miércoles, 19 de julio de 2017

LA CUADRATURA DEL VERSO: EL ESPÍRITU RENACENTISTA EN EL CONTINUUM DE LA POESÍA.

Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos una nueva entrada que lleva por título: La cuadratura del verso, el espíritu renacentista en el continuum de la poesía.

La cuadratura del verso, el espíritu renacentista en el continuum de la poesía, Francisco Acuyo


LA CUADRATURA DEL VERSO:

EL ESPÍRITU RENACENTISTA

EN EL CONTINUUM DE LA POESÍA


La cuadratura del verso, el espíritu renacentista en el continuum de la poesía, Francisco Acuyo


Cuando Leonardo[1] (y otros grandes genios del renacimiento) reflexionaba(n) sobre el continuo, expusieron posiciones verdaderamente ruptiristas en torno al mismo concepto de infinito y su prejuzgada realidad filosófica, matemática y, desde luego, científica. SI tú músico, me dices que tan sólo las ciencias de la mente no son mecánicas, replicaré que la pintura es de la mente y que, así como la geometría y la música consideran las proporciones de las cantidades continuas y la aritmética, la de las discontinuas, aquélla considera todas las cantidades continuas y las cualidades de las proporciones…[2], es esta consideración en verdad revolucionaria, en tanto que habrían de situar el infinito en el plano de sus representaciones, convirtiendo en actual lo que hasta entonces había sido en geometría algo meramente potencial[3].
                Siguiendo el hilo de la anterior exposición[4], la poesía describe indudablemente una realidad que en modo alguno puede considerarse mecánica, ni siquiera desde el estudio mismo de sus estructuras rítmicas y eufónicas. Intuíamos entonces que lo infinitamente divisible es algo estrechamente vinculado al concepto mismo de continuidad. Si observamos la dinámica del verso en toda su complejidad, veremos que los parámetros discontinuos y mecánicos del precepto métrico son, a todas luces, insuficientes para la explanación de sus procesos expresivos; sucede algo muy similar a lo que ocurre en el ámbito de las matemáticas, y más concretamente en el dominio de la geometría, nos referimos al ámbito de las cuadraturas. Mientras todo fuese susceptible de descripción con líneas rectas era más o menos fácil la resolución de dichas cuadraturas, la cuestión se volvía mucho más peliaguda en cuanto que hacían su aparición las curvas, en tanto que su aparición conllevaba ineludiblemente a la idea del infinito, mas no a un infinito abstracto, sino al inquietante infinito actual. Es así que cuando aparecen elementos perturbadores en el verso (desvíos gramaticales, desvíos métricos, usos audaces de determinados recursos retóricos –como por ejemplo el símbolo o la sinestesia, que exceden, por cierto, el juicio lógico y requieren de
La cuadratura del verso, el espíritu renacentista en el continuum de la poesía, Francisco Acuyo
interpretaciones que abundan ya en el ámbito de lo irracional…), es imposible cerrar la cuadratura del verso como también se intentó con la del círculo, y que la viene a conectar desde su misma etimología (poiesis) con el acto creativo, en tanto que somos testigos de la continuidad (e infinitud) del producto poético, capaz, no obstante, de saltar para concretarse en el artefacto poético literario concreto que es el poema.
                El axioma de continuidad de Eudoxo (dadas dos magnitudes entre las que existe una razón, se puede encontrar una de ellas que excede a la otra) puede constatarse con facilidad dicha axiomática en el constructo poético; pongamos como ejemplo, atendiendo al aspecto indiscutible de su excepcionalidad métrica: veremos que el concepto de límite –métrico- en poesía establece una relación precisa y consistente, por ejemplo el verso alejandrino está compuesto de dos heptasílabos, y el heptasílabo es susceptible de subdividirse en verso de cuatro y tres, o tres y cuatro, etc… y todo esto sin tener en consideración las múltiples variables de cada verso en función de los diferentes elementos que la componen e interaccionan dinámicamente (sinalefas, dialefas, diéresis…), de todo lo cual podemos inferir que el cálculo numérico del verso ha de enfrentarse también a los conflictos del infinito, por lo que no sería descabellado atreverse a hablar en el análisis métrico de un cálculo infinitesimal, si es que en verdad, como así parece, las magnitudes (vivas) del verso acaso son susceptibles de dividirse ad infinitum por un método de exhaución y luego utilizarse como elementos indivisibles en un todo y donde cada uno de los elementos constituyentes (sílabas, acentos, pausas, cesuras…) acaban teniendo verdadera densidad dinámica, si entendemos esta como la relación matemático numérica que nos dice que entre dos números siempre hay otro, por lo que la relación métrica como números naturales es insuficiente, ya nos habla de sucesiones infinitas de las que puede ser susceptible cualquier composición poética, por lo que nos habla de magnitudes singulares que requieren cálculos especiales.
                De todas estas apreciaciones sobre el continuum de la estructura del verso seguiremos abundando en próximas entradas.


