jueves, 13 de febrero de 2020

ESBOZOS Y TANTEOS DE FRANCISCO CASTAÑO

Para la sección, Editoriales amigas, del blog Ancile, nos complace traer la primicia editorial, Esbozos y tanteos del poeta salmantino Francisco Castaño,  edición de la Fundación Jorge Guillén, en su preciosa colección Maravillas concretas. De nuevo no podemos más que ensalzar la cuidadísima edición ((a las que nos tiene gozosamente acostumbrados esta insigne institución, para mayor gloria de las publicaciones que se hacen en este país y no menor deleite de los autores editados), hogar, decimos, exquisito para una excelente poesía como es la que, de consuno, nos tiene habituados el poeta, estudioso y traductor Francisco Castaño. Recomendamos con entusiasmo la adquisición de este preciso volumen de poesía que hará las delicias del más exigente paladar poético. Vayan como breve pero selecta muestra estos tres poemas que aquí ofrecemos de estos Esbozos y tanteos del poeta.




Esbozos y tanteos, Francisco Castaño





ESBOZOS Y TANTEOS 

DE FRANCISCO CASTAÑO




Esbozos y tanteos, Francisco Castaño





 ANTES DE DARME A PENSAR




Para saber lo que ignoro,
No tengo más que ponerme
A escribir (ya sé de coro,
Por cómo me deja inerme,
Que lo que el azar nos da
Es un escaso maná
Que hay que ganarse).
Lo escrito
-Al margen de lo que dé
De sí- me da lo que sé
Siempre que lo necesito.





IL N'Y A PAS D’Á PEU PRÈS




Esos primeros trazos,
Ese primer esbozo,
Esos primeros versos,
Aunque no sepan cómo
Se ensalman, son fragmentos
Que presagian un todo.

Esas nubes que albergan
El fulgor del otoño,
La sucesión de luces
De un crepúsculo a otro,
Que en los árboles deja
Una pátina de oro,
Son signos que revelan
Un azar laborioso.

En la ventana, el cielo.
Sobre la mesa, el folio.
La lámpara, el crepúsculo.
Y en mis cansados ojos,
Ese constante afán
De dar cauce al asombro




POR DAR RAZÓN A UN AMISTOSO ELOGIO




Un soneto me manda hacer Morante
Porque dice que tengo buen oído.
Si lo que más le importa es el sonido
Me temo que será decepcionante.

¿Qué es lo que puede hacer que se levante
 Este vuelo que no por repetido
Dejará de tener otro sentido
Que el de ceniza que se ve diamante?

Vano vuelo será el de un artificio
Si no lo mueve sometida mano
 A otra más alta ley que la medida.

Lo que es tan sólo fruto del oficio
Ostenta el nombre de ese vuelo en vano.
Sólo puede lo vivo fingir vida.





Francisco Castaño





Esbozos y tanteos, Francisco Castaño

lunes, 10 de febrero de 2020

ANTES DE LA RENUNCIA, DE JOSÉ GUTIÉRREZ


Nos complace compartir con nuestros lectores de Ancile la primicia editorial de Mirto Academia (editada por la Academia de Buenas Letras de Granada), en su número 84, Antes de la renuncia (Antologia poética 1976-1980), de José Gutiérrez, con prólogo del crítico y también académico, José Ignacio Fernández Dougnac. Publicación que recomendamos vivamente a los amantes de la buena y verdadera poesía, así como a los enamorados de las ediciones pulcras y bien cuidadas como las que nos acostumbras Mirto Academia. Introducimos el post con una breve reseña biobibliográfica del autor, un par de fragmentos esclarecedores del prólogo y algunos poemas de la antología, todo ello para que sirvan de aperitivo a la totalidad de la edición a la que invitamos a adquirir y para conocer, a quien no haya tenido ocasión de tener entre las manos este producto editorial exquisito, estas publicaciones tan primorosamente publicadas.
Apuntamos este enlace para acceder a todas las publicaciones de Mirto Academia.



