jueves, 20 de diciembre de 2018

EL ARTISTA DIEGO CANCA EN "EL RINCÓN DE PENSAR"

Para la sección, Archivo audiovisual, del blog Ancile, en el programa de TV9, El rincón de Pensar, dedicado al artista Diego Canca, entrevistado por Francisco Acuyo para dicho programa.

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 Archivo audiovisual, Diego Canca



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lunes, 17 de diciembre de 2018

EL DISCURSO DE LA SERVIDUMBRE VOLUNTARIA DE ÉTIENNE DE LA BOÉTIE , ANÁLISIS DEL CONTENIDO


Abundando sobre el discurso de Etienne de la Boétie, para la sección, Microensayos, del blog Ancile, traemos un nuevo post del profesor Tomás Moreno que lleva por título: El discurso de la servidumbre voluntaria de Étienne de la Boiétie, análisis del contenido.

El discurso de la servidumbre voluntaria de Étienne de la Boiétie, análisis del contenido. Francisco Acuyo



EL DISCURSO DE LA SERVIDUMBRE VOLUNTARIA

DE ÉTIENNE DE LA BOÉTIE

ANÁLISIS DEL CONTENIDO



El discurso de la servidumbre voluntaria de Étienne de la Boiétie, análisis del contenido. Francisco Acuyo


Lo que fundamentalmente preocupa a La Boétie no es que unos Estados, Reinos o Principados estén mejor o peor gobernados que otros, sino el hecho mismo de que unos hombres manden y otros obedezcan, de que unos hombres sean gobernados por otros, es decir: le preocupa el hecho mismo de la existencia del Poder político, el hecho bruto del Poder: “De momento”, escribe, “quisiera tan solo entender cómo pueden tantos hombres, tantos pueblos, tantas ciudades, tantas naciones soportar a veces a un solo tirano, que no dispone de más poder que el que se le otorga” (DSV, p. 52).
            Cuando La Boétie habla del “Uno” o dice “tirano” no se refiere solamente al rey, príncipe o político déspota que gobierna sin la aceptación o consentimiento de sus gobernados[1], se refiere a cualquier gobernante que ejerza el poder, a “cualquier forma de gobierno”:

El discurso de la servidumbre voluntaria de Étienne de la Boiétie, análisis del contenido. Francisco Acuyo

“Hay tres clases de tiranos: unos poseen el reino gracias al voto popular, otros a la fuerza de las armas y los demás al derecho de sucesión […] Aquel que detenta el poder gracias al voto popular debería ser, a mi entender, más soportable y lo sería, creo, de no ser porque, a partir del momento en que se asume el poder, situándose por encima de todos los demás, halagado por lo que se da en llamar grandeza, toma la firme resolución de no abandonarlo jamás. Acostumbra a considerar el poder que le ha sido confiado por el pueblo como un bien que debe transmitir a sus hijos. Ahora bien, a partir del momento en que él y sus hijos conciben esta idea funesta, es extraño comprobar cómo superan en vicios y crueldades a los demás tiranos. No ven mejor manera de consolidar su nueva tiranía sino incrementando la servidumbre y haciendo desaparecer las ideas de libertad con tal violencia que por más que el recuerdo sea reciente, pronto se desvanece por completo la memoria. Así pues, a decir verdad, veo claramente que hay entre ellos (entre los diversos tipos de tirano) alguna diferencia, pero no veo elección posible entre ellos, pues, si bien llegan la trono por caminos distintos, su manera de reinar es siempre aproximadamente la misma” (DSV, pp. 65-66).

           
            En cuanto a la pregunta  sobre el origen o causa de la obediencia al poder, de la servidumbre voluntaria, La Boétie va a rechazar las explicaciones habituales según las cuales es el tirano el que impone su tiranía mediante la fuerza o la astucia, las armas o el engaño. Tampoco se impone porque sea el más sabio, justo o valiente. Rechaza tanto la concepción moreana del jefe sabio como la maquiavélica del príncipe virtuoso. La servidumbre no les viene impuesta a los hombres por la supremacía militar, intelectual o moral del tirano, sino que los hombres la eligen de forma voluntaria, la consienten deliberadamente. Ningún tirano, por muy poderosos que sea, por muy astuto o sabio que fuere, podría imponer su voluntad a cientos, a miles, a millones de hombres si éstos no consintieran en someterse:

“Son pues, los propios pueblos los que se dejan, o mejor dicho, se hacen encadenar, ya que con sólo dar de servir, romperían sus cadenas. Es el pueblo el que se somete y se degüella a sí mismo; el que teniendo la posibilidad de elegir entre ser siervo o libre, rechaza la libertad y elige el yugo; el que consiente su mal o peor aún, lo persigue” (DSV, p. 57).

