jueves, 9 de mayo de 2019

LA REALIDAD Y LA MATEMÁTICA: ¿ES FICCIÓN LA POESÍA? ¿ES REAL LA REALIDAD MATEMÁTICA –Y LA POETICA?


Para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, traemos el nuevo post que lleva por título: La realidad y la matemática: ¿Es ficción la poesía? (Es real la realidad matemática - y la poética?), que iremos aumentando con otras entradas posteriores.


La realidad y la matemática: ¿Es ficción la poesía? (Es real la realidad matemática - y la poética?), Francisco Acuyo



LA REALIDAD Y LA MATEMÁTICA: 

¿ES FICCIÓN LA POESÍA?

(¿ES REAL LA REALIDAD MATEMÁTICA –Y LA POÉTICA?)




 (Si la realitas es la cualidad relativa a la cosa verdadera (res, cosa, alis, relativo a, dad, cualidad), el sentido común parece indicarnos que todo aquello que es perceptible y experimentable sensorialmente, tiene el carácter indubitable de real. La fenomenología física susceptible de comprobación empírica nos resulta incuestionablemente real, no solo por su percepción sino por su comprobación experimental en el ámbito de la ciencia (física), que nos habla de su realidad a través de su materialidad y de sus posibles cambios de estado. Hasta aquí, todo nos parece indicar que no hay dudas sobre lo que es (real) o no es, en virtud de aquellas cualidades que hemos expuesto en esta brevísima y apresurada introducción. Es así que la realidad es algo que tiene existencia real y efectiva (RAE), o lo que es lo mismo aquello que ocurre verdaderamente (nuevamente la RAE), y por tanto en franca y flagrante contradicción con lo que es ficticio e ilusorio (finaliza sus acepciones también la RAE).

                Los problemas comienzan cuando atendemos a aquello que ilusorio, es decir sustentando por la ilusión (illusio-onis, engaño, proviene a su vez de illúdere, mofarse de), o por la ficción (fictio, accióny efecto de pretender que algo es cierto, cuando en verdad no lo es; fictio que a su vez proviene de fingere, aparentar, simular), la problemática surge,  sobre todo, cuando comprendemos que los sentidos nos engañan continuamente,  y que la realidad no es lo que parece, ni siquiera lo es la materia  (supuesto  incontestable de realidad), así nos lo hace ver la física de partículas, que rebate la supuesta compactación y solidez de la materia, que en realidad está sustentada por enormes vacíos y campos de fuerza que hacen interaccionar sus componentes íntimos (partículas minúsculas) en distancias inmensas en relación al tamaño de aquellas.
La realidad y la matemática: ¿Es ficción la poesía? (Es real la realidad matemática - y la poética?), Francisco Acuyo

                ¿Dicho esto, hasta qué punto la realidad que nosotros compartimos no es sino una suerte de fingere o simulación de lo que en verdad es la misma realidad de la materia? Y, si esto es así, ¿cómo podemos delimitar, fijar, saber lo que la realidad sea? O lo que es mucho más inquietante (sobre todo para la óptica netamente positivo materialista), ¿cómo distinguir lo que es real de lo que una mera simulación –o convención- creada por los sentidos y las capacidades intelectuales de la mente?  Se agrava aún más la cuestión si atendemos a las extrañas cuando no enigmáticas admoniciones de la física cuántica, que plantea la realidad de lo que sustenta el mundo (el ámbito de las partículas que interaccionan en el dominio de lo infinitamente pequeño) depende del observador, o de la mente que lo contempla, y que inevitablemente nos lleva a una nueva y no menos inquietante cuestión, a saber: e¿s la realidad un producto de la mente? El dios einsteniano que no puede jugar a los dados con la realidad es puesto seriamente en duda.

                Pero la verdad es que esta interrogante no es solo susceptible de ser tenida en cuenta en le ámbito de lo estrictamente empírico, como es el caso de la física –cuantica, en este caso, que demuestra la realidad de la interacción del observador en la constitución de lo material- sino que también es puesto en cuestión desde ámbitos no tan estrictamente materiales. ¿Acaso podemos dudar de la realidad del mundo –inmaterial- de las ideas y de cómo estas cambian y conforman incluso el mundo de lo existencialmente verificable? Apuntaremos al territorio de las matemáticas (no solo a las que son aplicables a la realidad materia del mundo para extraer cálculos y medidas del mismo, también de aquellas denominadas puras y que se mueven en un ámbito supuestamente abstracto ), también de la poesía, como fenómeno singular de contacto y creación de mundos. Pero esto será en próximas entradas de este blog Ancile.


