viernes, 3 de agosto de 2018

LEYES UNIVERSALES DE LA FÍSICA Y LA CONCIENCIA DE LA REALIDAD


Para la sección, Ciencia, del blog Ancile, traemos un nuevo post que lleva por título: Leyes universales de la física y la conciencia de la realidad.



Leyes universales de la física y la conciencia de la realidad. Francisco Acuyo



LEYES UNIVERSALES DE LA FÍSICA 

Y LA CONCIENCIA DE LA REALIDAD




De todo lo inmediata y anteriormente referido en precedentes entradas sobre la conciencia y de su necesidad en lo que la realidad sea añadiría, que la abstracción matemática no necesariamente debe  suponer en su ejercicio de entendimiento una pérdida de la inmediatez orgánica y vívida del mundo y, por supuesto, de la conciencia, de hecho, el reconocimiento de los límites de la propia matemática (recordábamos a Gödel) es una prueba cierta de ello, además de las muestras numerosísimas de anticipación matemática a la prueba experimental de la existencia de determinados comportamientos y estructuras de la misma materia, por lo que las indubitables sustantibilidades intrínsecas de la conciencia matemática son o están en correspondencia con las realidades de lo físico. Una muestra coherente de esto son las mismas matemáticas de la física relativista y cuántica. En el caso de esta última, podemos contemplar la realidad dual (corpuscular e inmaterial) de la luz, ajustadas a una matemática de probabilidades (Heisenberg) y de no localidad que muy bien nos pueden estar hablando de una paradójica realidad que está sujeta a la propia naturaleza de la conciencia, si es que aquella extraña ambigüedad desaparece cuando cuantificamos y medimos la estructura cuántica de sus componentes cuánticos. En cualquier caso, todo parece indicar que en modo alguno es tan sencillo explicar las estructuras ordenadas del mundo solo en virtud de la abstracción de la ciencia matemática aplicada a la física o química desde una óptica supuestamente objetiva, al margen de la conciencia.

Leyes universales de la física y la conciencia de la realidad. Francisco Acuyo                Así mismo, de todo lo anteriormente expuesto cabe inferirse una suerte de duda que, a nuestro juicio, es muy potente y razonable y que expone una visión sanamente escéptica sobre los dogmas de la ciencia (leyes fijas y universales de la naturaleza, la misma conservación de la energía y la materia –véasen la materia y energía oscuras, hoy por hoy verdaderamente enigmáticas- , la visión[1] En estos momentos se nos viene a la cabeza las reflexiones y demostraciones sobre la organicidad de las estructuras del verso[2], como un curioso reflejo del funcionamiento de los sistemas dinámicos que configuran el mundo, pues cuestionan la mecanicidad fragmentaria de sus componentes (métricos, gramaticales, retóricos…), por lo que el poema en modo alguno puede disociarse de su naturaleza dinámica y viva, así mismo de la poesía o de cualquier otro proceso creativo (poiesis) sustanciado en un sistema  vivo, dinámico y complejo que no es posible entenderlo sino es unido a la misma conciencia.

                No somos los  únicos que piensan que es de capital importancia superar los dogmas e idolatrías[3] de la ciencia; nosotros hemos indagado sobre ello ampliamente en referencia a la ciencia y arte métrica y sus preceptos supuestamente inamovibles de su normativa en el ámbito poético (y literario), observamos que el lenguaje singular del verso (desviado[4] en su uso), nos enseña los entresijos y funcionamiento, así como las relaciones estrechamente íntimas entre sus representaciones[5] y las cosas referidas, si es que el ser dicho lo es desde dentro,[6] o si el alma es en cierto modo todas las cosas[7]. La poesía verdadera (amparada en lo más profundo de la sensibilidad creativa de la conciencia) puede ser una muestra en verdad esencial para entender el funcionamiento dinámico, vital y orgánico de la conciencia, a su vez estrechamente vinculada a la realidad del mundo.





Francisco Acuyo


[1] Arnau, J.: La fuga de Dios, Atalanta, Gerona, 2017, p. 161-162.
[2] Acuyo, F.: De la proporción en lo diverso….
[3] Laszlo, E.: El paradigma akásico, Kairós, Barceolan, 2013.
[4] Jakobson, R.: Lingüística y poética
[5] Barfield, O.: Salvar las apariencias, Atalanta, Gerona, 2015.
[6] Arnau, J.: Ob. cit. p. 250.
[7] Barfield, O.: Ob. cit. 251.





