domingo, 13 de abril de 2014

EL DIAL DORADO: FRECUENCIAS EJEMPLARES, PRIMERA EMISIÓN DEL PROGRAMA DE LAS LETRAS, LAS ARTES Y LAS CIENCIAS DE LA RADIO

Traemos la entrada del primer programa emitido de El dial dorado: frecuencias ejemplares, que fue radiado en directo el día once de abril del presente año. Emisión dedicada en un programa especial a Miguel de Cervantes bajo el título: Cervantes: un viaje al Parnaso, aprovechando la coyuntura del evento que se celebra en Armilla los día 21 y 22, dedicados al ilustre autor del inmortal D. Quijote de la Mancha.

Enlace al blog de El dial dorado


El dial dorado, frecuencias ejemplares, Ancile


Tenemos el gusto de presentar en la entrada que ahora están contemplando, el primer programa de El Dial dorado: frecuencias ejemplares, que con tanta ilusión estábamos esperando por llevar a cabo. Los programas de El Dial dorado son en directo, y así lo hemos grabado, con toda la frescura que conlleva este tipo de emisiones. Esta primera emisión se ha caracterizado por estar dedicada totalmente a la figura y obra de Miguel de Cervantes, coincidiendo con los fastos que se celebrarán el 21 y 22 de abril bajo el nombre de Un Quijote solidario en el municipio de Armilla. Podrán escuchar algunas reflexiones sobre algún aspecto de la obra de Cervantes, una semblanza muy depurada y amena del autor, lectura de textos del creador del Quijote, tanto en verso como en prosa, y una tertulia sobre el evento anunciado, además de una charla con la concejala de Cultura del Ayuntamiento, Mar Callejas, que ha hecho posible la realización de dicho programa, me refiero al Ayuntamiento de la ciudad de Armilla.

En este primer El dial dorado para todos aquellos interesados en el mundo de  las Letras, las Artes y las Ciencias, en frecuencia modulada 100.3 de radio Armilla, estuvieron Mara Romero Torres, Magda Robles, Viviana Pajón, en los controles nuestro muy estimado técnico Eduardo González y Francisco Acuyo.
Esperamos que lo disfruten tal y cómo lo hicimos los que estuvimos implicados desde el inico en este proyecto, ya realidad costatable tras la emisión del primer programa. 


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El dial dorado, frecuencias ejemplares, Ancile



jueves, 10 de abril de 2014

MÍMESIS Y POESÍA: DE PLATÓN A ARISTÓTELES I

Traemos para la sección de pensamiento una serie de trabajos que bajo el título de Mímesis y poesía: de Platón a Aristóteles, sirvieron a quien suscribe estas líneas liminares una serie de apuntes que sirvieron para conferencias varias y publicación en alguna revista, y que acabaron copiladas bajo el título general de Arqueología de un instante. Esta es la primera entrega para el blog Ancile de todo ello.


Mímesis, memoria, logos y poesía, 1, Francisco Acuyo, Ancile




MÍMESIS Y POESÍA
(DE PLATÓN A ARISTÓTELES) I



                            





 Quabrem et res magis philosophica
                             et melior poesis est quam historia1

                                             Aristóteles: De poetica
                                             (L.25.1461b-11-13)




«SI EN VERDAD SE DISCIERNE modo alguno de instigar la conciencia de los hombres a la luz de doctrina memorable, sin duda que escogiese la vertida en estas páginas solemnes cual modelo inigualable. Para los que ajenos duermen de su ciencia docta, recomendase siempre la potencia de su sabiduría, pues, lo que vivo y certero en cada uno de sus párrafos se respira, aún advierte plenitud (a pesar del mucho tiempo transcurrido) y el mundo de excelencias y bondades que encierra en su infinito orbe el ámbito no cifrado de la inmarcesible poesía».2

Mímesis, memoria, logos y poesía, 1, Francisco Acuyo, Ancile      Así expresaba su asombro y devoción un espíritu inquieto, cuya vida trasegada todavía ciñe la aureola bulliciosa de la curiosidad nunca del todo bien alimentada. También les digo que, a pesar de la vehemencia que tantas veces enardece y arrebata en juventud nuestras conciencias, manifestaba rara inclinación a pesar de ella nuestro autor (contaba apenas dieciséis años cuando narraba que leyó con grandes muestras de afección y curiosidad la Poética) y no menos insólita paciencia para tan tierna edad: aun con todas las limitaciones deducibles del apremiante y presto desarrollo de cada una de sus vehementes apreciaciones. El buen talante que demostraba para divagar, sin embargo, era evidente muestra de su propensión no tanto al rigor de la reflexión profunda, como a aquel ejercicio regalado siempre de ensoñaciones fascinantes con las que dar algún crédito de inspiración a su alma de poeta. No obstante, me parece muy sensato denotar que su excéntrica prudencia expresa sobre aquellos textos, sobre los que con algún donaire arropa sus juicios, eran, sobre todo, muestra de amor verdadero hacia la poesía 3.

      De cualquier modo no dejaba de manifestar su curioso estupor hacia la poética, mas  anejo a la extrañeza de que aquella prodigaba además una visión singular de las artes, de la vida, del mundo, de la literatura y, acaso por omisión, 4 de la poesía misma.

