lunes, 27 de agosto de 2018

TIEMPO, ESPACIO Y CONCIENCIA EN LAS ARTES PLÁSTICAS


Para la sección: Ciencia, del blog Ancile, traemos nueva entrada bajo el título: Tiempo, espacio y conciencia en las artes plásticas.



Tiempo, espacio y conciencia en las artes plásticas. Francisco Acuyo



TIEMPO, ESPACIO Y CONCIENCIA

 EN LAS ARTES PLÁSTICAS



Tiempo, espacio y conciencia en las artes plásticas. Francisco Acuyo



Los mazzochio o toros de Leonardo da Vinci son otra muestra más que evidente de perspectivas inventadas a través de la matemática, las cuales son capaces de generar realidades que la pintura hace existir singularmente y que, no obstante, participan de una realidad nueva a través de la conciencia del artista, conformando su obra en cada parte del todo (real) y el todo en cada parte de aquella, constituyendo una suerte de holograma que interpreta e integra la realidad material y la psicológica. No es extraño advertir que el pintor necesita no solo contar con el espacio narrativo (y poético-creativo), también precisa plasmar pictóricamente el tiempo en pleno Renacimiento,[1] aunque sería más claro y sorprendente su integración en el caso de El Greco y su genial manejo de esta cuarta dimensión, siendo un glorioso ejemplo de esto que hablamos, El bautismo de Cristo; en el desarrollo de las dos diferentes perspectivas que componen el cuadro, y en la integración de las mismas, donde se sitúa el Espíritu Santo, en una dimensión nueva temporal o extratemporal-mística.
Tiempo, espacio y conciencia en las artes plásticas. Francisco Acuyo                El tiempo y la conciencia son conceptos que van íntimamente integrados: Antonio Machado no concebía la realidad y la vida aprehendidas por la conciencia sino como tiempo (bebiendo de las fuentes filosóficas de Bergson): otras artes, como es el caso de la pintura también escancian de esta conciencia urdida al tiempo. Son rasgos particularmente significativos de esto las manifestaciones en diversas anamorfosis en artistas como Francisco Zurbarán (Defensa de Cádiz ante los ingleses), Hans Holbein, el joven (Los embajadores) o el concepto de espacio abstracto de Pablillos de Valladolid) de Velázquez.  La conciencia que el artista tiene del devenir es la realidad partícipe y perceptible por los sentidos, mas, también aquella idea platónica de lo inmutable ideal a la que solo se llega a través del pensamiento profundo y la inteligencia verdadera. Así, la conciencia del pintor se entiende entre el ser inmutable y el devenir perecedero que aporta el espacio, pudiendo representar objetos reales para ser retratados, y otros que no existen, pues son imaginados. Son las primeras manifestaciones de abstracción con consecuencias pictórico expresivas muy de su tiempo: bajo la concepción cartesiano-newtoniana del tiempo y del espacio), y que abrirán, no obstante, posibilidades de figuración y expresión de un tiempo (moderno) que pondrá en cuestión el grado absoluto del tiempo y el espacio (bajo los auspicios de la relatividad einsteniana y de la mecánica cuántica).

                La conciencia artístico plástica, en fin, ha bebido de las mismas fuentes de inspiración que cualquiera otra arte y modo de entendimiento y representación del mundo en su época, con mayor o menor grado de clarividencia y adelanto a su tiempo, y donde la explicación de dicha conciencia no es posible, en cualquier caso, a análisis mecánicos, si es que como demuestra la dinámica matemático pictórica del espacio (perspectiva) y del tiempo en estas obras traídas a colación (entre muchas otras que podrían traerse), la ilusión de la concreción de los sentidos es puesta en evidencia por una conciencia superior (científico matemática en muchos casos, y en otros por una intuición de lo trascendente). En realidad las metáforas narrativo temporales de estos cuadros son –a través de esta anamorfosis referidas de los mismos- la señal inequívoca de que todo es isomorfo –y sincrónico temporal- y que por tanto las metáforas motivadas por esta conciencia artística, son tan reales como la realidad misma que se integra en el organismo (o como diría Teilhard  de Chardin, dentro del tejido planetario) de conciencia que en realidad es el mundo.


Francisco Acuyo




[1] Véase el ingenioso mecanismo, ya en pleno Renacimiento, de Sandro Botticelli en las cuatro tablas de su Nastagio degli Onesti.




