jueves, 14 de octubre de 2010

PÁGINA WEB DE FRANCISCO ACUYO

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martes, 12 de octubre de 2010

ANTONIO CARVAJAL: CASI UNA FANTASÍA II

Antonio Carvajal, Casi una fantasía 2, Francisco Acuyo


CASI UNA FANTASÍA:
ELOGIO DE LA VIDA, LA AMISTAD
Y LA POESÍA II







Pero atenderemos todavía a otra cuestión que lo aleja aún más del tópico intertextual, si analizamos primero (y después lo vinculamos a la idea de mito) el sentido de la periodicidad rítmica del poemario, que indica una conceptualización de la preceptiva (¿o post-ceptiva?) métrica, a través de la cual indaga conscientemente los sutiles y delicados vericuetos de la expresividad poética y, (¿inconscientemente, tal vez?) los entresijos dinámicos que justifican, algunas veces, la violación de la norma por la justificación estética, y es que en virtud de la ruptura de sus leyes, paradójicamente, desde donde se establece la necesidad de un orden implícito –implicado- en el caos aparente de su manifestación),[1] mas planteando la compleja (y ¿excéntrica?) problemática numérico pitagórica,[2] que se convierte en actitud insólita para los esquemas numéricos[3] que propone, los cuales, muy bien puede ser de utilidad rítmico musical con (nosotros diríamos, míticas) implicaciones místicas.[4] De cualquier forma las proporciones (divinas) áureas[5] no destacan para Carvajal por ser motivo de acuciante desasosiego y preocupación, o, al menos, por ser la suya una inquietud distinta en tanto que le interesaba el germen (las potencias germinativas)[6] de diversos números, así la del 32, que se revela en favor de una concepción cósmico-poética en casi perfecto equilibrio,[7] aunque, evidenciando en la totalidad del poema una muy particular y sugestiva aritmología.[8]

Nos parece inferir de este despliegue numérico (cosmológico) sobre el que se estructura el poema una peculiar manera de revestir (con carácter numinoso) la experiencia vital del héroe protagonista que nos invita, también, a participar en una ostensión de particular hierofanía prodigiosa que notifica a un tiempo de lo excepcional mítico, mas integrado –paradójicamente- en lo vital cósmico cotidiano y circundante y, todo para, en definitiva, al ser en la belleza[9] mostrar su potencia mítica y reconocer desde esta, la realidad e intemporalidad del mundo vital, pero exceptivo, generado en el poema.

El espacio y el tiempo sobre el cual discurre la acción poemática son elementos que estimamos de primordial importancia (extraordinario y sublime cronotopo el ofrecido en Casi una Fantasía) para la correcta inmersión (y posterior comprensión) de los versos que componen su cuerpo lírico-narrativo. La heterogeneidad del espacio poético de los versos manifiesta un fundamento ontológico del mundo necesario, precisamente, para fundar[10] un cosmos que, en modo alguno, puede tener origen en el caos de lo relativo y homogéneo de un espacio en franca inestabilidad, y todo por localizar el sitio[11] donde vivir en plenitud y realmente.

Hablábamos de un espacio hierofánico porque se hace evidente la necesidad del poeta por establecer los límites del territorio (medio cósmico) del poema para hacerlo cualitativamente único, inteligible y distinto. El rico (y complejo) simbolismo de los versos no hace sino poner fin a la confusión de lo relativo gracias a la evocatio de la experiencia vital y heroica del ya mítico protagonista. Son estos versos el espacio vívido por el que es posible trasladarse con una orientación segura frente a la relatividad y el desorden homogéneo y larvario exterior al mismo. Es así que, Casi una Fantasía,  puede considerarse un ejemplar modelo de ocupación de un territorio (de un espacio mítico y vital) mediante el que se inaugura, en excepcional transfiguración, un cosmos a la vez sólito e inaudito; mas, su andadura por el mismo supone la aceptación de una no menos extraordinaria cosmogonía. Nos encontramos ante el acto (primordial) de creación por excelencia: la transmutación a través del cálculo del número (mítico, mágico) del caos genérico, para ser vertido como acto (divino) de creación. Cada estrofa, cada verso, cada sílaba, es una nunca vista consagración, en tanto que organiza un espacio que no hace sino reflejar la mítica obra de creación que fuera un día genuina de los dioses.

Somos pues, testigos de excepción en estos versos, nada menos que del Axis mundi bajo el techo cultural que significan (o donde adquieren exclusiva significación), versos pues, que se configuran cósmicamente para establecerse como preferente imago mundi.

Pero el tiempo mantiene en este poema también un rasgo de excepcional presencia en tanto que es, efectivamente, reversible. Nos encontramos ante el tiempo mítico primordial del que hablaba Eliade,[12] hecho dispensado (y exento) y presente. Estamos situados ante un discurso temporal que se reviste de carácter litúrgico, pues no hace sino reactualizarse en virtud de un (unos) acontecimiento(s) mítico(s); es un tiempo indefinidamente recuperable y que, acaso, no transcurre: se ofrece idéntico a sí mismo (inmutable y parmenideo), glorificado (mitificado) en virtud de la gesta cantada y que se vierte en el poema ab origine, in illo tempore, pues se rememora (como mítica fiesta) en tanto que aquellos instantes no existían antes de la consecución de la heroicidad épica narrada. Nos situamos ante una especie extremadamente sui generis de tiempo inmarcesible y eterno.
Casi una Fantasía se revela dentro de un tiempo litúrgico por el que se afirma como el rito excepcional, susceptible de detener la duración temporal profana, por lo que muy bien podemos decir que estamos ante un auténtico templum-tempus del que cabe deducirse una cosmogonía arquetípica propia de toda índole de ejercicio creativo, genuino y cierto. Es por todo esto que el mito tiene esa importancia que anunciábamos en un principio para el poema, y es que gracias a éste (al mito) ha llegado a la existencia una nueva y extraordinaria realidad. Este poema significa, insistimos, la reactualización ritual del illus tempus original como epifanía de su realidad vital.

