jueves, 11 de julio de 2019

LA REALIDAD: ¿ES CONTINUA O DISCRETA?

Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos la nueva entrada que lleva por título: La realidad: ¿ es continua o discreta?


La realidad: ¿es continua o discreta?, Francisco Acuyo


LA REALIDAD: 

¿ES CONTINUA O DISCRETA?



QUE la gravedad es la consecuencia  y manifestación física del espacio y del tiempo, es una realidad constatable y puesta en evidencia por la ciencia de la física. No es menos cierto que estos campos físicos son integrantes de una realidad (cuántica) sujeta a probabilidades e interacciones singulares que condicionarán a su vez el espacio y el tiempo. Deducimos esto de dos visiones de la realidad que han sido tenidas como contradictorias, a saber: la relatividad general y la teoría cuántica.

                La realidad es un continuo (espacio temporal), según la relatividad;  la realidad es discreta y cuantizada, según los principios de la teoría cuántica. Esta paradoja, cuando no franca contradicción, pone en evidencia el difícil entendimiento de la complejidad de la realidad material del mundo.

                Que el espacio pueda tener  un carácter granular y que esta estructura cuántica ponga certeza sobre el origen gravitatorio del tiempo, y que este mismo sea puesto en cuestión, hace que  el concepto mismo de realidad convencional o de sentido  común sobre esta se tambalee. Ese flujo temporal  de nuestras observaciones no es más que el resultado de nuestras aproximaciones -muy generales, por cierto- que hacemos de la misma realidad.

Pero la problemática de la realidad se coloca en una vertiente aún más controvertida cuando la verdad del espacio tiempo es consecuencia del mundo cuántico primordial (muy similar al ápeiron presocrático de Anaximandro), donde las ideas de espacio-tiempo no tienen ya ningún sentido. Las entidades minúsculas (cuantos) subatómicas son las que generan la realidad espacio temporal en sus interacciones y manifiestan su irrealidad aisladamente y, por lo tanto, no pueden considerarse que están en ningún dominio de tiempo y espacio.

La realidad: ¿es continua o discreta?, Francisco Acuyo

La dimensión de lo que la realidad sea parece incrementar su complejidad (y con ella nuestra propia perplejidad) cuando inferimos de todo lo anteriormente expuesto, que la realidad no es sino un constructo de partículas que la configuran  en virtud de sus interacciones y la configuración de las relaciones de información que conllevan, y que la consistencia de lo que la realidad sea, irá determinada siempre por los límites o bordes probabilísticos de lo que pueda o no suceder (principio holográfico) en el dominio de lo infinitamente pequeño, o lo que es lo mismo, igual que no podemos saber lo que sucede dentro de un agujero negro, ya que sólo podremos hablar del mismo en virtud de lo que sabemos de él por la información de la región mínima de la frontera del horizonte de sucesos, y nunca dentro del mismo, tampoco podremos saber lo que ocurre en esa realidad última, seminal del mundo, donde el espacio y el tiempo no tienen ningún sentido. Es más, donde el concepto temporal  no es sino la muestra de toda aquella información de la que carecemos para deducir lo que es real, o lo que es lo mismo: el tiempo es la medida de nuestra propia ignorancia.[1]

Todo parece indicar que la realidad de la realidad y su conocimiento, en suma, viene a depender de nuestra relación con lo que consideramos sistemáticamente realidad, ya que cualquier manera de conocimiento de sus estructuras va a depender de la interacción del que observa sobre aquella supuesta realidad. Todo está (en un orden peculiar) implicado en todo, y  la estructura o tejido del mundo que conforma la verdadera realidad no es otra cosa que integración, relación, ilación, correspondencia y concomitancia. No son cosas (objetivas) las que conforman la realidad, sino una continua interacción cuyo flujo determina lo que la realidad sea.

Seguiremos abundando sobre esta cuestión tan interesante en próximas entradas de este medio.






Francisco Acuyo



[1] Rovelli, C.: La realidad no es lo que parece, Tusquet Barcelona, 2015, p. 228.



La realidad: ¿es continua o discreta?, Francisco Acuyo


lunes, 8 de julio de 2019

DE LA REALIDAD VISIBLE Y LA INVISIBLE


 Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile traemos una nueva entrada que lleva por título: De la realidad visible y la invisible.




De la realidad visible y la invisible. Francisco Acuyo


DE LA REALIDAD VISIBLE Y LA INVISIBLE




Una de las deducciones más necesarias e interesantes de lo expuesto sobre el concepto de realidad y la realidad misma pasa por el reconocimiento de que lo podemos percibir de ella es mucho menor de lo que ella es en realidad.

