martes, 8 de abril de 2025

LA RAZÓN POÉTICA ANTE EL ENGAÑO DEL MUNDO

Nuevas cavilaciones pueblan este nuevo post de la sección de Pensamiento del blog Ancile, esta vez bajo el título de: La razón poética ante el engaño del mundo.


LA RAZÓN POÉTICA ANTE 

EL ENGAÑO DEL MUNDO




La razón poética ante el engaño del mundo. Francisco Acuyo



Aprendí que meditar en la poesía era una suerte de incubación enigmática. Allí habita la quietud silenciosa de la nada. Aquella quietud que es fin de todo pensamiento, si es allí donde habita el olvido donde se puede escuchar aquello que de otra manera no es posible de escuchar, porque su silencio (audible en esta quietud) proviene de otro mundo, allí, sin donde, y que siendo poesía bien puede ser aprehendida como una iniciación para adentrarse en un ignoto dominio. En poesía, el concepto, la razón, convencionales dan paso a una lógica iniciática que en realidad se complace en aquella quietud anunciada, pero que se funde con la vida misma y con la conciencia (que no con el pensamiento). Concebí el ejercicio sensible, sensorial, sensitivo del creativo poético como un acceso a la conciencia que se contempla a sí misma y que nos proporciona, en su impulso integrador, el abordaje del mundo como un silencioso todo (que acaso es nada) que parece gozar en la inocencia, que se complace en estar atento a todo sin distinción, sin análisis o intenciones taxonómicas, donde todo está incluido, incluida la propia nada, o lo que es lo mismo, la conciencia silenciosa anunciada.

Supe en virtud de este entendimiento integrador poético, que las cosas no son lo que parecen, y que la poesía toma la medida de lo inmedible y preste la atención precisa en su dinámica creativa (alerta que se traduce en la dinámica singular de su constructo lingüístico, retórico y sobre todo métrico, que posibilita la música que aspira al silencio original), e intenta enseñarnos a escuchar.

La lógica poética debe entenderse como algo muy diferente a la lógica del concepto netamente racional, es el impulso que conecta mediante su peculiar lenguaje al mundo de la integración o de la unicidad. El poeta es un médium o, al menos, un mensajero (un ángel fieramente humano), cuyo mensaje ha sido gestado en otra realidad y que no hace sino mostrarnos nuestra profunda ignorancia producto del engaño (metis) del mundo de lo que estimamos como razonable, perdido en la divagación de un devenir que entendemos desde el pasado al futuro, cuando en realidad solo hay el ahora, o lo que es lo mismo, vivimos el sueño del tiempo que quiere nombrar en su ilusorio transcurso lo que está fuera de él y es innombrable.



Francisco Acuyo









jueves, 3 de abril de 2025

EL SUEÑO AZUL, GLOSA

Para la sección de Poesía del blog Ancile, traemos un poema inédito que lleva por título: El sueño azul, con el que abría el equinoccio primaveral.



EL SUEÑO AZUL




GLOSA



El sueño azul, Francisco Acuyo



Amo, ergo sum



(Un cielo azul sobre la imagen

 de la amada en la fuente)



   


  Sus pechos son dos tiernos de gacela

cervatillos que vienen a beber

agua de un manantial que quiso ser

el alma de mis sueños centinela.


    En esta fuente, sí, se mira estela

que sobre el mundo brilla por doquier,

y el alma,  que me tiene en su poder,

observa espejo de su amor gemela.


   Así, cual ser de luz, indiferente

a nada, a nadie nunca hermosa deja,

y en su gesto se esboza elocuente


   con un tormento, con una dulzura,

que en el silencio se pintó pareja

luz la música azul de su hermosura.





Francisco Acuyo




El sueño azul, Francisco Acuyo




lunes, 31 de marzo de 2025

LA PALABRA POÉTICA Y EL SUEÑO DE LA RAZÓN

Abundamos en las reflexiones sobre sobre el decir poético para la sección de Pensamiento del blog Ancile, bajo el título de: La palabra poética y el sueño de la razón



 LA PALABRA POÉTICA 

Y EL SUEÑO DE LA RAZÓN



La palabra poética y el sueño de la razón. Francisco Acuyo


Es algo curioso observar cómo el discurso poético puede llevarnos a la realidad aquí, en medio del engaño pues, nos reconcilia con el origen, pero no a través de la razón, de la filosofía, ni la ciencia, sino con la magia del mito, del misterioso poder de integración de su palabra prístina, nunca anteriormente dicha. Es reconocer que, la narración del mundo, no es sino el relato del nuestro espíritu. Aprendí algo sobre lo que sea la misma poesía, y es que para llegar a ella hay que hacerlo negativamente, diciendo lo que no es, indagando profundamente en la red de ilusiones que pueblan nuestro mundo de convenciones, para constatar que nuestras mentes acaso no son nuestras, y vemos al fin que todos miran sin ver y oyen sin escuchar ni entender ,  y que para ver y escuchar y entender, es preciso morir a lo conocido, por eso la poesía es la muerte pequeña que advirtiera Lorca, o la locura divina que en su desequilibrio nos pone en el límite de la destrucción de toda razón para llegar a la verdadera y única conciencia que está en el silencio del ser, que no es otro que el de la nada desde la que hacernos libres de toda ilusión y de nosotros mismos.
La palabra poética y el sueño de la razón. Francisco Acuyo

