martes, 22 de octubre de 2019

LAS ORDENANZAS DE LA UTOPÍA DE LOS HOSPITALES-PUEBLO.


Traemos nueva entrada par ala sección, Microensayos, abundando sobre la figura y obra de Vasco de Quiroga, y todo de la mano del filósofo Tomás Moreno, bajo el título: Las ordenanzas de la utopía de los hospitales-pueblo. 

 Las ordenanzas de la utopía de los hospitales-pueblo. Tomás Moreno


LAS ORDENANZAS DE LA UTOPÍA 

DE LOS HOSPITALES-PUEBLO.



La dramática situación de la población nativa cuando Quiroga llegó en su primera visita a Michoacán como juez, es descrita así por Paz Serrano Gassent:

Encontró una población destruida económica, humana y culturalmente. Su forma de producción se había sustituido, bajo las encomiendas, por un uso extensivo de la tierra, que determinaba la pérdida de sus antiguos cultivos y trabajos. Sus habitantes, a consecuencia de las pestes, los trabajos forzosos, la vida en las minas o las levas para las constantes campañas militares de conquista, desparecían o huían. Su organización social, eliminada su estructura cultural, muertos o cooptados sus nobles, se reducía al caos de la sumisión o la rebelión de los montes. De ahí que rápidamente propusiera, como remedio a todos los males, el modelo que ya había experimentado en las proximidades de México: el de los Hospitales-Pueblo[1].
           
            Ese modelo primigenio fue, como sabemos, el del Hospital-Pueblo de Santa Fe (que se fundó y bendijo el 14 de septiembre de 1532), experimento cristiano-social que duraría casi treinta años y cuya “ingeniosa  organización demostró ser práctica y eficaz”, como nos recordara Fernando Ainsa[2]. Su objetivo no era otro que la superación de esa situación de miseria, abusos e injusticia en que se encontraban los nativos. La publicación en 1937 de un artículo  del historiador mexicano Silvio A. Zavala en el que descubría las semejanzas entre las Ordenanzas que regían los Pueblos-hospitales de Vasco de Quiroga y la obra de Tomás Moro, Utopía, que el juez castellano al parecer había leído en México, en un ejemplar perteneciente al obispo franciscano Zumárraga[3], puso de manifiesto la influencia incuestionable ejercida por el canciller inglés en la obra y en la praxis “misionera” del obispo de Michoacán. La lectura de ese libro fue, sin  duda alguna, determinante en la génesis de su proyecto social.

            En su Información en Derecho (1535), mostrará explícitamente Don Vasco su adhesión al ideal reformador de Tomás Moro y su anhelo de hacer posible un mundo sencillo y perfecto donde la Utopía sirviera de método para alcanzarlo, impregnando su magno proyecto de un conocimiento profundo del mundo mítico y literario clásico (mito de la Edad de Oro, escritos de Luciano) y de una elevadísima moral humanista y cristiana, procedente de la Philosophia Christi. En su escrito se fusionan, de efecto, dichas influencias como se pone de manifiesto cuando llega a aducir -como tesis nucleares del mismo- las siguientes razones y afirmaciones: 1) que a los indios no les faltaba sino la doctrina cristiana “para ser perfectos y verdaderos cristianos”; 2) que el estado natural de los indios era muy similar al de “aquellos de la edad dorada” a la que aluden tanto los clásicos griegos como el propio Moro; 3) que “como inspirado por el espíritu Santo”, Tomás Moro dispuso su república  utópica según “el arte y manera de aquella gente de oro de aquella edad dorada”; 4) y, finalmente, que el humanista inglés sabía bien el griego, por lo que debió inspirarse en la descripción de la Edad Dorada contenida en las Saturnalias de Luciano[4].

Las ordenanzas de la utopía de los hospitales-pueblo. Tomás Moreno

            Trataría de probar en él, además, cómo la finalidad última de su proyecto social-cristiano sería restaurar, en el Nuevo Mundo, la inocencia perdida desde el pecado original de Adán. En este sentido, la Utopía moreana sería el modelo más apto y deseable para asegurar una comunidad humana despreciadora de las riquezas y anhelante de la perfección moral, configurada como un “orden y estado de república y de vivir en que se pierdan los vicios y se aumenten las virtudes, y no pueda haber flojedad, ni ociosidad, ni tiempo perdido alguno que les acarree necesidad y miseria…”. La conclusión a la que llega Quiroga es que  “el mismo Tomás Moro, inspirado por el Espíritu Santo”, escribió “en manera de diálogo” su Utopía para que “se diese en esta Nueva España y Nuevo Mundo” ese perfecto “y muy buen estado de república”.

            Así pues, desde su obispado se encargará en consecuencia de aplicar minuciosamente su esquema utópico en su recién estrenada sede, dedicando su esfuerzo a aquellos poblados de dimensiones pequeñas que hicieran más factible su plena realización empírica. Hasta su vejez continuará con el mismo ideal, y es entonces cuando redactará las Reglas y Ordenanzas para el gobierno de los hospitales de Santa Fe de México y Michoacán. En ellas se estipulan las directrices que revelan sus indudables similitudes con Utopía de Moro. La atenta lectura de los textos capitales de Don Vasco de Quiroga y los comentarios e investigaciones ya citados al respecto[5], nos ofrece el siguiente perfil de la organización y estructura general de sus Hospitales-pueblos.