Francisco Acuyo
               



[1] Da Vinci, Leonardo: Tratado de la pintura, Espasa Calpe, Madrid, 1956.
[2] Ibidem.
[3] Gracián, E.: Un descubrimiento sin fin, el infinito matemático, National Geographic, Edición especial, RBA Revistas, Barcelona, 2017, p.61.
[4] Acuyo, F.: El número poético: sinfonía del infinito, Ancile: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/07/el-numero-poetico-sinfonia-del-infinito.html



La cuadratura del verso, el espíritu renacentista en el continuum de la poesía, Francisco Acuyo

lunes, 17 de julio de 2017

EL NÚMERO POÉTICO: SINFONÍA DEL INFINITO

Indagando en la estructura viva del verso traemos una nueva entrada para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, esta vez bajo el título de. El número poético: sinfonía del infinito.



El número poético: sinfonía del infinito, Francisco Acuyo





EL NÚMERO POÉTICO: SINFONÍA DEL INFINITO




El número poético: sinfonía del infinito, Francisco Acuyo


MUCHOS colegas y amigos insistían en comunicarme su estupefacción cuando colocaba a George Cantor como uno de mis héroes dilectos en el ámbito del pensamiento alcanzando acaso la cota más elevada jamás descrita por una mente humana[1]. No supone este escrito ningún reproche a tales interrogantes de propios y extraños, acaso porque yo tampoco puse la menor insistencia en justificar esta y otras predilecciones, tenidas por muy extravagantes para una persona cuya humildísima relevancia estaba objetivada en el dominio mal llamado de las humanidades.
                Cantor fue un personaje que, como matemático, pensador y ser humano siempre me causó fascinación, tal vez porque vi entre sus inquietudes de genio, las menesterosas, limitadas y escasas mías, que venían a confluir con mis groseras e ignaras intuiciones sobre materias y controversias en dominios impropios pero que en verdad para cualquiera con un mínimo de curiosidad intelectual resultan altamente fascinantes.
                Como poeta y modesto estudioso del constructo poemático,  y siguiendo siempre los parámetros propios de persona con mucha imaginación y pocos conocimientos, estuve viendo gigantes donde acaso no hubo más que molinos de viento. Es el caso que, cuanto más atendía a la estructura del verso y la comparaba con los tratados concienzudos de metricistas
El número poético: sinfonía del infinito, Francisco Acuyo
y expertos de la lengua, más lagunas encontraba en las que pretendían ser rigurosas percepciones, sobre todo porque su ámbito singular de ser y funcionar parecía a la luz de sus convenios y preceptivas una compleja máquina de relojería que funcionaba en virtud de su resolutiva mecánica. A mi juicio, nada más lejos de su especial realidad.
                La cuestión es que a mí, reconociendo la indudable certeza del número en la organización rítmica y eufónica del verso, nunca me pareció un conjunto de engranajes y tuercas puesto en marcha para la idoneidad del discurso literario y menos aún para el poético. Algunas reflexiones he dejado al respecto[2].
                Cuando meditaba sobre las diferentes combinaciones numéricas en el ritmo del verso en nuestra lengua (también en otras, no románicas incluso), comenzaba a pensar que el cómputo silábico o de pie métrico eran descripciones del todo mecánicas e insuficientes para servir de modelo siquiera aproximado a la realidad orgánica de funcionamiento expresivo en el verso, primero, y en el poema, después. No era una mera cuestión de combinación o permutación matemática, según la importancia que le demos a la ordenación de sus diversas acentuaciones estrictamente delimitadas por el precepto métrico al que debiera estar sometido, y según qué tipo de verso. Era una visión extraordinariamente ordinaria y simplista de la realidad de la estructura dinámica, viva, del verso.
                Si las combinaciones de acentos, clases de versos, combinaciones de los diversos y complejos elementos del verso (licencias, pausas, cesuras,….), desvíos contrastables en el uso de la lengua y en el del propio precepto métrico, nos hablan de números enormes en las posibles combinaciones de todos sus elementos estructurales, cuya naturaleza dista mucho de la realidad comprendida en los estudios al uso de la materialidad poética, y cuya infinitud deja de ser potencial para ser contemplada como actual.
                Volviendo a Cantor, esta reflexión inmediatamente expuesta, está muy relacionada con las nociones numéricas de infinitud que describía y maneja el genial matemático de San Petesburgo[3], mas también con la electromecánica cuántica, en el que cualquier escenario mental al respecto de la infinitud de la materia a estos niveles  se mueve hacia una realidad material netamente contrastable. Entraremos de lleno en próximas entradas sobre esta interesante cuestión.



