sábado, 4 de diciembre de 2010

EXPOSICIÓN DE MOTIVOS DE "PAN Y LECHE PARA NIÑOS"

Exposición de motivos de Pan y leche para niños, Francisco Acuyo


Estimados amigos, seguidores y curiosos del insondable mundo de la poesía, os presento en esta entrada de mi bitácora la exposición de motivos que trató de explicar en su momento el poemario Pan y leche para niños, que se presentó el día 2 de este mes de diciembre, en su segunda edición aumentada. Por curiosa y, acaso también orientadora, creo recomendable para el interesado en dicho título su lectura. También incluyo (en posterior entrada) otro poema del libro, El sueño de Paula.







PAN Y LECHE PARA NIÑOS








CUANDO tomé la decisión de reunir los poemas que componen el título Pan y leche para niños (cuestión esta del título de la que hablaremos en seguida), en realidad no sólo quise poner orden un conjunto de poemas que tenían como aparente denominador común el tema de la infancia, si es que la dedicatoria de todos y cada uno de los poemas estaba dirigida expresamente a diferentes niños, los cuales, de una u otra forma, iban a tener una relación vivencial y emocional directa en mi vida, también pretendía rememorar, y acaso del único modo que sé hacerlo, ese momento vital, sentimental y existencial extraordinario cual es el de la infancia.  Niñez mía que fue y que es, sin duda, sentidamente añorada, vuelve a ser ahora vivida en la infancia de aquellos que inciden en mi tránsito existencial y reflejos en la actualidad del poema escrito y en este libro dedicado.
 Así pues, sí, son poemas inspirados en la infancia y son, además, poemas dedicados a infantes concretos, mas esto, quiero que entiendan, será una cosa y otra puede que bien distinta que este conjunto de poemas sea expresamente un libro infantil al uso habitual de los hallados en los anales de la literatura infantil. Quiero razonar esto de manera precisa, fundamentalmente porque los primeros y más exigentes son, y puedo dar fe de ello, precisamente aquellos a quienes fueron dirigidos, es decir los niños nominalmente señalados en los poemas, los que, en no pocos momentos se vieron menospreciados por mi torpe actitud inicial al tratar de mantener distancias sobre la significación de aquellos versos, creyendo de forma evidentemente inepta, que ellos no serían capaces de interpretar el sentido textual de los mismos, lo cual, para mi asombro y bochorno,  fue del todo desmentido por las exégesis sorprendente de muchos de aquellos niños respecto de los susodichos poemas; por otro lado creo que el impulso poético creador ofrece unos resultados en el verdadero poema (al que, con toda modestia, aspiran estos humildes versos con todas sus seguras limitaciones) que se ofrecen y mantienen en un orden intemporal, en tanto que se manifiestan en un singular presente continuo, por lo que estos versos siempre quisieron ser apreciables por el infante al que fueron dedicados y, desde luego, al adulto que será y que, no obstante, en el poema pretende mantener la intemporal inocencia de lo que en verdad es nuevo  y prístino y no manido y por la convencional impronta y la viciada costumbre, respecto de las que, en virtud del hecho artístico creativo verdadero, mantiene su calidad no tocada por el tiempo.
 Pan y leche para niños es un título prestado, tomen nota de esto, y no para mayor sobresalto cuando sepan de dónde se obtuvo, pues fue nada menos que después de la lectura de una revista científica monográfica sobre máquinas de cómputo, concretamente de un número de Investigación Ciencia, que en una de sus secciones hablaba del funcionamiento del astrolabio, aquel instrumento utilizado por astrónomos antiguos y por marineros de la época para orientarse en sus rutas marítimas, y concretamente referido a un tratado el cual llamó tanto mi atención y que investigué detenida y convenientemente, me refiero a la obra de, atención, nada más y nada menos que de Geoffrey Chaucer, titulada (y escrita en latín) de primera mano como Tratado sobre el astrolabio, fechada hacia el año 1392 y que en algunos de los manuscritos antiguos venía subtitulada como Pan y leche para niños, dícese que añadido por algún copista harto sorprendido por las puntualizaciones que Chaucer hacía en la introducción de una obra que los adultos consideraban muy difícil y que escrita, decíamos, en latín en su versión original, se introdujo así en su versión más moderna inglesa: Lewis, hijito mío, he notado señales de tu habilidad para aprender las ciencias de los números y de las proporciones y no olvido tu especial deseo de conocer el contenido del tratado del astrolabio… Insisto en la importancia de su autor Geoffrey Caucer, de notable influjo para quien les habla, (padre de la lengua artística inglesa, introductor de la métrica con acentos y sílabas  como solución para el metro anglosajón aliterativo; escritor, poeta y filósofo, autor de los célebres Cuentos de Canterbury). Pues bien, al albur de algunas noches de observación de las estrellas en la siempre grata compañía de mi hijo Jorge, entonces muy pequeño, y tratando de describirle la situación de algunos objetos estelares, escribí algunos poemas de los que aquí se recogen, y se me ocurrió, consciente de la dificultad de comprensión para niño de tan tierna edad materia tan intrincada como la astronomía, aplicada además a la poesía, por lo  que era muy apropiado este título con el presentamos el conjunto de poemas: Pan y leche para niños.
