miércoles, 2 de marzo de 2016

DEL AUTOR Y LA OBRA: DE JOHN FORD (EN LA DILIGENCIA) AL CONCEPTO DE AUTOR DE MICHEL FOUCAULT.

Para la sección dedicada al cine (Cine y poesía) del blog Ancile, traemos una serie de reflexiones sobre el autor y su obra, entorno al film, La diligencia, de John Ford.


Del autor y la obra: De John Ford (en la diligencia) al concepto de autor de Michel Foucault,Francisco Acuyo

DEL AUTOR Y LA OBRA: DE  JOHN FORD (EN LA DILIGENCIA)
AL CONCEPTO DE AUTOR DE MICHEL FOUCAULT.



ALGUNAS APROXIMACIONES FOUCALTIANAS SOBRE EL PARENTESCO DE LA ESCRITURA (DEL RELATO  Y DISCURSO CINEMATOGRÁFICO) CON LA MUERTE. MÁS ALLÁ DE LAS REGLAS DEL DISCURSO LITERARIO CINEMATOGRÁFICO.



Del autor y la obra: De John Ford (en la diligencia) al concepto de autor de Michel Foucault,Francisco Acuyo



NO resultaría en modo alguno extraño encontrar, tras la contemplación de alguna obra maestra de la cinematografía actual, esa sensación de regreso al origen a los grandes maestros de la tradición clásica que hubieron de configurar las directrices fundamentales sobre las que se habría de edificar el denominado séptimo arte, aun con la evolución (y revolución) indicutible(s) de no pocos grandes nombres de la cinematografía reciente, al menos tal y como hoy los entendemos. Así, por ejemplo, creemos que muy pocos pondrían en cuestión el magisterio y excelencia de la rica,  ineludible e influyente trayectoria cinematográfica de John Martin Feeney,[1] y su inevitable autoridad, pujanza y desde luego influencia. Sin duda la magistral y desde luego emblemática obra, La diligencia (1939), puede ser un referente excepcional de ese movimiento puro (que haría las delicias de la imagen-movimiento que Gilles Deleuze[2] describía en sus aproximaciones –semiológicas- de la imagen en el cine), y, desde luego una de las obras que habrían de encumbrar el nombre de su autor al empíreo de la historia del cine, y de uno de sus géneros dilectos y más acreditados e influyentes, al que muy pocos de los grandes creadores pudieron mantenerse impermeables: el wester.
Del autor y la obra: De John Ford (en la diligencia) al concepto de autor de Michel Foucault,Francisco Acuyo                Será precisamente la cuestión de la autoría (que a través de este celebrado título de, La diligencia, de Ford, quizá fuese con el que alcanzase la enorme popularidad y reconocimiento que habría de precederle durante el resto de su vida como director y realizador de cine), sobre la que debatiremos en los siguientes párrafos, y todo a la luz de algunas interesantísimas reflexiones  de[3] sobre el sugestivo e importante asunto del autor (y la autoría) en el ámbito de la escritura (por nosotros trasladado al dominio del discurso singular cinematográfico, y nada menos que en relación a una de las figuras máximas del cine de todos los tiempos: John Ford).