Francisco Acuyo



[1] Véase también como ejemplo muy particular el caso de mi admiración hacia Emmy Noether en relación a los modelos de simetría expuestos por la matemática, ver en Ancile: Belleza y simetría al albur de la genialidad matemática de Emmy Noether: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2016/11/belleza-y-simetria-al-albur-de-la.html
[2] Acuyo, F.: De la proporción en lo diverso, Los fundamentos de la proporción en lo diverso: sobre la simetría y la asimetría endecasilábica, tesis doctoral, Departamento de Lingüística y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, Universidad de Granada, Granada 2007.  Fundamentos de la proporción en lo diverso: nueva edición corregida y adaptada, Jizo ediciones,  de Ensayo, nº 17, Granada, 2009.
Fisiología de un espejismo, Artecitta ediciones (Fundación Internacional Artecitta), Granada, 2010, 
 Elogio de la decepción (y otras aproximaciones a los fenómenos del dolor y la belleza), Jizo ediciones, colección El círculo del límite: Granada, 2013
[3] Otro de mi más admirado matemático también oriundo de esta maravillosa ciudad: Grigori Perelman, véase en Ancile, Acuyo, F. : El efecto Perelman: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2014/06/el-efecto-perelman.html




El número poético: sinfonía del infinito, Francisco Acuyo

miércoles, 12 de julio de 2017

LA VIDA INVISIBLE DEL INFINITO EN POESÍA

A vueltas con el infinito traemos una nueva entrada para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, que lleva por título: La vida invisible del infinito en poesía.




