Nueva y selecta entrada para la sección de microensayos del blog Ancile por parte de nuestro insigne colaborador y entrañable amigo, el profesor Tomás Moreno, esta vez bajo el título de Debate sobre el budismo, primera sesión, en la entrega inicial de las varias sobre el tema que ha preparado para la ocasión. Post de referencia para los que quieran iniciarse en el conocimiento y primeros rudimentos del pensamiento budista que, por cierto, tanta influencia ha ejercido sobre el pensamiento (y sentimientos) de occidente en las últimas décadas.
DEBATE
SOBRE EL BUDISMO (I Sesión)
Animados por la buena acogida de los anteriores
diálogos sobre el hinduismo, algunos miembros de nuestro café filosófico Zétesis, sugirieron la conveniencia de
llevar a cabo un debate sobre la otra gran corriente de pensamiento hindú, el Budismo, para así completar nuestra
reflexión sobre la cultura India y, de camino, tratar de determinar las causas
o razones de la penetración y expansión en el seno de nuestra cultura
occidental de una espiritualidad como la budista, tan alejada de ella y tan
desprendida del materialismo, del utilitarismo y del hedonismo que dominan en
nuestras sociedades consumistas y desarrolladas.
Esta
vez, la figura invitada fue un Gurú[1]
perteneciente a una de las comunidades budistas asentadas en uno de los pueblos
de las Alpujarras granadinas. Se incorporaron al debate dos nuevos profesores:
un compañero del Instituto, ex-jesuita, Dr. en Teología y profesor del
departamento de religión, que había ejercido su sacerdocio durante más de
veinte años por tierras de Sri-Lanka y de Laos -que profesaba una gran simpatía
por la religiosidad hinduista y budista- y un profesor universitario de Neurofisiología,
que había sido discípulo del premio Nobel de medicina John Eccles, coautor con Karl
Popper del famoso libro El Yo y su
cerebro- y no profesaba ciertamente gran simpatía por estas, en su opinión,
excesivamente nihilistas y despersonalizantes doctrinas orientales. El debate
transcurrió de esta manera.
GURÚ.- Trataré de ser breve en esta
presentación del tema sobre el que vamos a debatir en esta primera sesión.
Fundado por Siddharta Gautama Sakyamuni,
“Buda, el Iluminado” o “el Despierto”[2]
(circa 560-480/3 a. C.), nacido en Kapilavastu, norte de la India, el Budismo
es una dharsana nastika (uno de los
sistemas heterodoxos del hinduismo, como el Jainismo de Vardamana
Mahavira (Jina), que no reconocían la sacralidad de la
tradición védica) y significó para la India post-védica (siglo VI a. C.) al
mismo tiempo que un rechazo del sistema de castas tradicional y una crítica del
sacerdocio sacrificial y del ritualismo cultual brahmánico, una revolución
espiritual de enorme trascendencia, parecida a la que representó el primer
cristianismo respecto al judaísmo coetáneo[3].
Hijo
de un poderoso gobernante, perteneciente a la casta de los guerreros, su
personalidad está envuelta en la leyenda: vivió 30 años en medio de los
placeres y la opulencia hasta que un día, accidentalmente, conoció (en cuatro
encuentros sucesivos con un viejo, un enfermo, un cadáver y un monje) la vejez,
la enfermedad, la muerte y el sufrimiento… y resolvió adoptar la vida de un
“asceta” o “monje mendicante” durante seis años de ayuno, mortificaciones,
renuncias y ascetismos hasta casi perder la vida por debilidad. Ninguno de los
dos extremos lo convenció, decidiéndose por un “camino medio” entre el placer y
la renunciación: surgiendo así su doctrina del “punto medio” o de la vía
intermedia.
Sutra del Diamante |
Su
“iluminación” le llegó, a los treinta y cinco años, después de tres noches de vigilia, pasados en
meditación bajo una higuera: en ellas descubrió sus “vidas anteriores”, el
infinito ciclo de renacimientos por el que atraviesan todas las criaturas y la ley del Karma (nuestra vida actual
causada por nuestras vidas anteriores), el principio de “originación dependiente”,
la interrelación causal de todo lo que existe, comprendiendo así cómo tenía que
eliminarse el sufrimiento[4].
