miércoles, 13 de febrero de 2019

FRANCISCO AYALA, EN LOS CICLOS VITALES, LITERARIOS Y ARTÍSTICOS DE LA DIPUTACIÓN DE GRANADA


Para la sección, Noticias, del blog Ancile, traemos el programa general dedicado a insigne escritor Francisco Ayala, dentro de los Ciclos Vitales, Literarios, Artísticos y Científicos de la Diputación de Granada, que tendrán lugar los días 21 y 22 de febrero del corriente año.



Francisco Ayala, en los Ciclos Vitales, Literarios, Artísticos y Científicos de la Diputación de Granada



PROGRAMA GENERAL


FRANCISCO AYALA EN LOS CICLOS VITALES, LITERARIOS, ARTÍSTICOS Y 

CIENTÍFICOS DE LA EXCELENTÍSIMA DIPUTACIÓN DE GRANADA


Francisco Ayala, en los Ciclos Vitales, Literarios, Artísticos y Científicos de la Diputación de Granada
De derecha a izquierda, Francisco Ayala, Antonio S. Trigueros y M.A. Vázquez Medel




DÍA 21 DE FEBRERO



            PRESENTA:-  La Diputada de Cultura, Fátima Gómez Abad.

AGRADECIMIENTOS y programa editorial del ciclo dedicado a Francisco Ayala, José Antonio Rodríguez (Gerente de Entorno Gráfico Ediciones)


MESA REDONDA: Sobre la vida y obra de Francisco Ayala. Ayala y Granada.-
Intervienen: D. Antonio Sánchez Trigueros (catedrático de la Universidad de Granada y cofundador de la Fundación Francisco Ayala), D. Antonio Chicharro Chamorro (catedrático de la Universidad de Granada) y D. Manuel Ángel Vázquez Medel (catedrático de la Universidad de Sevilla y cofundador de la Fundación Francisco Ayala). Modera Francisco Acuyo.


DÍA 22 DE FEBRERO

                Dramatización de textos de Francisco Ayala; El sueño de Arjuna.-
Intervienen: Antonio Chicharro Chamorro, catedrático y profesor (introducción a los textos) Mara Romero Torres, Magda Robles León y Francisco Acuyo, poetas (lectura de los textos elegidos); Cuarteto a Corda, de la Orquesta de la Universidad de Granada: Fernando Rodríguez Fernández, violín 1, Guiomar Ortiz García, violín 2, Pedro Herrera Murillo, viola y Antonio Peña Ruiz, violonchelo. Interpretarán: Aria (J.S. Bach), Danza húngara (J. Brahms),  Libertango (Astor Piazzola) y Divertimento III de Mozart.




ANTONIO SÁNCHEZ TRIGUEROS 


Francisco Ayala, en los Ciclos Vitales, Literarios, Artísticos y Científicos de la Diputación de Granada













Catedrático Emérito de la Universidad de Granada. Supernumerario de la Academia de Buenas Letras de Granada. Impulsor de la Fundación Francisco Ayala y autor de importantes trabajos sobre este escritor granadino. Ha rendido múltiples servicios a la Universidad de Granada y ha impartido conferencias en casi todas las Universidades españolas y en algunas de Europa y América. Como director de investigación ha dirigido, en su larga vida académica, cerca de sesenta tesis doctorales y ha publicado varios libros y más de cien trabajos sobre poesía modernista, teatro del siglo veinte, teoría literaria y sociología de la literatura, entre otros temas.



MANUEL ÁNGEL VÁZQUEZ MEDEL



Francisco Ayala, en los Ciclos Vitales, Literarios, Artísticos y Científicos de la Diputación de Granada













Manuel Ángel Vázquez Medel es escritor, Catedrático de Literatura en la Universidad de Sevilla y miembro correspondiente de la Academia de Buenas Letras de Granada. Impulsó junto a Antonio Sánchez Trigueros la investigación sobre Francisco Ayala y la creación de su Fundación, por lo que ambos recibieron el primer reconocimiento institucional de la misma. Autor de una veintena de libros, editor de otros tantos y de más de doscientas aportaciones en revistas científicas y capítulos, recogió sus estudios sobre Ayala en el volumen Francisco Ayala: el sentido y los sentidos. Preside la Comisión académica del Máster en Escritura Creativa.



