viernes, 23 de julio de 2021

SEMBLANZA DEL AGUA

 Para la sección Amistad y poesía del blog Ancile, traigo un nuevos post que lleva por título Semblanza del agua, dedicado al entorno del agua y jardines del Aljibe del Rey y las personas que con tanto cuidado y cariño cuidan de su mantenimiento.


Semblanza del agua, Francisco Acuyo
Fotografía de Juan Enrique Gómez 

                                                

SEMBLANZA DEL AGUA

 

 

Semblanza del agua, Francisco Acuyo
Fotografía de Alejandro Martínez

Al agua y jardines del Aljibe del Rey,
y las personas que hacen posible el mantenimiento
de su primoroso y mirífico  esplendor

 

 

Estos jardines, estas fuentes, estos   aljibes; esos mirtos, esa alberca, aquellos vivos, lueñes o cercanos cauchiles; todos para modular cantos nacidos, o para cantados, ser entre las criaturas que hubieron de surgir de las aguas como de sus propias cenizas, recobrando lo vital del universo mundo para regocijo de cualquiera conciencia que se distingue entre lo vivo. Y es que el agua ha sido cantada en los festines y los santos días, y en aquellos cantos, los que atentamente los hubiesen oído, hubieron de alzarse,  edificarse, levantarse, porque su objeto es hacer a las almas virtuosas y más maduras a la belleza, para, luego,  ser gastadas como fuego que se consume en provecho del espíritu sublime. Esa es el agua, dueña de todo lo evidente, mas también  de lo oculto en el más oscuro de los enigmas.

                ¿Cómo no va a sentir el influjo enigmático del agua cualquiera espíritu sensible que en ella apreste la atención? Verla, oírla, y aún tocarla, olerla o gustarla es constancia de una presencia que infunde por doquier una inmensa y delicada alegría: los astros todos en constelada asamblea hubieron de dotar al agua con sus más excelentes y misteriosas perfecciones. ¿Quién no desea probar en este entorno mirífico la fruta de su árbol celeste?

Semblanza del agua, Francisco Acuyo
Fotografía de Alejandro Martínez
       Aquí, por la noche, sin otro abrigo que el célico refugio de las estrellas, escucho el canto secreto del agua, pleno de  la ciencia del mundo y también del trasmundo. Contemplo en el destello pálido de la fuente nocturna el fuego sin mancha del misterio del amor. El agua contiene en estos patios y jardines las pupilas sin número de las estrellas que contemplan reflejadas los actos dignos e indignos de los hombres.


     Es el agua de estas fuentes y estanques, delicado y cristalino piano y, nuestros sentidos, el transparente teclado que pertoca intuitivo en la música de su luz celeste. ¡Cómo me gustaría quedar, aunque fuese con el fulgor melancólico de la palabra, para siempre grabado a fuego en los muros que observan de consuno el fulgor divino de tus aguas!

                Quisiera, a tenor del riguroso edicto que propaga el mandato del agua entre tanta belleza, permanecer mi alma con estos y otros versos diluida entre tus aguas y floreciendo en tus jardines, y es que mi alma está confiada a vuestra discreción en sus acciones y pensamientos más entrañables o escondidos, quisiera, en fin, al ver la divina proporción de tu belleza, mezclar mi aliento y mi sangre entre tus aguas, si es que del agua recibimos el ser y la vida, pues veo y siento en tus límites y cercanías una morada apacible y un hogar sereno.

                Son estas aguas líricos espejos donde muy bien pudieren aprender las almas sensibles el arte del poético tocado entre sus arcanos reflejos, con los que halagar el gusto en la más próspera belleza, y es que estas fuentes proporcionan en forma de delicioso testimonio serenidad, armonía y afecto que no envidia a los grandes y no desprecia a los pequeños.  Ved, oíd, oler, tocar, gustar el agua en estos patios y jardines en todo el orgullo de su gloria y poético apogeo.

 

 

Francisco Acuyo




Semblanza del agua, Francisco Acuyo
Fotografía de Alejandro Martínez


martes, 20 de julio de 2021

SEMBLANZA DE LA AMISTAD

 Un emocionado recuerdo a la querida amiga y delicada poeta Brenda López Soler, para la sección Amistad y poesía del blog Ancile, bajo el título, Semblanza.