Precisamente
por ser un dharsana (un sistema de
pensamiento desviado o corriente heterodoxa)
del hinduismo, presenta aspectos semejantes con el mismo (obsesión por el hecho
del dolor y del sufrimiento (Dukkha),
doctrina del Karma y del Samsara) pero también y, sobre todo,
diferencias sustanciales, a saber: a) es más radicalmente nihilista que el
hinduismo y b) es más experiencial
que especulativo, esto es: antiespeculativo y anti-intelectualista.
En
efecto, como el hinduismo, la doctrina
budista acentúa el carácter ficticio, alucinatorio, evanescente del mundo
de la experiencia perceptiva. Pero mientras que el hinduismo reduce su nihilismo al mundo fenoménico o empírico, ya
que tras su apariencia ilusoria, existe el
Ser, lo Absoluto o lo
verdaderamente real (Brahma), el budismo extiende su negación incluso a esa supuesta realidad
absoluta, trascendente a la experiencia perceptiva: su doctrina de la Sunyata
(vacío, vacuidad) sostiene que todo es impermanente, insustancial,
inconsistente, y que tras la ficción o ilusión de lo apariencial hay nada, y no
Brahma al que vincularse en última instancia.
El
carácter efímero de la realidad, devenir continuo que todo lo devora y destruye,
elimina de raíz cualquier trascendencia más allá de ese escenario mundano. Por
ello, uno de sus más famosos seguidores, Nagarjuna
(del siglo II d. C.), fundador de la escuela de la vía media (madhyamaka), una de las variantes más
importantes del budismo, afirmaba que “Todo es vacío”…[5]
FILÓSOFO.- Disculpe que le interrumpa, pero para agilizar
el debate será conveniente ir analizando, paso a paso, los aspectos más
esenciales de la temática a debatir a medida que la va exponiendo y desarrollando.
A este propósito quiero decirle que la posición escéptica y relativista de Buda
y de Nagarjuna nos recuerda la del sofista griego Gorgias que defendía asimismo un triple nihilismo -del ser, del
pensar y del decir o del lenguaje- cuando afirmaba: “Nada existe, si existiera
no sería cognoscible y si fuera cognoscible no sería expresable mediante el
lenguaje”.
Incluso
podríamos notar una cierta coincidencia del budismo con el nominalismo
cristiano medieval de Guillermo de
Ockham, para quien sólo existen los seres singulares, siendo las ideas
universales, meros nombres sin entidad alguna (“Stat rosa pristina nomine,
nomina nuda tenemus”, decía Adso de Melk, el famoso narrador de la novela de Umberto
Eco El nombre de la rosa), abstracciones
sin fundamento real, nombres colectivos. Convenimos, pues, que para el budismo
todo es puro devenir, cambio, discontinuidad incesante…, las cosas aparecen y
desaparecen, fluyen como llamas en perpetuo movimiento.
Texto del Tripitaka |
GURÚ.- Si, es cierto. En cuanto a lo dicho respecto de
Gorgias y de Ockham efectivamente coinciden con nuestra doctrina en cuanto al nihilismo y el nominalismo que respectivamente propugnan. Pero lo que ahora nos
interesa destacar es que el budismo extiende su nihilismo al propio ‘yo’ y a
nuestra supuesta identidad individual -mero espejismo fruto de nuestra
ignorancia y del deseo.
En
efecto, nuestra doctrina del “No-yo”
(Anatman) rechaza la creencia
hinduista en el yo interior, o sí mismo identificado o unido con el Brahma, una especie de principio divino
permanente que late bajo ese yo efímero y mundanal, y que sustenta todo cuanto
existe. Es decir: mientras que el impermanente Yo hinduista se apoya en un Yo divino eterno y absoluto. El Yo budista carece de ese último
fundamento.
