jueves, 20 de febrero de 2014

DÍA INTERNACIONAL DEL GATO: ALMAS GEMELAS.

Para el día internacional del gato traigo un poema, incluido en el libro Pan y leche para niños (2000 en su 1ª edición, 2010 2ª edición), y dedicado a mi gato Marramaquiz (compañero inseparable de mi hijo Jorge), titulado Almas gemelas.





Día internacional del gato, Almas gemelas, Francisco Acuyo, Ancile





DÍA INTERNACIONAL DEL GATO:

 ALMAS GEMELAS 




Día internacional del gato, Almas gemelas, Francisco Acuyo, Ancile




Para Marramaquiz, valiente, mi gato





AL fondo, la sombra 
se funde en la esfera,
y eleva de fuego
un iris de fiera.

Un iris de fiera,
lucifer felino
que observa inefable
del gesto focino
su zarpa implacable.

Su zarpa implacable
se lame mirlado,
y el lomo el espejo
le copia gibado
su grácil reflejo.

Su grácil reflejo
donde un príncipe árabe,
aspecto cabal,
reclama en el cárabe
del dulce cristal.

Del dulce cristal,
arrogante el porte
te mira después
que salta el resorte
raudo hasta tus pies.


Raudo hasta tus pies,
mesura fruncida
que halaga en su arrimo
topando, subida
la cola, con mimo.

La cola con mimo
aliñada un tanto,
después del rodete,
y muestra quebranto
inflando el copete.

Inflando el copete,
contigo respira
siendo el centinela
que en tu sueño mira
un alma gemela.

El alma gemela
que a tus pies se aduerme,
y sueña contigo,
y combate inerme
común enemigo;

común enemigo:
y al fondo la sombra
se funde en la esfera
que eleva de fuego
un iris de fiera.



Francisco Acuyo, de Pan y leche para niños 2000, 2010)






Día internacional del gato, Almas gemelas, Francisco Acuyo, Ancile

miércoles, 19 de febrero de 2014

AMELINA CORREA EN LA NOCHE EN BLANCO DE GRANADA

Tenemos el placer de traer al blog Ancile el último post editado por el blog de La noche en blanco de Granada, dedicado a los versos de la poeta Amelina Correa.

Enlace al blog de La noche en blanco de Granada



Hoy recogemos para la sección de poesía del blog de La noche en blanco de Granada los versos de la poeta Amelina Correa.









LOS VERSOS DE AMELINA CORREA 
EN LA NOCHE EN BLANCO DE GRANADA















Amelina Correa Ramón, catedrática de la Universidad de Granada y miembro de la Academia de Buenas Letras de dicha ciudad, ha ejercido como docente en las universidades de Almería y Sevilla y ha impartido conferencias en más de cincuenta congresos en diversas ciudades de España, Reino Unido, Estados Unidos o Francia.

Como investigadora literaria se ha dedicado de manera preferente al rescate de autores hispanos raros y olvidados, con más de veinte libros publicados sobre escritores de origen granadino como Isaac Muñoz, Melchor Almagro San Martín, Antonio de Zayas o Francisco Ayala, y andaluces como Alejandro Sawa, por cuya semblanza obtuvo el prestigioso “Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías” en 2008.

También ha dado a conocer a otros muchos autores de la literatura española de finales del siglo XIX y principios del XX, a través de varios diccionarios y colecciones de textos, prestando especial atención a la literatura escrita por mujeres.


En el terreno de la creación, varios de sus poemas han sido incluidos, desde 1986, en diversas antologías, habiendo publicado igualmente tres poemarios: Seré flor nueva, en 1987; Rigel, en 1989; y Una palabra tuya. Poesía, en 2005; encontrándose pendiente de publicación La luz inaugurada, “Premio Nacional de Poesía de Mancha Real” en 2004.




                                       ADELFAS V





En la noche al espeso perfume de las rosas…
Pablo Neruda



Tomo tu mano.

Extiendo
una fragante selva
de alhelíes.

Sangre.
Vertida en la tibieza
de la noche.

