lunes, 11 de junio de 2012

FANNY GARBINI, EN POETAS INVITADOS


De la poeta argentina recientemente desaparecida Fanny Garbini Téllez, ofrecemos en la sección Poetas invitados del blog Ancile, una semblanza personal y poética en su homenaje. De la mano de Jennifer Moore, también poeta y compatriota, un poema como sentida dedicatoria a su singular memoria de mujer entregada a su vocación didáctica y creativa. Quede pues, en este espacio nuestro (vuestro) este apunte de admiración y ofrecimiento.



Fanny Garbini, en poetas invitados, Ancile




FANNY GARBINI, EN POETAS INVITADOS





Fanny Garbini, en poetas invitados, Ancile

BREVE BIOGRAFÍA DE LA POETA
FANNY GARBINI TÉLLEZ (1933-2012)



Nacida un 19 de Mayo en Quilmes, Provincia de Buenos Aires, madre de dos hijos, María Isabel y Pablo Ariel, Profesora de Lengua Castellana, ejerció como docente en Buenos Aires y Bahía Blanca. Con un vasto dominio del idioma Inglés, fue una lectora constante de las obras clásicas de la lengua anglosajona y de las hispanas, que enseñaba en las aulas con gran dedicación.
De su obra poética, que inició siendo niña y cuyos manuscritos se perdieron, dice:”Escribo desde muy pequeña, a mi madre, a los ocasos, al mar, a la luna, a la noche, al amor, al dolor, a la soledad, a la muerte. Sobre todo al amor. Más tarde, llevé al papel los infortunios de mi matrimonio... todo ese material fue destruido.”
Fanny Garbini Téllez ha publicado gran parte de su obra poética en formato digital en diversos círculos literarios y redes sociales. Fue distinguida en dos oportunidades por el Centro Cultural de Poetas Latinos, dirigido por el poeta Dr. Rafael Mérida Cruz Lazcano, desde California (USA).
Publicó dos poemarios en papel, Luna de Noviembre, con prólogo de la poeta argentino- estadounidense  Jeniffer Moore, en la Editorial El Taller del Poeta, Pontevedra (España) 2002. Y  Racimos Azules,  en El Taller del Poeta, del escritor y editor Fernando Luis Pérez Poza, en Pontevedra (España) 2003. 
Fue miembro del Salón Literario “Mario Laquinandi” en Bahía Blanca y del Taller Literario de la escritora Cristina Villanueva, en Buenos Aires.
Por espacio de algunos años incursionó en la radiofonía, primero como co-conductora y luego como productora y conductora de programas para la difusión de la cultura, en emisoras FM locales.
Formó parte del Equipo de redacción de la Revista Literaria Poetas 2000, dirigida por el poeta cubano Nelson Jiménez Vivero, desde Miami, Florida USA y tuvo a su cargo la Sección Lengua y Habla.
En los últimos años de su vida se estableció en su residencia de Palermo Viejo, en la capital del país, donde continuó participando en actividades literarias hasta la última hora.
Fanny Garbini Téllez deja una huella imborrable en su paso por la vida, dueña de un espíritu afable, de una sólida formación académica, con profunda convicción en los valores humanos. Comprometida con la tarea educativa más excelente, dedicó su vida a la enseñanza de la Lengua y la Literatura hispana, y como poeta de notable sensibilidad y gran conocimiento del oficio, su legado y ejemplo la convierten en  una estela de luz que, sin duda alguna, alumbrará a las generaciones venideras. 




A MODO DE POÉTICA




Racimos Azules
Fanny Garbini Téllez
El Taller del Poeta – Pontevedra, España 2002


Prólogo
Por Dr. Nelson Jiménez Vivero[i]

En Racimos Azules la distancia y la soledad son planteadas como desgarrantes experiencias que enriquecen el espíritu. Distancia repartida entre voces lejanas y voces ya ausentes del mundo de los vivos. Fanny Garbini abre en este libro ventanas hacia sus espacios más íntimos, sus dolores, sus recuerdos, sus fantasías. Lo hace solemnemente desde el dolor consecuencia de todo lo que ya no está.
 Garbini emplea en muchos de estos poemas el difícil recurso de la enumeración; en Falso Soneto, por ejemplo para ampliar el significado de la expresión “ya para qué”, en Latigazo enumera condicionales y sus respuestas. Encadena así metáforas precisas con un ritmo marcado matemáticamente.
La muerte vuelve una y otra vez, como una pesadilla. La muerte como elemento separador de los afectos, como punto culminante de la alegría, como indicio inevitable y feroz que amenaza lo viviente. Este álgido concepto es presentado por Garbini en este libro con rabia y negación.
Esta poeta melancólica y rebelde realiza un viaje desde lo cotidiano hasta lo trascendental, y nos lleva a su lado. Observando a partir de su percepción; nos conduce,_ es verdad_ a su mundo; pero de modo tal que repentinamente el lector descubre que ese laberinto es también suyo, “(…) Pronto seremos hojas,/ pámpanos de acerada luna/ golpeando contra ese muro de miedo/ cuando se apague la última señal/ que diga al mundo que seguimos vivos./(…)”
El surrealismo de La hora de los Espacios, la ofensiva en Rebeldía, la introspección en Divagares, forman un triángulo que a mi juicio, establece un patrón formal representativo de la primera parte de Racimos Azules.
Un punto de giro hacia la felicidad del amor posible, a partir del poema a su querida nieta Guadalupe, Tizón y Tizas, muestra otras aristas vivenciales de la autora. Sin embargo, a saltos el tono elegíaco retorna y como un eco se pronuncia en Por que no puedo olvidarte y Preguntas que queman.
Finalmente, los poetrix cargados de pequeñísimos enigmas son un juego interesante donde se combinan dulzura y sorpresa.
Fanny Garbini es una poeta franca y espontanea, serena y convincente. Racimos Azules lleva consigo  parte importante de la esencia de una mujer que no descansa en su afán de dar a luz cada día sus pequeñas grandes estrellas.

Nelson Jiménez Vivero
Miami, FL USA Julio de 2002



Fanny Garbini, en poetas invitados, Ancile


POEMAS





VUELVES A MI COMO LA LUNA





Vuelves a mí, como la luna de Noviembre
diamante en el color de naranja inmadura,
inmerso en un azul de noche sin distancia.

Vuelves aleteando cenizas sepultadas
en la profundidad de los volcanes,
sofocado entre rabias y pesares.

Regresas numeroso en la bruma
con el aliento triste del herido,
del que se sabe preso de otro aliento
imprudente, sin reclamos.

Yo me sé pasajera de tu barco sin rumbo
y tú, el huracán sin calma de mi noche.

Te hallaré  en la luna, lima limón creciendo,
recógeme en la orilla donde muere la noche,
como la espuma nívea, me esconderé en tus manos.


………………………



TOCAR EL VIENTO




Quiero tocar el viento
que desliza la niebla.
 Quiero tocar el viento
desde el vértice erguido
donde posan las águilas.
 Y pespuntear las nubes
con la pálida hebra
de los sueños truncos.