Lo
que denominamos en el budismo “Yo” o “Sí mismo” (Atma) no es sino un conglomerado o agregado de Skandhas fugaces,
impermanentes y discontinuos, de fenómenos
de conciencia que aparecen y desaparecen en continuo cambio, que fluyen y
se suceden vertiginosamente sin ningún sustrato unificador que los conecte;
esto es, sin sujeto sustancial o soporte fijo y permanente al que referirlos:
“¡Oh monjes!” -nos enseña el Samyutta
Nikaya (2. 94 ss.)- “lo mismo que un mono en un gran
bosque agarra una rama, la suelta y coge otra, así también lo que se llama
mente (citta), pensamiento (manas) o consciencia (vitjñana) de noche y de día en un
momento surge como una cosa [al momento siguiente] cesa como otra”.
Esos
Skandhas -componentes de la forma de la apariencia humana- son cinco:
Vitjñana (conciencia); Vedana (sensaciones, percepciones); Samskara (‘construcciones
subconscientes’ de las que depende la ‘individualidad psíquica’ que transmigra:
sede del karma latente, de los
instintos, deseos, pulsiones inconscientes); Sanjña (ideas) y Rupa
(conglomerados de formas corporales exteriores).
En
este punto los budistas, insisto, nos diferenciamos de los hinduistas. Para un
hinduista todo lo que vemos con nuestros sentidos físicos, incluido el Yo o
Atma es impermanente y transitorio, porque la Realidad última siempre está más
allá. Para nosotros, ya lo hemos dicho, no hay realidad alguna allende la
experiencia perceptiva: todo es Sunyata
(vacío, vacuidad, nada).
FILOSOFO.- Si he entendido bien, Vd. viene a decir que la
originalidad de la filosofía budista es considerar que cada “ser individual
consciente”, cada Alma, cada “Yo” o “Sí mismo” es una mera combinación dinámica
de fuerzas físicas y mentales en perpetuo cambio, constituida por cinco
agregados de elementos efímeros y sucesivos: la materia, las sensaciones y
percepciones, las ideas, las formaciones mentales inconscientes y la
conciencia. Una suma, compuesto o coalescencia, en fin, de esos cinco agregados
o skandhas constantemente
transformables y cambiantes.
GURÚ.- Eso es exactamente lo que se viene a decir en un
pasaje del Samyutta Nikaya (3.
130): “Cuando uno dice ‘yo’, lo que sucede es que se refiere a la totalidad de
los skandhas combinados entre sí, o
quizás a cualquiera de ellos, y se engaña al pensar que eso ‘soy yo’. Tal como
no se puede decir que la fragancia del loto pertenece a los pétalos, al color o
al polen, tampoco puede decirse que la rupa
sea ‘yo’, ni que el vedana sea ‘yo’,
ni que ningún otro de los skandhas
sea ‘yo’. ‘Soy yo’ es algo que no puede encontrarse en ningún lugar entre los skandhas.”
FILÓSOFO.- De ello
se sigue, creo deducir bien, que ese ‘yo’, fuente de todas nuestras apetencias,
adhesiones y aversiones en realidad no tiene identidad verdadera, carece de
auténtica consistencia entitativa: solo sería un lugar vacío con un nombre, lo que, por otra parte en nada diferiría
de lo sostenido por diversas posiciones filosóficas bien conocidas en Occidente
y en Oriente, como son -además de las antes referidas- el atomismo o fenomenismo
tipo Bertrand Russell o Hume[6],
o las propugnadas por el misticismo
islámico de los Mutakállimes.
Ahora
bien, si tuviéramos que recurrir a una imagen para explicar nuestro “ser
interior” ¿podríamos decir que el yo es como un río de montaña que corre sin
cesar o como los múltiples fotogramas unidos unos a otros que nos dan la
ilusión de un filme? Y si el “Yo” es una simple etiqueta insustancial, pegada a
una mera discontinuidad de fenómenos de conciencia impermanentes y sucesivos,
¿qué es lo que nos singulariza como Francisco, Jennifer, Pastor o Tomás? ¿qué
es, entonces, lo que verdaderamente transmigra y se reencarna, según prescriben las doctrinas karmática y samsárica?