ANTONIO CHICHARRO CHAMORRO



Francisco Ayala, en los Ciclos Vitales, Literarios, Artísticos y Científicos de la Diputación de Granada














Antonio Chicharro Chamorro (Baeza, 1951), de la Academia de Buenas Letras de Granada y Medalla de Oro al Mérito por la Ciudad de Granada, es Catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Granada, director del Grupo de Investigación “Teoría de la Literatura y sus aplicaciones”. Su investigación, reconocida con un diploma de excelencia por la Universidad de Granada, se centra en aspectos de teoría e historia del pensamiento literario en España, poética y poesía españolas contemporáneas y teoría de la literatura con una atención particular en los aspectos sociológicos del hecho literario. En 2006 publicó el libro El pensamiento vivo de Francisco Ayala (Una introducción a su sociología del arte y crítica literaria) y editó Las vueltas del mundo, de Francisco Ayala.



FRANCISCO ACUYO DONAIRE


Francisco Ayala, en los Ciclos Vitales, Literarios, Artísticos y Científicos de la Diputación de Granada













Francisco Acuyo Donaire (Granada, 1960). Cursó estudios de Derecho y de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, doctor en esta última disciplina.  Publicaciones de poesía: La Transfiguración de la Lira (1984), No la flor para la guerra (1987 y 1991 en segunda edición aumentada), Ancile (1991), Cuadernos del ángelus (1992), Vegetal contra mosaico (1994), Los Principios del Tigre (1997 y 2012 en segunda edición aumentada), Mal de lujo (1998, 2018, 2ª edición aumentada), Pan y leche para niños (2000 y 2010 en segunda edición aumentada), El Hemisferio Infinito (2003), Centinelas del sueño (2008) o Haikus de la Alhambra (2013 y 2014 en segunda edición aumentada). Entre los cuadernos de poesía y pintura: Diez Décimas Decimales (2000), Ángel contrario al imposible (2001) o En Campos de Zafiro (2001) entre otros. En cuanto a ensayos científicos y literarios: Los fundamentos de la proporción en lo diverso: sobre la simetría y la asimetría endecasilábica (2007 y 2011, en edición nueva y revisada), Fisiología de un espejismo (2010) y Elogio de la decepción (y otras aproximaciones a los fenómenos del dolor y la belleza) (2013). En prosa ha publicado, Hermanos en la soledad (2018).


MAGDA ROBLES



Francisco Ayala, en los Ciclos Vitales, Literarios, Artísticos y Científicos de la Diputación de Granada














Magda Robles León (Granada, 1977). Lectora empedernida, juntaletras accidental y reseñadora intermitente, tiene hasta la fecha publicados los poemarios En penumbras se hizo verbo (2013), de la mano de Jizo Editorial,  y En piel del ángel caído (2016), con la Editorial Entorno Gráfico. Algunos de sus versos han sido incluidos en distintas antologías y revistas literarias nacionales e internacionales.
Si te interesa leer más, tal vez puedas encontrarla escondida en su rincón, “En penumbras”



MARA ROMERO TORRES


Francisco Ayala, en los Ciclos Vitales, Literarios, Artísticos y Científicos de la Diputación de Granada


















Mara Romero Torres, autora de prosa y poesía, nació en Cogollos Vega, provincia de Granada. Entre sus publicaciones destacan: la novela “Los lagos del cielo”, y los poemarios: “Al calor de la idea”; “Pañuelos de la Alhambra”; “Cuentos de aceituna. Romances de una guerra”; “Al rayar el alba”, poemario con el que habilita la sección editorial en la Asociación Cultural Arte Fénix, la cual preside, y “En las olas de tus ojos”, galardonado con el XVIII premio Nacional de Poesía Miguel de Cervantes por la ciudad de Armilla. Su labor poética, fácil de seguir y encontrar en internet, ha sido recogida en numerosas y prestigiosas revistas nacionales y extranjeras. Ha prestado su voz, a través de diferentes programas de radio, a la obra de poetas clásicos y contemporáneos.