SEMBLANZA DE LA AMISTAD


 

Semblanza. Francisco Acuyo

Foto de Luz López Gómez


Para quienes piensan que tras la marcha de quien amamos no hay o no quede leyenda alguna, es por lo que hacer una semblanza de nuestra muy querida y añorada amiga Brenda, es muy necesario, porque es sopesar justamente que ella, es modelo ejemplar de lo que la amistad procura, y porque como pocos, supo considerar la suerte del amigo como la suya propia.  Los que fuimos afortunadamente dignos de su amistad lo sabemos bien. Sus palabras de aliento, de ilusión, de franqueza, animaron aún en los momentos de más acerva tribulación. Ella sabía, como nadie que hubiera conocido, el piadoso, reconfortante y raro oficio del amigo. No es de extrañar que para aquellos que la conocimos haya quedado su memoria impresa en lo más hondo de nuestros corazones, y así permanecerá también en nuestras almas perpetuamente al venturoso albur de su recuerdo aupada y en su benéfica e incomparable benevolencia.

                La vida, desgarradora tantas veces, nos arrebató su querida e imprescindible presencia, pero, los designios de este mundo extraño nos hacen reconocer que acaso sin la privación de aquella presencia suya no hubiésemos reconocido tan inestimable y necesaria fidelidad, como verdadero ejemplo de amistad verdadera. Si es en la adversidad donde tiene lugar la prueba de fuego de cualquier amistad, dio en este punto argumentos  de su lealtad sobradamente cuando la desgracia hubo de cernirse en el designio de alguno de sus amigos. Por eso y otras tantas razones de sincera adhesión y comprensión estamos hoy aquí, con la vida inmortal de sus versos y la memoria perpetua de las  personas que no le olvidan y encuentran aliento en su recuerdo vivo.

                Testimonio de su benignidad, delicadeza y ternura es esta reunión de personas que han quedado deudoras para siempre de su emotiva e impresionable e imborrable presencia. su familia, que se extiende aún más allá de la consanguínea reminiscencia, se dilata, acrecienta y vincula a todos sus amigos, que fueron muchos, y que aquí, como unos pocos corazones fraternos, ofrecen su reconocimiento a la huella humana imborrable y a la marca profunda de sus versos, cuyo estigma ha quedado para la poesía como corriente vital que la mantiene indemne para siempre, si es que en la poesía subyace lo más hondo y genuino que puede conceder la vida, quiero decir el amor que late siempre en la belleza creativa, belleza que no es sino reflejo de su propia imagen, la imagen de la poeta y la persona que se perpetúa en la memoria de quienes la conocieron y ahora viven con ella para siempre en la poesía.



Francisco Acuyo



Semblanza.


viernes, 16 de julio de 2021

AQUEL HOSPITAL

   Nuevo post para la sección de Narrativa con un flamante relato de nuestro querido colaborador y amigo Pastor Aguiar, bajo el título; Aquel Hospital.

 

AQUEL HOSPITAL

 






 
 
El hospital vino hasta mí; no voy a jurarlo porque a fin de cuentas no estoy narrando esta historia frente a un tribunal, el colmo sería.
 
Y no era exactamente como el hospital donde habitualmente trabajo de técnico de pruebas de sueño. Por fuera aparentaba tener tres o cuatro pisos, pero más tarde, por dentro, comprobé que pasaban de seis. Además, lo vi más ancho, extendiéndose casi a la redonda por toda la manzana.
 
Yo quise entrar por el frente, para marcar mi tarjeta en el reloj, y desde allí subir al laboratorio. Estaba en tiempo, quince minutos para las siete. Debía tener al menos un paciente esperándome en el saloncito del quinto piso, adyacente a nuestro lugar de trabajo. De no haber sido así, el jefe me hubiera pasado un mensaje de texto: “No tenemos casos hoy”.
 
En vez de parquear mi auto en el sitio de los empleados, se me ocurrió dejarlo sobre un filón de césped solitario, nunca antes visto.
 
_ Ahí podrás pastar a tus anchas, cabrón_ Le dije al carro riendo.
 