Leyes universales de la física y la conciencia de la realidad. Francisco Acuyo

miércoles, 1 de agosto de 2018

LA EDUCACIÓN NO ILUSTRADA DE LA MUJER EN KANT


Bajo el título de: La educación no ilustrada de la mujer en Kant, del filósofo Tomás Moreno, traemos una nueva entrada para la sección, Microensayos, del Blog Ancile.


La educación no ilustrada de la mujer en Kant, Tomás Moreno




 LA EDUCACIÓN NO ILUSTRADA DE LA MUJER EN KANT





La educación no ilustrada de la mujer en Kant, Tomás Moreno


Desde el seno mismo de la Ilustración alemana (die Aufklarüng), Kant (1724-1804) seguirá, aunque con forma más refinada, la misma argumentación que Rousseau. Al igual que para el filósofo ginebrino, también para Kant la educación de las mujeres debía ser diferente, distinta de la del varón. La razón de ello tal vez fuera que la inteligencia femenina era para Kant –como afirmaba en sus Observaciones acerca del sentimiento de lo bello y lo sublime (1764)- una “inteligencia bella” en contraste con la “inteligencia profunda” o “sublime”, propia y característica de la del varón. La diferencia entre ambas es suficientemente clara, como ya vimos. El tipo de conocimientos que las mujeres, en cuanto tales, pueden y deben adquirir con más facilidad es aquel que está relacionado con el ser humano “y, entre los seres humanos”, con el varón.
            Luisa Posada Kubissa ha puesto de manifiesto[1] la contradicción en la que cae Kant al defender, por una parte, los ideales de la Ilustración para todos los seres humanos (hombres y mujeres), cuyo lema es “¡Sapere aude!”, “¡ten valor de servirte de tu propio entendimiento”!, y, por la otra, la prohibición para la mujer de los medios o instrumentos para alcanzarlo, el cultivo del entendimiento a través de la educación y la lectura, impidiendo así su instrucción y cultivo. Pareciera
La educación no ilustrada de la mujer en Kant, Tomás Moreno
como si las mujeres nunca pudieran –al contrario de los hombres- salir de su autoculpable minoría de edad, ni fuesen capaces de “servirse de su propio entendimiento sin la guía del otro”, hasta el punto de parecerle a Kant monstruosa una mujer con dedicación e inquietudes científicas y culturales, una especie de “espíritus masculinos en cuerpos femeninos”.  Estas son sus conocidas palabras al respecto:

Aprender con trabajo o cavilar con esfuerzo, aun cuanto una mujer debiera progresar en ello, hacen desaparecer los primores que son propios de su sexo, y pueden convertirse en objeto de una fría admiración a causa de su rareza, pero debilitan al mismo tiempo los encantos mediante los cuales ejercen ellas su gran poder sobre el otro sexo. Una mujer que tenga la cabeza llena de griego, como la Sra. Dacier, o que mantenga discusiones profundas sobre mecánica como la Marquesa de Chatelet, únicamente puede en todo caso tener además barba; pues éste sería tal vez el semblante para expresar más ostensiblemente el pensamiento profundo, para el que ellas se promocionan (OBS, 229-230).

            En la obra de Kant puede descubrirse además –sostiene Posada Kubissa- una especie de subtexto de género que estaría en el punto de unión o bisagra entre la sensibilidad (pasiva, femenina) y el entendimiento (activo, masculino). En efecto, la imaginación aparece en la primera edición de la Crítica de la razón pura como capaz de unir esa diversidad, representada por la sensibilidad y el entendimiento, porque participa de ambas (o tiene cualidades de ambas): la pasividad de la sensibilidad y la actividad del entendimiento. En la segunda edición, será el entendimiento, puesto que Kant trataría de eliminar de su gnoseología una instancia como la imaginación habitualmente asociada en su época con lo irracional y lo ilusorio. Esto es: con lo femenino[2]. (Cont.)

TOMÁS MORENO






[1] Luisa Posada Kubissa, “Cuando la razón práctica no es tan pura. (Aportaciones e implicaciones de la hermenéutica feminista alemana actual: a propósito de Kant)”; Isegoría, 6, 1992, pp. 17–73). Véase también su libro Razón y conocimiento en Kant. Sobre los sentidos de lo inteligible y lo sensible, Biblioteca Nueva, Madrid, 2008.  
[2] Luisa Posada Kubissa, “Cuando la razón práctica no es tan pura. (Aportaciones e implicaciones de la hermenéutica feminista alemana actual: a propósito de Kant)”, op. cit.





