martes, 5 de octubre de 2010

ROMAN JAKOBSON: SOBRE LINGÜÍSTICA Y POÉTICA

Exponemos en esta entrega de nuestra bitácora una suerte de aproximación e interpretación de la obra de Roman Jakobson, Lingüística y poética, a la luz de criterios de la disciplina y la ortodoxia lingüística así como por vía de una exégesis algo más heterodoxa (más poética que lingüística), con un carácter en cierto grado, excéntrico, como acaso no puede ser de otra manera, si es que, como es el caso, será un poeta quien interprete el funcionamiento del lenguaje reconocido como genuinamente poético.





SOBRE LINGÜÍSTICA





Y POÉTICA


Roman Jakobson: sobre lingüística y poética, Francisco Acuyo


I

A MODO DE SINTÉTICA INTRODUCCIÓN quiero hacerles una breve semblanza de la lectura del influyente ensayo Lingüística y Poética, de Roman Jakobson, mas no antes sin advertir muy seriamente de las seguras limitaciones de su análisis; limitaciones, digo, producto de la indubitable parcialidad de la exposición de aquel que suscribe estas modestas líneas con tan torpe como apremiante discurso. No obstante, si en ellas se apresura quien les habla, quiere mostrar en su premura que su parcialidad radica no tanto en la falta de interés y aviso por la lectura que nos ocupa (sin duda fundamental para la Teoría del Lenguaje Literario), sino porque las inclinaciones que ocupan la mente y el corazón de quien este momento tan desmañadamente se justifica, desequilibran la balanza en pos del uso (y acaso del abuso) práctico del mismo fuego (que diría Lorca)* y que se hace expreso gracias al lenguaje literario, mas centrado en el manejo del verso, cuyas singularidades (tengo que confesarlo) me dan muchas veces la impresión que sobrepasan mis parcos conocimientos sobre lo que la poesía sea y que, como el mismo Jakobson reconocía, en todas sus singularidades no convendría limitarlas exclusivamente al elemento lingüístico, acaso también sería conveniente a los ámbitos literarios, filosófico, estético, antropológico... que puedan dar alguna luz más sobre lo que la poesía es, aun reconociendo (así me lo parece a mí al menos) a aquella como autosuficiente, autónoma y autóctona con unas exigencias interpretativas igualmente singulares.

Pero no será esta la cuestión a debatir en este instante (emplazamos tan interesante discusión para mejor oportunidad),* y nos centraremos en el documento aportado por Jakobson en el Congreso de 1958 sobre el estilo literario que, como dijimos se intitulaba: Lingüística y Poética.

Adelantaré algunas concepciones básicas del formalismo que puedan detectarse fácilmente en el discurso jakobsiano en su concepción del fenómeno poético como singularmente lingüístico, y que a la postre servirán para la mejor comprensión de su ensayo.

Roman Jakobson: sobre lingüística y poética, Francisco Acuyo
Veremos la idea de constructo singular que tiene del verso en base a un patrón rítmico (previamente estudiado por Tomachevski), y donde, en sentido amplio, el ritmo se entiende como una alternancia regular en el tiempo de fenómenos fónicos comparables; concepto que, como veremos, Jakobson, superaría ampliamente. Observará también la idea formalista de que el ritmo no depende de forma exclusiva de los acentos y su distribución, el fenómeno denominado y reconocido como isocronismo.

La idea jakobsiana general sobre el ritmo gira en torno a aquél ritmo significativo, propio de la poesía, mediante el cual nos anticipamos respecto de sus repeticiones e intervalos, encontrándonos ante lo que denominaba como tiempo de la expectación; del cual deduce que la poesía no puede identificarse únicamente por sus características métricas, y es que, según los formalistas, hay poesía sin metro, pero no sin ritmo.

Los desvíos detectables serán, en poesía, momentos de anticipación frustrada, causantes, en consecuencia del efecto estético del poema, mas siempre en relación con la paridad desvío-canon.

Anticipamos también en Jakobson el rechazo de otros formalistas respecto a las viejas categorías, como pueden ser el pie de verso, para reconocer otra unidad autónoma capaz de observar el significado del ritmo y, cómo incide éste, según su lugar predominante sobre aquel (ritmo); infiriéndose las necesarias relaciones entre la prosodia y la semántica, cuestión esta que, si no me equivoco, anticipaban ya algunos estilistas (aunque llegando a muy diferentes conclusiones), véase Dámaso Alonso en: Poesía Española;* así la estructura no se percibe sólo fonética, sino fonémicamente: como interacción entre el sonido y el significado, para colocarse, al fin, en una perspectiva netamente lingüística. A partir de aquí, deduce Jakobson los tres métodos para marcar las señales significativas; distingue: 1-ACENTUACIÓN, 2-TONO y 3- CANTIDAD. Mas cada lengua elegirá como base el ritmo que tenga mayor importancia ( por ejemplo, la poesía griega, el 3, cantidad; la española el 1, acentuación).

Del carácter artificial o construido de la poesía, en la jerarquía de elementos que la conforman, trascienden el prosódico, debiéndose tener en cuenta, además los extralingüísticos, tales como los aprotados por la tradición, los clásicos, las lenguas extranjeras...) habida cuenta de que el patrón lingüístico no puede ser traspasado ni siquiera por el poeta.

Anticipándonos muy brevemente a la conferencia que nos ocupa diremos que, en una primera parte veremos que la denominada función poética se orienta hacia el propio mensaje, esto porque en la lengua literaria no sólo existe dicha función poética, sino que esta es la que predomina fundamentalmente; en una segunda parte hablará del principio de equivalencia en el lenguaje literario, el cual viene a presentarse como axioma matemático en poesía, pues será gracias al juego de equivalencias (fonéticas, semánticas, sintácticas...) que se detecta precisamente dicho lenguaje poético. Pero estas equivalencias están destinadas a dificultar la comprensión, pero teniendo en cuenta que aquellas no pueden entenderse sólo como fenómenos formales, pues en virtud de dichas equivalencias se determina el significado del mismo discurso poético.




II




SI ALGUNA, AL MENOS, DE LAS VERDADERAS y eminentes autoridades ante la conspicua, insigne y eximia dignidad de su eminente ciencia, hubieren reconvenido tan siquiera un instante con quien ahora suscribe tan apresurado vuelo en su discurso, una noción tan sólo que le satisficiese de lo que integralmente la poesía fuera de aquella proposición en este ni en ningún otro instante (acaso porque poeta), no podría ni querría sustraerme: y es que la poesía, en su presunta unidad conceptual, es resultado manifiesto de una polivalencia que bien puede describirse como poseedora de una singular naturaleza, la cual afecta al arte literario, y acaso también a otras artes, mas siendo siempre particularmente expresiva; así también se manifiesta a nuestro juicio como forma peculiar de pensamiento (estético y para-estético), incluso como una epistemología en principio de enigmático rango que la viene a situar en una rara disposición para aprehender el mundo como totalidad.

Así, si Jakobson(1) nos advierte del injustificado divorcio entre la crítica (o poética)(2) y la lingüística, todo ello no es, ante nuestros atónitos ojos, sino la pálida e injusta referencia ante las innumerables escisiones reduccionistas a las que, de forma permanente, ha sido sometida la ciencia (especial y) viva en la paradoja,(3) y que nosotros denominamos poesía.