CUARTETO “A CORDA”
ORQUESTA DE LA UNIVERSIDAD DE GRANADA




Francisco Ayala, en los Ciclos Vitales, Literarios, Artísticos y Científicos de la Diputación de Granada



















Fernando Rodríguez, violín I
Guiomar Ortiz, violín II
Pedro Herrera, viola
Antonio Peña, vilonchelo

Fernando Rodríguez Fernández (El Bejarín, Granada). Cursa enseñanzas profesionales de violín en la comarca de Guadix. Ingresa en el real Conservatorio Superior de Música “Victoria Eugenia” de Granada, estudiando violín con la profesora Ana Luque. Ha ganado varios concursos provinciales. Colabora con la Orquesta de la Universidad de Granada y otras orquestas juveniles. Actualmente compagina sus estudios superiores de violín con los de Producción Musical. 

Guiomar Ortiz García Córdoba. Inicia sus estudios de violín a la edad de ocho años con el profesor Yuri Petrossian. Ha recibido masterclasses en diversos cursos internacionales, tanto en España como en los Países Bajos y Austria; entre otros con profesores como José Maria Fernández, Gonçals Comellas, María Victoria Fernández, Mario Hossen, Ilona Sie Dhian Ho, Moshe Hammer, Veselina Manikova, Jacobien Rozemond, Stegeman o Chris Duindam.. En el curso 2017-18 participó con la Joven Academia del Orquesta Ciudad de Granada como ayudante de solista de segundos violines. Ha participado con la Orquesta Sinfónica de Málaga en el festival de cine MOSMA 2018. Actualmente es ayuda de concertino de la Universidad de Granada.

Pedro Herrera Murillo (Granada). Cursa las enseñanzas profesionales de viola en el Conservatorio “Ángel Barrios” de Granada, continuándo en la actualidad el grado superior en el Real Conservatorio Superior “Victoria Eugenia”. Han sido sus principales profesoras las violistas Almudena García y, actualmente, Alejandra Poggio. Ha ampliado sus estudios asistiendo a cursos y masterclases con Santiago Cantó, David Fons, Donald Lyons, Álvaro Arranz, Igor Sulyga y Leo Deneve. Miembro de la Joven Orquesta Sinfónica de Granada entre 2013 y 2018, actualmente es miembro de la Orquesta de la Universidad de Granada. Compagia sus estudios musicales con el Grado en Ingeniería Informática de la Universidad de Granada.

Antonio Peña Ruiz (Cabra, Córdoba), obtiene el título de grado profesional de la especialidad de violonchelo en el Conservatorio Profesional “Maestro Chicano Muñoz” de Lucena. Actualmente se encuentra cursando 3º de enseñanzas artísticas superiores en el Real Conservatorio Superior “Victoria Eugenia” de Granada, con Gabriel Delgado Morán como profesor. Fue seleccionado para participar en los encuentros de la Joven Academia de la Orquesta Ciudad de Granada, en 2017 y 2018. Ha recibido clases de violonchelo de Amparo Lacruz Zorita, Guillermo Pastrana, Olsi Leka y Kathleen Balfe, además de música de cámara con Michael Thomas, Alejandro Bustamante y Jonathan Brown. Actualmente, amplia su formación orquestal como miembro del programa orquestal de la Fundación “Barenboim-Said”, la Orquesta Joven de Andalucía y la Orquesta de la Universidad de Granada.



Francisco Ayala, en los Ciclos Vitales, Literarios, Artísticos y Científicos de la Diputación de Granada
Francisco Ayala en su despacho de la Universidad de Princeton




martes, 12 de febrero de 2019

CREATIVIDAD Y METALENGUAJE: LA CONCIENCIA DE LA NADA


Para la sección, Ciencia, del blog Ancile, traemos una nueva entrada que lleva por título: Creatividad y metalenguaje: la conciencia de la nada.