La educación no ilustrada de la mujer en Kant, Tomás Moreno

lunes, 23 de julio de 2018

CONSECUENCIAS FILOSÓFICAS DEL CONCEPTO FÍSICO -CUÁNTICO- DE LA CONCIENCIA


Siguiendo con la temática referida a la conciencia, traemos una nueva entrada para la sección, Ciencia, del blog Ancile, que lleva por título: Consecuencias filosóficas del concepto físico -cuántico- de la conciencia.


CONSECUENCIAS FILOSÓFICAS DEL CONCEPTO 

FÍSICO -CUÁNTICO- DE LA CONCIENCIA




Consecuencias filosóficas del concepto físico -cuántico- de la conciencia. Francisco Acuyo





 Las consecuencias filosóficas extraíbles de la conciencia como factor determinante de la realidad y estructura del mundo, no son precisamente baladíes y vienen a afectar inevitablemente nada menos que a la cuestión del libre albedrío. En cualquier caso, la neurociencia niega esta libre capacidad de decisión, acaso porque mantiene su prejuicio anclado férreamente  al principio copernicano, aferrado a su vez a un claro determinismo.[1] Pero la cuestión básica es que el principio de la indeterminación –incertidumbre- cuántica inevitablemente abre mucho más que una posibilidad del libre albedrío, amén de que la indeterminación y el mundo de los hechos que se observan en el dominio de las  teorías del caos parecen excluir una realidad inevitablemente determinista. Si añadimos que la matemática que funda y configura  la física son incompletas, y reconoce  que hay proposiciones verdaderas  (e indecibles) a partir de los axiomas de la aritmética (2).

Consecuencias filosóficas del concepto físico -cuántico- de la conciencia. Francisco Acuyo                La ya proverbial frontera construida entre lo sensible y aquello que pueda ser inteligible de manera abstracta ha concurrido en las diversas dualidades generadoras de muy diversas controversias (mente- cuerpo, lo múltiple y la unicidad, sujeto- objeto…), abogándose, por mor de dar mayor crédito a lo que esté más allá de lo meramente perceptible y, por tanto, sujeto a criterios subjetivos que al conocimiento lógico matemático, incluso habida cuenta del reconocimiento de los límites de este (véase el teorema de la incompletitud de Gödel, brevemente referido en el anterior párrafo), que llevaría, no obstante, a una controversia en el mismo seno de las matemáticas; todo lo cual no deja de resultar asombroso, porque en realidad lo que encubría en muchos casos era una verdadera alergia por cualquier concepción de conciencia subjetiva en la configuración de la realidad, como si la matemática (no sólo la aplicada, también la más pura de sus intuiciones) no perteneciese al ámbito de la conciencia, con todas la consecuencias (en numerosos momentos nada saludables), de la omisión de cualquier referencia a la trascendencia, sea cual fuere la índole (divina o profana) de esta.

                El acervo intelectual y científico de Newton y Darwin daban cuenta de la conciencia como algo, sino deletéreo, sí, como poco o nada fiable, y supuestamente totalmente prescindible para la explicación del mundo. Con algunas gloriosas excepciones (Berkeley, decíamos, también Hume o Williams James, entre otros ), la indubitable realidad de las leyes físicas –universales- eran del todo suficientes para explicar la estructura, naturaleza y configuración del universo. Veremos en las siguientes entradas que la importancia de la conciencia será tenida como imprescindible para el entendimiento de la estructura de la realidad.



Francisco Acuyo



[1] En experimentos llevados a cabo por escáneres deducen que las decisiones se toman antes de que la persona supuestamente tome conciencia de lo que hace, cuestión que lleva a otra en relación a lo que entendemos `por conciencia y si incluye el ámbito de lo inconsciente en el territorio de aquella.
2 Véase el principio de incompletitud de Kurt Gödel.


Consecuencias filosóficas del concepto físico -cuántico- de la conciencia. Francisco Acuyo


jueves, 19 de julio de 2018

LA VINDICACIÓN DE MARY WOLLSTONECRAFT


Para la sección, Microensayos, del blog Ancile, traemos la entrada que lleva por título, La vindicación de Mary Wollstonecraft, del profesor Tomás Moreno, en su recorrido por sobre la misoginia.