Antes de la renuncia (Antologia poética 1976-1980), José Gutiérrez


NOTA BIOBIBLIOGRÁFICA





 José Gutiérrez, Académico de Buenas Letras de Granada. Nació en Nigüelas (Granada) en 1955. Es autor de los libros de poemas Ofrenda en la memoria (1976), El cerco de la luz (1978), Espejo y laberinto (1978), La armadura de sal (1980), De la renuncia (1989, 2.ª ed. 2010; existe edición bilingüe en Francia: Du renoncement, 2010), La tempestad serena (2006), y las antologías Poemas 1976-1996 (1997) e Islas de claridad (Ed. Renacimiento, 2015; con Prólogo de Antonio Muñoz Molina). Ha sido incluido en algunas de las antologías más representativas de la poesía española contemporánea: Las voces y los ecos (Júcar, 1980), Florilegium. Poesía última española (Espasa-Calpe, Colección Austral, 1982), Postnovísimos (Visor, 1986), Poesía española reciente –1980-2000– (Cátedra, 2001), y sus poemas han sido traducidos al griego, al italiano y al francés. Ha codirigido las colecciones «Silene» y «Ánade» de poesía. En el terreno ensayístico es autor de los libros Manual de nostalgias: invitación a la poesía de Elena Martín Vivaldi (1982), poeta de cuya obra preparó y prologó la edición de una Antología Poética: En plenitud de asombro (2002); Introducción a la pintura de José Hernández Quero (1986), y del volumen misceláneo Nueva luz sobre antiguos libros (2014), además del libro de artículos literarios La biblioteca del bosque (en prensa). Prepara la edición de la Obra reunida del poeta granadino Javier Jurado Molina y ha prologado el volumen que recoge la trilogía poética póstuma del poeta Fidel Villar Ribot, El humo de los labios (2015). 
Ha publicado numerosos artículos literarios en prensa (diarios Ideal, Diario de Granada, Informaciones, Pueblo, El País, Granada Hoy, etc.) y en revistas especializadas (Nueva Estafeta, Ínsula, Cuadernos del Norte, Extramuros, etc.). 
Creó y dirigió la revista cultural El Fingidor (34 números publicados entre 1999 y 2007) que editaba la Universidad de Granada, institución donde trabaja, desde 1976, en tareas editoriales, culturales y periodísticas.


Antes de la renuncia (Antologia poética 1976-1980), José Gutiérrez



FRAGMENTOS DEL PRÓLOGO A LA EDICIÓN



Hay poetas que escriben, e incluso actúan, mirando de reojo su posteridad. Nuestro autor, en cambio, lo hace mirando de frente su única y desnuda realidad, a partir del inapelable «momento de la verdad», con un persistente y honesto sentido de «la renuncia», porque él se encuentra ocupando su lugar, en las antípodas de la afectación. Y ni mucho menos se esconde detrás de esa máscara de la vanidad que es la humildad exhibida. Estoy convencido de que en el barrio donde reside, como le sucedía a su admirado Claudio Rodríguez, aquel «ángel fieramente humano», nadie sabe que escribe versos y aún menos que su obra, respaldada por un importante reconocimiento de la crítica, es una de las más indispensables de su generación. Allá donde esté, José Gutiérrez es uno más. Desde los

primeros momentos que tuve ocasión de tratarlo pude comprobar que ciertos rasgos de su carácter están relacionados tanto con sus más preciadas constantes poéticas como con el singular ritmo editorial de sus textos. Pocas veces está tan imbricada la vida con el proceso creador, contemplado este desde todas sus dimensiones[…]

 […] La voz de Gutiérrez adquiere un acento más cercano, más sobrio, más depurado y más asido a la realidad. No busca tanto la belleza rutilante como la verdad vital y vivificadora. Se va despojando, pues, del lastre que implica el exceso de irracionalismo, o mejor, el poeta lo va controlando, lo va podando hasta alcanzar la justeza necesaria para orillar asimismo ese culturalismo temprano que muy bien puede reflejar «un frenesí de la mente académica» 18, si no se sitúa en su lugar. Esta actitud inicial se percibe con nitidez en «Destino», «Oscuro signo» 19 o muy especialmente en la tercera parte de El cerco de la luz, salvo en la composición «Noche de estío» 20. Su empuje llega incluso al poemario La armadura de sal, con composiciones tales como la dedicada a Safo, «Vestales», «El amor busca un cuerpo bajo la lluvia» o «Gehena infando» 21. También se detecta en el poema Telamón, publicado de forma autónoma como plaquette en 1980 22. Estas son las más palmarias muestras y las últimas de aquello que se va abandonando o transformando a lo largo del camino. El mismo poeta en «Tiempo adversario », de La tempestad serena 23, mira hacia atrás y hace balance de los libros de este «ciclo juvenil» en que perseguía una «belleza que deslumbra», pero no colma:

Yo soy aquel que ayer se entretenía
en confundir la vida con un libro,
y en ese puro afán de poesía
notas pinté con las que ya no vibro.
Armaduras, ofrendas, laberintos,
el cerco de la luz y su penumbra,
nacieron como símbolos distintos
de un ansia de belleza que deslumbra.

Al final del poema, por encima del culturalismo, de los libros y de la literatura, de la impostura,
se impone felizmente la limpia e ineludible verdad de la vida:

Del pasado impostor busqué la huida:
mi corazón errante ama la vida.





José Ignacio Fernández Dougnac


Notas


18 J. L. Borges, Historia de la eternidad, Madrid, Alianza
Editorial, 1994, p. 62. A la pregunta de si se considera poeta
«culturalista», José Gutiérrez responde: «En cierto modo,
sí. Pero sin llegar al culturalismo exacerbado que ha dado
nombre al movimiento»; aunque antes ha puntualizado: «La
mía es una poesía clásica, reflexiva, con dimensión cultural»
(Entrevista de J. A. G. al poeta: «José Gutiérrez: el tiempo pasa;
la pasión, nunca», p. II).
19 J. Gutiérrez, Ofrenda en la memoria, pp. 23-24 y 43,
respectivamente.
20 J. Gutiérrez, El cerco de la luz, pp. 35-64.
21 J. Gutiérrez, La armadura de sal, p. 32, 33 y 37, respectivamente.
Hay que precisar que estos poemas, junto con
«El elegido» y «Espejo de los días», son los únicos que están
escritos entre 1976 y 1978; los restantes fueron escritos «desde
enero a noviembre de 1979» (ibid., p.10).
22 J, Gutiérrez, Telamón, La Torre de las Palomas, 14,
Málaga, 1980.
23 J. Gutiérrez, La tempestad serena, p. 17.




Antes de la renuncia (Antologia poética 1976-1980), José Gutiérrez




POEMAS




AMANECER




Tras de la lámpara, con afán,
se nos viene la apacible llama.

El ruido, la prisa,
la misma gente de ayer
va a imponer su ley,
como cada mañana.

Ahora, olvidado de vosotros
—no hay lágrimas,
sí ademán de tristeza—,
al espacio venidero convoco,
a las viejas costumbres;
y soy lluvia,
queja sorda entre la multitud;
fruto, si el sol la desnuda.

La noche ha sido alegre,
inmersa estuvo en ella nuestra juventud
que perdura aún con el día,
fugaz
como la luz de este cielo
gris que me colma.




CADENCIA



(Jorge Guillén)



He amanecido a un nuevo día
y soy feliz como ave,
como pájaro al viento
ante el rumor de fuentes.
¿Quién podría arrebatarme
este paraíso donde renazco?

Ya se acortan las tardes,
presagio prematuro
de las noches suaves
donde se revelan los sueños
plenos de pureza, de soledad:
grato recuerdo que emerge.

Apenas un susurro resbala
aunque la lluvia arrecia;
el corazón sin estrépito late,
mas con fuerza —escuchad su aleteo—,
cadencia que no cesa
sin posible fatiga en el tiempo.

Trémula luz derrota
a la sombra —no muere aún el rayo—,
expandiendo difusa su presencia
por la estancia desnuda.
Tiende, viajero, la mano
y húndela en el Sur;
salva la distancia y su asedio
como joven amante que se entrega,
río por donde fluyo y respiro.

De su cauce una voz emerge
con temblor de ribera,
la dicha a mi cuerpo vuelve
y en sus aguas me reencuentro.