La vida invisible del infinito en poesía, Francisco Acuyo





LA VIDA INVISIBLE DEL INFINITO EN POESÍA






La vida invisible del infinito en poesía, Francisco Acuyo


Cuando el poeta intuye, aun anclado en la realidad de lo visible a la realidad invisible (tan juanramoniana, por cierto)[1] está acaso describiendo ese mundo de lo indeterminado capaz de abarcar totalmente lo decible e indecible que en tantas ocasiones sugiere lo infinito. Encontrar analogía entre lo fable y lo discreto matemático o físico, es muy propio de poeta, no en vano el que suscribe estas líneas aventuradas e inseguras intenta serlo, seguro de que su amor a la poesía, no ofrece ninguna duda (como extraña vocación que se manifiesta pertinaz e incomprensible); decíamos pues que lo discreto es lo fable, pues separado del todo del mundo que conforma, se presenta como algo acabado, cerrado, inamovible. Lo inefable, sin embargo, es una suerte de continuidad inabarcable que, al no tener “bordes” sobre los que asirse, compromete al entendimiento con su inefable (inabarcable) densidad.
                Si en matemáticas el número natural es susceptible de enmarcar entidades numéricas discretas (y aplicadas posteriormente a la ordinaria realidad): 1, 2, 3, 4, …,  los números fraccionarios encaran, sin embargo, una realidad continua que no tienen ni advierten los naturales, y es que todos sabemos que entre el 2 y el 3 no hay más entidades numéricas, sus cantidades discretas, acabadas, únicas, son evidentes. No sucede así con la fracción, cuya singularidad radica en que entre una y otra cantidad hay infinitos números. Esta continuidad del número fraccionario racional le inviste de un grado especial de inefabilidad contable que le relaciona con el infinito.
                Así las cosas, a fuer de divagar en lo inabarcable, como buen poeta, encuentro un parentesco muy sugerente entre el texto literario, cerrado, abarcable, determinable en virtud de su aristotélica fórmula fabulística (un principio, un nudo y un fin en desenlace) y siempre sujeto a la norma lingüística común, como sustancial evidencia discreta del lenguaje que, como número natural, no deja margen a otra visión que la de su círculo perfecto y acabado, no hay nada entre este y otro discurso perfectamente acabado. No es así la poesía (verdadera) que, siempre abierta, está interaccionando con el mundo de lo material (corporal) y con el mundo de la conciencia (emociones, aspiraciones inmanentes y trascendentes), su supuesta unidad (discreta) lingüística está en continua
La vida invisible del infinito en poesía, Francisco Acuyo
interpretación y en perpetua lucha con las partes discretas que conforman su entidad literaria y lingüística, mas no solo eso, se diría ir y venir de lo continuo (indefinido, infinito) a lo discreto que crea.
                Las unidades fonéticas, lingüísticas, métricas, gramaticales, lógicas… muestran el ámbito discreto de la poesía. Su potencia como energía creadora nos sitúa en el dominio inevitable de la paradoja, de la ambigüedad esencial, en la indeterminación de lo que es infinito. La visión parmenidea  justificada por el gran Zenón de Elea a través de sus paradojas (insistimos en que la poesía es la ciencia de la paradoja[2]), nos compromete a una revisión de las partes como conformidad de un todo, y es que en el ejercicio creador las partes tienden a sumar más que el todo que supuestamente las compone. La poesía (si es en verdad poiesis) es mucho más que una magnitud diferenciada (gramatical, métrica, lógicamente…), es la realidad del continuo que vive y se embaraza en la totalidad indivisible, inefable e infinita de la fuerza que genera todas la cosas. En cierto modo, la poesía tiene una vinculación metodológica con la reductio ad absurdum, en tanto que es acaso la forma proverbial de conciencia que va en contra del sentido y del pensamiento común (puede constatarse perfectamente desde la óptica de la misma argumentación lingüística de la palabra poética),[3] manifestando, no obstante, una lógica –poética- impecable.
                Desde una óptica lógico matemática, el infinito poético es una muestra en verdad de la superación del denominado infinito potencial (abstracto, mental ajeno a la actualidad) en favor de un infinito en acción, plenamente actual. Seguiremos esta línea de argumentación en próximas entradas de esta sección del blog Ancile.


Francisco Acuyo



[1] Jiménez, J.R.: El trabajo gustoso, Aguilar, Madrid, 1961, p. 58.
[2] Acuyo, F.: Fisiología de un espejismo, Artecitta ediciones (Fundación Internacional Artecitta), Granada, 2010.
[3] Acuyo, F.: Ancile: Roman Jakobson: Sobre Lingüística y poética: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2010/10/roman-jakobson-sobre-linguistica-y.html 



La vida invisible del infinito en poesía, Francisco Acuyo


viernes, 7 de julio de 2017

DEL INFINITO MATEMÁTICO AL POÉTICO

Sobre la cuestión del infinito seguimos abundando con el título, Del infinito matemático al poético, para la sección, Pensamiento, del blog Ancile.