                Si la figura del director (en su función de autor) en las películas de marcado carácter  imagen-acción o gran forma[4] del cine clásico, como los distinguía Deleuze en sus descripción y taxonomía  (especialmente acorde, acaso en el monumento que suponen los films de referencia  de Ford) tiene esa preponderancia marcada y particular, de la que muy bien puede verse aún más acentuada ante la personalidad de uno de los nombres más relevantes e influyentes del cine de todos los tiempos, y no menos ante uno de los títulos más distintivos del género (wester), si es que funciona como auténtica enseña de esta categoría, como así nos lo parece  La diligencia, para muchos el mejor film del género jamás realizado. Las cuestiones debatidas por Foucault sobre ¿Qué importa quién habla?, en clara referencia al autor como motor creativo de un determinado ejercicio artístico (también referido a las aportaciones en el ámbito científico por determinados autores de la ciencia), no es  una cuestión baladí como veremos a continuación. En realidad, si el autor es al que se le puede atribuir lo que se ha escrito (rodado, realizado o dirigido en nuestro caso), y si tal atribución es evidente en su detallado estudio y análisis, es importante saber que obtendremos un resultado que ofrecerá operaciones críticas complejas –y raramente justificadas[5]. Es claro que nosotros, cuando hablamos de Ford, acaso caigamos también en la misma imprudencia que denunciaba Foucault sobre su propio trabajo al hablar genéricamente sobre determinados autores (como Buffon o Marx)[6] con el fin de encontrar reglas mediante las que establecer conceptos o conjuntos teóricos con los que identificar los textos (en este caso, lo más genuino de los films) en general de nuestro autor en cuestión y a colación de nuestro trabajo, de John Ford en particular.
                Cuando Foucault habla del autor, marca distancia con la cuestión referente a todo lo relacionado con lo histórico sociocultural del personaje (autor), para centrarse en los rasgos éticos fundamentales que marcan en este caso el discurso cinematográfico, no tanto como resultado, sino como práctica singular. Acaso en el discurrir (en el movimiento puro) del film, La diligencia, la escritura visual se despliega como un juego que va más allá de las reglas sobre las que en principio se construye, véase uno de los momentos en los que Ringo Kid (John Wayne), esperando la diligencia, hace gala del que puede considerarse uno de los gestos más característicos en personajes del cine de Ford, el arrojar (en este caso las alforjas y sus armas en el lugar habilitado para las maletas de la diligencia) un objeto,[7] gesto mediante el que expresan sus personajes carácter o emociones diversas, movimiento puro mediante el que se expresa emocionalmente Ford, de manera magistral, dando pábulo a aquella famosa afirmación suya por la se dice que será la imagen la que verdaderamente ha de hablar en el discurso cinematográfico, y en el que se muestra –paradójicamente- con ceremonia una supuesta ausencia de estilo,[8] por la que diríase que todo acontece en la trama y discurso narrativo visual de manera natural, no forzada, consustancial a la marcha de los acontecimientos sabiamente expuestos, como en esa luz no usada que hablasen los místicos ante la contemplación de lo divino nunca visto, mas referido ahora al devenir de unos hechos (ficticios o reales) expuestos como sucesos más o menos cotidianos en el devenir de la narración cinematográfica.
Del autor y la obra: De John Ford (en la diligencia) al concepto de autor de Michel Foucault,Francisco Acuyo
                Mas, hay un segundo aspecto capital del que nos habla Foucault en relación a la autoría y que puede traslucirse en el parentesco de la escritura (visual), y que puede emparentarse al film que comentamos,  esto es, la muerte. De hecho no son pocas las escenas, los planos, en los que se barrunta la muerte sobre los personajes en la narración de La diligencia, y que ofrecen un dejo de deseo de inmortalidad del autor a través de su obra; especialmente memorables son las escenas en las que tiene lugar el parto de la señora Lucy Mallory (Luise Platt) en unas condiciones de lo más inciertas, asistida en el parto por Dallas (Claire Trevor), una prostituta expulsada de la ciudad, y por un médico borracho, Josiah Boone (el espléndido Thomas Michel) y bajo la amenaza hostil y constante de los Apaches Chiracaguas…; o en los momentos del enfrentamiento -e espectacular rodaje- entre los viajeros de la diligencia y los Apaches, camino de Lordsburg, no en vano es herido de muerte el defensor de la señora Mallory, Hatfield (John Carradine),  y a la que previamente reserva una última bala antes de que pueda ser capturada por los indios. No digamos el momento de la llegada de Ringo a la nombrada ciudad de  Lordsburg, en donde el héroe decide hacer justicia por la muerte de su padre y hermano a manos de los Plummer. Siguiendo la tradición milenaria (epopéyica), y todo mediante la maniobra en la que la narración (visual) está destinada a perpetuar la inmortalidad del héroe. En este sentido volvemos al estilo invisible o ausente de Ford que, muy bien, puede emparentar la relación de la muerte con el discurso visual de las imágenes en su narración singular, donde la marca de su director (de su autor) es precisamente la de su aparente ausencia, si es que tiene que representar, como decía Foucault, el papel del muerto en su relato fílmico.
