domingo, 10 de octubre de 2010

DE LA SOLEDAD Y SU HALLAZGO II


Ofrecemos la segunda parte de La soledad y su hallazgo, inluida en este blog, par su custodia y benevolente consideración

De la soledad y su hallazgo: fragmentos y apuntes sobre textos varios (¿de Teoría de la Literatura?) 2, Francisco Acuyo


DE LA SOLEDAD Y SU HALLAZGO II



De la soledad y su hallazgo: fragmentos y apuntes sobre textos varios (¿de Teoría de la Literatura?) 2, Francisco Acuyo


III




            INSTRUIDO ESTE PROCESO CON EL SILENCIO de nuestro juicio, sin darle más resonancia que aquella introvertida siempre en el estudio y en la soledad de su hallazgo. Por todo lo cual vinimos a convenir en nuestras pesquisaciones algunas referencias, ya por su carácter tantas veces enigmático, ya por nuestra sugestionada disposición para entender lo que quizá no estuviese sino en nuestra imaginación, no dar cuenta expresa, sino que, basándonos en algunos de sus fragmentos, nos pareció más oportuno establecer una guía de perplejos con la que aproximar lo que nos pareció un intento descriptivo de género literario, cuya naturaleza parecía navegar procelosas aguas aún indescriptibles.
            Se hacían afirmaciones tales como que «su esencia no podía conocerse», pues «aquello que se conoce es del tiempo»; o que aquella enigmática forma de expresión  se movía allende cualquier momento, con plenitud instantánea, sin un antes o un después, sin sujeto u objeto verificables por distinguibles; donde escuchar es oír el silencio, es ver en lo oculto. No puede conocerse totalmente porque para conocer hay que retener el recuerdo, y la memoria de su instante es imposible, sólo puede retenerse lo que ha muerto, y «aquello» que es vida es invitación a lo desconocido.
            Transcribiremos un fragmento que, si bien no dará con exactitud crédito con el que seguir un criterio de rigor fidedigno a ese peculiar género del que quería darnos atisbos de noticia, y que pudiese así mismo, orientarnos de manera intuitiva en sus singulares referencias, sobre todo cuando
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nuestro autor pretende indagar teóricamente en la naturaleza de la que parece concebir como propia y distintiva disciplina artística; dice:
            «Cualquier cuestionamiento, adaptación o incertidumbre con la que el autor de este arte pretenda hacer (en tantas ocasiones ingenuamente) suscripción, refrendo, garantía, caución de juicios, arbitraje, litigio, veredicto o razonamiento, y todo ello al margen de las eximias diligencias que le son
propias en el ejercicio de su arte, están, de forma inexorable, destinados, si no a la proscripción, sí sujetas a un grado de importante escepticismo, según estén próximos o distantes sus bulliciosos criterios al severo rigor que exige la academia. Tal es la prescripción que atañe al estudioso prudente que, casi siempre, ve más proclive el espíritu de este artista a la ensoñación, e incluso al delirio, y siempre en respuesta de su proverbial melancolía o al arrebato de su genio, que a la reflexión adusta, razonable y exigente».(16)
            Cabe colegirse de fragmentos como este que, como adelantábamos, anhelara barajarse una polémica de orden genérico, donde no se muestra del todo claro una realidad admisible en la cuestión de un canon estructural de géneros con los que dilucidar las diferentes manifestaciones literarias, pero, sobre todo, en referencia a esta expresión literario artística (¿del todo literaria?) a la que nos referíamos hace apenas unas líneas atrás; máxime, cuando parece existir ya una manifiesta conflictividad entre el concepto de género y las subsiguientes manifestaciones literarias que pretende considerar, ordenar y clasificar.