Del infinito matemático al poético, Francisco Acuyo




DEL INFINITO MATEMÁTICO AL POÉTICO




Del infinito matemático al poético, Francisco Acuyo




Si la secuencia de los números naturales (1, 2, 3, 4 ….) se dice que es infinita, lo será en virtud de que siempre será susceptible de añadirse un número más, y del que será, además,  deducible una idea de temporalidad que no está del todo clara, y es que ese siempre que puede llevarnos a la enumeración infinita de números naturales puede también evocarnos la idea de eternidad, cuyo concepto no es en modo alguno equiparable a la idea de un tiempo infinito, si es que lo que es eterno está en verdad fuera del tiempo.
                En cualquier caso la prolongación infinita de algo o el proceso infinito de división (si es  posible un proceso de división infinito (aporías –aporimas-, recordamos las muy célebres de Zenón de Elea (Aquiles y la tortuga), a otras muchas como las de Anaximandro, Demócrito, Sócrates…) todas las cuales deben tener una relación con lo indeterminado o, lo que es lo mismo,  con aquello que carece de límites. Cuestión contradictoria y muy debatida en el ámbito de la filosofía será la vinculación inquietante entre lo infinito y el vacío, lo ilimitado y la nada que, desde Parménides, será objeto de inevitable controversia, todo lo cual nos muestra que cuando hablamos del infinito, estamos ante mucho más que un mero objeto abstracto o imaginario, y es que esta idea de lo ilimitado acompaña al hombre desde siempre, como lo hace cualquier otro inseparable elemento vital a nuestra conciencia como es el tiempo o la misma concepción de la vida.
                Pero, volvamos a la cuestión del infinito como potencia y actualidad anteriormente enunciada[1]: que n+1, dará siempre un nuevo número (natural) es algo indiscutible, la cuestión es mucho más sutil, sobre todo si lo que tratamos es de saber la posibilidad de qu
Del infinito matemático al poético, Francisco Acuyo
e su infinito sea un hecho factual, no solo sujeto a especulación lógico abstracta. En realidad lo que sucede es que nos enfrentamos ante la posibilidad de un infinito teórico y un infinito real. La infinitud de los mundos de Giordano Bruno era una abstracción imaginable, no constatable factualmente, este ejemplo puede servirnos para adelantar que no tiene nada de particular que en matemáticas el infinito sea una cuestión puramente temporal o teórica (al menos así lo fue hasta el siglo XIX).
                Si el infinito, como ilimitado, es doble[2] (es forma y materia), cuya polaridad se ha asociado al bien (si limitado) o al mal (si es infinito), es interesante resaltar un parentesco con la poesía que no me atrevo a denominar como inaudito (poesía, ciencia de la paradoja),[3] si son las que engarzan con lo telúrico, primigenio, en el que una vez tuvo origen precisamente la lucha de similar dualidad y que también fue reconocida  en la aritmética, si es que esta igualmente hace posible la reunificación del límite y lo ilimitado,[4] y que, a la sazón, se hace extensiva a la misma geometría.
                Como se puede colegir fácilmente, de la cuestión del infinito se deduce también el viejo e irreductible problema de la unidad y la mutiplicidad que tanto juego dio al mismo Platón y a su sabrosa conclusión de que todas las cosas son producto de la heterogeneidad que se encuentra sumada y sintetizada en lo limitado y lo ilimitado, y que del equilibrio entre ambos es posible una estabilidad existencial.
                Volviendo a la cuestión puramente matemática, tenemos que añadir que el infinito actual se dice que solo es posible en el dominio de las matemáticas (y añadimos nosotros, que también en el ámbito de la poesía). Los conflictos y paradojas que acontecen en el territorio de las matemáticas suelen ser violentos y de consecuencias controvertidas y que llevan en muchos casos a la negación del infinito de manera actual[5]. No obstante, en la parte de las matemáticas dedicadas al cálculo (sobre todo al cálculo infinitesimal) lleva a generar confusiones notables que muy bien pueden ser comparables a las que acontecen en el ámbito de la física clásica en relación a la física de partículas (cuántica). Mantienen una exigencias de interpretación muy diversas, no sólo sobre la disciplina de la que tratan (sea física o sea matemáticas), sino sobre el corazón mismo de lo que el mundo y la realidad sean. Insistiremos en este asunto en próximas entradas de este blog.