Se nos antoja que urgiera al erudito y avisado, mas, sobre todo al poeta mismo, quien debiera tal vez como nadie prestarse a su ejercicio: ¿limpio de mente y corazón? (y si no ajeno al saber de cualquiera disciplina que habilite para su conocimiento, o, aun sabiendo perfectamente de todos y cada uno de los mecánicos motores o de los etéreos entresijos de su rara ciencia): que no debe obviarse bajo ningún concepto su naturaleza viva, cuyo atributo primordial será su dinámica totalizadora e indivisible.

Centraremos, no obstante, nuestra modestísima indagación en la labor de Jakobson sobre la escisión, tradicionalmente proverbial, entre la lingüística y la poética, mas, sin atender a las entidades que vienen a denominarse como extralingüísticas que, aun cuando excedieren todos los límites de sus consideraciones eruditas, no deben obviar su segura incidencia los lectores avezados y avisados de poesía.

Roman Jakobson: sobre lingüística y poética, Francisco Acuyo
De cualquier forma, Jakobson, viene a afrontar la problemática de la separación lingüístico-poética exponiendo aquella interrogante que resultará a la postre esencial en el ámbito de la teoría del lenguaje literario; a saber: ¿Qué hace que un mensaje verbal sea una obra de arte? Se verá, evidentemente, que el objeto principal de la poética se centra en los problemas de índole o carácter estructural, de lo que, a su vez, cabe inferirse que aquella (la poética, decimos) se distingue como el arte verbal por excelencia, así, también se diferencia respecto de otras artes y de otros tipos de conducta verbal; es por esto que la poética, según palabras del propio Jakobson, estará destinada a ocupar un puesto de preeminencia dentro de los estudios literarios.(4)

No obstante de lo ya adelantado, si reflexionamos sobre el alcance de la propia lingüística, tendríamos que reconvenir que su disciplina científica debe englobar así mismo la estructura verbal y, por ende, la poética, debiendo conformar ésta última parte obligada y necesaria de la lingüística. Esto es así, aun cuando los diferentes argumentos exhibidos en contra tradicionalmente, no han sido determinantes para disociar ambas disciplinas, aun cuando los recursos de la poética no se han de limitar al arte verbal (vease las diferentes posibilidades de adaptación de creaciones literarias a otros ámbitos artísticos de muy diversa índole), lo cual, no viene a demostrar otra cosa sino que las diferentes artes son susceptibles de comparación. Ahora bien, es cierto que también podemos reflexionar un instante para ver si, uno de los aspectos coincidentes entre esta o cualesquiera otra arte verbal, pueda ser, precisamente, lo que según las especiales características del texto puede considerarse como genuinamente poético.

Proseguiremos en aquel punto, mas sin entrar en otras controversias con el análisis jakobsiano. Sabemos que los problemas una vez presentados por el barroco (acaso trasladables a cualquier otro período o estilo histórico), conllevarían forzosamente traspasar los límites de un solo arte. A partir de aquí, lo que añade, se nos antoja de una gran relevancia en tanto que aquellos rasgos poéticos forman parte, no sólo de la ciencia del lenguaje,(5) sino que también se encuentran totalmente implicados en el ámbito de la teoría de signos (semiótica general), y es que, partícipe de ese rasgo singular pansemiótico (es decir que contiene rasgos poéticos que no serán propios sólo del arte verbal), puede participar también con cualquier otros sistema de signos.

Veremos más tarde el alcance de tal afirmación (¿no suficientemente explotada y derivada por Jakobson?), y las consecuencias deducibles de ella pero, por ahora, indaguemos en otra grave objeción que se infiere y que puede llevarnos a la conclusión de que muy bien no tiene que ver con la literatura: obsérvese con un poco de atención que las relaciones que se establecen entre la palabra y el mundo no serán un problema que se cierre de manera exclusiva con el arte verbal, extremo que puede extraerse fácilmente reflejo en cualquier tipo de discurso; ahora bien, estos valores de verdad, si exceden los límites de la lingüística (y en lo que afectan a la poética como parte integrante de aquélla), ¿también sobrepasan los valores intrínsecos de lo que, casi siempre de forma intuitiva, entendemos que constituyen el ser de la poesía?

En otro orden de cosas ¿es cierto, pues, que aquella valoración (como poética) se sitúa más allá del ámbito de lo lingüístico? Dice Jakobson que en realidad cualquier conducta verbal tiene un propósito aunque los objetivos sean diferentes, y esto porque la correspondencia es mucho más cercana de lo que en principio cabe pensarse (sobre todo por parte de los críticos), pues los fenómenos lingüísticos en su extensión espacio-temporal tienen correspondencia en el mismo ámbito de espacio-tiempo que aquel que se pensó propio de los modelos literarios. Nos dice que la confusión entre estudio literario y la crítica puede ser uno de los factores determinantes de esta diatriba, por lo cual estima que: los estudios literarios, de igual manera que la lingüística, enfrentan dos grupos de problemas sincrónicos y diacrónicos(6) y sólo en momentos muy determinados justifica la distinción entre poética y lingüística.(7) Y es que, aunque (¿lo predominante sea la formación de ideas?) en el lenguaje(8) no puede la lingüística descuidar los factores secundarios, elementos emotivos(9) que, aunque son clasificados como elementos no lingüísticos del mundo real, forman parte ineludible del fenómeno literario en general y del poético particularmente. No podemos menos que hacer un inciso para detectar una reminiscencia sobre la clarividente visión anticipatoria de Dámaso Alonso(10) a este respecto y sobre la rigidez de los presupuestos estructuralistas saussurianos.

Será en este instante cuando Roman Jakobson hará gala y despliegue de su célebre aparato funcional del lenguaje,(11) desde el cual poder colegirse que la función predominante del mismo será aquella que marque la estructura verbal del mensaje. Será, por tanto, para nuestro autor la función emotiva (o expresiva) la que se dirige singularmente hacia el hablante, el cual, aspira de forma precisa a una expresión directa, la cual vendrá marcada por la actitud del que habla hacia aquello que está diciendo. Prefiere Jakobson el término emotivo(12) al emocional, concluyendo que no podemos restringir el lenguaje (máxime si éste entendido como información) al aspecto netamente cognitivo. Hoy nos parece (en buena parte gracias a él) del todo evidente que la longitud y la brevedad, al ser invariantes ejecutadas por fonemas variables, sean consideradas como unidades emotivas más que como simples variantes fonemáticas.(13)

Las referencias llevadas a cabo hacia la lógica moderna para distinguir entre el lenguaje de objetos y el metalenguaje,(14) sirve principalmente para centrarse en la función poética como la que manifiesta una tendencia inclinada hacia el mensaje como tal, por lo que puede entenderse que, a partir de ahora, se plantee como erróneo el hecho de estudiarla (la poética, decimos) fuera de los problemas generales  promover la cualidad evidente de ellos, por lo que la lingüística, en lo referente a la función poética, no puede limitarse únicamente al campo de la poesía.(15)
Roman Jakobson: sobre lingüística y poética, Francisco Acuyo
del lenguaje, por lo que, además, será fundamental la decidida consideración en el análisis del lenguaje de la función poética. La conclusión será por otra parte lógica, sobre todo si observamos que esta función, aun no siendo la única que posee el arte verbal, sí será la mas determinante y sobresaliente, por lo que el resto de actividades verbales pasarán a ser accesorias (o subsidiarias); se observará también con mayor profundidad la dicotomía de signos y objetos  y la necesidad de 

Mas ¿en qué consiste el criterio lingüístico empírico de la función poética? Interroga Jakobson, a lo que nosotros podemos añadir ¿será este único y acaso suficiente? Estas consideraciones estimamos serán, cuando menos, de interés para la cuestión de si la poesía es ese arte (¿ciencia o saber?) cuya contemplación, estudio y presunto análisis es posible a la luz solamente de la lingüística, la literatura y la poética, en cuanto disciplina que puede considerarse aneja de ambas, o si, además de esa observación evidente, cabe empezar a considerar la posibilidad de que la poesía, como entidad autónoma, es capaz de explicarse a sí misma.