Quiero tocar el viento
que apura golondrinas
sobre  aires azulados,
estirarme hacia la luz
detrás del llanto.
Doblada en dos,
quiero tocar el viento.

Debe tener la misma
suavidad de la muerte.
……………….

Lloré bajo la lluvia

Lloré bajo la lluvia
Confundíanse mis lágrimas y el agua.
Sólo el cielo sabía que lloraba.
Lloré desangelada y mustia
mi amor, tu desamor, lloré la vida.
Sacudía mi cuerpo la congoja,
aquel dolor, el vértigo, las ansias
esa infértil espera de esperarte,
de volver a tus brazos
-tenazas de ternura-
en un viernes azul, pretérito, perdido
sin aplazos ni avisos.
Sólo el cielo sabía que lloraba.

…………………………………..


PRETÉRITO PERFECTO



Llenabas la grieta taciturna
de los días sin horas,
el hueco de la rama
donde asentara un nido,
los desniveles y túneles
olvidados en la arena
por las diurnas espumas.

El vacío implacable
del domingo,  llenabas
para mi soledad.
El litoral de la noche
con el ardor crocante
de tu pan en mis manos.

Llenabas los veranos del aire
con un diluvio de  azules.
En la magnificencia
del placer. Conjugados
partidos, brillantes.
 Un pretérito perfecto
que se durmió en mis ojos.

……………………

DE LUNA Y VINO



Nos arrancamos la luna de las manos
con infinita  sed,
el cuerpo encendido
y el alma en espera.
Sin piedad por el reclamo mutuo,
en un atardecer umbrío
fragmentamos en esquirlas de hielo
el  gemidos solitario.
Nos negamos juntos,
llameantes y armoniosos.

¡Reflexionamos tanto!
Reniego de mi cobardía. Y de la tuya.
Nuestro perfil, sepultamos
desnudo en el espejo,
oculto tras su luna charolada.
Y sin tocarnos. Sin sentirnos.
Quería ser habitada por tu luna
en la gruta de frescos manantiales.
Esperé (como tú) el vino de las dulces vides.
No hubo lunas ni vinos. Sólo miedo
y esa lluvia incesante en el tejado.

Un reloj da las tres. Mueve el viento
las ramas del aromo.
Lloro mecida por susurros de agua.

………………..



DE SOMBRAS Y HUMEDAD




Atrasaré el reloj,
haré una marca en la mitad de la escalera,
dispondré siete rosas en la cama
desandaré el camino de la lluvia.

Porque he cruzado el puente
al que todos temían
en mi oxidado tren de cambalache,
decapitando sueños con décimas de lata,
desubicando manos y pies
y huesos en crepúsculo.

Por ojos llevo dos monedas de luna,
por brazos, cortezas deslucidas
extenuada la sangre, intoxicada el alma
de esa sustancia oscura llamada soledad.

Por eso, este domingo de otoño anticipado
destrabaré la vieja ventanuca
del altillo guardador de esperas,
y plegaré las cortinas de los ojos
ante ese húmedo fulgor del alba.
Me asomaré por ella, al mundo que no mira
atardeceres sin gloria,
a la quimera de la dulce palabra
al soplo fugaz del ángel de la vida.
Ya sin  relojes y con siete rosas
viajo en retorno a la simiente
de sombras y humedad.



                                             Fanny Garbini Tellez







PROSA

NOCHE VIEJA



Puedo sentir que el desvelo obligado de la Noche Vieja cargado de ausencia se instala en este Buenos Aires húmedo y caliente, donde he recalado hacen setenta y dos horas, huyendo de las esperas angustiosas y solitarias del Nuevo Año. En otra casa, con otra gente, supuse que mi estado de ánimo cambiaría.
Creí que, dando vuelta la escena, se atenuaría en algo esta tristeza que me persigue donde vaya. Quise alejarme del escenario donde por última vez, actuamos juntos. Quise olvidarme un poco de ti y de mí, y del cuento interrumpido que narramos esperando el aplauso final de esa inmensa platea mal llamada mundo.
Pasaron ya tres días de este Buenos Aires agitado e indiferente, y todas las caras son iguales;  atento cada uno a mirarse a sí mismo, y no hacia adentro, precisamente. Buenos Aires de días caldeados en temperatura y ansiedad sin alivio, ausente de respuestas. Poblada por ojos descoloridos y pupilas fijas, como profundos y oscuros conos invertidos que apuntan a la nada.
Treinta y uno de diciembre. Noche Vieja. Salgo al balcón de un octavo piso en Austria y Juncal, en pleno Barrio Norte. Las calles han quedado desnudas de colores y huecas de sonidos. En otros balcones, los de enfrente, los de al lado, tenues cendales blancos semiocultan la intimidad de las cenas tardías y apuradas para llegar a tiempo. ¿A qué tiempo? ¿A tiempo de qué? (Sólo concibo el apuro cuando el amor da sus golpes en la puerta).
Ya son casi las doce. Los fluidos de esta noche me envuelven en su mágica fragancia y evocan la última función en vivo que ofrecimos. Actúa en mis sentidos como indeseado hipnótico. Quisiera dormir y es imposible. Vuelven a mí las sensaciones aún latentes de un comedor en todos sus brillos de cristales, ornado con cintas y globos navideños.
En él, un pequeñito mundo; media docena de almas esperando copa en mano, la inminente aparición del Año Nuevo. Desde las cabeceras opuestas de las mesas, bordeándolas sin prisa, nos fuimos acercando. Nuestro brindis fue dulce y el abrazo.
De pronto, bajo tus ojos verdes y tu pelo blanco, un frío de serpientes pegajosas me recorrió la espalda.  ¡Así se me anunció tu muerte!
Pegué mi cuerpo al tuyo. Estaba helada y lo atribuiste a la emoción de la fiesta. Y las risas seguían y temblorosa  me plegué al festejo.
Supe que era el último telón que bajaríamos. La noche vieja había muerto. Pasaron solamente dieciséis días de Enero y te fuiste  muy temprano. Aún el telón sigue cubriendo una tarima vacía de nosotros y ha pasado un año sin colores.
Vuelvo mi soledad y la mirada a este balcón y a las sirenas, la música que sube hasta rozar los destellos de las farolas, tocando el burbujeante colorido de los fuegos artificiales en medio de la noche. ¡Cuántos matices insospechados se recortan en la fantasmagoría sideral de los recuerdos!



                                                                                                        Fanny Garbini Téllez






A la poeta argentina Fanny Garbini Tellez, en su partida
 Miami, FL – USA   Mayo 2012.



Ya habitas el azul sobre el pinar en calma
y el mundo se detuvo en tu nombre.
Somos como las hojas
que por un tiempo penden de los árboles
aguardando  la 'mano de nieve'
que deslice en el arpa, serena
algunos versos de cielo.

