viernes, 1 de octubre de 2010

THEODORO ADORNO: EL YO SEMIÓTICO EN POESÍA. DE LO SOCIAL EN LO POÉTICO II

El yo semiótico en poesía. De lo social en lo poético, 2 Francisco Acuyo
Segunda parte de El yo semiótico en poesía. De lo social en lo poético.




EL YO SOCIAL EN POESÍA.
DE LOS SOCIAL EN LO POÉTICO II


V



QUE LES DIGA que más que revelar algo en el ámbito (de las definiciones) de la poesía lo que quisiera es hacerles partícipes de mis perplejidades, de seguro que les sonaría ya de viejo,(27) y con el convencimiento también de que en el círculo de dichas definiciones no encontraremos mucho más del concepto crociano(28) de expresión, del cual se ha dicho tantas veces que desvirtúa el elemento idiosincrático de la poesía, cual es su nexo irreductible e inseparable con el aspecto material de la vida.

El yo semiótico en poesía. De lo social en lo poético 2 Francisco Acuyo
También se nos ofrece como evidente que, si toda obra de arte busca la identidad consigo misma,(29) no debemos dejar de considerar el doble carácter de la misma como entidad autónoma, así como fait social, mas siempre en comunicación ambos caracteres y teniendo en cuenta además su ineludible zona de autonomía.

De esta manera, y a la luz de lo que ya adelantara Theodor W. Adorno en su Teoría Estética, aquello subjetivo que participa en la poesía o en la obra de arte cualquiera, será una parte incuestionable de su objetividad, pues mientras se establezcan como divergentes  lo singular y lo universal, es muy poco concebible la libertad en el ejercicio de cualquier arte. Así, la poesía, igualmente, en tantas ocasiones se nutre de las fuerzas colectivas que en el seno de su temperamento singular laten.

Podíamos hacer también, en orden similar de cosas, deducciones que, a juicio de quien suscribe en tan apresuradas líneas, no parecería del todo fuera de lo razonable. Esto es: que si el hombre mueve su vida en el ámbito de la razón, de lo extremadamente sofisticado, de lo crítico, lo perfectamente argumentado, no debemos olvidar su inclinación hacia una dinámica que lo sitúa más en el ámbito del homo demens que del sapiens(30), no obstante, necesitado de las vivencias y el espíritu que le invitan de continuo a la exaltación y el éxtasis.

Es por eso que de forma general, si no sabemos, intuímos, que de mano de la poesía caminan juntos, inseparables, lo social y lo netamente individual; la embriaguez y el fervor, el deslumbramiento interior y la emoción externa; nos libera del mito, mas también de la razón. Mas todo ello nos conduce a su vez a la sabiduría del amor, pues con él camina la poesía complementaria y antagónica como resultado de su naturaleza fundamentalmente paradójica. La aceptación de esta singularísima dialogía es dato esencial para indagar en los múltiples sentidos de su ciencia. No vendría mal en este momento reflexionar sobre la insuficiencia del lenguaje racional, empírico y práctico frente a la naturaleza inquietante y muchas veces traidora del lenguaje mítico, que nos habla de la necesidad de una expresión suficiente que, a su vez, invite a la quietud y la contemplación del ser en su total idiosincracia. Mas la poesía es en este extremo la toma de conciencia de la polaridad entre lo social y el individuo, lo racional y lo mítico extraordinario; entre lo que necesita de la prosa para ser generalmente expresado, y entre lo que exige de lo poético para ser asumido e integrado para la consumación de su ser personal en el mundo.

Si decimos que la mirada escrutadora del científico se dirige al análisis de aquellos elementos calculables de la realidad empírica, el poeta muestra su inclinación por construir nuevas estructuras, más verdaderas para las posibilidades últimas del alma,(31) mostrando tal vez que, si la ciencia puede mostrarnos aspectos de la realidad del mundo, la poesía se muestra del todo apta para evidenciar las realidades del alma. Y es que la imaginación poética establece las condiciones verdaderamente idóneas para establecerse como templo del espíritu.


                                                                                VI



NO NOS PARECE del todo inoportuno plantearse, a la altura de nuestra exposición, si la capacidad de simbolizar de varias maneras el mundo exterior como capacidad humana extremadamente singular, es o no un producto de la evolución, planteada esta a su vez en los términos de aptitud o supervivencia, o lo que es lo mismo, de estrategias de adaptación en el sentido más puro darwiniano.

En el ámbito poético y en el artístico en general no parece que tenga mucho sentido hablar de tales epifanías(32) en semejantes términos, tal es la complejísima riqueza de imágenes y de su simbolismo que, desde luego es mucho más extraordinaria de lo que habilita para su comprensión una metodología evolucionista semejante; el hombre primitivo se diría que abordaba ya cuestiones mucho más profundas.

