domingo, 15 de abril de 2012

DISTINTA NOCHE, DE ELENA MARTÍN VIVALDI: OTRA INICIATIVA DEL PROYECTO EXTRAMUROS

Ofrecemos esta entrada para mostrar otra de las realidades llevadas a cabo por lo que fue en su momento el proyecto Extramuros, nos referimos a la iniciativa editorial que surgió alrededor de la Revista Literaria Extramuros. Uno de los títulos fue precisamente Distinta noche, poemario que fue compilado con la obra dispersa (y algún inédito) de la poeta Elena Martín Vivaldi. Edición que estuvo al cuidado del que fuera uno de los fundadores de Extramuros, José Espada (y, con toda modestia, por mi mismo). Hemos querido traer aquí, la nota editorial precisamente del que fue director y fundador de la revista, José Espada, para la ocasión. También rescatamos alguno de los poemas de tan querida publicación para nosotros. Queremos pues, dejar constancia del esfuerzo de Extramuros y de sus extraordinarios productos literarios y artísticos de los que seguiremos dando cuenta en próximas publicaciones, sin descartar el trabajo que todavía sigue haciéndose de la mano de otro de los fundadores, Rafael Rodríguez Almodóvar, que sigue encabezando con tan buen criterio esta sensacional iniciativa.



Distinta noche, de Elena Martín Vivaldi



DISTINTA NOCHE



NOTA DEL EDITOR



La publicación de este libro quisiera ser un modesto homenaje póstumo a una de las poetas españolas de más alta calidad de este siglo que termina: Elena Martín Vivaldi.
Siento cierto resquemor acumulado por retrasos de salida de esta obra, débito ineludible al compromiso de amistad y a la profunda devoción que siempre he tenido a Elena, referida muy especialmente a los últimos diez años, a raíz de una entrevista que le hice para incluirla en mi libro «Poetas del Sur», en el año 1987.
Desde entonces han sido muchísimas las tardes compartidas, con improvisadas tertulias literarias. Por supuesto, fui confidente de sus enojos ante el agravio de la marginalidad que tanto le afectaba: los silencios, las omisiones, las ausencias inexplicables, etc; es decir, ante el problema que se crea siempre cuando uno se ha quedado a la orilla del tiempo. Elena había nacido en 1907.
Hoy la sigo viendo en la pantalla más recóndita de mi mente como un primer plano f~o de vivo recuerdo que no palidece. Elena Martín Vivaldi estilizó su muerte con la misma cadencia que, palabra tras palabra, alisaba sus versos. Murió en soledad acompañada. Nunca le faltó alguien a su lado, pero en sus días finales su reino ya no era de este mundo. Se extinguió en la más completa soledad interior, como ella había deseado, recogida pudorosamente en un silencio sellado, en la madrugada del día 9 de marzo de 1998. Un mes antes había cumplido noventa y un años.
La última tarde, cuando ya se veía llegar el final, la estuve acompañando. Ante su tremendo enmudecimiento sin fractura, hice un patético intento de comunicarme con ella. Le hablé con obstinación. Traté inútilmente de animada, dándome ánimos a mí mismo. Nada estremecía ni un músculo de su cara; nada hacía mover sus labios. Pero ante el muro de espeso silencio que nos separaba, yo insistía para saber, al menos, si había oído lo que le estaba diciendo. Puse mi mano en la suya y le pedí que la apretara si me había comprendido. Pasaron unos segundos, una eternidad de tiempo muerto. Por fin, sentí una leve presión; y fue así, en precario, como nos dijimos un adiós, que iba a ser el último.
Este libro en que hoy pongo mi firma como editor, cierra el proyecto que con ella planeé para publicar sus poemas dispersos no incluidos en sus libros, añadiéndole los inéditos que pudieran recuperarse. Muchos de los textos recogidos aquí, han sido publicados en revistas, folletos de homenajes o felicitaciones navideñas. Otros, están dedicados a poetas, como Soto de Rojas, García Lorca, Machado, Carlos Villarreal, y otros pertenecientes al archivo personal del propio Antonio Carvajal. Varios, están destinados a sus familiares más allegados. Es posible que, con mucho tiempo por delante, hubiéramos encontrado algunos originales más. Pero esto no importa demasiado en aras de lo esencial a nuestros fines.
Cuando llega el primer aniversario de su muerte cumplo, pues, lo que prometí a Elena. Y para que el proyecto contara con el respaldo poético necesario, pedí la colaboración experta de un poeta amigo suyo entrañable, como Antonio Carvajal, Y también de Francisco Acuyo, director de la colección literaria Extramuros, más la ayuda de sus familiares y amigos, como garantía al dificil trabajo de recopilación, depuración y anotación de textos. Mi gratitud, por tanto a toda la familia y a los amigos que nos han ayudado. Pero, muy especialmente, a Antonio Carvajal y a Francisco Acuyo, con mi reconocimiento al trabajo realizado, y, por supuesto, a Marite Vivaldi por el empeño y cariño que trascienden sus ilustraciones. Lamento que algunos escritos hayan podido quedar en los arcones del anonimato.
Con inéditos o sin ellos, deseamos mantener vivo el recuerdo de Elena que, sin duda, se agiganta cada día a impulsos de la lozana presencia de su obra. Mientras, crece sin cesar su memoria en quienes la conocimos; y así sigue conquistando el corazón de sus lectores, cada día más numerosos, porque en toda nueva lectura multiplican los descubrimientos de la belleza de su poesía y perciben el agua viva que circula en el entramado lírico, tenso, dramático y amoroso de sus poemas.