El poema tiene por tanto un carácter vivazmente festivo en tanto que entendamos la fiesta (de la vida, de la amistad y de la poesía) como un reencuentro plenamente (sagradamente) vital. Así, el autor aspira y se esfuerza en vivir entre sus versos, si estos, en la (sacra) rememoración que suponen, le mantienen en estrecho contacto con el ejercicio de la creación, y este, como principal manifestación de la dinamicidad espontánea de la vida.

El mito que nutre Casi una Fantasía, si bien actúa como dechado ejemplar de un acaecer (o mejor, de un acontecer) primordial que sucedió ab initio de todo tiempo (poético), debe entenderse como relato que revela los misterios (iniciáticos) del personaje (héroe)[13] que no hace sino contar la gesta, y los cuales nunca hubiesen podido ser conocidos sino por la labor de revelación del poeta. Así pues, decir, Casi una Fantasía, es levantar la proclama de lo que sucedió ab origine, y que en su revelación mítica pasa a ser contemplada en su dictado como una verdad apodíctica. Es esta revelación realizada por el poeta (como labor poética) un acto, a nuestro modo de entender, muy real y altamente significativo, cuyo simbolismo trasciende la opacidad extenuante de cualquier labor cotidiana (incluso la de escribir versos como mero automatismo descriptivo y de esfuerzo prosaico) para elevarse, o, buscar abertura hacia lo universal donde se inspira el mundo del espíritu en su labor creativa. Y es que, al fin y a la postre, el mito no hace sino revelar la actividad nutricia y netamente creadora de los dioses, por esto, leer Casi una Fantasía es ante todo participar (¿integrar-se?) de ese lapso sagrado que es cualquiera actividad creadora en la plenitud de su graciosa ejercitación.

Estos modelos dilucidados de mitos, tal como con el que nos agasaja en su  solemne poema Antonio Carvajal, son (es) vehículo(s) de reconocimiento (y conservación de sus relatos de gesta divinos) de aquellos héroes civilizadores mediante los cuales el hombre se trasciende y aspira a criterios eximios de justicia y ética universales.

Cuando al inicio de este proemio hablábamos de la poesía como Ciencia de la paradoja[14] estábamos haciendo una clara referencia a que, el ser creativo (si ser en la belleza)[15] se mueve necesariamente entre la dualidad y síntesis de rasgos netamente paradójicos, a saber: de una parte es personal-humano, y por otra parte constituye un proceso impersonal y creativo que diría, tan sutilmente, Jung.[16] Será precisamente en actividades creativas como la que nos ocupa, desde donde podamos otear, de manera predilecta, ese horizonte enigmático que es la obra de arte como un asunto mítico-colectivo, en tanto que el arte se manifiesta como impulso que convierte al hombre en instrumento, y en cuanto que el poeta es hombre colectivo en el sentido más elevado, si es que el poeta es verdaderamente portador (y conformador) del espíritu (alma inconsciente)[17] de la humanidad.

Hablar de Casi una Fantasía es decir de un símbolo (de un signo) que supera cualquier indicador alegórico o semiótico. Estamos ante la expresión que será causa de un efecto vivo, primigenio, en el alma de muchos hombres. Nos situamos ante un numen que, sólo al colisionar con la conciencia, se transforma invitando al lector a la participation mystique que supone el secreto de la creación artística y sus vívidos efectos.

De la exultante vivencia del poema surgen, sobre todo para los ojos de la razón objetiva, una serie de cuestiones que quieren –necesitan- hablarnos de la naturaleza de la poesía como genuino acto creador (y que resulta extrapolable a cualquiera arte creativa verdadera) y que tiene que ver con el significado o el sentido del acto creativo, y en particular del acto creativo primordial de la poesía misma. Como creador, el artista, al menos así lo concebimos nosotros, antes que más o menos ladino e informado exegeta, se declara artífice (¿inventor, poeta hacedor, en este caso); quizá por eso la poesía no tenga un preciso sentido o significado, en tanto en cuanto que, imbuida en la tarea creativa sencillamente es, y (como la naturaleza viva) acaso no tiene por qué demandar exigencias de significación. De la lectura de estos versos cabe colegirse, igualmente, que es la menesterosidad de nuestra razón intelectual la que condiciona significacionalmente a la poesía como acto creativo. Cuando decimos que la poesía es ser en la belleza lo hacemos porque, gracias a aquella (a la belleza), se satisface en plenitud a sí misma.

Antonio Carvajal, Casi una fantasía 2, Francisco Acuyo
Se aprende de este poema que, al situarnos en su tiempo y espacio, debemos someternos a la verdad de su arte. Nos parece que la intromisión analítica intelectual es la invitación a la disolución de la vida que se va haciendo a sí misma en la poesía, y que lo aprehendido desde este análisis en significados, conceptos o imágenes no es sino una forma, si no infame,forense que nos aleja de manera irrevocable del misterio vivo de la poesía. Así, si el poeta se mantiene inmerso en el proceso creativo se verá incapaz de ver o reconocer fuera o al margen de su enigmático proceder, si es que se concibe  incompatible la vivencia directa y el conocimiento supuestamente objetivo de aquel ensayo, experiencia, praxis (espontánea) creativa.