Creatividad y metalenguaje: la conciencia de la nada. Francisco Acuyo



CREATIVIDAD  Y METALENGUAJE: 

LA CONCIENCIA DE LA NADA





Si lo nuevo es creación porque aporta inéditos, desconocidos significados o nunca vistas situaciones en donde fundamentar pensamientos o invenciones, ese valor de novedad que se despega de lo condicionado, ¿a qué responde, de dónde proviene? ¿Son productos estrictamente surgidos de los procesos mentales –inevitablemente condicionados por la experiencia vital o existencial?- O ¿acaso proceden de aquella nanidad consciente anunciada en capítulos anteriores y en virtud de ella alcanzan sustancialidad? En cualquier caso, aquellas generaciones nuevas de significados alcanzan el grado de creativos en virtud de los procesos de cada cual a la hora de dar o acreditar significado, y esto se lleva a cabo a través del lenguaje, o mejor del lenguaje que se sitúa más allá del lenguaje (procesos retóricos y poéticos) del mismo. Ese metalenguaje es al fin el que da medida y realidad autorreferencial , aunque esté situado fuera de la aparente dualidad del sujeto y el objeto. Este medio creativo es sin duda la poesía como metalenguaje es el que realiza la fase autorreferencial, pero también la que puede trascender y salir fuera de aquella.

                Sucede con la nada que nos lleva a detenernos sobre aquella reflexión de Einstein sobre la naturaleza de la realidad: Ni todo lo que existe puede ser demostrado, ni todo lo demostrado tiene por qué existir. Si deducimos de todo lo antedicho que el observador en realidad no puede separarse de lo observado, si es cierto que todo está integrado en todo, ¿cómo podemos separar, ni conceptual ni materialmente la nada? ¿Pudiera ser que esa nada fuese en realidad la fuerza de atracción que, in extremis, posibilita la realidad creativa del objeto? Esa singular sincronicidad (¿acausal?)  que deducimos de toda suerte de significados que extraemos de la nada (el vacío, la muerte, el sunyata…) ¿no será la forma perfecta de vincular aquello que denominábamos conciencia (y que otros sitúan en el plano trascendente como espíritu o inteligencia del universo) con el mundo de lo material y objeto de estudio positivo científico? ¿No puede ser esa nada ese plano donde el espacio y el tiempo medibles como estados de conciencia subjetiva, se expande sin tiempo ni espacio? ¿En virtud de esta reflexión, podemos decir que en verdad existe un eterno aquí y ahora? ¿Es la nada, el antagonista de la materia, la sombra de lo sustancial?

Creatividad y metalenguaje: la conciencia de la nada. Francisco Acuyo


                Podemos concluir de todo lo anteriormente reflexionado sobre la nada que, nada es lo que parece. De hecho, la nada en física (en ciencia) deduce que nada (valga la redundancia) está inmóvil (recordamos la noción de vacío cuántico anteriormente referida);[1] mas,  la cuestión es que, si bien la nada (como vacío) es el sitio del mundo, el mundo, el cosmos no parece que sea su sitio. Es así que, cuando constatamos que entre el núcleo de un átomo y sus electrones existe un vacío considerable, y que el mismo átomo está prácticamente vacío, no puede extrañarnos la afirmación del gran físico Max Planck que, tras haber dedicado su vida al estudio del mundo físico de lo más elemental (el ámbito de las partículas elementales), que, después de haber estudiado el átomo, te aseguro que no hay materia en sí.

                Así las cosas, si la física, como es harto referido en el dominio de sus estudios, obedece, necesita o se somete a la observación, limitada esta por la (constante y límite de la velocidad) luz, no es baladí conjeturar con más o menos acierto el papel que juega el concepto y realidad de la nada (vacío), si es que en ella (en él) se realiza el plano limitado y cuantificable de la materia que, no obstante, a nivel primordial (subatómico) solo es reconocible de manera probabilística[2], por lo que no es ninguna tontería preguntarse por los límites de esa nada que todo lo contiene y donde en su continente, supuestamente, todo se realiza. Acaso sea en este ámbito final (o de inicio) que es el vacío y la nada, desde donde podamos reflexionar de manera cierta de los límites de la ciencia y del conocimiento mismo, ya que lo que aprendemos de ella es que en modo alguno (bien lo saben los místicos) es desde donde mejor reconocemos la integridad del mundo, en la que inevitablemente nos incluimos, por lo que la única forma de entender será desde la distancia de lo original o final que es la nada y que nos absuelve de nuestra misma mirada, si es que eso es posible. Sería algo así como la respuesta a la superposición cuántica,[3] mediante la que podemos, probabilísticamente, saber lo que sucede a determinadas partículas materiales. Que estamos en la frontera misma del discurso científico es una realidad incontestable. Diríase que todo aquello que somos capaces de imaginar, idear, crear en definitiva pudiera hacerse tangible (de la nada) al plano material desde esa dimensión indescriptible, inefable, que explique la misma decoherencia cuántica[4] que posibilita el colapso de una probabilidad en una realidad sustancial.