Ya habitas el azul, ahora puedes
viajar a cualquier parte inasequible.
Puedes estar aquí, en mi jardín,  reunida
entre el clamor cotidiano de las rosas,
posarte en los jazmines, jugar con las gardenias
y descorrer la cortina vaporosa del helecho
 en el silencio abrumador que me rodea.
Subir, ancha y fecunda sobre mi pobre alma
con tu  sonrisa de lilas y junquillos.

Ya habitas el azul, ya no te cubres
con la manta del tiempo.
Tus ojos paridores de  luciérnagas
ahora están henchidos por la altura.
Puedo tocar tu verso, acariciar tu llama
como jamás lo hice,
saberte más cercana en esa nube.
No nos separarán entonces, los caminos
el aeropuerto se deshizo en llanto.

Del sur, anticipadas
han llegado un millar de golondrinas.
¡Que me traigan tu voz, rama de olivo
florecida  a destiempo y en la hora
en que la brisa canta a tu hermosura!
¡Ay, cómo nos sigue la muerte y arrebata
algún pájaro herido, en su carruaje fétido
y lo ofrece como un botín en la frontera!

Pero ya habitas el azul
ya nadie puede desgarrar los hilos que tejiste
al incienso sutil de las pasiones.
Un cortejo de águilas saluda,
el tulipán glorioso y las violetas callan
enluteciendo  el manto pétreo de tu ausencia.

                                                

                                                                    Jeniffer Moore








[i] Nelson Jiménez Vivero es escritor, periodista y médico de origen cubano-americano, autor de varios libros de poesía y Cuento. Sus obras recientemente publicadas son El Inestar I y II  y Mariposas Nocturnas. Es Director y conductor de la Emisora Radial Punto Y Seguido Radio en Miami de la Editorial Voces de Hoy la la Revista Literaria Entre Líneas. Contacto: neljimvi@hotmail.com



Fanny Garbini, en poetas invitados, Ancile

miércoles, 6 de junio de 2012

JUAN FÉLIX CORTÉS, EN POETAS INVITADOS


Presentamos hoy en nuestro blog Ancile, en la sección de Poetas invitados, al poeta y escritor peruano Juan Félix Cortés Espinosa. Ofrecemos un cuento de su señalada producción, así como algunos poemas (uno inédito) de su ya extensa y rica producción poética y literaria. Se contará con su inestimable colaboración para el número 8 de la Revista Jizo de Humanidades que saldrá después del verano. Sirva pues, de grato aperitivo esta entrada en nuestro (vuestro) blog.


Juan Félix Cortés, en poetas invitados, Ancile


JUAN FÉLIX CORTÉS ESPINOSA


Juan Félix Cortés, en poetas invitados, Ancile


BREVE APROXIMACIÓN BIOBLIOGRÁFICA




Juan Félix Cortés Espinosa, de noble y prolijo abolengo, nació el 24 de Junio de 1944,  en la ciudad de Sullana, de la República del Perú. Reside en Trujillo, la ciudad de sus ancestros desde el año 1965.
La Casa Museo que lleva su nombre, es la única reconocida por el Estado a través del Instituto Nacional de Cultura, en el norte del Perú. El edificio dispone de pinacoteca, hemeroteca, videoteca, fototeca, librería, un Instituto de Investigación de la obra literaria del poeta y escritor, obsequios y artesanías de América, Europa y  Asia, cartas de famosos escritores y artistas, documentos históricos, y próximamente se inaugurará una cafetería  para las tertulias de los artistas que se acercan a ella constantemente.
Realizó sus estudios primarios en El Jardín de la Infancia ubicado en la cuadra cinco del Jirón, Lima; en la Escuela Fiscal Nº 1031 “José Cardó” y en el Colegio Particular “Enrique López Albújar”, los secundarios los culminó en el Colegio “Santa Rosa” de los Hermanos Maristas de su ciudad natal. Estudió Pedagogía en Sullana y Piura (1962 – 1964). Se graduó como docente en el año 1964, con título profesional firmado por el Ministro de Educación.
Juan Félix Cortés, en poetas invitados, Ancile
Ejerció como docente en el prestigioso Colegio “San José Obrero”, de Trujillo (1965 – 1969). Estudió dos años en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional de Trujillo, fundada por el Libertador Simón Bolívar; en esta Universidad estudió en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas (4 años) y en la Facultad de Ciencias Económicas (dos años); asimismo, realizó sus estudios de Periodismo y Relaciones Públicas (3 años) en el Instituto Superior “Manuel E. Uceda”, de Trujillo.
Colabora en la columna editorial del diario “La Prensa”, de Lima; en el diario “Ojo” de Lima, suplemento cultural “Garcilaso", que dirigía el escritor Augusto Tamayo Vargas (1977 - 1979); en el diario “El Popular” de Lima; en el diario “La Crónica” (página cultural). En los diarios “El Telégrafo” y “Universo” de Guayaquil (Ecuador) Fue corresponsal de la Agencia Ecuatoriana de Prensa (1977) para publicar artículos de índole cultural. Ha escrito en la Revista “Puente”, de Berlín y en el periódico cultural Tolocán de México.
Por más de cincuenta años, Juan Félix Cortés Espinosa se ha mantenido como un ícono de la cultura peruana en el mundo.
Juan Félix Cortés Espinosa ha publicado doce libros de poesía, cinco libros de cuentos, tres novelas, y tres tomos de la Colección “La Memoria de la Escritura”: Critica Literaria – Ensayos Literarios – Entrevistas.
Ha ganado dos importantes premios nacionales de poesía: Con el libro “Cuatro Estaciones para Contar”, (1975) convocado por la Universidad Privada de Piura y con el Libro “Sentimientos de Hombre” (1986) convocado por el Colegio de Periodistas del Perú y la Asociación Cultural “José Marti”, de Lima; entre otros muchos reconocimientos.


NARRATIVA (CUENTO)


CUANDO ÉRAMOS CHURRES


A las tres de la tarde, nos esperaban impacientes “Lagartijo Macho” y la “Guanga Ramírez”. Uno con la pelota y el otro malhumorado con las camisetas.-Que jodienda. Si no vienen, nos íbamos al río-. Nosotros sonrientes: No sean cojudos, no ven que la demora no es culpa de nadie. Esa tarde teníamos un partido de fútbol en el colegio” Santa Rosa”. Recién habíamos formado el club “Flamengo” y era nuestra primera presentación en público. Jugaríamos con el Club “Los Aguiluchos”, que tenían como punta de lanza al “Flaco Dioses”, el mejor jugador del Alianza Atlético y de la Selección de Sullana. Pero no importaba, confiábamos en la velocidad de “Lagartijo” y en las arremetidas del “Chino” Arca. Esa tarde empatamos y contentos fuimos a la plazuela Checa. “Gaña”, el raspadillero, nos había guardado hielo y jarabe de tamarindo.

