lunes, 11 de junio de 2018

EL MUNDO ERA UN AVIÓN


Traemos esta curiosa y preciosa invención relatada de nuestro colaborador, querido amigo y narrador de excelencia, Pastor Aguiar, por cuyo relato muestro mi más sincero agradecimiento. Lleva por título, El mundo era un avión, y lo exponemos para la sección de Narrativa del blog Ancile.



 El mundo era un avión, Pastor Aguiar




EL MUNDO ERA UN AVIÓN





 El mundo era un avión, Pastor Aguiar


El avión se fue posando en medio del batey. Nosotros habíamos visto aviones subrayando el cielo en todas direcciones, y pensábamos que eran del tamaño de un automóvil, cuando más; ni teníamos idea de cómo aterrizaban. Nadie en la sitiería estuvo en un aeropuerto. Tampoco había cine para enterarse de tales cosas.
Así que cuando vimos la nave descender verticalmente sobre el terreno de pelota, no hubo dudas de que era su manera habitual de posarse.
De más está decir que el estruendo espantó a los animales del cielo y de la tierra, pero al rato el silencio parecía plomo.
El moro y yo fuimos de los primeros en acercarnos. El armatoste parecía un gigantesco melón, de casi una cuadra de largo, en reposo sobre no sé cuántas ruedas de goma y repleto de ventanas iluminadas por sus costados.
Detrás de nosotros fueron llegando los demás, algunos a caballo, como Buro, quien nunca descabalgaba a causa de su invalidez.
Precisamente Buro, con su voz de silbido de locomotora, se impuso al abejeo de los comentarios todavía tímidos.
_ ¡Prepárense, que lo leí en la Biblia, vienen a recoger a los elegidos! ¡Llegó el final de los tiempos!
_ ¿Y cómo sabremos a quién le toca? _ Me atreví a preguntar.
_ Dios sabe, ya es tarde para cambiar lo que has hecho, pícaro. Bien sé las maldades que has ido acumulando.
El moro se había escondido detrás de mí temblando. Yo no supe qué rumbo tomar, porque si al asunto era como declaraba Buro, de nada valía que saliera a todo lo que me daban los pies.
Pero al momento otra voz se impuso. Era Candito, el jefe de vigilancia del comité de defensa de la revolución.
_ ¡Párense ahí mismo! Ni un paso más, que se trata de la invasión imperialista. Por suerte estoy al día con la radio. El enemigo nos ataca.
 El mundo era un avión, Pastor AguiarYo pensé que un ataque implicaba la presencia de soldados, armas y muerte. Nada de ello ocurría en este caso. Era un avión todavía en reposo.
_ Ya viene este miliciano con sus pesadillas. Son los mismos que están quitándole la tierra a medio mundo y quieren mantenernos asustados_ Le dije a mi amigo.
Pero Candito se molestó con la poca atención recibida. La gente no se sentía amenazada por el avión y se iba acercando a él a la redonda, hasta tocar sus ruedas y dar saltos tratando de rozarle la panza plateada.
Y fue cuando Candito, a los pocos minutos, regresó desde su rancho con el revólver que el gobierno le había asignado para defender la patria revolucionaria.
_ ¡A ver, sea quienes sean, salgan con las manos en alto! ¡Al que haga un movimiento sospechoso lo dejo frito!
Como no hubo respuesta, a los diez minutos el hombre disparó un tiro al aire.
_ ¡El siguiente es a matar!
_ Este cabrón está loco, quién lo va a oír allá dentro. Quizás ni siquiera hablen nuestra lengua_ Comentó Ceferino, uno de jornaleros del batey.
A todas estas la nave comenzó a estremecerse y a esconder sus ruedas, de forma que la barriga descendía sobre el pasto, quedando al alcance de cualquiera. Las ventanas fueron mucho más visibles y pudimos ver rostros asomándose, no solo de personas, pues juro que vi una cabeza de buey con cuernos enormes.
Sin tiempo para sacar conclusiones, por el costado frente a nosotros se abrió una puerta y desde ella se precipitó la escalerilla metálica. Un tumulto de pájaros escapó, de toda especie y en todas direcciones, como si hubieran olvidado el afuera.