No creemos que la tecnología de subsistencia fuese la generatriz de la evolución de la inteligencia tal y como la entendemos hoy en el ser humano, así como tampoco la aparición del lenguaje; la poesía puede ser una de las muchas muestras por las que la mente del hombre avanza en virtud de unas necesidades que superaban las más perentorias, como las de subsistencia; empero en este punto, no obstante, de que el impulso interno que hizo posible estas iniciativas no sería constatable ni contrastable si no se hubieran tenido en cuenta las circunstancias externas, siendo primordial a todas luces en este extremo, los intereses sociales y culturales que habrían de incidir en el ejercicio de construcción del arte en sus diferentes manifestaciones.

Es aquí cuando se plantea que explicar el origen de este florecimiento del espíritu humano, ha llevado a una catarsis especulativa, cuyos resultados, en muchos casos, han tenido como consecuencia pensar en una situación que no es nueva y que conlleva entender la mente humana como entidad pasiva e incapaz de generar algo nuevo; tales tesis se debaten en términos tan variopintos como la de los antiguos cosmonautas que, como mensajeros de otros mundos, pusieron al alcance del hombre primitivo la información necesaria para su avance individual y social; todo lo cual vendría a tener como consecuencia, entre otras, la de mostrar el sentido estético, así como la de localizar fenómenos tan complejos como extraordinarios como puede ser el de la poesía, y sus implicaciones (imbricaciones) en el ámbito de los social.

El yo semiótico en poesía. De lo social en lo poético 2,  Francisco Acuyo
No participamos nosotros del todo en esa creencia, y por tanto de esa necesaria incidencia de la importación extraterrestre para que tengan lugar los avances humanos que exponemos en este apunte; podemos hacer valoraciones propias en virtud de los hallazgos y estudios arqueológicos, de los cuales deducir que nuestros prístinos antepasados poseían un cerebro lo suficientemente organizado, complejo y pleno de posibilidades como para que hoy podamos maravillarnos con los logros de su pensamiento científico y las realizaciones extraordinarias de su técnica.

Así, también, pensamos que la poesía, en estos momentos de congratulación de los espectaculares avances del pensamiento científico, se ofrece como inestimable catalizador para recomponer toda aquella situación de insuficiencia que siguen planteando cuestiones fundamentales no resueltas para el hombre que rayan muchas veces el aspecto metafísico, y que ponen en evidencia que las necesidades del hombre, ya sociales, ya individuales, pueden encontrar en sus fundamentos éticos, estéticos o enigmáticos fórmulas vitales para su realización total en el mundo.


VII


SI LA ESTÉTICA del siglo XIX dedicó, de forma especialmente reincidente, la casi totalidad de su esfuerzo interpretativo a tratar la poesía de forma particular, y el arte de forma genérica como una actividad meramente subjetiva, sería con Nicolai Hartmann(33) con quien comenzaría a percibirse como un notable prejuicio para un examen profundo y directo de la poesía o de la misma obra de arte.

Sería Heidegger uno de los artífices del cambio en el estudio del arte más allá del aspecto netamente subjetivo,(34) y vendría a proponer la obra artística como una entidad, cosa que, como tal, se muestra inaccesible a la razón, pero donde subyace la idea de verdad como piedra de toque para la comprensión de la entidad poética. Esta verdad, según Heidegger no sólo es propiedad del conocimiento, sino que es propiedad del ser mismo. Deducimos que la entidad artística (y poética) y la verdad son la misma cosa, encontrando en este punto un cierto grado de parentesco con Hegel(35), con Schelling(36) e incluso con Schopenhauer,(37) los cuales vendrían a establecer como propio del artista una suerte de poder visionario para penetrar profundamente las cosas, pues aquel, mediante su obra de creación artística nos presenta la realidad como es en sí misma.

Supone además, una superación del idealismo crociano(38) para revaluar o rehabilitar la materia en la obra de arte, puesta ésta tiene valor propio y valor estético; la toma de conciencia de la materia hará que optemos por una óptica más adecuada para observar la contienda entre la voluntad del espíritu y la necesidad de la naturaleza,(39) mas teniendo en cuenta que, en poesía, el sustrato material es el lenguaje que de por sí es ya una creación del espíritu humano. Si la creación es la materialización y de algún modo la fijación de la verdad mediante la forma, se precisa de un momento esencial en la poesía o cualquiera manifestación artística, esto es es la de la contemplación. Con aquella aparece de nuevo el dualismo sujeto-objeto, del cual cabe deducirse la necesidad del elemento objetivo que visualice y asuma la realidad poética y artística como verdad incuestionable, de donde colegimos el factor ineludiblemente incidental de la sociedad, habida cuenta además, que una ontología de la poesía o de la obra de arte auténtica no referente al sujeto que contempla no sería posible.