Todo lo inmediatamente referido viene a colación por las escasas referencias teóricas que aporta el autor respecto de su propia poesía. En este punto volvemos hacer remisión a la figura de Valery, aunque puede que por muy diferentes razones a las que cabe, en principio, suponerse. De cualquiera forma se nos antoja que la presencia de Valery debe entenderse[18] cautamente, tal que sobrevoladora traza y asistencia (por momentos más o menos lejana) en la intención poética de Carvajal, pero, insistimos, ha de contemplarse de manera muy especial y privativa: es así que se manifiesta el poeta respecto a la concepción y crédito del poema entendiendo este, amén de todo lo dicho, como extensión literaria de aplicación (peculiar) de propiedades del lenguaje,[19] y es que el ejercicio poético se promete en estos versos como capacidad –extrema, en ocasiones- del poeta para reencontrase con el lenguaje mismo.[20] No debe extrañarnos en este punto, la ya proverbial aversión de Carvajal, expresa en numerosas ocasiones,[21] por pronunciarse teóricamente (poética-mente) sobre el hecho creativo poético. Esta ausencia de poética parte de la concepción misma de la poesía (poiesis) como ejercicio de creación y que, en la poética, insistimos, obtiene analogía -teórica- en tanto que obra, cuya sustancia y medio es también el lenguaje, mas sometido a las convenciones (de precepto y exposición) que, sujetas a su vez a rígidas fórmulas precisas, no alcanzan por sí solas el vuelo del impulso creativo. Mas, en virtud de ese incansable –inagotable- espíritu de novedad en el lenguaje poético será, no obstante, lógico que encuentre su culminación el poema como poiein (hacer) del espíritu, y en cuya acción se empleen (para su perfecta, enérgica y ardiente consecución) todos los medios a su alcance.

Es por tanto perfectamente legítimo sospechar de aquella expresión exterior que pretende explicarla como cosa inmoble, extinta, muerta; será así, la viva dinámica del propio arte y no tanto la razón analítica o demostrativa lo que importe, si es algo que en sí mismo está necesariamente en continua conmoción, diligencia y movimiento en virtud de ser –y estar- vivo: Aquiles no puede vencer a la tortuga si sueña en el espacio y en el tiempo.[22] Todo aquello que encuentra definición se distingue inexcusable del espíritu creador, y es que la poesía (como creación del espíritu) no es posible sino en acto. La acción poética será factible en virtud de la negativa a observarse como objeto sin relación con el espíritu creador. Así las obras creativas (del espíritu) encuentran su relación de manera exclusiva en aquello que hace nacer lo que las hizo nacer en ellas mismas. [23]

Nos parece, sin embargo, interesante incidir, aunque sea brevemente, en la cuestión del espíritu creador, porque induce y estimula la concepción (incluso desde el mismo status nascendi de la obra) del poema como materialidad (lingüística) de la poesía, sobre todo si se concibe como portadora del fenómeno psíquico y de la vida. No exageraríamos si creemos detectar también un cierto hilozoísmo en su concepción del ser y el fenómeno poético, pues en el poema carvajaliano debe entenderse el espíritu como una cualidad misma de la materia viva que anima y compone el poema, o lo que es lo mismo, como ligamentum animae et corporis profundamente vital. El relato de las vivencias del héroe en la epopeya de Casi una Fantasía puede también entenderse como una escenificación mitológica muy personal (íntima) del descenso del nous divino que cae (¡complacidamente!) prisionero de la fisis; al fin y al cabo, el espíritu poético carvajaliano es aquel ánima que da vital e inobediente impulso (e idea feliz) a la constancia y el entusiasmo. Este concepto espiritual puede conectarse con el arquetipo mitológico del que hablábamos unos párrafos más atrás y que servía para elevarse, o, buscar abertura hacia lo universal donde se inspira el mundo del espíritu en su labor creativa.[24]

La estrecha relación del binomio poesía-vida hacen, en todo caso, más consistentes nuestras aproximaciones a la concepción poética carvajaliana ubicada de manera expresamente demandada en este poema, pues la poesía es suficiente en sí misma, si verdadera poesía: su acción es dinámica (netamente viva), inabordable e inevitablemente irrepetible, y es que se vierte como el instante alborozadamente vivido, mas (y volvemos al tema inicial de esta exposición), con y para la amistad verdadera. Es así que las vivencias del amigo[25]  se convierten en el denominado status nascendi del poema.

Amistad, naturaleza, poesía en pos de la plenitud existencial. Es importante en este poema la observación del fenómeno poético a la luz integradora de la vida, donde a su vez, la amistad se complace en regalarse como una forma, delicada o terrible, de entrega.[26] Cabe inferirse incluso que la cadencia y estructura rítmica peculiares del poema se manifiestan acordes a la calidad –pitagórica- de los números cordiales (amistosos)[27] que se dirían configuran excelsamente estos excepcionales versos. La idea (vívida) del bien en Casi una Fantasía se ofrece para el hombre como lugar de privilegio desde el cual, este mismo, se sitúa para el mundo con capacidad de apercibimiento deleitoso (nuevamente: sentimental, sensible, sensitivo) y que, gracias a la amistad, se vive como obsequio de muy preciada y alta estima.

La óptica de la philia en la poesía de Carvajal se nos antoja de una importancia enorme en tanto que debe entenderse como una constante vital para el poeta, no sólo en este poemario, acaso en buena parte de su obra poética. Se vierte esta noción más allá de los lazos de familia y clan (tantas veces atenazadores) en favor de una sympátheia vinculadora, manifiesta en el sentimiento de la mutua ayuda, mas, también en el intenso diálogo de las vidas que, en común solidaridad, invitan a la participación de la memoria del otro, todo lo cual vivifica el monólogo de lo interno (egocéntrico) que tantas veces nos aísla.

Detectamos, en fin, el impulso de una ardorosa concepción (epicúrea) de la amistad que se mantiene y se justifica como un fin en sí misma. En Casi una Fantasía se escucha el eco eximio de la vida, pero también el clinamen sobre el que liberar la soledad esencial del hombre y que, en estos versos, se manifiesta como consigna que encuentra su más elevado templo de significación en la alteridad del amigo verdadero. No es, por tanto, esta, en absoluto una atmósfera clausurada en la hedoné ególatra; muy al contrario: se contempla y se siente como impulso ecuménico de júbilo aspirante a una solidaridad universal que evoca admirablemente a (nuestro, también muy estimado) Epicuro, cuando dice: La amistad hace su ronda alrededor del mundo y, como heraldo, nos convoca a todos [28]  en la búsqueda de una común felicidad, porque acaso se confirma como la única posibilidad de pervivencia y de sentido.[29]  La ley auténtica de la amistad y la poesía verdaderas se manifiesta en estos versos, para mayor gloria de la mejor literatura y lo más excelso de la causa moral de la humanidad, sin alterar por ello ni un mínimo discreto de calidad poética en sus versos, que todo discurre en la razón lógica del número concorde y en virtud de la lozana intuición y artística galanía.

