martes, 7 de febrero de 2012

AMOR Y POESÍA: FRANCISCO DE QUEVEDO

La sección Amor y poesía, de nuestro blog  Ancile, en esta ocasión, y siguiendo la línea de traer poemas y poetas clásicos, modernos y plenamente contemporáneos, ofreciendo versos seleccionados para esta sección, cuya temática sea la del amor, se centra ahora en unos pocos (de los muchos excepcionales del autor) poemas del extraordinario y genial Francisco de Quevedo. Juzguen ustedes mismos, si no está justificada (mi inclinación por tan excelso poeta y) la reproducción de versos tan incomparables.



Francisco de Quevedo, Amor y poesía, Ancile



 FRANCISCO DE QUEVEDO




Francisco de Quevedo, Amor y poesía, Ancile


ADMÍRASE DE QUE FLORA, SIENDO TODA
FUEGO Y LUZ, SEA TODA HIELO





Hermosísimo invierno de mi vida,
sin estivo calor constante yelo,
a cuya nieve da cortés el cielo
púrpura en tiernas flores encendida;


esa esfera de luz enriquecida,
que tiene por estrella al dios de Delo,
¿cómo en la elemental guerra del suelo
reina de sus contrarios defendida?

Eres Scytia de l'alma que te adora,
cuando la vista, que te mira, inflama;
Etna, que ardientes nieves atesora.

Si lo frágil perdonas a la fama,
eres al vidro parecida, Flora,
que siendo yelo, es hijo de la llama.





AMANTE AGRADECIDO A LAS
 LISONJAS MENTIROSAS DE UN SUEÑO





¡ Ay, Floralba ! Soñé que te. . . ¿ Dirélo?
Sí, pues que sueño fue: que te gozaba
¿y quién, sino un amante que soñaba,
juntara tanto infierno a tanto cielo?

Mis llamas con tu nieve y con tu yelo,
Cual suele opuestas flechas de su aljaba,
mezclaba Amor, y honesto las mezclaba,
como mi adoración en su desvelo.

Y dije: Quiera Amor, quiera mi suerte,
que nunca duerma yo, si estoy despierto,
y que si duermo, que jamás despierte.

Mas desperté del dulce desconcierto;
y vi que estuve vivo con la muerte,
y vi que con la vida estaba muerto.





SONETO AMOROSO DEFINIENDO EL AMOR



Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado;

es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde, con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado;

es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero parasismo;
enfermedad que crece si es curada.

Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!






AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE






Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado,





Francisco de Quevedo, Amor y poesía, Ancile



1 comentario:

  1. Sin duda uno de los clásicos más bellos. Gracias, Francisco.

    ResponderEliminar