sábado, 11 de febrero de 2017

EL SIGNO LINGÜÍSTICO Y MATEMÁTICO Y EL SÍMBOLO POÉTICO

Una breve aproximación al signo y el símbolo en poesía, para la sección, Poesía y matemáticas, del blog Ancile bajo el título: El signo lingüístico y matemático y el símbolo poético.

El signo lingüístico y matemático y el símbolo poético. Francisco Acuyo




EL SIGNO LINGÜÍSTICO Y MATEMÁTICO

Y EL SÍMBOLO POÉTICO




 LA realidad –empírica- del mundo como un hecho incuestionable abarca el objeto de entendimiento del científico (y del matemático que aplica su disciplina a la descripción de dicho objeto), como indiscutible fin –y principio- de su disciplina de conocimiento. Cualquier otro cuestionamiento al margen de este hecho no es objeto de estudio merecedor de atención para el método científico. Las indagaciones sobre los diferentes porqués sobre la interacción de nuestras conciencias con el mundo y del posible sentido de la realidad que inunda nuestras vidas se dice que es propósito de otros dominios del saber (casi siempre cuestionados por la ciencia empírica), como es la filosofía (en sus diferentes vertientes incluida o, sobre todo, especialmente discutida, la metafísica) o la religión. Veremos que la poesía (no es solo un arte literaria, sino una vía peculiar de conocimiento creativo) indaga de manera muy singular en la naturaleza de lo sensible y experimental, pero también sobre cuestiones no traducibles al ámbito de lo estrictamente sensorial, se diría incluso que intenta un saber uniabarcador –totalizador- donde el espacio y el tiempo en el que se sitúa lo experimentado, adquieren una singular carta de naturaleza.

                  Puede decirse que los rasgos matemáticos que –teóricamente al menos-  comparte la poesía, empatizan especialmente con los pitagóricos y platónicos, en tanto que la verdad –creativa y- última del número está implícita en la verdad última de lo que es cierto en el mundo. La poesía se intenta integrar muchas veces, en su afán de conocimiento e integración en el entorno, mediante la obtención de la belleza para una representación mediante la que, con su singular lenguaje (simbólico y especialmente conceptual),[1] indague la realidad y acaso las últimas cuestiones que se manifiestan no sólo en la reflexión metafísica o teológica, también en la búsqueda de la verdad (decíamos, mediante la indagación de la belleza) a través de la intuición lógica, paralógica y extralógica de la poesía. Los significados –de los conceptos-  poéticos  se sitúan en muchos casos más allá de las pretensiones lógico matemáticas de la ciencia que también confluyen en el lenguaje. El
El signo lingüístico y matemático y el símbolo poético. Francisco Acuyo
símbolo poético y esa peculiar lógica  del concepto poético –manifiesta, en tantas ocasiones referido, en el especial uso del lenguaje y, por tanto de su lógica- serán los que hagan de la expresión poética una senda única y genuina de entendimiento y de ser en el mundo. 

                  Está claro que en muchas ocasiones es transparente que los significados poéticos son más extensos que los que se establecen mediante una relación lógico formal, y esto no sólo por el carácter singular del concepto poético (recuerden aquella lógica o ciencia de la paradoja de la que hemos hablado en otras ocasiones), también porque el símbolo –no sólo el signo- poético es también muy peculiar. El enunciado poético (como hipótesis de la realidad) no busca su verdad tanto en la comprobación empírica como en la veracidad de sus formulaciones a través de una coherencia refleja (como diría Juan Ramón Jiménez) en lo hermoso conseguido, que aspira a la armonía de la conciencia intuitiva –y su lógica subjetiva- con el mundo y con las aspiraciones que lo trasciende. Puede incluir significados que se encuentren más allá de lo experimental sensible (y que trascienden el espacio y el tiempo empíricos) y que, como decíamos, puede vincular –a lo poético- no sólo con la matemática –pura-, también con la metafísica o la religión, pues no es raro encontrar en su peculiar discurso símbolos y referencias míticas –y religiosas-[2] que la enlazan con el misterio de la existencia y del devenir y concluir de la vida.

Tampoco será extraña la indagación en poesía de conceptos tan fascinantes para el hombre como el del infinito (actual y potencial tan debatido en matemáticas) y del que hablaremos más adelante desde la óptica poética con más detenimiento, y que debate su existencia en el tiempo y el espacio como supuesta propiedad física del mundo, frente a la infinitud pura de lo matemático. El infinito es una de las visiones primigenias sobre las que ha debatido el hombre y lo ha hecho de manera singular desde la matemática, la metafísica, la religión y, desde luego, desde la poesía, y esta última lo ha hecho en virtud del manejo de símbolos y concepciones que aspiran a superar lo contingente de nuestras vidas, de hecho se dice que esa apreciación o valor de lo absoluto tiene una consistencia anterior a la articulación misma del pensamiento tal y como hoy lo concebimos y que en el prístino lenguaje del mito  (y de la poesía) es una constante.