Exposición de motivos de Pan y leche para niños, Francisco Acuyo
De Salvador Fajardo para el libro
No puedo dejar de reconocer el grado importante de ironía que acompañó, y de hecho aún acompaña, la intención del conjunto de poemas que conforman este título, por un lado porque los poemas parecen, sobre todo algunos de ellos, de no poca dificultad incluso para un lector avezado al género singular de la poesía, no digamos para el infante que, en tan blanda edad y supuestamente ayuno de lecturas tan complejas como la versificada, por lo que, insistió, aparentemente sería cuando menos paradójico hablar de este libro como un tratado de poesía infantil; por otro lado, tampoco se mantiene exento de ironía porque yo mismo puede constatar el craso error personal al considerar al niño falto de lo que en poesía se debe andar, si no sobrado, sí, por lo menos, discretamente equipado: me refiero de intuición para la comprensión inmediata del sentido de las cosas (que en su total o muy parcial reminiscencia de experiencias, manifiesta, no obstante, una sabia e inocente comprensión del mundo), pues expone una capacidad interpretativa sorprendente y, sobre todo, una agudeza y frescura de entendimiento del ritmo y la música que acompaña al significado del verso, que le propician óptimamente para disfrutar en su sonido y armonía del juego lleno de sorpresas y entretenimiento del poema, sobre todo cuando llevan a cabo su especial dicción, y cuando comprenden que aquel sonido cuenta con la magia de un significado que sin duda estimula su imaginación, pues consigue ofrecerse como un verdadero oráculo del que poder imbuirse con la magia del arte y de la ciencia que impregnada la poesía en los posibles significados que encierra los musicales signos que acompasan lenguaje y pensamiento en el poema.
 Veréis discurrir en desigual desfile pues, poemas que se ubican en el mundo de la infancia para redimir el prejuicio de nuestra edad adulta, ya tristemente remisa a indagar en el mundo y en la vida con similar entusiasmo, curiosidad y alegría a como lo hizo cuando niño. Así las cosas son poemas para niños, pues están inspirados no sólo en el aspecto meramente vital, existencial de la infancia, también en la necesidad de permanecer como niños para el mejor y más genuino entendimiento de la razón emocional y existencial del ser humano. El que no sea como un niño no verá el reino de los cielos, será porque ignore o no atienda al fundamento en que en ese estado de conciencia primordial y exento de la infancia es el ideal para la integración de la conciencia en el ser y el devenir de nuestras vidas.
 Los poemas, pues, se agrupan en virtud del eje vertebrador del poema Pan y leche para niños que da título al poemario y argumenta una suerte de guía poética para leer en el cielo estrellado, no es casualidad que el desarrollo de casi la totalidad de los poemas del libro sea en la noche; adjuntando otros inspirados en temas diversos :la percepción de la realidad (oscura y fría tantas veces para el niño) en poemas como el Hada de mi niño, El sueño del centinela, Las noches del centinela, La noche del centinela, o temática universal como la muerte (El sueño de Paula), el tiempo (Almirante del tiempo), o poemas festivos o de celebración como En el ángel de este día, o Nana del ángel de la guarda; o poemas más reflexivos sobre la percepción de la realidad existencial a través de una óptica trascendente, como es el caso de Semblanza del encantador de perros.
Otros poemas que se inspiran en la contemplación del fuego, y la reflexión consecuente en su visión sobre la transitoriedad del mundo vista en su extraordinaria movilidad, así el poema, Más allá de la llama, o la confusa frontera en muchos casos de la realidad y el mundo del sueño, de la realidad y del deseo, véase en este punto también Las noches del centinela, o la aprehensión del mundo y de las cosas aparentemente reales a través del universo de las representaciones como las que posibilita el lenguaje y en especial la palabra poética, es el caso del poema, Lecturas para Laura; o poemas dedicados puntuales como Almas gemelas, dedicado a mi queridísimo y muy inteligente y nunca suficientemente ponderado gato, Marramaquiz.
En fin, es este poemario singular inspirado en la infancia, el que aspira a la contemplación de aquella como una fuerza o impulso vital o extraordinaria plataforma de entendimiento que, acaso, en sus elementos esenciales,  debiera acompañarnos toda la vida, pues en virtud de su energía inaudita comprendemos que es necesaria la sutil inocencia que la acompaña para ser verdaderamente creativos en el transcurso existencial de nuestras vidas.




Francisco Acuyo  




Exposición de motivos de Pan y leche para niños, Francisco Acuyo

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