            Desde el punto de vista económico-productivo los Hospitales-pueblo se organizaban, como en la propuesta utópica moreana, en la comunidad de bienes, remedio eficaz contra la codicia y la pobreza, en opinión del canciller inglés. En las Ordenanzas de Quiroga se dispone, en efecto, que las tierras de los Hospitales-pueblo sean bienes comunales. La distribución de productos se efectuaba mediante un reparto común, según las necesidades que hubiera menester en cada familia. El excedente o sobrante se guardaba en graneros para los años de mala cosecha o se destinaba a mantener y atender a los pobres, huérfanos, viudas, enfermos, viajeros, etc., pudiéndose incluso vender para incrementar la caja comunal o atender a las obligaciones que el obispo les había impuesto (como, por ejemplo, la de contribuir a sufragar los gastos del colegio de San Nicolás, una de sus empresas más queridas).

            El sistema de trabajo también seguía la propuesta de Moro. Recordemos que en su Utopía, el canciller inglés proponía un trabajo moderado -los utopienses no eran esclavos del trabajo-, en el que se distinguía entre el urbano, el artesanal y el agrícola. La jornada era de seis horas, tres antes de comer y tres después. Quiroga también establece esa misma  jornada de seis horas, y señala que los regidores y el rector del Hospital deberán exhortar para que se acuda al trabajo de buena voluntad sin rehusarse “perezosa ni feamente”, salvo por causas de enfermedad u otro “legítimo impedimento”, tanto para los hombres como para las mujeres.

            En la utopía moreana todos los utopienses, sin excluir a las mujeres, aprendían desde su niñez la agricultura y algún otro oficio mecánico (“tejedores, canteros, carpinteros, albañiles, herreros”), siendo ello necesario por la obligación de trabajar en el campo cada dos años, permitiendo con esto el ubicarse según su vocación urbana o rural y establecerse en definitiva, previa licencia. En la de Quiroga también se acepta la rotación por turnos entre la población rural y urbana; para ello se propone que los ciudadanos aprendan tanto oficios del campo, como de la ciudad, así como la necesidad de poseer y conocer todos los instrumentos de trabajo, necesarios y adecuados para realizar su correspondiente oficio, premiando a aquellos que mejor trabajasen “según la edad, fuerza, trabajo y diligencia de cada uno, a vista y parecer de su maestro, con alguna ventaja que se prometa y dé a quien mejor lo hiciere”,  en palabras de Quiroga. Respecto a las niñas, Moro y Quiroga coinciden en incorporarlas, a su manera y de acuerdo a las costumbres de la época de entonces, al trabajo por la comunidad. En sus Reglas Quiroga dedica una a “que las niñas depriendan los oficios mujeriles dados a ellas”: obras de tejer lana, lino seda y algodón. 
         
Las ordenanzas de la utopía de los hospitales-pueblo. Tomás Moreno
   La distribución de los productos se realizaba en Utopía de acuerdo a las necesidades familiares, de modo que nadie padeciera privaciones, siendo con ello coherentes con sus convicciones de comunalidad que considera apropiada una moderación en el trabajo. El excedente producido se repartía entre los poblados aledaños. En sus Hospitales-pueblo, Quiroga conserva también la previsión de cosechas para fines de reserva así como la venta del excedente en los casos de cosechas muy abundantes, como ya apuntábamos.

            Quiroga acepta en general el ideal de una sociedad sin dinero, enemiga del lujo, y sin embargo,  al igual que exigiera Moro a sus utopianos, hace recomendaciones detalladas acerca de la sencillez y limpieza que han de mostrar la homogénea vestimenta de sus indios, admitiendo sólo diferencias, en función del el estado civil en que se encuentren. La crítica al lujo y al ocio, patente en la Utopía moreana, era aquí, en la de Quiroga, si cabe más dura; herencia, tal vez, de la sobria tradición conventual, a la que se asemejaba bastante la vida austera que proponía a sus pueblos, y que, más adelante, en las Reducciones del Paraguay, implantarían con notables éxito y mayor extensión los jesuitas, con su modelo tutelar en gran medida similar, aunque algo más férreo que el de don Vasco.