Francisco Acuyo




La realidad y la matemática: ¿Es ficción la poesía? (Es real la realidad matemática - y la poética?), Francisco Acuyo

martes, 7 de mayo de 2019

LA ALEGORÍA DE LA CAVERNA EN EL CINE (MATRIX)


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Siguiendo con las entradas sobre la alegoría de la caverna platónica, en nuestra sección, Microensayos, del blog Ancile, traemos un nuevo post elaborado por el profesor Tomás Moreno, y que lleva por título: La alegoría de la caverna en el cine (Matrix).

 La alegoría de la caverna en el cine (Matrix). Tomás Moreno




LA ALEGORÍA DE LA CAVERNA EN EL CINE (MATRIX)



 La alegoría de la caverna en el cine (Matrix). Tomás Moreno



Por lo que se refiere a su presencia en el cine no podemos dejar de citar filmes tan significativos y famosos como Matrix de los hermanos Larry y Andy Wachowski (1999); El show de Truman de Peter Weir (1998); “La Rosa púrpura de El Cairo”, de Woody Allen (1985). Todos ellos sirven muy bien para representar el mito o alegoría de la caverna de Platón de una manera gráfica, como si se tratara de una especie de teatro de sombras chinescas o de marionetas.
            Juan Antonio Rivera, en su lúcido ensayo Lo que Sócrates diría a Woody Allen[1], ha puesto de manifiesto que lo que Platón, por boca de Sócrates, nos cuenta en el Libro VII de República, el mito de la caverna, es sin duda alguna una de las páginas más justamente célebres de la historia de la filosofía. Se plantea en él, entre muchos otros temas, la cuestión de la dificultad de distinguir entre el mundo real y el mundo soñado, o, lo que es lo mismo, entre la vigilia y el sueño,  la ficción y la realidad. Esta temática es una de las que nada más iniciarse el film The Matrix, de An y Larry Wachowski, 1999, nos sugiere su trama: “Matrix –escribe nuestro ensayista y filósofo madrileño- es una fábrica de sueños especial, porque la alucinación es compartida y porque la mayor parte de las personas no despiertan nunca de ellas”[2].
 La alegoría de la caverna en el cine (Matrix). Tomás Moreno
             No es necesario explicitar por extenso su complejo argumento, me atrevería a decir que todo el mundo lo conoce; todos hemos asistido a la visión de alguna de sus partes o versiones y sería algo prolijo extenderse en su complejo desarrollo y avatares. Ch. Falzon en su ensayo La filosofía va al cine[3] nos lo ha sintetizado perfectamente: “La premisa de esta película es que la mayoría de la humanidad ha sido esclavizada por una raza de máquinas inteligentes que utilizan los cuerpos humanos como fuentes de energía. Sin embargo, ellos son completamente inconscientes de su situación real. Todo parece normal porque un superordenador les suministra una realidad simulada (“Matrix”). Sólo unos cuantos rebeldes han logrado escapar a esta esclavitud y pueden resistir y enfrentarse a las máquinas. Así, al comienzo de la película, antes de escapar de “Matrix”, todo lo que el personaje principal Neo (Keanu Reeves) experimenta y toma como real es de hecho una ilusión generada por un ordenador”.
            En su opinión la película se acerca significativamente a la situación del genio maligno cartesiano con respecto a la profundidad del engaño que presenta, un escenario muy semejante al del cerebro en el frasco de cristal. “Efectivamente, como en ese escenario, casi toda la humanidad en la película está en realidad flotando en depósitos, alimentados con electrodos por medio de los cuales se les implanta su simulada realidad”. Uno de sus personajes, Morfeo, nos da la clave del contenido filosófico del film. En una secuencia del mismo va a exponernos la intuición básica que trata de explicitarse en el mismo. Le dice a Neo, el protagonista –“el elegido”, el nuevo Mesías- lo que es realmente el mundo virtual creado por Matrix:

“-Es el mundo que ha sido puesto ante tus ojos para ocultarte la verdad.
-¿Qué  verdad?
           -Que eres un esclavo, Neo; igual que los demás, naciste en cautiverio, naciste     en una prisión        que no puedes ni saborear ni oler ni tocar. Una prisión para tu mente”.