      Aún recuerdo que, aventurero y neófito arqueólogo de su rara ciencia 5 (creía ver un saber iniciático en ella) ya hostigaba anaqueles, ya removía documentos, ya revolvía en archivos y registros jovial, anhelante siempre por beber de aquel manantial de ciencia poética inagotable. Si el primer contacto fue, además, expoleado por esa sugestiva y excelente presencia de los habitantes, siempre solemnes, en su inenarrable y vívido silencio de la colosal y excelsa biblioteca de aquella mi recién estrenada e ingenua adolescencia, 6puedo decir, sin miedo a exagerar, que nací en esos días al mundo del misterio que conmueve tras los versos la verdadera poesía. Allí comenzaron modestamente las pesquisas que ahora muestro y que, con todas sus seguras carencias, toman ahora cuerpo y espíritu diverso, mas, con el mismo cándido entusiasmo de entonces se os ofrecen, todo entrega inocente y reflexionar ingenuo en el ámbito siempre indemne de la poesía.

      Todavía afecto por tan grata reminiscencia se observará el estilo desmañado en el discurso, contagiado aún de tan púber alborozo, pero no pretende remontar ahora el vuelo para ser aquilatado parlamento que, en realidad, quiere cortejar fielmente con sus juicios varios lo que los ecos fascinantes de la Poética de Aristóteles supuso para tan delicada conciencia, donde, no obstante, se expone una concepción (que todavía mantiene) independiente y autónoma, si es que en verdad puede ser posible en el ámbito de la poesía. No se perderán de vista planteamientos diversos al respecto, sino que, al contrario, se tendrán muy en cuenta los juicios (y prejuicios) de Platón, sobre todo los dependientes de los diálogos del Fedro,7 el Ión 8 y la República 9, mas no por observar en ellos modo alguno de litigio (que lo hay) con la idea aristotélica de mímesis, sino porque acaso veamos en las conformidades, así como en contrastadas divergencias, los elementos afines a nuestros propósitos teóricos. No obstante, debo reconocer la impronta en estas líneas
Mímesis, memoria, logos y poesía, 1, Francisco Acuyo, Ancile
apresuradas de la intensa pasión de aquellos años de júbilo iniciático en el mundo del fenómeno poético, entreviéndose los ecos arrobados del poeta que no sabe sino que, de su ciencia inopinada, surte la fuerza inteligible, sublime y a la vez enigmática que responde a una exigencia vital cual es la de ser en la poesía.

      Que armoniza la poética aristotélica con la metafísica y ética de su propia filosofía y sistemática de pensamiento, es algo que a todas luces nos resulta indiscutible por explícito y evidente, no obstante de rastrear aquellas fuentes que consideramos antecedentes claros a dicha poética: reconocibles desde las denominadas como obras esotéricas; 10 así se alude al Crylo, o, Sobre los poetas, 11 los cuales vierten en la poética los suficientes elementos tópicos confesados e identificables en la poética que vendrían a imprimir, posteriormente en el Arte retórica(12), carácter singular; mas al margen de otros conjeturados precedentes que mostraban afinidad con el concepto y tratamiento para la tragedia recogidos en los fragmentos de las Didascaliae.(13)

      Así pues, quisiéramos ofrecer, aunque bajo la no siempre imparcial óptica de aquel que vive en poesía, una semblanza de la mímesis poética, más centrada esta y asentada en las concepciones por otra parte indispensables de la misma, quiero decir de Platón y de Aristóteles. Mas todo esto con una dificultad añadida: no entrar en la compleja máquina disertativa (acaso necesaria) sobre la concepción y clasificación genérica y que, como decía, puede resultar de importancia vital para abarcar con alguna garantía de éxito un acercamiento medianamente aproximado a las pretensiones de nuestro modesto discurso. Así pues, desde nuestro inseguro (por limitado) alcance y perspectiva, centraremos nuestra atención sobre la poesía (lírica), mas observando nuestra vacilante conferencia tanto la naturaleza como el carácter de la imitación en los juicios que atañen de manera general a la Literatura, y que conciernen de forma singular a la poesía.

      Obsérvese que, en este punto, partimos de un distingo a nuestro entender, esencial: la distinción entre literatura y poesía, motivo este de no menores y difíciles controversias. Pero consideramos este arranque del todo fundamental, dejando para mejor momento todos los encuentros y desencuentros, concordancias y desavenencias al respecto para ocasión más propicia.


Francisco Acuyo



1 Por eso también la poesía es más filosófica que la historia.
2 Francisco Acuyo. texto inédito
3 Recuerdo que ignoraba totalmente que Aristóteles no había dedicado (o al menos no había noticia de haberse encontrado) ningún escrito sobre la lírica.
4 Hoy día sigue pareciéndome el hecho de su omisión (o pérdida) un acontecimiento (¿ extraño?) o cuando menos lamentable.
5 El texto que manejaba y ahora manejo es: Aristóteles: Ars Poética, Gredos, Edición de Valentín García Yebra, Madrid, 1974.
6 Me refiero a la biblioteca de Carlos Villarreal, la cual contaba, por aquel entonces, entre unos quince a veinte mil volúmenes aproximadamente, y en la cual tuve la fortuna de poder sumergirme gozosamente de forma habitual (aunque tantas veces desordenada) para regocijo de mi curiosidad científica y amor a la poesía .
7 Platón: Fedro, Gredos, Madrid, 2000.
8 Platón: Ión, Gredos, Madrid, 2000.
9 Platón: República. Gredos. Madrid 2000.
10 Valentín García Yebra. Prólogo a la Ars Poética de Aristóteles, ob.cit. nota 5
11 Samaranch, F.P.: Aristóteles: Poética, Aguilar, Madrid, 1979.
12 Aristóteles: Arte Retórica, Gredos, Madrid, 2000.
13 Aristóteles: Poética, Aguilar, Madrid, 1979.
14 Autores Varios: Enciclopedia de la Filosofía: Ediciones B. Barcelona 1992.
15  Ibidem.
16 Platón: El sofista, Obras Completa, Aguilar, Madrid, 1977.
17 Platón: Timeo, Obras Completas, Aguilar, Madrid, 1977.
18 Aristóteles: Metafísica, Gredos, Madrid, 2000.



