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los días que royendo están los años.
- XLV -
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A un ruiseñor
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Con diferencia tal, con gracia tanta
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aquel ruiseñor llora, que sospecho
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que tiene otros cien mil dentro del pecho
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que alternan su dolor por su garganta.
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Y aun creo que el espíritu levanta,
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como en información de su derecho,
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a escribir del cuñado el atroz hecho
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en la hoja de aquella verde planta.
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Ponga, pues, fin a la querella que usa,
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pues ni quejarse ni mudar estanza
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por pico ni por pluma se le veda.
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Y llore sólo aquel que su Medusa
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en piedra convirtió, porque no pueda
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ni publicar su mal ni hacer mudanza.
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- LXXI -
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A don Cristóbal de Mora, marqués de Castel-Rodrigo
del libro de Baltasar Gracián Agudeza y arte de ingenio
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Árbol de cuyos ramos fortunados,
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las nobles Moras son quinas Reales,
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teñidas con la sangre de leales
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Capitanes, no amantes desdichados.
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En los campos del Tajo más dorados,
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y que más privilegian sus cristales,
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a par de la sublime palma sales,
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y más que los laureles levantados.
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Gusano de tus hojas me alimentes,
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pajarillo sosténganme tus ramas,
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y ampáreme tu sombra peregrino.
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Hilaré tu memoria entre las gentes,
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cantaré enmudeciendo ajenas famas,
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y votaré a tu templo mi camino.
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El soneto xxxi,es grandioso,por su sencillez!!!!
ResponderEliminarMe gusta mucho!!! y,és interesante,esta nota.
Gracias,Francisco!!!
Nada mejor, amigo que este homenaje al grande poeta de todos los tiempos. En to hay mucho de ese genio de Góngora, mejorado por el decursar de la vida, por tu propia experiencia y emocionalidad, por la forma sutil e inteligente conque miras el mundo y lo perfeccionaas en palabras de profundo dramatismo y belleza. Si el maestro viviera todavía, sin dudas serían grandes amigos y emularían para bien de la poesía. Un abrazo.
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