No obstante, Jakobson, fija su atención una vez más en la necesaria implicación lingüística de la poética recordándonos los modelos básicos que vienen utilizándose en la conducta verbal,(16) para dejar claro que la función poética proyecta el principio de la equivalencia del eje de la selección sobre el eje de combinación,(17) y donde los elementos secuenciales tienen una repercusión fundamental en dicha equivalencia (situación de los acentos, las sílabas, las moras...) siendo esta característica la clave para distinguir la poesía del metalenguaje (del habla), porque éste usa la secuencia para generar y plantear la ecuación (lingüística), mientras que la poesía establece la ecuación con el fin de garantizar la formación de una secuencia. Además, la métrica de dichas secuencias será un recurso inaplicable fuera de la función poética en el lenguaje.

Roman Jakobson: sobre lingüística y poética, Francisco Acuyo
El tiempo musical (la reiteración de unidades equivalentes donde se experimenta el tiempo de la fluidez del habla) nos lleva a un nuevo planteamiento que debe responder a la interrogante: ¿se puede llamar poesía a todo el verso? Cuestión que desde luego no nos resulta novedosa pues ya era advertida por Aristóteles en su poética,(18) o por Leissing en su estudio de contraste del tópico ut pictura poiesis,(19) y que nos sirve para debatir los límites de la poesía al tiempo que la función poética del verso más allá de la poesía, amén de su utilitario carácter de base (o criterio) importante para debatir sobre lo que la poesía verdaderamente sea y, en fin, para mostrarnos que el análisis del verso es cuestión que compete de forma exclusiva a la poética, mas siempre como elemento integrante de la lingüística. No obstante, distingue entre la poesía y la función poética por verterse otras funciones del lenguaje donde la facultad versificadora(20) se sitúa fuera de la poesía misma (21) y que, a nivel particular, nos hace reflexionar sobre si es necesaria una poética (lingüística) al uso de la lengua en general y otra poética (de la poesía) poética, en tanto de aplicación, contemplación y estudio del fenómeno de la poesía en sí, con todas aquellas connotaciones lingüísticas, literarias y extraliterarias y extralingüísticas que la poesía, en su extraordinaria dinámica, vive y es, y que desde ella misma, (o fuera de ella) autonomamente se contempla.

Todo parece indicar que, aunque el lector sea incapaz de ordenar todos y cada uno de los ingredientes (frecuencias) numéricos del metro, sí va a vislumbrar inconscientemente su ordenación.(22) Demuestra que el modelo (o modelos de verso) es un fenómeno lingüístico amplio que trasciende un tratamiento fonético aislante,(23) y es que un poema, como representación, es un acontecimiento, mas, si verdadero poema, debe ser (sobre todo) un objeto perdurable;(24) y esto se consigue gracias a que el verso actúa como una figura fónica recurrente; mas no será esto lo único, pues la poesía ha de ser una vacilación entre el sonido y el sentido,(25) por lo que será rechazable cualquier polaridad o aislamiento fonético de la poesía. Así también debe tratarse la rima, cuya simplificación fonética llevaría a otro error que nos hará olvidar la necesidad de su relación semántica entre sus respectivas unidades.(26)

En definitiva, en poesía, no sólo la secuencia fonológica tiende a plantear una ecuación en la misma forma, también cualquier sucesión de grupos semánticos; todo lo cual revestirá a la poesía de su esencia múltiple, polisemántica  que ya advirtiera Goethe(27) (cualquier cosa que sucede no es sino una semejanza).

Por eso la poesía mantiene en su naturaleza la consecuencia de una manifiesta ambigüedad que le imprime carácter; no es que la preponderancia de la función poética destruya el referente, sino que lo hace ambiguo,(28) haciéndose a su vez necesario el valor del simbolismo del sonido en el poema como una relación verdaderamente objetiva que conecta los modos sensoriales: lo visual y lo auditivo.

Puede observarse cómo cuando hay escasez de imágenes en los poemas se verá compensada la supuesta carencia con la aparición de figuras y tropos gramaticales, de lo cual cabe colegirse que los recursos poéticos que subyacen en la estructura morfológica y sintáctica no han sido seriamente conocidos por los críticos, y acaso desdeñados por los lingüistas, aunque los poetas y escritores creativos hayan hecho un magnífico uso de los mismos.(29)

En fin, que el discurso poético, desde luego, no ha sido concebido para añadirle recursos retóricos vacuamente, porque cualquier elemento poético y verbal se convierte, o puede convertirse, en parte sustancial al transformarse en una figura del lenguaje poético: y es que la poesía (entre otras aportaciones y singularidades) se manifiesta como un tipo singular (especial) de lenguaje,(30) al que el lingüista debe incluir en su análisis y estudio, por lo que nos parece, con Jakobson, que no hay razón aparente para desvincular la literatura (y por tanto la poética) de la lingüística general.

Otra cuestión no menos compleja será plantearse en los términos anteriormente expuestos, si la poesía trasciende el ámbito puramente lingüístico (e incluso el tradicionalmente considerado como poético literario), y cuáles serían los mecanismos propios para la dilucidación completa de la dinámica poética como fenómeno a la vez singular y totalizador que, en muchos momentos, trasciende los ámbitos de la lengua y de los mismos planteamientos poético-literarios, aun siendo totalmente consecuentes de que la visión lingüístico-poética (literaria) nos ofrece una perspectiva de auténtico privilegio para su contemplación y entendimiento.





                                                                                        Francisco Acuyo


Notas.-


            
            * Federico García Lorca: Antología del 27 de Gerardo Diego, Taurus, Madrid, 1977.
            * Francisco Acuyo: Fisología de un espejismo, Artecittá ediciones, Granada, 2010.
           