                Si añadimos a todo lo expuesto anteriormente que, desde la óptica de lo más íntimo y minúsculo de la materia, las partículas se encuentran entrelazadas (lo que se denomina entrelazamiento cuántico)[5] muestran que aquellas tienen un extraordinario y extraño comportamiento en tanto que proceden como si perteneciesen a un todo da igual la distancia que las separe, no resultará extraño que esa singularidad pueda indagarse en un ámbito no del todo estrictamente material y que nosotros lo relacionemos con el vacío y la nada sobre los que hemos insistido tanto en estas reflexiones, y que por tanto, reconozcamos que comenzamos a movernos en un ámbito que desliza las competencias estrictamente  reconocidas por el método científico. En cualquier caso, abundaremos sobre este y otros aspectos de tan fascinante tema en próximas entradas.





Francisco Acuyo



[1] Es el estado cuántico con menor cantidad de energía posible.
[2] Recordamos la función de onda descrita por la famosa ecuación de Schrödinger, y que nos enseña que, si quieres identificar una partícula no lo puedes determinar, se puede conocer la probabilidad de su ubicación en un momento dado.
[3] Saber qué hace una partícula cuando no se la observa.
[4] Una partícula viene a conservar los efectos cuánticos siempre que no intercambie energía con cualquiera otro sistema, ya que en una interactuación exterior se acaban por perder todos los efectos cuánticos.                           
[5] Extraordinaria propiedad que fue señalada por Einstein, Podolsky y Rosen, y que fue expuesta como paradoja que contradecía la física cuántica y que, a la sazón, daba la razón a los teóricos de la mecánica cuántica, en tanto que en el mundo subatómico, las partículas entrelazadas no pueden ser tenidas sino como un sistema, en tanto que como partículas individuales no pueden tener ninguna consistencia, ya que todos los objetos están (extrañamente) entrelazados.



Creatividad y metalenguaje: la conciencia de la nada. Francisco Acuyo

viernes, 8 de febrero de 2019

El. MOVIMIENTO DE EMANCIPACIÓN FEMENINO Y OTTO WEININGER


Cerramos los post sobre el filósofo Otto Weininger para la sección, Microensayos, del blog Ancile, llevados a cabo por el profesor y filósofo Tomás Moreno, y que lleva por título: El movimiento de emancipación femenino y Otto Weininger.


El movimiento de emancipación femenino y Otto Weininger. Tomás Moreno




El MOVIMIENTO DE EMANCIPACIÓN FEMENINO  



El movimiento de emancipación femenino y Otto Weininger. Tomás Moreno


Como ha puesto de manifiesto Chandak Sengoopta, la emancipación de las mujeres era un tema explosivo en la Europa central de finales del siglo XIX y principios del XX. Téngase en cuenta que en el momento de la escritura y publicación de la obra de Weininger -los primeros tres años del siglo XX- había en Alemania no menos de 850 organizaciones con cerca de un millón de integrantes en la campaña por los derechos de las mujeres. El concepto de mujer servía “como un signo cuyos significados de la feminidad (y, de hecho, del género en sí) estaban en el centro de los debates acerca de la naturaleza y el futuro de la civilización”[1].
            A pesar de que desde el principio el objetivo que Weininger se propone es resolver el llamado “problema de la mujer”, en su manera de resolverlo no se incluye –según ha señalado agudamente H. Moreno- una respuesta directa ni a los planteamientos ni a las demandas que las feministas están levantando en ese momento, ni un diálogo con sus voceras. Y aunque en ninguna de las cerca de seis millares de páginas que constituyen su libro, Otto Weininger se refiere directamente al debate público que se está desarrollando con fuerza e intensidad en Europa y Estados Unidos acerca de los derechos de las mujeres, no cabe duda  de que, en última instancia, “el interlocutor más visible de Sexo y carácter –y más activamente negado- es el movimiento feminista”[2].
El movimiento de emancipación femenino y Otto Weininger. Tomás Moreno

