Continuamos indagando con nuevas reflexiones el campo inagotable de la conciencia, para la sección de Ciencia del blog Ancile, esta vez bajo el título: Conciencia no es necesariamente conocimiento: Conciencia y creación.
CONCIENCIA NO ES NECESARIAMENTE CONOCIMIENTO:
CONCIENCIA Y CREACIÓN
Decía Stuart Hameroff(1) que la conciencia implica conocimiento, si esta está basada en una experiencia subjetiva de mundos que radica en los qualia. Sin embargo, a mi humilde entender, que el conocimiento implica la necesidad de una conciencia, no supone que la conciencia sea necesariamente conocimiento, entendido este como aquello que ya es conocido en virtud de la experiencia subjetiva. Me da la impresión que la conciencia en realidad es fuente creación que acaba por ser conocimiento.
Se infiere de esta apreciación, que no creo que la conciencia sea un producto computacional, si apreciamos o consideramos a la conciencia como una cualidad que no es independiente de procesos físicos, materiales que radican en la computación llevada a término por cerebros o sistemas nerviosos. En consideración de esta apreciación mía, no tengo nada claro que la conciencia no sea no solo una característica de este universo nuestro, sino que muy bien pudiera ser el mismo origen.
Por lo tanto, me parece claro que la conciencia no es una cualidad distinta de las que ofrece la fenomenología física (estimo que un dualismo materia- mente, mente- materia, puedan explicar el fenómeno de la conciencia).
Tampoco me satisface que la conciencia sea una realidad que surge de eventos físicos discretos que siempre han existido, proto-conscientes que imponen unas leyes físicas no bien comprendidas todavía.
En verdad que me encuentro más cómodo, a tenor de las interpretaciones que se pueden hacer de la propia mecánica cuántica, de la existencia de una suerte de energía activa que puede emparentarse con lo que entiendo por conciencia. Una de las conclusiones que se extraen de esta apreciación es la que en el mundo existen dimensiones no mecánicas que trascienden sus convencionales conceptos como posición momento y fuerza, no tanto para comprender como los procesos físicos dan lugar a la conciencia, sino cómo la conciencia da lugar a dichos procesos físicos y mecánicos.Dicho esto, no es que me sitúe en la posición ontológica de la conciencia radicada en un orden implicado (David Bhom), en el que se dice que existe un campo ¿nuevo? Que contiene información activa(2) que acabar por dar forma a la partícula material que, a posteriori dará lugar a la conciencia. Insisto que creo que esa información activa la produce el enigmático fenómeno de la conciencia. En cualquier caso, ya nos advertía David Chalmers, con mucha razón, que es difícilmente explicable cómo mediante procesos físicos se puede obtener la conciencia.
Es inevitable que en estos argumentos puede deducir el lector que existe un aroma antimaterialista, cosa que hay que entender en su justa medida, pues en modo alguno pongo en cuestión la existencia de la materia, sino su origen.
Otra de las razones por las que no puedo inclinarme por la apreciación ontológica de la conciencia. Será por las analogías que implica el concepto de información con el de un ordenador, ante todo porque el significado de esa información la de interpretar la conciencia (humana). Ya expuse otras razones que exceden la propia lógica y que ponen en evidencia los límites matemáticos en la explanación de los procesos algorítmicos(3) que no son del todo sólidos matemáticamente ya que el propio procedimiento matemática, va más allá de cualquier algoritmo, por lo que la mente, la conciencia, no puede ser computable.
Insistiremos en estos aspectos tan singulares como fascinantes de la conciencia en próximas entradas de este blog Ancile.



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