-Once raspadillas-cabeza de abanico. Y “Gaña”, con su acostumbrada voz temblorosa: Palomillas de M…Nosotros queríamos a “Gaña”; borrachito proyectaba un alma de infante, a pesar de sus sesenta años. Era un hombre calvo y nos sorprendía cuando decía la hora exactamente. En varias oportunidades lo observamos que miraba el sol y a veces hablaba consigo mismo; pero nunca supimos como se llamaba y si tenía mujer o hijos. ”Gaña”, era para nosotros un viejo amigo que nos vio crecer por la plazuela desde churres. A mí una vez me dijo:”Que grande que estás manetito.

Al oscurecer nos pedía que le ayudáramos a empujar su carreta celeste. Pesaba como 200 libras y una vez que tomaba viada, se iba solito hasta cruzar la plazuela Checa y perderse de nuestra vista.

Al día siguiente muy temprano otra vez el raspadillero. Con su delantal marrón, nos dio siempre la impresión que tenía pinta de carnicero. Durante el día raspaba con vocación el hielo, trabajito diario que lo transformaba en un laboratorio, hombre apacible y patriarcal, lo notábamos así hasta que aparecía tristona la tarde. Se le veía cansado y triste, con una palidez sobresaliente. Si se emborrachaba al medio día nos fiaba la raspadilla. Y nosotros muy campantes, le decíamos: 8,000 soles de raspadilla con todos los jarabes. ”Gaña”, nos replicaba: churres de M…

1958, nos tomó de sorpresa, a pesar de tener las primeras gilas del barrio Sur y de la calle Bolívar. Había conocido a Griselda y era como si hubiese descubierto la emoción más grande de mi vida. Cuando la veía gordita, con su colita de caballo y sus sandalias de verano, me parecía una muñeca linda, salida de esos cuentos que me había contado la maestra cuando era un elemental estudiante de primaria, con la timidez propia de los niños.

Ahora en el verano, podríamos distinguir mejor las sorpresas. Por aquellos días quise tanto a Griselda, que la buscaba día y noche en la casa de Melitina. Los muchachos de la calle Bolívar la enamoraban; pero estoy seguro que nunca les hizo caso. Cuando Griselda viajó a Tumbes a pasar sus vacaciones, supe que “La Guango Ramírez”, la fue siguiendo enamorando como un adulto. En Abril, supimos que había rebotado. Griselda, tenía su personalidad y era muy emotiva; pero se ponía con una cara de vieja, cuando le hablaban de besos y abrazos. Situaciones y cosas que las considerábamos las más hermosas del mundo. Era nuestra edad.

En su ausencia frecuentamos los chicheríos del barrio Buenos Aires; estuvimos casi todo el verano escuchando en las chinganas a Lucho Barrios, nuestro cantante preferido con su bolero “Marabú”. Siempre escuchábamos llorar a la señora que nos vendía la chicha.

Su hija mayor nos dijo: ”Es por el desgraciado de mi papá” ¿Y dónde está tu papá?. No sé, creo que con otra mujer. No te preocupes también el mío tiene otra, dijo “Buche Pavo”. Ese no es un problema eterno. En Sullana, es común que un marido tenga su querida. La chica sonrió y me dijo:- Mejor vamos a bailar merecumbé - Y yo como un alucinado botando mis energías hasta las cuatro de la madrugada. A esta hora salíamos todos los machitos, después de haber ingerido cinco tinajas de chicha y claro de maíz, el verano pasado.

Poco a poco, sinceramente nos sentíamos hombrecitos y lo supimos cuando estuvimos en la casa de “Josecito”. Mi primo Mario había estado de lo lindo con una ecuatoriana y nos contaba maravillas. El burdel mal pintado y hediendo anclado en la arena, nos causó desilusión. Estuvimos como nunca inseguros; pero entramos y lo recorrimos minuciosamente durante cuatro horas. La ecuatoriana del cuarto número ocho, toda desnudita tendida en una cama rosada. Nos guiñaba el ojo y nosotros sacando pecho: ¿Lindura cuánto cobras? Y ella empecinada guiñándonos el ojo izquierdo, ahora con más fuerza. Nos miramos y decidí entrar. Para que no se diera cuenta de mi inexperiencia y del nerviosismo le dije. ¿Te gusta la Feria? Más o menos chico me respondió. Sin darme cuenta me había desvestido y todo flacuchento frente a un espejo, miraba su agradable cara, sus voluminosos seños, su poderosa figura morena, toda provocativa y tremendamente agresiva.

Estuve casi un siglo y me acarició tanto que me atreví a confesarle mi amor por Griselda. Al final, me olvide por algunos momentos de la gila y descubrí que el sexo a mi edad costaba treinta soles. Tenía catorce años.

Los muchachos estaban en el corralón de atrás y todos estaban asustados, porque la policía se acercaba por la Gran Unidad escolar “Carlos Augusto Salaverry”. Nos jodimos repetía”Lagartijo Macho”. No te preocupes. Total no nos van a encontrar a dentro de los cuartos. Después de media hora, no había pasado nada. Nos contaron que los tombos iban en busca de dos rateros que habían asaltado a un comerciante ecuatoriano. Los lunes y los sábados bajábamos al río por la loma del canal, íbamos a buscar una playa y a jugar pelota con los churres de la calle Córdova. Regresábamos al atardecer, justo cuando los gallinazos tomaban democráticamente la sangre que salía de un tubo grande y oxidado, incrustado en una peña. El camal, frente al puente se le veía, como una casa de campo rodeada de frondosos y añejos algarrobos.

El valle del Chira, apetitoso, tropical y afrodisíaco, dejaba pasar por su territorio el agua que se perdía para siempre en la bocana de Colán. Los pescadores sabían que en el mar se enfrentaban día y noche y a toda hora con el río que, rencoroso llegaba acompañado de palos, cerdos muertos y aves de toda clase. El Chira, venía torrentoso con sus victimas y su furia. Nosotros sabíamos que era un criminal y malvado, que no respetaba ninguna
Juan Félix Cortés, en poetas invitados, Ancile
invocación, ni cosa parecida. El Chira era temible y en Marzo traía toda la furia reprimida y violenta. Su cauce era monstruoso y asustaba a todos los distritos cercanos. Y no era para menos. Una noche entró sin permiso al pueblo de Amotape y en un par de horas destrozó el cuarto de todas las casas que con mucho esfuerzo habían sido levantadas por lo campesinos del lugar. En Febrero del año anterior la lluvia fue inmensa y larga que aumentó el caudal asombrosamente. Cinco millones de litros por segundo era el promedio de los aforos. La lluvia, dañina formó inmensos charcos de agua en la calle Tarapacá, a la altura del local del club “Jorge Chávez”.

Al comienzo se pensó que era un aguacero pasajero y oportuno. A mediados del mes, el río fue ensanchándose y como buscando el mal sacaba de raíz los primeros cocoteros que encontraba a su paso. Pero sus víctimas eran niños y jóvenes que inocentemente se metían en busca de sus aguas. Su deseo era provocar duelos y sentirse odiado. Siempre creyó tener dentro un alma antigua y maldita.