Mímesis, memoria, logos y poesía, 1, Francisco Acuyo, Ancile

martes, 8 de abril de 2014

LA POS-MUJER FATAL: BANALIZACIÓN Y TRIVIALIZACIÓN DE UN MITO

Se cierra la serie de microensayos del blog Ancile que tienen su eje sobre el concepto y la mitología de la femme fatal, magistralmente trabajados por el profesor Tomás Moreno para nuestro soporte interactivo. El que cierra este ciclo aparece bajo el título de La pos-mujer fatal: banalización y trivialización de un mito, para todos los habituales (y nuevos que quieran incorporarse) a la lectura de nuestro (vuestro siempre) Blog Ancile.




La pos-mujer fatal: banalización y trivialización de un mito, Ancile, Tomás Moreno




LA POS-MUJER FATAL: BANALIZACIÓN Y TRIVIALIZACIÓN DE UN MITO



La pos-mujer fatal: banalización y trivialización de un mito, Ancile, Tomás Moreno

VIII. No cabe duda de que el mito de la mujer fatal ha periclitado, se ha convertido en un mito degradado, banalizado, trivializado, que es el destino final de los mitos obsoletos que ya no responden a las realidades sociológicas en las que vieron la luz. La mujer actual, la posmujer fatal de Lipovetsky, se ha emancipado absolutamente de los roles de sumisión y dependencia asignados a la mujer en el pasado, convirtiéndose progresivamente en sujeto, actor y autor de su propia vida y de su realización personal.   El fin del arquetipo de la belleza demoníaca expresa precisamente, para el pensador francés, el avance de una cultura en la que la diferencia hombre/mujer ya no remite a una disyunción ontológica, ni la mujer se considera la “mitad peligrosa” de esa dualidad. Una cultura, por el contrario, en la que el sentimiento de común pertenencia antropológica predomina sobre la obsesión de la alteridad sexual. “Más allá de la división sexual que reafirman con énfasis, las imágenes contemporáneas de la mujer traducen, no tanto la perpetuación de una cultura misógina, como el progreso del imaginario igualitario”[1].
            Ya no tenemos, efectivamente, imágenes de la mujer esfinge, asegura Lipovetsky, sino figuras radiantes de las estrellas de cine y top models; ya no se nos pone en guardia contra los peligros de la belleza, sino que se nos incita de manera sistemática a perfeccionarla:
La hermosura femenina ya no señala hacia el abismo, sino hacia el éxito y el bienestar, el equilibrio y el logro personal. Al presente, nuestro imaginario social se reconoce sin reservas en la célebre definición de Stendhal: la belleza, en la era posmoderna, no es sino una ‘promesa de felicidad’. El negro romanticismo de la belleza venenosa se ha visto sucedido por el happy end de la belleza pacífica, sin fisuras, unívoca[2].
            ¿Cuáles han sido las causas de este cambio? G. Lipovetsky considera que ello se ha debido, fundamentalmente al "proceso de secularización moderno", a la emancipación experimentada por las representaciones de la mujer con respecto a la tradición cristiana -que la asimilaba a la raíz del mal- y al viraje de la cultura desde el sexo- pecado hacia la del sexo-placer.
La pos-mujer fatal: banalización y trivialización de un mito, Ancile, Tomás Moreno            Aunque persistan las películas centradas en el clásico tema de la mujer fatal -no deja de ser un género cinematográfico, que no ha desaparecido- sus protagonistas femeninas ya no presentan la belleza infernal,  ni aparecen bajo el signo de la belleza destructora características del mito clásico[3]. En efecto, las mujeres fatales posteriores que nos ha ofrecido el cine a partir de la década de los setenta y, sobre todo, en los finales de los ochenta y en los noventa, nada aportan a la idiosincrasia del prototipo, resultan falsas, desmisterializadas, sin profundidad ni interioridad, carentes de los rasgos de encanto y fascinación que adornaban  a  las clásicas. Son caricaturas histriónicas del modelo original, simulacros carentes de autenticidad, casos patológicos, más propios de la psiquiatría o de la criminología que de la imaginación y de la creatividad míticas.
            Psicópatas, obsesas erotómanas, sádicas desequilibradas como las protagonistas de La mano que mece la cuna (1992, Curtis Hanson), de Misery (1990, Rob Reinert) o de Mujer, blanca, soltera, busca (1992, Paul Schroeder) son los personajes o protagonistas de estos nuevos thrillers psicológicos o de terror que constituyen todo un subgénero degradado que trata de reactualizar o renovar sin éxito el clásico género del cine negro de las femmes fatales[4].
            Se trata, ya de amantes psicóticas o de asesinas obsesivas, que no ejercen realmente sobre el hombre la atracción irresistible de sus antecesoras. Los roles tradicionales se han invertido, no es el hombre quien inicia la conquista, sino quien es patológicamente perseguido como presa. La conversión del mito de la vampiresa en una historia radicalmente psicópata se ofrece con mano maestra en El cuarto hombre (De Vierde Man, 1983), del director neerlandés Paul Verhoeven. La referencia bíblica al Maligno sexual ya
La pos-mujer fatal: banalización y trivialización de un mito, Ancile, Tomás Moreno
se manifiesta en los títulos de crédito, con una araña devoradora tejiendo su trama mortal sobre un crucifijo[5]. El film explica la historia de un escritor que se desplaza a una pequeña ciudad de provincias donde conoce a una hermosa y misteriosa mujer que le seduce por completo. A través de unas alucinaciones premonitorias, el escritor descubre que su anfitriona es una asesina que ha eliminado a sus anteriores maridos y prosigue su ciclo destructor.
            Le sigue, pocos años después, Atracción fatal (Fatal Attraction, de Adrian Lyne, 1987)[6]. La protagonista (encarnada en el film por Glen Close) seduce fatalmente a un padre de familia (Michael Douglas), que ve cómo su mundo familiar se desmorona cuando ella se cruza en su camino. “Ella viste siempre de blanco, tiene una melena dorada y un cuerpo que pierde a los hombres. Seduce a uno de ellos, lo convierte en su amante, lo hechiza para que mate a su marido colgándole el muerto mientras ella disfruta de su dinero en el Caribe”[7].
            Según Rosa María Rodríguez Magda, la protagonista representa una inversión de los roles tradicionales, mostrándonos a Michael Douglas en una situación habitualmente femenina, si bien es cierto que el film es ideológicamente ambiguo, pues a pesar de lo novedoso de esta situación, “no deja de estar anclado en la contraimagen de la mujer perversa según un imaginario androcéntrico habitual”[8]. Con Amistades peligrosas (de Stephen Frears, 1988), Glen Close, se convirtió en la actriz más malvada y perversa en la pantalla y en la más odiada fuera de ella. En su papel de la Marquesa de Merteuil crea a la mujer más sutilmente perversa, pérfida, intrigante y maquiavélica estratega.
            Paul Verhoeven reincidirá en el tema de la asesina devoradora en Instinto básico (Basic Instint, 1992), que significó la consagración de la actriz Sharon Stone. La protagonista, mujer inteligente y
La pos-mujer fatal: banalización y trivialización de un mito, Ancile, Tomás Moreno
fascinante, sospechosa de asesinato que consigue cargarle el muerto a otra y seducir al policía encargado de la investigación, sabe manejar las armas de la seducción y mostrar su fuerza y dominio sobre los hombres. De hecho, escribe Rodríguez Magda, es esa fuerza la que permite subvertir el estereotipo de la mostración y la obscenidad, siendo en todo momento el sujeto que domina:
En la famosa escena del interrogatorio, cuando ella mira desafiante a los hombres que la interpelan y descruza y vuelve a cruzar las piernas mostrando su sexo desnudo, en ningún momento abandona su posición de superioridad, es su aplomo transgresor el que los descoloca, en su desconcierto ellos son sólo marionetas con los que la protagonista juega, consiguiendo invertir el efecto de poder de la mirada. Aquí quien domina no es quien mira, sino la que se muestra y sabe a los otros atrapados en la atracción que, como objeto/sujeto, posee[9].
           