            Como podemos colegir del diálogo, la situación de partida es, básicamente, la misma que la de los prisioneros de la caverna platónica. En efecto,  Matrix es una ilusión colectiva, en la que se nos presenta una multitud de individuos compartiendo la misma ilusoria realidad. La película, como recuerda Christopher Falzon, rememora además una serie de temas asociados también a la caverna. Cuando el traidor entre los rebeldes, Cypher (Joe Pantoliano), traiciona a sus compañeros porque anhela escapar de la dura realidad, para volver a las ilusorios comodidades de Matrix, se comporta como aquellos prisioneros de la caverna platónica que prefieren permanecer en su original estado de ignorancia y felicidad, antes que atreverse a sacrificarse en la búsqueda de la verdad. La vinculación de la historia de la caverna con un mundo social esclavizado más amplio se trata también en el film, pues Matrix es un instrumento de control social; y los rebeldes que tienen el valor de enfrentarse a la verdad de su situación luchan contra una situación de esclavitud perpetuada por la ilusoria realidad que Matrix representa.
 La alegoría de la caverna en el cine (Matrix). Tomás Moreno

            Por su parte J. A. Rivera, nos recuerda que la perturbadora suposición de que podemos estar morando en un mundo no plenamente real, en una caverna platónica, ha conocido avatares posteriores en la historia de la filosofía. Uno de ellos es el del “genio maligno” imaginado por el filósofo francés René Descarte y antes aludido por Ch. Falzon, “un agente todopoderoso y malevolente que trabaja entre bastidores, y la posibilidad de estar completa y sistemáticamente engañados por este agente”, una especie de duendecillo burlón y embaucador que se complacería en hacernos pasar como real y verdadero lo que no lo es. Esta hipótesis del genio maligno, utilizada como motivo de duda por el filósofo francés con el fin de alcanzar una primera verdad indubitable, es expuesta en sus Meditaciones metafísicas.
            Descartes solucionará el problema apelando a la veracidad incuestionable de Dios que no puede consentir que yo esté permanentemente sometido a tal engaño de semejante espíritu burlón (p. 275). Pero Matrix no es el Dios cartesiano veraz y benevolente, sino una fábrica de sueños creada, diseñada específicamente para mantener en la ignorancia insuperable a los seres humanos. ¿No podría suceder-se pregunta Falzon- que todo lo que experimentamos, todo lo que siempre hemos experimentado, incluso lo que aceptamos como verdades lógicas básicas, fuera el resultado de una construcción generada por algún superordenador, como el de Matrix?
            Hay también en el film múltiples referencias al tema de los sueños  y a la posibilidad de que pudiéramos estar durmiendo sin saberlo. Es el tema que Descartes plantea en su segundo argumento o motivo de duda. Descartes empieza por hacernos partícipes de su desazón –como la que experimenta en la película su protagonista Neo- ante la dificultad de distinguir entre sueño y vigilia. Las palabras de Descartes así lo atestiguan: “[…] veo de un modo tan manifiesto que no hay indicios concluyentes ni señales que basten a distinguir con claridad el sueño de la vigilia, que acabo atónito, y mi estupor es tal que casi puede persuadirme de que estoy durmiendo”. Así cuando el líder de los rebeldes, Morfeo (Laurence Fishburne), dios romano de los sueños; se dirige a Matrix para reclutar a Neo en la causa de la resistencia, le propone a nuestro héroe la oportunidad de “despertar” de su ilusión. La pregunta que le formula es puro Descartes: “¿Tuviste alguna vez algún sueño, Neo, que estuvieras tan seguro que era real? ¿Qué sucedería si no pudieras despertar de ese sueño? ¿cómo podrías saber la diferencia entre el mundo de los sueños y el mundo real?” (cont.).

TOMÁS MORENO







[1] Juan Antonio Rivera, Lo que Sócrates diría a Woody Allen, Espasa Calpe, Madrid, 2003. Por este libro recibió el Premio Espasa de Ensayo del 2003
[2] Ibid, p. 258.
[3] Christopher Falzon, La Filosofía va al cine, Tecnos/Alianza, Madrid, 2005, p. 40-41.