La palabra poética tiene el poder del silencio de la nada, pues en ella se potencia la semilla que hará por fin germinar el fruto cierto de la vida, es la poiesis  que en su crecimiento hará posible la erradicación de cualquier conocimiento que no es sino apatê (engaño), porque la palabra ya no es logos, padre esencial de toda razón y de toda convención por engañosa. Porque en realidad la palabra poética se inscribe en el lenguaje de la iniciación a la vigilancia y atención máximas con las que advertir que en verdad nada hay que aprender, ya que todo estaba ya aprendido, pero no éramos conscientes de su sabiduría que permanece viva en el silencio y la soledad de la nada invisible, que no es sino el mundo todo que nos rodea.

La percepción poética es la que muestra la genuina capacidad sensorial como baluarte inspirador de toda creación y que nos invita a despertar del sueño de la razón ajeno al sentir lo originario que vive ahora y desde siempre en la conciencia. Por eso creo que el poeta verdadero es una muy rara avis que es un guardián de la conciencia que nos avisa que no hay nada más allá de aquella única, silenciosa y vacía y por eso plena conciencia.



Francisco Acuyo




La palabra poética y el sueño de la razón. Francisco Acuyo


jueves, 27 de marzo de 2025

CÓMO ESCRIBIR UN POEMA SEGÚN LA PAUTA DE LA SUCESIÓN DE FIBONACCI , POR ANTONIO CARVAJAL

Me complace en extremo traer para la sección de La métrica celeste, del blog Ancile, la siguiente entrada del poeta y profesor de Métrica y Retórica, Antonio Carvajal, que lleva por título: Cómo escribir un poema según la pauta de la sucesión de Fibonacci, audaz indagación en la que pone en evidencia su autor la sutil y enigmática relación del número (cantidad) con el mundo de la cualidad, y lo que es más extraordinario, que puede traducirse en belleza.



CÓMO ESCRIBIR UN POEMA SEGÚN 

LA PAUTA DE LA SUCESIÓN DE FIBONACC





1 Téngase claro el asunto intuido

2 Recuérdese que la sucesión de Fibonacci consta de números que resultan de sumar a uno dado el valor del precedente y proseguir hasta el límite que nos propongamos. Así, marido joven, padre reciente y amigo de su profesor de Matemáticas en la Escuela Superior de Ingenieros Agrónomos (además de lector devoto de Aleixandre), Javier Calatrava escribe un poema entusiasta aplicando como medida los 8 primeros miembros de una sucesión de Fibonacci que abarca, por contadas sílabas dichas, desde el 1 al 21, en doble sentido, ascendente hacia la plenitud expansiva, descendente hacia el gozo íntimo, según esta pauta y con este resultado: 


DOBLE FIBONACCI 


   1 Yo

   1 no

   2 quiero

   3 existir

V  5 carente de‿amor, 

   8 pues se vive con tristeza

 13 y se padece más la soledad y‿el dolor.

 21 El amor nos alivia, nos llena de‿esperanza‘y siempre nos da fuerza.

 21 El amor nos ayuda‘a vivir sin temor, nos aporta alegría y‿firmeza.

X   13 Para vivir la vida prefiero percibir   

   8 tu ternura‿y tu belleza

   5 sintiendo por mí. 

   3 Tu‘y yo,

   2 los dos

XV  1  sí

   1


Revisado con aplicación rigurosa de la pauta que lo impulsa, el poeta no se atiene a la medición normativa usual y académica, sino que aplica su oído a lo que pronuncia, y ello supone que ignora el doble valor que se asigna a la sílaba tónica final ante pausa y, sobre todo, en posición final de verso, y usa la sinalefa y la dialefa ad libitum, (versos VIII, IX y XIII, donde la he marcado con la coma métrica, indicativa de breve aspiración y dialefa; mientras observa la sinalefa en los versos V, VII, VIII, IX y XI, casos marcados con el enlace vocálico, ‿ ).

De haber algún problema para la aceptación de una breve sucesión de Fibonacci como pauta de versificación, repásese la fonética del español y recuérdese que, para percibir verso, debe notarse cadencia, o sea, caída de un tono más alto sobre otro más bajo, y que los monosílabos, átonos o tónicos, tienden a su agrupación en torno a una sílaba más intensa y perceptible: de tal modo que los versetes I, II, III y IV, se pueden unir y tendremos la doble estrofa reducida a





Yo no quiero existir 

carente de amor,

pues se vive con tristeza

y se padece más la soledad y el dolor.

El amor nos alivia, nos llena de esperanza 

y siempre nos da fuerza.

El amor nos ayuda 

a vivir sin temor en común alegría.

Para vivir la vida prefiero sentir

tu ternura y tu belleza

sólo para mí.

Tú y yo en mí, sí Tú



Si alguien está interesado en saber qué diferencia el poema escrito y leído según la sucesión de Fibonacci de esta vulgaridad andrajosa de verso al modo de hoy, sepa que se lo puedo explicar con mil amores previo pago de los honorarios correspondientes. Ya está bien de ser generoso urbi et orbi y recibir a cambio groserías de analfabetos creativos. 