           
            Es decir, para La Boetie son los hombres los que desprecian su propia libertad, porque si la desearan la tendrían. Baste querer la libertad, basta dejar de servir, para que el poder del tirano se desmorone por sí solo, sin necesidad de derribarlo:

El discurso de la servidumbre voluntaria de Étienne de la Boiétie, análisis del contenido. Francisco Acuyo “Decidíos, pues, a dejar de servir y seréis libres. No pretendo que os enfrentéis a él, o que lo tambaleéis, sino simplemente que dejéis de sostenerlo. Entonces veréis cómo, cual un gran coloso privado de la base quelo sostiene, se desplomará y se romperá por sí solo” (DSV, pp. 60-61 ).

           
            El objetivo que Étienne de La Boétie persigue a lo largo de todo su “Discurso” no es otro que el de llegar a descubrir “cómo se arraiga” en los hombres esa particular voluntad de servir que podría dejarnos suponer que, en efecto, el amor a la libertad no es un hecho natural. Ante tan desgraciada hipótesis nuestro joven pensador alega con contundencia los siguientes argumentos:

“Pero si hay algo claro y evidente para todos, si algo hay que nadie podrá negar, es que la naturaleza, ministro de Dios, bienhechora de la humanidad, nos ha conformado a todos por igual y nos ha sacado de un mismo molde para que nos reconozcamos como compañeros, o, mejor dicho, como hermanos. Y si, en el reparto que nos hizo de sus dones, prodigó alguna ventaja corporal o espiritual a unos más que a otros, jamás pudo querer ponernos en este mundo como en un campo acotado y no ha enviado aquí a los más fuertes ni a los más débiles. Debemos creer más bien que al hacer el reparto, a unos más, a otros menos, quería hacer brotar en los hombres el afecto fraternal y ponerlos en situación de practicarlo […]. Así pues, ya que esta buena madre nos ha dado a todos toda la tierra por morada […]; si nos ha dado a todos ese gran don que son la voz y la palabra para que nos relacionemos y confraternicemos y el intercambio de nuestros pensamientos, nos lleva a compartir ideas y deseos; si ha procurado por todos los medios conformar y estrechar el nudo de nuestra alianza y los lazos de nuestra sociedad […],  ¿cómo podríamos dudar de que somos todos naturalmente libres, puesto que somos todos compañeros? Y ¿podría caber en la mente de nadie que, al darnos a todos la misma compañía la naturaleza haya querido que algunos fueran esclavos?” (DSV, pp. 62-63). (Continuará).



TOMÁS MORENO

           








[1] La figura del tirano despótico y antidemocrático (de izquierdas o de derechas)  ha sido tratada en la novela española e hispanoamericana con cierta profusión desde don Ramón María del Valle Inclán (El Tirano Banderas) o Francisco Ayala (Muertes de perro y El fondo del vaso) hasta Augusto Roa Bastos (Yo, el Supremo), Miguel Ángel Asturias (Señor Presidente), Gabriel García Márquez (El otoño del patriarca) o Mario Vargas Llosa (La fiesta del chivo), por citar solamente las más representativas del género. Sería interesante estudiar las semejanzas y diferencias que presenta la figura del  tirano tal y como aparece descrita y analizada en la literatura de los clásicos políticos –desde Jenofonte o Aristóteles a Maquiavelo o Montesquieu- y en la narrativa literaria occidental.




El discurso de la servidumbre voluntaria de Étienne de la Boiétie, análisis del contenido. Francisco Acuyo


miércoles, 12 de diciembre de 2018

CLÁSICOS POLÍTICOS OLVIDADOS , EL DISCURSO DE LA SERVIDUMBRE VOLUNTARIA O EL CONTRA UNO, DE ÉTIENNE DE LA BOÉTIE



Para la sección, Microensayos, del blog Ancile, abrimos un nuevo apartado, dedicado a : Clásicos políticos olvidados, de la mano del filósofo Tomás Moreno; iniciamos con el trabajo titulado : El discurso de l servidumbre voluntaria o el contra uno, de Étienne de la Boétie.