            El cine, fábrica de sueños y productor y divulgador de mitos ha sido el último soporte de este estereotipo mítico de la femme fatale, un sueño de belleza y perdición[10], que, a través de los mitos de Pandora el mal amable, de Lilith la rebelde y libertaria, de Eva la tentadora, de la doncella venenosa y serpentina, de la bruja diabolizada y hechicera y de tantas figuras y estereotipos creados por el misógino imaginario masculino, hemos tratado en este ensayo de escudriñar y explicitar[11]. En todos ellos se nos ha mostrado la misma evidencia: todas estas figuras y representaciones de la mujer -como una especie de mantis religiosa rendida por el placer sexual, que utiliza para destruir a sus amantes todo tipo de estratagemas y medios arteros- no son sino representaciones culturalmente construidas, artefactos creados por el hombre-Pigmalión[12] y por tanto determinadas por un código de expectativas esencialmente androcéntrico y patriarcal.
                La famosa afirmación de Josef von Sternberg, Marlene no es Marlene, Marlene soy yo[13] encerraría entonces, como epítome, lo que hemos querido mostrar en este ensayo: todos esos mitos, estereotipos, arquetipos o modelos, representaciones e imágenes peyorativas y denigratorias de la mujer, que han atravesado la historia humana desde su origen, no han sido  mas que un fatídico sueño masculino.