Para finalizar, diré que, puesto que me he molestado en describir y difundir este buen hallazgo de versificación “otra” (recuerdo del profesor Juan Carlos Rodríguez, mi antiguo compañero de bachillerías, que usaba con gran capacidad creativa los tonos de los deícticos) me considero autorizado para denominar esta estrofa así delimitada como “calatraveña”, en honor de su raro inventor, el ingeniero agrónomo doctor don Javier Calatrava Requena, que la escribió en Cullera año 1972 y, atendiendo una petición mía, la ha incluido en su reciente libro La piel del recuerdo [Salobreña, Alhulia, 2025]



Antonio Carvajal






martes, 25 de marzo de 2025

CON ALCANCES DE HUMUVIA, DE ANTONIO CARVAJAL

Para la sección de Editoriales amigas, traemos una nueva entrada que dedicamos al nuevo libro editado por Alhulia Ediciones, en la preciosa colección Mirto Academia, de la Academia de Buenas letras de Granada, y que lleva por título, Con alcances de humuvia, del poeta Antonio Carvajal, cuyas excelencias queremos compartir con nuestros seguidores muy parcialmente ofreciendo unos pocos poemas, que creo servirán para abrir el poético apetito al resto que componen  tan singular libro de poemas.



CON ALCANCES DE HUMUVIA, 

DE ANTONIO CARVAJAL


Con alcances de humuvia, Antonio Carvajal



AIRE LIBRE


Para Manuel Vergara




Qué libertad los montes.

Ancha la luz, más anchos 

los pechos con la brisa 

más dilatada y ágil, 

sentirse humano y pájaro, 

pájaro de alma en vilo, 

con más trino, más vuelo, 

y sin riesgo en los saltos

pasar los carvajales 

a impulsos de vergaras, 

más allá del sí mismo, 

oh libertad sin tasa.





ONCENA CON HUMUVIA


Para José Biedma





Es el macasar humuvia

en los páramos del frío

como tras ardiente estío

con caricias de la lluvia

se despierta un vago aroma

con dejes de macasar,

y al cuerpo ―que se sabía

exánime― qué alegría

lo mima y lo mece y toma

cuando vuelve a suspirar

y el campo el alma le asoma.


Con alcances de humuvia, Antonio Carvajal
Antonio Carvajal


TRANSPARENCIAS


Tienes el alma de sal,

dejas que la luz te pase

con la transparencia alada

de un silbo claro en el aire. 

Lo sé porque mis palabras 

y tus palabras se hacen

lazos de brisa en los ojos, 

nudos de luz en los aires.



RETRATOS



A menos luz del viso,

el iris más brillante, 

y a tules y tinieblas 

de fondo, candeales 

las mejillas: con más 

rocío, menos sangre.

Con paso poco el cuerpo;

a la sonrisa, el aire.

¡Ay de quien no sonríe! 

Queda muda su imagen, 

ciega al rumor del agua 

en los cañaverales. 

Importa más el ojo 

que vio que los paisajes 

vedados al silente 

tránsito de los ángeles; 

y, aunque nadie se guste 

cuando alcanza a mirarse 

en la mirada de otro 

con la verdad por clave, 

las leves aureolas 

de la gracia le hacen 

saberse más en sí 

y miembro del linaje 

de los que bien se aceptan 

porque mejor se saben.

Fijar para otros días

Ese momento grácil

en que el cautivo rompe

los lazos asinales

es prodigio aromado

que en el índice trae

el generoso pálpito

de Francisco Fernández.



Antonio Carvajal




Con alcances de humuvia, Antonio Carvajal




martes, 18 de marzo de 2025

ESPERIENZA (VIVENCIA), POEMA TRADUCIDO POR ROSARIO TROVATO

Para la sección de  Traducciones del blog  Ancile, me complace traer la espléndida traducción del profesor Rosario Trovato del poema, Vivencia, labor llevada a cabo magistralmente y por la que me siento muy honrado agradecido. Poema, digo,  extraído de una antología que, a su vez, extrajo de mi libro Vegetal contra mosaico, editado por La fundación Jorge Guillén de Valladolid, haya por el año 1994.



ESPERIENZA (VIVENCIA), 

POEMA TRADUCIDO POR ROSARIO TROVATO



Esperienza (Vivencia), poema trducido por Rosario Trovato, Francisco Acuyo




ESPERIENZA


             Per Antonio Carvajal


Trasfigurato il mare.

Cuore senza fortuna.

Mai mano tanto secca

darà sì fresca spuma.


Del paesaggio il diagramma

declina nella palpebra.

Burattini di vetro.

Riflesso in lontananza.


L'idea si nutre strana,

c’intriga il cardellino

e sui vetri si ubriaca 

di verità esaurita.


La terra verde scopre

solchi bianchi di perle.

La morte sopra un fulmine

da un cerchio si sigilla.



Traducción de Rosario Trovato



VIVENCIA


            Para Antonio Carvajal


EL mar transfigurado. 

Corazón sin fortuna.

Jamás enjuta mano 

diera tan fresca espuma.


EL diagrama del paisaje 

por el párpado declina.