                  De manera recurrente hemos hablado de los signos (formales de la lógica matemática) y de los símbolos intuitivos de la poesía (también de la matemática, de la lógica de la metafísica….) sin establecer unas distinciones claras entre unos y otros, entre otras razones porque no es fácil ya que tales distingos obedecen a cuestiones artificiosa cuando no espurias. En cualquier caso, en siguientes exposiciones hablaremos de este y otros asuntos de gran interés.





Francisco Acuyo

                 
                 

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[1] Especial, porque en sus presupuestos pueden dirimirse términos lógicos y otros que no tienen que serlo necesariamente (aquellos elementos irracionales tan característicos que muchas veces podemos encontrarnos en tantos versos de grandes poetas)
[2] Santayana, G.: Interpretaciones de poesía y religión, Cátedra, Madrid, 1993.


El signo lingüístico y matemático y el símbolo poético. Francisco Acuyo

jueves, 9 de febrero de 2017

EL LENGUAJE Y EL SER –POÉTICO Y MATEMÁTICO-

Bajo el título: El lenguaje y ser -poético y matemático-, seguimos indagando sobre el mundo de relaciones y diferencias entre el entendimiento y construcción matemático y poético, para la sección, Poesía y matemáticas, del blog Ancile.


El lenguaje y ser -poético y matemático-, Francisco Acuyo




EL LENGUAJE Y EL SER –POÉTICO Y MATEMÁTICO-








CUANDO poníamos en correspondencia las matemáticas (y las ciencias empíricas de la naturaleza, por su inexcusable vinculación con aquellas, recuérdense las matemáticas aplicadas) y la poesía en anteriores ocasiones,[1] lo hacíamos atendiendo a la lógica –y siempre en relación a la estructura y dinámica- de sus lenguajes. Si la matemática –pura- decíamos, se desarrolla mentalmente y no tiene por qué tener una vinculación perceptual, y las ciencias de la naturaleza mantienen un vínculo ineludible con lo sensible, la poesía, puede, y de hecho así sucede, mantenerse en una relación de ambivalencia que ya describíamos como una característica singular que la hace manifestarse paradójicamente (ciencia de la paradoja, llegamos a definirla)[2] en su vinculación con la realidad de la mente –de la conciencia- y de lo sensorial empírico. El lenguaje (y los signos –y símbolos-) que la constituye(n) tiene(n) así mismo una idiosincrática naturaleza que llega a distinguirlo no solo del lenguaje matemático (y empírico natural aplicado de la matemática), también del uso ordinario de la lengua, incluso se dice que es o puede ser bien distinto al lenguaje mismo literario.[3]

                La abstracción pura del signo matemático tiende a contrastar con la necesidad representativa de la ciencia empírico positiva, que precisa del objeto sensorio para sus verificaciones experimentales. La poesía también procesa representaciones –muy significativas- en virtud de su lenguaje peculiar mediante la  que se aspira a un contacto con el mundo de las sensaciones, no obstante, también maneja conceptos profundos y abstractos que no tienen por qué encontrar vínculo sensitivo experimental, ya hablábamos de sus expresiones singulares en la indagación de valores, de emociones, de entendimiento trascendente… , por lo que es preciso reconocer la realidad de un
El lenguaje y ser -poético y matemático-, Francisco Acuyo
lenguaje representativo que se ampara, no sólo en el signo lógico matemático necesario en cualquier gramática lingüística, también en el que es propio de dominios de conocimiento e indagación distintos y que precisan de los símbolos como instrumentos de expresión y entendimiento. Aquí se encuentran, sin duda, salvando las diferencias evidentes, junto a la filosofía, la metafísica o la religión, la poesía.

                La consistencia interna –formal- de cualquier enunciado lógico –matemático o no-, no tiene por qué tener referencia con lo real sensorio, no así aquellos que siguen un modelo representativo, insistimos en esto, porque la poesía (y la matemática aplicada) pueden acceder a la supuesta realidad experimental observable para cualquiera y para ser comunicada y compartida. Una de las características más notables de la lógica y de las matemáticas es la de consolidarse como un auténtico lenguaje público,[4] en virtud de la igualdad de significados en cualquier circunstancia, por lo que su utilidad en el ámbito de la ciencia es extraordinaria. No sucede esto con el lenguaje estándar, menos aún con el artístico o literario. Pero es aún más extremo y especial con el lenguaje singular de la poesía.