Dulcemente restañando
tus heridas,
muero entre tus labios.






                                  LA LUZ INAUGURADA, XIV



Algo en la blanca forma resplandece
y brilla con concéntrica figura,
amado círculo de perfección segura
se alza en la mano y mudo te estremece.

Afuera de la iglesia ya anochece
y cabalgando está la noche oscura
pero a tus ojos, fijos con premura
en blanca forma, sientes que amanece.

Y algo se deslíe por tus venas,
y notas por tu sangre algún delirio,
y pronto está tu cuerpo en luz bañado.

Atrás dejado el mundo, atrás las penas,
quemándote el fervor con voz de lirio,
pues que así nombras tú a tu bienamado.






                                  LA LUZ INAUGURADA, XVI



(Juan de la Cruz se complace en introducir a unos novicios en el éxtasis divino)


Fray Juan contempla
a los novicios.



Entran azorados en el recinto
oscuro,
con la luz de una vela dorando su tez pálida...
Muchachos
apenas
con el furor bullendo
dentro de las venas,
prendiéndose en sus cuerpos
como una mariposa enfebrecida.
La inocente claridad de su mirada
perpleja.

Nunca sintieron antes
nada parecido.
El fulgor de una llama,
apenas.
Un relámpago brillante
apenas.
Un amado entrevisto en la espesura
apenas. Un deseo punzante.

Y ellos no comprenden
sino su cuerpo pleno
y señalado.
Sino la extática visión
arrebatada.
Sino el amor dormido.

Y extrañados, perplejos,
duermen arrebolados esa noche.




Amelina Correa




lunes, 17 de febrero de 2014

MIGUEL HERNÁNDEZ: AMOR Y POESÍA

Volvemos, después de un prolongado paréntesis, a una de las secciones predilectas del blog Ancile: Amor y poesía. En este caso centrada en el poeta Miguel Hernández. Antología personal y con segurísimas limitaciones sobre poemas de amor del poeta de Orihuela que, en cualquier caso dejaron huella indeleble sobre el modesto antologador que las ofrece, y que también son de valor indiscutible en la cosecha poética de nuestro muy querido y admirado poeta. Quede, pues, con todos vosotros el amor inmortal en los versos inolvidables de Miguel Hernández.



Miguel Hernández, amor y poesía, Ancile



MIGUEL HERNÁNDEZ: AMOR Y POESÍA



 Miguel Hernández, amor y poesía, Ancile





ME TIRASTE UN LIMÓN, Y TAN AMARGO




Me tiraste un limón, y tan amargo
con una mano cálida, y tan pura, 
que no menoscabó su arquitectura
y probé su amargura sin embargo.

Con el golpe amarillo, de un letargo
dulce pasó a una ansiosa calentura
mi sangre, que sintió una mordedura
de una punta de seno duro y largo.

Pero al mirarte y verte la sonrisa
que te produjo el limonado hecho,
a mi voraz malicia tan ajena,

se me durmió la sangre en la camisa,
y se volvió el poroso y áureo pecho
una picuda y deslumbrante pena.




POR TU PIE, LA BLANCURA MÁS BAILABLE





Por tu pie, la blancura más bailable,
donde cesa en diez partes tu hermosura,
una paloma sube a tu cintura,
baja a la tierra un nardo interminable.

Con tu pie vas poniendo lo admirable
del nácar en ridícula estrechura,
y donde va tu pie va la blancura,
perro sembrado de jazmín calzable.

A tu pie, tan espuma como playa,
arena y mar me arrimo y desarrimo
y al redil de su planta entrar procuro.

Entro y dejo que el alma se me vaya
por la voz amorosa del racimo:
pisa mi corazón que ya es maduro.






 Miguel Hernández, amor y poesía, Ancile




TE ME MUERES DE CASTA Y DE SENCILLA




Te me mueres de casta y de sencilla:
estoy convicto, amor, estoy confeso
de que, raptor intrépido de un beso,
yo te libé la flor de la mejilla.