             (1) Roman Jakobson: Ensayos de lingüística general, Seix Barral, Barcelona, 1981.
            (2) Roman Jakobson: Lingüística y Poética, Cátedra, Madrid,  l982.
            (3) Francisco Acuyo: Fisiología de un espejismo Artecittá ediciones, Granada, 2010.
            (4) Roman Jakobson. Ensayos de lingüística general. Ver nota 1.
             (5) Roman Jakobson. Lingüística y Poética. Ver nota 2.
            (6) La descripción sincrónica considera, no sólo la producción literaria en cualquiera de su niveles, también  aquella parte de la tradición que ha permanecido viva (o ha sido revivida) en una época determinada; visión que no debe interpretarse como estática, sino en su dinámica temporal e histórica.
            (7) Sólo el campo de la lingüística aparece restringido de forma abusiva: cuando la frase es una construcción idónea para su análisis, cuando el alcance de la lingüística está limitado a la gramática o  a cuestiones no semánticas de forma externa, o bien a la existencia de recursos significativos que no hagan referencia a variaciones libres.
            (8) E. Sapir: Language, Nueva York, 1921.
            (9) M. Joos. Description of language desing,  Jasa.
            (10) Dámaso Alonso: Poesía Española, Gredos,  Madrid, 1977.
            (11) El HABLANTE envía un MENSAJE al OYENTE; este mensaje requiere un CONTEXTO susceptible de ser captado, así como un CÓDIGO común a ambos y, finalmente, un canal o CONTACTO por el que transmitir el mensaje.
            (12) Marty A. Se refiere al estrato de la lengua representado por las interjecciones, las cuales difieren por su patrón sonoro y su papel sintáctico.
            (13) Expone como lúcido ejemplo, el de un actor de Moscú del teatro de Stanislavski, y la variedad o diversificación del matiz expresivo de determinadas frases. «La función conativa, dirá más tarde, encuentra su más pura expresión gramatical en el vocativo y el imperativo; y el aspecto sintáctico y morfológico que a la postrer se desviarán a otras categorías nominales y verbales». Véase la referencia a la función fática como primordial en  tanto que ésta es la primera que adquieren los niños.
            (14) Fija su atención en la necesidad del hablante y el oyente para comprobar si emplean el mismo «código», infiriéndose la función metalingüística «del habla» al fijar su atención en dicho «código».
            (15) Véasen las referencias a la épica (en tercera persona), la lírica (primera persona) y las modalidades en segunda persona... para describir las seis funciones básicas de la comunicación verbal en el compendio: EMOTIVA, REFERENCIAL POÉTICA, CONATIVA, FÁTICA, METALINGÜÍSTICA.
            (16)  Los cuales establece como: la selección y la combinación.
            (17) Jakobson: Lingüística y poética. Ver nota 2 y 5.
            (18) Aristóteles: Poética, Gredos, Madrid, 1990.
            (19) Leissing: Laocoonte, Tecnos, Madrid, 1990.
            (20) Prosigue con un análisis del metro, donde la sílaba será la unidad de medida al menos en ciertas secciones del verso, para después recalar en los tipos de versificación tonémica para diferenciarlos de los anteriores (cronémicos); y, finalmente, haciendo un repaso a los versos ingleses, rusos y chinos y sus singularidades métricas.
            (21) Anuncios versificados, músicales o pictóricos, no separa al verso o a la forma musical y pictórica del estudio de la poesía, la música y las bellas artes.
            (22) Nos habla del «acento léxico» cuando se exhibe una preferencia en la acentuación en palabras claves; lo cual demuestra que el metro, lejos de ser un esquema abstracto y teórico se manifiesta como la base estructural del verso (véanse los ejemplos recogidos).
            (23) El metro aparece también en otras artes y tiene que ver con la secuencia temporal, mas hay que tener en cuenta que hay muchos problemas lingüísticos que trascienden los límites del lenguaje comunes a diferentes sistemas semióticos, aunque conviene describirlo desde el punto de vista lingüístico no debiendo descuidar ninguna de sus propiedades (tales como la entonación) desde las cuales podemos observar como coincide, por ejemplo, la pausa sintáctica y la entonación de la misma en el límite métrico. No obstante, es posible también esconder una deliberada discrepancia entre la sintaxis y la métrica.
            (24) Wimsatt y Beradsley: esto es la esencia misma de la métrica moderna. En este extremo, Jakobson, de los modos de recitación, cuyo «montaje» tendrá como resultado aquella ambigüedad característica del lenguaje expreso en verso.
            (25) Paul Valery: The art of poetry, Bolliguen,  Nueva York, 1958.
            (19) Leissing: Ver nota 19
            (26) Aclara que hay escuelas que si bien pueden orientarse hacia la rima gramatical, también hay otras que pueden manifestarse contra ella (rimas agramaticales) estando ambas muchas veces necesariamente implicadas; además de conllevar un problema poético tal como es el «paralelismo» o repetición de palabras o pensamientos que necesariamente observa a una equivalencia semántica así como a nivel lingüístico.
            (27) Goethe: Obras completas, Aguilar,  Madrid, 1978.
            (28) Añade que las palabras semejantes en sonido están unidas en el significado, sin olvidar el poder de la etmología poética que analiza en un poema de E.A. Poe. Si cualquier similitud en el sonido conlleva un nexo con el contenido, aunque Jakobson expone que la falta de resultados en investigación en este aspecto ha sido debido al descuido de los métodos bien psicológicos o lingüísticos. En este punto cabría disentir en cuanto que estudios anteriores como el anteriormente advertido de Dámaso Alonso dan noticias de una preocupación evidente por superar tanto una visión estructuralista como puramente psicológica.
            (29) Recurre a un ejemplo del Julio Cesar, de Shakespeare, para ilustrar su afirmación.
            (30) Francisco Acuyo: Poesía y semiosis
            



Roman Jakobson: sobre lingüística y poética, Francisco Acuyo

viernes, 1 de octubre de 2010

THEODORO ADORNO: EL YO SEMIÓTICO EN POESÍA. DE LO SOCIAL EN LO POÉTICO II

Segunda parte de El yo semiótico en poesía. De lo social en lo poético.



El yo semiótico en poesía. De lo social en lo poético, 2 Francisco Acuyo 



EL YO SOCIAL EN POESÍA.
DE LOS SOCIAL EN LO POÉTICO II


V



QUE LES DIGA que más que revelar algo en el ámbito (de las definiciones) de la poesía lo que quisiera es hacerles partícipes de mis perplejidades, de seguro que les sonaría ya de viejo,(27) y con el convencimiento también de que en el círculo de dichas definiciones no encontraremos mucho más del concepto crociano(28) de expresión, del cual se ha dicho tantas veces que desvirtúa el elemento idiosincrático de la poesía, cual es su nexo irreductible e inseparable con el aspecto material de la vida.

El yo semiótico en poesía. De lo social en lo poético 2 Francisco Acuyo
También se nos ofrece como evidente que, si toda obra de arte busca la identidad consigo misma,(29) no debemos dejar de considerar el doble carácter de la misma como entidad autónoma, así como fait social, mas siempre en comunicación ambos caracteres y teniendo en cuenta además su ineludible zona de autonomía.

De esta manera, y a la luz de lo que ya adelantara Theodor W. Adorno en su Teoría Estética, aquello subjetivo que participa en la poesía o en la obra de arte cualquiera, será una parte incuestionable de su objetividad, pues mientras se establezcan como divergentes  lo singular y lo universal, es muy poco concebible la libertad en el ejercicio de cualquier arte. Así, la poesía, igualmente, en tantas ocasiones se nutre de las fuerzas colectivas que en el seno de su temperamento singular laten.

Podíamos hacer también, en orden similar de cosas, deducciones que, a juicio de quien suscribe en tan apresuradas líneas, no parecería del todo fuera de lo razonable. Esto es: que si el hombre mueve su vida en el ámbito de la razón, de lo extremadamente sofisticado, de lo crítico, lo perfectamente argumentado, no debemos olvidar su inclinación hacia una dinámica que lo sitúa más en el ámbito del homo demens que del sapiens(30), no obstante, necesitado de las vivencias y el espíritu que le invitan de continuo a la exaltación y el éxtasis.

Es por eso que de forma general, si no sabemos, intuimos, que de mano de la poesía caminan juntos, inseparables, lo social y lo netamente individual; la embriaguez y el fervor, el deslumbramiento interior y la emoción externa; nos libera del mito, mas también de la razón. Mas todo ello nos conduce a su vez a la sabiduría del amor, pues con él camina la poesía complementaria y antagónica como resultado de su naturaleza fundamentalmente paradójica. La aceptación de esta singularísima dialogía es dato esencial para indagar en los múltiples sentidos de su ciencia. No vendría mal en este momento reflexionar sobre la insuficiencia del lenguaje racional, empírico y práctico frente a la naturaleza inquietante y muchas veces traidora del lenguaje mítico, que nos habla de la necesidad de una expresión suficiente que, a su vez, invite a la quietud y la contemplación del ser en su total idiosincracia. Mas la poesía es en este extremo la toma de conciencia de la polaridad entre lo social y el individuo, lo racional y lo mítico extraordinario; entre lo que necesita de la prosa para ser generalmente expresado, y entre lo que exige de lo poético para ser asumido e integrado para la consumación de su ser personal en el mundo.

