miércoles, 27 de julio de 2011

REALIDAD Y POESÍA: LA INFORMACIÓN POÉTICA II

Segunda y definitiva entrada sobre el fascinante mundo de la poesía como fuente de interpretación y conexión con la realidad.


Realidad y poesía: la información poética 2, Francisco Acuyo





REALIDAD Y POESÍA: 
LA INFORMACIÓN POÉTICA II





Realidad y poesía: la información poética 2, Francisco Acuyo


EN relación a la anterior entrada (de idéntico título a esta que ahora presentamos) he recibido alguna, no sin razón, justificada queja en forma de no sé si, merecida reprimenda y, desde luego, recibida no sin quebranto y desazón por quien suscribe, en tal caso, tan desconsideradamente estas líneas que, veremos, son de similar estirpe.  La dificultad radica, a mi juicio, en la peculiar naturaleza del tema, cuya complejidad se encuentra no tanto en lo intrincado de sus entresijos y fundamentos como en la paradójica razón de sus rudimentos dinámicos y constituyentes, lo cual incidirá de forma inevitable en la comprensión final de esta exposición nuestra. Se me advertía que tal vez fuese necesaria alguna síntesis aclaratoria al respecto. Trataré, en la medida de mis modestas posibilidades, y de la no poca dificultad que encierra temática tan singular, sin tener muy claro que este propósito llegue a conseguirse en esta segunda entrega, de ser, si no más transparente, al menos más cercano al lector interesado, pero no especialista. Con este sincera intención prosigo con la cuestión que, a mi entender, es del todo fascinante.
Realidad y poesía: la información poética 2, Francisco Acuyo
                Si la vida (entendida como proceso biológico) puede considerarse también como aquella información que tiene la particularidad de contener un mensaje perdurable, veremos que es susceptible de observar una estrecha vinculación o parentesco con los procesos creativos (de índole artística y de intuición científica) como es sin duda el caso singular de la poesía (y apunto, el no menos interesante de las matemáticas). Nosotros, en principio, en relación a esta breve exposición, nos centraremos en el que afecta a la poesía.
                Podemos observar que en el constructo poético (el poema) existen elementos característicos redundantes (rimas, ritmos, usos de determinadas fórmulas trópicas…) que conllevan, como acaso lo hacen las cadenas de aminoácidos que conforman el ADN, una solución altamente pertinente para corregir errores y posibilitar un grado de precisión altamente elevado en la consecución de su discurso especial  (recuérdese que, en poesía, lo que no está bien dicho, no estará en modo alguno dicho).[1]
                El proceso verdaderamente creativo se tiene que caracterizar (si, auténticamente nuevo) en su imprescindible novedad  por ofrecer un producto genuino, cuya  creación ha de ser ex nihilo, a partir de nada, si es que, insistimos, es genuinamente creativo, pues la información que aporta y finalmente ofrece en su objeto artístico, debe aportar la sorpresa que caracteriza el producto de dicho proceso, y que ha de basarse, reiteramos, precisamente en la novedad.
                Es verdaderamente curioso observar cómo la poesía (como en los procesos biológicos, que se dirían violan los Principios de la 2ª Ley de la Termodinámica y de Entropía)[2], parece contar con la extraordinaria capacidad de crear o generar orden a partir del desorden (de las sensaciones, emociones, del conjunto abierto de posibilidades de uso de las prácticamente infinitas posibilidades de uso del lenguaje…),  en clara contradicción con lo que pudiere parecer, merced a su construcción característica (en el poema), más o menos rigurosa, que parte de principios de orden  lingüístico, gramatical, métrico…, pero es igualmente interesante caer en la cuenta de que el orden finalmente adoptado desembocaría inevitablemente, por redundancia, en la extinción de dicha información, si no somos profundamente creativos, para lo cual, es fundamental la desaturación de lo aprendido y aprehendido, siendo por tanto esencial un cierto grado de silencio mental o de olvido (ya lo anunciábamos en la anterior entrada) para ser ciertamente creativo.
Realidad y poesía: la información poética 2, Francisco Acuyo
                Si atendemos al hecho aparentemente incontestable de que cualquier ley que explique la realidad necesita de una ley primera, nos sitúa en una situación (no sólo en el ámbito de la ciencia) que, por paradójica, cuando menos nos hace plantearnos si es posible, ex nihilo, decíamos, sin causas a priori, explicar dicha realidad del mundo. Es evidente que esta aproximación y su consecuente interrogante, debe también de forma inevitable afectar al concepto y entendimiento de poesía como instrumento de interpretación y conocimiento de la realidad. Este planteamiento ya fue expuesto brillantemente en los dominios de la filosofía y de la lógica por B. Russell en su momento; más recientemente traído a colación por S. Hawking, aunque mediante procedimientos de razonamiento distintos, en los que estimaba que son posibles, paradójicamente, eventos sin causas primeras. Así pues, se verá que el discurso poético y, sobre todo observado como proceso creativo,  tiene mucho que decir al respecto.