                                                                                                             Francisco Acuyo (2)




[1] Acuyo, F.: “Los fundamentos de la proporción y lo diverso”, Universidad de Granada, 2007, y, en Jizo Ediciones, edición corregida y aumentada, 2009 . Se formulan planteamientos para la comprensión de la trasgresión del precepto métrico, en virtud no sólo de los condicionamientos expresivos impuestos por el poeta, además, porque el propio sistema métrico es concebido como un axioma dinámico (y complejo) sujeto a la aleatoriedad  propia de los sistemas vivos.
[2] Véase el problema en Ruben Darío: “Prosas Profanas”, Espasa Calpe, Madrid 1978.
[3]  Mercado Ureña, J.: “Informe extravagante para una Extravagante Jerarquía,” en Antonio Carvajal, Poesía en el Campus, nº 34, 1996.
[4] Ibidem.
[5] Ghyka, M.C.: “El número de oro: Los ritmos. Los ritos”, Poseidón, Barcelona 1992.
[6]  Guatelli-Tedeschi, J.: “Fruto Cierto” (ver nota 7).
[7] Carvajal. A.: Se basa  “en el tipo de cómputos de números mágicos… para reducirlo todo a las nueve primeras cifras en definitiva y ver cómo esas reducciones van cumpliendo y estructurando numéricamente; o sea, matemáticamente el poema”.
[8] Así lo recoge Jöelle Guatelli-Tedeschi en su “Fruto Cierto”: Partes(p): 3+ un Preludio. Estrofas (e): 18e x 3p + 8e= 62 (18= 6vx3p). Versos (v): 54e + 6v + 8ex6v= 372 v. Sílabas (s) 372vx11s-4s +7s= 4095s.
 [9] Acuyo, F,: Fisología de un espejismo, (ver nota 2).
[10]  Recuérdese el deseo del poeta de hacer un poema “fundacional”.
[11]  Esto puede detectarse también en el poemario “Sitio de Ballesteros”.
[12] Eliade, Mircea: “Lo sagrado y lo profano”, editorial Labor, Barcelona. 1992.
[13] Mircea Eliade habla de dioses o héroes civilizadores.
[14] Acuyo, F.: (ver nota 2).
[15] Ibidem.
[16] Jung, C.G.: “Obra Completa”, volumen 15; “Sobre el fenómeno del espíritu en el arte y en la ciencia”, editorial Trotta, Madrid 2002.
[17] Ibidem.
[18] Expresión netamente carvajaliana.
[19] Valery, P.:”Introducción a la poética,” Rodolfo Alonso Editor, Buenos Aires 1975.
[20] Ibidem.
[21] Carvajal, A.: “Poética y poesía,” Fundación Juan March, Madrid 2004.
[22] Valery, P.: “Introducción a la poética”, (ver nota 50).
[23] Ibidem.
[24] Ver página 7 de este mismo prólogo.
[25] Carlos Villarreal
[26] Carvajal, A.: “Consonante Respuest”a, (ver nota 7).
[27] Números amistosos: Los pitagóricos distinguieron  números amistosos y los perfectos (dos números son amistosos si cada uno es la suma de los divisores del otro; un número es perfecto si es la suma de sus divisores). También definieron los números figurados, relacionando la aritmética y la geometría.
[28] Epicuro: “Obras Completas”, editorial Cátedra, Filosofía del pensamiento, Madrid 1995.
[29]  Lledó, E.: “El Epicureismo”, Taurus, Madrid 1995.






Antonio Carvajal, Casi una fantasía 2, Francisco Acuyo


ANTONIO CARVAJAL: CASI UNA FANTASÍA I

A propósito del poemario Casi una Fantasía, de Antonio Carvajal, reeditado en Jizo Ediciones (Quasi una Fantasía, 2007) en versión bilingüe, con traducción de Joëlle Guatelli-Tedeschi (francés español), ofrecemos unas reflexiones que atañen a dicha obra y que también afectan  a la personalidad del poeta y a su concepción de la poesía, manifiesto todo ello de manera singular a lo largo de los versos componen tan excepcional conjunto poemático. De este trabajo se extractó una parte que, posteriormente, pasó a integrar, como prólogo o introducción, la totalidad de la obra publicada para mejor gloria y reconocimiento de nuestra editorial.






Antonio Carvajal: Casi una fantasía 1, Francisco Acuyo





CASI UNA FANTASÍA:
ELOGIO DE LA VIDA, 
LA AMISTAD Y LA POESÍA I[1]





 ALLÍ donde in extremis de la ciencia rige la disciplina singular de la poesía o, lo que viene a ser lo mismo, allí donde habita el espíritu entusiasta (la inteligencia grácil, sutil y diligente) que, en lo inmarcesible –o fugitivo- de la vida, el arte verdadero discierne (sentimental, sensible, sensitivo), se manifiesta vívido el vigor de un saber a la vez nuevo y primigenio (¿ciencia de la paradoja?)[2] que colige con muy estimable verdad, razón y método aquello que nosotros denominábamos con total convicción: ser en la belleza.[3] 

Desde luego no excusa la tenaz controversia (latente o manifiesta) de la poesía como fuente (única y diversa) de conocimiento y vida lo expresado con anterioridad; de hecho, somos del todo consecuentes de que su ciencia (y arte) –universal- es siempre  producto (poiético) propio, verdadero, energético y genuino del espíritu, cuya peculiar naturaleza hace, por cierto, y en no pocas ocasiones, que su aprehensión exija condiciones de observación en verdad sutiles y muy atentas, las cuales, además, en absoluto serán total garantía para un verdadero y, mucho menos, imperioso e inmutable entendimiento.