Sin embargo, la entrada principal exhibía una tela blanca con letras rojas anunciando su remodelación, y para colmo no ofrecía alternativas, no quedaba otra que ser adivino.
Di unos pasos atrás para situarme en un punto desde el cual pudiera ver todo el edificio, ya que a tales alturas no dudaba de su transformación.
 
_ Pastor, ¿qué haces ahí como un vigía?, ¿piensas redescubrir América?_ Era el enfermero Sinencio, vecino de la sala de maternidad.
 
_ Estoy medio perdido, salvaje, ni he podido ponchar la entrada en mi tarjeta, ya tengo cinco minutos de retraso. ¿Por dónde se puede penetrar esta mierda?
 
_ Sigue bordeando la acera hasta el área de emergencias, junto al mar. Por allí acabo de salir, me voy que jodo, estoy hecho leña.
 
Creo que Sinencio iba a decir algo más, cuando una mujerona que lo doblaba en estatura lo levantó en peso rumbo al parqueo. Entonces decidí buscar la entrada de emergencias, a unos cincuenta metros, pegada a la costa. A los pocos segundos estaba allí, mirando a todas partes embobecido.
 
Durante un momento me olvidé de todo, porque el litoral ofrecía un espectáculo de cuentos, eran mangles con enormes raíces iguales a patas de cangrejos buscando profundidad a través del diente de perro.
 
_ Qué bueno para pescar, carajo, si lo hubiera sabido_ Me dije con el temor de que la próxima vez nada de aquello se repitiera.
 
Sabiendo que se me hacía tarde, me dirigí al salón, atestado de gente, cuya mayoría se me antojaron curiosos. Un grupito de jóvenes disimulaba jarros de cerveza, y fumaban sin hacer caso a las prohibiciones.
 
_ Necesito que me atienda, voy a parir aquí mismo_ Me haló una barrigona.


_ Yo no soy partero_ Respondí dándole un empujón del que me arrepentí al instante.
 
_ ¿Y ese uniforme?
 
_ Trabajo en las pruebas de sueño. Vaya a aquella ventanilla para que la atiendan, grite si es necesario.
 
Como frente a la ventanilla había una cola tremenda, la mujer me hizo caso y comenzó a vocear al tiempo que se arrancaba mechones de canas.
 
_ Tan vieja y se le ocurre parir_ Exclamó alguien junto a mí.
 
De inmediato surgieron dos fornidos camilleros, maniataron a la mujer, le colocaron una cinta adhesiva en la boca y la derribaron sobre la camilla que reposaba en el piso de grandes losas negras.
 
_ Esto no puede ser verdad, ¿qué me dice usted, que parece trabajar aquí?_ Me pregunto el tipo de antes.
 
_ No, no es verdad, ni el hospital es el mismo de ayer; no se preocupe, que estas cosas pasan una vez cada mil años_ Le dije riéndome en su cara y saliendo en busca de algún elevador.
 
_ Ya tengo una hora de retraso, tendré que hablar con el jefe para que me justifique la tardanza; digo, si el jefe no resulta Cristóbal Colón en carne y huesos_ Exclamé en voz alta. Tenía necesidad de ser escuchado.
 
Al comprobar que nadie me hacía caso, me fui sobre un sujeto con cara de pocos amigos y lo sacudí por los hombros.
 
_ ¡Óigame, que tengo una hora de atraso, qué me dice!
 
_ ¡Que te vayas a hacer una paja en el baño, come mierda! Como si yo estuviera para locos.
 
_ ¿Quieres fajarte, primo? Vayamos a la costa, que te voy a dar una buena tunda.
 
El tipo me midió de arriba abajo y escupió delante de mis pies.
 
_ No voy a caer en la trampa, sé que pretendes desgraciarme la vida para después quedarte con mi hembra.
 
A tales alturas un trío de enfermeras conocidas me estaba halando hacia los elevadores.
 
_ Vamos, Pastor, no se envenene la sangre con hijos de puta_ Me aseguró la más vieja.
 
_ ¿Creen que llueva hoy?_ Pregunté.
 
_ Si le da la gana, que llueva y truene. Vamos.
 
A duras penas entramos al elevador donde la parturienta inmovilizada hinchaba los cachetes tragándose sus gritos.
 