            La familia era patriarcal de tipo extenso –pues incluiría a parientes de todos los grados: ascendentes como bisabuelos, abuelos, padres, madres y descendentes hijos y nietos- obedeciéndose como regente de la casa al varón abuelo, o al  padre de familia, al igual que en Moro. El concepto de familia en Quiroga es, en consecuencia, muy similar al descrito por Moro en su Utopía. Moro no sigue a Platón, en cuanto se refiere a la comunidad de mujeres, y mucho menos lo hace Quiroga quien combate la poligamia entre los indios. En cada familia se cultivan hortalizas y flores, las características de la vivienda revisten sencillez en el exterior, sin faltarles la limpieza; tampoco son necesarios los cerrojos, y cada diez años se efectúa un sorteo que concluye en la mudanza general de habitaciones. En Utopía  las horas libres se dedicaban a la instrucción y el aprendizaje de oficios, según el sexo. En los Hospitales-pueblo la educación era sencilla, orientada a la enseñanza de la doctrina religiosa y de la moral cristiana y al aprendizaje de oficios, justo lo necesario para la supervivencia material y la correcta atención al humilde espíritu de los nuevos cristianos. Así mientras Quiroga tratará ante todo de afianzar la tradición cristiana recomendando cumplir con las distintas fiestas votivas religiosas del Hospital-Pueblo (Exaltación de la Cruz,, San Salvador, la Asunción, San Miguel y otras) e instando a que no se pierdan las misas de la mañana, a evitar el mal ejemplo o escándalo: “se emborrachar o ser demasiado perezoso”, Moro establecerá en Utopía un principio de tolerancia religiosa sin definición concreta.

Las ordenanzas de la utopía de los hospitales-pueblo. Tomás Moreno

            El último punto de nuestra comparación acerca de las coincidencias y similitudes entre la Utopía de Moro y las Reglas y Ordenanzas de Vasco de Quiroga, hace referencia al tipo de magistratura política prescrito en ambas: el gobierno del pueblo implicaba una doble jerarquía, la familiar y la popular. En los Hospitales-Pueblo los jefes ancianos –en tanto que dirigentes de las familias- eligen en votación secreta a un principal, que ocupará el cargo durante un período que oscila entre tres y seis años. Y a unos regidores, que se eligen anualmente. Los designados se reúnen cada tres días y siempre procuran el bien común y sobre todo que los más pobres no sean perjudicados.

            Por encima de estos cargos (principal y regidores) -que suponían un autogobierno indiano, de raíz democrática- estaba el rector, un eclesiástico español, encargado de la organización y tutela general (lo que comportaba un claro y explícito paternalismo). El principal, debía poseer una serie de virtudes: la mansedumbre, la capacidad para el sufrimiento, y no ser más áspero y riguroso de lo conveniente, procurando ser más amado que temido. En el orden penal, finalmente, las Ordenanzas admiten expulsar “al malo o escandaloso e incorregible, así como al borracho y perezoso”, previa consulta con el rector. En los Hospitales-pueblo no existía la esclavitud  a diferencia de lo prescrito por Tomás Moro en su Utopía en donde se la incluye como castigo por determinados delitos[6]. (Continuará).


TOMÁS MORENO


[1] Paz Serrano Gassent, Introducción, op. cit. p. 36-37
[2] Fernando Ainsa, De la Edad de Oro a El Dorado desarrolla en este ensayo el 2º periodo de los cinco grandes momentos de la utopía en la historia de la América latina: el “proyecto cristiano-social de la colonización”, que continúa al momento que predetermina el descubrimiento y que precede al momento de la Ilustración y a de la Independencia, y continúa con la consolidación de los estados nacionales americanos (influido por el socialismo utópico europeo) y culmina con el momento contemporáneo.
[3] Tanto en Vasco de Quiroga como en fray Juan de Zumárraga se unían las lecturas renacentistas y erasmistas con la novedad de la Utopía moreana, pero con la mira siempre puesta en el ideal de un cristianismo nuevo, reformado y evangélico.
[4]  Información en Derecho en Paz Serrano Gassent “Vasco de Quiroga, La Utopía en América”, historia 16,  Madrid, 1992, pp. 227- 228;  229-230;  y 245-246. Cf. Stelio Cro, La utopía cristiano-social en el Nuevo Mundo, op. cit., pp. 121-122.
[5] Entre las que destacamos los de H. Lasky,  Silvio Zavala, Paz Serrano y las de Fernando Ainsa y Daniel Gómez Escoto (La Utopía de Vasco der Quiroga, Memoria del Colegio Nacional, v. 4. México, 1949, pp. 49-78, en Revista A parte rei).
[6] Para todo lo relacionado con los aspectos jurídico y político legislativos de Los Hospitales-Pueblo véase Fernando Gómez “El régimen jurídico de la utopía indiana: Vasco de Quiroga (1470-1565)”, Anales del Museo de América, Año 1999, Nº7, pp. 125-140.




Las ordenanzas de la utopía de los hospitales-pueblo. Tomás Moreno

OBJETO Y SUJETO DE LA CONCIENCIA: LA LENGUA POÉTICA


Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos una nueva entrada que lleva por título: Objeto y sujeto de la conciencia: La lengua poética.




OBJETO Y SUJETO DE LA CONCIENCIA:

 LA LENGUA POÉTICA


¿QUÉ sabemos realmente de la conciencia? ¿Lo que discernimos a través del juicio científico es suficiente? ¿Acaso hemos depositado nuestra fe en el saber de todo en la ciencia como si esta estuviera investida una suerte de carisma o don mediante el cual podemos dar respuesta a absolutamente todo? ¿Es la conciencia hija directa única de un proceso fisiológico –neurológico, concretamente-  que depende exclusivamente del cerebro? ¿No es la conciencia parte también de alguna especie de dinámica cósmica? Todas estas interrogantes ya han sido barajadas en otras ocasiones con más o menos detenimiento en estas páginas,[1] pero queremos tratarlas ahora desde una óptica diferente.