LLUVIA



Hiere la lluvia las calles que paseas
y podrías ser un río que se rebela y se alza
o un muerto lavando su sombra vencida.
¡Ay las lluvias sin fin horadando tu alma!
Porque tu alma es esa muchacha azul
que emerge de las oscuras noches —¿no adviertes
el eco de cenizas que despliega su mirada?—.
Así invocaste la enfebrecida brisa que un cuerpo
                                                                 [vistiera
o la mano capaz de abarcar espacios u océanos.
Así, encadenado a la ignorancia del mundo,
fuiste —trágico sueño— víctima
de tu propia quimera.
¡Ah las bellas palabras arrancadas de un labio,
la silenciosa música coronándote,
la despedida fugaz de la sangre primera!

¿Quién anuncia tu derrota
—prevés la catástrofe que sobre tu memoria
se cierne—, qué dedo maldito te señala?
Sabes que toda lluvia o diluvio pasa,
que no es posible alterar el destino
y que el tuyo es la isla
que aguarda hundirse
bajo las turbias aguas estancadas.

Ya se aproxima la noche y aún amas la vida:
¿puedes —a pesar de la lluvia— esperar el amor
que incendiaba los campos y vuelve manso
el tigre o la serpiente del odio?
Quisieras decir sí, pero sería engaño;
olvida este día y tiende un puente
que te sostenga, mientras surge de nuevo el sol
y su alabanza.






CENTINELA DEL SUEÑO



I



Tu juventud: un río
de nubes que levanta
el cuerpo como ofrenda.
Yo sé del sol que te alza,

de pájaros y fuentes
que por ti solo cantan.
Espejo eres del cielo,
cabellera del alba,

dulce brisa marina.
Mi canto vence el ansia,
la soledad más íntima
que impone la distancia.



I I



¡Oh días juveniles,
cuando la dicha alcanza
la cúpula suprema!

Al horizonte, luces
atisban lejanías:
es el amor quien vuelve.

Partícipe del fuego
mi pecho se enaltece,
júbilo eterno.

Ebrios dancen los cuerpos,
al dios del mar los frutos
mejores ofrezcamos.





POÉTICA




Un deseo de luz para las manos,
esta lira que suena en mi silencio,
cuchillada de sol entre los ojos,
alto vuelo de pájaros solemnes
sobre el dolor del mundo: denso olvido;
navaja cenicienta, la palabra,
es el arma que esgrimo.






LAS MANOS DEL POETA



(Vicente Aleixandre)



Las manos dicen lo que ocultan,
pues atesoran vida, calor, el brillo intacto
de otra piel que ardió secreta,
que cedió con ternura sus prodigios
antes de ser memoria, temblor solo.

Las manos dicen lo que ocultan;
dibujan una luz, y su reverso
que es la sombra sonora o es silencio.
Silencio, mas no olvido.
Olvidar es inercia, dejar que fluya el río.
El poeta horada el mar con su voz profunda.
Ved sus manos que esgrimen la espada de la luz:
empuñan un sonido.





A UN LECTOR FUTURO



Nacido para la luz, me sumerjo
en sombra interminable.

En el poema escribo mi epitafio:
—Sabe que la palabra ha sido en mí
también cansancio, duda en que la vida
me mantenía inmerso.
Y si en algún momento hubo temblor
en ella, la tristeza era su precio.
Única certidumbre fue la espera.
Lo demás solo sombras, vanos sueños,
imágenes en fuga
y versos que se queman a la luz de tu lámpara,
embriagado lector:
ya tu presencia niega la existencia
inútil de mi vida.


José Gutiérrez




Antes de la renuncia (Antologia poética 1976-1980), José Gutiérrez

jueves, 6 de febrero de 2020

DIOS Y LA LIBERTAD: LAS RAÍCES TEOLÓGICO-BÍBLICAS DE LA LIBERTAD HUMANA.


 Para la sección, Apuntes histórico teológicos, del blog Ancile, Traemos una nueva entrada de nuestro colaborador Alfredo Arrebola, bajo el título: Dios y la libertad: las raíces teológico-bíblicas de la libertad humana, quien hace unas interesantes aproximaciones al tema siempre vigente de la libertad y Dios. Siempre hemos seguido unas directrices en este soporte que ahora, lector, atiendes y por lo que te damos las gracias, donde se pueda expresar con total libertad sobre cuestiones de interés universal, con fundamento, aviso suficiente sobre el tema y razonando los juicios ofrecidos, condiciones cumplidas de sobra en estas entradas que ofrecemos bajo esta sección.