Esto
es: si el yo es un mero compuesto de skandhas, cuando estos se disgregan
acontecerá la muerte, y como no hay nada aparte de ellos, no hay tampoco ‘yo’
alguno que pueda renacer, pues ¿cómo sería posible la reencarnación de algo que no tiene entidad, de una
corriente de conciencia fugaz y delusiva, de algo -el Yo o Atma- que es un mero
espejismo, una simple ilusión?
GURU.- Para una
mente occidental entiendo que es difícil comprender una concepción insustancial
del ‘yo’, tan radical como la que los budistas sostenemos. La Ley del Karma o encadenamiento de
todas las acciones de nuestra tradición hinduista-budista, nada tiene que ver
con vuestra idea occidental (pitagórico-platónica) de transmigración o
reencarnación de las almas (entidades sustanciales espirituales).
No
quiero volver, por otra parte, a usar la imagen del filme -que antes se ha
utilizado- para facilitar la intelección de esa complicada doctrina. Diría, más
bien, que esa corriente de conciencia,
que denominamos “yo”, sería como un río, pura corriente que fluye y se perpetúa
sin necesidad de que nada fijo o permanente sea arrastrado por la misma. O como
el agua del océano que subyace a la ininterrumpida sucesión de olas que se
deslizan sobre su superficie. O bien, como una llama que enciende otra llama
que a su vez enciende una tercera llama.
Y en el extremo de la cadena, la llama
ya no es la misma pero tampoco es diferente[7].
En
realidad, yo afirmaría que no es en los textos budistas sino más bien en los
hinduistas donde podemos encontrar una respuesta coherente, inteligible, a los
interrogantes que Vd. formulaba acerca de la continuidad del yo o atma
(insustanciales) a través de las sucesivas existencias corporales. Como decía un
gran sabio indio, Coomaraswamy, la
interpretación más adecuada del Vedanta
es que “el único y singular transmigrante” es Atma-Brahma, nunca un alma
individual[8].
Por
eso mismo, preguntado Buddhagosha,
el maestro hindú, por quién era verdaderamente el sujeto que transmigraba y
sufría en toda esa rueda de reencarnaciones, responderá: “Sólo el sufrimiento
existe, pero no se encuentra ningún sufriente” (Visuddimagga, III). Y, por esa misma razón, el Buda se negó a dar
una respuesta directa cuando se le preguntó si el alma era o no inmortal, e
incluso si existía, tras la muerte, una continuidad directa e inmediata de
“algo” sin sustancia. Cualquier respuesta que se formulase podría entrañar una
particular contradicción. (Continuará)
Tomás Moreno
[2] Se cuenta que en cierta ocasión le
preguntaron: ¿Qué
clase de persona eres. Eres un dios? No. ¿Un ángel? No. ¿Un santo? No. ¿Qué
eres entonces? Y Siddartha respondió: soy un hombre que está despierto.”
[3] Los Textos doctrinales de la tradición budista (“doctrina
de los tres cestos”) están divididas en tres grupos: los vinaya o reglas de la vida monástica; los sutra o enseñanzas y sermones de Buda y los abhidharma o interpretaciones de algunos aspectos de la doctrina
del maestro iluminado (Buda-shasana). El corpus
doctrinal ha seguido ampliándose a través del tiempo y de la ubicación
geográfica: cada escuela búdica tiene su propia recopilación de Sutras: en pali, sánscrito, chino y
tibetano.
[4] Véase la más reciente y fascinante
aproximación a la vida y leyenda de Buda: Juan Arnau, Leyenda de Buda, Alianza, Madrid, 2012.
