lunes, 19 de diciembre de 2011

EL PROYECTO BACONIANO Y SUS IMPERATIVOS (II)

Segunda entrega del profesor Tomás Moreno en relación a las nuevas tecnologías, la cual está auspiciada bajo el título de El proyecto baconiano y sus imperativos. Sigue creciendo pues, esta sección de microensayo del blog que, como anunciaba anteriormente, cada vez tiene más numerosos y avisados seguidores. Ilústrense, debatan o reflexionen sobre temas de ciencia, pensamiento y tecnología en este departamento ya imprescindible de Ancile.




EL PROYECTO BACONIANO Y SUS IMPERATIVOS (II)



Como se apreciará fácilmente, el proyecto baconiano no era muy distinto del proyecto científico moderno; era el germen de lo que, con el transcurrir del tiempo, dará lugar a nuestra civilización científico-técnica. Sus principios y finalidades son las mismas que inspiran nuestras sociedades industriales y presiden su apuesta por el desarrollo y el progreso indefinido y que podríamos recapitular en una serie de imperativos y prescripciones organizativas muy precisas, a saber:
            1º) El Imperativo técnico: que prescribe que todo lo que puede hacerse, se hará y cuyos lemas programáticos -poder implica deber y saber es poder- siguen vigentes casi cuatro siglos después de ser formulados. Imperativo que hoy se encarna en el habermasiano interés de dominación científico-técnica[1], característico de las ciencias experimentales modernas, y que preside las grandes revoluciones científicas de nuestro tiempo, tanto en el plano de la física (energía nuclear) y de la genética (proyecto Genoma humano), como en el plano de las TIC y de las biotecnologías.
El proyecto baconiano y sus imperativos. Tomás MorenoEn la Casa de Salomón bensalemiana este interés de dominación fructificará en una serie de ingenios y descubrimientos sorprendentes para su tiempo (y que anticipan toda una serie de inventos posteriores), como son: dispositivos y técnicas para la producción de nuevos metales artificiales, la creación de nuevas formas de vida vegetal y animal (Hallamos medios para mezclar y  hacer copular a especies diferentes, lo que ha producido especies nuevas, y no estériles, como es opinión general[2]), el establecimiento de todo tipo de industrias alimenticias, además  de numerosos procedimientos (disecciones, trasplantes etc.) y fármacos para la preservación de la salud, la curación de enfermedades y la prolongación de la vida humana.
En sus estancias, se posibilitó la invención de una serie de lentes para ver pequeños y diminutos cuerpos (microscopios) y para ver lo que está demasiado lejos como cercano (telescopios) y de dispositivos desaladores del agua marina, cámaras de salud para la purificación del aire; la creación artificial de huertos y jardines en los que “los árboles y flores vengan antes o después de su estación y que crezcan y den fruto más rápidamente que según su curso natural”, así como de milagrosas técnicas transgénicas; la producción de mecanismos para multiplicar y reforzar los vientos, y hasta el diseño y construcción de unas enigmáticas habitaciones de vistas, como la legendaria tabla o mesa de Salomón, desde las que podían verse cualesquiera partes del mundo y que nos recuerda la televisión e incluso Internet.
Sus múltiples hallazgos técnicos les permitieron, en fin, edificar casas-sonido, casas-perfume, casas-confitura, casas-máquina, casas de matemáticas, casas de engaño de los sentidos: esto es, todo tipo de laboratorios experimentales. Además de la fabricación de todo tipo de armamentos, máquinas voladoras y submarinos y otros cientos de artefactos, artilugios, autómatas e ingenios mecánicos, cuya enumeración resultaría prolija en exceso[3]:
“Imitamos también los vuelos de los pájaros; tenemos algunos acondicionamientos para volar en el aire; tenemos barcos y botes para ir bajo el agua y corrientes de los mares (…). Tenemos diversos relojes curiosos, y mociones [movimientos] oscilatorias semejantes y algunas mociones continuas. Imitamos también mociones de criaturas vivientes mediante estatuas [reproducciones] de hombres, bestias, pájaros, peces y serpientes”[4].