            En este sentido el joven filósofo vienés afirmará, en sintonía con sus antecesores Schopenhauer y Nietzsche, que la emancipación femenina –como más adelante examinaremos- era sólo una pretensión de “mujeres masculinas”[3] y que, en cualquier caso, hacía mucho que no podían ser consideradas mujeres en el sentido originario del término. Su misoginismo y antifeminismo virulentos y explícitos[4] recorren, pues, de punta a cabo, todas y cada una de las páginas del libro y apuntan a un claro y reaccionario objetivo: deslegitimar el feminismo de su tiempo en sus dimensiones más profundas, presentando a la mujer como esencialmente o metafísicamente incapacitada para su propia emancipación.
            Cuando menciona el tema de la emancipación de la mujer siempre deriva en alguna manera de descalificar al sexo femenino en su conjunto. Sexo y carácter pretende demostrar “la nulidad ontológica de la Mujer y la futilidad política del feminismo”[5], llegando, incluso, a sostener que “el mayor, el único enemigo de la emancipación de la mujer es la mujer”[6] como concluye el capítulo VI de su obra, dedicado precisa y específicamente a las mujeres emancipadas. En efecto, nada más comenzar el capítulo VI[7] toma como premisa la conclusión a la que va a llegar: “la necesidad y la capacidad de emancipación de una mujer sólo se basan en la fracción de hombre que ella tenga”. No obstante Weininger trata de explicar su posición al respecto definiendo qué se entiende verdaderamente por emancipación de la mujer:

En mi opinión, la emancipación de la mujer no es ni siquiera el deseo de alcanzar una paridad externa con el hombre, sino que radica en la problemática aspiración de la mujer a ser internamente igual a él, a gozar de su libertad espiritual y moral y a participar en sus preocupaciones y de su capacidad creadora” (SyC. p. 75).
           
            Pone un cierto énfasis, en capítulos posteriores, en aclarar que su obra no es “un alegato en defensa del harén” ni es su intención “tratar a la mujer desde el punto de vista asiático”, como una esclava:

Se puede pretender la equiparación legal del hombre y de la mujer sin por ello creer en su igualdad moral e intelectual. Es posible reprobar la barbarie del sexo masculino contra el femenino y simultáneamente reconocer su enorme contraposición cósmica y la diferencia esencial que entre ellos existe” (SyC. p. 75).