Tiempo, espacio y conciencia en las artes plásticas. Francisco Acuyo

miércoles, 22 de agosto de 2018

LA MISOGINIA DE LOS FILÓSOFOS ROMÁNTICOS VERSUS EL MOVIMIENTO FEMINISTA DECIMONÓNICO


Con el título: La misoginia de los filósosfos romántico versus el movimiento feminista decimonónico, del filósofo Tomás Moreno, para la sección, Microensayos del blog Ancile, traemos una nueva entrada, que será de mucho interés para todos los interesados en temática de tan grande actualidad.



La misoginia de los filósosfos romántico versus el movimiento feminista decimonónico, Tomás Moreno


LA MISOGINIA DE LOS FILÓSOFOS ROMÁNTICOS

VERSUS EL MOVIMIENTO FEMINISTA DECIMONÓNICO



La misoginia de los filósosfos romántico versus el movimiento feminista decimonónico, Tomás Moreno


La mayoría de los políticos, filósofos e intelectuales, conservadores o no, pertenecientes al siglo XIX y primeras décadas del XX, rechazaron las reivindicaciones de emancipación femenina que abanderaban sus líderes, a las que, por cierto, tildaban de “viriles”, por el hecho de querer ser iguales (en derechos) a los hombres. Incluso paladines de la igualdad social y económica como Marx o el republicano Zola, no aprobaron la igualdad de los sexos, a diferencia de socialistas utópicos como Fourier o Saint-Simon y de los anarquistas de la tendencia de Bakunin, que sí lo hicieron.
            Desde luego, Rousseau, Kant, Hegel, Prudhon, Sighele o Marx no fueron los únicos intelectuales que desaprobaron el movimiento emancipatorio femenino., Schopenhauer, Kierkegaard, Nietzsche y Weininger también lo reprobaron y de manera más que expeditiva. Schopenhauer consideraba que era inoportuno conceder a las mujeres los derechos de igualdad preconizados por las feministas y escritoras de su tiempo, teniendo en cuenta “la debilidad de la razón femenina”. Incluso impugna el privilegio del matrimonio monógamo para las mujeres, pues privilegia a unas pocas –las damas o señoras, muchas de las cuales se exhibían en los salones literarios vieneses de la época[1]-  perjudicando a las restantes mujeres -solteronas, pobres trabajadoras y prostitutas- y
La misoginia de los filósosfos romántico versus el movimiento feminista decimonónico, Tomás Moreno
porque la poligamia que preconiza es mucho más conveniente para los varones dada su condición biológica que tiende naturalmente hacia ella[2]. En “Sobre las mujeres” (de Parerga y Paralipómena) escribe el viejo filósofo misógino alemán:

Las leyes que rigen el matrimonio en Europa suponen a la mujer igual al hombre, y así tienen un punto de partida falso […] Esas leyes que han concedido a las mujeres iguales derechos que a los hombres, hubiesen debido también conferirles una razón viril. […] Cuantos más derechos y honores superiores a su mérito confieren las leyes a las mujeres, más restringen el número de las que en realidad participan de esos favores, y quitan a las demás sus derechos naturales en la misma proporción que a unas cuantas privilegiadas se los han dado (AMM, 99-100).