Clásicos políticos olvidados, El discurso de l servidumbre voluntaria o el contra uno, de Étienne de la Boétie, Tomás Moreno



CLÁSICOS POLÍTICOS OLVIDADOS,

EL DISCURSO DE LA SERVIDUMBRE VOLUNTARIA 

O EL CONTRA UNO,  DE ÉTIENNE DE LA BOÉTIE[1] (I).



Clásicos políticos olvidados, El discurso de l servidumbre voluntaria o el contra uno, de Étienne de la Boétie, Tomás Moreno


1. El Discurso de La Boétie es uno de los grandes textos políticos no ya raros u olvidados[2] de la literatura política occidental, sino más bien ocultados por la tradición teórica dominante a lo largo de casi toda la modernidad. Casi desde su aparición, en los umbrales de la segunda mitad del siglo XVI, ha sido injustamente relegado y obliterado en la literatura académica convencional  y por ello mismo todavía casi por descubrir, pese a los cuatro siglos que nos separan de él.
            Pierre Clastres y Claude Lefort, dos ilustres pensadores políticos franceses, al final de la década de los setenta del pasado siglo trataron, con éxito, de rescatarlo del olvido, con una edición actualizada del mismo y con un enjundioso ensayo “La Boetie y la cuestión de lo político”, editado en Payot, París, 1976. Con su ensayo ambos trataron de demostrar que el Discurso de La Boétie, lejos de ser un simple panfleto, era una obra en la que su joven autor se anticipaba nada menos que en cuatro siglos a la corriente de pensamiento político denominada “crítica de la dominación política”[3].             Descubrir a La Boétie y su Discours de la servitude volontaire ou Le ContrUn, era, pues, intentar desvelar qué urde y encubre en realidad el aparato de la política y cuestionar aquellas verdades ideológicas que, desde hace más de un siglo, vienen afianzándose en el mundo como “proyecto de libertad”. Las dos preguntas cruciales a la que trata de responder el Discurso es ¿por qué los hombres luchan por su servidumbre como si se tratara de su propia salvación? Y ¿por qué preferimos servir a cualquier poder (amo, tirano, caudillo, mesías, partido, estado etc.) a ser responsables y libres?
Clásicos políticos olvidados, El discurso de l servidumbre voluntaria o el contra uno, de Étienne de la Boétie, Tomás Moreno