Las mujeres defensoras del movimiento emancipador, tanto del pasado como del
presente[8], han pertenecido exclusivamente a esos grados intermedios que apenas pueden ser catalogados como femeninos: “pertenecen a las formas intersexuales más avanzadas -bisexuales u homosexuales-[9]. Su “aspecto exterior masculino” las delata. La utilización por parte de sus escritoras más célebres a adoptar nombres masculinos indica que se sentían más cerca de éstos que de la mujer. George Sand usaba un seudónimo masculino y llevaba pantalones porque “ciertas características anatómicas masculinas” se ocultaban bajo los pantalones de terciopelo. Weininger también hace comentarios sobre la amplia frente masculina de George Eliot o sobre los rasgos masculinos de Lavinia Sotana o Helene Petrowna Blavatsky[10].
Lo bueno de este tipo de consideraciones”, comenta Eva Figes, es que resultaban
indefinidamente adaptables, ya que permitían todas las excepciones que confirmaban la regla, sin necesitar de ciencia ni de lógica: “Se comienza sencillamente por la proposición de que ser macho es ser positivo, racional, activo, dominador, y ser hembra es ser sumisa, pasiva y no muy brillante; y nadie puede decir que no. Luego se aplica a cada caso individual una escala graduada de masculinidad y feminidad, y naturalmente esto estimula la conformidad. La mayoría de las mujeres, ante la amenaza de ver su feminidad controlada como si fuera una fiebre, preferirán quitarse los pantalones de terciopelo, arrojar lejos sus plumas y volver a la falda y a los libros de cocina antes de provocar la sospecha de que bajo su inaceptable apariencia se escondía un pecho peludo o caracteres genitales masculinos”.
El movimiento de emancipación femenino y Otto Weininger. Tomás MorenoEn definitiva, para Weininger, las verdaderas mujeres no han tenido intervención
alguna en la emancipación de la mujer. Las investigaciones históricas han demostrado el bien conocido dicho popular: Cuanto más largos son los cabellos menor es la inteligencia[11]. Porque toda lucha por la emancipación de la mujer está destinada, como la historia demuestra, a perder sus conquistas, ya que su principal enemigo es la propia femineidad; es lo varonil que en ella se encierra lo que quiere emanciparse: “Por lo que se refiere a las mujeres emancipadas puede decirse que “sólo el hombre que en ellas se alberga es el que pretende emanciparse” (SyC, p. 77). Pero si la necesidad de liberación y de equiparación con los hombres sólo se manifiesta en las mujeres varoniles, estará justificado inducir que la mujer como tal no siente la menor necesidad de emanciparse, aunque tal inducción haya sido obtenida partiendo de consideraciones históricas aisladas y no del examen de las cualidades psíquicas de la mujer[12].
El movimiento de emancipación feminista induce a las mujeres a ocuparse de la
cultura y el estudio y las impulsan a ocupaciones masculinas. Nada que objetar, afirma, si se trata de mujeres con rasgos masculinos que, en conformidad con su constitución somática, se ven impulsadas hacia las ocupaciones varoniles. Pero en lo que se refiere a la “formación de partidos”, a su participación en “falsas revoluciones” o en “movimientos feministas integrales -que dan lugar a ensayos antinaturales, artificiosos, en el fondo mendaces-, su rechazo es contundente. Asimismo expresa su repulsa por su pretensión de “igualdad completa”, ya que la mujer más masculina apenas tiene el 50% de hombre”[13].
            El movimiento feminista es, en definitiva, despreciado y estigmatizado como “un paso desde la maternidad hacia la prostitución”. Para Weininger, en su conjunto, se trataba  más bien de la emancipación de las prostitutas que de la emancipación de las mujeres, y su resultado definitivo sería seguramente “una acentuación de la parte de prostituta que se halla en toda mujer” (¡sic!) (SyC, pp. 328-329). Una sociedad patriarcal y masculina, machista, como la suya, amenazada en sus fundamentos por las primeras exigencias de igualdad de derechos de las mujeres, asintió con entusiasmo y regocijo las propuestas que con virulenta osadía había lanzado Weininger:


El hombre sólo podrá comenzar a honrar justificadamente a la mujer cuando ella misma deje de querer ser objeto y materia para el hombre, cuando pretenda verdaderamente llegar a una emancipación que sea algo más que la emancipación de la prostituta” (porque) “todavía no se ha dicho abiertamente dónde se encuentra la servidumbre de la mujer: esta servidumbre se halla en el poder soberano que sobre ella posee el falo masculino” (SyC, p. 340).
           
            Propuestas todas ellas que en absoluto les parecían absurdas en ese ambiente. ¿No era ésta la respuesta definitiva a la llamada “cuestión femenina” que Weininger había prometido con fanfarronería en un anuncio que acompañó a la aparición de su libro Sexo y carácter? Así habría pensado, sin duda, el hombre burgués: con una sonrisa ante la falta de lógica femenina y con un estremecimiento ante unas Naná (Zola) y Lulú (Wedekind) inquietantes y amenazantes[14] (cont.).