Nadie podía detener su rugido y su velocidad. Ni como desviarlo a otro cauce. Nosotros desde las lomas, amargos y molestísimos, requintándole por las playas. Nos retirábamos mentándole la madre, como si la tuviera. Empecinados en desafiarlo, nos tirábamos del mismo puente que miedoso se moría de nervios. El Chira, con sus remolinos entre nuestras piernas como jugando, como diciéndonos: No tengan miedo. Vengan más acá. No les haré nada. Pero sabíamos que iríamos a la muerte. Nunca logró convencernos, por eso cada vez aumentaba su rabia.

Nosotros sabíamos que Marzo era el tiempo de duelo y de la muerte. ”Gaña”, se preocupaba, cuando nos veía sin zapatos y con la pelota debajo del brazo. El sabía que iríamos al río a jugar cerca de su orilla y que luego teníamos que darnos nuestro acostumbrado baño de verano. De tanto replicarnos, se encariñó con nosotros. Siempre nos decía: Cuidado con el río.
En el primer trimestre del año, era una costumbre hablar del Chira, hablar de ahogados y de tragedias; era también una buena razón para prolongar la conversación después de la comida. En otoño, sin embargo el río era diferente. Su crueldad se reducía a producir un lento ruido sobre el cauce. En esta época, solían las familias de Sullana, irse a pasar un día de campo, junto a sus orillas y tomaban fotografías desde el pasamayito, donde el valle era deslumbrante e infinito como un cuadro de Van Gogh.

Pero el Chira, ahora crecido y temible era distinto, atormentado, como un loco se proponía arrasar a quien lo desafiara. Pasaba debajo del puente con sus traumas y silbaba rencoroso al pie el puente; por las noches se reía sarcásticamente y agazapado no podía ocultar sus malas intenciones. No le importó nunca que lo conociéramos así. Y nunca se arrepintió que la gente sufriera o que los campesinos tuvieran que pagar tantos daños causados por su furia.

El “Gorila”, que tenía fama de ser el mejor buceador del río en los últimos veinte años, nunca pudo atraparlo. Y cuando hizo para tenderle una tradición. Hasta en el otoño quiso sorprenderlo cuando las aguas eran mansas. El “Gorila”, era su presa número uno y no lo quiso nunca, lo odiaba y lo maldecía. Y es que nunca le dio la oportunidad de caer en la trampa.

Era una tristeza encontrar la noticia en la casa “Se ahogó tu amigo Yarlequé.”

Juan Félix Cortés Espinosa


Juan Félix Cortés, en poetas invitados, Ancile


POEMAS

MI CASA MUSEO



A mi casa llegan los pájaros
para quedarse con sus sombras
y sólo el viento vuelve
a las alas de sus cantos.
Mi casa es una puerta abierta
donde ingresa el firmamento
con las estrellas de la noche.
El aire de mi rosas
es una mariposa extendida
en las luces de las ramas.
El algarrobo el jacarandá
y las canzabocas
cuidan tiernamente las sábilas
que como hijas se abrazan
entre las hojas.
En mi casa el patio es un
espejo de agua
donde se bañan las flores lilas
del jacarandá.
Este árbol noble y hermoso
crece insólito hacia el cielo.
En las ramas del suelo
la tranquilidad de la tarde
pinta el alma del otoño
y eso sucede en mi casa
cuando el agua viene jubilosa
en la neblina arropando el
silencio.
En mi casa la puerta delantera
es del color de la madera,
tiene la piel del verano.
Y la ventana de la sala
es el refugio del invierno.
En las paredes de mi casa
reverdece la primavera.
Aquí la poesía Cartesiana
se alimenta de tanta hierba
en los rincones.
Ni que decir de mis mágicos
sampedros
ellos con la suerte de los
mares
erguidos y honorables
cuidando los nidos de los
pájaros viajeros.
En mi casa conviven mi mujer
mis hijos y mis nietos y
como relámpagos encienden
la luz de la oscuridad
con ese gran poder que tiene
la vida.


ADIVINANZA ARCHICONOCIDA



Tiene carita de coleóptero
antenitas de metal
proyecta una imagen
y no deja conversar
¿Quién será?





El Mar
El cielo
El Sol
La Luna
Las Estrellas
El Aire
Los Peces
Las Auroras
Los Crepúsculos
El Hombre
Malabrigo

Este es
un mar
con piel
dorada
sobre las aguas.

Y en su mirada
azul navegan
todos
los barcos
de la
tierra.

La pintura
tiene el color
verde azul
del agua misteriosa
tiene el apellido
de una imagen mágica.

Malabrigo
es una hermosura
en mi poema
marino y terrestre
un pedacito del
Universo
que canta solo.

El mar de Malabrigo
es agua del Universo
sueño acuático
de las estrellas infinitas
pájaro azul
extendido en el planeta.


TRAVESÍAS PERDURABLES



(A César Vallejo poeta del Universo
con inmenso afecto.)

Cuando supe que llegaste
a Paris
atravezando el Océano
Atlántico y el Mar Mediterráneo
te seguí en el tiempo de los
olvidos encontrados
y asombrado en mi memoria
reuní mis poemas más
celebrados de la tierra y te sentí
peruano hermano y más humano

En una mañana memorable
arribé a Berlin
y desde los aires pude mirar
la histórica Puerta de Brandenburgo
sitio gris y encandilado de la ternura
donde alguna vez el fotógrafo
de la huella y del misterio
capturó tu cuerpo tu rostro huesudo
en tu alma profunda

A esta puerta berlinesa llegué
con el amor
de mi patria estremecida
llegué joven
para sentirme como tú
reflexivo y dialéctico
en las calles alemanas

Y estuve caminando
con el frio interminable
de la vieja Europa violenta
soñando día tras día
para enamorarme de las golondrinas
de Dresden
y en Weimar
solícito estuve en la casa de Goethe
y luego en la armoniosa casa de Shiller
y recordé tu casa amorosa Vallejo
tranquila y antigua lejana y cercana
con tus familiares eternos
como si fueran blancas palomas

Que soledad viajera inmenso poeta
que soledad vertical
como si fuera una página grande
donde van a escribirte los mil
poetas geniales de nuestro planeta

Tú naciste en los andes
de Santiago de Chuco
cuando los crepúsculos
se hermosearon
al nacer la Primavera
y yo nací en Sullana
en el desierto piurano
cuando ascendian a los
ojos del cielo
los alegres choquecos
de Poechos.