                Aquello que denominamos evidencia experimental exhibe necesariamente una limitación clara, así lo demuestra aquello a que lo podemos acceder por conocimiento directo, que es muy poco: el universo y sus asterismos y su fenomenología y naturaleza, así también el constructo o estructura íntima de la materia, y por supuesto muchas impresiones sensoriales que damos por sentadas en su aparente certidumbre.

                En todo caso nos vemos obligados a superar cualquier solipsismo si queremos hablar con cierta propiedad sobre la cuestión de la realidad, más aún cuando hoy podemos acceder a elementos sensoriales artificiales que pretenden simular una realidad concreta, hablamos de los artefactos generadores de realidad virtual. ¿Cómo distinguir la genuina realidad de una generada artificialmente? Todo parece indicar que esto va a depender de la capacidad de interacción de la virtualidad con la realidad de lo artificialmente generado y del grado de impredecibilidad que contenga la realidad virtual generada. De todas formas, lo que cabe inferirse en cualquier caso es que la experiencia sensorial será siempre una infinitesimal parte de la totalidad (que es la que a la ciencia interesa) la que finalmente seremos capaces de captar.

                Pero también es cierto que la distinción entre lo virtual o artificial de una realidad creada, no solo no es clara, sino que muchas de las maneras de conocimiento de las que somos acreedores muy bien pueden considerarse como virtuales: en muchos aspectos las abstracciones matemáticas los son, así como el ejercicio imaginativo, que no es precisamente portador de un conocimiento directo y, acaso porque nuestra propia experiencia sensorial tampoco lo sea.
De la realidad visible y la invisible. Francisco Acuyo


                ¿Significa (inferido de lo anteriormente señalado) que la realidad, independientemente de nuestra observación y experiencia, no tiene una realidad intrínseca? ¿O, simplemente, es que no la podemos apercibir directamente?

                Que tengamos que aceptar que el conocimiento que tenemos de la realidad es en el fondo virtual, hace de la realidad universal una problemática de resolución bastante delicada y de no fácil acercamiento por su compleja e insólita naturaleza. Nuestra propio acercamiento a la realidad no deja de ser antrópico, así como que todas nuestras respuestas o soluciones (científicas) a dicha problemática habrán de conducir a nuevos problemas que, a su vez, exigirán, nuevas explicaciones (K. Popper). Hasta aquí, me atrevo a conjeturar que es extremadamente difícil, si no es un craso error, la distinción radical y taxativa del sujeto que observa  y el objeto observado, todo lo cual nos hace mantener la ilusión de un yo capaz de distinguir objetos.

                A tenor de todo lo expuesto en la serie de reflexiones sobre la realidad que hemos llevado a cabo en estas entradas, es muy razonable pensar que la realidad puede ser ambivalente en tanto que responde a unas singularidades constatables en el ámbito de la ciencia de la física clásica y otras en el ámbito de la mecanocuántica, pero ¿es cierto que hay dos tipos de realidades en atención a su naturaleza y estructura? ¿Y, de ser así, qué papel juegan las matemáticas, habida cuenta que tanto en una y otra realidad son fundamentales para establecer pilares idóneos para su conocimiento? Sobre estas y otras cuestiones hablaremos en entradas posteriores de este blog Ancile.



Francisco Acuyo



De la realidad visible y la invisible. Francisco Acuyo



jueves, 4 de julio de 2019

SAINT- SIMON. FILÓSOFO Y SOCIÓLOGO LA SOCIEDAD INDUSTRIAL


Prosiguiendo con la figura de Saint-Simon, traemos la nueva entrada que lleva por título: Saint-Simon. Filósofo y sociólogo de la sociedad industrial, por el profesor Tomás Moreno.


Saint-Simon. Filósofo y sociólogo de la sociedad industrial, Tomás Moreno



SAINT- SIMON. FILÓSOFO Y 

SOCIÓLOGO LA SOCIEDAD INDUSTRIAL



Saint-Simon. Filósofo y sociólogo de la sociedad industrial, Tomás Moreno


El aspecto de su pensamiento reformador que gozó de mayor fortuna fue la idea de realizar una nueva sociedad o civilización fundada en el trabajo industrial, en la que la producción fuese centralmente planificada y los productores participasen del producto proporcionalmente a sus prestaciones. Como ha señalado Pierre Ansart, las grandes líneas de esta sociedad, de este nuevo modelo social,  pueden ya dibujarse en su tiempo, pues no harán más que confirmar procesos que están en marcha, entre los que el esencial es la extensión de la “industria, auténtico motor del progreso social”, con todas sus consecuencias sociales y políticas. Como escribía Saint-Simón ya en 1817: La sociedad entera reposa sobre la industria, entendiendo por esta palabra, no el sector manufacturero únicamente, sino todas las formas de producción y circulación: la agricultura, la artesanía, las fábricas y el comercio incluidas las ciencias y las artes que también participan en la producción.
Saint-Simon. Filósofo y sociólogo de la sociedad industrial, Tomás Moreno