            Kierkegaard también se opuso decididamente al feminismo reivindicativo de su época.  Contrario a que la mujer se independizara de los límites naturales impuestos por su sexo, rechaza resueltamente tanto el acceso de la mujer a la cultura y a una educación libre e igualitaria  como cualquier otra perspectiva emancipadora político o social de las mujeres: “Si se educase también a las muchachas lo mismo [que a los hombres] ¡pobre género humano! –escribía en cierta ocasión- La emancipación de la mujer, que intenta esa educación, es una invención del diablo”. Por lo tanto, los rasgos que atribuye a la feminidad –la inocencia femenina, su capacidad para estar cerca, el distanciamiento de la reflexión y del espíritu- aparecen no solo como rasgos de la diferencia femenina, sino también como características que la mujer debe conservar para ser fiel a su sexo, para no dejarse agarrar por el demonio de la emancipación, que la querría semejante al hombre. Kierkegaard las quiere conservar e incluso enfatizar[3].
            Y el propio Nietzsche, pese a su vanguardismo, y a su decidida crítica y denuncia de los prejuicios de su época, entendió que “la lucha por iguales derechos [por parte de la mujer] es también un síntoma enfermizo”. El acceso a la cultura y a la ciencia –y por consiguiente el acceso a la educación superior-  por parte de la mujer revela una manifiesta masculinidad del gusto, una virilización de la misma y una cierta deficiencia biológico-sexual: “Cuando una mujer tiene inclinaciones doctas hay de ordinario en su sexualidad algo que no marcha bien” (MBM, “Sentencias e interludios”, & 144)[4].
            Weininger, por su parte, considera que las mujeres defensoras del movimiento emancipador, tanto del pasado como del presente[5], han pertenecido exclusivamente a esos grados intermedios que apenas pueden ser catalogados como femeninos: “pertenecen a las formas intersexuales más avanzadas -bisexuales u homosexuales- (SYC, 75). Su “aspecto exterior masculino” las delata. La utilización por parte de sus escritoras más célebres a adoptar nombres masculinos indica que se sentían más cerca de éstos que de la mujer. George Sand usaba un seudónimo masculino y llevaba pantalones porque “ciertas características anatómicas masculinas” se ocultaban bajo los pantalones de terciopelo. Weininger también hace comentarios sobre la amplia frente masculina de George Eliot o sobre los rasgos masculinos de Lavinia Sotana o Helene Petrowna Blavatsky.
La misoginia de los filósosfos romántico versus el movimiento feminista decimonónico, Tomás Moreno            Las verdaderas mujeres no han tenido, pues, intervención alguna en la emancipación de la mujer. Porque toda lucha por la emancipación de la mujer está destinada, como la historia demuestra, a perder sus conquistas, ya que su principal enemigo es la propia feminidad: “Por lo que se refiere a las mujeres emancipadas puede decirse que “sólo el hombre que en ellas se alberga es el que pretende emanciparse” (SYC, 77). El movimiento de emancipación feminista induce a las mujeres a ocuparse de la cultura y el estudio y las impulsan a ocupaciones masculinas. Nada que objetar, afirma, si se trata de mujeres con rasgos masculinos que, en conformidad con su constitución somática, se ven impulsadas hacia las ocupaciones varoniles, pero en lo que se refiere a la “formación de partidos” o a su participación en “movimientos feministas integrales -que dan lugar a ensayos
antinaturales, artificiosos, en el fondo mendaces-, su rechazo es contundente. Para Weininger, el movimiento en su conjunto trataba  más bien de la emancipación de las prostitutas que de la emancipación de las mujeres, y su resultado definitivo sería seguramente “una acentuación de la parte de prostituta que se halla en toda mujer” (¡sic!) (SYC, 328-329).
                Finalmente Freud (vid supra) también compartía con los filósofos misóginos románticos  la idea de que las mujeres emancipadas tenían una sexualidad “anormal”; afirmaba que su desarrollo psicosexual se habría detenido, que estaban celosas de los hombres y que –la envidia del pene así lo probaba- ansiaban sus atributos sexuales. Establecía asimismo, una conexión entre lesbianismo y movimiento feminista y calificaba como “viril” a toda mujer inteligente. (Cont.)

TOMÁS MORENO







[1] Para conocer el mundillo literario y cortesano femenino de los salones de la Viena de la segunda mitad del XIX y finisecular, a los que asistían la flor y nata de la alta sociedad artística, científica, financiera y aristocrática imperial vid. María José Villaverde, “La mujer en la Viena de 1900”, Miscelánea Vienesa, Universidad de Extremadura, 1998.
[2] Con humorismo un tanto sarcástico Schopenhauer aduce como una de las ventajas (sic) de la poligamia el hecho de que si bien liberaría al hombre de tener que relacionarse estrechamente con una sola suegra como ocurre en la monogamia establecida, a cambio debería hacerlo con “¡diez suegras en lugar de una!” (ATM, 93).
[3] Wanda Tommasi, Filósofos y mujeres, op. cit. pp. 161-168.
[4] F. Nietzsche, Más allá del Bien y del Mal, Alianza Editorial, Madrid, 1972, p. 105.
[5] Cita entre ellas a Safo, Catalina II, Cristina de Suecia, Laura Bridgmann, George Sand. Para Weininger incluso aquellas de las que no tenemos pruebas de que hayan tenido tendencias lesbianas pero que han destacado por su talento fueron en parte homosexuales o en parte bisexuales. Una mujer bisexual: tiene relaciones con mujeres masculinas o con hombres afeminados: ejm. Geoge Sand y Musset (el lírico más femenino que la historia recuerda) y con Chopin (el único músico afeminado). Victoria Colonna con Michelángelo; la escritora Daniel Stern amante de Franz Liszt; señala la admiración de Luis II de Baviera por Madame de Stäel, de Clara Schumann con el músico (cuyo rostro parecía el de una mujer) (SYC, 77).