            Escrito en latín en 1548, cuando su autor apenas contaba 17 o 18 años, traducido al francés antiguo por su íntimo amigo Michel de Montaigne, y publicado en 1576 en Ginebra por el hugonote Samuel Goulard dentro de las “Memorias del estado de Francia en el reinado de Carlos IX”, una selección de escritos calvinistas antimonárquicos, el Discurso se convertirá muy pronto en punto de referencia obligado para los distintos movimientos de contestación política que se sucedieron en Francia y Europa a lo largo de los siglos XVI a XVII, llegando su influencia hasta el siglo XIX. Los movimientos monarcómacos de oposición calvinista frente a la Monarquía católica francesa y también los de oposición católica a Enrique IV de Borbón[4]; los revolucionarios franceses del XVIII, Marat y el círculo de Babeuf, y el anarquismo revolucionario de Gustav Landauer en el XIX, son citados por los entendidos como receptores de su legado político.
            La obra de La Boétie es una fulminante requisitoria contra el despotismo  político, de apenas una veintena de páginas, en la que, apoyado en una erudición clásica habitual en la literatura política de su época y con numerosos ejemplos sacados de la Antigüedad, como hizo también Maquiavelo, critica y denuncia la situación política de su tiempo. Constituye, sin duda, uno de los alegatos políticos en defensa del individuo y de sus derechos naturales y contra el absolutismo político más contundentes y desconocidos de la ciencia política moderna.
             Nacido en Sarlat, pequeña población cercana a Burdeos, Étienne de La Boétie (1530-1563) estudia derecho en la Universidad de Orleans, fue poeta y humanista de raíces estoicas, jurista y consejero del Parlamento de Burdeos, traductor de los clásicos griegos y, como decíamos antes, amigo de Michel de Montaigne, gran pensador francés de la época y alcalde de Burdeos, quien -además de traducir su Discours al francés, incluir 29 de sus sonetos en sus famosos Essay (I, XXIX), y publicar el resto de sus escritos en 1571- mandó erigir un monumento de mármol en memoria de su amigo, fallecido muy tempranamente, en 1563, a los 33 años en Germignan. Fustigador ardiente de la tiranía (encarnada por El Príncipe de Maquiavelo) y defensor acérrimo de la “libertad natural”, puede ser considerado para algunos como un anarquista “avant la lettre”, para otros como un precursor de las teorías del Pacto y de la democracia liberal.
            Michel Onfray, uno de los más reputados filósofos franceses de la actualidad, ha señalado recientemente[5] con aguda lucidez las similitudes y contrastes entre El Príncipe (1532) la obra del florentino y el Discurso de la servidumbre voluntaria (1548) el ensayo del pensador francés. Entre sus coincidencias[6] destaca la presencia en ambos de una antropología enteramente laica, pese a ser católicos los dos (aunque no confesos), que tiñe sus concepciones políticas y de la política de un evidente inmanentismo secularizador, en el que el Dios de la tradición judeocristiana prácticamente ha desaparecido y en las que tanto la religión como la moral cristianas no cuentan ya para nada en el ámbito de la teoría y de la praxis políticas. En el mundo de la política “sólo hay hombres entre los hombres”[7].
Clásicos políticos olvidados, El discurso de l servidumbre voluntaria o el contra uno, de Étienne de la Boétie, Tomás Moreno
            Las discrepancias también son evidentes: “Si Maquiavelo ofrece un manual acerca del fuerte poder otorgado al príncipe a fin de establecer firmemente una república en la que el pueblo sea bien conducido, la Boétie, por su parte, le regala al pueblo un librito que contiene una carga política terrible capaz de hacer saltar en pedazos el poder del príncipe. El florentino aporta los medios para construir al hombre fuerte, el francés ofrece los medios para deconstruirlo”[8]. Según Michel Onfray mientras que el autor de El príncipe suministra un vademécum del poder autoritario, supuestamente por el bien (romano) del pueblo, el autor del Discurso nos proporciona, por el contrario, “un manual del poder contra el poder autoritario, en otras palabras, del contrapoder. Con uno, se hacen los reyes y los hombres fuertes; con el otro, se los deshace”[9]. Con estos dos textos, viene a concluir, la ciencia política moderna tiene a su disposición en uno y otro caso dos lógicas políticas antitéticas.
            Su Discurso se abre con una frase de Ulises –personaje de la Ilíada de Homero-, dirigida a los príncipes y caudillos militares aqueos que se encuentran desalentados y desunidos, en la que viene a decir: “No es bueno tener muchos jefes; que uno, sin más sea el Amo, que uno solo sea el Rey”. Todo el posterior desarrollo de su argumentación gira alrededor de este verso homérico, y no sólo para combatirlo o rechazarlo, sino para tratar de explicar lo extraño que resulta que semejante propuesta de Ulises sea aceptada de inmediato por todo como algo lógico y hasta “secretamente deseado”. En su Discurso el joven jurista francés se asombra del dominio del Uno, del Tirano, del Amo sobre el pueblo y la sociedad enteros, así como del hecho de que muchos se plieguen a Una sola Voluntad omnímoda, extraña a ellos mismos y dimitan, por consiguiente, de su libertad natural para obedecerla. Pero lo que más le irrita, como veremos, es que dicha sumisión y obediencia no sea solo algo impuesto coactivamente desde el exterior sino que sea voluntariamente aceptada y acatada por todos los hombres. (Continuará)

TOMÁS MORENO




[1] Étienne de la Boétie, El Discurso de la servidumbre voluntaria, trad. de Toni Vicens, Tusquets Editores, Barcelona, 1980. Se incluye en el volumen el ensayo de Pierre Clastres y Claude Lefort, La Boetie y la cuestión de lo político. En adelante citamos con las siglas DSV más número de página.
[2] Como reza el título de esta serie de post de carácter político que hoy iniciamos.
[3] Op. cit.
[4] Este rey, converso al catolicismo desde el calvinismo, promulgará el Edicto de Nantes en 1598, por el que se concedía libertad de culto a los calvinistas franceses, sus antiguos correligionarios.
[5] Michel Onfray, Decadencia. Vida y muerte de Occidente, trad. esp. De Alcira Bixio, Paidós, Barcelona, 2018.
[6] Ibid., pp. 348 y 351
[7] Ibid., p 351
[8] Ibid., pp 350-351
[9] Idem.





