Me complace en extremo traer para la sección de La métrica celeste, del blog Ancile, la siguiente entrada del poeta y profesor de Métrica y Retórica, Antonio Carvajal, que lleva por título: Cómo escribir un poema según la pauta de la sucesión de Fibonacci, audaz indagación en la que pone en evidencia su autor la sutil y enigmática relación del número (cantidad) con el mundo de la cualidad, y lo que es más extraordinario, que puede traducirse en belleza.
CÓMO ESCRIBIR UN POEMA SEGÚN
LA PAUTA DE LA SUCESIÓN DE FIBONACCI
1 Téngase claro el asunto intuido
2 Recuérdese que la sucesión de Fibonacci consta de números que resultan de sumar a uno dado el valor del precedente y proseguir hasta el límite que nos propongamos. Así, marido joven, padre reciente y amigo de su profesor de Matemáticas en la Escuela Superior de Ingenieros Agrónomos (además de lector devoto de Aleixandre), Javier Calatrava escribe un poema entusiasta aplicando como medida los 8 primeros miembros de una sucesión de Fibonacci que abarca, por contadas sílabas dichas, desde el 1 al 21, en doble sentido, ascendente hacia la plenitud expansiva, descendente hacia el gozo íntimo, según esta pauta y con este resultado:
DOBLE FIBONACCI
1 Yo
1 no
2 quiero
3 existir
V 5 carente de‿amor,
8 pues se vive con tristeza
13 y se padece más la soledad y‿el dolor.
21 El amor nos alivia, nos llena de‿esperanza‘y siempre nos da fuerza.
21 El amor nos ayuda‘a vivir sin temor, nos aporta alegría y‿firmeza.
X 13 Para vivir la vida prefiero percibir
8 tu ternura‿y tu belleza
5 sintiendo por mí.
3 Tu‘y yo,
2 los dos
XV 1 sí
1 Tú
Revisado con aplicación rigurosa de la pauta que lo impulsa, el poeta no se atiene a la medición normativa usual y académica, sino que aplica su oído a lo que pronuncia, y ello supone que ignora el doble valor que se asigna a la sílaba tónica final ante pausa y, sobre todo, en posición final de verso, y usa la sinalefa y la dialefa ad libitum, (versos VIII, IX y XIII, donde la he marcado con la coma métrica, indicativa de breve aspiración y dialefa; mientras observa la sinalefa en los versos V, VII, VIII, IX y XI, casos marcados con el enlace vocálico, ‿ ).
De haber algún problema para la aceptación de una breve sucesión de Fibonacci como pauta de versificación, repásese la fonética del español y recuérdese que, para percibir verso, debe notarse cadencia, o sea, caída de un tono más alto sobre otro más bajo, y que los monosílabos, átonos o tónicos, tienden a su agrupación en torno a una sílaba más intensa y perceptible: de tal modo que los versetes I, II, III y IV, se pueden unir y tendremos la doble estrofa reducida a
Yo no quiero existir
carente de amor,
pues se vive con tristeza
y se padece más la soledad y el dolor.
El amor nos alivia, nos llena de esperanza
y siempre nos da fuerza.
El amor nos ayuda
a vivir sin temor en común alegría.
Para vivir la vida prefiero sentir
tu ternura y tu belleza
sólo para mí.
Tú y yo en mí, sí Tú
Si alguien está interesado en saber qué diferencia el poema escrito y leído según la sucesión de Fibonacci de esta vulgaridad andrajosa de verso al modo de hoy, sepa que se lo puedo explicar con mil amores previo pago de los honorarios correspondientes. Ya está bien de ser generoso urbi et orbi y recibir a cambio groserías de analfabetos creativos.
Para finalizar, diré que, puesto que me he molestado en describir y difundir este buen hallazgo de versificación “otra” (recuerdo del profesor Juan Carlos Rodríguez, mi antiguo compañero de bachillerías, que usaba con gran capacidad creativa los tonos de los deícticos) me considero autorizado para denominar esta estrofa así delimitada como “calatraveña”, en honor de su raro inventor, el ingeniero agrónomo doctor don Javier Calatrava Requena, que la escribió en Cullera año 1972 y, atendiendo una petición mía, la ha incluido en su reciente libro La piel del recuerdo [Salobreña, Alhulia, 2025]
Antonio Carvajal