                                                                                                                              José Espada





Distinta noche, de Elena Martín Vivaldi


                                                                                                                




Por encima de la nieve,
un pajarillo se atreve.
Blanco.
Un pajarillo se mueve,
pardo.

Paseando a la mañana;
blanco.
Un pajarillo, en la nieve,
pardo.

Buscará por los tejados...
¿Qué?
Un pajarillo se atreve.
¡Bien!

Descubrir entre lo blanco...
¿Qué?
Ramas para la esperanza.
¡Bien!

Por encima de la nieve
¿Di?
Un pajarillo se mueve.
Sí.

Blanco, blanco, nieve, blanco.
¿Qué? ¡Bien!
Sí.

Por encima de la nieve,
blanco.
Un pajarillo se atreve.





Aguda espina dorada...




El camino se acaba, y la mañana
ya no enciende la antigua melodía
con el nacer la aurora tan temprana,
trayendo la noticia fiel de un día.

Ya no habrá de las rosas la fragancia;
senderos en jardines otoñales.
Ni los días azules de la infancia
se inundarán de sol. Tras los cristales

no llamará la lluvia, persistente,
con sus húmedos dedos, en la tarde
triste y gris de un invierno. Ni doliente,

aquella aguda espina, si dorada,
llegará al corazón, de un dios alarde,
hiriéndole: en el pecho -¡amor!- clavada.





LA MÚSICA CALLADA


A Mª Teresa Vivaldi



Se quedó el mundo solo, sin aroma,
solo en su inmensidad,
desposeído, sin dolor. Callado.
Como sonido mudo,
roto arpegio,
apagándose, huyendo, desangrándose. Inerme.
Sin un ritmo, en sigilo de palabras y voces.
Solo.
Sólo quedó el color —arco iris, promesa—.
Oculta sinfonía.

Azul.
Azul de los silencios imposibles,
nocturno azul. Recuerdos.
Inundación de cielo y mar, entrelazados, vírgenes.
Mañanas transparentes,
altos presagios. Ecos.
Antorchas de la noche:
oscuridad visible.
Nombre y azul.
El aire.
Y el amarillo fue. Armonía total,
rama del entusiasmo,
del llegar a la cima,
de alcanzar la alegría.
Gozo de la nostalgia y el nacer de un otoño.
Amarillo triunfante.

Y el verde.
Llama de amor y síntesis —¡ay azul y amarillo!—.
Y se abrían las hojas
de aquel árbol, llegando casi a un cielo perdido.
Recientes primaveras, entre un bosque de brazos
tendidos a una altura.
Verde.
Toda la gracia única de la tierra en tu nombre.

El rojo. Intensidad.
Gritos de plenitud, ascendiendo en su audacia.
Palidecen los ocres, los rosas se deshacen,
los morados se esfuman,
a su fulgor vencidos.
Rojo. Fuego escondido entre cuerpos desnudos,
abrasando los miembros,
alzados hasta un muro:
y, nuevo, el blanco ardía sosteniendo el espacio.

Sin aromas...
Sólo vibra el color.
La música callada.