EN LA RUTA DE SANTIAGO DE CHUCO


DOS



En el cementerio los Vallejo
alineados como pájaros
sin dueños del tiempo y
los recuerdos
Otra vez el poeta
camina con la edad
de la tarde y todavía
no llega con la lluvia y
los truenos

En el cementerio de los Vallejo
encontré al Capulí
alto y tierno como un rayo
de luz
bañado de sonidos

En el cementerio
de los Vallejo
falta UNO
él en  Paris duerme en la cama
del silencio
duerme llorando para regresar
algún día en un sueño
duerme también en Santiago de
Chuco
donde duermen para siempre
sus padres  sus hermanos
entre capulíes poemas y canciones
tristes
sigue solo sigue como pocos
llegando a TRILCE con los
humanos verbos
que se fundaron en las fronteras
del otoño.



Santiago de Chuco
20 de mayo 2012

(inédito)

Juan Félix Cortés Espinosa




Juan Félix Cortés, en poetas invitados, Ancile


lunes, 4 de junio de 2012

SOBRE EL PENSAMIENTO TAOÍSTA (CUATRO DIÁLOGOS DE FILOSOFÍA FICCIÓN) I; POR EL PROFESOR TOMÁS MORENO


Incluimos en esta nueva entrada de nuestro blog un interesantísimo microensayo del profesor Tomás Moreno, en este caso sobre el pensamiento Taoísta. Se llevará a término en varias entregas, a cuál de ellas más sugestiva y atrayente. La manera en la que están “contadas” –magníficos diálogos-, es una forma más de cautivar al lector interesado. Muy recomendables, por tanto, todas las entradas que ofreceremos al respecto. Seguro que harán reflexionar y dar conocimientos sobre un pensamiento profundo y de enorme influencia en oriente, y desde luego también en occidente, puedo dar fe personalmente de ello.