Pensamos en la incompletitud del análisis textual (inmanentista o no), que tantas veces nos arrastra falazmente hacia el bucle extraño donde cualquier suposición inicial (sobre todo para la lógica poética) puede conducir a la refutación de aquella, y por lo tanto, siempre insuficiente, a nuestro juicio (en su taxativa y pertinaz disección de lo que está vivo); mas buscaremos su socorrido auxilio para establecer si no un definitivo y correcto apercibimiento, al menos sí uno aproximado de la realidad artística que representa, y del prístino fluir de su vivo conocimiento.[4] Para todo lo cual, no obstante de su compleja involucración y viva integridad, parece necesario hacerse prudente en lo que respecta al sentido (y significación) de lo que sea la intuición creativa y, altamente receptivo por tanto, al juicio ecuánime y discreto de la ciencia literaria, sobre todo si pretendemos en la coordinación y ajuste de nuestros razonamientos una consideración proficua de su estudio.

De la quietud imperturbable (y, sin embargo, siempre en pleno y vivo movimiento) de la auténtica y verdadera poesía, dan fe los versos incomparables del poemario de Antonio Carvajal Casi una Fantasía. En ellos, el inaudito universo de lo hermoso conseguido [5] advierte que la luz de la poesía existe sobre el cosmos, mas con inusitado rango de (unánime) individualidad.

El lector atento de poesía (y muy estimado, sin duda, en tiempos de tan prosaica coyuntura) puede obviar, graciosa y justificadamente, el curso (y el discurso) de estas (e incluso de otras mucho más autorizadas) opiniones que se ofrecen (o puedan, con bastante más acritud crítica y rigor intelectual que las expuestas, ofrecerse) como líneas liminares a este monumento artístico al que aludimos ahora y que ocupa presta atención en estas inseguras y –necesariamente- breves páginas introductorias. Y todo porque sostienen los versos que las post-ceden sin ningún género de hesitación, ellos solos, ecuánimes, inmanentes, ejercen excelso liderazgo literario y, sobre todo, poético, de cuyo aliento humano, creativo y vital dieron puntual noticia, mucho antes que nosotros, voluntades preparadas harto mejor que quienes con tan apresuradas y sintéticas palabras suscriben este atribulado proemio con tanta celeridad como modestia.

Pero, si bien sobran dictámenes y análisis prosaicos a tanta excelencia poética, acaso faltan precisos (e informados) lectores, más atentos (y entregados) al ímpetu de su grata vitalidad y sagacidad poética insuperable. Sin embargo, caben excepciones cabales para el alcance de una lectura solícita y de un informado estudio, así lo demuestra esta edición bilingüe (español-francés) que presentamos jubilosamente, sobre todo, habida cuenta de las excelencias vertidas en esta versión francesa por su (nuestra) entrañable y avisada traductora, Jöelle Guatelli-Tedeschi,[6] de la que es preciso resaltar su labor investigadora (rigurosa, prominente y sagaz ), acaso nunca suficientemente ponderada sobre el autor que nos ocupa, pues ya puede considerarse, manifiestamente por su avisada y pulcra atención, de ineludible referencia;[7] así se brindan sus elaboradas e inteligentes consideraciones, que facilitan una lectura mucho más cercana (y correcta) no sólo de este excelso título, sino de buena parte de la obra poética del autor de Casi una Fantasía.

Es así que nos mueve, abiertamente lo reconocemos, tentativa muy especial –asaz arriesgada tal vez- en estas páginas iniciales, aun con las prescindibles valoraciones que pueblan desordenadamente su contenido con recetas, recomendaciones y preceptos (humildes, en todo caso) pues, no se hallarán del todo inmersos en el ámbito del juicio crítico al uso (acaso, o mejor, sobre todo, por ser también poeta quien las acomete, dirige y lleva a término, y todo ello quizá con no demasiada delicadeza metodológica). En su lugar vendremos a situar una trayectoria de valoración capaz de concordancia entre el razonamiento siempre peculiar de la poesía y aquel otro, estrictu sensu, crítico-literario, mas, de manera irremisible juramentado con ese otro vínculo inevitable y aún menos objetivo que conmueve y estrecha los lazos de la adhesión fraternal verdadera, no en vano casi treinta años de sincera devoción y hermandad con el poeta de Casi una Fantasía nos contemplan; es decir: en el sitio inmarchitable donde nos decía aquel otro inmenso espíritu creador y humano[8] (tan estimado por ambos) que: viven y, aun conviven en poesía y amistad unos pocos corazones fraternos.

Contemplar los poemas que constituyen cuerpo y espíritu en Casi una Fantasía presupone (¿personalmente?) la perfecta prueba, verificación y testimonio de la importancia y fundamento de la (homophrosyne) comunidad de ideas, reconocida después en la consensio, o, para aquel idem sentire que se quiere manifestar (si de hecho se vive de su nutricio mantenimiento) en la necesidad indefectible de la amistad para el disfrute de una vida plena.

Es este poema el sitio solidario desde donde se puede hacer, de manera privilegiada, frente al dominio del azar (y el caos) que se vierte(n) en la incertidumbre –y tantas veces en las miserias- del devenir cotidiano. No entraré en consideraciones sobre si es no casual que este poema responda a la culminación de una sincera (y larga) amistad,[9] aun cuando sea esta su motivación (inspiración) primera; el hecho que nos conmueve emocional e intelectualmente es la observación del verso sometido a una suerte de relación amistosa que culmina, al ser transformada, en un hecho indiscutible de paideia[10] que, a nuestro parecer, es alborozadamente detectable en no pocos -y culminantes- momentos del poema, mas adjunto a ese amor de la benevolencia (eúnoia) que no desea otra cosa que el bien del otro y el abrigo de la desinteresada restitución. No en vano exaltaba la idea aristotélica de la inclinación amistosa, este estadio de la fraternidad humana,[11] como la fase última y más excelsa de la vida moral.