Elena Martín Vivaldi (de Distinta noche 1999)






miércoles, 11 de abril de 2012

SEFARAD, DE ANTONIO MUÑOZ MOLINA, POR TOMÁS MORENO

Adjuntamos con mucho gusto estas reflexiones del profesor Tomás Moreno, sobre la novela de Antonio Muñoz Molina titulada Sefarad. Es interesante observar la huella que determinadas lecturas hacen en determinados momentos de la vida, y este trabajo da cuenta de manera singular y muy amena de estas impresiones lectoras que pueden extrapolarse a tantos otros libros que en un momento de nuestras vidas marcaron de manera especial el rumbo de nuestros pensamientos e incluso de nuestras actividades personales. Así pues, les dejo con Sefarad de Antonio Muñoz Molina, según nuestro habitual y avisado colaborador Tomás Moreno.


Libros que debemos leer, Sefarad, Antonio Muñoz Molina, Tomás Moreno



LIBROS QUE DEBEMOS LEER: SEFARAD, 
DE ANTONIO MUÑOZ MOLINA




Libros que debemos leer: Sefarad, de A. Muñoz Molina[1]
Hay libros que marcan, que dejan huella; libros a los que, de tiempo en tiempo, volvemos sin saber por qué, que releemos con fruición y en los que, con cada lectura, encontramos nuevas enseñanzas, nuevos hallazgos expresivos, nuevos aspectos temáticos o literarios pregnantes y enriquecedores antes no revelados, y que nos invitan a descubrir dimensiones de lo real antes inadvertidas, caminos de reflexión no transitados en su primera lectura. Uno de ellos, leído por mí por primera vez hace casi diez años, es Sefarad, la gran novela de Antonio Muñoz Molina, sin duda, una de sus mejores narraciones del autor y uno de los libros más importantes escritos en castellano el la última década.
Libros que debemos leer, Sefarad, Antonio Muñoz Molina, Tomás Moreno
            En esta novela de título evocador -Sefarad, es el mítico nombre que los judíos daban a España: un término hebreo que aparece en el Antiguo Testamento y que el judaísmo utiliza, a partir de la diáspora, para referirse a la Península Ibérica- Antonio Muñoz Molina ofrece al lector un texto complejo (y empleamos conscientemente el término en su sentido etimológico, como tejido de historias) de ambiciosa y armónica arquitectura, que exige una atención muy persistente dada su profundidad. Sin embargo, se trata de una obra que, ya desde sus primeras páginas, nos capta y no sólo por la calidad literaria a la que su autor nos tiene acostumbrados, sino por el interés de lo que se nos cuenta.
            No hay duda de que representa un poderoso testimonio de la madurez técnica, expresiva y temática de su autor y de la vitalidad de la actual novelística española. Su cuidada articulación narrativa, su dominio impecable del oficio, el amplio catálogo de tonos, emociones, sucesos que la componen, desde lo absolutamente dramático o trágico hasta las historias más cotidianas o más fascinantes que podamos imaginar, pasando por otras alucinadas, eróticas, grotescas e incluso ridículas. Su piedad en el tratamiento de esta amplia galería o catálogo de tipos anónimos, que en ella aparecen, sorprendidos por la mirada del autor en unas vidas humildes y desconocidas, pero también poseedoras de una secreta dignidad, hacen de la novela no sólo una obra maestra de la literatura española contemporánea sino, sobre todo, un encomiable ejercicio o testimonio de responsabilidad ética y de ejemplaridad moral (a los que su autor nos tiene, por otra parte, acostumbrados como publicista e intelectual de probada honestidad y valentía cívicas).
Libros que debemos leer, Sefarad, Antonio Muñoz Molina, Tomás Moreno