Yo te libé la flor de la mejilla,
y desde aquella gloria, aquel suceso,
tu mejilla, de escrúpulo y de peso,
se te cae deshojada y amarilla.

El fantasma del beso delincuente
el pómulo te tiene perseguido,
cada vez más patente, negro y grande.

Y sin dormir estás, celosamente,
vigilando mi boca ¡con qué cuido!
para que no se vicie y se desmande.




UNA QUERENCIA TENGO POR TU ACENTO




Una querencia tengo por tu acento
una apetencia por tu compañía
y una dolencia de melancolía
por la ausencia del aire de tu viento.

Paciencia necesita mi tormento,
urgencia de tu garza galanía,
tu clemencia solar mi helado día,
tu asistencia la herida en que lo cuento.

¡Ay querencia, dolencia y apetencia!:
tus sustanciales besos, mi sustento,
me faltan y me muero sobre mayo.

Quiero que vengas, flor, desde tu ausencia.
a serenar la sien del pensamiento
que desahoga en mí su eterno rayo.




POR DESPLUMAR ARCÁNGELES GLACIALES




Por desplumar arcángeles glaciales,
la nevada lilial de esbeltos dientes
es condenada al llanto de las fuentes
y al desconsuelo de los manantiales.

Por difundir su alma en los metales,
por dar el fuego al hierro sus orientes,
al dolor de los yunques inclementes
lo arrastran los herreros torrenciales.

Al doloroso trato de la espina,
al fatal desaliento de la rosa
y a la acción corrosiva de la muerte

arrojado me veo, y tanta ruina
no es por otra desgracia ni por otra cosa
que por quererte y sólo por quererte.




MIS OJOS, SIN TUS OJOS, NO SON OJOS




Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,
que son dos hormigueros solitarios,
y son mis manos sin las tuyas varios
intratables espinos a manojos..

No me encuentro los labios sin tus rojos,
que me llenan de dulces campanarios,
sin ti mis pensamientos son calvarios
criando nardos y agostando hinojos.

No sé qué es de mi oreja sin tu acento,
ni hacia qué polo yerro sin tu estrella,
y mi voz sin tu trato se afemina.

Los olores persigo de tu viento
y la olvidada imagen de tu huella,
que en ti principia, amor, y en mí termina.





 Miguel Hernández, amor y poesía, Ancile




CANCIÓN DEL ESPOSO SOLDADO




He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismo muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derecho,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.




ROPAS CON SU OLOR




Ropas con su olor,
paños con su aroma.
Se alejó en su cuerpo,
me dejó en sus ropas.
Luchas sin calor,
sábana de sombra.
Se ausentó en su cuerpo.
Se quedó en sus ropas.




VALS DE LOS ENAMORADOS Y 
UNIDOS HASTA SIEMPRE





No salieron jamás
del vergel del abrazo.
Y ante el rojo rosal
de los besos rodaron.

Huracanes quisieron
con rencor separarlos.
Y las hachas tajantes
y los rígidos rayos.

Aumentaron la tierra
de las pálidas manos.
Precipicios midieron,
por el viento impulsados
entre bocas deshechas.
Recorrieron naufragios,
cada vez más profundos
en sus cuerpos, en sus brazos.
Perseguidos, hundidos
por un gran desamparo
de recuerdos y lunas,
de noviembres y marzos,
aventados se vieron
como polvo liviano:
aventados se vieron,
pero siempre abrazados.




SI TE PERDIERA ...




Si te perdiera ...
Si te encontrara
bajo la tierra.

Bajo la tierra
del cuerpo mío,
siempre sedienta.





LLEGÓ CON TRES HERIDAS






Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.

Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.

Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.






 Miguel Hernández, amor y poesía, Ancile




YO NO QUIERO MÁS LUZ QUE TU CUERPO ANTE EL MÍO



Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío:
claridad absoluta, transparencia redonda.
Limpidez cuya extraña, como el fondo del río,
con el tiempo se afirma, con la sangre se ahonda..