LA VINDICACIÓN DE MARY WOLLSTONECRAFT




La vindicación de Mary Wollstonecraft, Tomás Moreno



Pero fue, sin duda, en Inglaterra donde el feminismo ilustrado dio una respuesta contundente a Rousseau y a los reticentes revolucionarios franceses, a través de la pensadora inglesa Mary Wollstonecraft (1759-1797) y de su Vindicación de los derechos de la mujer (1792)[1], una obra de referencia del feminismo histórico. En ella, en la línea de Poullain de la Barre y en sintonía con el pensamiento  de la Luces,  se analizaba la diferente condición de las mujeres y de los varones en la sociedad occidental. La Vindicación fue una contestación en toda regla a la obra de Rousseau y  a los escritos de todos ideólogos y teóricos que mantenían ideas similares a las del ginebrino, en lo que respecta a la supuesta inferioridad de las mujeres. En ella –nos señala Celia Amorós[2]- no duda en denunciar con irónica valentía las contradicciones en que incurrían los varones revolucionarios, con los mismas términos y expresiones que ellos habían utilizado, y utilizaban, para deslegitimar el poder de los estamentos dominantes de l’Ancien Régime y de sus reyes tiránicos, poniendo así de manifiesto su absoluta incoherencia: “Cabe esperar –escribe en su Vindicación- que el derecho divino de los maridos, al igual que el derecho divino de los reyes, pueda ser combatido sin peligro en este siglo de las Luces”[3].
La vindicación de Mary Wollstonecraft, Tomás Moreno            Su obra, escrita desde la perspectiva de esas mismas Luces (the Enlghtenment), perteneciente al grupo que creyó y confió en los beneficios que se derivarían de las revoluciones burguesas y del fin del antiguo régimen, tuvo una excelente acogida en toda Europa y en los Estados Unidos, siendo muy pronto traducida a cinco idiomas. En  La construcción de la mujer en Mary Wollstonecraft[4], Rosa Cobo, nos  ofrece una acertada síntesis de la posición ilustrada desde la que la arrojada adalid inglesa de la emancipación femenina concibió su, ya aludida, Vindicación sobre los derechos de la mujer (1792)[5]. Esa posición no consistió sino en el uso crítico de la razón al servicio de la liberación de la mujer, para alcanzar el desenmascaramiento de las  tradiciones injustas que la oprimían y de los prejuicios y estereotipos que trataban de mantenerlas en la ignorancia. En su libro, Rosa Cobo pone de manifiesto las contradicciones que Mary Wollstonecraft descubre en el pensamiento de Rousseau, relativas al estado de naturaleza que, si bien mostraba como exento de todo origen social, en realidad estaba impregnado del mismo.
            El estado de naturaleza definido por el ginebrino era en realidad un estado social, un estado que no podía concebirse sin la subordinación de las mujeres. De ello se infiere que el contrato social tenga su correlato previo en un contrato sexual[6] en el que se ratifican y constatan las diferencias sexuales y los diferentes roles de hombres y mujeres para el funcionamiento social. La diferenciación entre espacio público y espacio privado, como ámbitos separados y asignados a varones y a mujeres respectivamente, culminan la construcción del patriarcado moderno. La pregunta fundamental que Mary Wollstonecraft se hace en su obra: ¿Quién ha erigido al hombre como único juez, si la mujer comparte con él el don de la razón?, sigue siendo algo más de dos siglos después de escrita en los
La vindicación de Mary Wollstonecraft, Tomás Moreno
comienzos del tercer milenio, plenamente vigente. Ello nos da una idea de la trascendencia de su escrito.
            Limitándonos exclusivamente al ámbito educativo/pedagógico de su libro, podríamos señalar que, para Mary Wollstonecraft, la educación que J. J. Rousseau propugnaba para los hombres debería extenderse a todas las mujeres, y ser entendida como “un ejercicio de entendimiento, calculado lo mejor posible para fortalecer el cuerpo y formar el corazón [...] para posibilitar al individuo la consecución de hábitos de virtud que le hagan independiente.  De hecho, es una farsa llamar virtuoso a un ser cuyas virtudes no resultan del ejercicio de su propia razón” (VDM, p. 31). Su denuncia  de la pretensión rousseauniana de educar a las mujeres para el placer y el gusto de los hombres varones, es decir para la sumisión, la obediencia y el sometimiento más absoluto, es radical:

Rousseau declara que una mujer nunca debe ni por un momento sentirse independiente, que debe regirse por el miedo a ejercitar su astucia natural y hacerse una esclava coqueta para volverse un objeto de deseo más atrayente, una compañía más dulce para el hombre cuando quiera relajarse, [...] insinúa que verdad y fortaleza, las piedras angulares de toda virtud humana, deben cultivarse con ciertas restricciones, porque, con respecto al carácter femenino, la obediencia es la gran lección que debe inculcarse con vigor inflexible (VDM, p. 137).
           