Candito les apuntó a las aves, algunas como gansos, pero con aquella arma corta no fue capaz de herir a ninguna, a pesar de gastar todas sus balas.
_ ¡Vayan a buscar machetes, lo que sirva para matar canallas! _ Agregó el miliciano agarrando el revólver por el cañón a manera de martillo.
_ Déjalo que siga comiendo mierda. Nadie lo oye_ Dijo el moro a mi lado.
_ ¡Ya sé de lo que se trata! _Volvió a pitar la voz de Buro _ ¡Leí lo del Arca de Noé, los que se salvaron del diluvio! ¡Acaban de aterrizar en la finca! ¿No ven los animales? ¡En cualquier momento se aparecen los ocho seres humanos!
_ Otro loco, pero este me da risa. Lo del arca ya pasó cuando las ranas tenían pelos_ Dije al moro.
Como nadie salía después de los pájaros, la curiosidad pudo más que yo.
_ Moro, voy a asomarme a ver qué hay allá dentro.
_ Si tú te atreves, no me quedaré atrás, ¡dale!
Comencé a subir los escalones con mi compañero, hasta abocar el espacio iluminado de las tripas del avión.
 El mundo era un avión, Pastor Aguiar
Nos quedamos por unos minutos en el rectángulo de la puerta, como entre dos mundos, porque yo tuve la sensación de que al dar el siguiente paso iba a verificar la existencia de otros pueblos, de que la finca no estaba sola en el universo. Cuando volví el rostro hacia el moro, tan pegado a mí que parecíamos uno, noté que él temblaba de asombro. Hasta el aire había cambiado allí mismo. Era un aire delgado y fresco que se respiraba hasta por los poros.
_ Sígueme, ya no hay marcha atrás, moro.
Avanzamos un poco, apenas dos o tres metros. Ahora abocábamos un pasillo cerrado por la derecha por una puerta brillante y extendiéndose por la izquierda entre edificios.
_ Mira, una ciudad, quién lo iba a imaginar. Se parece a algún barrio de La Habana, pero bien cuidado, con anuncios lumínicos y gente elegante_ Susurré al moro.
_ ¡Bienvenidos a Ancile! _ Exclamó un señor de cuidadas maneras, con la edad que hubiera tenido mi padre.
_ ¿Y usted quién es? Nunca escuché su nombre_ Se adelantó mi compañero.
_ Ancile es mi blog literario. Yo soy Francisco Acuyo, su creador. Están en su casa. Alrededor de esta página podrán incursionar por Granada, por toda España, y si continúan, el resto del mundo, las montañas y los mares. Escucharán cada idioma y sabrán lo que dicen perceptivamente.
Nos quedamos en silencio. Aquello era demasiado para nosotros.
_ ¿Qué será lo de “perceptivamente”? _ Me preguntó el moro.
_ No sé; pero se me ocurre, por lo demás que dijo, que entenderemos los idiomas sin traducir las palabras.
_ Bueno, ya se verá.
Acuyo nos habló de su trabajo en el blog, antes de lo cual tuvo que explicarnos lo que significaban las computadoras, las páginas virtuales y la virtualidad como tal. El tiempo se había escondido de nosotros.
_ Miren la fachada de ese salón. ¿No ven su título… Ancile? Al pasar a su interior podrán leer todo lo que he ido publicando de muchos autores y de mi creación. Hay algunas cosas tuyas_ Me confesó nuestro anfitrión.
_ No es posible. Apenas he escrito algunos cuentos y poemas que ni mi madre conoce_ Contesté.
_ Estamos en el futuro, muchachos. Acá el reloj juega a los dados.
Sin más demoras pasamos al salón y quedamos lelos ante los contenidos que flotaban en páginas de luz con caracteres negros, e ilustraciones magníficas.
_ ¿Estaremos soñando? _ Agregó el moro pellizcándome.
_ Supongo que sí, pero es tan hermoso. Hasta hoy había pensado que los países eran invento de escritores sin otra cosa que hacer_ Respondí.
Estuvimos allí hasta que Acuyo nos haló de regreso al pasillo, pues dijo que se iba a escudriñar el espacio estelar a través de su telescopio.
_ Si vuelven por acá les enseñaré las estrellas. Recuérdenmelo.
Dimos las gracias y continuamos rumbo a los vericuetos del avión, porque en lo delante de seguro nos esperaban la muralla china, las pirámides de Egipto, Jerusalén con sus lugares sagrados, y quién sabe si Abraham todavía.