¿Qué lucientes materias duraderas te han hecho,
corazón de alborada, carnación matutina?
Yo no quiero más día que el que exhala tu pecho.
Tu sangre es la mañana que jamás se termina.

No hay más luz que tu cuerpo, no hay más sol: todo ocaso.
Yo no veo las cosas a otra luz que tu frente.
La otra luz es fantasma, nada más, de tu paso.
Tu insondable mirada nunca gira al poniente.

Claridad sin posible declinar. Suma esencia
del fulgor que ni cede ni abandona la cumbre.
Juventud. Limpidez. Claridad. Transparencia
acercando los astros más lejanos de lumbre.

Claro cuerpo moreno de calor fecundante.
Hierba negra el origen; hierba negra las sienes.
Trago negro los ojos, la mirada distante.
Día azul. Noche clara. Sombra clara que vienes.

Yo no quiero más luz que tu sombra dorada
donde brotan anillos de una hierba sombría.
En mi sangre, fielmente por tu cuerpo abrasada,
para siempre es de noche: para siempre es de día.


Miguel Hernández





Miguel Hernández, amor y poesía, Ancile


domingo, 16 de febrero de 2014

POEMA SEMANAL 6, SUITE


Para la sección Poema semanal traemos el poema Suite,  del libro primero y claramente iniciático intitulado La transfiguración de la lira, en el que se refleja de una manera muy particular el entendimiento del fenómeno de expresión poética en ya en el lejano y, no obstante, próximo e íntimo año 1984.

Enlace a la Web Ancile



Poema semanal 6, Suite, Francisco Acuyo, Ancile.







SUITE




Poema semanal 6, Suite, Francisco Acuyo, Ancile.






«Eres dios de lo hermoso conseguido
conciencia mía de lo hermoso»
J.R.J.


DANZA CONTEMPLATIVA


LÁGRIMAS era en ruegos infinita
la tristeza, de pétalos dulzura
que golfanes aspira y necesita:
Cuando una y otra pura
(de pereza magnética y frescura)

MANO se hundió, brocal cuyo reflejo,
del agua escucha el pecho diluido,
murmullo tibio y transparente espejo;
luz, es sombra a mi nido
de melifluas abejas el sonido.


ESCISIÓN DEL VACÍO


EN vidrios dividida, el vidrio grana,
sesgó las venas miserablemente,
secuencia y arancel de la mañana
de cuantas era fuente,
por las rosas al río de su frente.


EL APARECIDO


EN su reflejo póstumo animada,
supuesta vibra de la orilla en vano
la efigie, y señas muestra coronada
temor de cada mano
y el agua, temblorosa de su hermano.

Y sosiego el cendal cual cisne blando
fue del cuerpo entre plumas esparcido,
y de la espuma el vuelo levantando,
pulsada despedido
aquel arcángel hecho de sonido.

MAS las prendas, la fuente, bilocadas,
no acabar incitó de verse ajena,
cuando el rostro describe mal logradas:
Paloma fue la arena,
y voz la mano, entonces, de la pena.


EL ÁRBOL DE LA CIENCIA


«O seda fuese, o grana vespertina,
infancia, cuando espuma, cuando arena
de luz no dilucidas si ilumina,
desde la luz la pena,
pena que el alma desde el malva llena».


HEREDAD


«CAVERNAS onerosas los senderos,
la noticia inefable referida
y la paz, sensación de los regueros,
una vive, otra anida»
–hablaba de entre pájaros la vida–

Y propia, al movimiento, no desvela
la perla presurosa la sibila:
Manifiesta, la música revela,
la lágrima destila
del arroyo o mejilla en la pupila.

MAS el espejo de los labios bebe,
y larva su reflejo coronaba
que parece el jazmín entre la nieve,
la grama resbalaba
y el agua del silencio transformaba.

COMO rocío cristalino estaba
que, fuera ha ido de su envés pendiendo
y el color, la corola deshojaba
los ramos ya volviendo,
de su rostro silentes despidiendo.