                Si atendemos a los fenómenos y manifestaciones de los procesos psíquicos que atañen a los conceptos de conciencia, mente, pensamiento, verán que a lo largo de la historia se han atendido en virtud de la separación del sujeto que tiene dicha conciencia y el potencial objeto que ella supone, como elemento de estudio. Las experiencias emocionales del cuerpo se han mantenido (en occidente) como originales y dependientes siempre de su fisiología material y nunca separados por una supuesta experiencia mental independiente de aquel vínculo tangible. A lo más que se ha llegado (Descartes) es a una separación dialéctica (rex cogitans – rex extensa) que filosóficamente ha perdurado durante siglos, o  a una adaptación dualista de la mente en relación a las propiedades (Huxley) o de las sustancias (Platón).  De todo ello tengo que reconvenir con Jung que el hombre, como dueño de la ciencia de la naturaleza, sabe muy poco de aquella en su interacción con el hombre mismo.[2] El poder de la ciencia es el poder de la mente, con esta aseveración cerraríamos el círculo de lo que el pensamiento mecánico positivo entiende en relación a la conciencia.

Objeto y sujeto de la conciencia: La lengua poética. Francisco Acuyo                El lenguaje, decíamos,[3]  será la forma de expresión por excelencia del pensamiento. La conciencia del logos se adquiere mediante la palabra, pero, ¿hay una forma de expresión (o de lenguaje) que esté más allá (o quizá más acá, antes de) nuestra gramática instrumental fundamentada en la lógica y la razón? Si han podido atender a otras muchas demandas de este modestísimo pensador verán que siempre acaban en la misma conclusión: de existir es el lenguaje poético. ¿Es verdad que la enunciación inteligible lo es todo?[4] ¿Tiene sentido sólo una poética de la razón? ¿La paráfrasis, la metáfrasis, la analogía expresas en el uso desviado del verso tiene algo que decir al respecto? ¿El sujeto y el objeto poéticos participan de aquella separación dialéctica cartesiana? La retórica reconocible en el discurso filosófico (que se expresa, según Althusser) sólo con metáforas, ¿en qué se diferencia del estrictamente poético? O lo que es lo mismo, ¿qué distinción encontramos en el discurso metafórico del filósofo y el del poeta?

                Las ya proverbiales y acaso saturadas explicaciones sobre las vinculaciones entre la música y poesía: cadencia, ritmo, armonía, entonación… pueden describir diferencias evidentes entre la poesía y su estructura discursiva y la filosófica, no digamos ante toda la complejísima componenda simbólica de la poesía. Mas también habría de cambiar el concepto mismo de conciencia, mente o pensamiento poéticos en este punto. ¿Es, pues, posible, una conciencia, una mente un pensamiento poéticos? ¿Incidirán estos a su vez en lo sean la conciencia, la mente, el pensamiento? O, por el contrario, habrán qe someterse al dictum de la ciencia respecto a lo que aquellos sean. Seguiremos en próxima entrada  de este blog redundado sobre tan fascinante temática.


Francisco Acuyo



[1] Acuyo, F.: Ancile, ver las referentes al fenómeno de la conciencia que son muy numerosas.
[2] Jung: C. G.: Op. Cit. pág. 172.
[3] Acuyo, F.: Ancile: La percepción del yo y el lenguaje interior; Poética del lenguaje y la filosofía de la mente.
[4] Steiner, G.: La poesía del pensamiento, Siruela, Madrid, 2012, pág. 14.


Objeto y sujeto de la conciencia: La lengua poética. Francisco Acuyo


viernes, 18 de octubre de 2019

LA PERCEPCIÓN DEL YO Y EL LENGUAJE INTERIOR


Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos un nuevo post que lleva por título: La percepción del yo y el lenguaje interior.


La percepción del yo y el lenguaje interior. Francisco Acuyo




LA PERCEPCIÓN DEL YO 

Y EL LENGUAJE INTERIOR



Nos referíamos anteriormente[1] al valor del yo (subjetividad) en el ámbito de entendimiento de lo que la conciencia sea. Las percepciones de las que somos capaces son uno de los elementos que integran dicha conciencia. Estas percepciones sería los componentes atomizados –casi materiales-de nuestra conciencia (así los advertía Hume).  Pero no es el único de los ingredientes. El lenguaje íntimo[2] que cada cual establece consigo mismo abre una dimensión nada desdeñable para comprender otra parte esencial de la conciencia. Esta internalización de lo externo en ese monólogo interior hace del pensamiento una forma superior de conciencia, en tanto que aquel (el pensamiento) se hace, si no complejo, sí muy singular en tanto que ese lenguaje ayuda a coordinar y ordenar ideas y también para obtener consecuencias de las acciones llevadas a cabo. Otro de los componentes será la imaginería (imágenes y formas interiores).