Pastor Aguiar
Sep. 27-2016






 El mundo era un avión, Pastor Aguiar






viernes, 8 de junio de 2018

SIGMUND FREUD Y LA GÉNESIS DE LOS VALORES MORALES: EL DÉBIL SUPER-YO FEMENINO


Bajo el título: Sigmund Freud y la génesis de los valores morales: el débil super-yo femenino, del profesor Tomás Moreno, para la sección, Microensayos, del blog Ancile.


Sigmund Freud y la génesis de los valores morales: el débil super-yo femenino, Tomás Moreno




SIGMUND FREUD Y LA GÉNESIS 

DE LOS VALORES MORALES:

 EL DÉBIL SUPER-YO FEMENINO



Sigmund Freud y la génesis de los valores morales: el débil super-yo femenino, Tomás Moreno



Tampoco Sigmund Freud es especialmente benévolo con las mujeres a la hora de evaluar sus cualidades éticas o sus comportamientos morales. A la hora de afrontar su concepción de la mujer y de la feminidad, desde el punto de vista de su psicología profunda, reconoce expresamente que si se quiere “conocer más acerca de la feminidad […] vuélvanse a los profetas o esperen hasta que la ciencia pueda darles una información más profunda y más coherente”[1] y que “de la vida sexual de la niña sabemos menos que la del niño. Pero no tenemos que avergonzarnos de esa diferencia pues también la vida sexual de la mujer adulta continúa siendo un continente oscuro para la psicología”[2]. Expresiones o calificaciones que –como señala Concepción Fernández Villanueva- connotan
Sigmund Freud y la génesis de los valores morales: el débil super-yo femenino, Tomás Moreno
valoraciones peyorativas o negativas sobre la intimidad más profunda del alma femenina, que asocian la mujer o bien a la oscuridad, en la que la ciencia no puede esclarecer nada, o bien al profetismo religioso o a la simple irracionalidad (característica esencial que Freud atribuía a los fenómenos religiosos)[3].
            Pese a todas esas dificultades de comprensión que para el análisis científico de su psique más profunda presenta la mujer, Freud encuentra un camino para acceder al enigma de la feminidad; y ese camino va a ser el que transitemos una vez asumida  la existencia del complejo edípico. Freud valora especialmente la importancia de la resolución del complejo de Edipo, tanto en el varón como en la mujer, para la génesis y formación de los valores éticos, resolución que comportará para la mujer un grado diferente -y acaso algo inferior- en la  asunción y aplicación de sus responsabilidades ético-morales al poseer un super-yo más débil que el del varón. Veamos la argumentación freudiana al respecto: el complejo de Edipo del niño (futuro varón) -en el que desea a su madre y quisiera apartar al padre, viendo en él un rival- se desarrolla naturalmente a partir de la fase de la sexualidad fálica. Bajo la impresión del peligro de perder el pene, el complejo de Edipo es abandonado, reprimido y, en el caso más normal, fundamentalmente destruido, siendo instaurado como heredero del mismo, un riguroso super-yo.
            Para Freud el super-yo se constituye, efectivamente, mediante la internacionalización de los valores morales cuando el individuo supera los deseos incestuosos hacia la madre. En la niña sucede casi lo contrario. El complejo de castración prepara el complejo edípico en lugar de destruirlo. La influencia de la envidia del pene aparta a la niña de la vinculación con la madre y la hace entrar en la situación del complejo de Edipo como en un puerto de salvación, como afirmará Freud. El heredero del complejo de Edipo es, para el varón, el super-yo, consistente, en lo fundamental, en una serie de reglas morales y sociales y en el llamado ideal del yo. Éste no es más que una imagen de lo que el yo aspira a ser determinado por los mandatos del poder paterno. En última instancia el lugar del falo: la posesión del pene y la prerrogativa paterna de ejecutar la castración.
Sigmund Freud y la génesis de los valores morales: el débil super-yo femenino, Tomás Moreno            Pero ¿qué ocurre, en cambio con la niña (la futura mujer)? Según Freud, al partir la niña de la constatación de no tener un pene, y, en consecuencia, al carecer del miedo a la castración existente en el niño,  en ella no hay una resolución definitiva del complejo Edípico, (etapa en la que anhela y desea un hijo del padre) al no sentirse impelida o motivada para superar dicho complejo. La niña permanece en él indefinidamente, y sólo tardía e incompletamente lo supera (por la maternidad: el tener un hijo es equivalente, según Freud, a recuperar el pene en la ecuación simbólica). En esta circunstancia la formación del super-yo tiene forzosamente que padecer: no puede alcanzar la robustez y la independencia que le confiere su valor cultural[4].
            Las consecuencias que Freud infiere de todo ello le llevan a sostener, con ciertas precauciones o vacilaciones, que la sexualidad femenina es pasiva y su inconsciente “maternal”, vinculado como parte a una totalidad (integrada por la prole o el conjunto familiar) y que, precisamente por carecer de un super-yo tan despótico o tiránico como el del varón, el nivel de lo ético  es muy distinto en la mujer y en el hombre:

“El super-yo nunca llega a ser en ella tan inexorable, tan impersonal, tan independiente de sus orígenes afectivos como exigimos que lo sea en el hombre. Ciertos rasgos caracteriológicos que los críticos de todos de todos los tiempos han echado en cara a la mujer –que tiene menor sentido de la justicia que el hombre, que es más reacia a someterse a las grandes necesidades de la vida, que es más propensa a dejarse guiar en sus juicios por los sentimientos de afecto y hostilidad-, todos ellos podrían ser fácilmente explicados por la distinta formación del super-yo […]”[5]. (Cont.)


TOMÁS MORENO





[1] Sigmund Freud, Introducción al Psicoanálisis, Alianza Editorial, Madrid, 1971, p. 135.
[2] Sigmund Freud, La cuestión del análisis profano. Esquema del Psicoanálisis y otros escritos, Alianza editorial, Madrid, 1974, p. 274.
[3] Concepción Fernández Villanueva, “La Mujer y la Psicología”, en M. Ángeles Durán (edit.), Liberación y utopía, Akal Universitaria, Madrid, 1982, p. 82 y ss.
[4] S. Freud, “La Feminidad”, en Obras completas, vol. II, trad. de Luis López Ballesteros y de Torres, Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, pp. 839- 848, passim. Este planteamiento y resolución del complejo edípico en la mujer, según la cual la niña se percibe a sí misma como “vacía” y “carente de algo”, como castrada o condicionada por la envidia del pene justificaría, para  el psicoanálisis, su sentimiento de inferioridad y su mayor tendencia al masoquismo. Como nos recordara Celia Amorós (Feminismo y Filosofía, Síntesis, Madrid, 2000, p. 85) la psicoanalista americana Karen Horney llevará a cabo una auténtica inversión de esta supuesta “envidia del pene”  de la niña al contraponerla a la envidia de la maternidad que sentiría el niño y que le llevaría a la creatividad cultural como mecanismo compensatorio” de su incapacidad de gestar y parir hijos.
[5] S. Freud, “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica”, en Obras completas, vol. III, trad. de Luis López Ballesteros y de Torres, Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 1967, pp. 490-491.



Sigmund Freud y la génesis de los valores morales: el débil super-yo femenino, Tomás Moreno

miércoles, 6 de junio de 2018

APROXIMACIÓN A LA VIDA Y AL PENSAMIENTO DE KARL MARX. EN EL SEGUNDO CENTENARIO DE SU NACIMIENTO (y III)


En conmemoración del centenario del nacimiento de Karl Marx, traemos la tercera y última entrega para la sección, Microensayos , del blog Ancile, del filósofo Tomás Moreno bajo el título: Aproximación a la vida y al pensamiento de Karl Marx. en el segundo centenario de su nacimiento (y III)


Aproximación a la vida y al pensamiento de Karl Marx. en el segundo centenario de su nacimiento (y III), Tomás Moreno