                En poesía, la libertad para la generación de su artefacto artístico, entendemos que es de capital importancia, sobre todo cuando consideramos su impulso de creación exento de influjos convencionales (en este sentido, también experimentales) y, por tanto, de carácter determinista; en cualquier caso, en su materialización discursiva (en el verso y el poema), parece abundar una suerte de equilibrio en la combinación de aleatoriedad (azar) y determinismo (o seguro azar, que diría Salinas). Así, cuando redactamos un poema y cambiamos al azar todos los elementos disponibles, se verá que, una vez observadas las diferentes tiradas de elementos constitutivos (versos con sus correspondientes ritmos, acentos, rimas…) emerge o irrumpe una pauta que se determina en virtud de criterios diversos (de eufonía, métricos, expresivos…). Mas el resultado estará siempre en función de una serie de elementos y funciones dinámicas de extraordinaria complejidad, las cuales pueden darse, al fin, de manera específica en virtud de un cierto grado de probabilidad (por ejemplo que, un determinado verso, tenga este o aquel acento, según el caso). Por otro lado veremos que los rasgos de analogía y ambigüedad que son propios del discurso poético (y que marcan su carácter indeterminista), pueden interpretarse en su significación, de forma paradójica (hablaba en otras ocasiones de la poesía como ciencia de la paradoja),[3] como una cosa y su contraria, y este hecho contradictorio sirve en los procesos de implementación que lleva a término el poeta para sus estimaciones en la construcción final del poema, acaso haciendo las pruebas necesarias hasta la definitiva concepción del verso y del poema. El lector también adopta un procedimiento de prueba en tanto que las diferentes significaciones del poema dependerán en no pocos instantes de, por ejemplo, su estado de ánimo que, obviamente puede variar de un momento a otro.
                Si en el ámbito de la física se ha podido constatar que la información molecular no reside tanto en el interior como en su superficie de su objeto,[4] cabe pensarse que cualquier atisbo de la misma (de información, decimos) en cualquier objeto u entidad no reside tanto mismos como tales, sino en la ley o propiedad que avala cualquier información, a saber: su capacidad de relación e integración con el entorno. La poesía ofrece en su especial discurso una vía excepcional para la comprensión de la misma como una vía integradora siempre afín  a lo que nos rodea para una asunción de la realidad que siempre se ofrece en marcha, nunca quieta, en proceso continuo de formación, y cuya información a interpretar dependerá del contexto y que, además, exige una vía negativa o apofática para su comprensión última. Puede parecer esta una manera curiosa de acceder e inquirir en la naturaleza y potencial concepto de la poesía, pero además nos parece también muy interesante porque invita, a través de esta investigación o indagación singular, a acceder a ella vía no tanto del o que es, o puede ser la poesía, sino de lo que no es; todo esto  no deja de tener un cierto aire o halo trascendente, si es que aceptamos la poesía como forma de conocimiento y acercamiento a lo que la realidad es, pues nos advierte que dicha aprehensión intelectiva y emocional se alcanza reconociendo la imposibilidad de saber de la realidad última de forma positiva, ya que dicha realidad reside en la conciencia misma. En última instancia esto viene a significar que la nada (el vacío), o el decir de su silencio, es el fundamento desde el que la conciencia pone en relación todas las cosas.
Realidad y poesía: la información poética 2, Francisco Acuyo
                Si en  física (Eddington) una partícula era definida como el portador conceptual de variables, en poesía, la conciencia (del poeta y del lector intérprete) nos advierte de que la realidad y todo lo que se deduce de ella, es posible merced a su capacidad de integración e interconexión dinámica con el mundo y, consecuentemente, que los objetos y su unidad aparente no dejan de ser sino una ilusión, pues sólo son en virtud de una dinámica viva de relación llegan a ser realmente. La poesía, en fin, cuando verdaderamente creativa, es a la vez, nuncio de que, lo que observamos aisladamente, no es más que la ilusión de todas las observaciones llevadas por el hombre (poeta o intérprete) hasta ese momento; es la óptica privilegiada que nos avisa de que la realidad es sólo posible precisamente en la relación, en la interconexión e integración dinámica de la conciencia con lo que en el mundo tiene probabilidad de ser.

Francisco Acuyo



[1] Aleixandre, A.: Obras Completas, Aguilar, Madrid, 1978
[2]  El segundo principio de la termodinámica dictamina que, si bien la materia y la energía no se pueden crear ni destruir, sí que se transforman, y establece el sentido en el que se produce dicha transformación. Sin embargo, el punto capital del segundo principio es que, como ocurre con toda la teoría termodinámica, se refiere única y exclusivamente a estados de equilibrio.
La entropía es una magnitud física que identifica la cantidad de desorden dentro de un sistema físico; y en la Teoría de la  información es la Medida de la cantidad de información y ruido presente en una señal.
[3]  Acuyo, F.: Fisiología de un espejismo, Artecitta ediciones, Granada, 2010; o, en Fundamentos de la proporción en lo diverso, Universidad de Granada, 2007, y en, la segunda edición ampliada de Fundamentos de la proporción en lo diverso, Jizo ediciones, Granada, 2010.
[4] Vedral, V.: Descodificando la realidad, Biblioteca Buridan, Barcelona, 2011.




Realidad y poesía: la información poética 2, Francisco Acuyo

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