El yo semiótico en poesía. De lo social en lo poético, 2 Francisco Acuyo
Me parece también destacable en Heidegger una apreciación que apuntábamos al principio de forma somera, por la que infiere que todo arte es poesía, y de su relación inexorable con la verdad, por lo que nos ofrece una visión que habrá de integrar la poesía con el fenómeno de lo social, y es que, si el arte (la poesía) acontece... se produce en la historia un empuje y ésta comienza o recomienza,(40) aun bajo el hecho de que para Heidegger el concepto de arte (o Poesía) sigue nutriéndose de un concepto metafísico y místico de la tradición filosófica alemana. Pero, a nuestro juicio, parece ya inevitable que el arte ( y la poesía) se sitúen en el círculo de lo humano. Así cabe colegirse cuando hablando de la poesía se dice así mismo del lenguaje,expresando que aquella, la poesía, «es el lenguaje primitivo de un pueblo histórico», aunque dicha idea ya apareciera en Giambattista Vico,(41) mas pensando así que la poesía es el fundamento que soporta la historia y no un acompañamiento exornativo de la existencia humana.

Mas, siguiendo la expresión de Hölderlin(42) sobre la poesía como la más inocente de todas las ocupaciones, será también aquella, la que dará nombre a los dioses, aunque esto sólo sería posible porque ellos mismos hablan, y lo hacen a través de signos que a los poetas toca sorprender e interpretar para, nada menos que trasmitirlos a su pueblo. De nuevo, inevitablemente, y a la luz del intérprete más metafísico y enigmático de la poesía cual era Heidegger, se reconocerá al poeta como el medium que hará converger la ley de los signos divinos y la voz del pueblo.

Es inevitable que la poesía ha de ser reconocida como manifestación de cultura, e incluso expresión del alma de la cultura, aun proyectándose como el flujo enigmático por excelencia hacia lo divino, en compensación, tal vez, a la finitud del hombre.


VIII


EN UNA AUTÉNTICA humanización del mundo(43) o socialización del mismo, será capital tener muy en cuenta la praxis humana desde una perspectiva primordial como es la de la semiótica, o semiosis,(44) la cual invita a una lectura social y realista de aquello sobre lo que nos venimos centramos en el apunte que suscribimos, es decir sobre la poesía. Será también muy conveniente saber si ésta está en disposición, desde el mundo organizado socio-cultural en el que nos encontramos (y en el que parece que queremos integrarnos), de incidir sobre el mismo, y si desde aquella, desde la poesía, podemos transformarlo.

A nuestro juicio, el poeta, como hombre, en el libre ejercicio de su arte, se verá comprometido inexorablemente en aquella praxis anteriormente anunciada. Mas debemos, muy a pesar de quienes por razones no precisamente vinculadas a la propia metodología expuesta por Marx y Engels y de las que no hablaremos en este instante, no pueden o no quieren distinguir la realidad de aquella que se establece como suprema realidad, y nos referimos a la de la vida cotidiana. Mas no queremos obviar que la transmisión y constitución de aquella realidad cotidiana fundamental se hará en buena parte por el lenguaje, teniendo muy presente el conjunto de semióticas significantes que lo constituyen y que, desde luego, tendrá una importancia de una magnitud acaso no rigurosamente reconocida.

Esto en lo que atañe al lenguaje en general, y tenido éste como uno de los medios primordiales de comunicación, además de portar esa carga de significación sistémica que le habrá de conferir una autonomía inusitada, amén de ser el medio de traducción de todo su sistema significativo; mas, en fin, no debemos olvidar que dicho lenguaje será el soporte material de la poesía, pero teniendo en cuenta también, que será uno de los factores decisivos de la hominización, y por ende, de la socialización.

Es precisamente el material verbal con el que se construye el discurso literario ( y poético) y se establece como sustancia de su expresión, con el que se manifiesta, de forma evidente, como generador de sentidos muchas veces ignotos y nuevos para la lengua cotidiana, de donde se coligen una intencionalidad estética (entre otras) que observará el tránsito del signo como unidad lingüística al del símbolo como valor metafórico; abriendo una práctica que genera sentido, y no sólo como una actividad reproductora de la realidad socio-cultural, pues abre alternativas nuevas que se ofrecen como inusitadas formas de significación y entendimiento, las cuales abarcan una visión ontológica de nuestro mundo y del hombre en su circunscripción singular.

