























jueves, 22 de marzo de 2018

DE LA BELLEZA Y SU IRRACIONALIDAD TERAPÉUTICA

 Bajo el título, De la belleza y su irracionalidad terapéutica, traemos una nueva entrada para la sección, Pensamiento, del blog Ancile.



De la belleza y su irracionalidad terapéutica, Francisco Acuyo




DE LA BELLEZA Y SU IRRACIONALIDAD TERAPÉUTICA




De la belleza y su irracionalidad terapéutica, Francisco Acuyo
De Roberto Rosique



De los efectos sorprendentes, sugerentes y estéticos (y terapéuticos) de la estructura retórico poético, cabe evaluar aquel que pone inevitablemente en cuestión y debate uno de sus fundamentos de significación y sentido, a saber, el valor de la belleza.  Pero, ¿qué es el valor de la belleza, o, mejor, en qué se fundamenta? Berkeley señalaba en relación a la misma realidad –bella o no- su esse est percipi,[1] ya que es, por qué es percibido, y quiere que esa percepción objetivamente dure. Ahora bien, ¿esta percepción consciente es un epifenómeno de un órgano (el cerebro)  basado en su estructura electroquímica (material)?
El universo de lo subjetivo no parece del todo descriptible a través de los habituales correlatos neuronales. De hecho, la admisión de que realidad de lo consciente ejerce su influencia en la realidad física[2] nos habla de otra realidad fáctica tan evidente como puede serlo la constate espacio-tiempo, la carga, la masa…, claro está que nos referimos a la conciencia.
La percepción y valoración de la belleza es una de las maneras más intrigantes de confirmar la conexión entre el mundo supuestamente separado de lo objetivo (material), y el universo de lo interior o subjetivo, que a todas luces parece ser la forma más cercana a la verdad de cómo el mundo de la realidad se conforma. El equilibrio, la proporción, la simetría… son propiedades que la belleza exhibe y que nos hablan de una realidad valorada por una conciencia sensible –consciente- y singular que lo bello encierra. Reconocida la verosimilitud de ambas realidades (la de lo perceptible cotidiano materializado para nuestra conciencia, y la de lo hermosamente conseguido[3] para gozo y elevación de nuestro espíritu a través de la belleza), y, en fin, podemos asentar el hecho de que hay diversas
De la belleza y su irracionalidad terapéutica, Francisco Acuyo
maneras de realidad, pero que todas tienen el nexo común de la conciencia.
La realidad de lo bello es la realidad de la conciencia (que valora y se estimula en dichos valores), mas,  ¿también la realidad de lo físico objetivo es posible en virtud de la realidad de la conciencia? Cuestión harto debatida y sin respuesta definitiva por parte de la ciencia de lo infinitamente pequeño (nos referíamos en notas anteriores a la física de la teoría cuántica), y que a mí me ha hecho reflexionar sobre la importancia de la conciencia como factor capital a la hora de dar forma y materia a los valores de la belleza expresos en la obra de arte, así como en el reconocimiento de dichos valores en la misma naturaleza. Mas, ¿puede tener la percepción de la belleza un efecto terapéutico?
A menudo he podido constatar una análoga manera a la contemplación cuántica del mundo: entenderlo a través del valor de la belleza (aun cuando muchas veces, en sus variadas representaciones, pueda tener un marcado carácter simbólico), y es que se caracteriza la apreciación estética por una conexión no siempre racional (si no intuitiva) a la hora de establecer sus vínculos con la realidad de los que son sus objetos de belleza. La vinculación es intemporal y muchas veces universal –arquetípica- y perfectamente reconocible por muy diferentes culturas. En cualquier caso, la realidad de lo bello no necesita la objetivación física para ser real y reconocible. La inducción científica (que deduce de lo particular lo general) produce problemas lógicos que acaso son superados –irracionalmente- por la valoración de la conciencia de lo bello (que, por cierto, no tiene por qué ser consciente). Más será a partir de la reflexión sobre la belleza más que por la indagación de los planteamientos extraños de la mecánica cuántica sobre cómo funciona la naturaleza, como llegue a plantearme la interrogante, hoy en la ciencia de la física ampliamente extendida, de si: ¿es la consciencia –en su más amplio sentido- el fundamento vinculador, incluso creador –instantáneo- de lo que acontece en el mundo?
La percepción y valoración de la belleza es una de las maneras más intrigantes y sagaces de confirmar la conexión entre el mundo supuestamente separado de lo objetivo (material), y el universo de lo interior o subjetivo, si es que se me antoja a todas luces que muy bien pudiera ser la forma más cercana a la verdad de cómo el mundo de la realidad se conforma. El equilibrio, la proporción, la simetría… son propiedades que la belleza exhibe y que nos hablan de una realidad valorada por una conciencia sensible –consciente- en relación a lo que lo bello encierra. Reconocida la verosimilitud de ambas realidades (la de lo perceptible cotidiano materializado para nuestra conciencia, y la de lo hermosamente conseguido para gozo y elevación de nuestro espíritu a través de la belleza), podemos asentar el hecho de que hay diversas maneras de realidad, pero que todas tienen el nexo común de la conciencia.