Francisco Acuyo



[1] Acuyo, F.: Blog Ancile, El ser y la gracia indeterminada del infinito y de la poesía: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/07/el-ser-y-la-gracia-indeterminada-del.html
[2] Plotino: Enéadas, Gredos, Madrid, 1982.
[3] Acuyo,  F: Fisiología de un espejismo, Artecittá, Granada, 2010.
[4] Zellini, P.: Breve historia del infinito, Siruela, Madrid, 2004, p.23.
[5] Véase la sección del blog Ancile, Poesía y matemáticas: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/search/label/Poes%C3%ADa%20y%20matem%C3%A1ticas


Del infinito matemático al poético, Francisco Acuyo

miércoles, 5 de julio de 2017

EL SER Y LA GRACIA INDETERMINADA DEL INFINITO Y LA POESÍA

Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos la entrada que lleva por título: El ser y la gracia indeterminada del infinito y de la poesía.

El ser y la gracia indeterminada del infinito y de la poesía.Francisco Acuyo

EL SER Y LA GRACIA 

INDETERMINADA DEL INFINITO Y LA POESÍA


El ser y la gracia indeterminada del infinito y de la poesía.Francisco Acuyo




En anterior ocasión hablábamos del antes y el después de lo que fue concluso, terminado, perfecto. Interrogarse sobre el antes y el después de lo que está acabado o acabándose o formándose, es necesariamente interrogarse sobre el infinito. Aquello que se conforma para ser y estar en una estructura es objeto de conocimiento y de cultura. Aquello que no puede delimitarse en pos de una cerrada disposición o armadura definitivas, es una totalidad en movimiento que no concluye, pues es ella la que dinamiza lo que quiere ser y estar como objeto o como libre configuración del espíritu que alienta lo que nunca acaba, porque nunca tuvo comienzo. Es aquel estado de gracia atribuible a lo genuinamente creativo y que Juan Ramón Jiménez identificaba necesariamente con la poesía[1].
                La intuición genial del poeta de Moguer acierta casi de pleno con lo que la poesía es desde su acepción etimológica primitiva: poiesis, que no es otra cosa que la cualidad de la acción referida a la creación desde el espíritu (la mente, el pensamiento) a la materia, pero siendo ésta –la poesía- antes y después de esta última –la materia-. El infinito es enigma, misterio inexcusablemente creativo. Si el infinito no tiene fin ni termino[2], es una cualidad inherente a lo que es la potencia que posibilita el acto mediante el que las cosas llegan a ser.
                Mas tampoco puede el infinito tener principio. Sobre todo si en él está el origen indeterminado y potencial creativo de todas las cosas. Entendamos que este concepto no es necesariamente el de infinito lógico matemático, del cual, por cierto, ya hablaremos con posterioridad, sobre todo porque es susceptible de la sutil diferenciación entre el infinito actual y el potencial.
El ser y la gracia indeterminada del infinito y de la poesía.Francisco Acuyo       La poiesis tiene, a nuestro juicio, una poderosa vinculación con el apeiron (sin límites) del infinito, en tanto que es en él donde acontece lo que sopesamos como cosa o entidad propia de ser medida y dada por consumada en menor o mayor medida, con más o menos grado de perfección. Si toda cosa o es principio o precede de un principio: pero no hay del infinito principio alguno, que sería su límite[3], la poeisis, como indica su sufijo –sis (acción, creativa, añadimos nosotros), es inicial y terminalmente imposible.
                El rasgo de su inagotabilidad es propio de la razón poética tanto como lo es del propio infinito, ya que característica es precisamente la de corriente –vital- infinita[4] inagotable de la que corriente infinita (o también una suerte de evolución creadora[5] que no se agota y no empieza en lugar alguno, y podremos definir en virtud de lo que de esta corriente conclusa podemos medir desde su inicio hasta el final de su construcción. No sucede así con la poesis, ya que participando de aquella inagotabilidad (o infinitud) no es abarcable totalmente, pues está siempre en construcción, o mejor dicho, en proceso de construir, de crear, de fluir o de ser en cualquier estado pensable o impensable.
beben todas las cosas que quieren ser. Podremos hablar de los constructos que han sido posibles gracias a esta
                No deja de parecernos harto sugerente a la altura de nuestro tiempo que las visiones, concepciones e inquietudes intelectuales de Anaximandro y Aristóteles, en tanto que son principios divinos, inmortales e indestructibles,  casen también con la noción incipiente que estamos dando de la poesía y sus posibles relaciones con el extraordinario y sugerente idea del infinito. Abundaremos más en profundidad sobre esta y otras cuestiones en próximas entradas de este nuestro, vuestro siempre,  blog Ancile.