Clásicos políticos olvidados, El discurso de l servidumbre voluntaria o el contra uno, de Étienne de la Boétie, Tomás Moreno

lunes, 10 de diciembre de 2018

ENTREVISTA A Mª ELENA MARTÍN VIVALDI, EN LOS CICLOS DE LA DIPUTACIÓN DE GRANADA

Para la sección, Archivo audiovisual, del blog Ancile, con motivo de los Ciclos vitales, literarios y artísticos de la Diputación de Granada, dedicado a la poeta Elena Martín Vivaldi, Francisco Acuyo entrevista a su sobrina Mª Elena Martín Vivaldi, Vicedecana entonces de la Universidad de Granada.

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Ciclos vitales, literarios y artísticos de la Diputación de Granada, dedicado a la poeta Elena Martín Vivaldi, Francisco Acuyo entrevista a su sobrina Mª Elena Martín Vivaldi










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Ciclos vitales, literarios y artísticos de la Diputación de Granada, dedicado a la poeta Elena Martín Vivaldi, Francisco Acuyo entrevista a su sobrina Mª Elena Martín Vivald



viernes, 7 de diciembre de 2018

CONCIENCIA, MEMORIA Y OLVIDO: LA REALIDAD DE LA NADA


Abundando sobre la cuestión de la nada traemos una nueva entrada para la sección, Ciencia, del blog Ancile, bajo le título: Conciencia, memoria y olvido: la realidad de la nada.

Conciencia, memoria y olvido: la realidad de la nada. Francisco Acuyo





CONCIENCIA, MEMORIA Y OLVIDO:

LA REALIDAD DE LA NADA








 Superada la idea de una conciencia  que proyecta procesos mentales uniformes y fácilmente controlables exteriormente (visión mecánico conductista de la mente), debemos plantearnos, antes de explicar la noción o nociones que tenemos de algo tan intangible ¿abstracto? como la nada, cómo es que somos conscientes del mundo que sí está ahí, material, tangible, medible, sustancial; ¿son los sentidos los que perciben y hacen conscientes los datos extraídos de aquellas percepciones los que conforman la conciencia de esa realidad? ¿Esa información está dentro o fuera –en el mundo mismo- que hace ser a nuestra conciencia?; ¿o, acaso todo lo que percibimos es una mera proyección ilusoria de nuestra mente?

Parece claro que hay fenómenos que no son perceptibles para el hombre (por ejemplo la luz ultravioleta) y que para llegar a imaginarlos hemos desarrollado artefactos abstractos tales como las matemáticas, basándose en el estudio de las propiedades invariantes que son observables; por ejemplo, en el fenómeno de la luz, las cuales han dado lugar a constructos como la teoría de grupos que han sido muy útiles para el entendimiento de lo más íntimo e ínfimo de la materia que estudia la mecánica cuántica. Estas teorías tratan de dar sentido sobre aquellas estructuras ocultas que pueblan y construyen el microcosmos atómico. Dichas abstracciones han demostrado, como decíamos, ser muy útiles, pero no solo eso, nos ponen en antecedentes para saber qué es realmente un objeto sin necesidad de observarlo, aprovechando la tendencia de nuestra mente a completar la información incompleta.
Conciencia, memoria y olvido: la realidad de la nada. Francisco Acuyo

                ¿Puede sernos útil estas apreciaciones aplicadas al mundo de la materia –constatable perceptivamente o de manera abstracta- para la ideación –no ya la percepción- de la nada? Si las ideas no están en la mente, sino que…unas y otras están en la unión de mente y materia[1] ¿qué naturaleza y realidad tiene la idea de la nada? Si aceptamos que la percepción se hace realidad para poder adaptarse y navegar por el medio del universo mundo, ¿qué papel juega –psicológico- la nanidad y el vacío en nuestra conciencia? Si reconocemos que toda percepción –física o abstracta- es siempre dinámica, activa y que actúa contra el caos y el azar en forma de información que posibilita nuestra estancia física y mental en el mundo, ¿qué pinta en nuestra conciencia la idea de la nada?

