jueves, 11 de junio de 2015

ANGUSTIA: DOLENCIA O ENFERMEDAD, MATERIALIDAD Y CONCIENCIA

Ofrecemos para la sección De juicios, paradojas y apotegmas, del blog Ancile, la última entrada dedicada al fenómeno de la angustia y sus derivaciones, bajo el título, Angustia: Dolencia y enfermedad; materialidad y conciencia.




Angustia: dolencia o enfermedad, materialidad y conciencia, Francisco Acuyo




ANGUSTIA: DOLENCIA O ENFERMEDAD, 
MATERIALIDAD Y CONCIENCIA




Angustia: dolencia o enfermedad, materialidad y conciencia, Francisco Acuyo

            Seguramente será inevitable recurrir, tras las aproximaciones llevadas a cabo sobre el fenómeno de la angustia en las páginas anteriores, a la también señalada problemática de las relaciones (y supuestas diferencias) entre los fenómenos –y conceptos- de la mente y la materia - en el ámbito inexcusable de la visión dualista-, y el recurso para su explicación a disciplinas del saber científico (neurociencia y psicología, primordialmente) como de la indagación filosófica, si es que queremos aproximarnos a la auténtica naturaleza, no sólo de la angustia, de cualquier estado, condición o proceso mental.
            Cerrábamos el anterior capítulo (y entrada de post anteriores) sobre esta interesante temática, centrada sobre la cuestión nada baladí de la conciencia, en tanto que esta existe realmente y, cuya esencia, no parece fácil separar del viejo problema de la dualidad y presunta interacción de la mente y el cuerpo. Tanto el aparato teórico y práctico materialista, como el explanado de forma íntegra y extrema por el idealista, no acaban de explicar la naturaleza y singulares propiedades de la angustia, ni, desde luego, las que afectan a la mente.
            El significado (la relación semántica) de los términos utilizados en esta problemática es cuestión de capital importancia, si, como todo parece indicar, no es posible cualitativamente compartir la sensación, la experiencia, la vivencia interna de la angustia, ante todo porque esta es experimento introspectivo. Mas, si la función del lenguaje como comunicación es esencial, no debemos obviar sus apreciaciones semánticas en tanto que, además, el concepto de la angustia (como el de otras sensaciones o percepciones internas) responde a significados que pretenden describir una red de relaciones causales[1] que vienen a interrelacionarse con infinidad de acontecimientos y cosas que, al fin y al cabo, otros también, potencialmente, pueden observar. Pero, ¿esto supone necesariamente que, en lo que a este trabajo concierne, el estado mental de la angustia es un estado que responde siempre a un origen de naturaleza física, material o fisiológica? Tendremos que llegar a una conclusión lógica en la investigación del origen y naturaleza de este fenómeno, el cual acabará incidiendo necesariamente en el ámbito de la epistemología, en tanto que aquella (la angustia) puede
Angustia: dolencia o enfermedad, materialidad y conciencia, Francisco Acuyo
alcanzar y afectar  la forma de conocer la realidad de nosotros mismos (o del mundo que nos rodea,) como ya venimos insistiendo desde el principio de esta exposición.
            La experiencia (subjetiva) de la angustia afecta también, y de manera muy particular, en el complejo problema (traído y abundado insistentemente en este debate) de las otras mentes; si cada uno tiene conciencia de sí ¿cómo apreciamos la opacidad de la vida mental de otras personas? La percepción y la vivencia de la angustia, insistimos en ello, se ofrece como una vía de introspección tan enigmática como esclarecedora, porque diríase tender puentes entre los rasgos mentales y materiales de la vivencia existencial, no en vano se ha podido constatar empíricamente la incidencia de ciertos procesos de angustia sobre el corpus fisiológico del individuo, produciendo cambios evidentes en el mismo.
            Si bien la enfermedad (semánticamente) extiende su significado a un mal funcionamiento orgánico (material), diagnosticado instrumental y experimentalmente por la medicina tradicional, la dolencia tiene un carácter subjetivo que no sugiere estar al alcance de la expresión paradigmática materialista que pretende abarcar fenómenos como el de la angustia, la ansiedad, la depresión….). En cualquier caso, no parece un reproche falaz advertir  que el consenso científico materialista no ha dejado ver el bosque de la conciencia (que es sobre el que habla fundamentalmente la angustia) por la evidencia del árbol que le impide la visión panorámica y esclarecedora del complejo e intrincado fenómeno.