            Y se refuta, desde su experiencia personal, cualquier tipo de educación sexista, como la que inspira las ideas pedagógicas del ginebrino, para rechazarla con profunda convicción y conocimiento:

Probablemente yo he tenido la oportunidad de observar más niñas en su infancia que J.J. Rousseau. Puedo recordar mis propios sentimiento y he observado a mi alrededor con detenimiento. Sin embargo, lejos de coincidir con su opinión respecto a los primeros albores del carácter femenino, me aventuraré a afirmar que una niña a quien no se le haya apagado el espíritu por la inactividad o se le haya teñido la inocencia con la falsa vergüenza, siempre será traviesa y que no le atraerán la atención las muñecas, a menos que el encierro no le permita otra alternativa. En pocas palabras, los niños y las niñas jugarían juntos sin peligro, si no se inculcara la distinción de sexos muchos antes de que la naturaleza haga alguna diferencia. (VDM, 162-163). (Cont.)

TOMÁS MORENO


[1] Mary Wollstonecraft, Vindicación de los derechos de la mujer. Ed. Cátedra, Madrid, 1996.
[2] Cf. Celia Amorós, Tiempo de feminismo. Sobre feminismo, proyecto ilustrado y posmodernidad, Cátedra, Madrid, 2000, p. 177-178.
[3] Mary Wollstonecraft, Vindicación de los derechos de la mujer, op. cit., p. 159.
[4] Rosa Cobo, “La construcción de la mujer en Mary Wollstonecraft”, en Celia Amorós (coord.), Historia de la teoría feminista, Dirección General de la Mujer. Comunidad de Madrid, Madrid, 1994, pp. 21-28.
[5]  Mary Wollstonecraft,  Vindicación de los derechos de la mujer, op. cit.
[6]  Cf. Carole Pateman, El contrato sexual, tr. M. I. Feminias, revisión de M. X. Agra, Anthropos, Barcelona, 1995.




La vindicación de Mary Wollstonecraft, Tomás Moreno

lunes, 16 de julio de 2018

SOBRE LA CONCIENCIA: DEL PROYECTO CONECTOMA A LA ERA POSBIOLÓGICA


Bajo el título, Sobre la conciencia: Del proyecto Conectoma a la era posbiológica, ofrecemos un nuevo post para la sección, Ciencia, del blog Ancile.




SOBRE LA CONCIENCIA: DEL PROYECTO

 CONECTOMA A LA ERA POSBIOLÓGICA



Bajo el título, Sobre la conciencia: Del proyecto Conectoma a la era posbiológica, Francisco Acuyo



De la toda resistencia encontrada en relación a la temática de la conciencia como integradora de la realidad por las visiones positivo mecanicista sobre el origen y naturaleza de esta, contrasta con las aproximaciones futuristas tecnológicas, acaso o incluso provenientes también de aquellas teorías (véase por ejemplo, Ray  Kurzt), las cuales sostienen que algún día la conciencia podrá ser descargada en un ordenador, véase el conocido como Proyecto Conectoma (Sebastian Seung) que propone replicar neurona a neurona todas las rutas cerebrales, reduciendo el contenido de nuestra conciencia a mera información, o, transferir nuestros contenidos mentales a un cuerpo robótico inmortal. Finalmente, hay una corriente de físicos teóricos  -Martin Rees- (también seguida por escritores muy relevantes de la ciencia ficción como, Arthur C. Clark o Isaac Asimov) observan la posibilidad de que la conciencia pueda vagar por las estrellas como energía pura (trasmitida por láseres), siendo esto posible de ser encajado a través de las propias leyes de la física[1], y que puede anunciar una era posbiológica (Paul Davis) que parece proclamar aquello que decía Churchil cuando afirmaba que: los imperios del futuro serán los imperios de la mente.

                Estas elucubraciones científicas desde luego contrastan con la ya anunciada resistencia a admitir la conciencia como parte fundamental de nuestra realidad manifiesta (¿por qué no?),   que el universo es compatible con la vida y una de sus más misteriosas consecuencias, la conciencia. No debería resultarnos extraña la afirmación de Freeman Dyson cuando exponía: El universo parecía saber que veníamos. Tal vez sea el momento de trascender la visión biomecanicista (David Egleman) de que nuestra realidad depende de lo que diga nuestra biología. Y cuestionar, con  Thomas Huxley: ¿Cómo puede ser que una cosa tan notable como un estado de conciencia surja como consecuencia de una irritación del tejido nervioso?