            La obra consta de casi seiscientas páginas, divididas en 17 capítulos o episodios, en los que las historias se multiplican y entrelazan, como en los cuentos de las Mil y una noches, y en las que se entrecruza la propia biografía del autor, su aventura vital, así como su reflexión permanente sobre cómo se ha escrito esta, en expresión del propio Muñoz Molina, novela de novelas (reflexión que representa el metarrelato que sirve de hilo conductor de los relatos e historias que van engarzándose a lo largo de la obra, sin solución de continuidad). Desde el punto de vista estético-formal, en Sefarad se combinan elementos de procedencia dispar y heterogénea: lo autobiográfico, lo ficcional, la meditación de carácter ensayístico, la reflexión filosófica y aún la investigación histórica, la indagación metaliteraria, hasta formar una mezcla que tiende a ensanchar los siempre amplios y movedizos límites del género. Consciente de ello el autor afirma que “el escritor debe romper los códigos de la ficción”. Y, en efecto, la novela se caracteriza por su original planteamiento narrativo, por sus hallazgos técnicos, por sus rupturas con respecto a las costumbres y expectativas con las  que un lector tradicional de novela se acerca normalmente al género, y, en fin, por la sorprendente habilidad con la que el autor ha conseguido que la acumulación de materiales heterogéneos, del más diverso origen que la constituyen (la ficción, el ensayo, la reflexión, el reportaje, el diario íntimo, el relato breve, la vida y vivencias propias, las vidas y vivencias ajenas) se transformen en historia personal y se incorporen, como parte integrante e indivisible, a la experiencia vital de la instancia narrativa, con lo cual adquieren una estructura y un sentido unitarios.
            Se trata, por consiguiente, de una novela ensayo que combina vida, historia y ficción (como ocurre en otras novelas coetáneas del panorama narrativo español: Soldados de Salamina de Javier Cercas y El nombre de los nuestros de Lorenzo Silva, por poner algunos ejemplos) con un equilibrio y economía de medios admirables. Desde el punto de vista temático-narrativo, esta novela de novelas va entretejiendo todo un mosaico literario formado por multitud de fragmentos disímiles en los que la memoria individual y la memoria colectiva son protagonistas. Hay, en efecto, muchas historias en Sefarad, casi todas reales, unas más conocidas como la de Primo Levi, el autor de Si esto es un hombre (1947) o Los hundidos y los salvados (1986), suicidado un año después de escrita esta última, en donde describe su terrible experiencia de los campos de exterminio nazi (Auschwitz); o los encuentros de Kafka y Milena, en la legendaria Praga de entreguerras y el paso de la muchacha por uno de esos oprobiosos y letales campos; la impresionante odisea de la escritora Eugenia Ginzburg, comunista convencida y de firme ortodoxia, que se ve acusada de traidora y trotskista por la policía política de Stalin; la trágica peripecia de Walter Benjamin, el gran filósofo germano de la Escuela de Frankfurt, que encontró la muerte en el exilio del Pirineo español, en Port Bou en 1944, cuando supo que las autoridades españolas iban a reenviarle a la Alemania nazi; o la kafkiana experiencia de Nadiezhda Mandelstein, esposa del gran poeta soviético torturado y ejecutado por Stalin: Osip Mandelstein.
Libros que debemos leer, Sefarad, Antonio Muñoz Molina, Tomás Moreno
            Otras, menos conocidas, pero igualmente dramáticas, como la de otro disidente soviético Willi Münzerberg, o las angustiosas experiencias de otros intelectuales judíos perseguidos por los nazis: las de Margarete Buber-Neumann, las de Víctor Klemperer, autor de los famosos “Diarios”, relato y descripción descarnada de la vida cotidiana bajo el infierno de la Alemania nazi o, finalmente, las desgarradora radiografía de la tortura y la deshumanización en los Lager nazis que Jean Amery nos narrara en su Más allá de la culpa y la expiación. Algunas anónimas, como las del señor Salama, un entrañable y tímido judío sefardí, enamorado de una mujer inalcanzable que se salvó del campo de exterminio gracias a un diplomático español, otras ficticias, como la de aquellos oscuros y frustrados empleados de provincias que consumen sus rutinarias y grises vidas con ensoñaciones que nunca van a poder cumplir, o, en fin, aquellas otras a las que el autor denomina las de los muertos en vida, como la desgraciada historia de los heroinómanos que pululaban por el madrileño barrio de Chueca, tan vívidamente descrita en el episodio titulado Doquiera que el hombre va.