_ Como siga jodiendo le vamos a sacar la cría a patadas_ Exclamó uno de los camilleros.
 
_ Si quieren ayuda avisen_ Dijo la enfermera mayor.
 
Debíamos ir a mitad de camino verticalmente, cuando el elevador pareció encasquillarse, se puso a temblequear y a dar saltitos arriba y abajo.
 
_ Esto parece una rumba_ Comenté sin perder la compostura.
 
_ Ahora sí que nos sacamos la rifa del guanajo_ Escandalizó otra enfermera.
 
Para colmo, cuando se arregló el aparato, vino a detenerse en el sexto piso.
 

_ ¡Cojones!_ Grité al tiempo que pedía perdón.
 
Las enfermeras se bajaron allí mismo y el resto marcamos insistentemente el botón con el número cinco.
 
Yo cerré los ojos varios segundos y al abrirlos estaba solo, de nuevo en el primer piso, la misma algarabía y otra parturienta armando pelea.
 
_ Está visto que no es mi día. Voy a seguir dando la vuelta a ver si hallo otra entrada_ Decidí.
 
Fui dejando atrás emergencias y me adentré en un terreno cenagoso. Al rato el agua me daba por las rodillas. Islotes de yerbas acuáticas abundaban, y detrás de uno de ellos asomó la cabeza un cocodrilo.
 
_ ¡Solavaya!_ Le grité a boca de jarro, y el animal salió despavorido alejándose de mí.
 
_ Menos mal. Ahora no tengo más remedio que llamar al jefe a su casa. Como va la cosa, no voy a poder entrar a este búnker de mil demonios.
 
Cuando saqué el celular se me resbaló de las manos para hundirse en el lodo, y ahora sí voy a jurar que vi una tortuga agarrándolo y ocultándose detrás del yerberío para ponerse a jugar con las teclas.
 




 
Pastor Aguiar
 







miércoles, 14 de julio de 2021

DE ROMA VIENE LO QUE A ROMA VA, O EL FALSARIO PRESTIGIO DEL RECONOCIMIENTO AMPARADO POR EL PODER Y DEL EXILIO PARA LOS QUE NO ACEPTAN SUS PREMISAS Y CONSECUENCIAS

Concluyendo las reflexiones sobre la indignidad que rodean al poder y a sus fatuos acólitos, traemos esta entrada para la sección, Pensamiento, del blog Ancile, y que lleva por título: De Roma viene lo que a Roma va, o el falsario prestigio del reconocimiento amparado por el poder, y del exilio para los que no aceptan sus premisas y consecuencias.



DE ROMA VIENE LO QUE A ROMA VA,

O EL FALSARIO PRESTIGIO DEL RECONOCIMIENTO 

AMPARADO POR EL PODER Y DEL EXILIO 

PARA LOS QUE NO ACEPTAN SUS 

PREMISAS Y CONSECUENCIAS



 

De Roma viene lo que a Roma va, o el falsario prestigio del reconocimiento amparado por el poder, y del exilio para los que no aceptan sus premisas y consecuencias. Francisco Acuyo




A fuer de ser prudente,  cuando no comedidamente circunspecto, diré de Roma lo que pudiere parecer holganza o divertimento, siendo en realidad hartazgo de tanto manoseo y falsificación de lo que la dignidad del hombre bueno en verdad merece, aunque el pago a este sea del poderoso casi siempre el ostracismo o el violento rechazo incluso, cuando a aquél que todo lo puede se manifiesta opuesto. En cualquier caso somos muy conscientes que esta dignidad que siempre defendimos, movida por el mismo afán que dedicó mi espíritu en sus vigilias por lo que fue, es y será de justicia (si fuésemos alguien) traería consecuencias en forma de repudio del poderoso y de violencia sobre el débil sometido, pero también, si fuere posible, su literal  e inclemente destrucción.

                Es claro que el reconocimiento sobrevenido a través de la servidumbre al potentado trae ya el pecado original como mancha reconocible de todo adulador que, sin escrúpulos, se adhiere a la sombra que mejor cobija sus intereses, sin duda olvidado del imprescindible cuidado y merecimiento sobre aquello sobre lo que quiere ser reconocido.

