martes, 22 de octubre de 2019

LAS ORDENANZAS DE LA UTOPÍA DE LOS HOSPITALES-PUEBLO.


Traemos nueva entrada par ala sección, Microensayos, abundando sobre la figura y obra de Vasco de Quiroga, y todo de la mano del filósofo Tomás Moreno, bajo el título: Las ordenanzas de la utopía de los hospitales-pueblo. 

 Las ordenanzas de la utopía de los hospitales-pueblo. Tomás Moreno


LAS ORDENANZAS DE LA UTOPÍA 

DE LOS HOSPITALES-PUEBLO.



La dramática situación de la población nativa cuando Quiroga llegó en su primera visita a Michoacán como juez, es descrita así por Paz Serrano Gassent:

Encontró una población destruida económica, humana y culturalmente. Su forma de producción se había sustituido, bajo las encomiendas, por un uso extensivo de la tierra, que determinaba la pérdida de sus antiguos cultivos y trabajos. Sus habitantes, a consecuencia de las pestes, los trabajos forzosos, la vida en las minas o las levas para las constantes campañas militares de conquista, desparecían o huían. Su organización social, eliminada su estructura cultural, muertos o cooptados sus nobles, se reducía al caos de la sumisión o la rebelión de los montes. De ahí que rápidamente propusiera, como remedio a todos los males, el modelo que ya había experimentado en las proximidades de México: el de los Hospitales-Pueblo[1].
           
            Ese modelo primigenio fue, como sabemos, el del Hospital-Pueblo de Santa Fe (que se fundó y bendijo el 14 de septiembre de 1532), experimento cristiano-social que duraría casi treinta años y cuya “ingeniosa  organización demostró ser práctica y eficaz”, como nos recordara Fernando Ainsa[2]. Su objetivo no era otro que la superación de esa situación de miseria, abusos e injusticia en que se encontraban los nativos. La publicación en 1937 de un artículo  del historiador mexicano Silvio A. Zavala en el que descubría las semejanzas entre las Ordenanzas que regían los Pueblos-hospitales de Vasco de Quiroga y la obra de Tomás Moro, Utopía, que el juez castellano al parecer había leído en México, en un ejemplar perteneciente al obispo franciscano Zumárraga[3], puso de manifiesto la influencia incuestionable ejercida por el canciller inglés en la obra y en la praxis “misionera” del obispo de Michoacán. La lectura de ese libro fue, sin  duda alguna, determinante en la génesis de su proyecto social.

            En su Información en Derecho (1535), mostrará explícitamente Don Vasco su adhesión al ideal reformador de Tomás Moro y su anhelo de hacer posible un mundo sencillo y perfecto donde la Utopía sirviera de método para alcanzarlo, impregnando su magno proyecto de un conocimiento profundo del mundo mítico y literario clásico (mito de la Edad de Oro, escritos de Luciano) y de una elevadísima moral humanista y cristiana, procedente de la Philosophia Christi. En su escrito se fusionan, de efecto, dichas influencias como se pone de manifiesto cuando llega a aducir -como tesis nucleares del mismo- las siguientes razones y afirmaciones: 1) que a los indios no les faltaba sino la doctrina cristiana “para ser perfectos y verdaderos cristianos”; 2) que el estado natural de los indios era muy similar al de “aquellos de la edad dorada” a la que aluden tanto los clásicos griegos como el propio Moro; 3) que “como inspirado por el espíritu Santo”, Tomás Moro dispuso su república  utópica según “el arte y manera de aquella gente de oro de aquella edad dorada”; 4) y, finalmente, que el humanista inglés sabía bien el griego, por lo que debió inspirarse en la descripción de la Edad Dorada contenida en las Saturnalias de Luciano[4].

Las ordenanzas de la utopía de los hospitales-pueblo. Tomás Moreno

            Trataría de probar en él, además, cómo la finalidad última de su proyecto social-cristiano sería restaurar, en el Nuevo Mundo, la inocencia perdida desde el pecado original de Adán. En este sentido, la Utopía moreana sería el modelo más apto y deseable para asegurar una comunidad humana despreciadora de las riquezas y anhelante de la perfección moral, configurada como un “orden y estado de república y de vivir en que se pierdan los vicios y se aumenten las virtudes, y no pueda haber flojedad, ni ociosidad, ni tiempo perdido alguno que les acarree necesidad y miseria…”. La conclusión a la que llega Quiroga es que  “el mismo Tomás Moro, inspirado por el Espíritu Santo”, escribió “en manera de diálogo” su Utopía para que “se diese en esta Nueva España y Nuevo Mundo” ese perfecto “y muy buen estado de república”.