El proyecto baconiano y sus imperativos. Tomás Moreno
Thomas More
            2º) La Organización colectiva de la investigación científica: La ciencia no debe ser, para los bensalemianos, un pasatiempo espiritual o un medio de promoción individual. Bajo la forma de la división especializada del trabajo y la cooperación entre los distintos investigadores (equipos de investigación, proyectos o líneas de investigación, como en las universidades e instituciones científicas actuales) la ciencia debe cumplir un papel social dirigido a un mejoramiento y bienestar de la sociedad y de la vida humana.
Existe, en este sentido, entre los sabios de la Casa de Salomón, una precisa división del trabajo: unos, llamados mercaderes de la Luz, viajan al extranjero con misiones de investigación científica, otros, los depredadores o venatores, entrevistan a artesanos para recoger sus secretos y trucos de oficio; los analistas (hombres del Misterio), estudian libros y manuscritos de todos los tiempos. Después vienen los experimentadores o exploradores, los clasificadores de experimentos o compiladores y, por último, los científicos, o teóricos sintetizadores, a los que denomina los Bienhechores, encargados de realizar síntesis y de sacar leyes; periódicamente se reúnen para puntualizar los experimentos decisivos y los programas de investigación[5].
Todos los científicos-investigadores de la Casa de Salomón se comprometen bajo juramento -como si de una nueva secta pitagórica se tratase- a guardar secreto acerca de sus descubrimientos; éstos sólo pueden ser conocidos, en algunos casos, por el rey o por el Senado, afirmándose así como una privilegiada aristocracia del saber:
“Tenemos consultas sobre qué invenciones y experiencias de las que hemos descubierto deben publicarse y cuáles no; y hacemos todos un juramento de guardar secreto a fin de ocultar lo que creamos conveniente que permanezca secreto, si bien algunas cosas las revelamos algunas veces al estado, otras no”[6].
            3ª) Carácter progresivo, acumulativo y universal del conocimiento científico y del dominio técnico: La ciencia debe organizarse como una empresa metódica e ininterrumpida, encaminando la investigación y sus resultados prácticos al dominio y sometimiento técnico de la naturaleza y a su manipulación al servicio del hombre y de la sociedad. Saber científico y técnico aunados, porque en Bacon el interés especulativo se une al interés pragmático técnico: recordemos que “saber es poder”. Este proverbio o apotegma baconiano preside el “matrimonio de la mente y el universo” que profetizó nuestro pensador en La Gran Instauración. De este matrimonio, en efecto, habría de surgir “una línea y calidad de invenciones que, hasta cierto punto, puede vencer y superar las necesidades y miserias de la humanidad”. Pocos negarían hoy que la visión de Bacon se ha cumplido con creces en los países industriales avanzados y que, como tantas veces postulase nuestro filósofo, la relación de la ciencia humana con la naturaleza está basada en un manifiesto vínculo de dominación[7].
El proyecto baconiano y sus imperativos. Tomás Moreno
            4º) Carácter estatal y político de la ciencia: El Estado (representado en la ficción literaria por la Casa de Salomón) tiene por objeto primordial asegurar las condiciones óptimas para el desarrollo de la investigación científica y su eficaz funcionamiento. Hasta tal punto la Ciencia es una cuestión de Estado que, como antes señalábamos, las autoridades de Bensalem envían clandestinamente agentes o espías científicos a los países extranjeros para que se informen sobre sus adelantos e inventos científicos para beneficio propio. Si para Thomas More la educación era una empresa social dirigida a enriquecer la personalidad de cada ciudadano para el bien de la comunidad, para Bacon es tarea de un puñado de especialistas, pagados por el Estado, pero totalmente separados del pueblo[8].
