lunes, 12 de marzo de 2018

DE LA BELLEZA Y EL DOLOR A TRAVÉS DEL EJERCICIO RETÓRICO POÉTICO


De la belleza y el dolor a través del ejercicio retórico poético, es el título de la nueva entrada para la sección, Pensamiento, del blog Ancile.

De la belleza y el dolor a través del ejercicio retórico poético, Francisco Acuyo



DE LA BELLEZA Y EL DOLOR 

A TRAVÉS DEL EJERCICIO RETÓRICO POÉTICO


De la belleza y el dolor a través del ejercicio retórico poético, Francisco Acuyo


La poesía es el vehículo inusitado que nos transporta hacia el reconocimiento del sufrimiento propio al sufrimiento ajeno, con la potencia excepcional que ejerce la expresión que aspira a la belleza. La existencia es reconocida en sus padecimientos en momentos actuales de nuestro tránsito existencial, que de otra forma acaso solo podrían haberse producido en los instantes de nuestra muerte.[1]
            Sirva de admonición sobre lo que es poesía verdadera: el hecho manifiesto en su expresión más íntima del alejamiento de cualquier exhibicionismo de experiencia (positiva o negativa), ejercicio más propio de expresiones literarias vacuas, frívolas y poco recomendables que inundan tantos escritos generosamente y siempre de un sinsentido manufacturable, producido. Desde luego, a la medida de sus jactanciosas pretensiones. El sentido terapéutico de la poesía excede la mera autoexposición del sufrimiento, que pueda o no ayudar solidariamente a quien participa de la angustia de una vida huera y sin sentido, en verdad ofrece vías de superación creativas para la integración personal en un mundo que tantas veces se nos presenta (y se nos vende por motivos a veces inconfesables) como un reducto de nihilismo insuperable.  
            No sólo desde la óptica retórica, también desde la lingüística (íntimamente relacionada con la figura o el tropo en muchas ocasiones), las acepciones de determinados trastornos como el archincomprendido de la angustia (más idónea, a mi juicio, que el de ansiedad), -angustus, estrecho, angosto-, se emparenta en ocasiones a situaciones de estrés
De la belleza y el dolor a través del ejercicio retórico poético, Francisco Acuyo
(del inglés stress y este del latín, strictus, participio de stringere, atar, ceñir con fuerza –de astringir-), y adquiere una especial y profunda significación en los existencialismos filosóficos (ningún gran inquisidor tienen preparadas torturas tan terribles como la angustia),[2] pero en poesía aquella se advierte singularmente, y es que el dualismo racionalismo antropológico que distingue la mente y el cuerpo, en poesía parece diluida. La res extensa y la res cogitans cartesiana, no es que esté periclitada, en realidad no tiene distinción en los casos más extremados de expresión poética. Por eso las figuras metafóricas y sobre todo las sinestésicas tienen una importancia capital para las analogías referidas a las potenciales relaciones entre lo corpóreo y las designaciones abstractas de la más diversa índole[3].
            Las relaciones entre el sujeto y el objeto son de ámbito tradicionalmente También las ciencias de la psiquiatría y de la psicología, fruto de ello será la actual neurociencia) rigurosamente diferenciados. Cuestión que habrá de afectar a la metodología concepción, descripción y taxonomía de los problemas como la angustia, la ansiedad, el miedo, la depresión… Así, desde una óptica filosófico antropológica la ansiedad es cosa que deviene como un mero problema mental de índole lógica o racional, en tanto que  la ansiedad deviene de un pensamiento o cognición defectuoso. Epicteto (y Platón) ya lo advertía(n) cuando relataba(n) que no era el temor a la cosa en sí (objeto) lo que perturba, sino la aprehensión subjetiva (mental) que se tiene de aquél. Por el contrario,  para Hipócrates (y Aristóteles) la causa de la perturbación ansiosa o de angustia era estrictamente biológica. Como vemos la controversia de la dualidad mente-cuerpo no es nueva en modo alguna, pudiendo añadirse a su incremento actual a las presiones psicosociales y culturales de la modernidad. Esta relación filosófica y científicamente incuestionable, en poesía nunca es pacífica. De hecho, desde el universo de la poesía se pone en cuestión, ya lo advertíamos anteriormente una distinción taxativa de ambas realidades.
En cualquier caso, conviene recordar que el sufrimiento en la vida de cada cual es una realidad ineludible (que no se está dispuesto a reconocer en las sociedades del bienestar, así lo demuestra la creciente industria farmacológica para el tratamiento de los supuestos trastornos de ansiedad y angustia), que en no pocos casos no hacen sino formar parte del devenir natural de nuestra existencia, así como los más diversos tratamientos o terapias psicológicas que, diríase quieren erradicar dicho sufrimiento existencial y, he aquí que, alcanzar el mundo mágico de la nunca suficientemente ponderada resiliencia, siempre aludida y conexa a esta o aquella terapia, puede no ser más que un intento, por cierto, no menos artificial que el psicofarmacológico, para evitar lo inevitable, cual es el experimento vital de la angustia (o la ansiedad) en el tránsito existencial, obviando que en virtud (o gracias al mismo) es innegable el poder de regeneración y crecimiento interior de la persona que no precisa, por otra parte, de ninguna acepción forzada tantas veces por los artificios y los simulacros más o menos interesados de lo más miserable de la ciencia, (económicos, políticos e ideológicos) que, por desgracia, muchas veces la informan y conforman tan nefandamente. De todo esto da buena cuenta la percepción poética de nuestros sufrimientos.


[1] Así lo refería Ernst Bloch cuando reflexionaba sobre el sufrimiento existencial: Los hombres reciben el regalo de preocupaciones que, de otra forma, sólo tendría en la hora de la muerte.
[2]  Kierkegaard, S.: El concepto de la angustia, Espasa Calpe, Austral, Madrid, 1967.
[3] Acuyo, F.: Ob. cit.




De la belleza y el dolor a través del ejercicio retórico poético, Francisco Acuyo

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