                Aquellos elementos evocados podrán hacernos una idea de conciencia que se acerque a la complejidad del concepto que nosotros invocamos. No obstante, no son estas las únicas piezas del dinámico puzzle de la conciencia. De hecho, estos pensamientos, cuando se hacen recurrentes, pueden resultar, cuando menos, una molestia, cuando más una obsesión enfermiza e intolerable.[3] No en vano hay visiones sobre la conciencia que aconsejan dar fin a ese parloteo del pensamiento (meditación)  para descanso a nuestra mente e incluso para alcanzar dimensiones de conciencia más elevadas. Esta suerte de liberación del pensamiento, creemos con firmeza que también forman parte de nuestro concepto de conciencia.

                Aún podemos añadir a nuestra dimensión de conciencia otro elemento fundamental, a saber, el ámbito de lo inconsciente que, aunque fuera de la conciencia racional, influye poderosamente en la conciencia general del individuo. De hecho, la filosofía  (también la ciencia) ha(n) conseguido, si no relegar, sí aislar la conciencia (la mente, el pensamiento) al ámbito de la circunscripción de la lógica racional, desuniendo de ella(os) la originaria y primitiva unión[4] con el Anima Mundi.

La percepción del yo y el lenguaje interior. Francisco Acuyo

                Pero, puede medirse la conciencia (el pensamiento, la mente) para su verificación empírica? ¿No confundimos la cualidad con la cantidad (Bergson) al pretender calibrar y verificar aquella(os)? ¿Es en verdad sano despojar a la conciencia de todas sus creaciones –vivas pero indemostrables- que queramos o no perviven en nuestras conciencias? El animal rationalis ha desaparecido con todas sus consecuencias, que no siempre son favorables. De hecho el auge de la subjetividad y del egocentrismo humanos han proporcionado una suerte de neurosis del sí mismo que, lamentablemente, nos aleja de la universalidad primera que, al contrario, nos hacía uno con el mundo.

                La faceta intelectual de la conciencia (del pensamiento, de la mente) prima sobre cualquiera otra atribución que pudiere hacerse de ella(os) pero siempre de manera individual y subjetiva. Mas, es la conciencia un atributo netamente egocéntrico (individual) o puede serlo también cósmico? Esta última atribución no es en modo disparatada, no en vano buena parte de la filosofía oriental bebe y basa sus fundamentos en esta idea.

                En todo esto y mucho más ahondaremos en próximas entradas de este blog Ancile.


Francisco Acuyo




[2] Lev Vygotski: Pensamiento y habla, Colohue Clásica, Buenos Aires, 1986.
[3] Véanse algunos tipos de TOC.
[4] Jung, C. G.: Op. Cit. pág. 146.



La percepción del yo y el lenguaje interior. Francisco Acuyo

martes, 15 de octubre de 2019

ANUNCIAD EL OLVIDO QUE OS LLORA, DE ENRIC LÓPEZ TUSET

Traemos para la sección, Poesía, del blog Ancile, poemas seleccionados -los primeros del poemario- del libro inédito, Anunciad el olvido que os llora, del poeta y amigo Enric López Tusset, para la consideración de los habituales de este blog. Lectura altamente recomendada sin duda y a cuyos poemas (y a su autor) les deseo todo el bien que sin duda se merecen.




ENRIC LÓPEZ TUSET


Anunciad el olvido que os llora, Enric Lópz Tuset



Nací en Tarragona el diciembre del año 1983. Actualmente trabajo como maestro de la escuela primaria, pero durante años he sido librero y responsable de uno de los proyectos de internacionalización relacionados con Asia de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona.

Desde hace años he participado en distintas tertulias locales, así como lecturas de distintos poemarios. Finalista del premio Adonáis 2011 con la obra Adoración (Polibea, Colección los Conjurados, 2012), el mismo libro también fue finalista del premio El Ojo Crítico 2012. Ganador del XII Certamen Poético Mare de Déu del Miracle (2011). Dispongo de distintas publicaciones en varias revistas: Salina, Revista Áurea, El Alambique, Túria…, así como en alguna antología. Recientemente he publicado también en Polibea la obra Equilibrio (Madrid, 2018, Colección el Levitador).



ANUNCIAD EL OLVIDO QUE OS LLORA



Anunciad el olvido que os llora, Enric López Tuset








DE LA SOMBRA






Esa voz que no nace ni en la sombra;

que proviene de muchos tiempos desangelados;

que trae temblor y dulzura a tu boca, aún para un primer beso. Esa voz del ángel que nombra nuestro primer deshacimiento, con un perfil neutro lejano a la muerte,
como la arcilla de un suspiro no más tímido que una hebra de luz.

Bajo esa linde igualamos estaturas en la sombra que busca su brote de deseo en el alba.

Y entonces me doy cuenta de que en cada despertar jadea el amor, bebiendo del tiempo hacia dentro.

Cada gota de rocío es una resurrección sin cuerpo.




ALMA EN EL HIELO





Volverás al dolor, aturdido;

como un epitafio de la luz y de la piedad. De ese último lamento nacerá tu felicidad,
algo de muerte que todavía retiene la joven existencia y caerás.

Caerás en la soledad indecisa y sabrás que has llegado, algo dirá que tu mirada es un poco más honesta,

cercana a la ceniza de la llama.