                Acaso, por lo que en este humilde opúsculo me quejo, sea por  ver en derredor tan lejos distanciarse y con tanta prisa la orilla de la que es mi auténtica patria: la dignidad, la justicia, la solidaridad. Es en verdad trágico comprobar el desgaste de energía que supone para el mundo el llevar al poder, aunque este sea inmerecido, ilícito y arbitrario, lo que es del poder.

                Si fuera cierto que las acciones humanas no escapan a la rigurosidad, rectitud y justicia de algo superior a nosotros mismos, propongo desde estas páginas que en realidad no hay en ellas malignidad, sino profunda tristeza. Son de hecho un partir hacia un exilio que llevo a cuenta de inventario desde mi niñez, y que ahora se hace todavía más doloroso, si es que en verdad todo partir es en cierto modo morir. Acaso la panula de mi exilio es este descrédito expuesto en estas líneas sobre lo que ha rodeado y rodea de indignidad no sólo la parte más crítica e inconformista de mi pensamiento y vida, sobre todo la de todos los hombres que viven embotados, indiferentes, displicentes ante la propia ignominia que rodea su existencia, inconscientes de su propia vida que se vierte como un funeral ruidoso.

                Quisiera pensar honradamente que no puede haber maldad donde sólo hay equivocación, pero la pertinaz desidia hacia la vida fuera de los cauces de las más mínimas directrices de dignidad y decoro, sobre todo de los que son dignatarios y ejemplo de muchos, son en realidad usureros de sí mismos, traidores de cualquiera forma o manera de dignidad, y todo, por llevar a Roma lo que ya venía de ella.

                Es claro que todavía me duele el amor a mi patria, que no es otra que el otro yo mismo que añoraba por mor de mi propia felicidad, pero  sería el prójimo abotargado en el vacío de su vanidad el que decretaría mi propio exilio, que rechazaba en lo más profundo volviendo a mirar las prendas valiosas que debieron estar en ellos y que acaso no tuvieron nunca realidad.

                ¡Ay!, los amigos que quise con amor fraternal, aquellos pocos corazones fraternos a los que desde este exilio abrazo como verdadera gracia, no renuncio a vuestra sincera benevolencia y mi afecto profundo está con vosotros perpetuamente, no obstante, y aunque este exilio sea ser llevado al sepulcro sin haber muerto, debo tomar partido en soledad sobre el designio de mi propia conciencia, que es libre y que ante todo y sobre todo, quiere vivir en dignidad, y que mis amigos verdaderos me sostengan continuamente con su ayuda en mi ausencia.

 

 

Francisco Acuyo


De Roma viene lo que a Roma va, o el falsario prestigio del reconocimiento amparado por el poder, y del exilio para los que no aceptan sus premisas y consecuencias. Francisco Acuyo


viernes, 9 de julio de 2021

DEL LENGUAJE FALSIFICADO Y TRAÍDO AL MARGEN DEL LOGOS Y DEL BÁSICO ENTENDIMIENTO DE LO MORAL

 Finalizamos las reflexiones sobre la ausencia de fundamento intelectual y moral en los que debieran ser ejemplo de conducta para la sociedad y el individuo, y todo para la sección Pensamiento del blog Ancile, bajo el título: Del lenguaje falsificado y traído al margen del logos y del básico entendimiento de lo moral.



DEL LENGUAJE FALSIFICADO Y TRAÍDO

AL MARGEN DEL LOGOS

Y DEL BÁSICO ENTENDIMIENTO DE LO MORAL



 

Del lenguaje falsificado y traído al margen del logos y del básico entendimiento de lo moral. Francisco Acuyo


 

Que hoy pongamos en cuestión la naturaleza del nous, de la inteligencia misma, es mucho más que un síntoma, es la declaración de una enfermedad social, no sé si todavía curable. EL conocer ya no tiene ninguna importancia, y es cuestionada incluso en la misma convivencia humana.[1] La manipulación del lenguaje como fundamento de todo conocimiento es la triste realidad de la alienación de las conciencias en la actualidad, y donde el sentido (aístheis) de lo justo o de lo injusto, de lo que está bien o mal es ignorantemente llevado al olvido y este dado por plenamente justificado.