Si decimos que la mirada escrutadora del científico se dirige al análisis de aquellos elementos calculables de la realidad empírica, el poeta muestra su inclinación por construir nuevas estructuras, más verdaderas para las posibilidades últimas del alma,(31) mostrando tal vez que, si la ciencia puede mostrarnos aspectos de la realidad del mundo, la poesía se muestra del todo apta para evidenciar las realidades del alma. Y es que la imaginación poética establece las condiciones verdaderamente idóneas para establecerse como templo del espíritu.


                                                                                VI




NO NOS PARECE del todo inoportuno plantearse, a la altura de nuestra exposición, si la capacidad de simbolizar de varias maneras el mundo exterior como capacidad humana extremadamente singular, es o no un producto de la evolución, planteada esta a su vez en los términos de aptitud o supervivencia, o lo que es lo mismo, de estrategias de adaptación en el sentido más puro darwiniano.

En el ámbito poético y en el artístico en general no parece que tenga mucho sentido hablar de tales epifanías(32) en semejantes términos, tal es la complejísima riqueza de imágenes y de su simbolismo que, desde luego es mucho más extraordinaria de lo que habilita para su comprensión una metodología evolucionista semejante; el hombre primitivo se diría que abordaba ya cuestiones mucho más profundas.

No creemos que la tecnología de subsistencia fuese la generatriz de la evolución de la inteligencia tal y como la entendemos hoy en el ser humano, así como tampoco la aparición del lenguaje; la poesía puede ser una de las muchas muestras por las que la mente del hombre avanza en virtud de unas necesidades que superaban las más perentorias, como las de subsistencia; empero en este punto, no obstante, de que el impulso interno que hizo posible estas iniciativas no sería constatable ni contrastable si no se hubieran tenido en cuenta las circunstancias externas, siendo primordial a todas luces en este extremo, los intereses sociales y culturales que habrían de incidir en el ejercicio de construcción del arte en sus diferentes manifestaciones.

Es aquí cuando se plantea que explicar el origen de este florecimiento del espíritu humano, ha llevado a una catarsis especulativa, cuyos resultados, en muchos casos, han tenido como consecuencia pensar en una situación que no es nueva y que conlleva entender la mente humana como entidad pasiva e incapaz de generar algo nuevo; tales tesis se debaten en términos tan variopintos como la de los antiguos cosmonautas que, como mensajeros de otros mundos, pusieron al alcance del hombre primitivo la información necesaria para su avance individual y social; todo lo cual vendría a tener como consecuencia, entre otras, la de mostrar el sentido estético, así como la de localizar fenómenos tan complejos como extraordinarios como puede ser el de la poesía, y sus implicaciones (imbricaciones) en el ámbito de los social.

El yo semiótico en poesía. De lo social en lo poético 2,  Francisco Acuyo
No participamos nosotros del todo en esa creencia, y por tanto de esa necesaria incidencia de la importación extraterrestre para que tengan lugar los avances humanos que exponemos en este apunte; podemos hacer valoraciones propias en virtud de los hallazgos y estudios arqueológicos, de los cuales deducir que nuestros prístinos antepasados poseían un cerebro lo suficientemente organizado, complejo y pleno de posibilidades como para que hoy podamos maravillarnos con los logros de su pensamiento científico y las realizaciones extraordinarias de su técnica.

Así, también, pensamos que la poesía, en estos momentos de congratulación de los espectaculares avances del pensamiento científico, se ofrece como inestimable catalizador para recomponer toda aquella situación de insuficiencia que siguen planteando cuestiones fundamentales no resueltas para el hombre que rayan muchas veces el aspecto metafísico, y que ponen en evidencia que las necesidades del hombre, ya sociales, ya individuales, pueden encontrar en sus fundamentos éticos, estéticos o enigmáticos fórmulas vitales para su realización total en el mundo.



VII



SI LA ESTÉTICA del siglo XIX dedicó, de forma especialmente reincidente, la casi totalidad de su esfuerzo interpretativo a tratar la poesía de forma particular, y el arte de forma genérica como una actividad meramente subjetiva, sería con Nicolai Hartmann(33) con quien comenzaría a percibirse como un notable prejuicio para un examen profundo y directo de la poesía o de la misma obra de arte.

Sería Heidegger uno de los artífices del cambio en el estudio del arte más allá del aspecto netamente subjetivo,(34) y vendría a proponer la obra artística como una entidad, cosa que, como tal, se muestra inaccesible a la razón, pero donde subyace la idea de verdad como piedra de toque para la comprensión de la entidad poética. Esta verdad, según Heidegger no sólo es propiedad del conocimiento, sino que es propiedad del ser mismo. Deducimos que la entidad artística (y poética) y la verdad son la misma cosa, encontrando en este punto un cierto grado de parentesco con Hegel(35), con Schelling(36) e incluso con Schopenhauer,(37) los cuales vendrían a establecer como propio del artista una suerte de poder visionario para penetrar profundamente las cosas, pues aquel, mediante su obra de creación artística nos presenta la realidad como es en sí misma.

Supone además, una superación del idealismo crociano(38) para revaluar o rehabilitar la materia en la obra de arte, puesta ésta tiene valor propio y valor estético; la toma de conciencia de la materia hará que optemos por una óptica más adecuada para observar la contienda entre la voluntad del espíritu y la necesidad de la naturaleza,(39) mas teniendo en cuenta que, en poesía, el sustrato material es el lenguaje que de por sí es ya una creación del espíritu humano. Si la creación es la materialización y de algún modo la fijación de la verdad mediante la forma, se precisa de un momento esencial en la poesía o cualquiera manifestación artística, esto es es la de la contemplación. Con aquella aparece de nuevo el dualismo sujeto-objeto, del cual cabe deducirse la necesidad del elemento objetivo que visualice y asuma la realidad poética y artística como verdad incuestionable, de donde colegimos el factor ineludiblemente incidental de la sociedad, habida cuenta además, que una ontología de la poesía o de la obra de arte auténtica no referente al sujeto que contempla no sería posible.

El yo semiótico en poesía. De lo social en lo poético, 2 Francisco Acuyo
Me parece también destacable en Heidegger una apreciación que apuntábamos al principio de forma somera, por la que infiere que todo arte es poesía, y de su relación inexorable con la verdad, por lo que nos ofrece una visión que habrá de integrar la poesía con el fenómeno de lo social, y es que, si el arte (la poesía) acontece... se produce en la historia un empuje y ésta comienza o recomienza,(40) aun bajo el hecho de que para Heidegger el concepto de arte (o Poesía) sigue nutriéndose de un concepto metafísico y místico de la tradición filosófica alemana. Pero, a nuestro juicio, parece ya inevitable que el arte ( y la poesía) se sitúen en el círculo de lo humano. Así cabe colegirse cuando hablando de la poesía se dice así mismo del lenguaje,expresando que aquella, la poesía, «es el lenguaje primitivo de un pueblo histórico», aunque dicha idea ya apareciera en Giambattista Vico,(41) mas pensando así que la poesía es el fundamento que soporta la historia y no un acompañamiento exornativo de la existencia humana.