Querer esperar sostiene al desconsuelo, más aún si todo hiela y estás solo,
cuando esa blancura que nos salva nos responde con grito sordo. Has llegado, ¡es tan hermoso mirar de un modo distinto!
Hay locura en el temblor de lo sólido.

Te acercas al olor del pan, la mesa, el sueño en el arroyo que canta: "no sé de este lugar". 
En esa ausencia también hace frío, pero sólo su frío, sólo su noche que se acerca
 peligrosamente; no hay valle, ni estanque donde posar la vista, blancura sorda.
Vuelve el primer amor.




TAL VEZ EL AMOR SEA PÉRDIDA, 

CAMINO DEL OLVIDO





Me basta ser en ti, sentir esta esperanza vuestra de ojos que pasan hacia las estrellas.

Quiero de ese canto que anula la destrucción bajo nuestros pies del camino clavado 
en el sueño.

Quiero de ese momento tuyo en que permaneces quieta oliendo el llanto de nuestro azar.
Y en el sollozar de la penumbra sólo hallas más tierra.

Te busco en una sangre distinta, en una cornisa donde apoyar la carne renombrada por el
 beso.

Eres mi misterio, alma mía, sin ser alma ni tristeza,
sin ser llama pequeña de la tea que nunca termina su ascua. Dejo mi corazón en tu cumbre.


Enric López Tuset



Anunciad el olvido que os llora, Enric López Tuset







viernes, 11 de octubre de 2019

VASCO de QUIROGA. DATOS BIOGRÁFICOS


Continuando con la fascinante figura de Vasco de Quiroga, publicamos para la sección, Microensayos, del blog Ancile, la nueva entrada del profesor Tomás Moreno que lleva por título: Vasco de Quiroga. Datos biográficos.



Vasco de Quiroga. Datos biográficos. Tomás Moreno





VASCO de QUIROGA. DATOS BIOGRÁFICOS




Vasco de Quiroga. Datos biográficos. Tomás Moreno



Vasco de Quiroga, oidor de la Segunda Audiencia de Nueva España en 1530 y obispo de Michoacán, en la Nueva España, nació en Madrigal de las Altas Torres (Ávila) hacia 1470, de familia de origen gallego y noble. Tras realizar estudios de bachiller y de licenciatura en cánones (jurisprudencia) posiblemente en Salamanca, orientó su carrera hacia el cuerpo de letrados, actuando como tal en los distintos oficios de la corte en Orán en 1525 y  como experto en la resolución de los asuntos de Estado representando a la Corona en Tremecén, en 1526. Próximo a la nueva corriente del derecho de gentes de Francisco de Vitoria, de la escuela de Salamanca, precursora del derecho Internacional moderno, sus meritorios servicios le granjearon la atención de personajes influyentes de la Corte y de la Iglesia que más tarde influirían de manera decisiva en su carrera profesional. Posteriormente, siguiendo a la Corte, vivió en Granada y Valladolid. De ello nos quedan como referencias la huella que la primera ciudad dejó en su espíritu y pudo influir en su idea, no realizada, de llamar así a la ciudad que eligió como capital de su obispado o en el nombre, Santa Fe, con que designaría sus experimentos americanos, así como las amistades y relaciones que estableció con algunos cortesanos ilustrados.
            Como señala Paz Serrano Gassent, en Granada se había dado precisamente una situación similar a la que después se encontraría Quiroga en México. Ciudad conquistada y sometida en 1492, requería con urgencia su cristianización para un mejor control y gobierno de los vencidos[1]. Para ello se plantearon dos tácticas. La primera, la propiciada por el cardenal Cisneros y sus franciscanos, mediante imposición a los infieles de bautizos masivos, en gran parte forzados y falsos, antecedente claro de los que sería su acción misionera, tres décadas después, en las nuevas tierras de América. Mediante ella no se consiguió una auténtica conversión y aculturación de la población hispano musulmana, sino que fueron semilla de alzamientos como el de 1499. La segunda, la impulsada por fray Hernando de Talavera, primer arzobispo de Granada, que propuso otro método basado en la persuasión, el ejemplo y la labor de catequesis; para ello fundó un Colegio, el de San Cecilio, donde además de existir un seminario, germen de un futuro clero reformado, se instruía a los moros principales y, sobre todo, a sus hijos, en la escritura, lectura y gramática castellana, así como en la doctrina y el amor al trabajo. Parece que este modelo debió influir en Quiroga, repercutiendo seguramente en su futura fundación del Colegio San Nicolás de Pátzcuaro, una de cuyas intenciones sería la de integrar, vía educativa, a indios y españoles, además de formar un clero  selecto.
Vasco de Quiroga. Datos biográficos. Tomás Moreno