Libros que debemos leer, Sefarad, Antonio Muñoz Molina, Tomás Moreno            ¿Qué es lo que tienen en común tan dispares personajes y situaciones? ¿Qué puede conectar vidas y personalidades tan disímiles, tan diferentes, tan alejadas en el espacio y el tiempo? ¿Qué tienen que ver entre sí los diferentes, los enfermos condenados a una muerte segura, los solitarios, los desengañados, los desaparecidos, los exiliados por todo tipo de regímenes inhumanos (desde la Inquisición Española a los Estados totalitarios del siglo XX)? ¿Qué semejanza encontrar entre los burócratas frustrados en su existencia inauténtica, los heroinómanos alojados en la basura urbana, en donde -como en el infierno dantesco- no habita esperanza alguna, los judíos perseguidos y masacrados por los inquisidores españoles o por los nazis, los disidentes del comunismo soviético, convertidos por mor de la ortodoxia estaliniana en dementes o en deshumanizados espectros del Gulag siberiano, los marginados, humillados y ofendidos de la tierra?  Lo que tienen en común es: su condición de víctimas, de débiles e inocentes, de desarraigados y exiliados de la tierra, de la vida, de la felicidad, de la esperanza. Se asemejan entre sí por lo que tienen de vulnerables y de indefensos (cabezas de turco o chivos expiatorios) por el simple hecho de estar situados en la frontera: de la enfermedad, del desamor, de la soledad, de la sociedad o de la humanidad. Esto es, lo que tienen en común: es lo que tienen de humanos.
Libros que debemos leer, Sefarad, Antonio Muñoz Molina, Tomás Moreno
            El libro de Muñoz Molina es, pues, la historia de seres humanos enfrentados a una serie de situaciones límite: a la enfermedad, al absurdo, a la soledad, al desengaño amoroso, a la frustración existencial (en palabras del autor: al exilio inmóvil) o condenados a lo que denomina exilio móvil: la persecución, la expulsión, el desarraigo, la exclusión, la discriminación, la proscripción, el interdicto. Es decir: todo un descarnado epítome de los horrores de nuestro siglo XX, tal vez el más bárbaro y brutal que ha conocido la Humanidad en su milenaria existencia. El autor rescata del olvido las vidas truncadas por los totalitarismos del pasado siglo, las vidas rotas por las ideocracias mesiánicas, que hace no más de setenta años asolaron Europa: nazis, comunistas estalinistas, fascistas, cuyos denominadores comunes fueron el desprecio al individuo singular, el odio a la diferencia y a la libertad, la propagación la delación y del miedo, el adoctrinamiento omnipresente, el resentimiento y la sospecha como pilares de la “convivencia” social (?). Sin olvidar su evocación de la terrible experiencia de los judíos sefarditas expulsados por los Reyes Católicos de las tierras españolas, poco antes del descubrimiento de América, a los que dedica un emocionado y dramático episodio.
            Cualquiera de ellos pudimos haber sido nosotros, podemos ser nosotros: “Es una novela -declaraba su autor en una entrevista- de judíos en el sentido de que son una construcción de aquellos que quieren expulsarlos de los sitios. En este sentido todo el mundo es judío o puede ser judío en cualquier momento. Es la historia del siglo XX, la historia de gente tradicionalmente perseguida porque, como los judíos, son culpables de lo que hacen en los sueños de otros. Cualquiera puede tener su Sefarad. Todos somos posibles condenados”. Muñoz Molina añade al final de la novela una Nota de lecturas, como homenaje a los autores y a los libros que le han inspirado y como una llamada para que los lectores sigan buscando otras vidas destrozadas a lo largo del fatídico siglo XX por todo tipo de dictaduras o ideocracias salvíficas e inhumanas; entre ellos destacan tres libros que no nos resistimos a citar: Los verdugos voluntarios de Hitler. Los alemanes corrientes y el Holocausto (1997), de Daniel Jonach Golhagen; El Libro negro del comunismo (1997), obra colectiva dirigida por Stephan Courtois y El pianista del gueto de Varsovia, de Wladyslaw Szpilmann, que con tan gran éxito fue llevado al cine por Roman Polanski. Un libro, en fin, que merece leerse, que debemos leer.