            Pero esta cuestión se nos antoja, si cabe, harto más compleja si tenemos en cuenta, por un lado; la falta de material contrastable, y por otro: porque parece colegirse de estos y y otros escritos, que este arte (¿plenamente literario?) pueda situarse como entidad independiente de la disciplina de la literatura misma que lo estudia.
            Si seguimos los dictados de algunos de estos documentos fragmentados, nos encontraremos con una «conceptualización» especialmente vaga que diríase, pretende usurpar el ámbito enigmático de este arte singular, así encontraremos términos que la mantienen en un grado de indefinición tales como el de «inefabilidad».(17)
            No obstante de todas las dificultades, cabe señalarse elementos discursivos que sitúan este arte más allá de conceptos fundamentales de la disciplina literaria como la propia retórica,(18) situándola en la dinámica de un arte inspirado, ofreciendo una dimensión contemplativa del mismo, no ya como
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«poiesis», sino como acción puramente creativa y estrechamente ligada a la búsqueda de la verdad.
            También se vierte la idea de una especie de clasificación de este «presunto género» y otros literarios específicos, en razón de aspectos puramente formales y que atañen a cuestiones de distinción que denominan como «métricas»(19), y otros conceptos que atañen al «decoro» del propio discurso.(20)
            Otro rasgo de distinción de aquella «arte singular» cabe deducirse de aquellos otros fragmentos en los que se avisa de este arte expresivo como una forma indiscutible de conocimiento; como fundamento singular para la comprensión de la realidad: Interviene en la dialéctica del conocimiento(21) como «antitesis» que, aunque representativa del mundo subjetivo, no parece obviarse su total capacidad para reconocer y reconocerse en la realidad. El mundo de lo mental y psicológico esplende en este arte, precisamente por su estrecha vinculación con lo objetivo.
            De cualquier forma, nos parece útil tener presente aquella opinión interpretativa deducible de lo contrastado en todos y cada uno de los fragmentos encontrados, señalando que el «arte especial» al que hacen referencia es propio de un conocimiento intuitivo, evidenciando otra forma de conocer alternativa al razonamiento genuino y la lógica esencial, muy propia y valorada en esta civilización inconfundible.
            Nos llamó poderosamente la atención otro juicio por el cual se proclamaba que este «arte», en los significados de sus enunciados, trasciende en muchos casos el carácter verbal que, en principio, lo situaba, desde lo que denomina una «perspectiva semiótica», cercano a otros enunciados de especie visual y musical.
            Conviene, finalmente, advertir que la aspiración a la verdad de este «arte», «debe acusar la insuficiencia de la palabra para su íntegra transcripción», según narraba otro párrafo de otro interesante fragmento; y añade que: « si la verdad no puede ser descrita, el ejercicio de este arte, como la belleza, no puede ser desgajado en modo alguno de la acción, del móvil mismo de la vida...» «dicha acción es la armonía del ser que anima esa consciencia enigmática que nos hace reconocer en este modo de expresión artístico, que la verdad es la realidad que subsite en una plenitud constante en la acción que supone y presupone dicho arte».(22)