Francisco Acuyo 



[1] Jiménez, J. R.: El trabajo gustoso, Aguilar, Madrid, 1961, p. 41.
[2] Diccionario de la Real Academia, 23ª edición.
[3] Aristóteles: Física, Gredos,  Madrid, 2007.
[4] Nueva referencia a Juan Ramón Jiménez, esta vez en relación a su Corriente infinita, volumen que recoge buena parte de sus textos críticos y de evocación, véase La corriente infinita, Aguilar, Madrid, 1961.
[5]  Analogía referida a aquella a la que Enri Bergson aludía en: La  Evolución Creadora, Espasa Calpe, Madrid, 1985. 


El ser y la gracia indeterminada del infinito y de la poesía.Francisco Acuyo

sábado, 1 de julio de 2017

LA POESÍA Y EL INFINITO: ¿AL PRINCIPIO DEL FIN, O, AL FIN DEL PRINCIPIO?

Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos el post intitulado: La poesía y el infinito, ¿Al principio del fin, o, al fin del principio?

La poesía y el infinito, ¿Al principio del fin, o, al fin del principio?, Francisco Acuyo

LA POESÍA Y EL INFINITO: 

¿AL PRINCIPIO DEL FIN, O, AL FIN DEL PRINCIPIO?



La poesía y el infinito, ¿Al principio del fin, o, al fin del principio?, Francisco Acuyo