Mas, siguiendo la expresión de Hölderlin(42) sobre la poesía como la más inocente de todas las ocupaciones, será también aquella, la que dará nombre a los dioses, aunque esto sólo sería posible porque ellos mismos hablan, y lo hacen a través de signos que a los poetas toca sorprender e interpretar para, nada menos que trasmitirlos a su pueblo. De nuevo, inevitablemente, y a la luz del intérprete más metafísico y enigmático de la poesía cual era Heidegger, se reconocerá al poeta como el medium que hará converger la ley de los signos divinos y la voz del pueblo.

Es inevitable que la poesía ha de ser reconocida como manifestación de cultura, e incluso expresión del alma de la cultura, aun proyectándose como el flujo enigmático por excelencia hacia lo divino, en compensación, tal vez, a la finitud del hombre.



VIII



EN UNA AUTÉNTICA humanización del mundo(43) o socialización del mismo, será capital tener muy en cuenta la praxis humana desde una perspectiva primordial como es la de la semiótica, o semiosis,(44) la cual invita a una lectura social y realista de aquello sobre lo que nos venimos centramos en el apunte que suscribimos, es decir sobre la poesía. Será también muy conveniente saber si ésta está en disposición, desde el mundo organizado socio-cultural en el que nos encontramos (y en el que parece que queremos integrarnos), de incidir sobre el mismo, y si desde aquella, desde la poesía, podemos transformarlo.

A nuestro juicio, el poeta, como hombre, en el libre ejercicio de su arte, se verá comprometido inexorablemente en aquella praxis anteriormente anunciada. Mas debemos, muy a pesar de quienes por razones no precisamente vinculadas a la propia metodología expuesta por Marx y Engels y de las que no hablaremos en este instante, no pueden o no quieren distinguir la realidad de aquella que se establece como suprema realidad, y nos referimos a la de la vida cotidiana. Mas no queremos obviar que la transmisión y constitución de aquella realidad cotidiana fundamental se hará en buena parte por el lenguaje, teniendo muy presente el conjunto de semióticas significantes que lo constituyen y que, desde luego, tendrá una importancia de una magnitud acaso no rigurosamente reconocida.

Esto en lo que atañe al lenguaje en general, y tenido éste como uno de los medios primordiales de comunicación, además de portar esa carga de significación sistémica que le habrá de conferir una autonomía inusitada, amén de ser el medio de traducción de todo su sistema significativo; mas, en fin, no debemos olvidar que dicho lenguaje será el soporte material de la poesía, pero teniendo en cuenta también, que será uno de los factores decisivos de la hominización, y por ende, de la socialización.

Es precisamente el material verbal con el que se construye el discurso literario ( y poético) y se establece como sustancia de su expresión, con el que se manifiesta, de forma evidente, como generador de sentidos muchas veces ignotos y nuevos para la lengua cotidiana, de donde se coligen una intencionalidad estética (entre otras) que observará el tránsito del signo como unidad lingüística al del símbolo como valor metafórico; abriendo una práctica que genera sentido, y no sólo como una actividad reproductora de la realidad socio-cultural, pues abre alternativas nuevas que se ofrecen como inusitadas formas de significación y entendimiento, las cuales abarcan una visión ontológica de nuestro mundo y del hombre en su circunscripción singular.

El carácter subversivo de la literatura se acentúa en el ámbito de lo poético en cuanto que trasciende no sólo el marco manifiesto por el lenguaje propio de la semiótica del sentido común, sino el mismo muchas veces inscrito por las convenciones puramente literarias, a través de mecanismos tales como el del distanciamiento sobre los cuales no entraremos en este instante, no sólo por su extraordinaria complejidad, también porque no creemos que aporten nada esencial a la intencionalidad de nuestro presente apunte ensayístico.

Finalmente, sería recomendable hacer una llamada de atención en lo que al discurso poético se refiere, en cuanto que se vierte más cercano a la lengua que el mismo discurso narrativo, (45) pues la imagen acústica y el ritmo sonoro no sólo no están ausentes, sino que reproduce en muchos casos fielmente, el modelo fonético de la lengua, incluyendo también el paralelismo fonético del silencio.(46) Además, el uso de la función metafórica en su discurso aparece también como especial distintivo de su expresión, mas también como mecanismo lingüístico.

Son también necesarias las referencias a la metáfora como característica de la expresión poética, aunque es perfectamente detectable en otras formas de expresión lingüística consideradas como literarias, e incluso no literarias. Al menos señalaremos en este punto la problemática en la diferenciación entre signo y discurso (47) y la distinción, por tanto, entre semiótica y semántica, de donde se colige que los signos remiten a otros signos, mientras que el discurso se refiere a las cosas, y todo ello en relación con el enunciado metafórico, el cual garantiza su sentido metafórico, precisamente sobre las ruinas del sentido literal. Así pues, la metáfora se establece como aquella estrategia del discurso por la que redescribe la realidad y la lleva al nivel mítico para establecer aquella realidad que se puede calificar como verdad metafórica propia del lenguaje poético, emergiendo en el movimiento de un discurso total.

Mas veíamos que este discurso se ofrece como aquel lenguaje primitivo heideggeriano de aquel pueblo histórico que vendrá a redescribir, como decía, la realidad al nivel mítico, por lo que, enlazando con el pensamiento estético de Adorno, la referencia a lo social no debe apartarse de la obra poemática (o de cualquier otra manifestación artística), pues posibilitará una introducción más profunda en ella. Por otra parte es preciso entender la esencia del lenguaje por la esencia de la poesía,(48) si «...los signos son, // desde tiempos remotos, el lenguaje de los dioses»(49) para los hombres.


                                                                                               Francisco Acuyo


Notas.-

(23)Whitehead, A.N.: «La función de la razón», Tecnos, Madrid, 1985.

(25) Idem.
(26) Whitehead, A.N.: Modos de Pensamiento, Ediciones Jb., Madrid,1973.
(27)  Borges, J.L.: «El enigma de la poesía», Arte Poética, Crítica, Barcelona, 2000.
(28) Croce, B.: «Breviario de estética», Filosofía, Ed. Espasa Calpe, Buenos Aires, 1943.
(29) Adorno, T.: Teoría Estética, Taurus, Madrid, 1986.
(30)Morin, E.: Amor, poesía, sabiduría, Seix Barral, Barcelona, 1961.
(31) Santayana, G.: Interpretaciones de Poesía y Religión, Cátedra, Madrid, 1993.
(32)  Campbell, J.: El hombre gramatical, Fondo de Cultura Económica, México, 1982.
(33) Bochenski, I.M. : «La filosofía actual»: Filosofía del Ser, Nicolai Hartmann, Fondo de Cultura Económica, México, 1965.
(34)Heidegger, M.: «Arte y poesía», Fondo de Cultura Económica, México. 1985.
(35) Hegel: Ver nota 1.
(36) Schelling: Filosofia da arte. Edt. Edusp, 2001
(37) Schopenhauer:Respuestas filosóficas, Edaf, Madrid, 1996.
(38) Croce, B.: Ver nota 18.
(39) Heidegger, M.: Ver nota 34.
(40) Heidegger, M.: Ver nota 34 y 39.
(41) Giambattista Vico: Ciencia nueva, Orbis, Barcelona, 1985
(42) Hölderlin: Ensayos, Hiperión, Madrid, 1976.
(43) K.Marx: «Manuscritos económico-filosóficos», Fondo de Cultura Económica, México, 1966.
(44)Prada Oropeza, R.: Literatura y realidad, Fondo de Cultura Económica, México. 1999.
(45) Prada Oropeza, R.: Literatura y realidad, Ver nota 44.
(46)  Carvajal, A.: «La Metáfora de las Huellas», Jizo Ediciones, Granada, 2002.
(47) Ricoeur, P.: «La metáfora Viva», Ediciones Europa, Madrid, 1980.
(48) Heidegger, M.: Ver nota 34, 39 y 40.
(49) Hölderlin: Poesía completa, Ed. 29, Barcelona, 2001.