La misoginia de los filósosfos romántico versus el movimiento feminista decimonónico, Tomás Moreno

jueves, 16 de agosto de 2018

EL ARTE DEL TIEMPO EN LA PINTURA: CONCIENCIA DEL ESPACIO Y DEL TIEMPO EN EL ARTE

Para la sección, Ciencia, del blog Ancile, traemos un nuevo post que lleva por título: El arte del tiempo en la pintura: conciencia del espacio y del tiempo en el arte

EL ARTE DEL TIEMPO EN LA PINTURA: 

CONCIENCIA  DEL ESPACIO 

Y DEL TIEMPO EN EL ARTE



El arte del tiempo en la pintura: conciencia del espacio y del tiempo en el arte, Francisco Acuyo



                Si hasta el momento hemos indagado sobre la estructura y configuración de la realidad y la conciencia desde la óptica de la física, casi en su totalidad, no me parece inoportuno en este punto de nuestra exposición, hacer unas consideraciones respecto de aquella en el ámbito del arte, así como sobre la conciencia artística respecto a la realidad del mundo y de cómo nos engañan los sentidos en relación a la realidad inmanente del mismo, así como los ecos de lo trascendente que resuena tantas veces en lo más granado y misterioso de lo obra artística y su ordenación conforme a lo que nos dictan los sentidos del mundo que nos rodea.
El arte del tiempo en la pintura: conciencia del espacio y del tiempo en el arte, Francisco Acuyo      Si desde la concinnitas[1] renacentista de la representación artística de la realidad a la conformación de realidades virtuales del arte moderno dentro de la realidad perceptible del mundo, la conciencia del artista ha sabido conjugar con maestría singular las relaciones sensoriales y las abstractas para las representaciones de los objetos (así como de las sensaciones, inquietudes, emociones…). No debe despreciarse en modo alguno la interacción por tanto de disciplinas científicas como las matemáticas en sus descripciones y plasmaciones pictóricas, así se demuestra en el Renacimiento, desde donde se revolucionaron la pintura y la arquitectura. Especial interés demuestra la importancia de la aplicación de las matemáticas en el estudio de la perspectiva, donde todo es pura matemática[2] (intuida o perfecta e industriosamente aprehendida); la función de la conciencia del artista en sus representaciones en su perspectiva artificialis (o matemática) de Brunelleschi, frente a la naturalis, supuso un hito ineludible sobre la nueva concepción del arte, mas  sus creaciones (imitatio, mímesis) de la realidad natural no serían un fin esencial en el arte, más bien al contrario, la función simbólica y abstracta mantiene su vigor indiscutible como una concepción (conciencia singular) del arte y de este en  relación con la realidad material (y desde luego espiritual del hombre con aquella-s-). Así fue como la perspectiva –según Erwin Panofsky- se concebía como forma simbólica. La conciencia en el arte se trascribe como una interpretación de la realidad que puede decirse sin miedo a equívoco, que se emparenta a la de la misma ciencia, no en vano la pintura se nos muestra como una lente evidente del embeleco de los sentidos, todos sabemos que el arte en general (y la pintura en particular) no se detiene en el verismo
                Desde De prospectiva pingendi de Piero de la Francesca (retomada de Alberti) en simplificada ejecución, pasando por el método de la diagonal del propio del Francesca y asumido por Durero (que influirían en su célebres máquinas de la perspectiva), hasta las vívidas y dinámicas perspectivas temporales de Masaccio y los planos virtuales de realidad en la obra (véase la Trinitá) y otras posteriores de no menos genialidad, vemos que el observador de la obra ya no es un mero espectador, nos incorpora, no como espectadores sino como actores en la misma gracia de su geometría escalonada. Así la realidad pintada pasa a la conciencia  realidades virtuales que hacen real lo que no existe. ¿O en realidad, sí existen? Indagaremos sobre la cuestión en próximas entradas de este blog.