Marionetas de cristal. 

Un resol en lejanía.


SE nutre extraña la idea, 

el jilguero nos intriga

y se embriaga en los cristales 

de la verdad consumida.


LA tierra verde descubre

los surcos blancos de perlas.

La muerte sobre el relámpago

desde un círculo se cierra.




Francisco Acuyo







viernes, 14 de marzo de 2025

EL QUE HABLA, NO SABE, EL QUE SABE, NO HABLA

El que habla, no sabe, el que sabe, no habla, es el título de la nueva entrada que traemos para la sección de Pensamiento del blog Ancile. En ella seguimos indagando sobre consideraciones varias sobre el lenguaje poético.  



EL QUE  HABLA, NO SABE, EL QUE SABE, NO HABLA



El que habla, no sabe, el que sabe, no habla, Francisco Acuyo


Si para Heidegger la palabra, el lenguaje, es la casa del ser, la palabra poética cobra audacia abriendo una nueva sintonía cuya frecuencia excede en su conventículo el mismo lenguaje, porque se sitúa en un umbral eufónico donde el ser puede escuchar el silencio de la nada. 

Mas será ese esfuerzo musical, rítmico, eufónico y expresivo el que nos da una suerte de imagen silenciosa de lo que se encuentra más allá de cualquier representación o de expresión verbal: nos pone una vez tras otra ante el espejo de unas percepciones que nos engañan y muestran el reflejo de una realidad que escapa una vez tras otra a nuestro entendimiento. Es la poesía el ámbito donde lo inconsciente, entendido como ausencia atávica, quiere salir a flote, esta vez estructurado muy singularmente por un silente lenguaje, para que nos hable del silencio del origen. Origen que no es otro que el silencio de la nada.

El que habla, no sabe, el que sabe, no habla, Francisco Acuyo
El lenguaje poético es la evidencia lingüística del vasto dominio del silencio que circunda infinidad de sentidos vinculados a su propio origen silencioso. El sentido parece querer elevarse por encima del propio texto, del mismo signo escrito, como si el sentido o sentidos potenciales del mismo estuvieran en contacto directo con la presencia ausente de la nada del silencio, como sabiendo, desde su solio paradójico, aquello de que: El que habla, no sabe, el que sabe, no habla. *

En fin, pude, en virtud de la praxis poética intuir ese silencio primigenio universal y el vacío a través de ella, intuir una teoría, si es eso es posible, sobre la nada como una conciencia sin contenido que, no obstante, sustenta todo y que escapa a cualquier intento de nominarla y de hacerla objetiva y que, la poesía, en su ejercicio creativo, de algún modo experimenta de ella en los límites mismos del lenguaje.

Sería esta situación continuada la que acabaría ofreciendo la poesía como iatromantis sanadora en los peores momentos, y traspasar el umbral de su cubículo sería sintonizar un nuevo espectro de entendimiento que será como entrar en otro estado de conciencia, donde será posible escuchar los registros inaudibles del silencio.



Francisco Acuyo



*Lao Tse



El que habla, no sabe, el que sabe, no habla, Francisco Acuyo


martes, 11 de marzo de 2025

LA CASA DEL SER Y LA POESÍA

Para la sección de Pensamiento del blog Ancile, traemos un post nuevo que lleva por título, La casa del ser y la poesía, prosiguiendo las reflexiones sobre el silencio y la palabra poética.


LA CASA DEL SER Y LA POESÍA



La casa del ser y la poesía, Francisco Acuyo



La poesía me enseñó (cuando reflexionaba sobre cosas diversas) y exhalaba mi aliento curioso hacia nubes extrañas, que el silencio de la nada no podía ser era sino conciencia. La intuía. Si no hay conciencia es imposible cualquier intuición. Ese orbe intuitivo creo que nos permite ver el límite del uso lingüístico, sostenido por sus reglas de convención y nos abre a cauces no hollados en ámbitos de expresión i-lógicos que, a su vez, abren parámetros de expresión que nos hablan de una necesidad de adopción a un cambio lingüístico para un uso no previsto.  Cambio, transfiguración que trasciende la razón estrictamente lógico formal, y que, en no pocas ocasiones, pone evidencia la profunda potencia del pensamiento salvaje (que no participa de las leyes del pensamiento lógico, sino que es dueño de una proyección en el mundo que participa).  A su vez nos muestra que hay también una necesidad perentoria de expresarse sin reglas: expone la condición ontológicamente incompleta de todo sistema formal o informal, que incluye no solo a la matemática, también al sistema de reglas mismo lenguaje.

La casa del ser y la poesía, Francisco Acuyo
Si el lenguaje está vivo, el lenguaje poético extiende su vitalidad allende a cualquier carácter normativo, pues su compromiso vital excede cualquier encorsetamiento de uso convencional. Una muestra de ello es precisamente su implicación en el orden del silencio lingüístico como prueba de su compromiso, al situarse entre la palabra y el silencio, entendiendo este como una panoplia infinita y silenciosa de posibilidades de expresión y entendimiento, superando el rol de vehículo de información y articulador social, donde lo innombrable puede ser en la nada del silencio que siempre le ronda.