                                                                                                    Tomás Moreno




[1] Antonio Muñoz Molina, Sefarad, Alfaguara, Madrid, 2001. (Iniciamos con esta reseña -dentro de la etiqueta Microensayos- un apartado o subsección en la que, de vez en cuando, iremos dando cuenta, no como expertos (que no somos) sino como simples y curiosos lectores, de los libros de pensamiento, novela, poesía, historia, ensayo, filosofía etc. que más nos hayan impresionado o gustado. La titulamos: “Libros que debemos leer”). 





Libros que debemos leer, Sefarad, Antonio Muñoz Molina, Tomás Moreno

lunes, 9 de abril de 2012

MADRIGAL DE LA ESPERANZA: "CARRERA DE LA MUJER" EN FAVOR DE LA LUCHA CONTRA EL CÁNCER DE MAMA

Este poema fue concebido para el homenaje de Mª Isabel Luque, en colaboración con la Asociación Española contra el Cáncer (concretamente contra el cáncer de mama), con motivo de la Carrera de la Mujer organizada para beneficio de dicha organización en Granada. Hemos querido recuperarlo para la 3ª edición, que se celebrará en el mes de junio, el día 17. Nos sumamos desde nuestro blog a este generoso evento para que puedan a su vez agregarse en tarea tan altruista todos aquellos que quieran hacerlo. Adjuntamos al final de esta entrada el enlace para su información. Este poema se incluirá en la próxima edición del libro Pan y leche para niños, agotado ya en su segunda edición.




Madrigal de la esperanza, Francisco Acuyo






El cisne en la sombra parece de nieve



Hay voces en la tierra
Recorriendo esperanzas


                A Mª Isabel Luque



                    I


   EL madrigal del silencio,
música de la alborada,
suena en la sombra luz
purpúrea en resonancia.

   Al madrigal del silencio
hoy todavía mañana,
única y diversa lleva
su soledad solidaria.

   En la fuente del jardín
ardiente se mira el hada,
contempla el rostro a la nueva
vida que en el agua llama.

    Aquí es donde ella se mira
con dulce imagen de infancia;
aquí, si el espejo muestra
opuesta su semejanza.

   En ella apenas un ángel
con su aura pintó violácea
un rostro cuya ternura
desnuda cualquier mirada.

   En el jardín de la vida
plena ofrece su semblanza
el jazmín y la azucena
si en las pupilas fragancia.

   El nardo de su mejilla
en la fuente con sagrada
devoción pensó su nombre:
y sabe él, cómo se llama.

   En superficie desliza
una azucena del agua
la mejilla sobre un halo
que apenas trasluce ingrávida.


              II


ALLÍ, donde del jardín
nardo florece la infancia,
gusta inscribir en la brisa
de colores su palabra.

   En este espejo aromado
se mira, y sabe él del aura
que allí reflejada queda
la imagen de la esperanza.

   Desde la cima del mundo
amiga su voz hablaba
a los niños del jardín
de su ausencia enamorada.

   Les decía: Niños míos,
tras mi presencia lejana
mirad en esos carteles
que dibujo la guirnalda

   del amor encendida y que en
nuestro corazón alianza
maternal estrecha con
tiernos trazos de acacia;

   y de nieve marionetas
con lentejuelas de plata,
si sois buenos os muestro,
en divertida farándula;

   os maquillaré con flores
de mi jardín y con ámbar
el cabello enjugaré
que el aire lleva en volandas.

   Con sus juegos deleitosa
divertidos nueva chanza
ofrece y tras su sonrisa
la nieve suspende el alma.

   Nos muestra con otros juegos
en dónde el amor se guarda:
en el corazón fraterno
y en la vital esperanza.

   Deshoja el tiempo los pétalos
en la música del agua,
queda el eco de su luz
azulada resonancia.

Este madrigal de vida,
 para ti, fiel luminaria
que escucha azul un acorde
de eternidad instantánea.



                                               Francisco Acuyo



  
Madrigal de la esperanza, Francisco Acuyo




martes, 3 de abril de 2012

SENDAS DEL AIRE, DE FRANCISCO BASALLOTE

Me es muy grato traer nuevamente al blog Ancile al poeta (y pintor) y buen amigo Francisco Basallote. Esta vez con una exquisita publicación titulada Sendas del aire, que porta en edición bellísima e impecable, poemas y obra pictórica en edición limitada de 200 ejemplares numerados. Aunque puedan constatar la hermosura y delicadeza en este medio, es claro que no podrán sopesar la materialidad cuidadísima de la edición, en papel magnífico y fastuosa y pulcra a la vez impresión. Así las cosas, yo os traigo en esta ocasión y para esta nueva entrada de nuestro blog una muestra breve pero me parece que harto significativa de tan extraordinaria publicación.