 La alegoría de la caverna en el cine (Matrix). Tomás Moreno



viernes, 3 de mayo de 2019

LA INFLUENCIA DE LA ALEGORÍA DE LA CAVERNA EN LA LITERATURA OCCIDENTAL


Con el título, La influencia de la alegoría de la caverna en la literatura occidental, proseguimos para la sección, Microensayos, del blog Ancile, la temática interesantísima de la caverna platónica y sus influencias, y todo bajo la directriz del filósofo Tomás Moreno.


La influencia de la alegoría de la caverna en la literatura occidental, Tomás Moreno



LA INFLUENCIA DE LA ALEGORÍA

 DE LA CAVERNA EN LA LITERATURA OCCIDENTAL


La influencia de la alegoría de la caverna en la literatura occidental, Tomás Moreno


La literatura occidental no ha sido ajena a la utilización de la imagen de la cueva o caverna, antro o mazmorra, con resonancias mítico-platónicas. Alegorías fundadas en un relato acerca de una caverna o similares han sido muy numerosas en su seno, desde la mazmorra calderoniana de “la vida es sueño”, en donde Segismundo, su angustiado personaje, encadenado desde su nacimiento nos trae a la memoria a los prisioneros de la caverna, al mostrase como aquellos incapaz de discriminar entre la realidad y la ficción, el sueño y la vigilia,  hasta el relato de “la cueva de Montesinos” de Don Quijote (II, 22). También en la literatura más moderna esos y otros aspectos y dimensiones de la alegoría platónica tendrán su presencia en la misma, como es el caso de algunas  obras dramáticas como la de Pirandello, “Seis personajes en busca de autor”,  o Los días felices de Samuel Beckett.
            Incluso en la literatura más cercana a las inquietudes de los niños y jóvenes, como por ejemplo Las Crónicas de Narnia de C. S. Lewis,[1] o en la literatura de misterios y enigmas desarrollados en la Atenas clásica de Platón, como La caverna de las ideas, del escritor cubano y español José Carlos Somoza, se nos ofrecerán determinadas cuestiones que evocan influencias platónicas. El tema, en concreto, de la incapacidad de discriminar entre el sueño y la realidad, es, sin lugar a duda, uno de los motivos más tratados por nuestro gran pensador Miguel de Unamuno en ensayos (La vida es sueño, de 1898), novelas (Niebla) y fundamentalmente en su Vida de don Quijote y Sancho. En esta última, la cuestión reaparece con un tono profundo y metafísico, llevando al filósofo bilbaíno a preguntarse: “¿Será acaso también sueño, Dios mío, este tu universo, de que eres la conciencia eterna e infinita? ¿Será un sueño tuyo? ¿Será que nos estas soñando? ¿Seremos sueño tuyo, nosotros los soñadores de la vida? Y si así fuese, ¿qué será del Universo todo, que será de nosotros, qué será de mi cuando Tú… despiertes?”
La influencia de la alegoría de la caverna en la literatura occidental, Tomás Moreno