    ¿Cómo significar por extenso, o mejor por intenso, nuestra afección por el silencio de la nada a través de la palabra, sino es a través de la palabra poética? ¿Qué son sino las analogías, las metáforas, las equivalencias, los elementos expresivos y eufónicos del verso que quieren ir al origen, al silencio, precisamente en su reafirmación expresiva, aun a costa de andar sobre el filo de las simas que están más allá del lenguaje? ¿Qué son en realidad estas maneras características de la poesía si no sendas y recursos que están más allá de la convención lógica del lenguaje? Es verdad que el poeta renuncia en muchas ocasiones a lo que es evidente en el lenguaje, pues renuncia a lo explícito, y esta renuncia es una ausencia, un vacío, un silencio que quiere rellenar con lo que no es posible hacer a través del concepto, para dar sentido y entendimiento a la incógnita de su origen (que bien pude ser la de cualquier origen) aunque esto lleve a imponer el principio de realidad de lo simbólico que se resiste a lo explícito   de los términos. Es algo casi proverbialmente reconocido que la ambigüedad del significante en poesía abre un amplio abanico de sentido que parece no poder ser encasillado para poder fluir en los límites mismos del lenguaje. La palabra poética se sumerge en lo subjetivo para expandirse en una infinidad de sentidos que se diría tratan de escapar a su vez de las diversas posibilidades de significación.





Francisco Acuyo




La casa del ser y la poesía, Francisco Acuyo


viernes, 7 de marzo de 2025

ENGAÑOS DE LA PERCEPCIÓN Y EL SILENCIO DE LA NADA

 Bajo el título de: Engaños de la percepción y el silencio de la nada, traemos un nuevo post para la sección de Pensamiento del blog Ancile.


Engaños de la percepción y el silencio de la nada. Francisco Acuyo


ENGAÑOS DE LA PERCEPCIÓN

Y EL SILENCIO DE LA NADA


Muchas veces he pensado que la percepción no sólo puede engañarnos, sino que a través de aquella alcanzamos sólo representaciones de una supuesta realidad, aunque intuyamos que hay cosas que tienen presencia en el mundo. La poesía, nos muestra de diversas maneras (como la sinestésica) que de aquella presencia puede inferirse el silencio de la nada y el reconocimiento de lo distorsionado por la representación como prueba de que en su discurso poético estamos en el límite del mismo lenguaje, a un paso del silencio de la nada. En cierto modo, la sinestesia poética, en su singular percepción, hace que sepamos de aquello que nos rodea porque está nosotros, y no porque está fuera, en lo que nos rodea. 

La indagación poética, dada su rara singularidad, me enseñó que el silencio de la nada que advertimos andando por los límites del concepto y por tanto del lenguaje, que este tiene que ser antes que el ser mismo que constituye el concepto. En realidad es el impulso creativo que se mantiene vivo en particular potencia, es una nada que es conciencia y que siempre es y que se haya fuera de toda categoría para poder posibilitar todo lo posible.

A través de la música del verso pude entender que el silencio de la nada, aunque no pude ser escuchado, es posible sólo en virtud de su consistencia esencial, ya que es posible porque nace de aquel silencio potencial de cualquier música, el fondo inaudible o silencioso desde el cual podemos distinguir cualquier ritmo, cadencia o armonía. Pude así comprender que el silencio de la nada no es lo mismo que el vacío espacial (que no contiene materia), porque el silencio de la nada persiste aún sin el espacio que constituye el vacío. Pero también que la nada silenciosa está en todo lugar donde algo es o puede ser. El incógnito misterio de cómo o por qué surge el ser de esa silenciosa nada, es el que la poesía ronda constantemente, y es el marco inaudito sobre el que se debate el ser de la nada que es la conciencia, si es ver el ser mismo como el silencio de la nada instituido plenamente en su nanidad e intuido por la música del verso, que lo que hace es vaciarse de sus conceptos para imbuirse de la incertidumbre del conocimiento y relegar su conciencia en pos del culmen de la conciencia silenciosa en la que se sustenta cualquier conciencia personal. Pude concluir, en fin, que la poesía indagaba en la conciencia del silencio de la nada, ya que este silencio vacío es el origen de la misma música del verso, del número que es uno y posibilita los números que cuentan los ritmos que constituyen la eufonía del verso, porque en realidad el silencio de la nada es el que sostiene cualquier música



Francisco Acuyo


Engaños de la percepción y el silencio de la nada. Francisco Acuyo

martes, 4 de marzo de 2025

SI NO VEO MI ROSTRO, DE JUAN JOSÉ MARTÍN RAMOS

Para la sección de Editoriales amigas del blog Ancile, traemos un nuevo post dedicado al libro, Si no veo mi rostro, de mi querido amigo, editor, poeta y escritor,  Juan José Martín Ramos. Promotor de esa editorial madrileña  admirable en todos los sentidos, Polibea. Incluye en ella este título en su colección, El levitador, cuya cifra capicúa (palíndromo singular) 101,  augura signos de venturosa bonanza a esta iniciativa editorial. Traemos para la ocasión un breve fragmento de las palabras preliminares de José Ángel Cilleruelo, que pueden servir de óptima semblanza de nuestro autor. Decir, que este un libro de aforismos (recogemos una brevísima muestra)  que en verdad no tiene desperdicio y recomendamos vivamente desde nuestro blog, porque hará las delicias del lector inteligente y del amante del ingenio que exige este género tan particular.