 APROXIMACIÓN A LA VIDA Y AL PENSAMIENTO

 DE KARL MARX. EN EL SEGUNDO

 CENTENARIO DE SU NACIMIENTO (y III)




Aproximación a la vida y al pensamiento de Karl Marx. en el segundo centenario de su nacimiento (y III), Tomás Moreno



El gobierno francés había señalado la Bretaña como lugar de alojamiento o confinamiento para Marx y familia, pero éste desistió de dejarse enterrar vivo e aquel lugar y prefirió marchar a Inglaterra. Trasladado a Londres, Marx ya no la abandonará hasta su muerte. Allí transcurrirá la segunda mitad de su vida. Van a ser años difíciles: problemas económicos, familiares, de salud, tanto personal como familiar: de sus seis hijos sólo sobrevivirán tres. Conocerá la miserable vida del proletariado industrial, explotado en jornadas de 14 horas de trabajo extenuante, la dramática situación laboral de mujeres y niños, sin ningún tipo de protección social, con despido libre, y salarios de mera subsistencia. En lo personal, Marx nunca tuvo un trabajo fijo, sólo puede salir adelante gracias a la ayuda económica de Federico Engels, rico industria alemán, al que había conocido en 1842 en la Deustch-Französische Jahrbücher, cuya familia era propietaria en Manchester de una fábrica de manufactura textil, y a las colaboraciones periodísticas como corresponsal en el New York Daily Tribune, que casi siempre escribía el propio Engels.
Aproximación a la vida y al pensamiento de Karl Marx. en el segundo centenario de su nacimiento (y III), Tomás Moreno            Esta etapa es, sin duda, la más fecunda y creadora de Marx. Sus agotadoras jornadas de trabajo (mañana y tarde) en la Biblioteca del Museo Británico de Londres tendrán su compensación con una importante obra intelectual allí gestada y de la que serán exponentes obras como las siguientes: “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”, un escrito de 1852, reconstrucción histórico-política en donde describe el aborto de la revolución del 48 por parte del monarca francés (Segundo Imperio); los “Elementos fundamentales para la crítica de la economía política”, también conocidos como los Grundrisse o “Fundamentos”, que han sido interpretados –por la crítica posterior- como el nexo entre le “joven Marx filósofo” y el “Marx maduro y científico”, son de 1857-58, fueron editados en 1939. Su “Contribución a la crítica de la Economía Política”, publicada precisamente el mismo año (1859) que ve la luz “El origen de las especies” de Charles Darwin. En el famoso Prólogo de esta obra Marx es capaz de realizar la síntesis más lúcida, precisa y exacta de su concepción materialista de la historia. De esta fecha es “Las luchas de clases en Francia desde 1848 a 1850”, publicada en Colonia, una crónica histórica de los acontecimientos políticos de su tiempo.
            En ese mismo año Marx intenta alcanzar un puesto de trabajo para poder mantener a su familia con una cierta holgura y oposita para “escribiente-oficinista” de los ferrocarriles de Londres y es suspendido por “mala letra”… Subsistir como sea ha sido una permanente obsesión de nuestro pensador y activista. Asiduo cliente de las casas de empeño londinenses –una vez empeñó hasta su propio abrigo-, las quejas referentes a su situación financiera son una constante en su vida y en su relación con Engels, su amigo y benefactor. Nada hay que no necesite una ayuda urgente: el alquiler, el gas, los impuestos, toda clase de alimentos, la ropa y escuela para los niños, las cuentas del médico. En 1852, por ejemplo, escribe esto a su amigo:

“Por mis cartas habrás visto que vadeo con mucha indiferencia por la mierda como de costumbre, cuando estoy yo mismo en ella y no sólo la percibo de lejos. ¿Pero qué faire? Mi casa es un hospital, y la crisis es tan molesta que me obliga a dedicarle mi más extrema atención […]. Mi atmósfera es muy agitada: mi mujer está enferma, la pequeña Jenny está enferma, Elenita tiene una especie de fiebre nerviosa. Al médico no puedo ni he podido llamarle, pues no tengo dinero para medicinas. Desde hace ocho o diez días vengo alimentando a mi family con pan y patatas, acerca de las cuales me pregunto si podré conseguirlas hoy […] No escribí artículos para Dana (Charles Dana redactor del New York D. Tribune) porque no tenía ni un penny para ir a leer los periódicos […] Encima hay lo del panadero, el lechero, el tío del té, el geengrocer, una antigua deuda al carnicero todavía. ¿Cómo acabar con esta porquería del diablo?”[1].