                Cómo se ha olvidado, sí, la base de toda felicidad (eudamonía), que es el conocernos a nosotros mismos a través de la mirada justa, sapiente y benefactora de los demás. Mas ¿cómo podemos fiarnos de esa mirada y ese conocimiento cuando los fundamentos de toda moral y todo conocimiento se cuestionan y desaparecen por mor de unos interés (políticos, ideológicos, de grupo…) creados?

                La lucha platónico aristotélica de una felicidad sólo posible a través de una forma justa de convivencia se ha desvirtuado por la profunda ignorancia de quien ahora (interesadamente influenciados por el poder en boga) proclama las formas que son las que rigen aquella convivencia. Acaso ahora, aunque no es nueva esta situación, es más extrema y recalcitrantemente zafia, nesciente y estúpida. Cuando los guardianes (de la República) se privilegian tan descaradamente en su dominio y muestran sin pudor ninguno su ignorancia de espaldas en realidad a lo que conviene a la sociedad, ¿qué podemos esperar de la ciudadanía –avisada del logos y de la justa moral-, si no es su profunda desafección y radical desprecio?

                Si la bondad e inteligencia deben ilustrar y guiar al guardián genuino ¿cómo hemos de actuar quiénes, ante este imperio de ignorancia e injusticia lo único que cuenta es la felicidad del tirano y sus acólitos y cofrades? ¿Qué, cuando la sabiduría y la prudencia brillan por su total ausencia? ¿Cómo hemos de estimar premios, reconocimientos y galardones ofrecidos discrecionalmente por estos y otros personajes afines a tan increíble despropósito?

                Una cosa es clara, hoy día no hay necesidad de toda forma de paideia condicionada, porque esta es inexistente, y lo será porque si la máscara de aquella era proporcionada por la misma filosofía, esta es ahora irrelevante, y es que no existe siquiera un fingimiento filosófico por parte del hombre público bien formado, sino el descaro del profundamente ignorante que hace uso del dominio de su poder para la propia ( y a la de los suyos, que viene a ser la misma cosa)  ventaja.

                Ya no hay siquiera peligro de que la cultura, la obra del pensamiento pueda articularse en un largo sintagma terminológico[2], porque este también es inexistente. Ante tal indigencia intelectual, ante tal miseria moral, ante tal vileza personal ¿qué podemos esperar para el fin primordial de cualquier república que es la ansiada eudamonía (felicidad) que nos iguale y nos distinga según nuestra idiosincrasia y méritos justamente reconocidos?

                Desde luego no hay que temer que la filosofía, la cultura, el lenguaje mismo acaben esclerotizados al margen semántico de su origen (de conocimiento y justicia moral de dónde hubieron de ver la luz), porque está tristemente ausentes en las aspiraciones del hombre que debiera ser ejemplar en nuestras vidas.

                Si el más grande fruto de la autosuficiencia es la libertad (que proclamara Epicuro), estableciendo la amistad como uno de los pilares básicos de vida y convivencia, basada en el conocimiento y la actitud moral justa, ¿dónde, o cómo queda aquella simpátheia tan necesaria para la convivencia? ¿Dónde queda aquella perpetua lucha entre la epistémé estable y la doxa en continua varianza? ¿Dónde el equilibrio entre el yo que quiere hermanarse con conocimiento y voluntad moral al exterior que lo rodea? ¿Acaso estas interrogantes está ya fuera de lugar en nuestros días? Mal se nos pinta el futuro de la humanidad de ser cierto.

                No obstante, por todo lo deducido de esta y otras entradas sobre estas cuestiones y otras similares, debemos reivindicar aquello de que tenemos que liberarnos de la cárcel de los interés cotidianos y de la política.

 

 

Francisco Acuyo



[1] Véase la manipulación constante de la educación por las diferentes ideologías y resurgimiento del lobby como maneras de presión de lo más básico para la expresión de la inteligencia como es el lenguaje.

[2] Lledó, E.: op. cit. pág. 271.