Francisco Acuyo




[1] Ser, es ser percibido.
[2] Una de las ciencias duras por excelencia, la física (cuántica) da cuenta de este hecho experimentalmente constatable y que muchas veces la propia neurociencia no acaba de digerir en todas sus consecuencias.
[3] Analogía traída a colación de los versos de, Jiménez, J.R.: Dios deseado y deseante, Aguilar, Madrid, 1961.


De la belleza y su irracionalidad terapéutica, Francisco Acuyo

martes, 20 de marzo de 2018

EL VIRUS MISÓGINO INFICIONA LAS CIENCIAS ANTROPOLÓGICAS Y SOCIALES


Para la sección, Microensayos, del blog Ancile, traemos el post titulado, El virus misógino inficciona las ciencias antropológicas y sociales, de nuestro admirado y querido colaborador el filósofo Tomás Moreno.

El virus misógino inficciona las ciencias antropológicas y sociales, Tomás Moreno



EL VIRUS MISÓGINO INFICIONA 

LAS CIENCIAS ANTROPOLÓGICAS Y SOCIALES



El virus misógino inficciona las ciencias antropológicas y sociales, Tomás Moren


Desde el ámbito de la antropología y las ciencias sociales, continuaron asimismo el acoso a la mujer. Gustav Le Bon (1841-1931), principal seguidor misógino de la escuela de Broca, profesor de cirugía clínica en la facultad de medicina de París, y uno de los fundadores de la psicología social, autor de un famoso estudio sobre el comportamiento de las masas[1] publicará en 1879  un estudio que habría de ser uno de los más virulentos ataques contra las mujeres de toda la literatura científica moderna (y había que esforzarse bastante para superar lo escrito al respecto por Aristóteles). Sostenía que la inteligencia de la mujer se acercaba a la del niño y a la del salvaje más que a la del hombre adulto y civilizado, aunque hubiese algunas excepciones extremadamente raras o excepcionales:

En las razas más inteligentes, como sucede entre los parisinos, hay gran cantidad de mujeres cuyo cerebro presenta un tamaño más parecido al del gorila que al del hombre, [que está] más desarrollado. Esta inferioridad es tan obvia que nadie puede dudar ni un momento de ella; sólo tiene sentido discutir el grado de la misma. Todos los psicólogos que han estudiado la inteligencia de la mujer, así como los poetas y novelistas, reconocen hoy que [la mujer] representa la forma más baja de la evolución humana, y que está más cerca del niño y del salvaje que del hombre adulto y civilizado. Se destaca por su veleidad, inconstancia, carencia de ideas y de lógica, así como por su incapacidad para razonar. Sin duda, hay algunas mujeres destacadas, muy superiores al hombre medio, pero son tan excepcionales como la aparición de cualquier monstruosidad, como un gorila con dos cabeza, por ejemplo; por tanto, podemos dejarlas totalmente de lado (“Recherches anatomiques et mathématiques sur les lois des variations du volumen du cerveau et sur leurs relations avec l’intelligence”, 1979)[2].