Sobre el pensamiento taoísta, cuatro diálogos de filosofía ficción, Tomás Moreno

 SOBRE EL PENSAMIENTO TAOÍSTA
 (CUATRO DIÁLOGOS DE FILOSOFÍA FICCIÓN) I;
 POR EL PROFESOR TOMÁS MORENO



Sobre el pensamiento taoísta, cuatro diálogos de filosofía ficción, Tomás Moreno

El curso académico transcurría por entonces sin incidencias dignas de mención. Estábamos atravesando el ecuador del mismo, con las rutinas habituales: las clases lectivas, la atención de los alumnos en las tutorías, la puesta en común de los trabajos e investigaciones que los distintos grupos de trabajo iban presentando en la sesión semanal dedicada a ello, las improvisadas tertulias entre profesores -en las que se hablaba de lo divino y de lo humano, más de lo humano que de lo divino, ciertamente, dada nuestra dedicación a algo tan consustancial al hombre como las cuestiones políticas y sociológicas. Es decir: todo marchaba sobre ruedas.
            Un día -todavía lo recuerdo con nitidez- nos convocaron a una reunión extraordinaria del Departamento. En el orden del día figuraba, entre otros asuntos burocráticos que no vienen al caso, la presentación del Dr. Cheng Yu Lan de la Chung Hua University de Taiwán, especialista en pensamiento político oriental, que disfrutaba de una beca de investigación en nuestra Universidad, para estudiar las semejanzas y diferencias existentes entre el quietismo taoísta del wu-wei y el quietismo místico cristiano del teólogo aragonés Miguel de Molinos, autor de la célebre Guía Espiritual (1675)[1]. 
Sobre el pensamiento taoísta, cuatro diálogos de filosofía ficción, Tomás Moreno
            Por su aspecto aparentaba frisar en los cincuenta. Pero la verdad es que sus facciones delicadas, su piel tersa y su sonrisa casi infantil hacían difícil, sin embargo, precisar su edad aproximada. De suaves maneras, su extremada discreción y educado trato, además de una sencilla prestancia en el vestir, daban a su figura un aspecto atractivo y elegante, casi venerable, estamos tentados a decir, si no fuera por su todavía lozana madurez. Se expresaba, en castellano, con una corrección académica más que notable. El director del departamento, tras darle una cálida bienvenida, con las fórmulas de cortesía habituales en estos casos, pronunció unas elogiosas frases acerca de la sublimidad del pensamiento oriental, enfatizando el interés que representaba su presencia para el departamento, a lo que el Dr. Cheng Yu Lan contestó con ceremoniosas muestras de agradecimiento por la cordial acogida que se le dispensaba, y, esbozando una enigmática sonrisa, no dijo más. Poco más, digno de mención, ocurrió durante la sesión: se dio lectura a los distintos puntos del día sobre aspectos administrativos y burocráticos del departamento y se debatieron como era costumbre.
            He aludido a su aspecto físico, pero no he señalado el único rasgo fisonómico que le distinguía e individualizaba: una de sus orejas, parecía algo más grande que la otra, mostrando, tras el lóbulo de la misma, unos como finos pliegues sensiblemente perceptibles si uno lo miraba de perfil y con cierta atención… Pasaron las semanas y su presencia en la Facultad, apenas advertida, transcurría la mayor parte del tiempo en la biblioteca de la misma, sin ofrecer especial relevancia, sobre todo por su extremada discreción y timidez. Un día lo invité a mi clase de Historia del pensamiento político; la sesión se dedicaba precisamente al análisis del Tao Te Ching[2]. No tuvo conocimiento, con antelación, del tema concreto que íbamos a tratar en clase, pero accedió sin reparos  a mi invitación de participar en ella. Por deferencia hacia él, tras unas palabras protocolarias para presentar el tema objeto de la exposición que, en realidad, quería conducir y desarrollar yo, le cedí la palabra, preguntándole:
            - “Profesor Cheng Yu Lan, ¿podría hacernos una breve semblanza del fundador de la escuela taoísta… No se muy bien como transcribir su nombre al castellano: Lao Tzu, Lao Tszé o Lao Tsé?”
Sobre el pensamiento taoísta, cuatro diálogos de filosofía ficción, Tomás Moreno
            - “Con mucho gusto”, respondió solícito. “Lao zi -esta es la transcripción más  correcta de su nombre- es efectivamente su fundador. Figura legendaria del siglo VI antes de vuestra era cristiana (vivió, al parecer, entre el 570 y el 490). Se decía que su nacimiento había sido virginal y que tuvo lugar bajo la sombra de un ciruelo, y que su madre lo concibió al tragar un huevo en forma de perla, tras un embarazo que duró por espacio de 72 años. Dicen también que nació ya viejo y arrugado -cosa muy comprensible si tenemos en cuenta su gestación- adornado con grandes orejas, por lo que unos le apodaban Li-Ar, “orejas de ciruelo”, y otros con el sobrenombre de Li-Tan, “orejas largas”, pero sus discípulos lo sustituyeron por el de “viejo sabio”. Fue bibliotecario imperial de la dinastía Chou (de la turbulenta época de los Estados guerreros o combatientes) y, cuenta la tradición, que ya anciano recibió la visita del joven Confucio que con el tiempo sería otro gran sabio chino[3].
            -“¿Podría indicarnos algunos datos acerca del nacimiento de su doctrina, el Taoísmo?”, le pregunté.
            - “El Taoísmo en sus inicios, como tantas otras escuelas de sabiduría -recuerdo, por ejemplo, el caso del Pitagorismo en vuestra admirable tradición sapiencial greco occidental- fue en realidad la doctrina de un colectivo o escuela cuyo corpus doctrinal fue atribuido al maestro Lao Zi. Cultivado en los monasterios por anacoretas inclinados al silencio y a la contemplación, entendían la sabiduría de un modo antiintelectualista. Esto es: no como un saber teórico-especulativo o lógico-discursivo, sino como un modo o estilo de vida, como una praxis (como dirían los maoístas), una vía de perfección moral, diría yo, orientada al logro de la inmortalidad. Por eso cultivaban la macrobiótica (el arte de alargar la vida, “de vivir muchos años”). Habréis de saber que para la cultura china clásica, la muerte es el mal radical, a diferencia de lo que sostendrán hinduistas y budistas -de la vecina India- obsesionados, por el contrario, con la Dukkha[4], causada por la ignorancia y el apego inmoderado a la vida y al deseo de existir. El hombre indio está obsesionado por la desdicha de la existencia temporal, el hombre chino esta obsesionado con la muerte.”
            Gratamente impresionado por la soltura y claridad con la que el profesor introdujo el tema, modifiqué sobre la marcha la dinámica prevista para la clase y utilicé mis notas como guión para ir desarrollando la sesión en forma dialogada.
            -“¿Sería tan amable profesor Cheng de hablarnos de ese libro tan fascinante y enigmático y, para nosotros, tan oscuro como es el Tao Te King?”
            -“¿Cómo no?, con mucho gusto. Es el libro clásico del Taoísmo, consta de 5000 caracteres o pictogramas, y está compuesto de sentencias, máximas, aforismos y poemas de concisión extrema. Yo rectificaría, permítamelo, el término King utilizado por Vd., porque la transcripción castellana que mejor se asemeja a la pronunciación china clásica es “Ching”. El significado de ese título sería algo así como Libro del Tao y su eficacia o también Libro del camino que lleva a la virtud, ya que “Te” (“teh”, “teu”, “to”: fonemas aproximados a su pronunciación clásica) significa “eficacia”, “virtud”, pero no en su sentido “moral” sino como poder, fuerza vital o interior, en el sentido de la “virtus” o el “vis” latinos; procede del sánscrito “var” y no tiene connotación moral; y “Ching” es tejido, trama: esto es “libro”, como el “sutra” sánscrito, que significa “Libro canónico”. Y pasamos al término nuclear del título, el vocablo “Tao” que es el concepto central de la doctrina taoísta. Concepto difícil de definir para mentes occidentales como las de ustedes. Se trata de un concepto metafísico, o mejor místico que significa, en un sentido estático, “camino”, “vía”, “sentido” o “dirección” y, en su aspecto más dinámico, “curso natural de un río” o “corriente de un río”.
Sobre el pensamiento taoísta, cuatro diálogos de filosofía ficción, Tomás Moreno
            Es también Razón divina (Logos en griego) inmanente, Regla o Normatividad cósmica, Ley universal que todo lo rige. Esto es: el Principio rector del orden del cosmos y también el Principio Divino del que todas las cosas emanan y al que todas retornan; origen y fin de todo cuanto existe. Se representa, en nuestra lengua clásica, por un ideograma que se compone de dos signos icónicos o pictogramas: uno que representa gráficamente una “cabeza” y otro que describe el acto de “marchar”; lo que significaría: “una cabeza que marcha por un camino” o “discurrir en conformidad con un camino”.
            -“¿Se trataría entonces”, pregunté yo, “de un Principio Divino impersonal, semejante al Logos Estoico de los griegos y también de los latinos?”
            - “Sí, si excluimos una interpretación excesivamente intelectualista del término, como la que hicieron los primeros misioneros cristianos en la China, al traducir el término chino Tao por el greco-latino Logos. Yo diría que el Tao es el Principio Divino, supremo, impersonal que rige el ritmo cósmico, su orden y su devenir y que gobierna el curso natural de la vida universal; un “ritmo” que es resultado de la combinación armónica de los dos elementos primordiales (polares y complementarios) que constituyen la esencia de todos los seres: el Yin (principio femenino) y el Yang (principio masculino)[5]. Esto revela evidentemente la dependencia de la doctrina taoísta de la vieja Escuela del “Yin-Yang” y del “Yi-Ching” y del I Ching (Libro de los cambios)[6]. Podríamos asegurar que toda la cultura China, incluido el Confucianismo, procede de esa misma matriz cosmológico-metafísica, característica, por otra parte, de una civilización agrícola, campesina, atenta a asegurar la correspondencia armónica entre el ciclo astronómico, el ciclo de las estaciones y el ciclo de la vida agrícola y social (según destacó el sinólogo francés Marcel Granet[7])”.
            - “Como veis, queridos alumnos”, intervine yo, “se trataría de una “concepción naturalista y dialéctica de la realidad. Todos los seres estarían constituidos por una combinación de Yin-Yang, con predominio de uno de ellos. El taoísmo confiere al Yin (lo femenino: embrionario, informe, receptivo, pasivo, oscuro, húmedo y débil) cierta primacía sobre el Yang (lo masculino: principio formal, activo, luminoso, seco y fuerte), mientras que el confucianismo primará el Yang sobre el Yin. ¿Estoy en lo cierto profesor?”
            - “Así es”, respondió, “y ello es lo que explica que los fenómenos y los seres naturales no sean estáticos, sino dinámicos. Y la raíz o el origen de ese dinamismo es precisamente esa contradicción interna que anida en ellos, constituyéndolos: ya que el Yin aloja en su seno o ser interno el Yang y, a su vez, el Yang  contiene dentro de sí, su opuesto, el Yin. Pero esa dualidad o polaridad dialéctica es superada por la armonía de una unidad superior: en la unidad del Tai K’i, en el Tao.”
Sobre el pensamiento taoísta, cuatro diálogos de filosofía ficción, Tomás Moreno
            - “El concepto de Tao”, apunté yo entonces, “evoca o recuerda, por ello, no sólo el Logos helénico de Heráclito y de los estoicos, al ser una ley que rige el devenir, una armonía oculta, medida del devenir, sino también el logos hebraico-cristiano… de tal manera que en las primeras Biblias chinas, el término sirvió para traducir el término teológico “Verbum” o “Logos” del IVº Evangelio de San Juan: “En el principio era el Tao…”.
            - “Efectivamente profesor Moreno”, respondió, “pero el Tao difiere de la segunda persona de vuestra Trinidad divina, en que es algo absolutamente Impersonal; es lo Absoluto no manifestado, innombrable, inefable. Un concepto místico inaccesible, inconceptualizable por vía intelectiva: “El Tao que puede ser expresado no es el Tao perpetuo”, dice el Libro (Tao,1a). Sólo puede ser captado por vía intuitiva o contemplativa, como consecuencia de una vivencia inmediata del sabio, por la que alcanza la purificación y santidad interior que le lleva al desprendimiento, desapego o “desasimiento” del mundo exterior o a la autoentrega y abandono de sí mismo en el Tao, integrándose así en los ritmos de la vida y de la naturaleza universal.”
            Tras el intenso y fructífero diálogo con el sabio profesor chino, la clase entera quedó absorta en un prolongado silencio, para, a continuación, prorrumpir en entusiasmados aplausos por la brillantez y claridad inusual con la que el profesor invitado había desarrollado sus interesantes reflexiones. Cuando el profesor Cheng iba a retomar la palabra, el bedel anunciaba -algo también inusual- la terminación de la clase. Por lo que rogamos al mismo siguiera deleitándonos en sucesivas clases con sus interesantes reflexiones, a lo que educadamente accedió (Continuará).