            Así pues, desde su obispado se encargará en consecuencia de aplicar minuciosamente su esquema utópico en su recién estrenada sede, dedicando su esfuerzo a aquellos poblados de dimensiones pequeñas que hicieran más factible su plena realización empírica. Hasta su vejez continuará con el mismo ideal, y es entonces cuando redactará las Reglas y Ordenanzas para el gobierno de los hospitales de Santa Fe de México y Michoacán. En ellas se estipulan las directrices que revelan sus indudables similitudes con Utopía de Moro. La atenta lectura de los textos capitales de Don Vasco de Quiroga y los comentarios e investigaciones ya citados al respecto[5], nos ofrece el siguiente perfil de la organización y estructura general de sus Hospitales-pueblos.

            Desde el punto de vista económico-productivo los Hospitales-pueblo se organizaban, como en la propuesta utópica moreana, en la comunidad de bienes, remedio eficaz contra la codicia y la pobreza, en opinión del canciller inglés. En las Ordenanzas de Quiroga se dispone, en efecto, que las tierras de los Hospitales-pueblo sean bienes comunales. La distribución de productos se efectuaba mediante un reparto común, según las necesidades que hubiera menester en cada familia. El excedente o sobrante se guardaba en graneros para los años de mala cosecha o se destinaba a mantener y atender a los pobres, huérfanos, viudas, enfermos, viajeros, etc., pudiéndose incluso vender para incrementar la caja comunal o atender a las obligaciones que el obispo les había impuesto (como, por ejemplo, la de contribuir a sufragar los gastos del colegio de San Nicolás, una de sus empresas más queridas).

            El sistema de trabajo también seguía la propuesta de Moro. Recordemos que en su Utopía, el canciller inglés proponía un trabajo moderado -los utopienses no eran esclavos del trabajo-, en el que se distinguía entre el urbano, el artesanal y el agrícola. La jornada era de seis horas, tres antes de comer y tres después. Quiroga también establece esa misma  jornada de seis horas, y señala que los regidores y el rector del Hospital deberán exhortar para que se acuda al trabajo de buena voluntad sin rehusarse “perezosa ni feamente”, salvo por causas de enfermedad u otro “legítimo impedimento”, tanto para los hombres como para las mujeres.

            En la utopía moreana todos los utopienses, sin excluir a las mujeres, aprendían desde su niñez la agricultura y algún otro oficio mecánico (“tejedores, canteros, carpinteros, albañiles, herreros”), siendo ello necesario por la obligación de trabajar en el campo cada dos años, permitiendo con esto el ubicarse según su vocación urbana o rural y establecerse en definitiva, previa licencia. En la de Quiroga también se acepta la rotación por turnos entre la población rural y urbana; para ello se propone que los ciudadanos aprendan tanto oficios del campo, como de la ciudad, así como la necesidad de poseer y conocer todos los instrumentos de trabajo, necesarios y adecuados para realizar su correspondiente oficio, premiando a aquellos que mejor trabajasen “según la edad, fuerza, trabajo y diligencia de cada uno, a vista y parecer de su maestro, con alguna ventaja que se prometa y dé a quien mejor lo hiciere”,  en palabras de Quiroga. Respecto a las niñas, Moro y Quiroga coinciden en incorporarlas, a su manera y de acuerdo a las costumbres de la época de entonces, al trabajo por la comunidad. En sus Reglas Quiroga dedica una a “que las niñas depriendan los oficios mujeriles dados a ellas”: obras de tejer lana, lino seda y algodón. 
         
Las ordenanzas de la utopía de los hospitales-pueblo. Tomás Moreno
   La distribución de los productos se realizaba en Utopía de acuerdo a las necesidades familiares, de modo que nadie padeciera privaciones, siendo con ello coherentes con sus convicciones de comunalidad que considera apropiada una moderación en el trabajo. El excedente producido se repartía entre los poblados aledaños. En sus Hospitales-pueblo, Quiroga conserva también la previsión de cosechas para fines de reserva así como la venta del excedente en los casos de cosechas muy abundantes, como ya apuntábamos.

            Quiroga acepta en general el ideal de una sociedad sin dinero, enemiga del lujo, y sin embargo,  al igual que exigiera Moro a sus utopianos, hace recomendaciones detalladas acerca de la sencillez y limpieza que han de mostrar la homogénea vestimenta de sus indios, admitiendo sólo diferencias, en función del el estado civil en que se encuentren. La crítica al lujo y al ocio, patente en la Utopía moreana, era aquí, en la de Quiroga, si cabe más dura; herencia, tal vez, de la sobria tradición conventual, a la que se asemejaba bastante la vida austera que proponía a sus pueblos, y que, más adelante, en las Reducciones del Paraguay, implantarían con notables éxito y mayor extensión los jesuitas, con su modelo tutelar en gran medida similar, aunque algo más férreo que el de don Vasco.