                En cualquier caso, el mismo lenguaje de las ciencias de la naturaleza, en su público entendimiento, a luz de los nuevos avances en la indagación de la realidad material del mundo, hay casos que se exige, a tenor de la ambigüedad y contradictorio comportamiento de la materia, varios modelos lógico matemáticos para una descripción más aproximada de aquella,[5] de donde comienzan a deducirse potenciales limitaciones del propio conocimiento científico. Mas, yendo más allá de la indagación pura de la lógica y de la matemática, de la empírica comprobación de la ciencia en diversos ámbitos de la realidad material, existen intuiciones, ideas, incluso conceptos muy especiales que atienden a inquietudes como la ética, las emociones, la atención a lo trascendente… en virtud de la inclinación de los seres conscientes a indagar en las causas últimas o finales a los que se dedica y se implica no sólo la filosofía o la misma religión, también la fascinación por lo bello como forma de entendimiento y verdad del mundo tiene su punto de inflexión en la expresión poético creativa.

                Seguiremos la indagación sobre estas otras formas de entendimiento (sin duda imprescindibles para la óptima compresión del mundo y de nosotros mismos) en próxima entrega de este blog.


Francisco Acuyo




[1] Ver en Ancile: De las formas y objetos –matemáticos- a los signos y símbolos –poéticos- http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/01/de-las-formas-y-objetos-matematicos-los.html o El signo lingüístico (poético), lógico y matemático: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/01/el-signo-linguistico-poetico-logico-y.html , entre otros.
[2] Acuyo, F.: Fisiología de un espejismo, Artecittà, Granada, 2010.
[3] Jakobson, R.: Ensayos de lingüística y poética, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 1977.
[4] Leach, J.: Matemáticas y religión, Sal Terrae, U. P. Comillas, Santander, Madrid, 2011, p. 27
[5] El principio de Complementariedad es un claro ejemplo de lo que decimos, y se utiliza en mecánica cuántica  para entender el comportamiento ambivalente de la luz (como partícula y como onda).




El lenguaje y ser -poético y matemático-, Francisco Acuyo

UNA ÉTICA POÉTICA PARA LA HIPERMODERNIDAD. SOBRE Y PORTUGUESA EL ALMA DE MANUEL SALINAS

Para la sección, Noticias, del blog Ancile, traemos el trabajo de José A. González Núñez, sobre el libro recién publicado del profesor y poeta Manuel Salinas Y portuguesa el alma, publicado por Entorno Gráfico edicones; y todo ello bajo el título, Una ética poética para la hipermodernidad. Sobre portuguesa el alma.



Una ética poética para la hipermodernidad. Sobre portuguesa el alma, José A. González Núñez, Ancile




 UNA ÉTICA POÉTICA PARA LA HIPERMODERNIDAD.  

 SOBRE Y PORTUGUESA EL ALMA DE MANUEL SALINAS




Una ética poética para la hipermodernidad. Sobre portuguesa el alma, José A. González Núñez, Ancile





La hipermodernidad, estos tiempos que vivimos una vez superada la posmodernidad según los bautizó G. Lipovetsky, sigue siendo una era  racionalista y pragmática, individualista y consumista, pero marcada por una original y  sofocante angustia, gestada en la rapidez de las metamorfosis, en la melancólica caducidad de su esencia efímera y en la provisionalidad e inseguridad a que el  capitalismo global sigue condenando a las masas, al ritmo desenfrenado  de su progresión desaforada. Esta época, marcada por el desasosiego, nos fuerza a nuevos planteamientos, a nuevas exigencias, a otros modos de vivir en sociedad y a otras relaciones en los dominios del poder político, del saber y, sobre todo en el íntimo espacio de la subjetividad:  preciado don heredado de la modernidad.

El individuo hipermoderno se ha transformado y, a pesar del persistente hedonismo y sus ansias de gozo inmediato e ilimitado, según se fue expandiendo y asentando el consumismo, comenzó a percibirse una cierta insatisfacción moral, el hartazgo de la producción material y la carencia de aquellos ideales necesarios al vivir colectivo. Si el compromiso militante se ha relativizado con el
Una ética poética para la hipermodernidad. Sobre portuguesa el alma, José A. González Núñez, Ancile
desprestigio de las ideologías que ofrecían paraísos igualitarios a la vuelta del futuro y la moral autoritaria se ha visto erosionada por una laxa permisividad, poco a poco se  ha comenzado a denostar el nihilismo y han acabado por ir asentándose nuevos valores morales, derivados de los derechos humanos, imprescindibles para configurar la identidad donde cimentar la subjetividad satisfecha y peculiar de las sociedades democráticas y desarrolladas. Revestida de la fascinante y lujosa teatralidad que irradia y se expande desde los todopoderosos medios de comunicación, esa individualidad también recibe cada día la descarnada e insoportable  imagen de la pobreza y el sufrimiento ajeno.