            De esta guisa es su correspondencia con Friedrich Engels a lo largo de decenios. No se libran de sus “sablazos” otros amigos, además correligionarios, familiares propios y los de su amada Jenny. Pese a todo ello, la familia Marx trataba de aparentar ante la sociedad y amistades una confortable vida burguesa (con todos sus prejuicios y convenciones). Pese a tantas penurias tanto su esposa, Jenny, como Helene Demuth, su empleada doméstica y cuidadora de los niños (regalo de bodas de la familia aristócrata de su esposa) –más tarde, tras su muerte, ama de llaves y secretaria de Engels-, le fueron fieles y devotas hasta el final.
Aproximación a la vida y al pensamiento de Karl Marx. en el segundo centenario de su nacimiento (y III), Tomás Moreno            Entre 1864-1867 funda y organiza, ayudado por Engels, la A I T, la Primera Internacional Obrera. De esta forma une reflexión y praxis política. Bakunin y los anarquistas disienten de Marx en la manera de organizar la Internacional: Marx era partidario de centrar la autoridad en manos del comité central, los anarquistas, liderados por Bakunin, de manera menos centralista. Los anarquistas se separan y se extingue la Asociación. En 1867 se publica en Hamburgo el libro 1º de “El Capital” (las segunda y tercera partes serán publicadas póstumamente en 1885 y 1894 respectivamente por Engels y Kautsky). Será la obra definitiva de Karl Marx.
            Posteriormente solo escribirá ya obras más cortas como “La guerra civil en Francia”, de 1871, sobre la Comuna de París: tras una desaprobación inicial, Marx saluda con fervor lleno de convicción el acontecimiento revolucionario de la Comuna, por haber afrontado prácticamente una transformación del aparato estatal, lo cual implicaba una tarea decisiva para la clase obrera, más allá de la simple toma del poder. De 1875 es la famosa “Crítica del Programa de Gotha” (contra F. Lasalle y W. Liebknecht, dirigentes del partido obrero  alemán, socialdemócrata), en donde Marx reafirma que, simultáneamente al periodo de transformación revolucionaria hacia una sociedad comunista, se dará un periodo de transición política “en que el estado no puede ser otra cosa que la dictadura revolucionaria del proletariado”.
            En los últimos años de su vida Marx asiste a la muerte de su mujer, Jenny, el 2 de diciembre de 1881, y a la de su hija Jenny (esposa del socialista francés Charles Longuet) en enero de 1883. El 14 de marzo de ese mismo año morirá nuestro pensador,  en Londres, de una afección pulmonar. Sólo le sobreviven sus hijas Laura (esposa del socialista Paul Lafargue) y Eleanora, la más pequeña, que ejerció de secretaria de su padre en su última época. Estas tres etapas de su biografía que hemos desarrollado en esta sucinta aproximación al conocimiento de Marx, podrían sintetizarse políticamente con estos calificativos de su evolución político-intelectual: demócrata radical y hegeliano de izquierdas, humanista-reformista y comunista.
            La historia de la evolución y del legado de las doctrinas marxianas, del “marxismo”, ya no es propiamente la historia del pensador Marx. Sus ideas se separaron, en su influencia histórica, de su creador e iniciaron una vida propia, autónoma, a veces fiel, a veces deformada de su fuente original. Quede para otra ocasión su tratamiento y exposición. Terminemos con estas palabras de su fiel Federico Engels pronunciadas ante su tumba: “Contribuir a la emancipación del proletariado fue su misión y tomar conciencia de las condiciones de su emancipación. La lucha era su elemento”.

TOMÁS MORENO




[1] Cit en Werner Blumenberg, Karl Marx. En documentos propios y testimonios gráficos, op. cit., pp. 131-133.