El yo semiótico en poesía. De lo social en lo poético 2 Francisco Acuyo





THEODORO ADORNO: EL YO SEMIÓTICO EN POESÍA. DE LO SOCIAL EN LO POÉTICO I

íPresentamos, en dos entregas, algunas reflexiones sobre la visión de la lírica en la sociedad, de Theodoro Adorno, y todo ello en relación con el yo semiótico en poesía.






EL «YO» SEMIÓTICO 
EN POESÍA: 
DE LO SOCIAL EN LO POÉTICO




I


Theodoro Adorno: el yo semiótico en poesía. De lo social en lo poético 1, Francisco Acuyo





ACASO ESTE LUGAR MODESTO no sea sitio a propósito con el que indagar la sublime o elevada circunstancia que envuelve la subida razón de la poesía, ni siquiera para rastrear someramente la fatiga que nos fuerza tantas veces a tomar la medida de la torpeza nuestra sobre lo que su ciencia, siempre enigmática e inspiradora, sea, y todo sin que acabe como el sueño, robándonos la propia compañía.

Podrán creerme si les digo que ni en las más abundosas, detenidas y eximias distinciones; diagnosis, análisis, o estudios denodados, podrán aprehender de una manera definitiva lo que bulle y fulge de su vívida y sugestiva luz y que, al fin, se hace única y cálida presencia. Tantas veces las tentativas y esfuerzos interpretativos se nos vuelven deletéreas prolepsis o ensayos engañosos que conculcan toda veracidad sobre su esencia, e incluso sobre lo que entendemos particularmente como conciencia poética.

Aquella autenticidad subjetiva que anunciaba Hegel(1) para la poesía, y que para tantos planteaba una paradoja inabordable, resuelta a veces con más o menos ingenio por algún teórico y, sobre todo, por algún que otro poeta en juegos conceptuales también más o menos afortunados (véase Pessoa: El poeta es un fingidor)(2), nos plantea, además un debate de índole ciertamente psicológico, que no parece, al menos en principio, mostrar atisbos de una resolución clara; nos referimos al yo poético y su relación con los otros yoes presuntos del poeta y de los sujetos que se asomen al mundo insólito abierto también por el mismo poeta, y su relación con el mundo de lo que la verdad sea.

Thedoro Adorno: el yo semiótico en poesía. De lo social en lo poético 1, Francisco Acuyo
En este grave caso no queda otro remedio que plantearnos si la poesía parte para su constitución como tal, de presupuestos imaginativos sobre la realidad, o si bien sus planteamientos se realizan como fantasías a espaldas de lo que la realidad y su presunta interacción con la verdad manifiesta. Esto, acaso no sea una cuestión tan baladí como en principio podía pensarse, pues según una u otra consideración la poesía se realiza en una singular o idiosincrática concepción ontológica(3) que la sitúa en relación directa con lo que es y, por lo tanto, se manifiesta como verdad y, más aún, esta caracterización o, mejor, esta singularización, acaso la distingue del fenómeno puramente literario, cuestión esta, a todas luces extremadamente compleja y que en este momento no vamos siquiera a  soslayar en inevitable prolijidad.


II


EL MUNDO IMAGINADO(4) exige una relación con lo que es y acontece realmente; su conexión con la verdad de los hechos es vital para su distinción del ámbito de la pura fantasía donde los vínculos con lo que es y acontece brillan por su total ausencia, pues en realidad se sustituye con potenciales realidades virtuales que abdican generalmente de mantener relación con la realidad o la verdad de los hechos.

El poeta verdaderamente no tiene pretensiones de separarse de la realidad, por el contrario, pretende actuar sobre ella, recreándola (o incluso creándola) singularmente para conectarla con el impulso vital que hace posible lo que es y acontece. Esto es particularmente importante porque, entre otras razones, distingue lo que es literario de lo poético, no porque el discurso literario sea necesariamente fantástico, sino porque conecta a través de lo imaginado con el carácter ontológico de la poesía como vía singular de aprehensión ética y estética de la realidad.

No obstante, creo que es de interés fundamental tener en cuenta que, desde el momento que el yo poético aparece como imagen instrumental que tiende a construirse como sistema de signos es precisamente cuando se implica y manifiesta como fenómeno abiertamente literario, mas con todas sus peculiarísimas singularidades. La poesía ya se manifiesta como mensaje para el otro, donde refleja inevitablemente sus anhelos y proposiciones. Es, por cierto, esta manifestación literaria de la poesía, vicaria de la totalidad implícita u ontológica a la que es inmanente.

Podemos también deducir que el contenido de un poema no es y no será únicamente la expresión de mociones y experiencias individuales,(5) pues no es concebible como obra de arte sino de lo general a través precisamente de aquello que lo hace específico. Es, por tanto, indudable que aquella generalidad tiene un carácter social: Sólo entiende el poema aquel que percibe en la soledad del mismo la voz de la humanidad.(6)

Cabe reflexionar en este punto sobre el contenido social de la poesía pues no sería de recibo contentarse con el vago sentimiento individualizado, vertido como algo genérico e indeterminado, y así mismo plantearse cuales serían las fronteras en las que la sociedad incide en la poesía, y dónde y cuándo rebasa aquellos límites sociales.

Si realmente no posees lo que no entiendes,(7) respecto a la poesía tendríamos que barajar dos posibilidades para su comprensión: una que tendría que ver con la relación estética de la poesía como obra de arte, mas también con la teoría estética; debemos entender de esta manera que nada que no tenga que ver con el mismo poema, y por tanto con la poesía misma, legitima una decisión sobre lo que, poetizado, viene a representar socialmente. (8)

Thedoro Adorno: el yo semiótico en poesía. De lo social en lo poético 1, Francisco Acuyo
En este extremo parece muy interesante el concepto de ideología(9) de Adorno, y su incidencia en el ámbito de lo estrictamente poético, y la necesaria contradicción con la naturaleza de la poesía, y todo porque las obras de arte auténticas acaso hablan de todo lo que tanta veces oculta la ideología.(10)

Si la idea de poesía se vierte como ejercicio de libertad, exige por tanto que debe aparecer exenta de la coercitividad de la practica dominante, de la utilidad y la autoconservación. Pero a nosotros, con Adorno, nos parece que la palabra virginal expuesta en la expresión poética es, en sí misma, una exigencia social, pues ella en sí implica la más enérgica protesta a la convención que al individuo se le presenta con carácter represivo y en claro contraste además con el espíritu poético que incide violentamente sobre la cosificación y alienación del mundo y de los hombres.

El yo lírico, si bien se plantea como contrapuesto al colectivo, debemos entender que sólo mediante la humanización se podrá devolver a la propia naturaleza el derecho que el dominio humano hubiera de arrebatarle. Por todo lo cual, no nos parece nada disparatado inferir como social precisamente lo más espontáneo de la lírica, y que no tiene por qué deducirse de relaciones preexistentes, sin olvidar que el medio de esa motivación social será el lenguaje, a su vez instrumento capital de la poesía.