SI NO VEO MI ROSTRO, 

DE JUAN JOSÉ MARTÍN RAMOS








ANTES de empezar a leer Si no veo mi rostro, tal vez merezca la pena evocar los diversos rostros de Juan José Martín Ramos (1961). Filólogo de formación, entre las opciones que la historia literaria le ofrecía al joven estudioso, detuvo la mirada en el Modernismo desde el principio. Leyó los poetas celebrados y descubrió otros en viejas ediciones cen­tenarias. Con el tiempo alcanzó a rescatar algunas páginas en el olvido de los periódicos de la época, reflexionó sobre sus secretos y las editó con primor.

El impulso que le animaba a estas tareas filológicas poco a poco le fue alejando de la figura del erudito impasible para conducirle hacia el espejo que mismo. Quiero decir, en sus lecturas y devociones literarias Juanjo Martín Ramos fue desvelándose. Su admirado Joris- Karl Huysmans (1848-1907) le había ofrecido, en La-Bas, la clave de bóveda del proceso. Lo supo cuando le escuchó decir que todos los fin de siglo se parecen. Y el joven Juanjo, por espíritu y vocación, se descubrió finisecular. Y en el espejo modernista aprendió el difícil arte de fundir opuestos: locura y elegancia, exceso y contención, belleza y sabiduría. Características que se pueden rastrear en todo lo que firma, sea un texto creativo o la cubierta de un libro en proceso de edición. Uno de los poemas fundacionales de su obra arranca con un principio amoroso alzado sobre un inquietante oxímoron: «Esta es la historia de dos personas que están juntas pero hacen y dicen cosas que las separan».




AFORISMOS



La vida transcurre sin mí.


*



A mí me ha tocado ser yo.


*



Cuando el intruso no es el otro.


*



La vida entendida como memorial de agravios.


*


¿Para qué vivir en un amor nuevo la inevitable vieja rutina?


*


Bien mirado, entre las fechas de nacimiento y muerte de una persona, el pequeño guión que las separa es toda la vida.


*


Cultivamos la desgracia con fervor acólito.


*



Le gustaba la Gramática como extensión de su propio orden obsesivo.


*


Cuando alguien dice «dios» yo pienso en el horóscopo.





Juan José Martín Ramos







viernes, 28 de febrero de 2025

UNA SOMBRA, UNA FICCIÓN, DE ROSAURA ÁLVAREZ

Bajo el título, Una sombra, una ficción, que es el mismo del último libro editado por nuestra querida amiga y admirada poeta Rosaura Álvarez, traemos un nuevo post para la sección, Editoriales amigas, del blog Ancile. Título editado impecablemente por la editorial de la Fundación Jorge Guillén de Valladolid, para su colección Cortaelaire, en su número 90, y que desde aquí recomendamos por la excelsitud de sus poemas y por la primorosa edición con la que nos acostumbra esta querida editorial vallisoletana. Una brevísima muestra damos con estos pocos pero hermosos poemas.






UNA SOMBRA, UNA FICCIÓN, 

DE ROSAURA ÁLVAREZ



ATARDECIDA


 
Porque le hurta la tarde
 lo que dice la mañana.

Luis de Góngora


 
 
Como espesa humareda en mi retina
que no me deja ver lo ya vivido
y fuese todo un lienzo desvaído
donde el trazo de nada se adivina.

Como orquesta que infausta desafina,
olvidadas las magias del sonido
de un tiempo que es pasado y pulso herido,
de un presente abocado a toda ruina.

Mas tengo los sentidos tan abiertos
al goce de la luz, al suave tacto
de las rosas, el tono en dulcedumbre
 
de una voz..., que hago duelo los inciertos
y es abismo sin fondo el día exacto
en que mude mi tarde a podredumbre.








TIEMPO ANIQUILADO
(GLOSA)




Impresión de Tigres en el jardín
 de Antonio Carvajal



«Al tiempo aniquilado de la quieta hermosura»
me entrego. Puede tanto la palabra ignescente
que me quemo en su llama, mas déjame fulgente
 el pasmo de tu verbo, sin sombra ni fisura.

Después, es un silencio de laurel en altura
que solo el ave sabe —clausurada la fuente
que mana de tu mano — , pues no puede la mente
penetrar ardimientos de amor con su cordura.








RITUALES




Para José Manuel Ruiz

Así ruedan los días, alrededor de un gesto.

Rafael Juárez



Cada mañana, me levanto
solícita por un quehacer que oficie
el culto sacro de saber que existo,
disponiendo para ello
los viejos medios superlativos:
memoria, entendimiento, voluntad,
que, sumisos, ayudan
al cotidiano menester:
arreglos del jardín,
paseos alhambreños,
por algunas desposeídas horas
guisados de manjares deliciosos
o, en lirismo endiosado,
leer a Proust o a Juan Ramón,
manchar con lunas de mis noches
los lienzos impolutos;
en el crepúsculo, por la nostalgia,
— sobre piano antiguo — , 
ensoñaciones de Granados.
Y en álgido esplender de mi silencio
—huyendo de mi propia muerte —
 buscar el verso puro
 que nunca encontraré.