            La familia era patriarcal de tipo extenso –pues incluiría a parientes de todos los grados: ascendentes como bisabuelos, abuelos, padres, madres y descendentes hijos y nietos- obedeciéndose como regente de la casa al varón abuelo, o al  padre de familia, al igual que en Moro. El concepto de familia en Quiroga es, en consecuencia, muy similar al descrito por Moro en su Utopía. Moro no sigue a Platón, en cuanto se refiere a la comunidad de mujeres, y mucho menos lo hace Quiroga quien combate la poligamia entre los indios. En cada familia se cultivan hortalizas y flores, las características de la vivienda revisten sencillez en el exterior, sin faltarles la limpieza; tampoco son necesarios los cerrojos, y cada diez años se efectúa un sorteo que concluye en la mudanza general de habitaciones. En Utopía  las horas libres se dedicaban a la instrucción y el aprendizaje de oficios, según el sexo. En los Hospitales-pueblo la educación era sencilla, orientada a la enseñanza de la doctrina religiosa y de la moral cristiana y al aprendizaje de oficios, justo lo necesario para la supervivencia material y la correcta atención al humilde espíritu de los nuevos cristianos. Así mientras Quiroga tratará ante todo de afianzar la tradición cristiana recomendando cumplir con las distintas fiestas votivas religiosas del Hospital-Pueblo (Exaltación de la Cruz,, San Salvador, la Asunción, San Miguel y otras) e instando a que no se pierdan las misas de la mañana, a evitar el mal ejemplo o escándalo: “se emborrachar o ser demasiado perezoso”, Moro establecerá en Utopía un principio de tolerancia religiosa sin definición concreta.

Las ordenanzas de la utopía de los hospitales-pueblo. Tomás Moreno

            El último punto de nuestra comparación acerca de las coincidencias y similitudes entre la Utopía de Moro y las Reglas y Ordenanzas de Vasco de Quiroga, hace referencia al tipo de magistratura política prescrito en ambas: el gobierno del pueblo implicaba una doble jerarquía, la familiar y la popular. En los Hospitales-Pueblo los jefes ancianos –en tanto que dirigentes de las familias- eligen en votación secreta a un principal, que ocupará el cargo durante un período que oscila entre tres y seis años. Y a unos regidores, que se eligen anualmente. Los designados se reúnen cada tres días y siempre procuran el bien común y sobre todo que los más pobres no sean perjudicados.

            Por encima de estos cargos (principal y regidores) -que suponían un autogobierno indiano, de raíz democrática- estaba el rector, un eclesiástico español, encargado de la organización y tutela general (lo que comportaba un claro y explícito paternalismo). El principal, debía poseer una serie de virtudes: la mansedumbre, la capacidad para el sufrimiento, y no ser más áspero y riguroso de lo conveniente, procurando ser más amado que temido. En el orden penal, finalmente, las Ordenanzas admiten expulsar “al malo o escandaloso e incorregible, así como al borracho y perezoso”, previa consulta con el rector. En los Hospitales-pueblo no existía la esclavitud  a diferencia de lo prescrito por Tomás Moro en su Utopía en donde se la incluye como castigo por determinados delitos[6]. (Continuará).


TOMÁS MORENO


[1] Paz Serrano Gassent, Introducción, op. cit. p. 36-37
[2] Fernando Ainsa, De la Edad de Oro a El Dorado desarrolla en este ensayo el 2º periodo de los cinco grandes momentos de la utopía en la historia de la América latina: el “proyecto cristiano-social de la colonización”, que continúa al momento que predetermina el descubrimiento y que precede al momento de la Ilustración y a de la Independencia, y continúa con la consolidación de los estados nacionales americanos (influido por el socialismo utópico europeo) y culmina con el momento contemporáneo.
[3] Tanto en Vasco de Quiroga como en fray Juan de Zumárraga se unían las lecturas renacentistas y erasmistas con la novedad de la Utopía moreana, pero con la mira siempre puesta en el ideal de un cristianismo nuevo, reformado y evangélico.
[4]  Información en Derecho en Paz Serrano Gassent “Vasco de Quiroga, La Utopía en América”, historia 16,  Madrid, 1992, pp. 227- 228;  229-230;  y 245-246. Cf. Stelio Cro, La utopía cristiano-social en el Nuevo Mundo, op. cit., pp. 121-122.
[5] Entre las que destacamos los de H. Lasky,  Silvio Zavala, Paz Serrano y las de Fernando Ainsa y Daniel Gómez Escoto (La Utopía de Vasco der Quiroga, Memoria del Colegio Nacional, v. 4. México, 1949, pp. 49-78, en Revista A parte rei).
[6] Para todo lo relacionado con los aspectos jurídico y político legislativos de Los Hospitales-Pueblo véase Fernando Gómez “El régimen jurídico de la utopía indiana: Vasco de Quiroga (1470-1565)”, Anales del Museo de América, Año 1999, Nº7, pp. 125-140.




Las ordenanzas de la utopía de los hospitales-pueblo. Tomás Moreno

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