Con este relato utópico se va a inaugurar el segundo modelo de utopía(s) de la modernidad: el modelo tecnópolis o de las utopías técnicas (científico-técnicas). Frente a las utopías sociopolíticas o sociales -representadas por el modelo eutópico moreano- que pretendían la realización terrena del paraíso mediante una nueva redistribución de la riqueza social y la transformación revolucionaria de las estructuras económicas y de la propiedad existentes, estas nuevas utopías técnicas -encarnadas por el modelo utópico baconiano- confían en que serán las innovaciones y adelantos científico-técnicos los promotores e impulsores del progreso material y económico y, en consecuencia, del cambio político y social.
El proyecto baconiano y sus imperativos. Tomás Moreno
Si el modelo eutópico moreano ha presidido el diseño de la mayoría de las utopías políticas y sociales posteriores (hasta los proyectos ensayados de los socialistas utópicos del XIX: falansterios de Fourier, Nuevas Armonías de Owen, Icarias de Cabet[9]), el modelo tecnopolita o tecno-utópico baconiano (y, en parte, también de la Civitas Solis de Tommaso Campanella) ha jugado idéntico papel paradigmático o arquetípico para las utopías científico-técnicas y para las anticipaciones de la ciencia ficción (por eso Jean Servier dirá que la Atlántida “tiene un carácter de Ciencia ficción más que de utopía moral”[10]).
Las utopías sociales experimentales, nacidas de Thomas More, fracasaron por no haber tenido en cuenta la verdadera condición humana, por no haber contemplado las debilidades, las motivaciones y conflictos más obvios que afectan a la naturaleza humana desde que el hombre es hombre: el egoísmo, el orgullo, la envidia, la ambición etc., y, en definitiva, por no haber incluido en sus planes la ciencia y la tecnología como motores del progreso material y económico. Sus proyectos sociales eran, efectivamente, pre-técnicos, pre-industriales, agrícolas. Sólo pensaron la técnica como simple “alivio del trabajo”. Eran sociedades igualitarias pero sobrias, austeras, de escasez más que de abundancia.
El proyecto baconiano y sus imperativos. Tomás Moreno
Las utopías tecnológicas, por el contrario, comprendieron mejor la revolución Industrial que se avecinaba, y el progreso material, económico y de bienes de consumo que ella traería: en lugar de la “frugalidad igualitaria” se proponían la “abundancia para muchos” y apelando, precisamente, a esa codicia y ambición humanas que las utopías sociales o eutopías (“idealizadoras” de la naturaleza humana) habían pretendido ignorar. Con Bacon “la nueva religión de la ciencia trajo la promesa de un paraíso en la tierra”, en palabras de Karl Popper.
Confiado en que la vida del hombre puede transformarse por medio de la ciencia, Bacon imagina una utopía que, aunque formalmente siga la línea de las utopías sociopolíticas clásicas -la ficción de un Estado ideal en el cual los ciudadanos son felices en virtud de una perfecta organización social- se diferencia de ellas en que la causa eficiente que ha de lograr ese Estado deseado no será una constitución política o una organización socioeconómica determinadas, sino la Ciencia. Sólo mediante un control de la naturaleza, que facilite los medios precisos para la vida, podrá alcanzarse la armonía entre los hombres. En este sentido, Benjamín Farrington escribirá con toda razón que:
“Bacon imaginó una utopía, como tantos otros, pero hay algo en ella que la hace diferente. No se trata simplemente de una sociedad ideal que quizá existió en el pasado, sino de una sociedad que el nuevo tipo de saber va a originar[11].
            El mensaje es claro: la ciudad ideal debe realizarse en el futuro y gracias a la nueva ciencia. El proyecto utópico, o mejor ucrónico, de F. Bacon apela explícitamente a las generaciones futuras: son ellas las que perseguirán la gran empresa de transformación de la condición humana gracias al nuevo “Organon”, al nuevo método científico que él  enseña y propugna.