En los resquicios y ámbitos nacidos al socaire de la sentimentalidad desbordante de los medios de información ha ido creciendo, a la par que la insoportable angustia vital, la crítica de la explotación del semejante y han comenzado a aparecer nuevos comportamientos altruistas y valores cimentados en la generosidad y en aquel sentido de la justicia que reconoce en el otro el mismo absoluto que en uno mismo.

Justo en estos momentos acaba de aparecer un nuevo poemario, Y portuguesa el alma, del granadino asentado en Málaga, Manuel Salinas, editado en la colección Entorno gráfico de poesía, que viene a dar continuidad a los ideales iniciados en  Viviré del aire (2014) y supone el logro de nuevos hitos en el camino hacia esa tan necesaria ética, en este caso poética, para nuestra “dañada realidad”.

 La vida humana en su dimensión ética se ofrece como un camino hacia el Bien, camino de perfección que ya San Teófilo (siglo I) y San Gregorio de Nyssa (siglo IV) entienden como tensión y continuo avance ascensional desde la materia inane hasta la más alta espiritualidad,  y que se expresa con el término griego “epectasy”. En ese itinerario la razón no considera al Bien como un sentimiento nacido en la voluntad particular del individuo, sino como una aspiración al infinito, una reiterada búsqueda de algo más, pues el espíritu sólo se sacia parcialmente con los logros adquiridos y se reproduce en su acción incondicional y en su afán de universalidad. El deber de abarcarlo todo llevó a estructurar la realidad en tres escalones o niveles de dignidades según las categorías existentes, pasando de la inferior o naturaleza material, incapaz de perfeccionamiento autónomo, a la humana, dotada de libre albedrio, y a la superior o Bien absoluto, identificado con el misterio divino, inalcanzable por los humanos.

La tarea del hombre, único ser dotado de capacidad moral autónoma, consiste en procurar la mayor perfección de lo dado, en continuo recomenzar y sin nunca acabar. Con la libertad, connatural al ser humano, en su caminar, puede optar por cualquiera de los dos sentidos de la marcha, hacia el Bien o hacia el Mal. El hombre bueno busca la elevación espiritual y su conciencia le hace sentir pudor cuando opta por el movimiento descendente, aquel que le lleva a darse de bruces con la materia inferior, incapaz ésta de mayor perfección y a la espera de la ayuda humana para su elevación.  Wieland, el “Voltaire alemán”, fue el filósofo que en los umbrales del Romanticismo supo expresar con prístina claridad el ansia de transformación ascensional que el mundo mineral siente por el vegetal, éste por el animal y la bestia por el hombre. Finalmente, a través del camino de perfección, el humano desea conocer lo desconocido, dar a ver lo invisible y alcanzar, aunque sólo sea en el fugaz instante del “toque delicado”, la unión con la divinidad en la inaccesible “teosis” del místico.

 En el trato con la naturaleza el hombre se atiene al pudor para dominar con la razón las inclinaciones sensibles; la compasión es el sentimiento que le permite avanzar en sus necesarias relaciones de simpatía con los demás, un ponerse en el lugar del otro, superando la perversa tensión egoísta, merced al principio de justicia con el que reconoce en el semejante la misma dimensión de ser que posee en sí mismo y así pueda nacer entre ellos el amor de igualdad. Por último, en su proyección hacia el misterio y para crecer espiritualmente, los humanos necesitan la virtud de la piedad,
Una ética poética para la hipermodernidad. Sobre portuguesa el alma, José A. González Núñez, Ancile
veneración que se manifiesta en el trato con lo divino y que expresa su decidida vocación de perfección. Ante lo desconocido el hombre siente temor, pero poco a poco y según se acerca a lo divino, transforma aquel pánico inicial en reverencia y admiración, deseo insaciable de unión y  amor puro al Bien Supremo, porque en Él se conjunta de manera indivisible la triple virtud: pudor, compasión y piedad.