            Del mismo modo que el sistema feudal tenía por fin colectivo la guerra y la defensa militar, el sistema industrial tendrá por exclusivo objeto la producción de bienes materiales e intelectuales, el dominio sobre la naturaleza y la satisfacción de las necesidades. Este sistema lleva dentro de sí una fuerza fundamental que acabará imponiendo la primacía de la “clase de los industriales”, la instauración de relaciones de "societarios" y no de dominio. En su célebre “Parábola Política” (Parabole des abeilles et des frelons)[1], Saint-Simón opone radicalmente las clases políticamente dominantes y parásitas, vestigios a sus ojos de la opresión feudal, y la clase de los industriales.    Una sociedad industrial significaría la eliminación de las clases parásitas y el advenimiento de los productores en conjunto, es decir, de todos aquellos que participan en la producción de las riquezas.

            Cuando en 1819 Claude Henri de Saint-Simón publica su famosa parábola, presenta brevemente lo que, a sus ojos, constituye el principio de la política positiva. El mismo título de Parábola que da a su texto es significativo del carácter místico y profético de la perspectiva abierta. Se trata, nada menos, que de hacer triunfar una nueva religión. Pero esta revolución espiritual tiene como meta no una ilusoria salvación en el otro mundo, sino la realización de la humanidad mediante la completa dominación de este mundo, lo que le aseguraría, infinitamente prolongadas y acrecentadas, la felicidad y la virtud.            La parábola recurre a la hipótesis de que Francia perdiese aquellos franceses “más esencialmente productores”; los que dirigen los trabajos más útiles a la nación y la hacen productiva en las ciencias, las bellas artes y las artes y oficios. Al menos sería necesario el paso de una generación entera para reparar aquella desgracia. Supongamos ahora que sean los grandes del reino, los nobles de alto rango, los ministros, los mariscales, los cardenales, los ricos, los grandes propietarios, quienes desaparecen: Ningún mal se seguiría de ello para el estado. Pero veamos con sus mismas palabras esta “parábola:
           
            Supongamos que Francia pierde súbitamente sus 50 primeros físicos, sus 50 primeros químicos, sus 50 primeros banqueros, sus 200 primeros comerciantes, sus 600 primeros agricultores. Como estos hombres son los franceses más esencialmente productores la nación quedaría convertida en un cuerpo sin alma. pasemos ahora a otra suposición; admitamos que Francia conserva todos los hombres de genio que posee en las artes y oficios; pero que tiene la desgracia de perder en el mismo día al señor hermano del rey, a monseñor duque de Angulema, a todos los dignatarios de la corona, a todos los ministros de estado, a los consejeros de estado, a los cardenales, arzobispos y obispos, y a los diez mil propietarios más ricos. Como los franceses son muy buenos, seguro que este accidente los afligirá mucho; pero esa pérdida no causaría pesar más que desde el punto de vista sentimental, porque de ella no resultaría ningún mal político para el estado[2].

            Este texto, aparecido en “L'Organisateur, llama a una revolución social que dé poder de gestión a los “industriales” o “clase industrial”, término que designa a los empresarios y magnates de la industria, a los financieros y banqueros; en ella incluye  también a los obreros especializados, los agricultores, los artesanos y a toda la comunidad laboriosa y productora: la porción de la sociedad que trabaja y crea riquezas y que constituye 24 de las 25 partes de la sociedad francesa en oposición a la clase ociosa y parasitaria que nada produce y se beneficia del trabajo ajeno (propietarios, clero, nobleza, militares, funcionarios), con vistas a eliminar a la clase política (aristocrática o democrática)  juzgada inútil. Por ello los discípulos de Saint-Simón serán preferiblemente hombres de negocios, ingenieros, constructores y administradores, más que políticos.

            Esa inclusión es lo que convierte a Saint-Simón en un “socialista” y no en un simple ideólogo de la clase empresarial, teórico exaltador del Industrialismo que, como algunos, erróneamente, han señalado sólo aspiraba al “gobierno de una oligarquía de capitanes de industria”, más cercano a una ideología crasamente tecnocrática que al ideal socialista. El concepto que Saint-Simón tiene de clase industriosa no es exactamente igual a la idea que modernamente tenemos nosotros de “clase industrial”. Hay que comprender que en la circunstancia histórica en que él escribe no están perfectamente separados los campos de la burguesía y el proletariado, pues juntos habían combatido en las barricadas de la revolución y su programa era solidario en la lucha contra el feudalismo y por el triunfo de los derechos ciudadanos. Como atinadamente destacará Engels, por este tiempo el desarrollo capitalista tan incipiente no había aún separado claramente los campos antagónicos del proletariado y de la clase burguesa.