Bajo el título, Sobre la conciencia: Del proyecto Conectoma a la era posbiológica,Francisco Acuyo
                La ausencia en algunos textos de difusión científica para el mejor entendimiento de las peculiaridades de la mecánica cuántica, en relación a sus aproximaciones matemáticas, físicas y teórico conceptuales, eludiendo,  digo, nada menos que a Schrödinger, son algo más que un síntoma del prejuicio del principio mecanicista copernicano de objetividad sobre (paradójicamente) la conciencia y su importancia en la configuración del mundo, si es que aquél (Schrödinger), proponía la necesaria y fundamental intromisión de la conciencia sobre la realidad (véase su célebre paradoja del gato en la caja cuántica) a través de su ecuación ondulatoria, la cual, podía aplicarse –milagrosamente- a la naturaleza dual -corpuscular y ondulatoria- de los electrones, exponiendo así, de manera probabilística, dónde encontrar dichos electrones.  

           La conciencia, en su proceso de puntual medición, es la que hace que una de las dos ondas probables se disuelva en una sola; una de las respuestas a la paradoja de Schrödinger es que este proceso de materialización se produzca en el terreno de lo trascendente y no en el ámbito de lo material manifiesto; otra, que exista un dominio de muchos universos[2]. Por esta razón última, Eugene Wigner, en su reformulación del problema del gato, llega a la conclusión de que es totalmente necesaria una referencia a la conciencia para hacer consistente la teoría cuántica. Proseguiremos más adelante, con nuevas entradas, hablando de la estructura de la realidad y la intervención de la conciencia en su configuración según diversas ópticas de la ciencia.



Francisco Acuyo




[1] Kaku, M.: ob. cit. p. 367.
[2] Esta teoría (de Hugh Everett)  incluye al gato vivo y muerto de la paradoja de Schrödinger y por lo tanto deben existir en las diversas posibilidades de vivo y muerto en universos diferentes.




Bajo el título, Sobre la conciencia: Del proyecto Conectoma a la era posbiológica, Francisco Acuyo

jueves, 12 de julio de 2018

EN FAVOR DE LA EDUCACIÓN DE LAS MUJERES. DE OLYMPE DE GOUGES Y CONDORCET


Para la sección, Microensayos, del blog Ancile, traemos el post que lleva por título: En favor de la educación de las mujeres. De Olympe de Gouges y Condorcet, por el filósofo Tomás Moreno.


 En favor de la educación de las mujeres. De Olympe de Gouges y Condorcet,  Tomás Moreno




EN FAVOR DE LA EDUCACIÓN DE LAS MUJERES. 

DE OLYMPE DE GOUGES Y CONDORCET




 En favor de la educación de las mujeres. De Olympe de Gouges y Condorcet,  Tomás Moreno


Los acontecimientos de la Revolución Francesa (1789-1799), la Declaración de derechos del hombre y del ciudadano (1789) y los derechos y libertades conquistados durante el período revolucionario, no lograron afectar por igual a los dos sexos. A lo largo de todo el convulso proceso revolucionario, las mujeres fueron tomando conciencia de su situación marginada y reivindicando los derechos civiles, sociales y políticos de los que carecían hasta ese momento, realizando un memorable ejercicio de acción política, aún sin tener reconocidos todos los derechos. Desde los clubes, los salones, las tribunas de las asambleas hicieron oír sus peticiones y se manifestaron en la calle en favor de las ideas revolucionarias.
 En favor de la educación de las mujeres. De Olympe de Gouges y Condorcet,  Tomás Moreno            Entre ellas, cabe destacar la figura de Olympe de Gouges (1748-1793) que en 1791, un año antes de la publicación de la Vindicación, ya había proclamado la Declaración de derechos de la mujer y de la ciudadana. Con ella dio carta de naturaleza a las razones de la situación social y política de las mujeres y defendió la necesidad de poner fin a las discriminaciones que las aquejaban. Su Declaración es un verdadero trasunto de la Declaración de derechos del hombre y del ciudadano de 1789. Si en ella se reconocía el derecho a la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión para todos los ciudadanos, las mujeres se sintieron también concernidas y reconocidas en y por estos derechos.
            Las posteriores leyes de 1792 sobre el estado civil y el divorcio de mutuo acuerdo o por razones de incompatibilidad, suponían un avance importantísimo respecto al Antiguo Régimen. Todo ello conllevaba la conquista de ciertas libertades civiles largamente anheladas. Las mujeres, durante pocos años -hasta el periodo napoleónico-, no fueron propiedad del marido. Pero para ellas siguieron estando prohibidos los derechos políticos. Olympe murió en la guillotina, pero su compromiso político con las mujeres no desapareció de la historia[1].
Este crimen contra las mujeres  sucedió en la Revolución francesa, en la Francia revolucionaria. Muy distinta y excepcional fue, sin embargo, la actitud  de uno de sus ideólogos y protagonistas, el
 En favor de la educación de las mujeres. De Olympe de Gouges y Condorcet,  Tomás Moreno
marqués de Condorcet ante las justas reivindicaciones femeninas. Auténtico progresista, diputado de la Asamblea Legislativa, y también de la Convención, Jean Antoine Nicolas de Caritat (Marqués de Condorcet) (1743-1794), estuvo implicado de lleno en la actividad política revolucionaria. Abogó por la necesidad de romper la discriminación social y política de las mujeres y defendió la coeducación de ambos sexos, dando al feminismo una forma sorprendentemente moderna. En su Apunte para un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano (1794) escribía en defensa de la igualdad de los sexos bellas palabras como estas:

Entre los progresos más importantes del espíritu humano para conseguir el bienestar general, debemos contar con la total abolición de los prejuicios que han establecido la desigualdad de derechos entre los dos sexos, funesta incluso para el favorecido. Sería inútil buscar los motivos que la justifiquen en las diferencias de sus características físicas, en las fuerzas de la inteligencia, en su sensibilidad moral. Esta desigualdad no ha tenido más origen que el abuso de la fuerza, aunque después se haya tratado en vano de excusarla por medio de sofismas[2].

            Sus propuestas hallaron, desgraciadamente, poco eco. Los revolucionarios franceses siguieron las directrices rousseaunianas jacobinas y  en este punto como en tantos otros no previeron ninguna disposición para la educación de las niñas, que deberían aprender de sus madres, en el seno de la familia. (Cont.)

TOMAS MORENO
           


[1] Cf. Oliva Blanco Corujo,  Olimpia de Gouges. Ediciones del Orto, Madrid, 2000,  pp. 85-92. En el Epílogo de su Declaración, puede leerse: “Mujer, despierta, el rebato de la razón se hace sentir en todo el universo; reconoce tus derechos. El poderoso imperio de la Naturaleza ya no está rodeado de prejuicios, de fanatismo, de superstición ni de mentiras. La llama de verdad ha disipado todas las nubes de la necedad y de la usurpación”.    
[2] Condorcet, “Apunte para un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano”, en Amalia Martín-Gamero,  Antología del feminismo, Hypatia, Instituto Andaluz de la Mujer, p. 194-196.





 En favor de la educación de las mujeres. De Olympe de Gouges y Condorcet,  Tomás Moreno


miércoles, 11 de julio de 2018

DE LA TEORÍA M A LA CONJETURA HOLOGRÁFICA EN RELACIÓN A LA CONCIENCIA


Para la sección, Ciencia, del blog Ancile, traemos, abundando sobre la cuestión de la materia y la conciencia, un nuevo post que lleva por título: De la teoría M a la conjetura holográfica, relación y distancia con la conciencia.




DE LA TEORÍA M A LA CONJETURA HOLOGRÁFICA, 

RELACIÓN O DISTANCIA CON LA CONCIENCIA



De la teoría M a la conjetura holográfica, relación y distancia con la conciencia. Francisco Acuyo





Hipótesis físicas como la teoría M,  Supersimetría o  AdS / CFT, conjetura holográfica o el mundo de Branas[1], entre otras, adquieren popularidad pasando muy de puntillas por la cuestión trascendental de la conciencia. En otras será la fe científica[2] la que ampare los comportamientos exóticos del mundo de lo infinitamente pequeño ante  hechos físicos como la superposición cuántica,[3] y que no impide que el dogma cuántico sea en modo alguno cuestionado, sobre todo en virtud y amparo de su funcionamiento idóneo y constatable en el ámbito experimental; así también el extraño comportamiento dual de la luz (onda y partícula)[4], la función de onda psi[5], el entrelazamiento cuántico[6] y principio de no localidad y, en fin, todo el aparato teórico físico que conlleva la división de la realidad en el ámbito de la física clásica, en relación nada pacífica con el del dominio cuántico (y relativista).