El carácter subversivo de la literatura se acentúa en el ámbito de lo poético en cuanto que trasciende no sólo el marco manifiesto por el lenguaje propio de la semiótica del sentido común, sino el mismo muchas veces inscrito por las convenciones puramente literarias, a través de mecanismos tales como el del distanciamiento sobre los cuales no entraremos en este instante, no sólo por su extraordinaria complejidad, también porque no creemos que aporten nada esencial a la intencionalidad de nuestro presente apunte ensayístico.

Finalmente, sería recomendable hacer una llamada de atención en lo que al discurso poético se refiere, en cuanto que se vierte más cercano a la lengua que el mismo discurso narrativo, (45) pues la imagen acústica y el ritmo sonoro no sólo no están ausentes, sino que reproduce en muchos casos fielmente, el modelo fonético de la lengua, incluyendo también el paralelismo fonético del silencio.(46) Además, el uso de la función metafórica en su discurso aparece también como especial distintivo de su expresión, mas también como mecanismo lingüístico.

Son también necesarias las referencias a la metáfora como característica de la expresión poética, aunque es perfectamente detectable en otras formas de expresión lingüística consideradas como literarias, e incluso no literarias. Al menos señalaremos en este punto la problemática en la diferenciación entre signo y discurso (47) y la distinción, por tanto, entre semiótica y semántica, de donde se colige que los signos remiten a otros signos, mientras que el discurso se refiere a las cosas, y todo ello en relación con el enunciado metafórico, el cual garantiza su sentido metafórico, precisamente sobre las ruinas del sentido literal. Así pues, la metáfora se establece como aquella estrategia del discurso por la que redescribe la realidad y la lleva al nivel mítico para establecer aquella realidad que se puede calificar como verdad metafórica propia del lenguaje poético, emergiendo en el movimiento de un discurso total.

Mas veíamos que este discurso se ofrece como aquel lenguaje primitivo heideggeriano de aquel pueblo histórico que vendrá a redescribir, como decía, la realidad al nivel mítico, por lo que, enlazando con el pensamiento estético de Adorno, la referencia a lo social no debe apartarse de la obra poemática (o de cualquier otra manifestación artística), pues posibilitará una introducción más profunda en ella. Por otra parte es preciso entender la esencia del lenguaje por la esencia de la poesía,(48) si «...los signos son, // desde tiempos remotos, el lenguaje de los dioses»(49) para los hombres.


                                                                                               Francisco Acuyo


Notas.-

(23)Whitehead, A.N.: «La función de la razón», Tecnos, Madrid, 1985.
(25) Idem.
(26) Whitehead, A.N.: Modos de Pensamiento, Ediciones Jb., Madrid,1973.
(27)  Borges, J.L.: «El enigma de la poesía», Arte Poética, Crítica, Barcelona, 2000.
(28) Croce, B.: «Breviario de estética», Filosofía, Ed. Espasa Calpe, Buenos Aires, 1943.
(29) Adorno, T.: Teoría Estética, Taurus, Madrid, 1986.
(30)Morin, E.: Amor, poesía, sabiduría, Seix Barral, Barcelona, 1961.
(31) Santayana, G.: Interpretaciones de Poesía y Religión, Cátedra, Madrid, 1993.
(32)  Campbell, J.: El hombre gramatical, Fondo de Cultura Económica, México, 1982.
(33) Bochenski, I.M. : «La filosofía actual»: Filosofía del Ser, Nicolai Hartmann, Fondo de Cultura Económica, México, 1965.
(34)Heidegger, M.: «Arte y poesía», Fondo de Cultura Económica, México. 1985.
(35) Hegel: Ver nota 1.
(36) Schelling: Filosofia da arte. Edt. Edusp, 2001
(37) Schopenhauer:Respuestas filosóficas, Edaf, Madrid, 1996.
(38) Croce, B.: Ver nota 18.
(39) Heidegger, M.: Ver nota 34.
(40) Heidegger, M.: Ver nota 34 y 39.
(41) Giambattista Vico: Ciencia nueva, Orbis, Barcelona, 1985
(42) Hölderlin: Ensayos, Hiperión, Madrid, 1976.
(43) K.Marx: «Manuscritos económico-filosóficos», Fondo de Cultura Económica, México, 1966.
(44)Prada Oropeza, R.: Literatura y realidad, Fondo de Cultura Económica, México. 1999.
(45) Prada Oropeza, R.: Literatura y realidad, Ver nota 44.
(46)  Carvajal, A.: «La Metáfora de las Huellas», Jizo Ediciones, Granada, 2002.
(47) Ricoeur, P.: «La metáfora Viva», Ediciones Europa, Madrid, 1980.
(48) Heidegger, M.: Ver nota 34, 39 y 40.
(49) Hölderlin: Poesía completa, Ed. 29, Barcelona, 2001.



El yo semiótico en poesía. De lo social en lo poético 2 Francisco Acuyo





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