Sendas del aire, Francisco Basallote, Ancile




SENDAS DEL AIRE



                                             En el arriate
                                         entre lo verde erguido,
                                         rojo alhelí




Sendas del aire, Francisco Basallote, Ancile




                                                Desde su altura
                                           desciende luminosa,
                                           flor de bignonia





Sendas del aire, Francisco Basallote, Ancile





                                                    Entre los árboles
                                              y el murmullo del viento,
                                              oigo el arroyo




Sendas del aire, Francisco Basallote, Ancile




                                                                                                              Francisco Basallote

lunes, 2 de abril de 2012

REVISTA JIZO DE HUMANIDADES, SEXTO Y SÉPTIMO NÚMERO: IGNACIO PRAT

El número doble seis y siete de la Revista Jizo de Humanidades, se dedicó íntegramente a la figura del crítico de excepción Ignacio Prat, figura imprescindible de los estudios literarios y, sobre todo, poéticos de finales del siglo XX en España. Fallecido prematuramente para desgracia de la investigación y de la crítica en lengua española, dejó no obstante una huella indeleble en los trabajos sobre diversos temas literarios, en un puñado de poemas y algunas manifestaciones artísticas manifiestas en dibujos y pinturas. Dejamos aquí, en nuestro blog Ancile, esta entrada en homenaje a su obra y figura irrepetibles, adjunto al enlace de este número imprescindible para quienes quieran conocer a este personaje extraordinario. Adjuntamos la nota editorial en este caso para información de los interesados.