El virus misógino inficciona las ciencias antropológicas y sociales, Tomás Moreno            La labor de positivación del conocimiento sobre la naturaleza femenina y el abandono de la visión romántica e idealizada de la mujer fue secundada también por Max Nordau (1849-1923), intelectual izquierdista austro-húngaro, cuya obra “Las mentiras convencionales de la civilización” (1883), de gran impacto en los medios culturales progresistas de la época, denunciaba el feminismo entre “los males de la civilización”, juntamente con la Iglesia, el matrimonio y la monogamia, las desigualdades sociales, la monarquía y el poder estatal. Hizo hincapié en la necesidad de “poner fin a la idea de mujer como misterio incognoscible” y convertir a las mujeres en materia de investigación científica; lo cual tuvo un gran impacto en los teóricos de la inferioridad de la mujer[3]. Lévy-Bruhl (1857-1936), el gran antropólogo, asignaba a la “mentalidad pre-lógica de los primitivos” una fuerte tendencia al misticismo con un predominio absoluto de la emotividad, precisamente las mismas características que habitualmente se endosaban a la feminidad[4]. También el sociólogo Ferdinand Tönnies (1855-1936) hacía equivalentes la mentalidad femenina y la infantil y en su célebre obra Comunidad y Sociedad (1887) afirmaba que la credulidad supersticiosa era uno de los elementos constitutivos del espíritu femenino, oponiendo así la dualidad mujer-creyente y hombre-escéptico.
El virus misógino inficciona las ciencias antropológicas y sociales, Tomás Moreno            Un prejuicio tan antiguo como el que hemos analizamos no se derroca fácilmente. Hemos constatado cómo cuando se inició la época moderna y  las mujeres empiezan a luchar para vencer su ignorancia y reivindicar sus derechos al cultivo de su intelecto y a la educación superior, los hombres esgrimieron estadísticas e investigaciones (seudo)científicas -la antropometría, la craneoscopia- para probar que el sexo femenino era inferior a ellos. El antifeminismo seudocientífico revivió, en efecto, con una ráfaga de nuevas “razones” y observaciones: las mujeres tenían “un cerebro pequeño” y no de “carne” como el de los hombres; la educación deshidrataba sus tripas y el pensar las enloquecía;
las mujeres tenían úteros errantes, una capacidad craneal inferior y una composición de “los elementos más débil”; adolecían de emocionalidad y de arrebatos pasionales incontrolables, eran más cercanas a la naturaleza, irracionales, imprevisibles e infantiles.
            Por su parte, los ideólogos políticos no les fueron a la zaga a los científicos en su desprecio de la inteligencia femenina. Pierre-Joseph Proudhon es paradigmático al respecto por su furibundo antifeminismo expuesto en su famoso ensayo La Pornocracia o las mujeres en los tiempos modernos[5]. Cuando “sale de su sexo” -aseveraba con escarnio- la mujer “es una gallina que canta como un gallo […]; cuando quiere emular al hombre no es más que un mono”, para concluir que “la mujer es un bello animal, pero un animal”. Para el ideólogo del anarquismo, no sólo es que el cerebro de la mujer pesara menos que el del varón, sino que “no hay más ideas en la cabeza de una mujer que semillas en su sangre”. Si la belleza es un rasgo esencial femenino, argumentaba el ideólogo francés, la fuerza y la inteligencia son atributos exclusivos de los hombres. Por ser simple “receptividad”, la mujer carece de la “facultad generadora de la mente”. Y, adelantándose a Weininger, se atreverá a decir que el hombre puede ser genial, pero que la mujer siempre es genital[6]. Y, como prueba de la inferioridad intelectual de las mujeres y su creatividad insuficiente, aducirá la diferencia existente entre el número de patentes registradas por los hombres (sesenta mil inventos desde 1791 hasta el momento de redactar su libro) frente a una media docena registrados por ellas y para artículos de moda. (Cont.).

TOMÁS MORENO




[1] Autor de La psycologie des foules (1895). Para los primeros psicólogos de masas –Le Bon, G. Tarde-, según la cual las muchedumbres pertenecían al género femenino. Las asocian en todos los casos a los atributos comportamentales “propios” del sexo femenino, y especialmente, al hecho de que “su pasividad, su sumisión tradicional… las predisponen a la devoción”. 
[2] Revue d’Antropologie, 2ª serie, vol. 2., 1879, pp. 60-61. Citado en Stephen Jay Gould, La falsa medida del hombre, op. cit, p. 97.
[3] Max Nordau, Psicofisiología del genio y del talento, Edit. Salmerón, Madrid, 1910, pp. 36-38, citado en Nerea Aresti, Médicos, Donjuanes y Mujeres Modernas. Los ideales de feminidad y masculinidad en el primer tercio del siglo XX, Universidad del País Vasco, 2001, p. 53.
[4] L. Lévy-Bruhl, Carnets, PUF, París, 1949.
[5] P. J. Proudhon, La Pornocratie, ou les femmes dans les temps modernes,  op. cit. En esta obra, se refiere a la “Pornocratie” como la peor de las tiranías, un régimen al que conducen fatalmente las mujeres que quieren emanciparse, y son por ello “sistemáticamente asimiladas a prostitutas porque rechazan la ‘prepotencia marital’, fuera de la cual sólo hay vergüenza y desenfreno”.
[6] P. J. Proudhon, De la Justice, op. cit. p. 201 y ss.