            De igual manera que también lo hace la novela homónima de José Saramago, La Caverna[2]. Para el premio Nobel portugués esa mítica caverna será identificada con los grandes centros comerciales: los auténticos templos del consumismo que esclavizan y  alienan a los individuos. José Saramago hace una especie de alegoría del mercado, en el que las  mercancías-fetiches se convierten en un nuevo objeto de culto e idolatría,  y sus templos –las Grandes superficies comerciales- sustituyen a lo sagrado tradicional, ocupando el lugar vacío dejado por sus dioses, rituales y creencias religiosas al marcharse –como ya profetizara un siglo antes Nietzsche, el adalid y profeta de la muerte de Dios- propiciado y legitimado por un laicismo hegemónico y dominante, que penetra todos los espacios e intersticios de las ricas y desarrolladas sociedades occidentales. Se diría que los escaparates de los Grandes Almacenes de nuestras modernas ciudades, cavernas de la época contemporánea, vienen a configurarse como una especie de inmenso caleidoscopio donde, al igual que en la alegoría de Platón, los prisioneros-consumidores creen ver y describir las cosas reales cuando solamente ven y describen sus sombras o apariencias[3].
            También Jorge Luis Borges ha tratado de evocar e imitar la fuerza  alegórica del mito de la caverna  en su relato “Las ruinas circulares” (Ficciones), aunque no de manera directa y explícita, sino sugerida e indirectamente evocada. En su narración, influenciado por el idealismo de Berkeley y por Schopenhauer, el escritor argentino desarrolla el tema de la dificultad existente para diferenciar los siempre confusos límites entre la realidad y la ficción, para distinguir el mundo como sueño e  ilusión del mundo como verdad o realidad o, en fin, la posible condición de mero fantasma o simulacro de los hombres: “No ser un hombre, ser la proyección del sueño de otro hombre ¡qué humillación incomparable, qué vértigo!”[4]. Si todo es sueño, también nosotros podemos ser el producto de otro que nos sueña: “Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo”[5]. No otra cosa afirmará en otro genial libro suyo, cuando escribe en uno de sus relatos (“Avatares de la tortuga”) lo siguiente: “Admitamos lo que todos los idealistas admiten: el carácter alucinatorio del mundo. Hagamos lo que ningún idealista ha hecho: busquemos irrealidades que lo confirmen. Las hallaremos creo en las antinomias de Kant y en la dialéctica de Zenón”.[6]
La influencia de la alegoría de la caverna en la literatura occidental, Tomás Moreno            Pero es, sobre todo, en uno de sus más sugestivos cuentos, el titulado “Esse Est Percipi” -escrito en colaboración con A. Bioy Casares e incluido en su obra conjunta Cuentos de H. Bustos Domecq” (1985)- donde se plantea una singular recreación de la situación -narrada por Platón en el comienzo del Libro VII de su República- en la que se encuentran los prisioneros de la mítica caverna platónica al contemplar y percibir la ficción ilusoria de las sombras e imágenes proyectada en la pared del fondo de la caverna como única y verdadera realidad.[7] Se nos relata en dicho cuento la situación de estupor en la que, de repente, cae un aficionado al futbol, cuando se apercibe de que el estadio de la capital en el que hasta hace muy poco tiempo la tv. y la radio retransmitían los partidos disputados en tan emblemático recinto, ha desaparecido. Alarmado, acude a pedir explicaciones a un mánager o responsable futbolístico, antiguo conocido suyo, elogiando –para romper el hielo inicial- la espectacularidad del último gol del equipo así como la maestría de los jugadores Zarlenga, Parodi o Limardo. El mánager le responde que estos jugadores son pura ficción, que él mismo inventó sus nombres para poder retransmitir los ilusorios partidos. Ante la incredulidad de su aficionado amigo, continúa su sorprendente revelación de esta manera:


“- ¿Cómo? ¿Usted cree todavía en la afición y en los ídolos? ¿Dónde ha vivido, don Domecq?
-¿Debo deducir que el “score” se digita?
-No hay “score” ni cuadros ni partidos. Los estadios ya son demoliciones que se caen a pedazos. Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. La falsa excitación de los locutores ¿nunca lo llevó a maliciar que todo es patraña? El último partido de futbol se jugó en esa capital el día 24 de junio del 37. Desde aquel preciso momento el fútbol al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una caverna o de actores con camiseta ante el ‘cameraman’.
-Señor, ¿quién inventó las cosas? –atinó a preguntar el aficionado.
-Nadie lo sabe. Tanto valdría pesquisar a quien se le ocurrieron primero. Las inauguraciones de escuela y las visitas fastuosas de testas coronadas son cosas que no existen fuera de los estudios de grabación y de las redacciones. Convénzase, Domecq, la publicidad masiva es la contramarca de los tiempos modernos.
-¿Y la conquista del espacio? –gimió el aficionado.
-Es un programa foráneo, una coproducción yanqui-soviética. Un laudable adelanto, no lo neguemos, del espectáculo cientificista.
-¿Entonces –masculló el aficionado- en el mundo no pasa nada? […][8]
           