                                                                                                                           Tomás Moreno


[1] Jürgen Habermas, Conocimiento e interés, Taurus, Madrid, 1982.
[2] Francis Bacon, Nueva Atlántida, Traducción del inglés, introducción y notas de Emilio G. Estébanez, Mondadori, Madrid, 1988, p. 184.
[3] Ibídem, pp. 181-190.
[4] Ibídem,, op. cit., p. 189.
[5] Ibídem, pp. 190-191.
[6] Ibídem, p. 191. Todo lo cual indica la férrea división del trabajo científico entre especialistas que difícilmente pueden comunicarse con un saber vecino, y también que el saber científico está en manos de una clase dada, de una minoría privilegiada, y que los que están fuera de ella no tienen acceso a esos secretos. Y sobre todo: que el Saber depende del Poder establecido, está a su servicio e interés.
[7] Por ello, cuatrocientos años después de Bacon, el filósofo germano Hans Jonas todavía ha podido decir, confirmando las tesis del filósofo británico, que: “No sólo la relación del hombre con la naturaleza es una relación de poder, sino que la naturaleza misma es concebida en términos de poder. Así pues, es una cuestión de gobernar o de ser regido; y ser dominado por una naturaleza innoble, afín o sabia, significa esclavitud y por ende, miseria. El ejercicio del inherente derecho del hombre es también, por consiguiente, la respuesta a una básica y continua emergencia o necesidad urgente de una lucha decretada por la condición humana” (Cfr. El Principio de Responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica, Herder, Barcelona, 1995. Sobre esta temática véase también: Jean-Claude Guillebaud, El Principio de Humanidad, Espasa, Madrid, 2002).
[8] Esto es, precisamente, lo que Michel Serres (Hermes III, La traduction, Editions de Minuit, París, 1974, capítulo Trahison: la thanatocratie  pp. 73-104) ha denunciado sobre las relaciones vigentes en nuestra sociedad entre la tecnociencia, el poder y el militarismo: salvando las distancias, lo que Bacon postulaba para su comunidad ideal (Bensalem) es algo parecido a lo que ocurre en nuestras Comunidades científicas y/o Universidades -configuradas como celdas de especialistas y con una celosa separación de saberes-, lo que muchas veces conduce a la incomunicación o al esoterismo más elitista, y cuyos programas y líneas de investigación dependen por lo general de los intereses del Sistema Industrial y/o Militar. Es el mismo modelo que rige -al menos desde la Segunda Guerra Mundial- en nuestras Sociedades Industriales avanzadas, con sistemas de codificación del conocimiento cada vez más complejos y en menos manos.  
[9] Sobre las utopías de los socialistas utópicos véanse: Isabel de Cabo, Los socialistas utópicos, Ariel, Barcelona, 1995; Dominique Desanti, Los socialistas utópicos, Editorial Anagrama, Barcelona, 1973;  A.L. Morton, Las utopías socialistas, Ediciones Martinez Roca, Barcelona, 1970. A través de la biografía novelada de Flora Tristán y de Paul Gauguin, Mario Vargas Llosa en El paraíso en la otra esquina (Alfaguara, Madrid, 2003), analiza e ilustra magistralmente el mundo de las utopías socialistas del siglo XIX para mostrarnos su carácter de espejismo, de ilusión engañosa, la mayoría de las veces con trágicas consecuencias.
[10]  Citado en Yuli Kagarlitski, ¿Qué es la ciencia-ficción?, Labor, 1977, pp. 64 y ss.
[11] B. Farrington, Francis Bacon. Filósofo de la Revolución Industrial, op. cit., p. 146.


El proyecto baconiano y sus imperativos. Tomás Moreno

sábado, 17 de diciembre de 2011

POEMAS DE NAVIDAD (I)


Qué mejor entrada en  estas fechas para el blog Ancile que algunos delicados poemas de autores diversos sobre la Navidad. Sean pues, estos (en dos entregas), mi ofrenda fraternal para todos los seguidores, colaboradores y amigos de estas páginas, para que estos días transcurran agradables, tranquilos y, a ser posible fértiles y propicios. Acompañan, en esta primera entrega, los poemas de la entrañable poeta Elena Martín Vivaldi, concebidos en su momento para tan festiva y señalada ocasión, y dedicados a familia y amigos, y que creo que vendrán muy apropósito en estas fechas.  La nieve, Belén, la Paz e incluso Platero, el borriquillo tierno de nuestro amado y eminentísimo Juan Ramón Jiménez, desfilan con gran emoción y delicadeza en estos versos. Vaya todo con mi más profundo agradecimiento a todos los que han ido acompañándome durante este trayecto de bloguero inexperto pero, sin asomo de duda, siempre entregado y entusiasta. A todos mi fraternal abrazo.




Poemas de Navidad, Ancile




POEMAS DE NAVIDAD: ELENA MARTÍN VIVALDI 





CANTO




Por encima de la nieve,
un pajarillo se atreve.
Blanco.
Un pajarillo se mueve,
pardo.