            Su nombramiento como oidor de la Segunda Audiencia de México, tuvo lugar en 1530, siendo obispo de México fray Juan de Zumárraga, que denunció, ante la Metrópolis, a la Primera Audiencia, por su codicia y maltrato a los indios. En noviembre de 1529, a propuesta de las audiencias de Granada y Valladolid y al interés y recomendación de la Reina (a instancias de su amigo el Obispo de Badajoz) se propuso al licenciado Quiroga para el cargo. A primeros de enero fue nombrado juez de Nueva España. En agosto de 1530 salió de Sevilla, junto con otros oidores, rumbo a Nueva España. El 9 de enero de 1531 llegó a la ciudad de México como oidor.
            Una vez toma contacto con los indios e informado de su situación de miseria e injusticia en las que viven, empieza a plantearse la idea de concentrar a los indios en pueblos donde pudieran reunirse, sobrevivir económicamente y autogobernarse. El 14 de agosto de ese mismo año manda una carta al Emperador donde le cuenta lo que ocurre en aquellas tierras, proponiéndole las soluciones que considera más pertinentes para liberarlos de tal situación de ignominia. En ellas estaban ya pergeñadas las características esenciales de lo que más tarde sería sus Hospitales-Pueblo o Pueblos-Hospital:
            “Teniendo siempre en cuenta la dignidad humana de los indios”, viene a decirle al Emperador que lo que le importa es la formación de estos pueblos, en los que se recojan los indios y se atienda a los enfermos y necesitados, formando una propia comunidad que viva de su trabajo y en la que los indios “estén ordenados en todo buen orden de la policía y con santas y buenas católicas ordenanzas”.  Y añade que, dado el dócil carácter y como de “cera muy blanda” y “la innata humildad, obediencia, y pobreza y menosprecio del mundo y desnudez” de los indígenas -andando descalzos, con el cabello largo, sin cosa alguna a la cabeza, a la manera que andaban los apóstoles”- sería muy fácil organizarlos en una serie de pueblos o poblados cristianos con una comunidad de bienes semejante a la de la primitiva Iglesia[2].
            El primer experimento o modelo de poblado utópico fue el Hospital-Pueblo de Santa Fe de la Laguna en  México, fundado en 1531 en las proximidades de la ciudad, en Tacubaya a unas dos leguas de ella. Su objetivo, al principio, era  facilitar a los jóvenes indios una forma más civilizada de sociedad, dotar al pueblo de cohesión y de los servicios asistenciales necesarios para todos y sobre todo para los más necesitados: enfermos, viudas, huérfanos, para así favorecer además su conversión. Todavía no se mostraba expresamente su inspiración en la Utopía de Tomas Moro.
            Su siguiente tarea como juez fue la visita a Michoacán, el pueblo de los tarascos –rebeldes y con escasas conversiones- a mediados de 1533. La Segunda Audiencia envió a varios corregidores para solucionar la rebelión de los indígenas y finalmente fue enviado don Vasco, quien puso en práctica su concepción humanista de la justicia, atendiendo las quejas de los indios y dándoles satisfacción. Pacificada la región, inició la fundación de un nuevo Pueblo-hospital, con el mismo modelo que el anterior, cerca de Tzintzuntzan. La gran extensión de la Nueva España exigía la creación de nuevos obispados entre ellos el de Michoacán, para cuya diócesis fue propuesto, por el emperador Carlos I de España, el “laico” Vasco de Quiroga; tomando posesión de la misma en el año 1538. La fundación del Colegio de San Nicolás, germen del futuro clero y de la posible integración hispano-indiana, y la cuestión de la capitalidad y de la sede episcopal en Pátzcuaro, mejor situada en su opinión, fueron motivo de fuertes polémicas entre el obispo de Michoacán y colonos o  encomenderos españoles apoyados por el virrey Antonio de Mendoza.
            En lo que respecta al Colegio de San Nicolás, en Pátzcuaro,  su fundación tenía un doble propósito: constituir un seminario para los clérigos de su obispado, imprescindible si se tiene en cuenta que su procedencia laica le obligaba a formar su propio clero, y crear un espacio educativo para españoles e indios. Con ello se podría lograr que los nuevos sacerdotes, en contacto con los indios, fuesen expertos en sus lenguas y ejerciesen mejor sus funciones y que la mezcla de naturales y españoles fuese creando las bases de una mejor convivencia entre las razas y una futura armonía social. La Junta Eclesiástica de 1539, celebrada en México, permitió la ordenación de indios y mestizos en las cuatro órdenes menores, un atisbo para la creación de un futuro clero autóctono. Pero la decisión del Concilio de México de 1555 se optó por prohibir la ordenación sacerdotal de los indígenas. Todo ello impidió a don Vasco cualquier planteamiento educativo que supusiera una ruptura de esa legalidad, que ya no era compatible con su modelo utópico.
Vasco de Quiroga. Datos biográficos. Tomás Moreno            Una serie de conflictos, litigios y pleitos con sus opositores y enemigos hicieron peligrar su obra. En efecto, la recuperación económica y la implantación del autogobierno, pese a la tutela, estimularon la ambición de colonos y encomenderos, como es el caso de Juan Infante, que alegaba derechos de encomienda sobre Santa Fe de la Laguna y que, en efecto, había obtenido del Consejo de Indias, en 1539, el reconocimiento de sus derechos sobre los Pueblos de La Laguna. La firme oposición del obispo Quiroga a su expropiación tras diversas escaramuzas y recurrir la decisión del Consejo, evitó la ruina de su “obra” logrando que el pleito se resolviera a su favor.
            Tras todo ello, Vasco de Quiroga viajó a España en 1548. Esta etapa hasta 1553 fue oscura y conflictiva. Se interesó en la polémica que sostenían por entonces, acerca de la conquista indiana, Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda, sobre la política a seguir en la colonización y también en temas relacionados con el derecho de propiedad de la Corona, la licitud o no de la guerra contra los indígenas, el comercio y el modo de enfocar la colonización, así como en cuestiones referidas a la condición natural y racional, de los indios y su política y a la prohibición o no de las encomiendas etc. Al parecer Vasco de Quiroga escribió un tratado De debellandis indis, que era una defensa explícita y  radical del poder espiritual y temporal, universal y absoluto de la Iglesia. Las Casas acusó por ello a Quiroga de defender la guerra contra los indios para conducirlos a la fe.
            Quiroga mostró, sin embargo, sus reservas a esa interpretación. “Pudiera pensarse –escribe Paz Serrano Gassent-  que la sorpresa de Quiroga radicaba en la sesgada interpretación que un defensor de los indios, como él mismo, podía hacer de su acatamiento a la justicia y al derecho de la monarquía hispana en su dominio de América. Esa parece era su intención prioritaria: mostrar el derecho, basado en la concesión pontificia, a la posesión de las Indias, pero subordinado a la labor evangelizadora, a la obligación de limosna tanto espiritual como temporal de los reyes para con sus nuevos súbditos. A partir de ahí, sólo para lograr este objetivo, la consideraba posible para su pacificación, no para su destrucción. La ambigüedad de su posición se muestra, no obstante, al ser considerado por Sepúlveda como favorable a sus tesis y a las de los encomenderos”[3].
            En 1554 regresa don Vasco a su sede americana. Hasta 1565 tratará de edificar su catedral en Pátzcuaro, sin conseguirlo definitivamente. Presiones externas de los intereses coloniales y oposición, en parte, de los franciscanos que criticaban la grandiosidad de la misma y  el excesivo gasto que comportaba y optaban por otra más humilde[4]. Don Vasco  murió en Pátzcuaro el 14 de marzo de 1565. Dos meses antes, en enero, había redactado su Testamento, en el que recalcaba expresamente las medidas a tomar para el futuro de sus hospitales-pueblo y de su colegio. Sus restos mortales se encuentran actualmente en un mausoleo, dentro de la basílica de Nuestra Señora de la Salud. (Continuará).

