domingo, 20 de septiembre de 2026

CENTÓN, DE ANTONIO SÁNCHEZ TRIGUEROS, INTRODUCIDO POR ANTONIO CARVAJAL

En esta entrada del blog Ancile, para la sección de Poesía, y porque nos gusta especialmente seguir la estela de esa extravagante jerarquía de raros ingenios que pocos aprecian y menos aún reconocen, bajo el título de Centón, traemos versos de nuestro muy querido amigo y admirado profesor Antonio Sánchez Trigueros, sabiamente introducidos por el gran poeta y avisado intérprete, Antonio Carvajal, para delectación de los más exquisitos paladares.



CENTÓN, DE ANTONIO SÁNCHEZ TRIGUEROS, 

INTRODUCIDO POR ANTONIO CARVAJAL 



Antonio Carvajal




Antonio Carvajal

De la Academia de Buenas Letras de Granada

 

Escribió un comentarista del poeta latino Juvenal que centón es un tejido de lanas con diversos colores. No tiene por qué ser de lana, pueden ser telas diversas, retales y hasta andrajos, y así se elaboraban capas, capotes, jubas, jubones, mantas, alfombras, fundas de almohadas, tapetes y todo lo que hoy cubren las jarapas, tapices coloridos tejidos de harapos. Quedaba más bonito en latín de humanista: Centonem vocant Carminis genus, ex diversis Carminibus, et Carminum fragmentis hinc, atque illinc, accersitis contextus, cuasique consutum. El buen español que citaba a Juvenal y su comentarista y a Erasmo escribió que “con los doctos hablo, por eso no traduzgo el latín”; yo, no; el latín no se habla ni en misa y a las versiones de la IA les falta sensibilidad. La malo es que no soy buen latinista, pero sé salir del apuro: se llama centón un género de poema entretejido y como cosido de poemas diversos y de fragmentos de otros tales y cuales poemas. Antes he dicho jarapa, suena demasiado andalusí, huertano de Murcia o alpujarreño. Se entiende universalmente si lo traduzco por collage.

Estoy tejiendo mi texto con jirones de la aprobación que escribió fray Juan de la Plata para la “Égloga fúnebre a don Luys de Góngora de versos entresacados de sus obras por don Martín de Angulo y Pulgar, natural de la ciudad de Loja”. Hablaba en plata, y dijo fray Juan, que el poema de centones es forma de pocos usada y no de todos entendida, por lo que se vio en la necesidad de explicar el término propio (cierta especie de toga o túnica tejida de varios hilos y colores) cuyo uso se extendió para nombrar un texto literario tan intertextual que se entreteje de textos ajenos, casi siempre fieles al texto saqueado y variados poco si la necesidad lo impone. Es difícil de hacer (bien), requiere talento y aplicación, tan buena educación como estudio y memoria: y arte. ” Escribir versos es tan decrépito ejercicio que ya caduca en el aprecio humano”, dice de la Plata, y añade: “pero ordenar centones de poemas ajenos es tan singular, si no moderno, que son rarísimos los que han acometido esta empresa”.

Era moderno y lo sigue siendo. Era y es singular y raro, y es muy moderno: hablo de don Antonio Sánchez Trigueros, muy antiguo y muy moderno, audaz, cosmopolita, con Valle fuerte y los Machado ambiguo y una sed de ilusiones infinita, y de su centón en homenaje a Rubén Darío construido con las mejores flores de poetas ilustres de su tiempo, desde Valle Inclán y Unamuno, pasando por Antonio Sánchez Rodríguez y Villaespesa, hasta Juan Ramón Jiménez. Sánchez Trigueros incluye a poetas ya muertos en 1916. Por si un día se le ocurre hacer un centón con vivos en el siglo XX, me apunto el primero, con este centón: Padre y maestro mágico, liróforo celeste, cerdo triste.

Ya publicado en “Paraíso”, revista de Jaén, velay el centón de don Antonio: 

 

Rubén Darío

POMPA Y EXEQUIAS DE RUBÉN DARIO


«Dejando escrita en todos larga historia»

(Boscán)

Un corresponsal de las Américas envía desde

Nicaragua una crónica en la que escribe que,

después del desfile fúnebre por las calles de

León, donde una doble fila de canéforas,

de túnicas blancas, iban esparciendo pétalos

de rosas entre la multitud, en la plaza de la

Catedral se organizó una ofrenda al poeta.

En ella virtualmente participaron con su

homenaje y tristeza los viejos amigos de la vieja

España que al pasar depositaban un verso de

arte mayor a los pies del ataúd, al tiempo que

la escolanía entonaba eI himno de despedida,

que glosaba el verso citado de Boscán.


 

Antonio Sánchez Trigueros


Y en el negro catafalco te vi inmóvil.

Amaba ardientemente a la princesa,

En tus manos blancas está el abanico,

Sintió el halago de los finos dedos,

Yo te bendigo en nombre de la belleza.

 

Ya la zarabanda de duendes galopa

A ese gigante mundo del poeta.

En ti me vi volar sobre mí mismo,

Encerrar mi dulzura y mi angustia en un verso.

 

Abrirá nuestras venas un alfiler de plata.

Vedle erguido a las luces crepusculares,

Dime el encanto que cae en la campiña,

Después nos llevaremos el crepúsculo a casa.

 

Guarda el tiempo el enigma de las formas,

Tiembla la sombra elástica de un tigre,

Sigue sin rumbo el cisne solitario,

Del último acto nada nos escuda.

 

Suena la flauta pánica y el bíblico laúd

Y el violonchelo llora con un sollozo humano.

Alegre salmo y lúgubre lamento,

Hasta la guitarra crujió protestando. 

 

Tengo... ¡qué sé yo!... nada...El corazón partido!

En este ambiente late un silencio sin fin,

Como el humo en el aire se ha dormido

Y se duerme en el sueño sin sueños de la nada.*

 

 Centón de Antonio Sánchez Trigueros

 

*Texto de 25 versos de otros tantos poetas (uno por poeta). todos ellos feudatarios de Rubén Darío. Como es escena de ficción, se admiten algunas presencias de difuntos. Los poetas son los siguientes: Enrique Diez-Canedo, Luis Fernández Ardavin, Fernando Fortún, Pedro Luis de Gálvez, Ricardo Gil, Andrés González-Blanco, Juan Ramón Jiménez, Rafael Lasso de la Vega, Antonio Machado, Manuel Machado, Eduardo Marquina, Gregorio Martínez Sierra, Enrique de Mesa, Tomás Morales, José Moreno Villa, Francisco Navarro Ledesma, Ramón Pérez de Ayala, Manuel Reina, Arturo Reyes, Salvador Rueda, José Sánchez Rodríguez, Ramón del Valle-Inclán, Miguel de Unamuno, Francisco Villaespesa y Antonio de Zayas






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