Paseando a la mañana;
blanco.
Un pajarillo, en la nieve,
pardo.

Buscará por los tejados...
¿Qué?
Un pajarillo se atreve.
¡Bien!

Descubrir entre lo blanco...
¿Qué?
Ramas para la esperanza.
¡Bien!

Por encima de la nieve
¿Di?
Un pajarillo se mueve.
Sí.

Blanco, blanco, nieve, blanco.
¿Qué? ¡Bien!
Sí.

Por encima de la nieve,
blanco.
Un pajarillo se atreve.





Poemas de Navidad, Ancile



¡A BELÉN, PLATERO!







¡A Belén, Platero!
Vamos a Belén,
que mañana es Fiesta
y el otro también.

Arriba, Platero,
menudo, suave.
Echa un trote alegre,
- ¡qué cascabeleo!-
que están las estrellas
con guiños de plata
alumbrando el cielo.

Arre ya, Platero,
que van de camino,
con todos los niños,
la tísica, el tonto,
la carbonerita .
- ¡qué alegría en la noche!
y tu niña chica.


Mira la tortuga
como se aligera,
Diana, la cabra,
Lord, los gorriones.
- ¡Ay, qué algarabía! -.
Ya los gallos cantan
y la luna, inmensa,
por los campos brilla.
Lleva tus regalos
al Niño Jesús:
las uvas, naranjas,
mariposas, lirios
¡corre más, Platero!
y el almoraduj.

Arre, Platerillo,
vamos a Belén,
que mañana es Pascua
y el otro también.


PAZ



Para Isabelita Roldán

Calles de Belén. Caminos.
Calles de Belén. Portales.
Hombres de Belén, mujeres,
pastores, sierras y valles.

Gentes de Belén, ya es cierto
un nombre, en letras del aire.
Alto clamor de esperanza
la mano del viento trae.

Flores de Belén, que hay otra
flor, en sus pétalos sangre.
Arroyos, ríos, al mar
noticia de Amor llevadle.

Noches de Belén, que alumbra
un sol, y su llama arde.
Estrellas, gritad más luz.
Luna, tu corola abre.

Gentes de Belén. ¡Despiertos!
En cada piedra se alce
pregón de hosanna, que suba
hasta las nubes radiante.


¡Gentes de Belén! Pastores,
mujeres, hombres, que hoy nace
un Niño, Voz que le anuncia
de paz, al mundo, un mensaje.








Y QUÉ TE REGALARÉ



Los presentes no son tales
como los merecéis vos.



Y qué te regalaré,
Niño, que mi ofrenda sea
limpia a tus ojos, y vea
yo tu sonrisa, que sé
que cosa que yo te dé
digna de ti no sería.
Bueno estará que del día
le robe un jirón al cielo.
¡Y qué granado pañuelo
con lluvia te bordaría!


Elena Martín Vivaldi

Poemas de Navidad, Ancile

jueves, 15 de diciembre de 2011

ALMAS GEMELAS, UN FELINO PARA UNA GATOMAQUIA (FRUGAL HOMENAJE A LOPE DE VEGA Y CARPIO)

 Como resultado de una entrada anterior (Semblanza del encantador de perros), me reprocha  alguno de los amigos y lectores de Ancile, mi preferencia por los perros,  cosa que no es cierta, me gustan igualmente; tal es así que mis gatos dan muy buena cuenta de tal equivocación. De  hecho, en el mismo libro  del poemas anteriormente referido (Pan y leche para niños) podrán encontrar el intitulado Almas gemelas, dedicado a uno de los felinos referidos; por todo lo cual reproduzco dicho poema para que conste mi inclinación hacia los independientes y bellísimos  félidosMarramaquiz, hermoso siamés que todos en casa amamos especialmente, toma su nombre de uno de los excelsos personajes del célebre poema de Lope de VegaLa gatomaquia, y que aprovecho ahora para homenajear al Fénix y recomendar su lectura a quienes no han tenido la suerte de delectarse todavía con tan estupenda y divertida lectura, y para volver sobre sus versos a quienes ya tuvieron la fortuna de deleitarse con ellos.