Francisco Acuyo



[1] Justa proporción.
[2] Alberti, L. B.: De pictura, Edizioni Polistampa (2012).




El arte del tiempo en la pintura: conciencia del espacio y del tiempo en el arte, Francisco Acuyo


miércoles, 15 de agosto de 2018

CONTRA LA INSTRUCCIÓN Y EDUCACIÓN DE LAS MUJERES: DE MAISTRE Y PIERRE-JOSEPH PROUDHON


Para la sección, Microensayos, del blog Ancile, traemos un nuevo trabajo del filósofo y profesor Tomás Moreno que lleva por título: Contra la instrucción y educación de las mujeres: De Maistre y Pierre-Joseph Proudhon.

 Contra la instrucción y educación de las mujeres: De Maistre y Pierre-Joseph Proudhon. Tomás Moreno


CONTRA LA INSTRUCCIÓN Y EDUCACIÓN 

DE LAS MUJERES: DE MAISTRE 

Y PIERRE-JOSEPH PROUDHON


 Contra la instrucción y educación de las mujeres: De Maistre y Pierre-Joseph Proudhon. Tomás Moreno


Desde posturas políticas opuestas, el conservador Joseph de Maistre y el anarquista Pierre-Joseph Proudhon están de acuerdo sobre este punto. “El gran defecto de una mujer –escribe el primero- es no ser un hombre. Y querer saber es querer ser un hombre”. El ultraconservador francés se pregunta asimismo si las mujeres eran capaces de crear y para responderse que no. El pneuma de los griegos, el soplo creador, era una propiedad exclusiva del hombre: “las mujeres jamás hicieron obras de arte”. Pero es, efectivamente, Proudhon el caso más conocido de antifeminismo o incluso de ginefobia entre los grandes teóricos del movimiento obrero europeo.
            Pensador libertario, autor de varios libros explícitamente misóginos, en su obra La Pornocracía o las mujeres en los tiempos modernos[1] declara que la mujer es completamente incapaz de desarrollar talento y de que no se podía esperar que de su género saliera genio alguno y recomienda a sus jóvenes lectores y seguidores cosas como ésta: “Joven, si tienes deseos de casarte tienes que saber que la primera condición para un hombre es la de dominar a la mujer y ser su amo”,
 Contra la instrucción y educación de las mujeres: De Maistre y Pierre-Joseph Proudhon. Tomás Moreno
denunciando además sin miramientos las reivindicaciones de la mujeres por su igualdad y sus derechos: “Toda mujer que sueña con la emancipación ha perdido, ipso facto, la salud del alma, la lucidez del espíritu y la virginidad del corazón”.
                En esa msma, su obra póstuma, con sarcástico cinismo el ideólogo libertario va diseminando “perlas”  e improperios antifemeninos y ginefóbicos  como los siguientes: “El hombre y la mujer son iguales en su fuero interno, pero dadas las diferencias de sus facultades, el hombre resulta superior en el trabajo y la vida de relación; la mujer sólo descubre su dignidad al casarse y por llevar a cabo los deberes que dicha situación le impone. Toda otra igualdad es falsa”; “Joven, si tienes deseos de casarte tienes que saber que la primera condición para un hombre es la de dominar la mujer y ser su amo”; “Un hombre que se respete puede apuñalar a su esposa infiel”. Para culminar su sarcástico cinismo con esta declaración: “El día que el legislador conceda a las mujeres el derecho de sufragio será el día de mi divorcio” (Ibid., passim).
            Anarcólogos españoles como Álvarez-Junco han señalado la profunda influencia que la ideología sexual y familiar de Proudhon ejerció en el obrerismo español a través de esa obra panfletaria, que contiene sin duda su más radical manifestación de misoginia[2]. Le Bon –iniciador con G. Tarde de la psicología social- criticó asimismo la propuesta de algunos reformadores norteamericanos dirigida a proporcionar a las mujeres el mismo tipo de educación superior que recibían los hombres:

El deseo de brindarles la misma educación y, por tanto, de proponerles las mismas metas, es una peligrosa quimera. El día que las mujeres, olvidando las ocupaciones inferiores que les ha asignado la naturaleza, abandonen el hogar para participar en nuestras luchas, ese día comenzará una revolución social, y desaparecerá todo aquello que mantiene unidos los sagrados vínculos de la familia[3]. (Cont.)