                                                         
         IV       




            A estas alturas de nuestra vertiginosa exposición, consideramos que es extremadamente importante caer en la cuenta de la quimérica apreciación que admite como premisa esencial, que el registro fósil que puedan suponer estos fragmentos no exhibe (en él mismo o en otros potenciales) un cambio  gradual y uniforme a cualquier escala temporal..(23)
            Consideramos también los textos, no obstante de su fragmentalidad, como sistemas que tienen un elemento de realidad propio. Siendo esta apreciación nota importante para un estudio historiográfico evolutivo. Todo esto con el fin de poder contrastar estos hallazgos con otros potenciales que pudiesen ir apareciendo y que se mostrasen con rasgos de temporalidad distintos o con puntos de confluencia o de difracción.
            Sin embargo, y constatando algunos otros hallazgos aparecidos, debemos reconocer ante la presencia de los textos analizados que, efectivamente, debemos esperar transiciones súbitas, incluso en el registro fósil más perfecto,(24) por lo que no debieramos dejarnos engañar por los largos períodos de éxtasis que denotan algunos de los muchos hallazgos literarios encontrados, pues de forma súbita pueden aparecer, como de hecho así ha sucedido, textos que pueden poner en cuestionamiento esa visión evolutiva equilibrada que, dentro de una dinámica clásica, debieran verterse de forma falaz como prácticamente inmutables.
            No debieramos, al menos en principio, sino observar con la misma perplejidad, la complejísima evolución que marcha inexorable desde los trilobites a los nautiloideos gigantes, los grandes saurios, osos de las cavernas, hasta esta misma raza humana, cuyas huellas, en forma de peculiares escritos ahora analizamos. Precisamente de las muestras más genuinas de su sensibilidad intelectual, situamos las diferentes manifestaciones literarias que a lo largo de su corta historia evolutiva, participan, en cierto modo, al igual que sus creadores biológicos, como organismos de una ascendencia común.
            Quizá sea también lógica la consideración por la que las mutaciones observables en estos y otros textos, no obedezcan a una dinámica totalmente aleatoria, acaso como una variación heredable,
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tal vez similar a la que acontece en el ámbito de los seres vivos, en una cierta simbiogénesis literaria, fruto tal vez, de una convivencia no detectada a largo plazo. Así puede que no debamos descartar que los textos hallados tengan en cierto modo un carácter «simbionte»(25) en tanto en cuanto que organizan una enorme cantidad de conocimiento que se proyecta hacia atrás en el tiempo, y posiblemente también hacia adelante.
            Cabría plantearse cuales han sido los criterios de pensamiento, linguísticos, literarios, etc, que se han mantenido a través del transcurso del tiempo como unidades elementales detectables en estos fragmentos; como fracciones lógicas de información, átomos inteligentes, que en términos biológicos, actuaran como un gen en lucha por la supervivencia de la entidad expresiva que, más tarde, se vería integrante del canon genérico. En muchos aspectos, los escritos hallados serían «fenotipos» (26) singulares literarios que garantizan una durabilidad en el marco espacio temporal donde se desarrollan, diríase que procurando a través de su éxito evolutivo la supervivencia de una fructífera herencia cultural y literaria.
            No sabríamos decir si, de forma totalmente clara, encontramos en estos fragmentos rasgos que puedan tenerse como auténticamente replicables, o acaso como vehículos idóneos para propiciar una jerarquía de «individuos» que garanticen su perdurabilidad. No obstante, debemos manifestar algunos reparos hacia este mismo concepto de «meme»(27) con el que hemos intentado explicar algunos de los aspectos sustanciales de nuestros fragmentos. No sabemos si hubo consciencia por parte de los presuntos divulgadores de los textos, ni del propio autor, si estos podrían formar parte de aquellas unidades primarias y a su vez, si estos mismos textos serían portadores de aquellas, con su capacidad de transmitir copias y variaciones de dichas copias.
            No queremos mostrarnos excesivamente reduccionistas para caer en la insalvable herejía de extraer la fuerza vital de los fragmentos (así como de los que pudieron servir de apoyo) para relacionarlos; desde una posición mucho más ecléctica nos situamos para poder explicar algunos de sus misterios, más allá de una perspectiva selectivo evolucionista.
            Así pues, no podemos sino poner en duda las morfologías y sus variantes, e incluso afinar sobre las filogenias en la selección de un linaje de esas morfologías, pero creemos que desarraigados tanto del mundo natural como del cultural origen de los textos. Nos parece así, por entrañar una complejidad mucho mayor de lo que estas perspectivas estarían dispuestas a admitir, y que no exaltan en absoluto la desenfrenada creatividad de la vida; razón por la que sus manifestaciones entendidas como culturales, acaso debieran atender más a su ser que a su potencial funcionalidad.
            A pesar de su fragmentalización y dispersión, los textos hallados nos muestran un orden singular y una organización que subyace en el ser de estos escritos, y que los manifiesta tanto  por una competencia clara, como también por una evidente cooperación en la expresión de su propio ser, de su propia naturaleza. (28)