Saint-Simon. Filósofo y sociólogo de la sociedad industrial, Tomás Moreno
            Saint-Simón no duda de que este nuevo modelo de sociedad que corresponde a la evolución general de las sociedades modernas, terminará convirtiéndose en el modelo de todas las sociedades europeas. La idea de una época “positiva” y científica gobernada por Científicos e “Industriels”,  vistos como guías naturales de los trabajadores y solidarios con éstos, en lugar de las “clases ociosas” de los nobles, religiosos y militares, fue desarrollada en colaboración con su discípulo Augusto Thierry en Sobre la reorganización de la sociedad europea (1814).

            Su última obra Le Nouveau Christianisme, dará un sentido místico- moral a estas aspiraciones. Como si temiera que la sociedad industrial no realizase espontáneamente la esperada “asociación”, Saint-Simón vuelve a afirmar que dicha sociedad tendrá que proponerse como objetivo primordial el de mejorar lo más rápidamente la existencia de la clase más numerosa y más pobre. Para poder alcanzar tal objetivo, sería necesaria una nueva religión civil que, recogiendo la inspiración primitiva del cristianismo - pero sin identificarla ni con el catolicismo ni con el calvinismo -, permitiera la reorientación de las energías y el alumbramiento de la sociedad industrial. Este “nuevo cristianismo” ha de fundarse en la ciencia (pintoresca antítesis) y promoverá el mejoramiento moral de las relaciones humanas. Como ha escrito Simone Debout: “Con El Nuevo Cristianismo se pasa de la Iglesia de Dios a la Iglesia de los hombres. […] En el futuro, la moral no estará ya fundada en el capricho o la revelación. Ligada a una política industrial […] constituirá una nueva religión enteramente Humana. Los gobernantes no serán, pues, solamente banqueros, sino sacerdotes”[3].

            Con mayor claridad que en sus escritos anteriores, Saint-Simón apela aquí a la acción de los industriales, inspirada por una teoría y una moral nuevas, para edificar la sociedad industrial, de la que, con más fuerza que nunca, se convierte en profeta.          Esta concepción de la sociedad industrial incluye una crítica de lo “político” y pide una nueva teoría política. En la sociedad industrial, que carece de precedente histórico, la política cambiaría radicalmente de sentido y contenido. El ejercicio tradicional del poder autoritario desaparecería para ser sustituido por una actividad social totalmente opuesta: la producción, “la administración de las cosas”. La administración de las cosas, la producción y la creación colectivas sustituirían definitivamente a la política en el sentido de un poder que se ejerce sobre las voluntades.

Saint-Simon. Filósofo y sociólogo de la sociedad industrial, Tomás Moreno
            Es comprensible que una teoría semejante, que une en una visión profética tantos temas provocativos, levantara entusiasmo y también indignaciones. Sentimientos igualitarios y asociacionistas se entreveran en su doctrina con planteamientos autoritarios, tecnocráticos y desnudamente productivistas y desarrollistas, dos tradiciones interpretativas de su posición política y económica difícilmente conciliables entre sí.             Una interpretación,  que hace de Saint-Simon, en el alba de la expansión industrial del siglo XIX, el teórico de la “tecnocracia industrial”, deseosa de conseguir una racionalización de la economía, que subordina la política a las directrices de la economía y que propone una nueva integración social en torno a los objetivos del desarrollo económico, mediante una “planificación industrial” susceptible de ser aceptada por todos (aunque, según sus partidarios, de ningún modo piense que este “plan” pueda ser decidido únicamente por algunos “managers” o tecnócratas especializados).

            Otra que tiene, por el contrario, a Saint-Simon por el fundador del socialismo y a su primer teórico. Proudhon pudo en efecto pensar que Saint-Simon, al afirmar la primacía de los “productores” sobre la política, prefiguraba las grandes líneas del socialismo libertario. Marx, que aseguraba que se “impregnó” de las ideas saintsimonianas durante su juventud, pudo pensar que al sostener la primacía de lo económico, el papel creador del trabajo, la urgencia de una revolución social, el advenimiento de una sociedad nueva caracterizada por la asociación de los productores, Saint-Simon habría esbozado las líneas generales de un socialismo utópico o romántico, pero aun no científico como el representado por el defendido por él y por F. Engels.