[5] Nagarjuna, Abandono de la Discusión, Edición de Juan Arnau, Siruela,
Barcelona, 2007. Autor de otra gran obra, Fundamentos
de la vía media. En sendas obras desarrolla su concepción sobre la vacuidad de todo, y radicaliza las tesis
budistas sobre la impermanencia, mutabilidad y vaciedad de todas las cosas y
seres. Su expresión todo es vacío
implica que nada es, que nada tiene consistencia o entidad verdaderas, que todo
es efímero, contingente, relativo e interdependiente. Su tesis tiene un valor
epistémicamente deconstructivo y afecta al plano gnoseológico, ontológico y
moral de la realidad fenoménica y del lenguaje.
[6] Hume en su Tratado de la Naturaleza Humana, sección sexta: De la identidad personal, 754-755,
escribe lo siguiente: “Hay algunos filósofos que imaginan que nosotros tenemos
en todo momento íntima conciencia de lo que llamamos nuestro Yo […] Y no
tenemos ninguna idea del Yo de la manera que ahí se explica. Porque ¿de qué
impresión se deriva esa idea? [...] Pero el Yo, o la persona no es ninguna
impresión, sino aquello a lo cual se supone hacen referencia nuestras diversas
impresiones e ideas […] No hay ninguna impresión constante e invariable. El
dolor y el placer, la tristeza y la alegría, las pasiones y las sensaciones, se
suceden unas a otras y nunca existen a un mismo tiempo. No puede, por lo tanto,
derivarse la idea del Yo de ninguna de esas impresiones ni de ninguna otra; y,
consiguientemente, no se da tal idea.”
[7] En los textos budistas se utilizan los más variados
símiles y metáforas para ilustrar este impersonal proceso de “renacer” (ya que
no hay entidad, ni yo, ni alma individual llamada a renacer) derivado del karma acumulado (bueno o malo), como el sello impreso en la cera, la transmisión de la sabiduría del maestro
a su discípulo, la metamorfosis de la
crisálida que se transforma en mariposa etc.
[8] Incluso en algunos textos se propone, paradójicamente, que
no es el yo (atma) o la mente/pensamiento
(citta, manas) o la conciencia (vijñana)
el candidato más fuerte a esta postulada
continuidad -tras la muerte o tras la disolución de los skandhas que forman el cuerpo vivo- de la consecuencia karmática acumulada en una determinada existencia
corporal, sino que lo sería el propio cuerpo (rupa), ya que éste persiste más aún que los fugaces momentos de la conciencia (vitjñana). Recordemos cómo en el ya
citado Samyutta Nikaya (2. 94 ss.) se
dice: “Sería mejor que un hombre ordinario y sin enseñanzas tratase como “yo” (atma) este cuerpo (rupa) que se construye sobre los cuatro grandes elementos, y no
como citta (mente). ¿Por qué? Porque
este cuerpo puede durar un año, dos […] y puede que incluso dure cien” [pero]
“lo que se llama mente (citta),
pensamiento (manas) o consciencia (vitjñana) de noche y de día en un
momento surge como una cosa [al momento siguiente] cesa como otra”.
Quedo atrapado, pues estoy aclarando y enriqueciendo la idea que tenía sobre el budismo. Yo me leí un libro fscinante de Hesse con el nombre de Siddharta, que me dejó marcado. Acá he aprendido mucho. Personalmente me da miedo la idea del vacío, y en ese aspecto me gusta más la idea hinduísta de unión con el Supremo. Un abrazo agradecido, amigos.
ResponderEliminarUn debate muy enriquecedor que alienta a seguir explorando. Felicito al Prof. Tomás Moreno por su brillante trabajo.
ResponderEliminarGracias Francisco Acuyo por mantener la excelencia de tu blog.
Un cordial saludo.
Jeniffer Moore
Miami, FL USA
Interesante que aunque el budismo postule el "vacío y la nada" como elemento fundamental de su visión y comprensión del ser, sin embargo no pueda eludir eso que en occidente algunos llamamos "sentido de trascendencia" el cual indirectamente aparece expresado por medio de "el karma".
ResponderEliminarAbro debate? Una persona teologo cristiano me dice que es un dios falso, es verdadero o falso? O solo es un medio transformacion q nos permite tener sabiduría?
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