Francisco Acuyo, de La transfiguración de La lira (1984)


Poema semanal 6, Suite, Francisco Acuyo, Ancile.


Enlace a la Web Ancile

viernes, 14 de febrero de 2014

JUAN JOSÉ MARTÍN RAMOS EN LA NOCHE EN BLANCO DE GRANADA

Del blog de La noche en blanco de Granada, en su sección de poesía, recogemos los versos del poeta Juan José Martín Ramos.
Enlace al blog de La noche en blanco de Granada




Traemos los versos del poeta madrileño Juan José Martín Ramos a nuestra sección de poesía, en el blog de La noche en blanco de Granada.



LA POESÍA DE JUAN JOSÉ MARTÍN RAMOS 
EN LA NOCHE EN BLANCO DE GRANADA





JUAN JOSÉ MARTÍN RAMOS (Madrid, 1961)

Licenciado en Filología Hispánica. Ha dirigido VERSIÓN CELESTE. REVISTA DE LIBRE CREACIÓN. Autor del almanaque literario EL LIBRO DE LO VENIDERO (1996), las novelas cortas LA CURIOSIDAD DEL ESPÍA (ganadora de la IV Edición del Premio Sur de Novela Corta, 2006) y LA NOCHE CALMA MI ANSIEDAD (2007) y el libro de poemas NEGAR LA LUZ. En la actualidad dirige la colección de poesía desde 2009 EL LEVITADOR y de prosa LA ESPADA EN EL ÁGATA desde 2013.





I

SIJÉ (EUGENI D’ORS)



En la juventud de Enric





Cierro los ojos para que todo sea real,
para que sea real aquella luz, y un amor,
y real esa brisa cálida,
y reales la chicharra y el mar, y el mar.

Cierro los ojos y se hace el sol al son
de una invocación bruja,
y se hacen reales y doradas
mi adolescencia y mi juventud, y un verano.

Cierro entonces más los ojos
para que en su negrura absoluta y alevosa
sea también claro aquello que no fue, y luminoso.

Es al cerrar los ojos
cuando mis dedos tocan y mis labios saborean
la piel salobre que nunca existió, y un verano.

Es a esta negrura de mis ojos cerrados que los convoco
—mi adolescencia, mi juventud, un verano, aquella piel—,
a la sal de mi sed, en esta noche, en esta edad oscura,
para que, al cerrar los ojos, sean mi sol, mi luz, mi faro.



II.




Para ti sólo el vapor confunde e intercambia
la clara visión del jardín nevado afuera,
con la oscuridad aterciopelada y cálida
en el salón antiguo de la casa paterna.
La ventana, lúcida como tu ojo,
dota de sentido las dos escenas.
Un arma de fuego en la mano
sostiene intensa tu mirada
y devuelve atenta la vista sobre el paisaje de fondo.
Insalvables parecen entonces todas las distancias.

No es el silencio, sin embargo,
ni la apagada luz de la estancia, el fin de tu regreso.
Pues te asiste también el párpado sutil
de un observador inmóvil tras la cortina de cristal,
que sabe hacer
merecido tributo a tu presencia
para que tu gesto sea al fin nuestro teatro.




III




Se hace de lunas el tiempo
que la mano atrapa como una corriente
de agua, sonora y sutil,
algo estéril,
pues al fin en el aire retiene
livianos pétalos de encarnada humedad
que reseca y amarillea
como bosque que pierde su flor, su aroma.
Es cosa del tiempo, no otra cosa.
Esos pétalos de agua, apenas los roza el aire,
cierran los ojos y hunden
en oscuro olvido, en noche solitaria,
el rastro que dejaron las lunas de entonces.
Pasa una nube como cuchilla en el ojo,
y el néctar que mana de la herida
no es ya más dulce que la sombra amarga que recrea.
Son fogatas en la playa, como el fervor
de la celebración adolescente. Y es
el pálido amanecer de una mañana de otoño
el que despliega al aire unas cenizas
que son como las lunas y el fuego apagados:
no son nada, no son nada.





Juan José Martín Ramos