Esta es la tercera y última entrega de los Apuntes y notas sobre Poética del silencio que sirvieron para la presentación de este título en la Biblioteca de la Universidad de Granada y que acompañan las fotografías de Alejandro Martínez Ferrer.
APUNTES Y NOTAS SOBRE POÉTICA DEL SILENCIO,
EN LA BIBLIOTECA DE LA UNIVERSIDAD DE GRANADA,
3ª ENTREGA
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| Foto de Alejandro Martínez Ferrer |
Al margen de estas consideraciones simbólicas tan interesantes, no es menos asombroso constatar cómo los patrones numéricos contienen, para muchos, no solo para los matemáticos (también para los físicos ¿también para los poetas?) la composición más íntima del mundo. Esto, en poesía, además, es fácilmente constatable en la norma, las pautas, las guías gramaticales y métricas de la estructura rítmica del verso y el poema, que son ineludibles para la consecución de una singular expresión poética. ¿Pero, únicamente como reflejo del dominio que concierne a los fenómenos que rodean al creador? ¿O como producto genuino, profundamente interior, de su imaginación poética?
Estas interrogantes no son solo filosóficas, atañen a la función del lenguaje y a la razón poética. De todas maneras, debemos reconocer que el cálculo, el cómputo, el cuento y el recuento silábico, de pies métricos, de cláusulas... es un fenómeno tangible expreso en la forma fonética de dicho acto de contar que, por cierto, parece hoy no valorarse en la medida que se precisa. No obstante, hemos de entender que en la estructura rítmica del verso (métrica) la cantidad numérica está vinculada íntimamente al ámbito cualitativo, expresivo del mismo, y no se puede separar con esa fatuidad alegre como la que hoy parece regalarse el escritor, metricista o poeta no avisados, ante todo porque el número poético no puede reducirse al mero número aritmético, pues, sería reducirlo a simple categoría mecánica que no atiende a las referencias y cualidades intrínsecas (eufónicas, expresivas, semánticas) que viva y dinámicamente lo componen.
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| Foto de Alejandro Martínez Ferrer |
Siguiendo la estela de lo anteriormente expuesto, hemos de decir que hay quienes ponen en duda la realidad de la esfera de la razón pura, incluso en matemáticas. Pero recurrir al empirismo más radical, a mi juicio, no explica la inclinación del matemático o del lógico a los razonamientos fuera de toda referencia empírica. Algo similar puede ocurrirle al poeta. Me atengo a las investigaciones llevadas a cabo en el ámbito del fenómeno de la sinestesia poética que, exponen que esta es más que un elemento retórico, pues puede llegar a convertirse en un axioma que nos muestra que lo perceptible y lo estrictamente lógico, emocional, trascendente, están íntimamente vinculados, así, conceptos y emociones abstractas, como pudiera ser el amor, puede tener tintes amarillos, o un número sonar a una nota acústica de piano, o investirse de color rojo, u oler a tomillo o lavanda o saber a chocolate o caramelo.
Entiendo que hacer acto de aparición en el proscenio singular de la lógica a la poesía, o viceversa, a la poesía en la lógica, puede parecer algo, sino disparatado, sí muy extravagante. La improbabilidad para muchos de una lógica en el vasto dominio de la poesía es algo asumido con toda naturalidad. No obstante, quien suscribe estas limitadas reflexiones sobre poesía y matemáticas, no está del todo tan seguro. Creo que es posible una lógica poética. Una lógica genuina que se ofrece como una ciencia de la paradoja. Es más, ¿por qué no apreciar una razón pura poética (sobre esto indagaba el mismísimo JRJ) en poemas de no pocos creadores, donde el referente puede brillar por su ausencia? ¿Es el poema en estos casos una ficción que no puede encontrar parangón con una realidad experimental o vivida exterior(¿objetiva?)mente?
De todas estas y otras interrogantes provienen las reflexiones y observaciones que tienen que ver directamente con algunos de los conceptos y sugerencias que devienen en el ser de esta Poética del silencio, me refiero, al vacío, la nada, el silencio, en fin. Si para el matemático la lógica simbólica que lo informa es suficiente para la formación de principios y axiomas, y se aviene con certeza incluso en los dominios del vacío y la nada, del cero, del conjunto vacío, ¿cómo pueden incidir en el lenguaje común y, por supuesto, en el artístico la derivación simbólica de conceptos tan inquietantes como aquellos? ¿Cómo el vacío de la nada, la presencia de la ausencia, el silencio, tan importante en la música, puede adquirir -forma-y fondo en el ser del verso?
Pues bien, para hablar e investigar todo esto, no escatimo en usar todos los recursos a mi alcance: la lingüística, la literatura, la filosofía, la ciencia (relativista, mecánica cuántica, teorías del caos…), matemáticas, lógica y, todo ello bajo la batuta del discurso y del ser creativo extraordinarios de la poesía. Toda esta relación de afirmaciones e interrogantes expuestas en el ámbito de la lógica, de la matemática, también de la poesía, tiene una derivada común, si atendemos con presteza y atención suficientes: la conciencia.
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| Foto de Alejandro Martínez Ferrer |
Pues bien, todos estos elementos señalados son lo que me llevaron a la reflexión sobre la nada, el silencio, el vacío y sus relaciones con el misterioso fenómeno de la conciencia, y cómo la poesía tiene mucho que decir al respecto. Digo esto porque el discurso poético es la vía más potente para desasirse del principio de razón que nos lleva a la representación válida del mundo de los fenómenos, y situarnos en disposición de trascender y deconstruir la conciencia personal para indagar más allá de ella, lugar ignoto que es, en realidad, el origen de ella misma, una conciencia que se inicia en la nada y concluye en el cosmos mismo. La poesía, al situarse en el límite mismo del concepto, del lenguaje, es el instrumento ideal para su desarticulación. La poesía nos hace capaces de distinguir el yo consciente de los fenómenos para abrir una vía de entendimiento que es y está ahora fuera del tiempo y del espacio fenoménico.
La poesía, en fin, se ofrece como instrumento radical para deshacernos del pensamiento y de la misma mente racional a través de una suerte de lógica irracional que quiere devolvernos al origen, al que es posible acceder cuando nos deshacemos de todo intento racional de acceder a esa fuente, fuente que es la conciencia de la nada (donde vive la intuición poética) como potencia de todo lo que puede ser y que a través del concepto es del todo inaccesible.
La poesía, en fin, es el vasto dominio sobre el cual no es prudente, ni juicioso, poner en cuestión definitiva la singular reflexión de su lógica especial, aparentemente ilógica. El lenguaje, como sistema cerrado a la significación, nos hace presuponer a la poesía, sustentada, sin embargo, en el lenguaje, que sea una peculiar arte y ciencia de la paradoja, pues nos remite, en su limítrofe posición anunciada, al territorio enigmático y potencial del silencio o de la nada, que aspira a romper y trascender el círculo hermenéutico del sentido, un paso más allá de la estructura sintáctica y fonética del lenguaje, si es que en verdad, el lenguaje, quiere tomar cuerpo en signos visibles e indelebles , que, han dejado la marca de su presencia, presencia que nos habla en trasfondo de una silenciosa ausencia. A través del lenguaje poético, el mismo lenguaje toma conciencia de su propio silencioso vacío básico. Por eso estimo que la poesía es la palabra creativa, necesariamente nueva, arraigada, sin embargo, en un silencio inveterado, pero altamente creativo que pretende trascender su propio devenir discursivo.
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| Foto de Alejandro Martínez Ferrer |




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