Manolo Salinas es poeta, y lo es porque ha recibido el don de guardar en la memoria el tesoro vivo de lo que ha sentido (G. A. Bécquer); con tan preciado material ha creado y elevado himnos en honor del misterio de la existencia, pues que trasciende, trascendentes. En el Arte Poética de Juan de Mairena la poesía, como cualquier fruto imperecedero, debe sobreponerse al tiempo, de manera que el tiempo vital del poeta se “eviterniza”, con los medios de que éste se vale, en su totalidad temporales (medida, acentuación, rima, imágenes…), para ser:

                                                     “Ni mármol duro y eterno
                                                     ni música ni pintura,
                                                     sino palabra en el tiempo.
                                                     Canto y cuento es la poesía,
                                                     se cuenta una viva historia,
                                                     cantando su melodía.”

 Y a tal poética se atiene Manuel Salinas, pues no en vano le dotó Lope de Vega con “los  ojos niños y portuguesa el alma”, unida a una nueva ética que enraíza y fructifica  en estos nuestros días. Manolo nos recibe en el pórtico carvajaliano, “Del lado de la vida” y allí nos da cuenta y desvela el milagro hecho pensamiento y canción. En los recién pasados tiempos sentimos pudor y llegamos a comprender “que somos unos bárbaros, y que / esto no puede ser”, “pues toda barbarie cultural destruye la belleza y produce una barbarie moral”.

El poeta siente la herida de abril, porque  “abril es una herida, huido/ aroma de la hermosura del mundo” y, marcando tajante separación entre el mirar y el comer, deglute el mundo en ágape de compasión, compartiendo amor entre semejantes, elevándose al segundo escalón en la escala ascensional y creando belleza: palabra en el tiempo. Con ella nos da a ver lo que a él también se le dio, ese destello luminoso que atraviesa la llaga en su mano de artífice, llama de amor que quema y cauteriza y, con su luz, hace hablar a las cosas, a los jardines, en los lienzos de Rosaura Álvarez, Carmen Tischler y Mª Teresa Martín-Vivaldi, –¡Qué hermosas glicinias del Generalife para la portada!–,  “donde prende el rojo, el carmín,/ el sangre”, o en los sotos de los ríos de Granada:

“Juncos del Darro,
junquillos leves,
alegres de día
de noche alegres”.

Y la memoria frente al olvido es canto y cuento, ráfaga de luz que traspasa las tinieblas, rompiendo el silencio de la  noche malagueña: “noche de plata”.

La poesía “palabra esencial en el tiempo”, “diálogo de un hombre con su tiempo” según el pensar de Mairena, no es buena sólo por su técnica sino por la calidad de intuición, por su sensibilidad poética, por esa visión descentralizada y polivalente que considera y atiende los diferentes ángulos del ojo lírico, capaces de redimir la soledad del hombre. Sinestesia de los sentires que tras la “noche oscura” del alma  “abre los ojos dentro: la vida”.

Salir al exterior con una conciencia auroral, con la inocencia del infante analfabeto,  el recién nacido que sobre todo “apetece la leche alba del espíritu: la razón inmaculada, la razón pura” (Bergamín), razón espiritual capaz de doblegar la razón práctica en su “vita nova”, hecha de rectitud moral ante el mundo, al que consigue dar significado. Sabiduría bondadosa que engendra el bien, bello y verdadero, los tres universales caros al pensamiento desde la antigüedad griega, después cristianizada.

En lo externo el poeta se alimenta, come y se enriquece con la experiencia de su tiempo vital y con su particular vibración, unido a los demás, en la entrega que propicia la compasión, pues “sólo el amor/ transforma lo que toca” y crea la poesía, velo lingüístico repleto de colorido que da vida y hace
Una ética poética para la hipermodernidad. Sobre portuguesa el alma, José A. González Núñez, Ancile
legible lo que no puede ser leído o vivido. Oquedad del estigma en la mano del artífice metamorfoseado en canal de inspiración, tal como lo imaginó y plasmó Claudio Sánchez Muros en su alegoría de la poesía, mediación entre el espacio privado y la colectividad, punto intermedio en las redes de comunicación. El yo como “el yo-del-otro”, “el deseo del otro”, de su diversidad se complementa en tanto que se le reconoce como igual. “Es la hermosura, la indulgencia que nos ayuda a sentir que lo que bien se reparte, bien sabe”.

Si en la historia moral de la humanidad se ha reiterado el fantasma del hombre-dios, el poderoso divinizado, el rey sol dominando sobre un amplio espacio “radiocrático”, en la actualidad renace lo espiritual, lo humano, aquella metafísica que se creía erradicada desde la Ilustración hasta el nihilismo posmoderno, con el deseo de superar en su avance el terrible drama del siglo XX, las catástrofes continuadas y las  ruinas  acumuladas, el fruto amargo del aire del progreso que el Angelus Novus de Klee no logra frenar ni reparar, en tanto los hombres sean incapaces de reconocer a los demás, al “otro que es yo”, como iguales (H. Arennt) y  sientan pánico por la multiplicación de los discursos mestizos: la “espuma” caótica de la globalización (P. Sloterdijk).