                El horror vacui acaso viene unido casi siempre al terror de perder la memoria.  El orden de la información (para que sea esta recordada) proviene de aquella lucha contra el desorden –la entropía, decíamos en entradas anteriores- que bien podrían sumirnos en el olvido, si es que en verdad el orden de los lugares conservará el de las cosas (decía Simónides de Ceos). Acaso, sin memoria, no sólo perderíamos la relación y pauta del recurso informático de orden para tener las cosas en su sitio, sino la cosa misma en un lugar donde nada impone regla  ni conducta para su realidad misma ¿Acaso el olvido no es sino la nada que hace posible la pérdida de sintonización de la conciencia  -o- con el mundo? Desde luego desde aquí no hablamos de la memoria como un proceso mecánico más o menos automatizado, sino como una transformación evolutiva que está estrechamente fusionada con otros procesos mentales que diríanse compenetrar eso que llamamos conciencia y que se nos ofrece vinculada íntimamente con el mundo a través de la información que aparece en nuestra mente consciente e inconscientemente. Hasta aquí, todo lo que no es vacío, es orden, memoria, información, versatilidad, resolución de incertidumbre, cambio, vida en definitiva. ¿Cómo casamos la idea de la nada –lo que no es, lo que es estático, inamovible, en nuestra conciencia? ¿Y por qué, no obstante de su inquietante indefinición y naturaleza, acudimos a ella en sus diversas manifestaciones abstractas (matemáticas, lógicas, metafísicas…)? Daremos cuenta de todo esto en post posteriores en este blog Ancile.


Francisco Acuyo
               


[1] Shaw, R. y McIntyre, M.: Algoristic Foundations to Cognitive Psychology, en Cognition and the Symbolic Processes, Lawrance Erlbaum Associates Wiley, Nueva York, 1974, p. 360.





Conciencia, memoria y olvido: la realidad de la nada. Francisco Acuyo

martes, 4 de diciembre de 2018

CONCIENCIA E INFORMACIÓN: ¿EVOLUCION DE LA NADA?


Con el titulo de: Conciencia e información: ¿evolución de la nada?, proseguimos para la sección, Ciencia, del blog Ancile, sobre la temática fascinante de la nada o el vacío en ciencia. 


Conciencia e información: ¿evolución de la nada?, Francisco Acuyo



CONCIENCIA E INFORMACIÓN: 

¿EVOLUCION DE LA NADA?







La mente crea información, en realidad inunda el mundo con ese material singular y extraordinario. Las reglas mediante las que la información se propaga manipulan símbolos (como el lenguaje, la matemática…) y dichas gramáticas pueden considerarse como lenguaje (o algoritmos que afirman sobre afirmaciones  en tanto que evolucionan y son dinámicas y complejas en sus resoluciones. Estas metaafirmaciones son las que han producido al ser humano y han caracterizado, por supuesto, al fenómeno de  la conciencia.

Todo parece indicar que la elaborada actividad mental ya detectada en los hombres primitivos no puede ser producto de una simple adaptación evolutiva.[1] La comprensión de este hecho puede explicarse si nos acercamos a una teoría del lenguaje que trascienda sus apariencias de palabra hablada (esto lo sabemos muy bien los poetas), donde lo que se puede decir es de mayor interés que lo que en realidad dice,[2] y esto adquiere particular carta de naturaleza cuando el uso desviado de la lengua y de sus códigos hace aún más amplia su interpretación. La ambigüedad esencial de la poesía es acaso el instrumento más poderoso que posee para comunicar trasformando al receptor mismo de
Conciencia e información: ¿evolución de la nada?, Francisco Acuyo
su mensaje.

Resulta realmente fascinante que el conocimiento adquirido –mediante los diferentes tipos de información- que llegan al intérprete consciente, sean posible no solo los adquiridos mediante la experiencia del mundo, ya lo advertía Kant, sino que hay una facultad -¿mental,  de la consciencia?- que aporta información más allá –o más acá- de la experiencia. Estas codificaciones de la información a través de las reglas de la gramática o de las matemáticas –algoritmos-  que se encuentran fuera  de la percepción empírica de lo que acontece, tengan un sustrato no experimental y que contenga rasgos universales y necesarios, y que diríase apartarlos de la necesidad material local y accidental.  Mas, ¿dónde radica esa realidad mental o de consciencia? Si tenemos claro que cualquiera cosa percibida experimentalmente  esta un sustrato material, temporal y espacial ¿Dónde ha de situarse este entendimiento universal? ¿En la mente? ¿En la consciencia? Este lugar es tan indefinido que muy bien pudiéramos situarlo en un vacío o nada de la que habría de surgir para entendimiento de lo que percibimos experimentalmente y lo pensamos, deducimos, imaginamos en nuestra interioridad.