                                                                                                V



            CONSIDEREMOS EN ESTE PUNTO QUE NUESTRO ANÁLISIS textual, quizá no alcanzase sino a dar sólo una semblanza aproximada de todo lo que de verdad contiene la realidad de la obra. No obstante, requeriremos de un potencial lector interesado; su atención, supone la aceptación del hecho de que no podemos valorar como criptografía los fragmentos encontrados, por lo que no nos parecen motivo de controversia en este aspecto, pues incluso pensamos totalmente lógico que a través de su consideración minuciosa se vea que, si son en buena parte comprensibles, responde su conservación a este hecho, aunque no podamos hacer dictamen definitivo de su sentido último, si es que necesariamente hubiera de tenerlo.
            De cualquier forma, se nos ofrece de interés el cosmos reflejado en sugestivo acervo por los escritos, de los cuales no caben deducirse propiedades intrínsecas,(29) más bien proyectan propiedades relacionales.(30)
            Los posibles adláteres de nuestro autor (los deducimos de varios textos posteriores hallados cerca de los que comentamos) diríasen reflejar en su voz, también en sus presupuestos y explicaciones, una suerte de literatura estructurada en descripción espacio temporal en forma de urdimbre, de bucles, hermosamente entretejidos. Podemos apreciar que las propiedades de cualquier punto de su estructura está determinada por su ligazón con el resto de la propia obra, y acaso también con la ajena.
            Puede que contagiados por la enfebrecida imaginación de esta civilización, expongamos ahora un presupuesto acaso disparatado del origen de sus concepciones. Mas no se nos vierte del todo peregrina la afirmación de que estos fragmentos participan en buena parte de una visión «antrópica» del mundo: la idea de que las propiedades de su universo son tales, en virtud de que explican por qué puede existir vida consciente capaz de apercibirse de que lo que es, y que será tal y como es y no de otra forma. No nos deja de parecer irónico en nuestras conjeturas el efecto que hubiera producido a su visión del mundo saber de la existencia de otras inteligencias con apreciaciones en muchos casos muy diferentes a la suya.
            Sería recomendable en la observación, estudio y posterior análisis de estos extraordinarios fragmentos, la consideración fundamental de los mismos en la necesidad de la existencia de observadores, analistas y escrutadores capaces de considerar cualquier problemática que pueda plantearse; cosa que por otra parte no deja de parecernos paradójica, habida cuenta que estamos hablando de una civilización extinta y que no cuidó demasiado hacer perdurable su progenie.
            A tenor de los avances llevados a cabo en la investigación de los escritos, debemos decir que  creímos en principio conveniente abandonar una línea excesivamente reduccionista en la investigación, pero a la vista de la complejidad de los asuntos tratados, así como a la estructura no menos difícil de los mismos, optamos por una dirección sintética en nuestras indagaciones.
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Estimamos que al margen de la expresión literariay de sus aspectos lingüísticos, semánticos... se iba a imponer la necesidad de una conjunción de sistemas varios, no precisamente simples, sino a su vez en extremo muy complejos.
            Que escogiésemos una vía «holística» en los criterios de investigación, responde al hecho perfectamente constatable, de que en muchos momentos no vimos claras las posibles cesuras o fronteras en nuestra senda de investigación entre las diferentes disciplinas de estudio.
            Constatamos también que conceptos como el de «pléctica»,(31) pueden aproximarnos a la intención de este autor (y probablemente a otros muchos) que estimaba pautas básicas en sus estudios con las que contemplar la complejidad de los sistemas, portando reglas sencillas en un orden inicial, teniendo presente la necesaria interacción con el azar. Esta «pléctica» (denominación cuyo origen es mucho más antiguo -cultura griega- que significa «trenzado») en los manuales que nos ocupan implican el estudio de la simplicidad en la propia complejidad como método de indagación y estudio.
            Podemos entender a la luz de afirmaciones anteriores, la necesidad de considerar el fenómeno literario y lingüístico como un sistema complejo adaptativo,(32) capaz de de evolucionar aprendiendo, pero teniendo esta ciencia como característica peculiar el hecho de no ser completamente determinista.
            También, a raíz de estas y otras reflexiones, nos planteamos sobre el pensamiento literario y lingüístico, donde cabe reseñarse, aunque en principio se plantee como mera conjetura, si aquellos elementos supuestamente colectivos deducidos de los textos son, en realidad, un subconjunto de la complejidad anteriormente referida, y si su sistema lingüístico literario, cuando intensamente complejo en sus pautas de interacción, conduce de forma súbita a ese orden y equilibrio que le caracterizan como cómputo.
            Tampoco estimamos descabellado en aquel instante plantearse la posibilidad de hallar algún «algoritmo»(33) capaz de dar cuenta de la diversidad enorme del fenómeno literario, así lo inferimos observando singularmente estos fragmentos; y también, interrogándonos sobre dicho mecanismo y, si con su procedimiento, seríamos capaces de generar un sistema virtual de análisis de su fenomenología.
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            La predicción algorítmica, como sabemos, no es tan predecible como en principio hubo de plantearse, y bien pudiera emparentar con ese mundo aleatorio y borroso que muestran nuestros fragmentos. No obstante,  sigue fascinándonos no ya la presencia del caos en mayor o menor grado en nuestras predicciones, origen de la falta de información por los fragmentos no encontrados, sino porque, aun así, es posible un orden del todo manifiesto a pesar de su fragmentación, donde barajamos la posibilidad de la existencia de una fuerza motora autoorganizativa,(34) que se muestre como propiedad de este o de otro cualquier sistema abstracto y complejo, desde donde poder deducir que el orden parece cosa totalmente natural, participando esta civilización de un concepto gramatical del universo.(35)