Veremos en este poema, no sólo inferida de los versos dedicados,[12] que la amistad es virtud excepcional que se ofrece solidaria, gratuita y abnegada, no obstante del tránsito del phatos (pasión) a la disposición (haxis) latina o habitus, cuyo estímulo sensitivo se circunscribe a un apetito racional, activo y electivo, el cual se abre a todas las relaciones posibles y que se muestra, abiertamente en estos versos (decíamos), como un hecho incontestable.[13] Nos parece, en fin, esta amistosa (devota) adhesión que brinda una óptica predilecta de estudio y humano acercamiento al poema Casi una Fantasía.  Se repara en esta perspectiva la clara manifestación del lóghion desde el cual es preciso apercibir que, por probado, es mejor (más eminente) y más gratificante dar que recibir. Es por todo esto, y otras razones que expondremos más adelante, que, para nosotros, este poema se promete manifestación exquisita de fraterna cordialidad desde la que examinar la comunión entre amistad, vida y poesía que, así brindadas, convierten al amigo, como diría Aristóteles[14], en otro yo mismo.

Son estos versos el espejo (de hermandad) sobre el cual el poeta advierte singularmente su semblante, mas en virtud de que ese conocimiento del sí mismo precisa mirarse en el amigo para tener plena constancia (conciencia) del propio existir, y es que en esa contemplación vital se garantiza la plenitud de la vida completa (cumplida y feliz) que, además, reconocerá el hecho de la amistad verdadera como una realidad selecta y rara.

Tampoco nos resulta extraña en estos versos la vinculación (¿agustiniana?)[15] entre la amistad y la búsqueda o la indagación (poética) como vía particular de aprehensión intelectual y, sobre todo, de vida. Deducimos, por tanto, que el deseo de creación manifiesto en estos versos traduce otro no menos capital y enjundioso, cual es el de crear una comunidad fraternal de amistad, poesía y vida. No puede, ni debe, sin embargo, colegirse de estos razonamientos sobre el poema, a este como valedor amistoso de una implícita y dócil tolerantia, pues precisa, y en sus versos es patente, de la alegría de la reciprocidad, de la afabilidad concorde del estar plácidamente juntos, mas también en la estabilidad refleja, tranquilizadora, pues toda realidad semejante se adhiere a otra semejante. [16]

La estructura (musical) poemática,[17] distribuida en la dedicatoria y sus tres partes constituyentes,[18] atiende y se extiende  –desde los inicios de su elaboración - como fundacional [19]),  no sólo al entramado reiterativo de las diferentes secciones que lo integran de manera homóloga (cuantitativamente hablando), sino al propio sentido –y cualidad intrínseca- del poema. Cabe extraerse la significativa dedicatoria acróstica[20] (escrita, sin embargo, después de la culminación del poema) cuyo modelo de estrofa (¿desusado?[21]), como saben sobradamente los que, con circunspección suficiente atentamente vieron su ascendencia particular, y cuyo influjo no debe, por tanto, buscarse en exceso tanto en la tradición,[22] como en el Cimetière Marin, de Paul Valery; todo lo cual, añadido al diligente y (¿excéntrico?) cuidado diseño editorial de su aparición primera,[23]  nos presenta un libro de poemas a todas luces -y la sazón- harto peculiar, y que, desde luego, no debe sustraernos con su precioso virtuosismo y embeleso, de la especial estructura semántica, sintáctica o métrica expuestas en sus versos, las cuales ya requerirían por sí solas un considerable espacio de atención, solicitud y complejo análisis, disertación y preciso método. [24]

Antonio Carvajal: Casi una fantasía 1, Francisco Acuyo
La naturaleza épica del poema (¿con apariencia? de intenso lirismo)[25] manifiesta, amén de la materia de vivencia (la íntima vivencia del amigo) transfigurada, elementos de la tradición literaria en ópimo y diverso desfile, alimentado, sin dubitación alguna, por las constantes, entregadas, intensas y exigentes lecturas del poeta. Es de muy digna relevancia el hecho, a nuestro entender evidente, de que hubo un proceso de integración y síntesis en la aquilatación de los versos que finalmente constituyeron el poema, y que habría de traducirse, posteriormente, en la supresión de buena parte de la carga anecdótica que, en un principio (¿numerosa y desordenada?), le conformara en prematura configuración pre-poemática, y todo, seguido y perseguido con muy excelente criterio instructor, el cual habría de ser extremadamente útil para macerar (educar) a un (entonces, potencial) público adepto y atento a sus consideraciones estéticas, vivenciales y poéticas.

Mas, de eminente interés será (como iremos viendo) la incorporación del acontecimiento mítico en Casi una Fantasía, traslucido en la singularidad del héroe poemático que se mueve a través del bucólico recuerdo y del entramado numérico pitagórico que formulan y acrisolan estos versos.

La epopeya, en múltiples voces cantada, se vierte armónica y conciliadoramente acorde en el coro de las generaciones, dispuesta a manifestar la hazaña vital, personal ¿intransferible? (y poética) a favor de la superación positiva en la inevitable lucha contra la adversidad existencial, y todo ello propiciado por un argumento dramático elemental de vida y muerte que nos habla de la Historia Ejemplar (del) mito[26] sin cesar recomenzado que, además, exige la presta atención (sensorial) de lo acústico como fundamento de apreciación próvida del poema, si sonoro pie, sonora voz, sonoro / el corazón… que engarza la manifestación prístina de oralidad con la que relatar su crónica (¿fábula arquetípica?) primordial y que, después del épico trasiego del héroe poético, ha de culminar en lauro del elan vital, por otra parte, tan grato filosóficamente al epónimo protagonista del poema. [27]