     DIOS Y LA LIBERTAD: 

LAS RAÍCES TEOLÓGICO-BÍBLICAS

 DE LA LIBERTAD HUMANA
                                        





      Me considero una persona abierta a todas las tendencias que buscan el bienestar común, la libertad y la paz universal, pero no soy ajeno de que vivimos tiempos de increencia, de modo especial marcados en nuestras sociedades europeas. Creer en Dios ya no se lleva en muchos ambientes que nos rodean. La euforia por lo científico, el desarrollo alocado  de la tecnología, el saber presuntuoso y engreído del propio pensar, hacen que el asunto de Dios sea tema de poco interés. Vengo notando que en muchas personas ha calado la sensación de que Dios es superfluo, como si la vida no lo necesitara. Aún más: hay quienes lo consideran peligroso, por lo que pretenden excluirlo de lo público, suprimirlo de lo visible, sacrificarlo en bien de una autonomía que va seduciéndose a sí misma.

   En esta misma línea se expresa el Abogado e Investigador de  Historia de las Religiones, don Eduardo Ortega Martín: “Con cierta inquietud recibo los acordes inmisericordes de guerra de algunas hordas de corte político, que quieren implantar en España el ateísmo por decreto en el BOE, y es más, presumen de ello, es decir, eliminar de un plumazo, entre otras medidas, la religión de la escuela”, cfr. IDEAL, 19/01/20, pág. 30.

   Vengo comprobando, asimismo, que no son pocos los cristianos que sienten hastío al hablar de situaciones complicadas a causa del mantenimiento de la fe. Todo lo cual es consecuencia de que estamos viviendo tiempos difíciles no sólo en el orden político, social, cultural, sino sobre todo en el ámbito religioso. Vivimos en un mundo digital en el que cada vez nos informamos sólo a través de Internet; se piensa poco y, menos aún, se reflexiona. Sin embargo, sigue vigente todavía la  evidencia de muchos filósofos y teólogos de considerar al hombre un “animal religiosum”.

  
   Según mi larga experiencia, los medios de comunicación de masas han cambiado la percepción que antes se tenía de la realidad. No se  olvide que el hombres es un ser que, por naturaleza, quiere saber qué sentido tiene la vida y qué relación guardan las cosas entre sí. Nada nuevo descubro si digo que la libertad – esa “inmunitas  a vinculo” - es el don más grande que Dios/Naturaleza ha concedido al hombre. El gran filósofo alemán Hegel (1770 – 1831) ya nos dejó dicho que “...El hombre vale porque es hombre y no porque sea judío, católico, protestante, alemán o italiano”. Y san Pablo nos dirá: “Hermanos habéis sido llamados a la libertad” (Gal 5,13), la cual, como concepto teológico en sentido estricto y dentro de la antropología teológica, “la libertad de los hijos de Dios” es el kerygma fundamental de Cristo” (Rom 8, 15).

   En él se trata de la libertad como fruto de la redención en Jesucristo y como desarrollo del espíritu dado por Él, cfr. “Diccionario Teológico”, pág. 388 (Herder).
   No debe extrañarnos, pues, que la libertad del hombre sea necesariamente objeto de la  Antropología, tanto de la filosofía como de la teología, así, al menos, me la enseñaron en las aulas universitarias.
   El ser humano se distingue fundamentalmente de todas las demás cosas en que no“existe” uncido a una conexión universal de la naturaleza, en una determinación general y total de su realización esencial, sino que está implantado en la “abertura”, en lo abierto. Por lo tanto se deja a su mano el realizar las diversas posibilidades históricas de sí mismo, para encontrar ahí la  acuñación de su esencia. Renunciar, pues, a esta libertad sería renunciar a ese constitutivo esencial del hombre, idest,  renunciar a  sí mismo. El hombre, pues, tiene que aceptar dicho imperativo de libertad  personal. Por eso, la misma libertad del hombre no puede quedar limitada, pero sí puede limitarse el ámbito de la libertad y así su objetivación.
     