            Por su primera fase su figura puede ser situada en el enlace entre la tardía Ilustración y el positivismo naciente; por su última etapa, aparece como iniciador de la vertiente cientificista y tecnocrática del socialismo.



TOMÁS MORENO
 




[1] Cf. H. de Saint-Simon, Ouvres complètes, Ed. Anthropos, París, 1966. Para todo este epígrafe hemos extractado, en gran parte, el estudio de Pierre Ansart “La teoría policía frente a la sociedad industrial. Saint Simon y sus discípulos”, en Pascal Ory, Nueva historia de las ideas políticas, Mondadori, Madrid, 1992, pp. 150-166. Véase también Pierre Ansart, Sociologie de Saint Simon, PUF, 1971.
[2] Ibid.
[3] S. Debout, “Saint-Simon, Fourier, Prudhon” en Yvon Belaval (Dir.) Historia de la Filosofía, Siglo XXI editores, Vol. VIII, Madrid, 1979, p. 168. Curiosamente será Comte, uno de los primeros discípulos del Conde de Saint-Simón, quien, al final de su vida, llevará a cabo también la creación de una nueva Religión de la Humanidad, con su calendario, sus fiestas, sus ritos y presidida por su mujer Clotilde de Vaux. Extraña ironía de la historia, pues, el que se haya reservado semejante apoteosis mistico-religiosa póstuma a quienes se esforzaron tan seriamente por establecer una auténtica ciencia de la Sociedad.



Saint-Simon. Filósofo y sociólogo de la sociedad industrial, Tomás Moreno


lunes, 1 de julio de 2019

LA REALIDAD Y LOS LÍMITES DEL CONOCIMIENTO


Abundando sobre las nociones de la realidad, ofrecemos la entrada que lleva por título: La realidad y los límites del conocimiento, para la sección, Pensamiento, del blog Ancile.

La realidad y los límites del conocimiento, Francisco Acuyo


LA REALIDAD Y LOS LÍMITES

 DEL CONOCIMIENTO


No nos resulta extraña la aprehensión aquella que nos dice: cuánto más aprendemos sobre una interrogante de esta o esa ciencia, se abre una nueva gama más amplia y compleja de dudas e incógnitas a resolver, bien sobre cuestiones análogas, o bien muy diversas y nuevas surgidas a las ya resueltas ab initio. Si bien  esos límites de conocimiento son los que alientan a la ciencia para seguir la búsqueda de respuestas, es también un claro motivo para la reflexión sobre la posibilidad de agotar todas la preguntas con sentencias científicas acordes a las exigencias de sus respuestas. Al mismo tiempo debe surgir la inevitable tentación de mencionar la innombrable situación de posibles cuestiones incognoscibles.

                ¿Si en verdad, como todo parece indicar,  hay cuestiones que no tienen respuesta, lo serán en virtud de los límites de nuestra ciencia y de nuestro lenguaje? ¿Mas, cuáles serán esas problemáticas, interrogantes,  demandas de nuestro entendimiento que tan difícilmente obtienen respuesta según nuestro actuales conocimientos?

                Los acontecimientos sujetos al devenir azaroso, pongamos el acaecer de determinados números a la lotería, un lance de dados, el devenir mismo de nuestras vidas… nos remite al ámbito de las probabilidades que atienden a las reglas del juego de dados, lotería, acontecer existencial… ¿A qué realidad es a la que podemos acceder desde este ámbito que ofrece la naturaleza? ¿Es posible seguir la reglas deterministas de la ciencia para poder hablar con propiedad de esta dimensión de la naturaleza? Es más, ¿podemos conocer con precisión absoluta algo? ¿Podemos, en definitiva, predecir el acontecimiento futuro de un fenómeno sujeto a esta impredecibilidad (caótica) que parece dirigirlo?
La realidad y los límites del conocimiento, Francisco Acuyo
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                Un cambio en las condiciones iniciales de cualquier sistema complejo conduce seguramente a errores de cálculo sobre sus predicciones, aún más, parece que dichas predicciones exactas son imposibles. El caos en la naturaleza es algo incuestionable. ¿Es esta realidad de incertidumbre  el fin de cualquier seguridad de evidencia? A tenor de estas y otras interrogantes se ha desarrollado la ciencia del caos, que no hace sino tratar de dar algunas nociones sobre su funcionamiento para deducir si es posible extraer, sino leyes -del mismo- cao-, sí algunas aproximaciones a su realidad. En cualquier caso, es esta  realidad incierta del mundo un límite inexcusable al conocimiento determinista (buscado siempre con ansiedad por toda ciencia ciencia).  Mas, si admitimos esta limitación, ¿es la realidad real cuando de ella hablamos?