A vueltas de nuevo con el metro (el número) y el mito, diremos que la sextina narrativa[28] escogida por Valery para su Cimetière Marin (como nos parece evidente) no traza los mismos propósitos (de cierre estructural en su conformación y forma métrica) de la tradicional en la que, supuestamente, inspira la de su célebre poemario; así pues, aquella (que decíamos proveniente de la tradición pastoril, de la poesía barroca, o, con mucho del Modernismo) mantenía una conformación cerrada, mas, la que Valery propone se verá que, en su desarrollo métrico-preceptual –así también se observa en Carvajal-, brinda una progresión plenaria. De todo ello cabe inferirse, sin embargo (y por otras razones que también veremos con más detenimiento), que la opción métrica del poeta de Casi una Fantasía, en su adopción de la forma del Cimetiére Marin, no responde de manera tan palmaria, así al menos lo entendemos nosotros, a una intención netamente intertextual (métrica), por cierto, mal traída -y peor llevada- por algún crítico de extraviados conceptos en referencia a la configuración formal de Casi una Fantasía: lo entendemos de esta manera porque atendemos a la apreciación detenida de ambas formas métricas y a su consecución dinámica a lo largo del devenir de los poemas: y es que han de verse más diferencias que presuntos calcos, emulaciones o analogías en su configuración formal. Acaso por la propia e indefectible necesidad –dinámica- del proceso lírico narrativo de sus versos (épico) en Antonio Carvajal, y la clara conciencia del poeta de la necesidad de un modelo bien distinto, si bien exigente de un esquema abierto en su estructura y acorde con sus propósitos expresivos, también dueño de una diligencia, presteza, vivacidad y ligereza más acordes a su proceso creativo. Así, el esquema: AABCCB es asimilado con total naturalidad por Carvajal, no obstante en lo demás, veremos significativas diferencias.[29] Además, gracias al ligero y grácil deslizamiento (encabalgamiento) de los versos consigue liberar del lastre coercitivo a la estrofa, apresurando de forma ágil y liviana el devenir (epopéyico) de lo narrado con una inusitada intensidad lírica en el, fluido unas veces, convulso en otras, discurrir de cada verso.

Por otra parte, la heterometría [30] (… imagen de la noche y sus cintiles / de húmeda plata mienten…) detectada en el poema es argumento añadido para rechazar nuevamente la tan cacareada intertextualidad formal de las estrofas que, con presta maestría, lo configuran. Por si no fuese suficiente, la estructura rítmica del endecasílabo de Antonio Carvajal en este discurrir de versos, en poco o en nada obtiene semejanza, de hecho, rompe con la rígida escansión del verso francés [31] y su monótona regularidad para el (flexible ¿abrupto?) idioma español y, desde luego, para el perspicaz y finísimo oído del poeta de Casi una Fantasía.


                                                                                                Francisco Acuyo (1)