                Nos parece que en el discurrir de la obra de Ford puede constatarse como en pocos otros directores cinematográficos una noción de escritura visual extremadamente genuina, mostrando su discurso (la escritura, aquí, como imagen en movimiento) como ausencia, tal es, insistimos en esto, el movimiento natural de los personajes, las acciones de los mismos y los espacios (y tiempos) donde se sitúan. El trayecto y los aconteceres del mismo se resuelven con la misma naturalidad que si fueran vividos en una percepción (desde luego visible) y, sin embargo, sutil y fugaz que exige acaso para nuestro deleite una visión tras otra -o revisión- del texto (fílmico) narrativo que nos ocupa.
Del autor y la obra: De John Ford (en la diligencia) al concepto de autor de Michel Foucault,Francisco Acuyo
                Si Foucault se refería a los problemas que plantea la referencia de un autor a un determinado nombre propio, y que es imposible hacer del nombre propio una referencia pura y simple, no lo sería menos en el caso del muy relevante nombre autor de John Ford, y sobre todo tras la contemplación del films tales como La diligencia, si es uno de los emblemas de su trayectoria excepcional cinematográfica, y es que este nombre no sólo está señalando a John Martin Feeney (alias John Ford), también a una de las fuerzas creadoras más significativas y representativas del género e incluso a uno de los paradigmas máximos de lo que el séptimo arte significa. Por lo que el nombre del autor no es en modo alguno un nombre propio como los otros. Aquí, en esta película, y en este autor, estamos ante el nombre (de un autor-función) que actúa para caracterizar un cierto modo de ser del discurso (cinematográfico) que adquiere un extraordinario y peculiar estatuto. Por todo función-autor, en el caso que nos ocupa, suponga una característica del modo de existencia y funcionamiento del propio discurso cinematográfico, con todos sus indiscutibles aciertos y seguras limitaciones.
                Ante figuras de gigantes como Ford, podemos entender de manera proverbial que existan nombres (autores) que se establezcan como imperativos (de la literatura y desde luego) del cine. Si bien en nuestros días la función de autor implica que este funciona de manera plena, como una instancia profunda que se manifiesta como un poder creador originario de un tipo de discurso (literario  o) cinematográfico, y en el caso de Ford el autor es así mismo el principio de unidad de escritura –visual- llevada al movimiento cinematográfico, y es que el autor (función) John Ford puede calificarse como un centro singular de expresión que acaba manifestándose desde sus obras maestras hasta la revisión de sus primeras creaciones (mudas), y caulesquiera otros ejercicios de expresión fílmica en su dilatada y riquísima carrera como realizador.
                No obstante, lo más sugestivo del nombre –autor- del director de, La diligencia, radica, a nuestro juicio, en que se encuentra en una posición realmente transdiscursiva, si es que estamos en verdad ante uno de los fundadores fundamentales de la discursividad cinematográfica, y, de La diligencia, como uno de los modelos ejemplares de lo más elevado de su discurso.


Jorge F. Acuyo Peregrina
               










[1] Verdadero nombre del célebre cineasta John Ford.
[2] Deleuze, G.: La imagen-movimiento, Ediciones Paidós, Barcelona, 1984.
[3] Foucault, M.: ¿Qu’est-ce qu’un autor? In Dits et Écrits, P. Rabinow, Ed.), pp.789-812.
[4] Terminología acuñada por Gilles Deleuze –bajo el influjo del concepto de movimiento de Henri Bergson) para distinguir los tres distintos tipos de imagen movimiento cinematográfico (imagen acción, imagen percepción e imagen afección).
[5] Foucault, M.: ¿Qu’est-ce qu’un autor?, nota 3.
[6] Ibidem.
[7] Hasumi, S.: John Ford o la elocuencia del gesto, Minerva, 19.12.
[8] Recuérdese aquella entrevista a Jean Marie Straub, por Charles Tesson.





Del autor y la obra: De John Ford (en la diligencia) al concepto de autor de Michel Foucault,Francisco Acuyo

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