De la teoría M a la conjetura holográfica, relación y distancia con la conciencia. Francisco Acuyo                Así las cosas, parece a todas luces que incluso la teoría de las relatividad clásica, sin embargo, no parece ser suficiente para describir la estructura y fenomenología de la realidad, sobre todo en relación al asunto y problemática de la singularidad espacio-temporal, relacionada esta a su vez con la gravedad;   lo extraordinariamente organizado de dicha singularidad, lo que, no obstante, no deja de ser altamente paradójico, ya que contrasta con un universo en franca expansión.  En cualquier caso parece que no son pocos los partidarios de la inflación como explanación del universo actual, aunque no pueda explicar el estado de equilibrio y de entropía gravitatoria tan baja en el universo primitivo.[7] A partir de esta duda altamente razonable surgen otras alternativas para explicar la estructura de la realidad, que recurren inevitablemente al concepto de la conciencia (vida inteligente) de manera más o menos velada o radical en vinculación con este punto que la relaciona necesariamente con la conciencia. Es desde esta -supuesta- necesidad de relación con el mundo de la consciencia que surge el denominado principio antrópico,[8] que viene a conferir  un matiz aparentemente distinta en la discusión y controversia de la conciencia en la configuración de la realidad.

De la teoría M a la conjetura holográfica, relación y distancia con la conciencia. Francisco Acuyo

                Las dos grandes cuestiones que se ofrecen en la naturaleza como grandes misterios y que siguen produciendo debates muy dispares serán, por tanto, la mente y el universo[9] plenamente diferenciados Las relaciones entre ambos –universo y conciencia- se aseguran una porfiada disputa y polémica, acaso ahora más que nunca anteriormente de forma tan porfiada y controvertida. La neurociencia más positiva establece que buena parte de lo que vemos en realidad es una ilusión, y que el funcionamiento del cerebro es consecuencia de su anatomía y fisiología (C. Sagan), por lo que la conciencia no es sino un epifenómeno del mismo cerebro. El solipsismo deducible de lo dicho, para muchos, hace en cualquier caso que la conciencia algo sobre lo que es inevitable interrogar, aun bajo la imposibilidad de una explicación de lo que esta sea, ya que, según esta visión solipsista, ningún objeto puede comprenderse así mismo. O incluso niegan de forma radical la importancia de aquella (de la conciencia), por parte de algunas corrientes de pensamiento -como es el caso del conductismo-.  Parece haber una insistencia pertinaz en no reconocer la capacidad de imaginar entidades y acontecimientos que no existen en la realidad -entendamos material- y por tanto obviar algo fundamental como es la capacidad creativa. En cualquier caso la insistencia en que la conciencia es un epifenómeno del cerebro ha llevado a reputados neurocientíficos a la conclusión de que este no es más que una máquina [10] y que la mente está sujeta a dicho mecanicismo. Todo esto no ha impedido que algunos se hayan planteado preguntas en relación a la naturaleza de la conciencia más allá de la fisiología o fisionomía -biológico-material- del propio cerebro, y desde luego más allá también del mito. Proseguiremos abundando sobre este aspecto en nuevos post de este blog.



Francisco Acuyo




[1] Teoría desarrollada por Edward Witten, en la que se expone que lo más íntimo y pequeño de la materia no está formado por partículas, sino por diminutas cuerdas, mediante la que se pretende unificar en una sola teoría la física del universo.
[2] Penrouse, R.: ob. cit. p. 166-167.
[3] La superposición cuántica se da cuando un objeto es capaz de poseer  de manera simultánea dos o más valores de una cantidad susceptible de ser observable, pongamos por caso, la energía y la posición de una partícula. Véase para mejor entendimiento el célebre experimento mental de gato de Schrodinger, donde se establecía la paradójica diferencia entre el mundo de la física clásica newtoniana y el ámbito de la mecánica cuántica.
[4] El comportamiento de las partículas, como un electrón, pueden comportarse experimentalmente con propiedades  de onda y partícula, así, en interacciones muy localizadas aparece como partícula y como onda manifiestan el fenómeno de la intereferencia.
[5] Función de onda formulada en el ámbito probabilístico -de encontrar una determinada partícula en movimiento en un determinado lugar- por Niels Borh como fundamento del mecánica cuántica.
[6] Fenómeno cuántico que muestra como dos más objetos se describen en un estado único en el que se ven involucrados dichos objetos, aun cuando estén separados en el espacio.
[7] Penrouse, R.: ob. cit. p.394.
[8] Dícese de la teoría en la que la existencia del ser humano es fundamental para cualquier conjetura consistente que quiera describir el cosmos.
[9] Kaku, M.: El futuro de nuestra mente, Debate, Barcelona, 2014, p.19.
[10] Pinkes, S.: Cómo funciona la mente, Destino, Barcelona, 2008.


De la teoría M a la conjetura holográfica, relación y distancia con la conciencia. Francisco Acuyo