Notas.-


(16) Francisco Acuyo: Lo Inefable Traducido: Fisiología de un espejismo.
(17) B.Croce: Ver nota 5
18) Platón.  «Ión». Obras Completas. Aguilar Madrid 1977.
(19) Aristóteles: «Arte Poética»: Espasa Calpe -Austral- Madrid 1970.
(20) Horacio: Ver nota 11.
21) Hegel: «Lecciones de estética. De lo bello y sus formas»: Espasa Calpe - Austral Madrid 1958.
(22) Francisco Acuyo: Ver nota nº15
(23) Niles Eldredge: Fossils, Harry N. Abrahams, Nueva York. 1991. La tercera cultura. Tusquets. Barcelona                     1995
 (24) Lynn Margulís: Early Life. Jones & Bartlett. Bostón 1981. La tercera cultura. Tusquets. Barcelona 1995.
 (25) Richard Dawkins: The Extended Phenotype. Oxford University Press. Nueva York 1986. El relojero ciego.                 Labor. Barcelona 1988. El gen egoista. Salvat. Barcelona 1993.
  26) Richard Dawkins: Ver nota 15
(27) Brian Goodwin: How the Leopard Changed its Spots. London 1994. La tercera cultura. Tusquets. Barcelo-                  na 1995
    (28)Lee Smolin: «The  Life of The Cosmos»: «A New View of Cosmology, Particle Phycis, and the Meaning                  of Quantum Physics. Crow. Nueva York. 1995. La tercera cultura. Tusquets. Barcelona 1995.
 (29) Leibniz
(30) Murray Gell-Man: «El Quark y el Jaguar». Tusquets. Barcelona 1985.
 (31) Idem.
 (32) Christopher G. Langton: Artificial Life. Reading MA. Addison-Wesley. 1989.
 (33) J.Doyne Farmer, Tomaso Toffoli y Stephen Wolfram eds: «Cellular Automata» Physica. Amsterdan 1984.
  (34) Jeremy Campbell: «El hombre gramatical»: FCE. México 1989.
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  (35) Claude F. Shannon: «A Mathematical Theory of Information». Bell System Technical Journal. 1948.





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