Manuel Salinas reconoce a los tártaros “despojados de la avaricia del cielo” como “tigres que heridos regresan/para asaltar los cielos”, pero “ya no hay ni verdades ni mentiras, sino la vida que eligió cada uno” y, “frente a la codicia de lo utilitario”,  “hagamos del cielo el mejor lugar/ de la tierra.”

En el amor entre iguales es el poeta con su peculiar sentir, en su ética, quien mejor puede atisbar la moralidad de cada cual, atravesada por la “kénosis” divino-humana que transfigura la libertad. Si el mal que amenaza al hombre y a la historia es la muerte, el Bien hecho amor del decir se constituye en memoria frente al olvido, belleza que en el poema aspira a la exaltación musical y a la  redención del mundo. “Esa luz: aspirar a ser buenos y no más”,  palabras que concluyen el “Envío” y cierran el poemario.

E. Kant definió lo sublime como la elevación moral del sujeto ante la posibilidad de su destrucción por un poder superior;  ateniéndonos a esa idea, no cabe duda de que el alma portuguesa de Manuel Salinas se nos ofrece como inmejorable e imprescindible tratado ético contra la perplejidad de nuestros tiempos desde la lógica polivalente de su lírica.

El libro se completa con una sorprendente introducción, debida al temblor sagrado de la mano de Sara Pujol Russell, poeta conmovida, admirada y enamorada ante los versos  de Manuel Salinas, hasta el punto de hacer falso el axioma aristotélico que postula la más rica vitalidad del pensador en tanto sea capaz de someter su dinamismo impulsivo. La rebelión de la mano que la prologuista quisiera austera le ha llevado a elaborar un texto que es la pura esencia del otro que habita en la desnudez del yo. Por esto, y a su pesar, se nos ofrece como investigación erudita, ejercicio de exégesis y la mejor guía para el futuro lector, en un  decir nunca visto que es  fuego de una pasión capaz de iluminar los ocultos intersticios de un pensamiento más que dual, trinitario: el de la escritura, el del poeta prologado y el de estos versos machadianos:

                                                      Si un grano de pensar ardiera
                                                      no en el amante, en el amor, sería
                                                      la más honda verdad lo que se viera.
   





José A. González Núñez
                                   Venta del Pulgar.
                                               En la fiesta de Santa Ágata, la catanesa.
                                               5 de febrero de 2017.











Una ética poética para la hipermodernidad. Sobre portuguesa el alma, José A. González Núñez, Ancile



lunes, 6 de febrero de 2017

DEL SER (EN LA BELLEZA): DE LO LÓGICO -MATEMÁTICO Y POÉTICO -EN LA REALIDAD

 El ser (en la belleza) de lo lógico -matemático y poético- en la realidad, es el título de la nueva entrada del blog Ancile, para su sección, Poesía y matemáticas.



El ser (en la belleza) de lo lógico -matemático y poético- en la realidad, Francisco Acuyo




DEL SER (EN LA BELLEZA): DE LO LÓGICO

-MATEMÁTICO Y POÉTICO -EN LA REALIDAD







DE buena parte de los argumentos y exposiciones sobre las analogías –lógicas- entre poesía y matemáticas relatadas hasta el momento, cabe inferirse una cuestión recurrente en todas ellas, a saber: ¿es posible que de una intuición lógica (mental) matemática -o no- pueda argumentarse la existencia real de algo?

                La lógica ha sido, es y será una herramienta capital (usada por el lenguaje y las mismas matemáticas) para colegir la entidad –óntica- de determinadas cosas que forman parte del mundo detectado por los sentidos. El tratado de la existencia[1], del que deriva el concepto de ontología, nos dice desde hace mucho tiempo, que las premisas, las intuiciones no estrictamente matemáticas, actúan de forma similar a los enunciados de la lógica formal y la matemática[2].

                Pero, ¿es lo mismo la idea, el objeto mental,… derivado de lo lógico y su semántica formal que la realidad de los objetos del mundo? Ya vimos muy detenidamente las objeciones[3] de Kant al respecto. En cualquier caso, también vimos y abundamos sobre este asunto: el matemático tiene por reales, y por tanto existentes, los objetos matemáticos, coincidan estos o no con la realidad empírica y perceptual del mundo. Para el filósofo (o para el poeta), también son inexcusables las realidades éticas, metafísicas, estéticas, incluso trascendentes…, cuya existencia en su constructo lógico no es posible en modo alguno soslayar. Cuando el matemático dice que 3 + 3 = 6, establece su resultado numérico como una realidad existente, coincida o no con la suma de manzanas o cualesquiera otra cosa. Así mismo, para el teólogo, la existencia ontológica de Dios, lógicamente deducible, no cabe duda; para el poeta, la idea de belleza y verdad en el poema verdadero no puede sustraerse de la realidad creativa que impulsa a cualquier espíritu verdaderamente consciente y comprometido con aquella idea de verdad y de belleza.