  La Teología nos  dice que dicha libertad se ejercita incluso en la aceptación creyente y amorosa de la justificación y en todo acto salutífero. Tal importancia  tiene, en la doctrina católica, la libertad que es dogma de fe: la existencia de la libertad y su ejercicio en el pecado y en el acto salutífero, conforme leemos en el “Denzinger” 160ª, 348, 378, etc. El hombre puede, por su “libertas”, enfrentarse al mismo Dios.  Gracias a su libertad, el ser humano puede rebelarse contra Dios y rechazar, incluso, el cielo que le tiene prometido:
 
no me mueve, mi dios, para quererte
el cielo que me tienes  prometido,
ni me mueve el infierno tan metido
para dejar por eso de ofenderte,

como reza el famoso soneto anónimo: ¡Inmanente y eterno problema teológico y escatológico que conlleva todo ser humano, honesto y honrado consigo  mismo!. ¡Qué pocos, por desgracia, son!.

    No cabe la menor duda que el presupuesto ontológico del modo de concebir la realidad está ligado estrechamente al presupuesto teológico. Hablo, por supuesto, desde mi concepción cristiano-católica, ¡afortunadamente!. El  ateismo contemporáneo (de manera especial en Marx, Nietzsche, N. Hartman y Sartre) quiere ser una defensa del hombre, de su libertad en contra de Dios. Ante esta actitud,  cabría preguntarse si  semejante defensa vale contra Dios o contra la  alienación religiosa.

    Ahora bien, la forma diversa de concebir la relación de la libertad con la realidad total lleva también a concebir de una manera diversa  el valor de la persona y su relación con la sociedad. Es éste el aspecto ético-social del problema de la libertad, que atañe de manera especial a la sociedad civil, a la sociedad religiosa y a la relación entre  una y la otra. Pues bien, incluso en esos difíciles momentos de duda  e inquietud, Dios no nos deja solos, sino  que se hace presente para responder a las preguntas decisivas sobre el sentido de nuestra existencia: ¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? ¿Por qué nací en este momento? ¿Por qué  amo? ¿Por qué sufro?  ¿Por qué tengo que morir?. Para responder a estas preguntas, el cristiano creyente tiene ipso facto la respuesta: DIOS SE HIZO HOMBRE. Su  cercanía trae luz donde hay oscuridad e ilumina a cuantos atraviesan las tinieblas del sufrimiento (Lc 1,79).

    Jesús, el hijo de María, es la novedad en medio de  un viejo mundo, y que ha venido a devolver a nuestra vida  y al universo  su esplendor original. El ser humano, con su  inherente dilema de “ poder hacer o no hacer, hacer esto, aquello o su contrario” (Libertad)  se  enfrenta al mismo  omnipotente Dios, aunque quede sorprendido al ver  que Dios renuncia a su gloria para hacerse hombre como nosotros.

“La Vida se hizo visible”, que nos dirá Juan (1Jn 1,2). ¡Qué sorpresa ver a Dios que  asume nuestros propios comportamientos: dormir, comer, llorar...! Todos, pues, estamos llamados a reflexionar sobre la responsabilidad que cada cristiano tiene de ser “evangelizador”, dado que desde hace años se ha procurado colocar  la libertad enfrente de la religión, más propiamente, enfrente de la religión cristiana, que ha  imprimido en Occidente la marca más duradera y más decisiva, como escribe  el Profesor Remi Brague  en “Sobre la Religión”, pág. 157 (Madrid, 2019).

    Sin menoscabar lo más mínimo la libertad  humana, todo cristiano creyente debe  transformarse en “Testigo de Cristo”, esperanza de la humanidad, tal como  les recordaba el Papa  Juan Pablo II a los seminaristas de Moscú (1995).



