domingo, 11 de junio de 2017

DE LAS PROPIEDADES DE LO BELLO Y LA REALIDAD DE LO OBSERVADO

De nuevo insistiendo sobre la belleza y su realidad traemos para la sección, Pensamiento del blog Ancile, la entrada que lleva por título, De las propiedades de lo bello y la realidad de lo observado.


De las propiedades de lo bello y la realidad de lo observado. Francisco Acuyo
De Joel Rea


DE LAS PROPIEDADES DE LO BELLO Y

  LA REALIDAD DE LO OBSERVADO


De las propiedades de lo bello y la realidad de lo observado. Francisco Acuyo
De Julia Geiser

El valor de lo bello es la propiedad de un objeto (también de una idea) que para ser necesita de la propiedad de ser observada (el ser en la belleza)[1], decía en más de una ocasión, sin conocer entonces la inquietante afirmación John Wheeler que se aproximaba inquietantemente[2] a la que había tenido (muy humildemente) como una intuición necesaria para indagar sobre lo que la belleza sea.
                  Más allá (o más acá) de que la belleza sea verdad (como ideal del bien y de perfección), es inevitable preguntarse cuál es la naturaleza de lo bello, lo cual es como decir o preguntarse qué debe producirse para que esto o aquello sea hermoso. Las causas físicas que producen dicha hermosura aparecen como incuestionables, si se manifiestan reflejadas en la materia misma (como objeto), recordamos en anteriores entradas[3], siendo la conciencia algo accesorio y en modo alguno fundamental, ofreciendo un ámbito de belleza carente de humanidad en una sociedad, no obstante, perfecta. Lo más íntimo de las estructuras materiales de su organización, así como sus propiedades habría sido insensible a cualquier cambio, sin el factor de la conciencia el dominio mecánico del mundo haría inevitable la imposibilidad de una valoración de lo supuestamente bello que requiere además de la observación (de la consciencia), también el dictamen, la consideración, el aprecio y valoración de lo hermoso.
De las propiedades de lo bello y la realidad de lo observado. Francisco Acuyo                  De lo inmediatamente antecedido se infiere que la conciencia (cartesiana) mecánica, radicalmente separada del objeto de belleza, es imposible para su valoración, no solo emocional, también intelectual de aquél. En cualquier caso partimos de potencialidades e intuiciones sobre lo que la belleza sea en las que la conciencia juega un papel capital para su realización y sobre el ámbito singular en el que lo bello aspira a ser real. Así pues,  la conciencia (la idea) de lo bello podemos afirmar que tiene que ver con más que lo que podemos decir de la belleza (análogamente decía Bohr[4] en relación a lo que podíamos advertir de la propia naturaleza, por lo que podíamos argumentar que el dominio en el que prevalece lo bello es el de las ideas o las abstracciones que, sin embargo, se identifican admirablemente con lo físico y que apreciamos sensorialmente. ¿La realidad de lo bello y la realidad de lo material están sujetas a la previsión de la abstracción (ideación) probabilística[5] y, por tanto, dependientes de la conciencia del observador?
                  Hubo quien en modo alguno se sentía cómodo con  esta visión extraña de la realidad atómica de todas las cosas que venían a estar hechas con átomos. Es el caso de Schrödinger. Así pensaba que (véase la metáfora del gato de Schrödinger)[6] que la conclusión lógica extraíble de la visión cuántica tenía que ser absurda o extravagantemente verdadera. La contemplación y valoración de la belleza me hace muchas veces sentirme como el observador del pobre gato sujeto al ser o no ser en virtud de si es o no observado. Parece que la cuestión de qué es o no bello puede ser análoga a la cuestión de qué es o no real, y eso nos lleva inevitablemente a entender qué es la belleza lo mismo que a qué nos referimos cuando hablamos de realidad. Parece difícil eximirse, no obstante, de la necesidad positivo materialista de que si una propiedad física (por qué no estética) de un objeto puede conocerse sin observarse, entonces esa propiedad no puede haber sido creada por su observación[7] (es decir por la conciencia).
                  En cualquier caso, la cuestión de las propiedades de lo bello y de lo real para su objetivación necesita un punto original desde el que partir para obtener la condición de bello y, por qué, de real. Estas cuestiones fascinantes las iremos desgranando en posteriores entregas de este blog.


Francisco Acuyo



[1] Acuyo, F. Fisiología de un espejismo, Artecittà ediciones, Granada, 2010. Elogio de la decepción, Jizo ediciones, Granada 2012.
[2] Decía: Ninguna propiedad microscópica (material) es una propiedad hasta que es una propiedad observada.
[3] Ancile: Cuando la realidad es belleza y la belleza realidad: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/06/cuando-la-realidad-es-belleza-y-la.html
[4] Niels Henrik David Bohr, padre de la denominada escuela de Copenhague y uno de los físicos fundamentales de la teoría mecanicocuántica.
[5] De hecho no son pocos los físicos de partículas que piensan que los objetos (microscópicos) no son reales, sino que son meras potencialidades.
[6] O paradoja del gato de Schrödinger, cuyo experimento imaginario consistía en introducir un gato en una caja cerrada y opaca de tal suerte que un dispositivo de gas se activa en virtud de que una partícula radiactiva lo active y el gato muera (o no) según las probabilidades, del 50%, de que esto suceda o no, por lo que se dice que hay una superposición de estados sucederá que en virtud del paso de unos instantes el gato estará al mismo tiempo vivo y muerto.
[7] Rosenblum, B. y Kuttner, F.: El enigma cuántico, Barcelona, 2010, p. 164.



De las propiedades de lo bello y la realidad de lo observado. Francisco Acuyo

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