                                                                                                              Tomás Moreno




[1] Ibid., p. 163.
[2] Ibíd.
[3] Ibid.
[4] Un interesante análisis de películas representativas de este subgénero en: Eva Victoria Lema Trillo, "Los Modelos de Género Masculino y Femenino en el cine de Hollywood: 1990-2000", Tesis Doctoral presentada en la facultad de CC. de la Información, Universidad Complutense de Madrid, 2002. Sobre el tema  de la mujer fatal en el cine de ésta época son interesantes: Lynda Hart, Fatal Women, Princeton University Press, 1994; Marta Belluscio, Les Fatales ¡Bang, Bang! Una mirada de mujer al mundo femenino del género negro, Editorial la Máscara, Valencia, 1996.
[5] J. Batlló y X. Pérez, op. cit., pp. 87-88.
[6] Director británico afincado en Estados Unidos que dirigó también Una proposición indecente (Indecent proposal, 1993) y Lolita (1997). En esta famosa película, inspirada en la novela homónima de Vladimir Nabokov, se analiza otro estereotipo femenino de larga trayectoria en el cine y la literatura contemporánea y, en parte relacionado con el estereotipo que analizamos aquí: el de la nínfula tentadora,  (de nymphets en inglés): jovencita, preadolescente u adolescente (de entre nueve y catorce años) que establece relaciones sentimentales y sexuales con un hombre maduro, cuya pasión desenfrenada por la joven le causará su perdición. Cf. Roman Gubern, Máscaras de la ficción, op. cit., pp. 88-94). La mitología griega, afirma, Gubern, inventó su antecedente, las ninfas, divinidades femeninas, de condición núbil, que eran presas eróticas predilectas de los sátiros lascivos (Ibíd.., p. 89) 
[7] Rosa María Rodríguez Magda, El placer del simulacro. Mujer, razón y erotismo, Icaria, Barcelona, 2003, p. 139.
[8] Ibíd., p. 120.
[9] Ibíd.
[10] Sueño que funde e integra dos simbologías y constelaciones míticas: una diurna o solar (la belleza y atractivo sexual irradiantes de la mujer fatal)  y otra nocturna y lunar (la amenaza inherente a sus letales y diabólicos poderes). Cf. Gilbert Durand, Estructuras antropológicas de lo imaginario, op. cit.
[11] Este microensayo es el último epígrafe del capítulo IX del ensayo inédito del autor: De Pandora a la Femme Fatale. Mitos, figuras y estereotipos de estigmatización femenina.
[12] Según nos informa el poeta Ovidio (Metamorfosis X) el legendario rey de Creta talló en marfil la escultura de una mujer tan hermosa que quedó rendido ante ella. Tal fue la pasión que despertó en el propio autor su obra, que pidió a Afrodita le diera por esposa una mujer lo más parecida posible a la de la estatua. La diosa escuchó los ruegos del enamorado Pigmalión e hizo que la escultura se convirtiera en una mujer de verdad. Galatea fue el nombre elegido para ella. Sobre el Mito de Pigmalión, sus distintas variantes e influencias desde el Romanticismo en la literatura y las artes plásticas,  el cine y la ciencia ficción de nuestra tradición cultural, véanse: Ana Rueda, Pigmalión y Galatea: Refracciones Modernas de un mito, Fundamentos, Madrid, 1998; Victor Stoichita, Simulacros. El efecto Pigmalión: de Ovidio a Hitchcock, Siruela, Madrid, 2006 y Fernándo Broncano y David H. de la Fuente (eds.), De Galatea a Barbie. Autómatas, robots y otras figuras de la construcción femenina, Lengua de Trapo, Madrid, 2010.
[13] Que recuerda la que decía Flaubert de la protagonista de su más célebre novela: Madame Bovary, c’est moi.



La pos-mujer fatal: banalización y trivialización de un mito, Ancile, Tomás Moreno

domingo, 6 de abril de 2014

SATORI, POEMA SEMANAL EN EL BLOG ANCILE

Traemos en esta ocasión el poema Satori, del libro Cuadernos del Ángelus, 1992, para la sección Poema semanal, dedicado a la poeta alicantina Trina Mercader, a quien tuve la fortuna de conocer por su obra y excepcional persona, y a la que no olvido gracias a la relectura de sus versos.

Enlace a la Web Ancile.



Satori, Francisco Acuyo, Ancile



SATORI


Satori, Francisco Acuyo, Ancile


A Trina Mercader

In femina foco d’ amor dura
se l’ochio o’lttato non l’a accende

Francesco Petrarca.

1

EL sol resbala en las hojas
con su pátina de yelo,
y entre sombras parpadea
la fina luz del almendro.

Va la tarde ya amarilla
entre las flores moviendo
el oficio delectable
en la brisa del silencio.

Temblorosa, todavía
caricia sobre sus pliegos
la corola se dorara
abeja o flor en revuelo.

La sombra inclina rozando
desde el perfil el cabello
hasta cubrir de la frente
fugaz el viso sereno.

Inquieta insiste la fuente
quebrando apenas su espejo
tímidamente en la luz
sobre la imagen del lecho.

El mármol, rotos los bustos,
reluce en ruinas del templo.
La luna roba la plata
sobre el fulgor de los miembros.

Artesonados celestes
y alquitrabes hemisferios,
escaleras suspendidas
dejan de estrellas abiertos.

No palacio milenario,
si entre silvestre romero
han de la tierra los muros
sosteniendo el firmamento.


El aire se perpetúa
en ruinas cuyo silencio
de lacerados atlantes
tenaces basan el tiempo.

2

LA luna, temple en la nube
desliza nimio retablo
que en su pátina se tuvo
con pinceles cinerarios.

Aunque en resplandores de
prisa fugaces, si van o
vienen la chispa y la noche,
gala fundida en topacio

que hubiera al quieto equilibrio
del iris verde engarzado
el bagaje desprendido
sobre el cielo de otros astros.

Entre la quebrada cúpula
también fingían los labios
silbar un poco de luces
sobre los ojos ingrávidos.

Con transparencia ligero
crisol estaba en el ángulo,
sobre el trasluz del vitral
azul arcángel filtrando.

3

ENTRE el oficio de luces
tibios círculos deshace
desde los coros la brisa
en las ojivas y el ábside.

En las estrellas frugales
cada arista con la fuente
del templo mece en su imagen,
y un murmullo de esmeraldas

sutiles brota del margen
o del tigre titilando
que irisa juncos del aire.