Aproximación a la vida y al pensamiento de Karl Marx. en el segundo centenario de su nacimiento (y III), Tomás Moreno


lunes, 4 de junio de 2018

DE LA SAGRADA VENERACIÓN DE LA MUJER A SU ESTIGMATIZACIÓN MORAL: PROUDHON Y SCHOPENHAUER



Para la sección, Microensayos, traemos el post que lleva por título: De la sagrada veneración de la mujer a su estigmatización moral: proudhon y Schopenhauer, del profesor y filósofo Tomás Moreno.

De la sagrada veneración de la mujer a su estigmatización moral: proudhon y Schopenhauer, Tomás Moreno




DE LA SAGRADA VENERACIÓN DE LA MUJER

 A SU ESTIGMATIZACIÓN MORAL:

 PROUDHON Y SCHOPENHAUER




De la sagrada veneración de la mujer a su estigmatización moral: proudhon y Schopenhauer, Tomás Moreno


 
Por su parte Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865), uno de los primeros ideólogos del socialismo libertario, para quien lo que distingue al hombre del animal es precisamente la moral, se mostrará radicalmente antifeminista, al sostener que la mujer carece absolutamente de criterios éticos: “lo que ella concibe como bien y mal, no es exactamente lo mismo que el hombre concibe como bien y mal, de suerte que, respecto a nosotros, la mujer puede calificarse como un ser inmoral”[1].
            La mujer es maliciosa, hipócrita, nos viene a decir el pensador francés; es una bestia feroz que, aunque domesticada, se deja llevar de repente por su instinto. Entonces estalla “el genio egoísta, personal, imperioso, el carácter áspero, el corazón brutal, en una palabra, la ferocidad de la mujer. Ya lo hemos dicho: es una gata”[2]. La deshumanización y animalización de la mujer le lleva a sostener algo tan discriminatorio como estas palabras: “La mujer no es la mitad del género humano; esta
De la sagrada veneración de la mujer a su estigmatización moral: proudhon y Schopenhauer, Tomás Moreno
expresión no puede ser más falsa. De donde se sigue que el derecho de la mujer en sus relaciones con el hombre no se rige por el principio de igualdad”[3].
            A los pensadores ya aludidos - idealistas alemanes, positivistas e ideólogos en general- se unirán pocos decenios después los literatos y filósofos misóginos epígonos del romanticismo que pretendían demostrar la inferioridad moral de las mujeres, asimilándolas a la idea del mal, como argumento a oponer a los movimientos de emancipación femenina que emergían con fuerza en la Europa finisecular. “Los filósofos alemanes -señala M. Perrot-, Schopenhauer, Nietzsche y Otto Weininger, están dispuestos a desarrollar una filosofía antifeminista, convencidos de que mantener las diferencias entre los sexos es una necesidad irrenunciable”[4].
            Para Arthur Schopenhauer (1788-1860), la diferencia femenina respecto al modelo de racionalidad masculina se presenta invariablemente como inferior biológica e intelectualmente y también moralmente[5]. El pensador de Danzig considera que la mujer une a la simulación el disimulo. Es el triste recurso al que echa mano a falta de razón. Tras enumerar las respectivas defensas de que disponen los distintos animales el león, el elefante, el jabalí e incluso la sepia, Schopenhauer termina diciendo que la mujer no tiene ninguna: “Para defenderse y protegerse, la naturaleza sólo ha dado a la mujer el disimulo; esta facultad suple a la fuerza que el hombre saca de sus miembros y de su razón”. Las mujeres no tienen inteligencia, equidad ni virtud, carecen de juicio e incluso les reprocha y atribuye -por su incapacidad para comprender principios generales- una falta del sentido de la justicia[6]:

“Las mismas actitudes nativas explican la conmiseración, la humanidad, la simpatía que las mujeres manifiestan por los desgraciados. Pero son inferiores a los hombres en todo lo que atañe a la equidad, a la rectitud y a la probidad escrupulosa. A causa de lo débil de su razón, todo lo que es de presente, visible e inmediato ejerce en ellas un imperio contra el cual no pueden prevalecer las abstracciones, las máximas establecidas, las resoluciones enérgicas, ni ninguna consideración de lo pasado a lo venidero, de lo lejano a lo ausente… Por eso la injusticia es el defecto capital de las naturalezas femeninas” (AMM, 92).
           