                                              

                                         Villanueva  Mesía (Granada), Febrero de 2020
















lunes, 3 de febrero de 2020

ASCUAS DE UN CREPÚSCULO


Para la sección, De la métrica celeste, del blog Ancile, me complace ofrecerles un sutil y a la vez enjundioso apunte de métrica centrado en versos de Antonio Machado por parte del poeta, profesor de Retórica y de Métrica de la Universidad de Granada y amigo entrañable, Antonio Carvajal, que lleva por título Ascuas de un crepúsculo.  Introduce y acompaña la entrada una fotografía enviada al poeta por fotógrafo Moisés López Paz. 


Las ascuas de un crepúsculo morado (Antonio Machado) Foto de Moisés López Paz





Un amigo me suele enviar fotografías de amaneceres. Ayer lo hizo de atardeceres. 
La primera foto me trajo instantáneamente a la memoria la delicada rima de D. Antonio Machado:


2-6-10                         Las ascuas de un crepúsculo morado
2-4-8-10          detrás del negro cipresal humean.
4-6-8-10          En la glorieta en sombra está la fuente
3-6-8-10          con su alado y desnudo Amor de piedra
2-4-8-10          que sueña mudo. En la marmórea taza
2-4-6               reposa el agua muerta.


Los números al margen señalan la posición de las sílabas tónicas. Cantan los números la variedad del compás, más variado aún si tenemos en cuenta las cesuras: son impausados los versos 1º y 4º; el 2º admite cesura tras 8ª; el 3º pueda tenerla tras 7ª, pero la sinalefa tiende a su anulación. El 5º es claramente bimembre, la cesura tras 5ª puede realizarse como pausa que lo escinde en pentasílabo y heptasílabo, armónicos ambos y, por lo tanto, se consigue que sea no perceptible la hipermetría resultante, imperceptibilidad facilitada por la sinéresis de 9ª y el antitonema requerido por el encabalgamiento hacia el verso final, este sí con un compás binario muy marcado por la  notable lentitud que le presta la uniformidad  y el cierre tras 7ª siendo esperable otro endecasílabo.

Este contraste sutilísimo entre expansión y contracción es quizá uno de los elementos que sugieren la “naturalidad” del decir machadiano, como lo es la no reiteración del modelo de verso, pues aquí (como en tantos otros lugares de la poesía de D. Antonio), si coinciden las tónicas no coinciden las cesuras (versos 2º y 5º). La asonancia de los pares tiene complemento en otras asonancias internas que contribuyen a la sensación de suave armonía. Aunque muchos teóricos dominantes de ceño fruncido se empeñen en negar el simbolismo fónico, las abundantes úes del texto, sean vocales o sean semiconsonantes, me sugieren una progresiva oscuridad. 

Llegado aquí le di un repaso final a los Poemas de Baeza de D. Antonio Machado cuya reedición prepara el profesor D. Antonio Chicharro y, por caso de cerebración inconsciente, recuerdo que un amigo me hubo dicho que José Luis López Bretones había compartido en caralibro (los angloparlantes escriben facebook) un comentario sobre la última línea manuscrita que, según nos cuentan, llevaba Don Antonio en la ropa con que llegó a Colibre (Colliure por imposición del poderoso de turno; las metaonomasias tienen vigor político). Hay quienes niegan que sea un verso alegando, entre otras fantasías más o menos animadas, que carece de punto final. No visito esos ciberlugares y lo que conservo en la memoria de oídas es que no hay casos de alejandrinos machadianos que coincidan con la acentuación de esta línea. No me sorprendió el comentario, repasé los versos del maestro que me sé de coro y me pareció una opinión respetable. Pero como el demonio mata moscas con el rabo cuando no tiene nada (o nadie) que tentar, en los dos últimos poemas que el profesor Chicharro nos aporta me encuentro estos versos que unzo con la línea famosa:


           3       6                 10            13
estos días azúles y este sól de la infáncia

         3            6                10          13
corazónes de tódas las espáñas, llorád.

            3               6               10        13
el priméro es gonzálo de bercéo llamádo

(1)          3             6                 10        13
él nos cuénta el repáire del roméo cansádo



En la boca no hay ortografía, sí ortología. Y en métrica debe haber prudencia porque los viejos sabios maestros te la meten doblada,  no te enteras (…y quizá sea mejor así).




                                                                                      En Motril, a 31 de enero del 2020
                                                                                       Antonio Carvajal




Días y soles. Antonio Carvajal