La imaginación del infinito cabe decir que no se reduce a un mero juego imaginativo (matemático o lógico). La lemniscata[1] (de lemniscus, cinta colgante) que describe las matemáticas del infinito, puede decirse que ha obsesionado por igual a filósofos, teólogos, artistas, escritores…  Las relaciones con el caos y lo indeterminado (el apeiron o lo ilimitado e indefinido como principio u origen, el –arché-  presocrático –de Anaximandro-), mantiene en muchos momentos inquietantes relaciones con aspectos reconocibles de nuestra realidad cotidiana: Aristóteles hablaba de la infinitud en las divisiones de las magnitudes, del tiempo… y, en matemáticas, es una idea importantísima que se contempla en relación a diversas parcelas de su importante disciplina,  los números enteros, por ejemplo. El infinito aristotélico[2] implica lo incompleto, lo fragmentario, enfrentado a la nada, en tanto que fuera de lo infinito es preciso que haya algo. Lo ilimitado es incompleto, y se muestra evidente en que solo es completo lo que tiene fin.
La poesía y el infinito, ¿Al principio del fin, o, al fin del principio?, Francisco Acuyo                A raíz de estas reflexiones indagaba yo pensando (en fin, con la limitaciones disciplinares y de conocimiento de poeta) en la extraordinaria fuerza expresiva –y poética- del romance –también susceptible de encontrase en el cancionero- tradicional(es), y todo ello en la característica fragmentariedad de tantos y singulares y sugerentes casos recogidos en nuestro rico acervo romancístico[3]. Fragmentariedad que implica un fin abierto, e incluso un incierto principio. A partir de aquí interrogaba lo siguiente: ¿El poema puede ser un fenómeno o un artefacto literario no reconocible dentro de los parámetros genéricos de nuestros estudios literarios, sobre todo a tenor de esa ruptura, por otra parte, seguida fielmente hasta nuestros días por grandes poetas (y aun con la supuesta la superación teórica de todos conocida en muchos aspectos argumentales), con la poética aristotélica y su noción de fábula y unidad de acción, que exige que su discurso sea entero, completo, con su principio, medio y fin [4] y por tanto sujeto al límite de dichos presupuestos. Mas ¿es ocasional ese carácter fragmentario en la poesía y reducible a unos casos muy concretos, como es el de los romances –reconocible también en nuestro cancionero tradicional-?
supuesta la superación teórica de todos conocida en muchos aspectos argumentales), con la poética aristotélica y su noción de fábula y unidad de acción, que exige que su discurso sea entero, completo, con su principio, medio y fin,
                Al margen de los estudios sobre géneros (abundantes y muy completos en algunos casos) señalando o clasificando a la poesía como un género especial, diríase que la infinitud  está no solo en la presunta fragmentariedad o final abierto o sin final, a veces incluso sin un  principio claro de referencia, tan importante para muchos poetas y estudiosos del fenómeno poético, puede parecer igualmente incompleto por no hallarse referencias claramente objetivadas y, por tanto, ajeno a alusiones  de origen o principio. Mas si seguimos indagando en otros aspectos también nos hace intuir que la poesía es una forma de expresión artístico lingüística harto especial, incluyendo el manejo desviado del lenguaje al uso común[5] y que también tiene su función expresiva -e impresiva, disculpen el extravagante apelativo, de la que hablaremos más adelante- y de la que dimos cuenta en algunos aspectos en otras ocasiones[6], al lector se le deja un margen de interpretación tan amplio que muy bien puede tener tantas interpretaciones como potenciales lectores.
                La poesía más genuina (según los más exigentes lectores e intérpretes, eximios poetas muchos de ellos, véase a Juan Ramón Jiménez), viene a tener su fuente más extraordinaria en la visión unitiva de los poetas místicos. Cuando San Juan de la Cruz decía: Su origen no lo sé, pues no lo tiene[7] […] acaso estaba ya planteando una singular y poética definición de infinito, si es que el infinito es posible atrás y delante de lo que es completo y limitado.
                Cuando Juan Ramón Jiménez distinguía la literatura[8] (como algo concluido, cerrado, perfecto) de la poesía, lo venía a hacer distinguiendo a esta última como expresión de lo inefable (es decir, inacabado, indeterminado, abierto siempre), lo cual nos está proyectando a la idea del infinito, cuya característica esencial, decíamos, es la de no realizarse definitivamente nunca. Rasgo este de capital importancia en cualquier caso para contrastar la naturaleza de la poesía en diferencia con otras artes de escritura, si es que en verdad la poesía es: la profundidad insondable, el sentimiento verdadero de lo que no tiene fondo[9]. Abundaremos sobre esta noción poética de infinito y su potencial parentesco con la idea filosófica y matemática de infinito, eso será en nuevas entradas de este blog Ancile.


Francisco Acuyo




[1] Símbolo introducido por  John Wallis y descrita por el matemático Jakob Bernoulli.
[2] Aristóteles: Física, Gredos, 2008.
[3] Menéndez Pidal, Ramón: Flor nueva de Romances viejos, Espasa Calpe, Madrid, 1985.
[4] Aristóteles:  Poética, Gredos, Madrid, 2010
[5] Jakobson, R.: Lingüística y Poética, Cátedra, Madrid 1981.
[6] Acuyo, F.: en Ancile; Roman Jakobson: Sobre lingüística y poética,: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2010/10/roman-jakobson-sobre-linguistica-y.html
[7] San Juan de la Cruz, Poesía,: Cantar del alma,  Monte Carmelo, Burgos, 1951.
[8] Jiménez, Juan Ramón  El trabajo gustoso, Aguilar, 1961, p. 39.
[9] Ibidem, p. 40.




La poesía y el infinito, ¿Al principio del fin, o, al fin del principio?, Francisco Acuyo