            Al estar confinadas en el presente sienten una frecuente “inclinación a la prodigalidad”, que a veces roza la demencia: “En el fondo de su corazón, las mujeres se imaginan que los hombres han
De la sagrada veneración de la mujer a su estigmatización moral: proudhon y Schopenhauer, Tomás Moreno
venido al mundo para ganar dinero y las mujeres para gastarlo” (AMM, 91). Llega al extremo de recomendar que las mujeres no deberían heredar ningún patrimonio, porque únicamente son capaces de dilapidarlo[7]:

“Que la propiedad que los hombres adquieren con dificultad a costa de grandes esfuerzos y penalidades soportados durante largos años vaya a parar a manos de las mujeres, para que éstas, debido a su insensatez, se la gasten en poco tiempo o la dilapiden de la manera que sea, es un disparate tan grave como frecuente, al que se le debería poner coto limitando el derecho que tienen las mujeres a heredar. Considero que la solución más idónea sería disponer que las mujeres, ya fueran viudas o hijas, sólo pudiesen recibir como herencia una renta, respaldada de por vida mediante hipoteca; pero no, en cambio, bienes inmuebles o capital, a menos que carecieran de descendencia masculina” (ATM, 94-95).                       
           
            Incluso donde se les ha reconocido el derecho a heredar propiedades, como sucede en Europa, tendrían que volverse atrás, y ceñirse a esos modelos de sociedad –modelos orientales por supuesto- en los que las mujeres nunca son mujeres libres y cada una está bajo la vigilancia del padre, del marido, del hermano o del hijo.         Schopenhauer también atribuye a las mujeres una propensión a mentir y disimular, sobre todo ante el propio marido. La ley y el derecho, aclara, están al servicio de los intereses masculinos y no protegen para nada los femeninos; en esta situación social, las mujeres obran bien disimulando. Es decir, según nuestro misógino filósofo, es justificable que ellas acudan a la mentira y a otras astucias para hacer valer sus derechos, ya que las leyes de la sociedad no se los reconocen ni protegen. Además las considera  como agentes del mal y culpables de perpetuar el “horror del devenir”, en su rol de incitadoras de la voluntad de vivir. (Cont.).


TOMÁS MORENO



[1] P. J. Proudhon, De la Justice…, op. cit., p. 204. En realidad más que “inmoral” habría que utilizar el término “amoral”, más ajustado al sentido del texto citado.
[2] P. J. Proudhon, La Pornocratie ou les femmes dans les temps modernes, op. cit..
[3] P. J. Proudhon, Carnets, IV, op. cit.,  p. 12.
[4] M. Perrot, “Prefacio”, ‘Mi’ historia de las mujeres, op. cit., p. 17.
[5] Cf. Alicia H. Puleo, Cómo leer a Schopenhauer, Jucar, Madrid-Gijón, 1991.
[6] Llega a sostener que “la mera idea de una mujer en el cargo de juez provoca risa” (ATM, p. 105). Cuando ha pasado casi un siglo y medio queda manifiesta la capacidad predictiva del filósofo…
[7] En numerosas ocasiones Schopenhauer advierte de la prodigalidad y tendencia al despilfarro de las mujeres. Véase este texto: “Todas las mujeres, con escasas excepciones, son proclives al despilfarro. Por ello, todo patrimonio, exceptuando los rarísimos casos en que ellas mismas lo han adquirido, debería ser puesto a salvo de su irresponsabilidad” (ATM, 50). O este otro: “Las mujeres siempre creen en el fondo de su corazón que la misión del hombre es ganar dinero, mientras que la suya es gastarlo; gastarlo en vida del esposo, si ello fuera posible; pero al menos tras su muerte, en caso contrario. El hecho de que el hombre le entregue su sueldo para el mantenimiento del hogar la afianza en esta convicción” (Idem).





De la sagrada veneración de la mujer a su estigmatización moral: proudhon y Schopenhauer, Tomás Moreno