Revista Jizo de Humanidades, nº 7, Ignacio Prat, Ancile




NOTA EDITORIAL SOBRE ESTE NÚMERO


DESPUÉS de no pocas incidencias, de abandonos no siempre justificados de alguna institución comprometida previamente, de irritantes dilaciones varias, de bastantes e inesperados obstáculos que finalmente han sido salvados con entregado esfuerzo y constancia ilusionada; de tortuosas vicisitudes, en fin, al margen de la siempre probada y solícita voluntad nuestra, henos nuevamente aquí, con este flamante número de la Revista Jizo de Humanidades, en su ya sexta-séptima entrega y desde luego no menos entusiasta que las anteriores todas. En esta ocasión polarizados de manera singular en una especial edición dedicada al gran Ignacio Prat, eximio estudioso y crítico de referencia ineludible en el ámbito de los estudios literarios de la época que, de manera tan brillante como cruelmente breve, le tocara en suerte vivir, para mejor entendimiento de su prolífera fenomenología y complejo dinamismo, en referencia sobre todo al particular territorio de la poesía. Contamos para tan extraordinaria ocasión con un material en extremo interesante. Cabe destacar la reproducción de un texto inédito del mismo Prat sobre la prodigiosa figura y obra de Juan Ramón Jiménez, en concreto sobre Dios deseado y deseante, intitulado precisamente Dos notas a Dios deseado y deseante; fechado en el año 1976, el cual ofrecemos íntegro (trascrito) del original y para la ocasión tan solícitamente proporcionado, e incluso reproducimos un par de páginas del mismo texto mecanografiadas y anotadas de puño y letra de su eximio e inolvidable autor. Verdaderamente nos congratulamos del hallazgo y de todo el material y colaboraciones que ofrecemos en este granado ejemplar que ahora, estimado lector, tiene para satisfacción nuestra entre sus manos. En él discurrirán firmas (en prosa y verso) de la talla de Jaime Siles, Antonio Carvajal, Túa Blesa, Jenaro Talens, Manuel Ángel Vázquez Medel, José Ignacio Fernández Dougnac, José Bailón o José Gutiérrez. De estos dos últimos poetas, incorporamos gracias a su amable solicitud y atenta benevolencia sendas cartas manuscritas, las cuales trascribimos íntegramente, ofreciendo además algunos textos con su grafía original, todo ello servirá para dar también una semblanza de la que se infiera una orientación suficiente de la poesía y de los poetas que a nuestro protagonista interesaban en aquellos momentos.
Agradecemos de manera muy especial la cortesía, atención y cordialidad de la que fue su mujer y compañera, Carmen Jiménez, ya que sin su prestancia y grata diligencia no podríamos haber completado el número con verdadera novedad textual e incorporar tampoco la totalidad de los dibujos, fotografías y pinturas del propio Ignacio Prat, y que  nosotros reproducimos con total complacencia a lo largo de las páginas que componen este nuevo número de nuestra revista.
Esta labor que presentamos se vierte en esta primicia editorial, a la sazón tan ilusionada como –creemos- que interesante, de manera particular para todo aquel que pretenda abundar con sentido y fundamento en la historia de los estudios literarios y de la crítica más completa y mejor razonada de finales del siglo XX en las dilatadas fronteras que extiende nuestra opima lengua. Así se verá en estas páginas un espacio y unos momentos en la creación literaria cuyo perspectiva de estudio y comprensión consideramos esencial: y todo en pos de una revolución que no acabó sino desembocando en la decepción total que daría semblanza, con «tinte desolador nada fulgurant», de la crisis profunda del momento literario, y, sobre todo del poético (¿duradero todavía?), el cual iba a quedar patente en el manierismo (putrefacto) de algunos autores que durante los últimos años de los setenta e inicio de los ochenta escribirían sus versos no sin bastante predicamento y aparato acompañados, por cierto, de buena parte de la ¿crítica? de este «desencantado y triste» período de las letras nuestras.
No pretende este introito editorial elaborar ningún juicio, sólo presentar al lector atento la oportunidad, a nuestro modesto entender, harto interesante para considerar este material como se merece y, además, de volver a los textos editados de nuestro admirado autor con el fin de valorar si merece la pena otro observatorio, otra perspectiva acaso muy distinta y distante de las que ahora predominan, y constatar desde aquellas lo ya asumido literaria y poéticamente desde su canon particular, y también redescubrir lo injustamente olvidado y, por qué no, instigar una investigación de valores, olvidados unos, disvalorados otros, o ni siquiera tenidos en cuenta por situarse fuera de los parámetros de la doctrina literaria actual, acaso desasida de la similar e inteligente introspectiva de la que fuera dueño absoluto y que tuvo a bien ofrecer a los más avisados nuestro querido y nunca suficientemente ponderado Ignacio Prat.
La actitud vital y de sutil entendimiento del fenómeno creativo literario de Prat acaso se mostró tan natural en su genio como modesta en su genuina inteligencia y vívido dinamismo conceptual, estético y crítico; tal vez por ello, y porque donde la humildad mora pierde la presunción su interés (son las almas superiores de toda vanidad extrañas), pues no admite ceremonias en modo alguno, que sabe muy conscientemente que están de ellas las cortes de milagros llenas.
En este sensato movimiento se ofrece la tesitura del número que ofrecemos y su sincera comisión difusora, en cuyo esperanzado afán quiere dar, si no puntual cuenta, sí aproximada cuando menos, y en empuje razonable e impulso emotivo, de lo que interesa al juicio ajustado a su realidad literaria y (o) poética, quiero decir que infinidad de textos y poemas muy bien pueden estar necesitados de una valoración distinta, si precisada de criterios que, por rigurosos y altamente alcanzados, viertan ópticas nuevas o, cuando menos, más precisas, abiertas y profundas, y en cuyo proceder sensato nos parece que se sitúa a gran distancia el dictamen del protagonista de este exordio que ahora con tan grande alborozo como grata fruición mostraremos, aunque apresuradamente, con total convencimiento y entusiasmo en estas páginas iniciales.
Mas porque sin duda una lengua presurosa no da lugar al discurso elocuente, aun portador de grandes dosis de aticismo, y más desorienta que con discreción alecciona, invito desde estas líneas iniciales (ventana gratamente introductoria) a que traspasen el umbral de sus presurosas líneas y el olviden el atavío, aderezo y gala de tan torpe redactor, y sin más dilación observen las opiniones autorizadas que seguidamente les presentamos.
Desde aquí, no obstante, complacidamente redundamos en la satisfacción que supone ver hecho realidad este número en regalada primicia, y todo a pesar de los no pocos inconvenientes al principio ya anunciados, porque si hacemos este esfuerzo considerable será por el afecto, si responde al corazón sincero hacer justicia. Así estimamos indiscutiblemente relevante la figura del genio, talante y disposición sincera del espíritu tan noble, inteligente y avisado como fue el de Ignacio Prat, aunque sea obvio que eso se colija de verdad tan manifiesta en todo aquello que dejó estudiado y despierto por escrito, y por lo que dejó, sobre todo, instalado indeleblemente en los corazones de todos aquellos que de un modo u otro tuvieron la grata fortuna de conocerlo. A los que no, a través de estas páginas acaso encuentren algún consuelo cuando menos en esta inadecuada, por general, semblanza y, en resolución, atiendan si les place al singular entendimiento que vio en la literatura y sobre todo en la poesía, si esta es oficio con el que estuviese estrechamente vinculada la necesidad más profunda (e íntimamente inteligible), sensible del alma, si hay inteligencia verdadera en el mundo.

                                                                                            Francisco Acuyo


Revista Jizo de Humanidades, nº 7, Ignacio Prat, Ancile


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