Es claro que este ser mental o consciente, para el materialismo más recalcitrante es, o mejor, tiene su origen en la materia. En este caso en el cerebro. Es así que toda alternativa de acceso a cualquier conocimiento y por lo tanto de información, debe provenir de la materia, por lo que todos estos fenómenos de entendimiento a priori, son epifenómenos de la misma materia. No obstante, hay quien insiste en que estos lenguajes que nos permiten comunicar y acceder no solo a mundos experimentales sino a universos imaginarios,  son espejos de la mente.[3]

Conciencia e información: ¿evolución de la nada?, Francisco AcuyoQueremos reseñar la importancia de que las reglas o leyes que contienen los códigos del lenguaje (esto es especialmente visible en el lenguaje poético) no son tanto leyes lógicas sino psicológicas. La universalidad (no experimental) del lenguaje es lo que hace que este sean en verdad universalmente accesible y por qué son posibles otras gramáticas (las poéticas, o las musicales) para una búsqueda más amplia de información y por tanto de conocimiento. De donde provengan estas maneras de entendimiento no experimental es motivo de no poca controversia, aunque la ciencia   Estas estructuras no experimentales nos hablan de la configuración, de la armadura de la mente. Mas, insistimos, ¿está sustentada dicha estructura de manera exclusiva en el soporte físico, biológico, material del cerebro?

La interrogante anteriormente planteada acaso pueda provocar estupor en el científico convencido de que no puede ser de otra manera, en tanto que la materia es lo único de lo que podemos hablar con criterio medible, experimental y por tanto metodológicamente demostrable. En cualquier caso, lo que está claro es que sin aquellas reglas (no experimentales)  que dan forma y sentido a su universo,  no habría nada.[4] Pero la nada última de esta frase es la que sigue cautivándonos en tanto que está referida directa o indirectamente a la conciencia. Seguiremos insistiendo sobre este asunto en posteriores entradas de este blog.





Francisco Acuyo



[1] Campel. J: Op. Cit. p.220.
[2] Chomsky, N.: Syntactic Structures, Mounton and Co, La haya, 1957.
[3] Chomsky, N.: Relection on Languaje, PAntheon Books, Nueva York, 1975, p. 4.
[4] Lakoof, R.:Languaje, Crítica de libros, 1978, p.386.




Conciencia e información: ¿evolución de la nada?, Francisco Acuyo

sábado, 1 de diciembre de 2018

PALABRAS LIMINARES A "HERMANOS EN LA SOLEDAD"

Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traigo una nueva entrada con motivo de la presentación en Granada del libro, Hermanos en la soledad, de la soledad o la muerte; y que lleva por título: Palabras liminares a Hermanos en la soledad.


Palabras liminares a Hermanos en la soledad. Francisco Acuyo


PALABRAS LIMINARES



Palabras liminares a Hermanos en la soledad. Francisco Acuyo




Extremadamente difícil será exponer lo que significan estos textos de, Hermanos en la soledad,  fuera de ellos mismos. Tan honda es su inspiración, tan estrechamente unida a lo más íntimo de mi persona están pero,  al tiempo, tan universalmente compartido todo lo que en ellos se debate pues, hay aquí algo universalmente común: la soledad (bien lo saben aquellos que han vivido algo semejante), por lo que insisto,  es algo muy complicado hablar de estos contenidos sin sujetarme a la literalidad de los textos mismos. No obstante, tengo que deciros que ha sido doblemente inesperado  poder ver impreso esta preciosa edición de, Hermanos en la soledad. Primero, porque nunca pude imaginar que algo escrito con un carácter tan personal, tan íntimo, tan intransferible por lo carga emocional y también intelectual que conlleva, pudiera, decía, interesar a nadie, menos aún a una editorial como la que ha tenido a bien editar este libro, eso sí, regida por un espíritu sensible, excepcionalmente empático e inteligente, cual es el de Juan José Martín Ramos, su responsable editorial en Polibea, para su colección La espada en el ágata, en la que me siento tan a gusto como halagado de estar, y no menos feliz por la confianza otorgada a texto tan singular como este que hoy presentamos. En segundo lugar, porque una temática tan incorrecta, siempre inconveniente en una sociedad en la que esa suerte de policía del pensamiento que nos (des)gobierna, no sólo rechaza, sino que ignora sistemáticamente asuntos de este calado tan trascendental, en tanto que, precisamente porque encierra la medida  que definitivamente nos iguala a todos, me refiero, claro está, a la muerte. Palabra proscrita del vocabulario del interés público, más que nada, porque nos obliga a reflexionar, a ponderar el ritmo de nuestras vidas, de nuestras decisiones, de nuestros pensamientos y anhelos más profundos.