TOMÁS MORENO




[1] Pierre-Joseph Proudhon, La Pornocracía o las mujeres en los tiempos modernos op. cit.
[2] J. Álvarez-Junco, La ideología política del anarquismo español, siglo XXI, Madrid, 1991, pp. 281-308. Lo cual que no es extraño si se piensa en la enorme popularidad de que gozaron ediciones de gran tirada como las ya citada de La pornocracia así como de Amor y matrimonio.
[3] Citado en Stephen Gould, La falsa medida del hombre, op. cit, p. 72.




 Contra la instrucción y educación de las mujeres: De Maistre y Pierre-Joseph Proudhon. Tomás Moreno

jueves, 9 de agosto de 2018

DE LA SOLEDAD O LA MUERTE (PRIMERA PARTE: DE LA SOLEDAD Y LA AUSENCIA DEL AMIGO)


Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traigo una nueva entrada que lleva por título; De la soledad y la muerte. Es un breve fragmento de una serie de reflexiones que tuvieron lugar a raíz de la muerte de mi padre y de la singular situación vivida en tan amargo trance.




De la soledad y la muerte. Francisco Acuyo




DE LA SOLEDAD Y LA MUERTE

(PRIMERA PARTE: DE LA SOLEDAD 

Y LA AUSENCIA  DEL AMIGO)





A la memoria de mi querido padre








La muerte  no es asunto nuestro

 Boris Pasternak

Los funerales son grandiosos y la muerte es un ratón

Proverbio árabe






 Si es milagro (y misterio) el trasegado discurso de la vida, bien estrecho a ella se anuda, se articula vívido no menos, el extraño, inevitable sufrimiento en nuestra existencial  concurrencia. Que acaso nos provoque la pérdida de un ser querido el grande desconsuelo  de su extravío irreparable, nos parece muy normal y muy conexo al claro desconcierto de cualquiera que la haya soportado. El raro, sórdido sosiego del sentido comunica  directamente con el incognoscible  patetismo de la existencia nuestra.
                Siempre pensé que habría de encontrar, y sin querer en modo alguno el duro  momento  de la pérdida de un padre  excusar, un alivio en la compañía y aliento  del amigo en un trance tan amargo. No me cansé de ponderar un tiempo, con elogio sensato me parece,  la temida por tantos apremiante, indispensable decepción. Si es que de aquel elogio de la decepción[1] hubiera de tomarse el pulso  real a la franqueza, a  la lealtad, o, al menos  a alguna vaga inclinación respecto al sufrimiento del otro yo mismo, que no es sino el amigo verdadero. He de reconocer más inaudita la desventura,  más desguarnecido todavía el espíritu ante aquella soledad, ante aquella expatriación de  y genuina esperanza. Proscripción  y descuido inimaginables que inevitablemente me mostraban una ausencia que habría de sumirme  en angustia  y amargura desconocidas .
De la soledad y la muerte. Francisco Acuyo
la tierra de la amistad que había de ser la más amada procedencia en la que emparentar cualquiera franca
                En duda nunca puse -ni tampoco la habría ahora de poner- aquella  alteridad sublime que el amigo verdadero en la vida representa. En la hospitalidad fraterna de los pocos  corazones que viven en concordia y en igualdad recíproca creí verme, si es que en verdad fuese común  todo lo del  amigo y lo que aquél  con su hermandad encarna. No aventuren de ningún modo que no siga, punto  por punto, sosteniendo mi habitual  convicción en la idea –necesaria-  y en la –muy rara- sustancialidad de la amistad.  Más bien será al contrario, por su prístino y precioso menester  en ella  me reafirmo, aunque en tan grave  caso como el que os cuento, en soledad y ayuno del alimento de su  necesaria comparecencia, tuve de vérmelas acompañado, sin  embargo, de la angustia y el desconsuelo.  Aun en este destierro todavía  con más certeza convalida mi intuición la verdad de su  exigencia. Digo más, que aun no habiendo un solo hombre que no me acompañara en la alegría  o la aflicción en este mundo, de seguro que la idea y la convicción siempre fértil de la amistad guiaría  los designios seguros o inciertos de mi vida.