El ser (en la belleza) de lo lógico -matemático y poético- en la realidad, Francisco Acuyo                 Las ciencias naturales que basan su consistencia lógica y epistemológica en la prueba o la experiencia de laboratorio, acaso han impuesto su realidad existencial al resto de maneras de entender el mundo. El objeto empírico se muestra como la única realidad aceptable en un  ámbito que condiciona cualquier postulado, juicio, argumentación o presupuesto -lógico o no- a los condicionantes de la experiencia –perceptual-.

                La percepción del mundo, pues, no es tan simple ni sencilla a la luz de todo lo que hemos ido exponiendo a lo largo de estos trabajos y de sus aproximaciones sobre la manera de conocer y entender el mundo. La lógica y la matemática tienen su aproximación peculiar; las ciencias de lo empírico, la suya; el filósofo, metafísico y teólogo la suya; mas, ¿cuál será la del poeta, cuál es su disposición y manera de aprehender el mundo? Vimos las relaciones –también las diferencias- con la lógica matemática, sin duda, harto fascinantes, también las tiene con otras lógicas que atañen al conocimiento científico empírico, así mismo con el filosófico metafísico, y el trascendente. Nos interesa pues, la lógica que deriva del lenguaje (no obstante siempre tan peculiar, por otra parte, en poesía) de aquellas disciplinas o formas de conocimiento como las enunciadas. Los signos de unos y otros no son iguales (aunque la dinámica lógica que las estructura y anima, sí contiene grandes afinidades). La explicación de la realidad (experimental, trascendente, matemática, poética….) a la hora de recabar información sobre la –su- realidad última. Veremos que el signo –y el símbolo-, según cada óptica de las señaladas, tiene unas peculiaridades específicas. Eso será en próxima entrada del blog Ancile.


Francisco Acuyo





[1] Así se definía la ontología, como un auténtico Tratado de la existencia.
[2] El argumento ontológico sobre la existencia de Dios parte precisamente de esta convicción, así San Anselmo, Avicena, Descartes, Spinoza, Leibniz…encontraron en esta argumentación basada en la intuición lógica un razonamiento satisfactoria para su demostración (de algo que se supone tiene una realidad metafísica absoluta).
[3] También Tomás de Aquino mostraba su rechazo a la posibilidad de conocer lo real empírico objetivo de la mera deducción lógico formal.




El ser (en la belleza) de lo lógico -matemático y poético- en la realidad, Francisco Acuyo

viernes, 3 de febrero de 2017

EL REFERENTE Y EL SIGNO POÉTICO (Y MATEMÁTICO)

En la sección, Poesía y matemáticas, del blog Ancile publicamos el post titulado, El referente y el signo poético (y matemático).




El referente y el signo poético (y matemático), Francisco Acuyo




EL REFERENTE Y EL SIGNO 

POÉTICO (Y MATEMÁTICO)









El viejo debate (semiótico) sobre el estudio y definición estructural del signo (lógico- matemático y lingüístico-poético) en referencia, o mejor dicho, a la necesaria distinción -e independencia- con el mundo que trascribe o representa, no parece, aún en nuestros días, del todo bien especificado y de mantenerse lejos de continuas controversias; en el dominio de la poesía se ofrece, además,  un debate harto interesante[1], y es que las interacciones entre el significante y el significado (la expresión y lo comprendido de dicha expresión) son capitales para la compresión de lo que se ha denominado la función poética.[2]

                El problema  de la referencia (o del referente lógico matemático -y poético-) tiene un tratamiento bien distinto según quién se acerque a diferenciarlo: para el lógico bien puede ser un problema que nada tiene que ver con el manejo, uso y normativa de la lengua; para el lingüista, sin embargo, es fundamental atender a las interacciones lingüísticas, por resultar esencial desde la óptica práctica para la comprensión de los significados; no obstante, para el atento lector de poesía, el referente no tiene por qué resultar ineludible para la comprensión e intencionalidad del significado poético, de hecho, la referencia –objetiva- pude desaparecer totalmente del texto poético.