[1] De los múltiples aspectos analizables del complejo estructural y temático del libro de Antonio Carvajal, “Casi una Fantasía,”(todos ellos -sin duda- siempre muy dignos de puntual reseña), escogimos nosotros para introducción y prólogo de esta edición bilingüe, los de la amistad y la vida (por supuesto inseparablemente unidos a la poesía); acaso por ser ambos (tres) constantes de inspiración y elaboración cuidadísima en la obra poética de nuestro autor; acaso también porque en ellos vemos identificada la historia sentimental y, desde luego, racional y espiritual de nuestras propias vidas, máxime de  quienes tuvimos la fortuna de vivir cerca del poeta en esa comunión sagrada de amistad y poesía, pues de todo ello obtuvimos un pre-claro sentido vital, artístico y fraterno en el transcurso de nuestra existencia compartida en la amistad y la poesía durante ese tiempo jubiloso de leal entendimiento.
[2] Acuyo, F.: “Fisiología de un Espejismo”, Artecittá Ediciones, 2010). Con el concepto de “Ciencia de la Paradoja” nos hemos referido en otras ocasiones al venturoso impulso (y método) creador de la poesía como proceder (suerte, sistema o apostura) capaz de conocimiento y resolución ¿peculiar? de la realidad. Esta noción aparecerá también en otras reflexiones sobre el fenómeno poético, así también en estudios sobre el funcionamiento, estructura y dinámica métricos como reflejo sustancial de su organicidad estética y expresiva (véase “Los fundamentos de la proporción y lo diverso”, tesis doctoral, Universidad de Granada, 2007).
[3] Ibidem. El carácter ontológico del proceso creativo poético (expresivo), es “piedra de toque” en nuestras pesquisaciones para la intelección del vívido ser (y devenir) de la poesía, el cual se nos antoja en este poema de Carvajal como línea de investigación muy apropiada, a su vez, para la comprensión de algunos de los aspectos esenciales de su poesía, y aun de la “Poesía” que se precie de verdadero modelo (original y auténtico) de invención, pero no sólo poética y literaria, también genéricamente artística en cuanto que, capaz de creación. No en vano, y con toda modestia, intitulamos un poema (que daría posteriormente título a un conjunto más amplio que anhela ser libro): “Del ser y la belleza”.
[4] Nuestras consideraciones sobre poesía pasan, inevitablemente, (así se deduce de la lectura de los títulos enunciados anteriormente) por el entendimiento del ser, y aun del mismo fenómeno poético, como una suerte de proceso creativo y expresivo que no es comprensible sino como una prolífera acción, diligencia, solicitud de marcado carácter (contumazmente) orgánico y, por lo tanto, resueltamente vivo.  
[5] Jiménez, J. R.: “Dios deseado y deseante”. Aguilar, Madrid 1960. Lo “hermoso conseguido”, no obstante de lo dignamente apreciable en lo natural hermoso, es para nosotros el proceso de creación poética inseparable de lo bellamente fabricado por la naturaleza inspirada del espíritu humano, pues, inseparable del propio ser natural que le origina.
[6] Guateli Tedeschi, Jöelle: Rabat. 1952. Doctora en Filología Francesa (Universidad de Granada). Profesora de Civilización francesa y traducción de la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad de Granada. Traductora no sólo de Antonio Carvajal, (anteriormente vierte del mismo autor al francés algunos fragmentos de“Visperas de Granada”, allá por el año 1994, del libro “Miradas sobre el agua”, también de Rosaura Álvarez y de quien, con toda modestia, suscribe en estas notas: Francisco Acuyo. “Anthologie Bilingüe” Entrelenguas, Jizo Ediciones. Granada 2003. “Ángel contrario al imposible”, Cuadernos Jizo de Arte y Literatura, Paris, 2003. Estimamos su labor de traducción perfectamente acorde con el espíritu vitalista de “Casi una Fantasía”, de hecho su concepción del tratamiento de los textos no será el de un “texte-babil”, sino: “el de un “texte-objet fetiche,” que me escoge y me desea. El deseo del texto es previo al mío, el texto deseante me comunica su deseo mediante múltiples elementos que me llegan como llamaradas sensuales: su vocabulario, su sintaxis, su musicalidad, sus referencias, sus conceptos, su grado de legibilidad…”Así lo refería gratamente en su conferencia: “Placer textual: Gozar de la traducción poética”, Traducción Literaria, Algunas Experiencias, Ed. Comares, Interlingua, Granada 2001.
[7] Guatelli Tedeschi, J.: “Fruto Cierto”, Jizo Ediciones, Granada 2002. “La poesía de Antonio Carvajal: Consonante Respuesta”. Biblioteca Nueva, Madrid 2004. Estudio introductorio de la antología “El Corazón y el Lúgano (Antología Plural, Universidad de Granada, 2003.
[8] Vicente Aleixandre, quien tanta y profunda influencia habría de ejercer (si maestro de ciencia y vida) sobre Antonio Carvajal y tantos otros adeptos de su persona y poesía.
[9] Nos referimos, claro está, a la larga y entrañable amistad con Carlos Villarreal.
[10] Entendida como el hecho de cultura manifiesto y que se brinda como saber vivir urbanamente, atento a las virtudes éticas y sociales.
[11] Aristóteles: Ética a Nicómaco: Gredos, Madrid, 2002.
[12] A Carlos Villarreal. Veremos el acróstico que constituye la dedicatoria en la primera parte del poema: “Amanezca otra luz, si el fuego sabe”.
[13] A diferencia de Platón, para quien la amistad es sobre todo un deseo.
[14] Ver nota 11.
[15] Agustín de Hipona: “Confesiones”, Madrid, Espasa-Calpe, 1965.
[16] Agustín de Hipona: “Obras Completas”, “Sermones”, Teología Madrid, BAC, 1981”.
[17] Prat, I.: “Casi una Fantasía, de Antonio Carvajal”“Estudios sobre poesía contemporánea”, Taurus, Madrid, 1983. La nota previa (El ángel y el caballero de oro) “se funde con Beethoven y Lohengrin, estableciendo el siguiente orden poemático: Preludio, Tema, Adagio, Scherzo y Allegro”. Así lo refería sabiamente Ignacio Prat cuando decía que el componente básico del poema se establece en los términos de la fábula beethoveniana y de la ópera de Wagner.
[18] 8+18+18+18 sextetos cuya simetría AAB:CCB vendría a repartirse en la siguiente proporción: 48+108+108+108=372 versos
[19] Carvajal, A: en “La poesía de Antonio Carvajal. Consonante respuesta”, y que parece no encontrar “nada equiparable” en palabras de Antonio y recogidas por Jöelle Guatelli; (ver nota 7).
[20] Los 48 versos (acrósticos) de la dedicatoria completan su misión en la siguiente noticia: “Antoni / o Carva / jal hiz / o este p / oema pa / ra Carl/os Vill / arreal.”
[21]  El desuso: “hasta cierto punto”, nos advertía Ignacio Prat.
[22] La tradición pastoril, poesía barroca, o, como mucho en el Modernismo. (véase  Ignacio Prat, nota 17).
[23] Carvajal, A.: “Casi Una Fantasía”, Universidad de Granada, Col. Silene, 1975. Con Ilustraciones de una “Iconologia Deorum” de 1680. Colofón latinizado,  páginas sin numerar y capitales iniciales rojas que, como decía Prat “contribuyen a singularizar el texto en la dirección clásica y simbólica que propone la nota previa” El ángel y el caballero de oro”. 
[24] Ya iniciado de forma seria, aunque muy breve, por el propio Ignacio Prat.
[25] Carvajal, A.: Joëlle Guatelli -Tedeschi. “La poesía de Antonio Carvajal. Consonante respuesta” (ver notas 7 y 19).
[26] Guatelli Tedeschi, J: “El Corazón y el Lúgano (Antología Plural), Selección de “Casi una Fantasía”, pág.71. Universidad de Granada 2003.
[27]  Sabido es, para aquellos que conocimos a Carlos Villarreal, su inclinación por la filosofía, y de manera especial por el vitalismo bergsoniano.
[28] Reconocida por la métrica italiana anexa al canon de 4 versos rimados (consonantes) alternamente y cerrados por un pareado según el esquema: ABABCC.
[29] Al igual que no adopta el sexteto de dos rimas alternas y pareado final, muy bien pudo rechazar para sus propósitos poético-expositivos (y expresivos) la octava que ofrecía una propuesta idénticamente obliterada para el desarrollo poemático, necesariamente enérgico, activo y dinámico para su aventura creativa.
[30] Véase la clara (y perfecta) isometría del poema de Valery, en contraste con la sincopación del “Scherzo” carvajaliano, en el que se introduce un verso de siete, todo lo cual supone la quiebra subitánea del modelo estrófico, que parece un instante inclinarse hacia el sexteto “alirado”.
[31] Cuya rítmica se vierte con sistemática acentuación interna (en 4ª primordialmente) y con “acento dominante y obsesivo” en 6ª.