            La experiencia de la angustia se manifiesta como la vivencia de la materia (que incluye nuestro propio cuerpo) como algo externo, cambiante, frágil y mortal, mas esta óptica nos ofrece el referente más íntimo de nosotros en relación con la verdadera naturaleza de nuestra realidad mental como seres conscientes, cuya vida mental en relación con el mundo de lo netamente material no es suficiente fianza para satisfacer las intuiciones de trascendencia del espíritu.
            A la luz de esta nuevas reflexiones no cabe más remedio que interrogarse  sobre si la conciencia no es más que un mero exorno de la materia, sin aptitud, vigor o eficiencia causal, criterio amparado, a mi humilde entender, por un rancio prejuicio mediante el que, la supuesta realidad objetiva y material del mundo es inseparable de la conciencia, o lo que es igual: la materia (por cierto, cuya profunda naturaleza no ha sido todavía plenamente entendida) es la que compone la totalidad de la realidad del mundo.
Parece, en prima instancia, que una visión dualista daría un cierto equilibrio al misterio del origen y naturaleza de la conciencia y su lugar (¿independiente?) en el mundo, aunque siempre
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estaríamos asediados por la difícil cuestión de cómo interactúan como supuestas entidades (mente y materia) independientes y autónomas. Quizá la creencia en la continuidad de los fenómenos anejos al mundo y a la conciencia, así como la convicción de que todos los efectos y sus causas son siempre locales y finitos, no ayuden demasiado a una explicación coherente.
En virtud de la atenta observación del fenómeno de la angustia, lo primero que se pone en aflictiva cuestión es la naturaleza espacio-temporal de nuestra conciencia (y de nuestro cuerpo, si dependiente aquella de este), mas, una intuición inquietante y abrumadora pone en tela juicio nuestra existencia sostenida por esta (aparente) realidad contradictoria, pues nos habla interior y confidencialmente de una realidad inseparable de nuestra conciencia.[2]
La manifestación de la supuesta perturbación de la angustia existencial nos pone en emotivos y profundos antecedentes: bien aceptamos, en deprimente solipsismo, que sólo es genuina y real nuestra propia conciencia -de manera aislada-, siendo inaccesible la del otro, o bien la conciencia (también la nuestra) es una, holística, unitiva y universal que toma ilusoria individualidad a través de la experiencia. Quizá la angustia sea la llamada de atención última para trascender los límites agotados y agotadores de la conciencia personal[3] en pos de subir hasta la conciencia unitiva que, al fin y a la postre, no es más que la que impulsa lo más elevado y sublime de cualquier manifestación mental o material: la capacidad o el impulso creativo(s), que es sin duda la declaración más imponente y excelsa de la  conciencia.





Francisco Acuyo




[1] Churchland, P. M.: Materia y conciencia, Gedisa, 1999, Barcelona, p. 19.
[2] Recuerdo el singular fenómeno advertido en el célebre experimento Einstein, Podolsky y Rosen, en el que la interacción de dos objetos (cuánticos) se suceden en un todo no local, o lo que es lo mismo, ocurrían en un acción a distancia de manera instantánea, cuestión que suponía que tendría que suceder a una velocidad muy superior a la constante de la velocidad de la luz,  y que estaba en plena contradicción con la teoría de la relatividad, ya que según esta nada puede sobrepasar dicha constate universal.
[3] Poética (de poiesis, de creación) jerarquía implicada que enlaza para nuestra mente la realidad exterior, supuestamente independiente, donde se distingue el sujeto y el objeto, y que la angustia, mediante el dolor y la inquietud, nos saca fuera del sistema de separación de la mente y la materia, del sujeto y del objeto…




Angustia: dolencia o enfermedad, materialidad y conciencia, Francisco Acuyo

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