TOMÁS MORENO













[1] Chandak Sengoopta, Otto Weininger. Sex, Science and Self in Imperial Viena, Chicago y Londres, The University of Chicago Press, 2000, 29, pp. 31-32.
[2] Hortensia Moreno, Femenino y Masculino en las ideas de Otto Weininger, en Rossana Cassigoli (Coord.), Pensar lo femenino. Un itinerario filosófico hacia la alteridad, p. 145. En efecto, según H. Moreno, Weininger no dialoga de manera directa con el movimiento feminista, lo ningunea, y por tanto desautoriza a los movimientos feministas que en su tiempo luchaban por los derechos de las mujeres; su “receptor “aparente” es una instancia abstracta e inasible, que se puede caracterizar en la aspiración del autor a la inmortalidad, a la trascendencia; el receptor ideal de Weininger es un sujeto –masculino- situado más allá de las querellas terrenales y triviales a que nos empuja la marcha tumultuosa de cientos de miles de mujeres por las principales metrópolis del mundo. “La reflexión de Weininger se postula como la búsqueda de una verdad por fuera del tiempo y del espacio; por fuera de las determinaciones materiales. En apariencia, según la intención expresa de Weininger, el texto no tiene nada que ver con el contexto”, pp.145-148.
[3] Así lo confiesa sin ambages: “Todas las mujeres que realmente tienden a la emancipación, todas las que han alcanzado fama con justo derecho se han hecho conocer por algunas de sus condiciones espirituales, presentan siempre numerosos rasgos masculinos, y una observación sagaz permite reconocer en ellas caracteres anatómicos propios del varón, un aspecto somático semejante al del hombre…pertenecen exclusivamente a las formas intersexuales más avanzadas, vecinas a esos grados medios que apenas pueden ser catalogados como femeninos” (SyC, p. 75).
[4] En el Prólogo a su obra confiesa paladinamente: “Aquellas partes de este libro que resulten antifeministas –y puede decirse que lo son casi todas- no serán del agrado de los hombres, quienes no prestarán su completa conformidad, pues su egoísmo sexual les hace ver  siempre a al mujer mejor de lo que es, tal como ellos quisieran que fuera, tal como ellos querrían amarla” (SyC, p. 16). Para esta temática es imprescindible la obra de Jacques Le Rider, Le Cas Otto Weininger. Racines de l’antiféminisme et de l’antisemitisme, Presses Universitaires, France, París, 1982.
[5] H. Moreno, Femenino y Masculino en las ideas de Otto Weininger, op. cit, p. 145.
[6] O. Weininger,  SyC, p. 81.
[7] Idem, pp. 74-83.
[8] Cita entre ellas a Safo, Catalina II, Cristina de Suecia, Laura Bridgmann, George Sand). Incluso aquellas de las que no tenemos pruebas de que hayan tenido tendencias lesbianas pero que han destacado por su talento fueron en parte homosexuales o en parte bisexuales. Una mujer bisexual: tiene relaciones con mujeres masculinas o con hombres afeminados: ejm. Geoge Sand y Musset (el lírico más femenino que la historia recuerda) y con Chopin (el único músico afeminado). Victoria Colonna con Michelángelo; la escritora Daniel Stern amante de Franz Liszt; señala la admiración de Luis II de Baviera por Madame de Stäel, de Clara Schumann con el músico (cuyo rostro parecía el de una mujer) (SyC, p. 77). Habla del aspecto exterior de las mujeres célebres: rasgos masculinos: George Elliot, Lavinia Fontana, Helene Petrowna Blavatsky etc. Entre las visionarias histéricas incluye a Santa Teresa de Jesús (SyC, p. 76).
[9] Otto Weininger, SyC, p. 75.
[10] Actitudes patriarcales: las mujeres en la sociedad, op. cit., p. 139).
[11] Otto Weininger, SyC, p. 77.
[12] Idem, p. 79.
[13] Ibíd.
[14] Mujer que sería demonizada con el estereotipo de la figura de la femme fatale que emerge con fuerza en la iconografía literaria y artística de la época y que para María José Villaverde “representa el submundo de la castrante sociedad victoriana, una sociedad caracterizada como hermafrodita donde los hombres han perdido su virilidad y las mujeres se han virilizado. Unas mujeres que, en su anhelo por liberarse de su enclaustrante esencia femenina, se cortan el pelo “a lo garçon”, se visten con trajes de hombres y adoptan seudónimos masculinos siguiendo el ejemplo de George Sand. Mujeres estigmatizadas como anormales, lesbianas y mutiladas, tanto por el mundo científico como por los círculos vanguardistas e incluso por “feministas” como la Lou Andreas-Salomé de la época vienesa que lamentaba su traición a la feminidad. Una feminidad que, desde tiempos inmemoriales, encadena a la mujer a su función reproductora que nadie pone en cuestión, ni siquiera las feministas más relevantes de la época como la sueca Ellen Key, la alemana Clara Zetkin o las austriacas Marianne Hainish o Auguste Fickert, que rinden auténtico culto a la maternidad” (apud Maria José Villaverde, op. cit.) .




El movimiento de emancipación femenino y Otto Weininger. Tomás Moreno