TOMÁS MORENO


[1] En este perfil biográfico seguimos principalmente  los datos aportados por Paz Serrano Gassent en su magnífica y  exhaustiva Introducción  a la obra de Vasco de Quiroga, titulada La Utopía en América, op. cit. pp. 9-18. Sobre la vida de Vasco de Quiroga pueden verse: Pablo Arce Gargollo, Vasco de Quiroga. Jurista con mentalidad secular. Biografía y Guía Bibliográfica, Porrúa, Universidad Panamericana, 2007; Francisco Martin Hernández, Don Vasco de Quiroga, protector de los indios, Universidad pontificia de Comillas, Servicio de Publicaciones, 2004; Paulino Castañeda Delgado, Don Vasco de Quiroga y su ”Información en Derecho”, Madrid, 1974.
[2] Colección de Documentos Inéditos relativos…. a América, 2, XIII, Madrid (1884), p. 424 s. Citado por F. Martín Hernández  en “Humanismo, Erasmismo y Utopía Cristiana”, op. cit., p. 65-66.
[3]  Paz Serrano, op. cit., pp. 15-16. Paz Serrano alude a la ambigüedad de Don Vasco al respecto porque, efectivamente, era difícil conjugar en el pensamiento de Quiroga su apasionada visión profética de la comunidad india, moralmente perfecta, como las primitivas agrupaciones cristianas, con una concepción absolutista del poder universal de la Iglesia como se defendía en su escrito: el  pretendido liberalismo reformista de Quiroga parecía sostener la utopía de un imperialismo decididamente teocrático, como críticamente le reprocha Eduardo Subirats en El continente vacío. La conquista del Nuevo Mundo y la conciencia moderna, Anaya y Mario Muchnik, Barcelona, 1994, p.164 y ss.
[4] También su diseño, en sintonía con la arquitectura renacentista italiana  -argumenta Paz Serrano- sorprendía o indignaba, por lo que fue también un serio obstáculo para su realización final. Por una parte estaba pensado para que desde todas las partes de la catedral pudiera seguirse con atención el culto, pero también lo estaba para que el oficiante pudiera controlar sin esfuerzo a todo el pueblo. Así considerada, el diseño catedralicio se anticiparía a una especie de panóptico, modelo de vigilancia perfecta -aplicado aproximadamente tres siglos después al ámbito carcelario como propugnara J. Bentham en el siglo XIX y denunciara M. Foucault en el XX- donde el ojo divino del sacerdote podía observar sin fisuras la fidelidad de su grey.





Vasco de Quiroga. Datos biográficos. Tomás Moreno