Francisco Acuyo




[1] Acuyo, F.: Elogio de la decepción, Jizo ediciones, Granada, 2012.






De la soledad y la muerte. Francisco Acuyo

martes, 7 de agosto de 2018

TH. G. VON HIPPEL Y SU IGUALITARIO SOBRE EL MEJORAMIENTO CIVIL DE LAS MUJERES

Siguiendo las reflexiones del profesor Tomás Moreno sobre la mujer y su situación en la historia del pensamiento de la humanidad, traemos una nueva entrada para la sección, Microensayos, del blog Ancile, y todo bajo el título: Th. G. Von Hippel y su igualitario sobre el mejoramiento civil de las mujeres.



h. G. Von Hippel y su igualitario sobre el mejoramiento civil de las mujeres. Tomás Moreno




TH. G. VON HIPPEL Y SU IGUALITARIO SOBRE 

EL MEJORAMIENTO CIVIL DE LAS MUJERES



h. G. Von Hippel y su igualitario sobre el mejoramiento civil de las mujeres. Tomás Moreno


Ahora bien, los intentos kantianos para dejar a las  mujeres fuera de la ciencia y de la cultura –además de excluirlas de la ética, como vimos- tuvieron su contrapunto en el pensamiento pedagógico expresado por su coetáneo Th. G. Von Hippel en su tratado Sobre el mejoramiento civil de las mujeres[1], tal vez la obra más sobresaliente, en la Alemania de la época, dedicada a la educación femenina y publicada en el año 1792. Amigo de Kant y partidario de la igualdad de mujeres y hombres, no obtuvo al respecto apenas reconocimiento alguno por la publicación de su libro por parte de la crítica oficial; ni tampoco por parte de su amigo, el filósofo de Königsberg que necesariamente tuvo que conocerlo, dadas sus divergencias al respecto.
h. G. Von Hippel y su igualitario sobre el mejoramiento civil de las mujeres. Tomás Moreno            María Luisa P. Cavana, experta en la situación pedagógica femenina en la Alemania de finales del XVIII, ha puesto de manifiesto[2] cómo Von Hippel denuncia el desigual trato que reciben las mujeres por parte del Estado en lo que se refiere a su educación y, en general, en todos los aspectos de la vida, así como la despectiva consideración que reciben, por parte de la sociedad, como “menores de edad hasta que se mueren”, y, en consecuencia, carentes de cualquier tipo de responsabilidad. Y declara que ya no es posible convencer a las mujeres de que sea más agradable y ventajoso para ellas, y que les supondría menos problemas, el permanecer en estado de dependencia, casi de esclavitud, que alcanzar su emancipación, ya que su logro las sobrecargaría con las responsabilidades, problemas e incomodidades propias de la vida burguesa.
            Von Hippel escribió su libro contra algunos pedagogos rousseaunianos de su tiempo -como E. Brandes, Adolph von Knigge y J, Heinrich Campe- defensores de la inferioridad natural de las mujeres y de su dependencia física y espiritual del hombre. Nuestro autor partía, en su alegato en defensa de las mujeres, de la premisa de la igualdad natural de hombres y mujeres, tanto física como espiritual e intelectual, pues así los creó Dios en el estado de naturaleza igualitario del Jardín del Edén. Han sido las leyes discriminatorias y opresivas –una cuestión de “fuerza y de prejuicio”- dictadas por los hombres a lo largo de la historia, las que redujeron a las mujeres a su estado de inferioridad y subordinación física, intelectual, cívica y jurídica y las relegaron a convertirse en un mero “animal doméstico”.
            La tesis defendida por Von Hippel a este respecto es, en resumen, que la supuesta múltiple inferioridad de la mujer es aprendida y no innata. Y, en lo que se refiere a la inferioridad intelectual, tal supuesta inferioridad se debe, fundamentalmente, a la falta de educación. Las mujeres sólo podrán emanciparse cuando la educación sea igual para niños y niñas, al menos hasta la edad de los doce años. En esta primera etapa la educación estaría en manos de las mujeres. Y en una clara alusión a las misóginas teorías de Rousseau sobre la mujer, Hippel escribe. “Vosotros varones, ¿de verdad os creéis que la mitad del mundo existe para vuestro ‘bon plaisir’, para vuestro egoísmo? […] ¿Por qué no va a poder decir la mujer “yo”? ¿Por qué no pueden las mujeres ser personas?”[3]. Como señala María Luisa P. Cavana, Von Hippel hace referencia en su libro a la figura de Olympe de Gouges, y al hecho de que no se tuvo en absoluto en cuenta su Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana, cuando el 18 de marzo de 1792 tuvo a bien escribir y recordar que no había ningún motivo para festejar ningún acontecimiento en un país que había negado el estatuto de ciudadanas a la mitad de la población “en un tiempo en el que los derechos humanos son proclamados a gritos desde los tejados”[4].
            En efecto, más que favorecer los derechos a la cultura y a la educación de las mujeres, los acontecimientos revolucionarios propiciaron todo lo contrario: avivaron los temores de muchos antifeministas como explica, por ejemplo, el hecho de que en 1803, se presentara un proyecto de ley con el que se intentaba prohibir la instrucción en escritura y lectura de las mujeres, el denominado Proyecto de ley para la prohibición de enseñar a leer a las mujeres, cuyo autor fue el jurista  de extrema izquierda Sylvain Maréchal, precursor del socialismo utópico. En efecto, en dicho Proyecto, aunque parezca increíble, se recoge en sus 113 considerandos y 80 artículos, como en una compilación de dislates, todas las objeciones imaginables a la instrucción de las niñas. Allí puede leerse:

Considerando que la intención de la buena y sabia naturaleza ha sido que las mujeres, ocupadas exclusivamente de las necesidades domésticas, se sintiesen honradas por tener en sus manos no un libro ni una pluma sino más bien una rueca o un huso. […] Que las mujeres que se ufanan de saber leer y de escribir bien no son las que mejor saben amar. […] Que hay escándalo y discordia en un hogar cuando una mujer sabe tanto o más que su marido[5].

            Siguen algunas sentencias de tono burdamente misógino, que no concuerdan demasiado bien con los artículos que debiera contener una ley seria:

La Razón quiere que las mujeres no metan jamás las narices en un libro, jamás la mano en la pluma. […] Al hombre la espada y la pluma; a la mujer, la rueca de Órfale. Al hombre, los productos del genio; a las mujeres, los sentimientos del corazón. [...] La Razón quiere que, en adelante, solamente a las cortesanas les sea permitido ser mujeres de letras, espíritus refinados y virtuosas. […] Una mujer poeta es una pequeña monstruosidad moral y literaria, así como una mujer soberana es una monstruosidad política[6].

           
            A lo largo de todo el siglo XIX se reitera la afirmación de que la instrucción es a la vez contraria al rol de las mujeres y a su naturaleza: feminidad y saber se excluyen. Una mujer instruida no es una mujer. Ya lo habían dicho Rousseau y Kant en el siglo anterior; uno, en el cap. V del Emilio titulado “Sofía o la mujer”; el otro, en Antropología desde un punto de vista pragmático y en Lo bello y lo sublime. (Cont.)

TOMÁS MORENO



[1] Th. G. Von Hippel, Über die bürgerliche Verbesserung der Weiber, (1792), Franfurt, 1977.  Publicada anónimamente en Berlín en la fecha indicada, la obra es un análisis de la condición tanto física como psicológica de las mujeres, de su opresión a lo largo de la historia, del origen de tal opresión así como de su estatus jurídico. 
[2] Maria Luisa P. Cavana, “Sobre el mejoramiento civil de las mujeres de Th. G. Hippel: ¿Ilustración verdadera o a destiempo?”, en Cinta Canterla (Coord.), VII Encuentro De la Ilustración al Romanticismo. Cádiz, América y Europa ante la modernidad. La mujer en los siglos XVIII y XIX. Servicio de Publicaciones Universidad de Cádiz, 1993, pp. 93-101.
[3] Ibid, p. 99.
[4] Idem.
[5] Sylvain Marechal, Project d’une loi portant défense d’apprendre à lire aux femmes, suive des reponses  de Marie-Armande Gacon-Dufour et Albertine Clément-Hémery. Textes presentés par Bernard Jolibert, París,  L’Hafrantatan, 2007.   
[6] Idem.



h. G. Von Hippel y su igualitario sobre el mejoramiento civil de las mujeres. Tomás Moreno