            No podemos dejar de señalar,  ubicados como estamos por este último relato en la tierra de Borges, Buenos Aires, de aludir a una especie de minirrelato de uno de las grandes escritores argentinos del pasado siglo y del actual, Ricardo Piglia, incluido en una de sus novelas más apreciadas por críticos y público, Respiración artificial. En ella, y puesta en boca de uno de sus personajes, se cuenta esta sugestiva y tierna historia, con evidentes remembranzas del “mito de la caverna platónica” y del “filósofo” que retorna para dar  noticia de su extraordinario descubrimiento, tras escapar de la caverna, a sus antiguos compañeros. Dice así:

 “Una vez estuve internado en un hospital, en Varsovia. Inmóvil, sin poder valerme de mi cuerpo, acompañado por una melancólica serie de inválidos. Tedio, monotonía, introspección. Una larga sala blanca, una hilera de camas, era como estar en la cárcel. Había una sola ventana, al fondo. Uno de los enfermos, un tipo huesudo, afiebrado, consumido por el cáncer, había tenido la suerte de caer cerca de ese agujero. Desde allí, incorporándose apenas, podía mirar hacia fuera, ver la calle. ¡Qué espectáculo! Una plaza, agua, palomas, gente que pasa. Otro mundo. Se aferraba con desesperación a ese lugar y nos contaba lo que veía. Era un privilegiado. Lo detestábamos. […] Por fin murió. Después de complicadas maniobras y sobornos conseguí que me trasladaran a esa cama al final de la sala y pude ocupar su sitio. Desde la ventana solo se alcanzaba a ver un muro gris y un fragmento de cielo sucio. Desde la ventana solo se alcanzaba a ver un muro gris y un fragmento de cielo sucio. Yo también, por supuesto, empecé a contarles a los demás sobre la plaza y sobre las palomas y sobre le movimiento de la calle. ¿Por qué se ríe? Tiene gracia, me dice Renzi. Parece una versión polca de la caverna de Platón”[9],

            Se trata de uno más de los innumerables ejemplos de la enorme influencia de la Alegoría de la caverna en la cultura, la filosofía, la literatura y el arte occidentales[10] (cont.).

TOMÁS MORENO



[1] En efecto, al final del último libro (el  capítulo 7º, “La última batalla”) se hace referencia a la alegoría platónica al mostrarnos cómo “la tierra de las sombras” a la que los niños han arribado tras la destrucción de Narnia no era más que una pálida imitación del mundo eterno e inmutable en el que ahora moran.
[2] J. Saramago, La caverna, Alfaguara, Madrid, 2001.
[3] Mariano Arias, “El mito de la caverna. A propósito de Saramago y el mito de la caverna de Platón”, Eikasía, Revista de Filosofía, año III, 13 (Septiembre 2007) p. 29. En su opinión la novela de Saramago “La Caverna” es más deudora de la obra de Kafka (EL Castillo) que de la propia narración platónica.
[4] Jorge Luis Borges, Ficciones, Alianza Emecé, Madrid, 1988, p. 68.
[5] Ibid, p. 69.
[6] Jorge Luis Borges, Discusión, Alianza Emecé, Madrid, 1983, p. 116.
[7] Que no sólo se inspira en el relato platónico de la caverna del IV a, de C., o ejemplifica sólo con nombrar su título la teoría idealista Berkeleyana del conocimiento humano,  sino que, además, anticipa relatos virtuales cinematográficos del siglo XX  tan universalmente conocidos com El Show de Truman o el mundo de Matrix y otros.
[8] J. L. Borges y A. Bioy Casares, Cuentos de H. Bustos Domecq, Seix Barral, Barcelona, 1988. Cfr. “Esse est Percipi” de Michel Hubert Lepicouché, en “La caverna de Platón” (Javier Llores, Francis Gutiérrez, Paco Lara-Barranco) Catálogo, Galería Kernel, Cáceres, 12, noviembre 2016.
[9] Ricardo Piglia, Respiración artificial, Fondo Editorial Casa de las Américas, la Habana, 200, p. 138.
[10] Sobre la presencia del mito platónico en la literatura occidental véase: Fernando Eco Paratti en su espléndido ensayo, del que hemos tomado el anterior microrrelato de Piglia, :“Resonancias desde el fondo de la caverna: del mito platónico en la literatura”, Palabra viva-La Letra del escriba-Revista de literatura y libros.html 



La influencia de la alegoría de la caverna en la literatura occidental, Tomás Moreno