                Parece claro que no es esta la única frontera a nuestra posibilidad de entendimiento de la realidad del mundo. Veremos que los límites para nuestro conocimiento no sólo se extienden al ámbito de los sistemas complejos y dinámicos que nos rodean con su comportamiento caótico, la veíamos también en uno de los sustratos que fundamentan todo conocimiento científico, a saber, las mismas matemáticas[1] que, sustentan la estructura de la visión del mundo infinitamente pequeño, nos referimos el reino del cuantum[2], que no es precisamente determinable a los ojos de la razón ni de la ciencia determinista clásica[3]. Daremos nociones más concretas en próximas entradas de este blog Ancile.






Francisco Acuyo




[1] Ver anteriores entradas al respecto de la realidad y las matemáticas.
[2] EL universo subatómico
[3] Algo hemos adelantado al respecto en la anterior entrada.


La realidad y los límites del conocimiento, Francisco Acuyo


viernes, 28 de junio de 2019

SAINT-SIMON. PROFETA DE UNA NUEVA RELIGIÓN


Con el título: Saint-Simon. Profeta de una nueva religión, traemos un nuevo post para la sección, Microensayos, del blog Ancile; texto del profesor y filósofo Tomás Moreno.


Saint-Simon. Profeta de una nueva religión, Tomás Moreno

SAINT-SIMON. PROFETA DE UNA NUEVA RELIGIÓN  
 

Saint-Simon. Profeta de una nueva religión, Tomás Moreno


 Claude-Henry de Rouvroy, conde de Saint-Simón -descendiente del autor de las Memorias sobre la corte de Luis XIV, poseedor del mismo título nobiliario-  filósofo e historiador francés, nace en París en 1760. Educado en un ambiente aristocrático, tuvo como preceptor al ilustrado d'Alembert, según confiesa en sus Memorias, y muy joven conoció a Jean-Jacques Rousseau, lo que marcó un hito en su vida. Participó a los 19 años en la revolución americana, como miembro de una expedición militar francesa a favor de los insurrectos, regresando a su país con 23 años. Con menos de treinta años ya manifiesta su pasión fáustica por la ingeniería y por el dominio tecnológico de la naturaleza: en España presenta al rey un proyecto de canal para unir Madrid con el mar; para ello buscará la colaboración del banquero Conde de Cabarrús.
            Cuando regresa a Francia ya ha comenzado la Revolución. Asiste, sin una intervención activa, a los acontecimientos revolucionarios. Enemigo de los privilegios de la nobleza, llega a renunciar a su título nobiliario (1790), convirtiéndose en un simple sans-culotte. Encarcelado en 1793 en el Luxembourg, durante el Terror, por Orden del Comité de  Salvación Pública, acusado de  negocios o especulaciones financieras fraudulentas, tuvo allí, como en sueños, una especie de aparición alucinada de la imagen de Carlomagno quien le profetizó éxitos filosóficos que igualarían a los suyos en el campo de batalla. A partir de ese instante se consideró su descendiente y llamado a un gran destino histórico. Se cuenta que cada mañana el ciado encargado cada mañana de despertarle, le decía: “Recuerde, señor conde, que tiene usted que hacer grandes cosas”.En octubre de 1794 se le pone en libertad.
Saint-Simon. Profeta de una nueva religión, Tomás Moreno            Durante más de veinte años había tratado de encontrar un método científico para descubrir una Ley General de los sucesos y hechos sociales semejante a la Ley de la Gravitación newtoniana que explicaba la totalidad de los hechos físicos del universo. A su consecución dedico estudios e investigaciones de manera infatigable: estudió cuatro años matemáticas, después cursos de medicina y fisiología; se relacionó con los científicos e investigadores más importantes de Francia. Comenzó a escribir durante el Imperio Napoleónico. En 1801 contrajo matrimonio con una literata noble Sphie Goury de Grandchamp, y al año siguiente se divorcia. En su primera obra, ya en su madurez vital con 43 años, Cartas de un habitante de Ginebra a sus contemporáneos (1803) traza los grandes rasgos de lo que será su sistema filosófico. Propugna en él un gobierno inspirado en Newton, constituido por matemáticos, físicos, químicos, fisiólogos, literatos, pintores y músicos. Marcha a Alemania para conocer su nivel científico, que le decepciona. En esa época conoce la miseria  económica. Pide ayuda a todos sus conocidos, que, incluso, solicitan para él una pensión de Ministerio del Interior, que rechaza. Su antiguo criado Diard lo acoge generosamente y le ayuda económicamente a editar su  Introducción a los trabajos científicos del siglo XIX (1808) en el que por vez primer analiza su “física social” que se convertirá con el tiempo en nuestra “sociología”. También se dirige a los intelectuales y a los gobiernos demandando una reorganización social presidida por un sistema unitario del saber. Con 54 años Saint Simon comienza a encontrar sus primeros discípulos: en 1814 el historiador Augustin Thierry, Léon Halevy, y otros. El conocido banquero Lafitte se convierte en su mecenas, asignándole una elevada pensión mensual y sufragando su revista “L’Industrie”. Se relaciona con financieros, científicos y artistas.
            La popularidad  ya le alcanza: Béranger, vedette de la canción popular compone una canción sobre él, que canta Rouget de L’Isle y Lafayette[1]. Gentes del pueblo y magnates de las finanzas lo reconocen. De 1817 a 1824, tiene como colaborador al joven Augusto Comte, de 19 años, futuro fundador de una “religión secular rival” (el positivismo),  que llega a decir de su maestro -al modo de un Juan el Bautista redivivo-  que será el “profeta que debe salvar al género humano”.
            Tiene 59 años cuando escribe y publica, ya en plena restauración monárquica su célebre Parábola política (1819). Además de la Parabole, propone un modelo de gobierno con tres Cámaras: una cámara de invención, en la que estarían los ingenieros, escritores y artistas (los jóvenes franceses de mayo del 68, hablarían de “la imaginación al poder”); una cámara de examen en la que estarían los hombres de la Razón: matemáticos físicos y fisiólogos; y una cámara de ejecución, en la que se reunirían los más prósperos industriales. Le siguen otras dos obras Del sistema industrial (1820-22) y “El catecismo de los industriales” (1823-24), compuesto por cuatro cuadernos, en tres de los cuales colabora Comte. Por esas fechas, 1819-20, edita el periódico L'Organisateur, en donde ha publicado su famosa “parábola” sobre la inutilidad de la aristocracia y demás clases improductivas. En 1823, tras perder  el favor de su amigo Lafitte, tiene una tentativa de suicidio, la bala sólo afecta “la apófisis del ojo”.
         