El virus misógino inficciona las ciencias antropológicas y sociales, Tomás Moreno

viernes, 16 de marzo de 2018

POESÍA: RECURSO SINGULAR DE CANALIZACIÓN DE LA ANSIEDAD Y LA ANGUSTIA


Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, Traemos una nueva entrada que lleva por título: Poesía, recurso singular de canalización de la ansiedad y la angustia.


Poesía, recurso singular de canalización de la ansiedad y la angustia. Francisco Acuyo




POESÍA: RECURSO SINGULAR 

DE CANALIZACIÓN DE LA ANSIEDAD Y LA ANGUSTIA




Poesía, recurso singular de canalización de la ansiedad y la angustia. Francisco Acuyo


La poesía, a través de los diversos recursos (retóricos, métricos, lingüísticos…), pone en evidencia que la angustia, la ansiedad, el miedo… es necesariamente un estigma que se grabará a hierro y fuego. También que fuera de ella se llega a estimar, además, como una flagrante muestra de debilidad del individuo en el entorno convencional de la sociedad (¿del progreso?), como una enfermedad excluyente y repudiable. Se diría que existen sólo dos maneras de evaluar esta supuesta problemática, y siempre a la luz del dualismo antropológico anteriormente enunciado –y denunciado-; por una lado: proviene del mal funcionamiento de la incuestionable realidad de nuestros cuerpos –y su realidad neurobiológica-, que se encuentran totalmente diferenciados de nuestras mentes (anomalías neuroquímicas, genéticas…); por otro: se llega a la conclusión de que a través de la contemplación inevitable de nuestro deterioro y extinción, es inevitable angustia y ansiedad, que ha de manifestarse, ineludiblemente, de manera psicológica con sus repercusiones físicas. Para la poesía esta drástica diferenciación es insostenible. La poesía nos ayuda a entender que estas manifestaciones de sufrimiento son acaso las que nos hacen más profundos, más despiertos, más humanos.
Poesía, recurso singular de canalización de la ansiedad y la angustia. Francisco Acuyo            Sin pretender exagerar y resultar reiterativo debo insistir en que en esta lucha sin cuartel  contra la angustia (y –o- la ansiedad) nos olvidamos de que estas inquietudes son las que acaso nos hacen más empáticos y por tanto más conscientes con el dolor del resto de criaturas que comparten con nosotros el dolor de ser vivos  y que, como adelantábamos líneas atrás, posibilitan la capacidad de superarnos y evolucionar hacia un estado de conciencia superior), además que, en muchos momentos, nos hablan de que algo dentro (y puede que también fuera de nosotros mismos) no funciona como debiera, siendo esta la primera fase para una solución a esa anomalía correcta y duradera. El supuesto exterminio de estas respuestas naturales del espíritu (mediante la medicación o las terapias conductuales cognitivas o de cualquiera otra especie que no evalúe el factor natural de las mismas –no incapacitante-) puede que esté poniendo en peligro la capacidad para evolucionar, crecer e incluso ser creativos ante las adversidades, que sin duda llegan y llegarán a nuestras vidas de muy diferentes maneras. La poesía nos enfrenta de manera integradora, sutil y, a un tiempo, natural a las problemáticas inevitables del sufrimiento.
            Con Foucault, no estaría mal plantearse hasta qué no debiéramos sugerir al menos, si el fenómeno moderno de la ansiedad (la angustia, prefiero) no responde, en muchos aspectos a, la Historia de la locura [1], si es que esta, la locura (refleja, acaso también en la angustia y la ansiedad)  una experiencia límite en estrecha vinculación con lo irracional y planteada como, si el diálogo entre la locura (la ansiedad, la angustia…) y la razón no fuese posible. Este diálogo es, sin embargo, bastante frecuente, yo diría fundamental, entre los elementos retóricos (y no retóricos) que componen el discurso poético.



[1] Foucault, M.: Historia de la locura, Fondo de Cultura Económica, México, 2010.




Poesía, recurso singular de canalización de la ansiedad y la angustia. Francisco Acuyo