                La designación para un texto común e incluso literario, puede ser, o no, clara en tanto que dicho texto se refiera a algo o a alguien situado en el espacio tiempo; sin embargo, en el lenguaje poético esto puede no ser lo mismo en tanto que las referencias espacio temporales puede ser totalmente deformadas e incluso diluidas. El referente fuerte, aludido al principio del párrafo de esta reflexión, diríase estar ahí, independientemente de nuestra conciencia, dando por hecho que aquello a lo que nos hemos referido  existe en virtud de una voluntas ¿exterior? sobre la que no podemos incidir. El referente poético, de existir como tal, es muy distinto. La conciencia –subjetiva, consciente o inconsciente- es fundamental para su entendimiento, sin ella, nada tiene consistencia (referencial, valga la redundancia)  ni sentido. Incluso tampoco acaba de sujetarse su especial referente al intencional convencional trazado por la comunidad, en tanto que el uso común de la lengua,[3] como ya se ha advertido, es puesto en tela de juicio en el mismo ejercicio creativo poético.

El referente y el signo poético (y matemático), Francisco Acuyo                Esta situación nos lleva a la reflexión sobre la imagen representada en el supuesto objeto perceptual a describir, así como nos traslada in evitablemente a indagar sobre su naturaleza, y si esta tiene que ver con el concepto de icono que, por cierto, puede tener diferentes dictámenes y explicaciones, y ante todo porque debemos  tener en cuenta que no necesariamente aquél –el icono[4] cabe pensar que el proceso semiótico que incide en el proceso de representación de dicha imagen es tomada literalmente, cosa que en matemáticas mantiene lógicas reticencias, sobre todo en virtud de la propia naturaleza del signo lógico matemático, que se obtiene de procesos puros racionales que acabarán por servir a un propósito –científico- concreto.[5] También la imagen poética tiene unas muy singulares características por las que su signo nos parece portador siempre de un código (simbólico) de capital importancia. Tal es así que, los versos, aun siendo portadores de imágenes (véase, por ejemplo, la denominada imagen visionaria), no son siempre representativas de un referente perceptual, físico, real, objetivo; de hecho son susceptibles en su fundamento métrico, rítmico y gramatical de ser  traducidos en determinados algoritmos[6]. Además la imagen sólo será un icono cuando haya sido traducida o representada mediante la palabra (poética) o el número (matemático). Interesante será reflexionar hasta qué punto la palabra poética o el número matemático tienen una realidad en sí mismos o son meras prótesis[7] sustitutivas del órgano que pudiese ofrecer, in situ o en su real totalidad, el mundo.

                O, ¿es acaso la palabra o el número un enigmático espejo mediante el que podemos indagar sobre lo que el mundo sea, habida cuenta de las limitaciones que ofrecen nuestros sentidos en la interpretación del mismo? La inversión especular –las imágenes aparecen mostrando de forma invertida la parte izquierda y la derecha-  es sin duda una muestra de la evidente limitación de nuestros sentidos y que, a su vez,  manifiesta que no es tan fácil distinguir la ilusión sensorial de la realidad, digamos, física pues, pone, nuevamente, en evidencia la separación del juicio (concepto, proposición…matemática o poética)[8] de la percepción sensorial obtenida.

                A tenor de todo lo antecedido, aquella supuesta prótesis especular que pudiere ser la palabra o el signo (matemático o poético) no debe confundirse con el signo mismo. Para lo cual en próximas entradas, haremos las pertinentes consideraciones para su aclaración.




Francisco Acuyo





[1] Acuyo, F.: De lo puro (y su heterogeneidad) en el número y en el verso: Ancile: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/02/de-lo-puro-y-su-heterogenidad-en-el.html
[2] Jakobson, R.: Ensayos de lingüística y poética, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 1977.
[3] De lo puro (y su heterogeneidad) en el número y en el verso: Ancile, nota 1.
[4] Barthes, R.: Elementos de semiología, Edt. Alberto  Corazón, Barcelona, 1971.
[5] Véase en Ancile, De la pura heterogeneidad del número (y del verso),
[6] Acuyo, F.: Fundamentos de la proporción en lo diverso, Universidad de Granada, Departamento de Lingüística y Teoría de la Literatura, Granada, 2007.  Fundamentos de la proporción en lo diverso, segunda edición corregida y aumentada, Jizo ediciones, Granada, 2009.
[7] Eco, U.: Kant y el ornitorrinco, Debolsillo, Barcelona, 2013, p. 473.
[8] Acuyo, F.: De lo puro (y su heterogeneidad) en el número y en el verso: Ancile: http://franciscoacuyo.blogspot.com.es/2017/02/de-lo-puro-y-su-heterogenidad-en-el.html


El referente y el signo poético (y matemático), Francisco Acuyo