Almas gemelas, un felino para una gatomaquia (frugal homenaje a Lope de Vega), Francisco Acuyo




 ALMAS GEMELAS, UN FELINO PARA UNA GATOMAQUIA
 (FRUGAL HOMENAJE A LOPE DE VEGA Y CARPIO)



Almas gemelas, un felino para una gatomaquia (frugal homenaje a Lope de Vega), Francisco Acuyo



ALMAS GEMELAS



Para Marramaquiz, valiente, mi gato


AL fondo, la sombra
se funde en la esfera,
y eleva de fuego
un iris de fiera.

Un iris de fiera,
lucifer felino
que observa inefable
del gesto focino
su zarpa implacable.

Su zarpa implacable
se lame mirlado,
y el lomo el espejo
le copia gibado
su grácil reflejo.

Su grácil reflejo
donde un príncipe árabe,
aspecto cabal,
reclama en el cárabe
del dulce cristal.

Del dulce cristal,
arrogante el porte
te mira después
que salta el resorte
raudo hasta tus pies.


Raudo hasta tus pies,
mesura fruncida
que halaga en su arrimo
topando, subida
la cola, con mimo.

La cola con mimo
aliñada un tanto,
después del rodete,
y muestra quebranto
inflando el copete.

Inflando el copete,
contigo respira
siendo el centinela
que en tu sueño mira
un alma gemela.

El alma gemela
que a tus pies se aduerme,
y sueña contigo,
y combate inerme
común enemigo;

común enemigo:
y al fondo la sombra
se funde en la esfera
que eleva de fuego
un iris de fiera.






Francisco Acuyo (de Pan y leche para niños)



Almas gemelas, un felino para una gatomaquia (frugal homenaje a Lope de Vega), Francisco Acuyo
Marramaquiz



miércoles, 14 de diciembre de 2011

FRANCISCO BASALLOTE: EN EL CORAZÓN DEL SIGNO

Traemos a colación en esta nueva entrada de nuestro blog el libro de nuestro amigo y poeta Francisco Basallote, titulado En el corazón del signo, a la sazón premio de poesía Hojas de Bohemia.  Reproducimos alguno de sus poemas para deleite del lector atento e incentivo para la adquisición de la totalidad del conjunto poemático, reunido en exquisita edición, cuya portada también ofrecemos en este post.



Francisco Basallote: en el corazón del signo, Ancile




EN EL CORAZÓN DEL SIGNO,
FRANCISCO BASALLOTE

Francisco Basallote: en el corazón del signo, Ancile






SOMBRA





         I

Si acaso nítida
acabaría incierta
en su pureza,
no existirá la luz
sin el cobijo
                      de la sombra.

         II


Vela, matiza,
cubre, hiende el plano
hasta la oscuridad
profunda de su ser,
moldea la luz
de ella emerge
revestida de sombras.


        III

Queda el vacío
sin forma,
                   linde sola
que en salto de tinieblas
la vida exhala,
juego de luz
                       y sombra.



EL CORAZÓN DEL SIGNO



        I

En su desvío
es médula la luz
de un mundo nuevo
de sutiles esencias,
la verdad en el aura
que magnifica.

      II

Su corazón
sobre el latido
de la noche
                      es el manto

de sus estrellas,
luminoso pensil
que en su ciclo
                          acapara
la realidad del sueño.


       III

En el frutal
regocijo de sus volutas
la serpiente extendida
de su silueta
inunda los espejos
con la victoria
encendida del signo,
izado en el dosel
de su verdad.

         IV

Ya su perfil navega .
los ríos
              de las altas

                                    filacterias
y es huésped de los mares
oscuros de los códices
el hondo corazón
                                del signo.












Tan sólo desde el cielo
se ven,
               sólo los dioses
las vieron,
                   tan sólo ellos
eran a la vez línea
recta que muere
                               en el solsticio

o espiral
                que ensimisma
su duda,
                pájaro
o mono, araña,
astronomía pura
en la planicie seca
donde sólo
                     viven los dioses
en su desierta
                            soledad.




                                      Francisco Basallote






Francisco Basallote: en el corazón del signo, Ancile