sábado, 17 de diciembre de 2016

EL CARÁCTER DE LA MARCA: EL GENIO POÉTICO (O EL ÁNGEL TRASPERSONAL PARA EL MUNDO)

Para la sección del blog Ancile, De juicios, paradojas y apotegmas, traemos otra entrada, la cual porta el título de: El cáracter de la marca: El genio poético (o el ángel transpersonal para el mundo).




El genio poético (o el ángel transpersonal para el mundo), Francisco Acuyo




EL CARÁCTER DE LA MARCA: EL GENIO POÉTICO

(O EL ÁNGEL TRASPERSONAL PARA EL MUNDO)





El genio poético (o el ángel transpersonal para el mundo), Francisco Acuyo



Cuántas veces, leyendo poetas clásicos del mundo (ora identificados por un nombre y una trayectoria personal histórica y biográficamente reconocible, ora aquellos anónimos poetas, anfitriones siempre generosos con nosotros, huéspedes ansiosos de toda novedad imaginativa sobre su vida e influencias y tránsito intelectual y espiritual…), intuía de su potencia expresiva y genio creativo un nexo común, transpersonal, diría incluso, no humano, cuyo ángel o duende[1] interacciona con el mundo sensible del lector o amante verdadero de la poesía, más allá de las cualidades individuales (egocéntricas, siempre condicionadas) del que firmaba al pie del poema.
El genio poético (o el ángel transpersonal para el mundo), Francisco Acuyo                Más allá de las relaciones patológicas –con sus perversiones y desviaciones inauditas- que, también se dan, entre el genio y el supuesto dueño del mismo, y que tantos oropeles, por otra parte, proporcionan en la actualidad a una sociedad poco avisada en lo genuino del arte, de la ciencia, de la filosofía, me interesaban los rasgos que habrían de marcar el carácter del genio dueño de estos o aquellos versos excepcionales.  Sí, más allá de la percepción biográfica del genio detectaba rasgos que le hacía común a otros genios, los cuales, en principio, se basaban en la preocupación por la belleza; tenían perfectamente claro que su descuido era desatender, postergar, nada menos que a la Diosa (siempre fértil, creativa) que es la que facilita esa suerte de palingenesia[2] que emparenta sus [3].
potencias creativas en un círculo de eterna recurrencia a la que tendrán acceso los convenientemente avisados. Iniciático ritual necesario para no desvirtuar su auténtica naturaleza, se precisa por parte del poeta y del amante verdadero de la poesía (o lo que es lo mismo,  lo genuino creativo que la caracteriza) que participan de cada nueva encarnación (reencarnación), en espíritu sensible, me refiero al que ama y entiende esta verdad profunda y única de la poesía, sí, reitero nuevamente, un paso más allá de lo meramente literario. Por esto es tan rara la manifestación del genio, porque participa de esta inaudita y extraordinaria capacidad de la poesía cual es la creación y que se manifiesta en la mágica verdad de que lo semejante busca a lo semejante
                El daimon[4] platónico en estos genios parece reflejarse en la imagen peculiar de sus destinos, imponiendo con rigor y fuerza incontenible su preconsciente sino, manifiesto tantas veces en la inquietud, la insatisfacción o la impaciencia de su anhelo que precisa con vehemencia la belleza manifiesta en la metafórica o poética expresión parar realizarse y comunicar con el mundo.
                Por todo esto la poesía, pese a quien pese[5], es la elevación de lo orgánico de nuestra vida para otear con amplia perspectiva nuestra alma en el orden y lugar que ocupamos en la tierra, por lo que si, tanto el poeta como el que ama la poesía, apartan su camino de la senda de este daimon se condenan y sufren en el exilio de sí mismos, este abandono es, en fin, la soledad del pecado y de su caída solo superables en la contemplación –y despertar- en la imagen olvidada, abandonada, que habita el corazón del exiliado.


Francisco Acuyo




[1] García Lorca, Federico: Conferencias, Obras completas, Aguilar, Madrid, 1978.
[2] Palin y génesis, lo nuevo creado
[3] Reconocible en los principios de la magia simpatética, véase, Frazer, La rama dorada, Fondo de Cultura Económica, México, 1990.
[4] Según el cual el alma es quien elige su destino y un daimon que la vigila desde el nacimiento para que se cumpla su destino
[5] Los ineptos que quieren reducirla a un ejercicio de expresión literaria chabacano e intelectualmente nulo y emocionalmente vacío en las convenciones de lo sentimentalmente correcto, impuesto y, finalmente, aceptado



El genio poético (o el ángel transpersonal para el mundo), Francisco Acuyo

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