Saint-Simon. Profeta de una nueva religión, Tomás Moreno
  
A las pocas semanas del incidente, tuerto pero restablecido, conocerá a nuevos y decisivos discípulos (los hermanos Eugène y Olinde Rodrigues, banqueros y Politécnicos y a Prosper Enfantin, también Politécnico, el doctor Bailly  y Duvergier;  aunque pierda a uno de los primeros y más queridos: Augusto Comte, cuya manía persecutoria empeorará con la edad: tras seis años de unión afectiva e intelectual al sospechar que quiere apropiarse de sus ideas filosóficas
            Tras su ruptura con Comte, su pensamiento asume un carácter marcadamente ético religioso y señala como fin último de la reorganización científica de la sociedad la mejora de las condiciones de la “clase más pobre y numerosa”. En su inconcluso El Nuevo Cristianismo (1825), dejó a sus seguidores un mensaje social por el que  puede incluírsele entre los “socialistas utópicos” y también entre los fundadores de una nueva religión secular, social o civil: un Nuevo Cristianismo. Las últimas líneas del libro que dejó inacabado dicen así: “¡Príncipes!: Escuchad la voz de Dios, que os habla por mi boca; volved a ser buenos cristianos, dejad de considerar los ejércitos a sueldo, los nobles, el clero herético y los jueces perversos como vuestro principal sostén; unidos en nombre del cristianismo, sabed cumplir con todos los deberes que éste impone  al os poderosos; recordad que él les manda emplear sus fuerzas en acrecentar, lo más rápidamente posible, la felicidad social del más pobre”[2].
            Este fue el último descubrimiento de Saint-Simon: que la humanidad tiene un futuro religioso, que sólo una regeneración religiosa podrá organizar y sustentar la felicidad social. El 19 de mayo de 1825, el profeta de esa nueva religión fallece en París. Su periódico Le Globe, publicará, poco tiempo después, esta  especie de testamento espiritual del gran reformador francés destinada a Rodrigues y demás discípulos: “La última parte de mis obras, el Nouveau Christianisme, no será comprendida inmediatamente. La gente creyó que debía desaparecer todo sistema religioso. Fue una equivocación; la religión no puede desaparecer del mundo, solo se transforma […]. Para hacer grandes cosas hay que ser apasionado […]. Toda mi vida se resume en un único pensamiento: asegurar a todos los hombres la mayor libertad posible para que puedan desarrollar sus facultades. El partido de los trabajadores se constituirá cuarenta y ocho horas después de haber salido nuestra segunda publicación. El porvenir es nuestro”.              