4

YA desdobla de la luna
de nieve el ángel su cara,
y sombra surte del gesto
a la luz suave que el ala
.
La camisa su ballesta,
donde se tensa encarnada,
exprime en dardos gemelos
un pétalo y dos manzanas.

Y sobre la piel rozando
de las rosas pincelara
la voz de niña en apremio
ansioso el vals de la llama.

Si del vellón las corolas,
si de la mano esmaltara
desde el muslo la paloma
de amapola y porcelana.

El roble gime en la noche
por las heridas heladas
que al tronco extremo se templan
en el dolor de las ramas.






Francisco Acuyo, de Cuadernos del Ángelus, 1992





Satori, Francisco Acuyo, Ancile

sábado, 5 de abril de 2014

EL DIAL DORADO: FRECUENCIAS EJEMPLARES. PROGRAMA DE RADIO DE LAS LETRAS, LAS ARTES, LAS CIENCIAS

Hoy compartimos en el blog Ancile la entrada inaugural del blog El dial dorado: frecuencias ejemplares, uno de los medios de difusión del programa de radio que porta el mismo nombre, emitido desde Armilla, Granada, las tardes noche de los viernes desde las 19.30 a 21.00 horas, y cuya emisión se hará en directo desde Radio Armilla en frecuencia F. M. 100.3. No obstante, dicho programa se podrá acceder a través de la red una vez emitido el directo. Iniciativa de grande interés que esperamos que prospere según la ilusión que han puesto sus responsables.

Enlace al blog de El dial dorado.


El dial Dorado, frecuencias ejemplares, Ancile


EL DIAL DORADO: FRECUENCIAS EJEMPLARES. 
PROGRAMA DE RADIO DE LAS LETRAS,
 LAS ARTES, LAS CIENCIAS

El dial Dorado, frecuencias ejemplares, Ancile


Inauguramos con este post el blog El dial dorado: frecuencias ejemplares. Esta entrada no pretende sino ofrecer en forma de breve exposición de motivos, la razón y fundamento de su configuración y presencia en la red de redes. Este blog va a ser uno de los soportes de difusión de nuestro programa de radio que acompañará la tarde noche de los viernes en directo, desde las 19.30 horas hasta las 21.00, en la frecuencia 100.3 F. M. a quien le parezca oportuno unirse a nosotros durante el espacio de tiempo de duración del mismo.
Programa de las Letras, las Artes y las Ciencias ofrecido por gentileza de Radio Armilla, y patrocinado por el insigne y noble Ayuntamiento de la ciudad de mismo nombre.
Podrán disfrutar de las diferentes secciones de nuestro Dial Dorado en el horario anunciado, mas también tendrán ocasión de escuchar los contenidos del mismo a través de la red. En nuestras página en redes sociales y en este mismo soporte obtendrán los enlaces para su puntual y correcto acceso.
El dial Dorado, frecuencias ejemplares, AncileEs esta una iniciativa plural, abierta, ecléctica, cuya pretensión no es otra que la de dar cuenta tanto de la actualidad cultural, literaria, artística y científica en la actualidad, en la sección de noticias que se está elaborando para este fin; también la de recorrer las diferentes trayectorias vitales y creativas de escritores, poetas, artistas, pensadores de otros tiempos para mayor gloria y mejor información de sus figuras y respectivas obras. Tendremos entrevistas con personajes de la actualidad en los ámbitos expuestos que, ya consagrados, o ya en ciernes, quieran alumbrar al oyente con sus interesantes aportaciones de opinión, creación, aviso o testimonio para todos nuestros oyentes. Tendremos ocasión de escuchar las implicaciones de nuestra cultura, arte y ciencia en el ámbito de la infancia y sus importantes repercusiones, si es que los niños son en verdad el futuro nuestro. Escucharemos poemas, música, narración, teatro, reflexiones varias para admonición, reportaje e incluso propaganda de los valores más excelsos, granados e inolvidables de nuestras manifestaciones culturales, si expresión de lo más elevado del espíritu humano.
Con toda la humilde aportación de nuestros medios materiales y capacidades de intelecto se irá conformando este ilusionante proyecto, que pretende ser algún día referencia para almas inquietas, sensibilidades selectas y libres conciencias. En principio estarán implicadas en su realización Mara Romero
Torres, Magda Robles, Viviana Pajón y Francisco Acuyo. La cosa técnica estará bajo los auspicios del advertido y siempre cordialísimo Eduardo González.
Para contactar con nuestro (desde ahora mismo también vuestro) Dial Dorado apuntamos los siguientes enlaces y datos de correo: eldialdorado@gmail.com, radioarmilla@ayuntamientodearmilla.com, o en la dirección de este blog:  http://eldialdorado.blogspot.com.es/
Inauguramos con gran ilusión nuestro programa el próximo día 11 del corriente mes de abril, con un especial dedicado a la vida y obra de Miguel de Cervantes, aprovechando la realización del primer evento intitulado El Quijote Solidario, que se celebrará en Armilla durante los días 21 y 22 del mes de abril. Quedan desde aquí, ya de hecho, cordialmente invitados. En este acontecimiento se leerá El Quijote, se celebrarán conferencias, lecturas de poemas, representaciones teatrales... siempre de obras del inmortal Miguel de Cervantes.
Contamos con la atención, colaboración y audencia imprescindibles de todos vosotros para que este, todavía proyecto cargado de ilusión, pueda hacerse sólida, atractiva y próspera realidad.