ALTOS MUROS



Para Francisco Acuyo



Muros..., mis altos muros,
mis altas tapias, sois
cerrazón en la carne;
la no luz que enceguece 
y duele, y a tientas camino
con ulcerado tacto, sin
saberme,
                  sin saberos,
                                sin saber.




Rosaura Álvarez















martes, 25 de febrero de 2025

ANTIKARIA, POR MANUEL VERGARA CARVAJAL

 Para la sección De juicios y apotegmas del blog Ancile, traemos una reflexión harto interesante de nuestro querido amigo,, Manuel Vergara Carvajal, escritor y poeta que intitula este apunte como Antikaria.


ANTIKARIA,

 POR MANUEL VERGARA CARVAJAL






  No puede uno sino darle la razón al arqueólogo municipal, Manuel Romero, cuando te resume el tema de su especialidad diciendo: “los romanos eran como nosotros”. La mejor prueba de ello, quiere uno pensar -y esto será a primera vista poco académico-, es que aún nos gustan las mismas. La Venus de Antequera (decir “de la estación” suena a renfe) es lo más exquisito que guarda el MVCA: está muy lejos de ser un retrato realista al estilo romano; es la expresión plástica de una “idea” en el sentido de modelo ideal, eterno e inmutable (canon), tal como lo teorizó Platón.

  Poner semejante figura en la isleta de un jardín inundado hace de la Villa de la Estación algo diferente a un pretencioso chalet por cuyo césped retozaran los siete enanitos: El orgulloso dueño romano (Dominus) de semejante “domus” podría ser todo lo rico en olivos que se quisiera, pero se remite modestamente a los griegos -pueblo conquistado por Roma tres o cuatro siglos atrás- como a sus auténticos maestros.

  A nosotros, veinte siglos después, nos siguen gustando esas crenchas de pelo levemente ondulado, la mirada melancólica, nariz recta, boca entreabierta, barbilla voluntariosa. Esto es así porque, a través de Roma… venimos  de padres griegos. Nunca se dirá lo bastante la importancia de este hecho: “La tarea de la cultura, quiero decir de la cultura antigua, es esencialmente una operación de nutrición” (Charles Péguy). Es como mirar,  en las viejas fotos de familia, desde qué raíces crecemos.



              Antequera 17/2/2025     Manuel Vergara Carvajal




               





 

jueves, 20 de febrero de 2025

EL MAL, AROMA DE LA NADA. EL PROBLEMA DEL MAL EN EL MUNDO, DE FRANCISCO ACUYO

Para la sección Editoriales amigas, del blog Ancile. traemos un texto de reflexión que porta el título que la publicación a la que se refiere este post:  El mal, aroma de la nada, el problemas del mal en el mundo, a la sazón último libro publicado de quien suscribe estas líneas y administra este blog. Libro, digo, primorosamente editado por Polibea para su colección La espada en el ágata, y que supervisa Juan José Martín Ramos, a quien le estoy sinceramente agradecido por sus desvelos. Esta título será presentado  en la librería Picasso (Obispo Hurtado, 5) el viernes, 21 de febrero, a las 19.30 horas.
En el acto intervendrán
el editor, Juan José Martín Ramos, que acude a Granada para la ocasión; el catedrático de la Universidad de Granada, Antonio Sánchez Trigueros; y el propio autor del libro, Francisco Acuyo.



 EL MAL, AROMA DE LA NADA.

(EL PROBLEMA DEL MAL EN EL MUNDO)






 

Si para Ana Arendt, una de las manifestaciones del mal en el mundo (el exterminio de judíos en la 2ª guerra mundial), no era sino una muestra evidente de la banalidad del mal en, El mal, aroma de la nada, el sufrimiento abarca un espectro mucho más amplio y se arraiga en las profundidades de la conciencia humana, no tanto en la imposición de este por otro ser humano, como en la presencia inevitable del sufrimiento en el mundo. Es este un ejercicio, en cierto modo, de ingenuidad filosófica: es un poeta el que reflexiona sobre el dolor en el universo en sus diversas y muy complejas manifestaciones.

            Para quien les habla, el sufrimiento es acaso uno de los más grandes misterios con los que tiene que confrontar la estirpe del hombre. Misterio que arraiga en los más hondo de nuestras conciencias y que, paradójicamente, habilita para la aprehensión de otros de los más extraños enigmas como es el fenómeno de la belleza. ¿Cómo pueden convivir el dolor con la realidad incontestable de la belleza manifiesta en la propia naturaleza, tan cruel, muchas veces, en el impulso creativo del artista para generar hermosura en su producto artístico, y un largo etcétera de maneras de presentarse entre tanto dolor esta apreciación consciente de la belleza?