 En cualquier caso debo decir que, lo que aquí, en este libro se debate, es algo mucho más profundo que el incomprensible e inevitable hecho de morir. Sobre todo se trata de una meditación sobre la vida misma y a los imponderables a los que todos estamos sujetos, a saber: el sufrimiento, la soledad, la muerte. No tienen los párrafos que contienen este texto vocación funeraria en modo alguno, más bien al contrario; su elegía es vitalista aunque esté llena de dolor; si la pérdida es   a sus muertos. El más allá trascendente  creído por algunos e ignorado por otros pero sustituido siempre por la memoria del difunto, adquiere siempre carta de singular naturaleza. No podía yo bajo ningún concepto sustraerme a algo tan hondo y tan atávico como aquella nihilidad, nanidad, vacío, soledad o como quiera llamársele. Así estos textos conllevan el eco de la humanidad resonando ante el hecho nada trivial de la vida y de la muerte, humanidad refleja en estas y aquellas lecturas de otros hombres que reflexionaron y sintieron esta misma soledad, esta misma incomprensible indiferencia de los dioses, de la naturaleza y de los mismos hombres ante el hecho inaudito y a la vez ordinario de la muerte.

                Extraje sin duda consecuencias vitales para mi vida en este enfrentamiento. Es claro que nunca sería la misma persona. Era evidente que el rumbo de mis anhelos no sería el mismo, si acaso habrían de permanecer aquellos, o por el contrario, se diluirían por ser insignificantes ante la dimensión ciclópea de la realidad del sufrimiento, de la soledad y de la muerte. No obstante, hube de constatar algo extraordinario de toda esta sucesión de desdicha. La noche estrellada seguía siendo bella. Las frondas del bosque con el aire entre sus copas seguía estremeciéndome, incluso más ahora que antes. El rostro y la compañía de los seres queridos que conmigo permanecen son mucho más necesarios, mucho más queridos, mucho más entrañables. La nada que conlleva la pérdida me desnudó para siempre y, ya sin asidero, supe que la única entrega posible es la de la admisión de lo irreparable, sujeta ésta a la incertidumbre, a lo incomprensible muchas veces de buena parte de lo que acontece en nuestras vidas, pero, todo esto, me hace mucho más que antes admirar lo hermoso que de manera no menos incompresible acompaña al dolor en nuestras vidas. ¿Hay en este texto esperanza? Hay más que esperanza: está la visión del ser sin los ropajes  de la convención, sin la defensa ni la seguridad de nada, la sincera convicción de que en este caer en la cuenta de lo inconstante de nuestras vidas, hay una vía de entendimiento que nos trasciende, y en esta nanidad, pues de ella, al fin y al cabo, se asientan todas la cosas, proviene y se crea todo aquello que ahora (y después) nos culmina y nos asombra, pues, acaso es ahora, sumidos en la duda, cuando atendemos a nuestro yo verdadero. Es aquí y ahora cuando contactamos la semilla, el germen de una conciencia nueva que solo se siente satisfecha en la plenitud que avoca en la nada al mundo del ser verdadero, que no es otro que el vivir en el morir y morir en el vivir, que será donde resida la profundidad de lo que es real, de lo que es genuino y, cotidianamente, nos hace entender que la comprensión de la vida y de la muerte no puede realizarse, entenderse, fuera de lo más íntimo y trascendente de nosotros mismos.


Francisco Acuyo



Palabras liminares a Hermanos en la soledad. Francisco Acuyo