La dirección de El dial dorado








El dial Dorado, frecuencias ejemplares, Ancile

viernes, 4 de abril de 2014

EL ECLIPSE FINAL DE UN MITO: DE LAS WAMPS A LAS PIN-UPS

En el ciclo altamente sugestivo dedicado a la feme fatal llevado a cabo por el filósofo y profesor Tomás Moreno, hoy El eclipse final de un mito: de las Wamps a las Pin-ups, en la sección de Microensayos del blog Ancile.




EL ECLIPSE FINAL DE UN MITO: 
DE LAS WAMPS A LAS PIN-UPS





EL ECLIPSE FINAL DE UN MITO: DE LAS WAMPS A LAS PIN-UPS  
VII. El mito de la mujer fatal, dio lugar de nuevo, en el cine de posguerra de los años cuarenta, a  tipos femeninos inolvidables, ya encarnados en “viudas negras”, ya en “mujeres araña”, que atrapan a los hombres en su tela, pacientemente tejida, y que se deshacen de ellos en el momento oportuno: la rubia platino de turno, la mala de la película, las innumerables vamps que inundan las pantallas. Como la Rita Hayworth de Gilda (1946), inolvidable mito erótico y sexi de los cuarenta, con el strip-tease más excitantemente púdico del cine al quitarse el largo guante negro que cubría su brazo, mientras se contoneaba cantando Put the blame on Mame[1]. Al final de la segunda guerra mundial, el cine y la novela “negros”, han ido desgranando una amplísima variedad de mujeres fatales, en cuyo carácter serial, como apunta J. Jiménez, hay que reconocer su adscripción representativa a una imagen unitaria.
            Sin embargo, poco a poco, con el estilo glamour que encarnan Rita Hayworth o Lauren Bacall, la belleza incendiaria característica de la femme fatale se va a ir desprendiendo de su dimensión satánica de antaño, la oposición tradicional de la ingenua y la “devoradora de hombres” va a dar lugar a un nuevo arquetipo de mujer que reconcilia apariencia erótica y generosidad de sentimientos, sex-appeal y alma pura. Es el anuncio del eclipse del estereotipo.
            Gilles Lipovetsky[2] -que ha analizado con gran penetración la figura de la mujer fatal- considera que es en el segundo tercio del siglo XX, a partir de los años cuarenta y cincuenta, cuando las imágenes de la mujer se independizaron del referente secular de la belleza demoníaca en provecho de un sexy moderno, lúdico y despreocupado, representado por jóvenes de finas piernas, de silueta estilizada y flexible, de aspecto ingenuo y provocativo. Comienza entonces la época que Lipovetsky ha denominado de la posmujer fatal. El cine marca el cambio y consagra el reinado de la pin-up[3]; en las pantallas aparece la figura nueva de la good-bad-girl, la mujer con aspecto de vampiresa pero de corazón tierno, seductora pero no perversa.
            El modernismo de las pin-ups[4] -fotos de muchachas desvestidas- tan admiradas por los solitarios soldados americanos, con las que adornaban  las paredes de sus barracones y tiendas de campaña- sólo pudo desplegarse, según Lipovetsky, al prorrogar al mismo tiempo los rasgos típicos de una feminidad marcada por la prioridad de las expectativas masculinas “clásicas”, con respecto al cuerpo femenino: pecho voluminoso, nalgas redondas, posturas incitadoras, hipererotización de la mirada y de la boca.
            La nueva simbología sexual tuvo, en efecto, en la fijación sexual del busto femenino, en los senos generosos y exuberantes -cuyo valor permanecía subestimado desde 1900- su rasgo más significativo. Los nuevos mitos icónico-sexuales femeninos del celuloide se encarnan en actrices italianas -Sofía Loren, Gina Lollobrígida, Silvana Mangano, Silvana Pampanini y Claudia Cardinale- cuyo erotismo campesino y neorrealista parece redescubrir esa hipertrofia mamaria[5], que había sido aceptada y publicitada ya desde la segunda guerra mundial, a través de las pin-ups. Estrellas de formas explosivas  cuyo sex-appeal ya no tiene misterio, entran en escena e inundan las pantallas cinematográficas[6].
            Por moderna que nos parezca, la pin-up, sigue siendo en este plano, nos advierte Lipovetsky, una “mujer menor”, un “objeto sexual” construido ostensiblemente en función de los deseos y las fantasías masculinas. De aquí que la pin-up surja como una formación de compromiso entre dos lógicas. Por un lado, una lógica moderna, que se concreta en la estética del cuerpo esbelto, las largas piernas, el keep smiling, un sex-appeal desdramatizado y lúdico. Por otro, una lógica de esencia tradicional, que recompone una “mujer objeto” definida mediante cebos eróticos excesivos (pecho, nalgas y poses provocativas), una feminidad que evoca más el “reposo del guerrero” que la afirmación de una identidad femenina autónoma. La conjugación de ambas lógicas “heterogéneas” constituye la originalidad de la pin-up[7].
            Este nuevo standard estético femenino va a tener en Marilyn, ya en los años cincuenta, su máximo exponente. Con ella, la fisonomía de la wamp clásica se metamorfosea esencialmente, pues como vio con agudeza André Bazin “después de la guerra el erotismo cinematográfico se desplazó del muslo al seno. Marilyn Monroe lo ha hecho descender entre los dos”. Conserva rasgos inequívocos de la femme fatale tradicional -“Marilyn por su origen era Lulú”[8], decía Mailer- pero incorpora características de vulnerabilidad, desvalimiento infantil, ingenuidad inocente y espontaneidad animal que la redimen de la malignidad satánica y de la perversidad destructora del original. Con toda razón, Román Gubern ha podido escribir que “su naturalidad la aleja de las wamps tradicionales, hay en sus películas una permanente ironía y autocrítica hacia aquel espécimen humano del que Marilyn fue su culminación y su sepulturera”[9].
            En los primeros tiempos del cine, concluye Lipovetsky, la sensualidad se había encarnado en el estereotipo de la vampiresa, cuyas figuras emblemáticas –recordamos de nuevo- fueron Theda Bara, Pola Negri y Marlene Dietrich. Con sus ojos insondables cargados de rímmel, sus atuendos sofisticados, sus largas boquillas, la vampiresa evocaba una feminidad inaccesible y destructora, esta mujer, en opinión de Lipovetsky, no tenía:
Nada que ver con la estética desdramatizada de la pin-up que Marilyn Monroe elevó a la categoría de mito. Desaparece la equívoca lascivia de la vampiresa; la fragilidad radiante sustituye al satanismo de Eros, la belleza sensual se reconcilia con la ingenuidad, con la abierta y franca alegría de vivir. En una síntesis inédita de sensualidad e inocencia, de sex-appeal y vulnerabilidad, de encanto y ternura, de erotismo y jovialidad, la sex goddess holliwoodiense creó el más resplandeciente arquetipo de la posmujer fatal[10].