         Conciencia, creación, dolor, belleza, aparecen vinculadas de manera extraña en nuestro tránsito existencial. El dolor parece afinar el sentido, la sensibilidad de nuestra conciencia hacia la profundidad de otros ámbitos de nuestra misma conciencia: la belleza aparece más nítida, la capacidad creativa en no pocos casos, se desborda para buscar una razón de ser, un sentido, incluso una trascendencia. El dolor nos pone alertadel supuesto exterminio de nuestras respuestas naturales del espíritu para evolucionar, crecer e incluso ser creativos ante las adversidades que, sin duda, llegan y llegarán a nuestras vidas de muy diferentes maneras. La poesía, el arte, nos enfrentan y nos inducen de manera integradora, sutil e inherente a nuestra naturaleza y, a un tiempo, transigente a las problemáticas inevitables del sufrimiento, pues nos ayudan confrontar con serenidad el devenir de todas ellas.

Aprendemos del sufrir que, la creación es acción, por lo que resulta tan eficaz y nos ayuda a mantenernos firmes en la aceptación de nuestro dolor o de nuestra felicidad.

 

Decía el poeta Novalis que, cada desastre de la naturaleza es el recuerdo de una patria superior; es por eso que el sufrimiento, en su extraña intercesión, muchas veces es el que inspira a la humanidad a hollar caminos superiores y trascendentes, acaso sea ese el significado más profundo del dolor, que es precisamente, el que fortalece la voluntad para cumplimiento de alivio o de curación.

 

Cuántas veces la ciencia ha impuesto un severo correctivo a la superstición y a la intemperancia de no pocas creencias y folclores varios, pero, antes de proseguir deberíamos hacer una seria reflexión: ¿Es cierto que la edad de los milagros ha pasado, y, por tanto, es menester que admitamos que las cosas se perfeccionan y componen y se realizan por sus propios medios obligados a la ley de la causa y el efecto? Puede que esto no esté tan claro como en el juicio de la razón científica prevalece.  Más allá de la eterna cuestión de si la vida tiene o no sentido, o si merece la pena vivirla en virtud del significado que encontremos en ella, subyace un impulso arrollador que no debe y no puede reprimirse, pues, es paralelo a la dinámica de la vida misma que se resuelve creativamente: debemos realizarnos, conformarnos, en definitiva, ser, y la senda del crecimiento creativo es esencial. Esto nos lo enseña precisamente el mal del sufrimiento.

 

La crisis de la enfermedad y toda la progenie de males que proviene y se engendran de diversas e inconscientes querellas y disensiones, pueden manifestarse en la crisis del creador dando forma a su obra, y esta, resultando auténtica catarsis con la que afrontar su trastorno o la de enfrentar la obra de arte como alivio potencial. Esta energía creativa, que puede ser terapéutica, está fundada en lo más hondo de la conciencia (concepto amplio en el que nosotros incluimos los infamantes procesos inconscientes).

Es en verdad paradójico que, con argumentos más o menos razonables, se haya dicho que el sufrimiento ha sido el que inspiró a la humanidad el sentimiento religioso. Sobre todo, cuando, por otra parte, ha sido el dolor de los justos e inocentes el argumento más utilizado para negar la existencia de Dios. De hecho, desde antaño, el sin sentido del sufrimiento, pongamos de la enfermedad, ha estado en manos de los dioses procurarlo o eliminarlo. Dicho esto, cabría reflexionar si, a día de hoy no nos ata todavía un ancestral vínculo hacia una potencial y enigmática curación natural, que sobrepuja ¿inconscientemente? sus expectativas frente al restablecimiento por mor del método netamente científico.

Este librito no pretende sino dar cuenta de la lógica del dolor y la irracionalidad del mal que, a mí, como a todo ser consciente, ha castigado mi devenir existencial, pero que también ha iluminado aspectos de la vida que permanecían inconscientes. Pero no se  llamen a engaño, si esperan ver en es este título una posición de optimismo metafísico que por cierto ridiculizaba Voltaire en su espléndido Cándido), porque en el discurso del mismo, traslucirá su presencia la angustia, la incomprensión y el sufrimiento porque están patentes y, aunque no se aceptan, sí, sin heroísmo, trato de afrontarlos con la dignidad que me da el poder y la conciencia de distinguir la capacidad de deducir un ethos, una ética, para confrontarlos y superarlos en la medida de lo posible.

No puede ser este un libro de filosofía, fundamentalmente porque no soy filósofo, ni aspira a sistemática de pensamiento alguno tras estas reflexiones, de hecho, es el fundamento poético en el que se radican todos y cada uno de estos pensamientos, aunque incidan lógicamente en el ámbito de la filosofía.

Tengo que confesar, finalmente, que, sin creyente convencido, ha sido la percepción del caos, del sinsentido, del dolor que desgarra nuestras vidas, del hundimiento nihilista más profundo, navegando sin rumbo en las procelosas aguas de la nada, donde he atisbado las hondas contradicciones del discurso racional y de los propios límites inevitables que debe afrontar la ciencia a la hora de dar respuesta a estas inquietantes preocupaciones; sí estas son las que las me han llevado, desde su profunda sima, a intuir la luz de una trascendencia que no sé explicar sino es a través del mito y de la indagación de la poesía.

He aquí una semblanza muy resumida de lo que el lector podrá encontrar en la brevedad de estas páginas que conforman este libro y que no quieren sino ser compartidas sin ningún anhelo erudito sino más bien, profundamente poético, que es decir emocional, pero también inocentemente investido con un aura de cierta y muy ingenua trascendencia.

 

 

Francisco Acuyo