TOMÁS MORENO




[1] Dominique Desanti, Los socialistas utópicos, Editorial Anagrama, Barcelona, 1973, pp. 73-177. En las calles parisinas, fábricas y talleres se escucha esta chanson: “He visto a Saint-Simon, el profeta / Primero rico, después con deudas / que, desde la base hasta la cima / Rehacía la sociedad / Rico por su obra iniciada / Viejo, para ella, tendía la mano / Seguro de que  abrazaba las ideas / que debían salvar al género humano” (Ibid, p.89).
[2] Sébastien Charléty, Historia del Sansimonismo, Alianza Editorial, Madrid, 1969, pp. 30-32.





Saint-Simon. Profeta de una nueva religión, Tomás Moreno

martes, 25 de junio de 2019

LA REALIDAD DE LO PROBABLE


Traemos para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, la nueva entrada que lleva por título: La realidad de lo probable.


La realidad de lo probable. Francisco Acuyo


LA REALIDAD DE LO PROBABLE



Es del todo asumido por la ciencia (de la física) que la realidad de lo ínfimamente pequeño (física cuántica) está sujeta a una dinámica probabilística que entrelaza materia, espacio, tiempo y energía. En verdad que asunción de la realidad cuántica pone en evidencia la realidad del sentido común (también lo hace la teoría de la relatividad general), exponiendo no solo la incuestionable verdad de que los sentidos nos engañan, acaso también lo más íntimo de nuestras convenciones sobre lo que la realidad del mundo sea.

                La estructura del mundo (de la realidad) concebida desde los presocráticos hasta nuestros días ha sido (y es) puesta en cuestión de manera sistemática hasta la imprevisible y revolucionaria óptica aportada por la física (de partículas y de la relatividad). Si la realidad en matemáticas, como veíamos en anteriores entradas, era asunto de grande complejidad y no menos controversia, no lo será menos en el ámbito de lo estrictamente físico, aun con el eco de lo grabado en la entrada de la Academia: Que no entre nadie que no sepe geometría, si es que lo que gobierna el mundo y las ideas y el número[1]. En cualquier caso, el universo newtoniano parecía tener las claves para un conocimiento sensato del mundo real donde el tiempo recorre un espacio en el que las partículas está en movimiento atraídas por diversas fuerzas, visión que se iría completando con la asunción del concepto de campo hasta llegar a la revolución relativista y cuántica, que habría de poner patas arriba el entendimiento doméstico de la física. No insistiremos en detalles de esta revolución por no reiterar lo avanzado en otras ocasiones al respecto, digamos solo que la concepción absoluta del tiempo y del espacio habría de quedar en entredicho, y con ella, la visión clásica del mundo newtoniano, ya no
La realidad de lo probable. Francisco Acuyo
hablamos indistintamente de tiempo y espacio, sino del continuo espacio temporal que está íntimamente integrado con la materia misma. Mas lo más pequeño de la materia iba a responder a una realidad que se sitúa al margen de las supuestas realidades incuestionables del tiempo y del espacio, de hecho, las partículas no podrán ser localizadas y definidas en un momento dado, sino en determinados instantes, que serán precisamente en los que están interactuando, su realidad es una realidad abstracta (probabilística) que toma cuerpo tan solo en la interacción con otros cuerpos. La determinación clásica aquí no tiene ningún sentido, la incertidumbre reina en los dominios cuánticos y a lo que podemos aspirar es a un cálculo de probabilidad de su aparición constatable, este indeterminismo traza las directrices del mundo subatómico que indica que esta es la realidad de la naturaleza en esta escala de la realidad del mundo. El conocimiento e información es inevitablemente limitado. De hecho, la realidad no tiene ningún sentido sino es en virtud de la interacción señalada.

                La realidad parece adquirir a la luz de estas revoluciones científicas un carácter extraño a la visión tradicional de entendimiento del mundo, donde nadie cuestiona la objetividad, valga la redundancia, de los objetos. Las relaciones (probabilísticamente calculadas) son las que dan realidad al mundo, un mundo más que de objetos, de acontecimientos singulares imbuidas en no menos particulares procesos que manifiestan muy diversas interacciones.

                La cuestión de la realidad no parece cosa nada baladí en cuanto que, aunque sea de manera momentánea y apresurada, reflexionamos sobre ella. Al principio apuntábamos a las matemáticas y su implicación a la hora de interpretar lo que aquella pudiere ser (también hacíamos alguna anotación apremiada en relación a la poesía); vemos que también no es cosa fácil en el territorio de la ciencia materialista por excelencia, la física. Seguiremos indagando en este ámbito en próximas entradas.







Francisco Acuyo





[1] Yámbico de Calcis, Summa pitagórica, Gredos, Madrid, 2003.



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