                                                                                               Tomás Moreno




[1] Rosa María Santidrián Padilla, Mujeres malas y perversas, Edimat, Madrid, 2007. Esta autora las ha visto representadas por figuras cinematográficas como la Escarlata O’Hara (Vivean Leight) de Lo que el viento se llevó de Margaret Mitchell, la Bette Davis de Jezabel  de William Wyler, la Linda Darnell de Ambiciosa o  la camarera de ¿Angel o diablo? También se encarnó en la Verónica Lake de Me casé con una bruja  en la vampiresa fría del cine negro Lauren Bacall, en la neumática y explosiva Mae West, vampiresa despampanante y con humor,  en la también rubia platino y sensual Jean Harlow, en la gélida belleza rubia de Marlene Dietrich, en la fascinante Ava Gadner de Forajidos, Simone Simon de La mujer pantera, la Joan Crawford con su interpretación de Cristal en Mujeres, la Barbara Stanwyck de La Gata Negra o Perdición.
[2] Seguimos aquí en líneas generales el análisis que realiza Gilles Lipovetsky en el capítulo 4, "El Eclipse de la mujer fatal", de su libro La tercera mujer, op. cit., pp. 157-172; véase asimismo Edgard Morin, Les Stars, París, Seuil, colección Points, 1972, pp. 27-28.
[3] Según Lipovetsky, nada ilustra mejor el fin del imaginario de la belleza maldita como la estética sexy de las pin-ups, creada por dibujantes y fotógrafos de los años cuarenta y cincuenta que imponen un nuevo estilo de belleza,  cuyas imágenes incitadoras pero no perversas, provocativas mas no devoradoras  invaden poco a poco los soportes más diversos, desde calendarios hasta máquinas del millón, de los carteles publicitarios a las tarjetas postales. Sus imágenes expresaron el advenimiento de un eros femenino desprovisto de todo misterio, de toda idea de falta; eran como“Venus con tejanos”, bellezas adolescentes más lúdicas que tenebrosas, más pop que románticas, más dinámicas que enigmáticas. Ya no tienen nada de diabólicas, se parecen más a una muñeca sexual picarona que a una mantis religiosa. “La pin-up es el erotismo femenino del que se ha sustraído el satanismo de la carne, y con la gozosa vitalidad como añadidura. Ya no responden ni al modelo de virgen ni al de la puta, se ofrecen como baby-dolls encantadoras, desvergonzadas “simpáticas”, destinadas más a los amoríos sin consecuencias que a las pasiones devastadoras” (La tercera mujer, op. cit., p. 161).
[4] Ibid.
[5] Román Gubern, considera que “los argumentos psicoanalíticos que se han esgrimido para explicar la revalorización del busto femenino en estas circunstancias históricas son bastante curiosos. Se ha hablado, en el caso de Italia, de la dura carestía de alimentos en la postguerra y de las dificultades nutritivas como motor de este redescubrimiento mamario. También se ha querido ver, en el caso de los soldados en campaña, una búsqueda de la imagen protectora de la madre, eróticamente sublimada. En ambos casos, la explicación de fondo resulta bastante coincidente, pues el busto femenino sería imagen de la protección y de la nutrición materna, en un neto fenómeno de regresión a la infancia”. (Un Olimpo de imágenes, op. cit., p. 40).
[6] Además de las ya citadas italianas, hay que citar a Betty Grable, Marilyn Monroe y Jayne Mansfield en Estados Unidos, y en Europa, Anita Ekbert, y, sobre todo, Brigitte Bardot o el “animal sexual”, creada por su Pigmalión, Roger Vadim (Y Dios creó  la mujer, 1956).
[7] Gilles Lipovetsky, op. cit., p. 162.
[8] Norman Mailer, Marilyn, Nueva York, 1973; citada por Hans Mayer, en su Historia maldita de la literatura, op. cit., p. 137.
[9] Un Olimpo de imágenes…, op. cit., p. 40.
[10] Gilles Lipovetsky, op. cit., p. 161.