Del lenguaje falsificado y traído al margen del logos y del básico entendimiento de lo moral. Francisco Acuyo


martes, 6 de julio de 2021

LA FALSIFICACIÓN DE LA EXCELENCIA (ARETÉ), O POR QUÉ SOSPECHO DE CUALQUIER GRATIFICACIÓN O GALARDÓN PÚBLICO Y PRIVADO

 Bajo el título: La falsificación de la excelencia (areté), o por qué sospecho de cualquier gratificación o galardón público o privado, publicamos un nuevo post para la sección Pensamiento del blog Ancile, abundando sobre las mediocridades ideológicas que impulsan los viejos intereses creados con las perniciosas  herramientas de la posmodernidad.



LA FALSIFICACIÓN DE LA EXCELENCIA (ARETÉ),

O POR QUÉ SOSPECHO DE CUALQUIER GRATIFICACIÓN

O GALARDÓN PÚBLICO Y PRIVADO


 

La falsificación de la excelencia (areté), o por qué sospecho de cualquier gratificación o galardón público o privado, Francisco Acuyo



LA ambición, la codicia, la vanidad, la presunción o la vanagloria, son  claros impedimentos para liberarse de las cadenas que aherrojan al ser humano que aspira a ser decente, si el ansia de poder, el levantamiento de una reputación o la obtención de una regalada la prosperidad, están implícitas siempre en toda suerte de ambición y codicia, de presunción y de vanagloria.

                El hecho de que más allá de la percepción y del sentimiento que produce el mundo en el devenir existencial en la conciencia de los hombres, de aceptar lo que es por evidente, se hace preciso el reconocimiento, hoy acaso más que nunca, la necesidad de del deber ser de las cosas humanas, y que implican la acción para cambiar, transformar el ser individual y social del nuestro mundo. Es obvio que el menester del adiestramiento, la instrucción, la educación (paideía) es imprescindible, sobre todo cuando el curso innato de la supervivencia natural ha hecho presa en lo más necesario para el desarrollo de la mente y de la sociedad humanas.

                LA sospecha es inevitable sobre la honradez de los procesos de cualquier reconocimiento (público o privado) cuando se ignora la posibilidad del reconocimiento de los otros y que pone en cuestionamiento la naturaleza misma de la excelencia (areté). El compromiso colectivo está hoy claramente comprometido por el interés político o de poder. La rectitud y justicia del logos que debe ser (ethos) o estar dispuesto en igualdad para todos está seriamente comprometido.

                Si es verdad que la excelencia, como poder y capacidad es posible de trasmisión, es muy importante reconocer que el logos, la palabra adecuada a la verdad de aquella excelencia no puede ni debe ser falsificado. La cuestión es que la relatividad interesada del mediocre, amparada tantas veces en la ideología política desvirtúa lamentablemente la veracidad de aquella excelencia, poniendo en entredicho el sentido mismo de la convivencia al faltar el respeto a lo más esencial individual, que no es otra cosa que la dignidad de sus verdaderos merecimientos.

                Ahora, actualmente, adquiere preponderancia una interesada solidaridad (nuestra, de los míos) que pone en entredicho la verdad (alétheia) misma. Vinculación viciada que en modo alguno puede encontrarse con el ser propio al que aspira la verdadera philía (encuentro, amistad, sentido de lo solidario); porque ya no se pretende la comunión con el oro para conocer juntos, sino el interés compartido con los míos que me aúpan, mantienen o relacionan con  el poder, olvidando la propia excelencia de la convivencia justa con la verdad de los méritos de cada cual.

                Es, pues, franca y plenamente justificada esta sospecha sobre la gratificación ajena al conocimiento y la verdad del que se agasaja, si es que, como todo parece indicar, no sólo somos lo que pensamos, lo que hacemos, sino también lo que decimos, y decimos del otro, según los particulares intereses y no por  la veracidad del logos que constituye al hombre que se ha forjado a sí mismo, dándole carácter. Estamos ante un nuevo y mediocre sofismo de muy vía estrecha que quiere imponerse gracias a las nuevas ingenierías sociales y tecnológicas, y que pretende desvirtuar lo más esencial del conocimiento, si esta vía a través de la cual se expresa, a saber: el lenguaje, está siendo manipulado y es fiel reflejo de la falta de ethos ,de moral,  pues, su mensaje siempre está falsificado.

                En próxima entrada del blog Ancile haremos alguna puntualización más sobre la triste realidad falsificada de lo que supuestamente vale (sin excelencia, en realidad) en el mundo.