                                                                                                               Tomás Moreno








   



[1] Según constaba en su currículo, el profesor Cheng era también autor de un erudito trabajo -en el que se ocupaba de otro antiguo sabio pitagórico hispano- titulado Las relaciones entre el proceso de generación del cosmos a través del Tao y la concepción emanacionista del Uno en el pitagorismo de Moderato de Gades, publicado por la Universidad Chun Hua de Taiwán, en 1998.
[2] Lao Tse, Tao Te Ching, trad. de Carmelo Elorduy, La gnosis taoísta del Tao Te Ching, Monasterio de Oña, 1961. Edición bilingüe chino-español, es sin duda la mejor existente en castellano. Todas las citas del Tao que incluimos en el texto proceden de esta fuente. Merecen citarse también la más reciente en castellano: Lao zi, Tao Te King, prólogo de F. Jullien y traducción de Anne-Hélene Suárez, Siruela, Madrid, 2003; y la versión de Ignacio Preciado Idoeta: Lao Tsé, El libro del Tao, Alfaguara, Madrid, 1978.
[3] Para la biografía y leyenda de Lao Tse, véanse: R. Wilhelm, Lao Tse y el taoísmo, Revista de Occidente, Madrid, 1926; para su relación con Confucio, véase: Richard Wilhelm, Confucio, Alianza, Madrid, 1966. Una ya clásica aproximación, no superada, a su figura y doctrina es la del pensador y escritor chileno: Juan Marín, Lao Tsze o El Universismo mágico, Austral, Buenos Aires, 1952.
[4] Dukkha: primera noble verdad de la doctrina budista que constata la existencia del dolor y del sufrimiento universales.
[5] Sobre la concepción taoísta del proceso ritmico y cíclico de la realidad natural, véase: Luis Racionero, Taoísmo. Los ritmos vitales de la naturaleza, Revista de Occidente, 3ª época, nº 19, Madrid, mayo 1977, pp. 26-29.
[6]  I Ching , edit. Marko Lauer, Barral, Barcelona, 1971. También se traduce por Libro de las mutaciones.
[7] Cfr. Marcel Granet, La Religión des Chinois, Gauthier-Willars, París, 1922.


Sobre el pensamiento taoísta, cuatro diálogos de filosofía ficción, Tomás Moreno

viernes, 1 de junio de 2012

HALLAZGO DE UNOS MANUSCRITOS DE GÓNGORA


Hallazgo de un manuscrito de D. Luis de Góngora, Ancile



HALLAZGO DE UNOS MANUSCRITOS DE GÓNGORA



Hallazgo de un manuscrito de D. Luis de Góngora, Ancile


Ante la sorpresa del descubrimiento de los manuscritos de los que damos cuenta en esta nueva entrada de Ancile, nos parece que será muy digno de contemplar la reacción ante los mismos por los grandes estudiosos especialistas en el maestro cordobés. Adjuntamos una imagen de uno de los documentos para ilustrar esta entrada del blog y poner en antecedentes a los interesados en la vida y obra de D. Luis de Góngora. Para quien suscribe estas apresuradas líneas de presentación, ha sido motivo de gran expectación los textos encontrados, y espero con  gran interés los concienzudos estudios que precederán a su hallazgo y, sobre todo, constatar si son en realidad manuscritos auténticos o no. Mientras tanto ofrezco aquí el grueso o  motivo esencial de la noticia.
Hallazgo de un manuscrito de D. Luis de Góngora, Ancile
Si Doña María de Lara entraba y salía […] muy de hordinario […] de la casa del Inquisidor Reynoso, contado esto por su paje Álvaro de Vargas y, finalmente, relatado por un joven Luis de Góngora (allá por los 35 años de su trasegada existencia), en su declaración al Tribunal del Santo Oficio, en 1597, en testificación contraria al susodicho Alonso Jiménez de Reinoso, a la sazón miembro del órgano inquisidor (de Córdoba), acusándolo de conducta irregular (por claramente indecorosa –[…] muy pública y escandalosa […]-, resulta dicha declaración escrita (de confirmarse definitivamente su autoría), una novedad que acaso pueda ofrecer una visión del gran poeta cordobés muy digna de ser tenida en consideración para la perspectiva y dictamen de su singular personalidad. Así lo declara la hispanista Amelia Paz, quien ha sido la que, indagando sobre otros menesteres (texto autógrafo descubierto en el Archivo Histórico Nacional cuando investigaba asuntos relacionados con la Inquisición de Córdoba), propició fortuitamente este importante hallazgo. Cosa extraordinaria, habida cuenta que el mismísimo Dámaso Alonso había estudiado la sección de dicho Archivo Histórico Nacional, sin dar con este documento, cosa que no es de extrañar habida cuenta del ingente número de documentación que se encuentra en el mencionado archivo.
Alonso de Reynoso, amigo que fuera de Luis de Góngora, en este caso es delatado por el poeta, ¿acaso siguiendo el curso de alguna particular venganza?.
En los cinco folios recogidos y rescatados para su público conocimiento, deja cuenta de aquellas entradas y salidas de María de Lara en la casa del inquisidor Reynoso, dando constancia -a través de Álvaro de Vargas- de que […] la tenía (a la tal señora de Lara) veinte y tres días en un aposento alto que llaman de la torre […] y que […] cuando el dicho ynquisidor dormía con la susodicha Dña. María lo echaba él de ver en cuatro o seis camisas que él había mudado la noche y estaban tendidas a la mañana en el terrado para enjugallas del sudor, donde hallaba en delanteras de las dichas camisas las inmundicias y suciedades hordinarias de semejantes actos.[…]
La importancia del hallazgo se infiere porque son muy pocos los textos autógrafos del autor: desde el siglo XIX no salía a la luz ninguno. Además, no se tenía ninguna noticia de que el poeta cordobés hubiera tenido nunca que declarar ante el Santo Tribunal. La exposición organizada por Acción Cultural Española denominada: Góngora. La estrella inextinguible, fue la ocasión oportuna para dar noticia del descubrimiento. La gravedad y circunspección del Góngora anciano queda entredicho por la guasa y retranca del poeta de juventud (Amelia Paz).
            


Hallazgo de un manuscrito de D. Luis de Góngora, Ancile