III




CUANDO EN SU Ideología lírica(11), Juan Ramón Jiménez, decía aquello de: La civilización trae, sin duda, el convencionalismo (nombre, religión, leyes, hábitos), malo todo para uno solo. Pero ¿qué hacen dos sin civilización?; no viene sino a exponer en términos similares lo anteriormente adelantado respecto al yo poético y su interacción necesaria con lo social.

Pero, he de insistir en la prodigiosa particularidad del fenómeno poético en este aspecto (como en tantos otros), el cual exige romper acaso con los modelos y hábitos de investigación» al uso,(12) si realmente quiere indagar con garantías de algún acierto en las complejas problemáticas suscitadas por su fenómeno singular. Y todo porque el tiempo poético(13) prescinde del culto al pasado, pues se mueve en un instante eterno que, de súbito, permanece en un presente que huye de cualquier principio, de cualquier axioma que actúe o, mejor, que reaccione contra su impulso vital desde luego siempre novedoso y que es siempre presente en la verdadera poesía.

De las interacciones sociales deducibles de la poesía podremos observar que, así mismo, la sociedad no se forma y vive sino en virtud de su intrínseca e ineludible relación con los individuos; y todo ello porque hoy ya no resultan tan claras las diferencias marcadas por el objeto y el sujeto;(14) esto puede colegirse si echamos, aunque sea sólo un instante, un vistazo a los presupuestos con los que se mueve la actual filosofía de la ciencia. (15)

En el mundo unívoco y total de la poesía, el sujeto y el objeto vienen a determinarse precisamente en el proceso paradójico de alteración y reelaboración recíprocos que se establece como peculiar filosema dialéctico, perfectamente aplicable a la dinámica que alienta en la poesía. No debemos extrañarnos cuando Adorno expresaba que la formación lírica es siempre al mismo tiempo expresión subjetiva de un antagonismo social.(16) Pero este antagonista no pervive en la subjetividad, pues se encarna en el todo como el privilegio de los hombres para desarrollarse como sujetos verdaderamente autónomos, señores, dueños de su propia y libre expresión.

También nos parece muy acertada aquella imagen de la corriente subterránea como sustrato de toda la lírica individual que, en cierto modo, había de emparentar con aquella sugestiva corriente infinita de Juan Ramón Jiménez, por la que el lenguaje (poético) hace que el sujeto pueda ser mucho más que mero sujeto para plantear así, desde la palabra poética, a mi juicio, algo más que la idea de una humanidad libre.

En la resonancia minkowskiana(17) veremos el eco de la sonoridad del ser de la que hablaba Bachelard, y que sitúa al poeta en el umbral del ser. Tendríamos, además, que comenzar un serio cuestionamiento de la relación de causalidad en el ámbito del fenómeno poético, donde su imagen, muchas veces por su extraordinaria simplicidad, no necesitaría de una disciplina del saber, pues será dueña de una conciencia inocente, totalmente ingenua, ofreciéndose como origen en el poema del lenguaje mismo. Es, por tanto, aquella potencia primera que inaugura en el alma humana una forma en la que complacerse. Ser y devenir se hacen uno de forma prodigiosa ante los ojos del que contempla a través de la poesía, poniendo en evidencia el lenguaje poético como íntimamente conexo con la realidad y que tantas veces se sitúa (acaso como proceso de sublimación pura(18) más allá de los profundos e inconscientes deseos, y más allá incluso del mismo lenguaje que trasciende el mismo logos, para situarse de forma inequívoca en el origen mismo del ser hablante(19).

Aquella imaginación que adelantábamos en un principio es, y me reitero en esto, un fundamento capital para la comprensión intrínseca de la poesía como producto presuntamente individual, así como para hablar de sus potenciales interacciones con el, aparentemente externo, mundo de lo social y de sus necesarias imbricaciones con lo real, pues así se distingue de la fantasía, precisamente por su estrechísima relación con lo rigurosamente social; pero, además, será aquella fuerza sugestiva o mística en el sentido schlegeniano que habla Poe(20), lo que la hará ser perceptible a aquella corriente infinita o de trasfondo que acompaña a toda verdadera poesía, y que conecta inevitablemente con la virtud prendida en la libertad, si esta se contempla como la naturaleza más profunda y auténticamente social.

Si el pueblo es la naturaleza de la humanidad en poesía, lo será siempre en virtud del corazón aceptado en el ofrecimiento del poeta (anónimo, tradicional o culto), pues será aquél el que depure lo esencial, que es un retirarse a la naturaleza, a lo primigenio, a la intuición eterna, pues va a encontrar y a aprender en el olvido; ejercicio, como decía antes, fundamental tanto en la creación como en la aprehensión de la poesía, pues ambos son actividades afines y creativas del espíritu humano.

Que la poesía escrita sea expresión de lo inefable,(21) en distinción de lo fable que representa groseramente la literatura(22), no me parece en absoluto mala interpretación, de hecho el recurso a la autoridad nunca suficientemente ponderada de Juan Ramón Jiménez, es muy recomendable, pues como él muy pocos han sabido transcribir teóricamente aspectos sustanciales de la poesía. Que el destino ineludible de la auténtica poesía sea ser espiritual, puede ser, y es de hecho una circunstancia, o mejor, una característica añadida para la identificación con la idea tan personal de lo místico de Poe, pero no es esta coincidencia conceptual lo que más interesa, sino lo que se deduce de todo ello, y que, veremos, va emparentado con todo lo dicho al principio de este apresurado e inseguro apunte: la elementalidad y la sencillez que anima o dinamiza la poesía y que la conecta con el lenguaje primordial y la necesidad vital de la comunicación, y por tanto de la interacción social.

                                                                                                                       Francisco Acuyo




Notas.-

(1) Hegel: «Lecciones de estética, De lo bello y sus formas, Espasa Calpe, Austral, Madrid, 1958.
(2) Pessoa, F.: Obras completas, Atica,Lisboa, 1978.
(3) Acuyo, F.: Fisiología de un espejismo, Artecittá ediciones, Granada, 2010.
(4) Castilla del Pino, C.: Identidades Culturales.
(5) Adorno, T.: Notas de Literatura, Ariel, Barcelona, 1970.
(6) Ibidem.
(7) Goethe, W.G.: Maximen und Reflexionen, Obras Completas, Aguilar,1987.
(8) Adorno, T.: Notas de Literatura. Ver nota 5.
(9) Adorno, T.: Notas de Literatura. Ver notas 5 y 8.
(10) Ibidem
(10) Ibidem
(11) Jiménez, J.R.: La corriente infinita, Aguilar, Madrid, 1961.
(12) Bachelard, G.: La poética del espacio, Fondo de Cultura Económica, México, 1957.
(13) Acuyo, F.: Ver nota 3.
(14) Heidegger, M.: El ser y el tiempo, Fondo de Cultura Económica, México, 1987.
(15) Bunge, M.: Intuición y razón, Tecnos, Madrid, 1987.
(16) Adorno, T.: Notas de Literatura. Ver notas 5, 7, 9 y 10.
(17) Eugéne Minkowsky: Vers une cosmologie.
(18) C. G.Jung: «La psicología analítica en relación con la obra poética». Ensayos de Psicología analítica.
(19) Gastón Bachelard: «La poética del espacio»: Ver nota 11.
(20) Edgar Allan Poe: Escritos sobre poesía y poética: (Fantasía e imaginación), Hiperión, Madrid, 2001.
(21) Jiménez, J.R.: Política Poética: «Lo popular», Alianza, Madrid,1982.
(22) Jiménez, J.R.: El trabajo gustoso, Conferencias. Poesía y Literatura, Aguilar, Madrid, 1961.






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