 

 

 

Francisco Acuyo



La falsificación de la excelencia (areté), o por qué sospecho de cualquier gratificación o galardón público o privado


jueves, 1 de julio de 2021

DEL PODER SIN EL MANDATO DE LA VOLUNTAD MORAL

.Siguiendo con la cuestión de las aspiraciones impropias del que no tiene merecimientos, en este caso del poder, y todo para la sección Pensamiento del blog Ancile, y bajo el título de: Del poder sin el mandato de la voluntad moral.


DEL PODER SIN EL MANDATO

DE LA VOLUNTAD MORAL

 


Del poder sin el mandato de la voluntad moral. Francisco Acuyo


CUANDO Huxley declaraba: Los codiciosos y ambiciosos, los malvados respetables y los que cubren su avidez de poder y de posición con el tipo adecuado de gazmoñería idealista, no solamente quedan indemnes de censura, sino que hasta son presentados como modelos de virtud […][1], diríase hacer una descripción concienzuda de personajes falsamente relevantes, que hubieron alcanzado la cima de su celebridad mediante la mentira, la inmoralidad manifiesta y toda suerte de mezquindades que vendrían muy a propósito de personajes mediocres y sin escrúpulos. Irremediablemente se nos viene a la cabeza muchos casos más o menos actuales.

                El desprendimiento y abnegación teóricos resultan en la política y en los ideólogos de la actualidad no ceja, tozudamente por cierto, en manifestarse a años luz de luz mortificación de aquel que en verdad cree en sus principios. Se trasluce inevitablemente el cariz utilitario, manipulador y egotista del que en realidad solo aspira a obtener el poder o a mantenerlo. Así se estructuran las corruptoras influencias de determinadas convenciones ideológicas y culturales que, en verdad, marcan la ceremonia de la confusión al tratar por todos los medios de dejar mirar con libertad e inteligente clarividencia la necesidad de ser inocentes, exentos de cualquier convención para ser verdaderamente libres.

                Es muy cierto que el ansia del poder no es un vicio del cuerpo[2] y, por tanto, no carece de limitación fisiológica para su hartura. Por esto es evidente su peligrosidad. Ejemplos en la historia incontables podríamos traer al caso para contemplación de todo desastre hasta el exterminio.

                El precio del éxito, sea cual fuere su dimensión o procedencia, en nuestros días vive a expensas de ese ansia de poder que se extiende por la sociedad hasta el individuo. Sólo podría superarse la maldad inevitable de todo poder cuando se aspire a la negación de las ventajas personales que pudieran obtenerse, y todo bajo el mandato de voluntad moral de la paciencia y el recogimiento. Nada más lejos de la realidad del éxito alcanzada en nuestros días donde la idea de la rápido obtención del privilegio sea propicia en el pelotazo obtenido al amparo del poder político e ideológico, en sus extensiones más o menos claras e influyentes.

                La cuestión más dramática es que ahora es harto difícil encontrar individual y colectivamente ninguna memoria del imprescindible bien (agathón, decíamos) , cuya bondad pueda ser vivida al lado del logos de manera común entre los hombres. La bondad es una virtud menospreciada en una sociedad en la que la falta de escrúpulos del hombre público es una constante. La finalidad del bien –el télos (común e individual) parece no tener hoy ningún propósito y carecer de toda utilidad práctica en una sociedad que ansía el fácil reconocimiento individual por mor de entrar en el redil de la convención (o de lo políticamente correcto), sin precisar si merece ese tan ansiado reconocimiento. Y es que ese télos no es sólo finalidad[3, porque no tendría ningún fundamento, sino hay consumación, cumplimiento, madurez, merecimiento.

                Veremos cómo se opta a lo más subido y estimado en los distintos ministerios, plataformas, estadios de la fama, siempre al amparo del poder en sus diferentes manifestaciones, eso será en la próxima entrada del blog Ancile.

 

 

Francisco Acuyo



[1] Huxley, A.: La filosofía perenne, Edhasa, Barcelona, 1992, pág. 128.
[2] Ibidem, pág. 153.
[3] Lledó, E.: Memoria de la ética, Taurus, Madrid, 1994, pág. 59.


Del poder sin el mandato de la voluntad moral. Francisco Acuyo